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Capítulo Siete
Scorpius tomó un profundo respiro y se fue por el ultimo vaso de su piso perdido. Le había tocado el nivel seis y mientras un coro de aplausos le animaba, tragaba el último sorbo de licor. Al menos los vasos eran pequeños.
Cuando acabó, Albus le palmeó la espalda con orgullo— ¡Bien hecho!
Scorpius no tenía buena tolerancia al alcohol, sus padres le permitían beber en casa, pero nunca en esas cantidades. Igual se sintió bien frente a tanta aprobación.
Sabía que la única forma de que se acercara a Evan a aclarar todo el asunto, era estando algo ebrio. Le sonrió radiante a Albus, iba por excelente camino.
— ¡Soy el rey del sexto piso! —dijo risueño. El grupo de jugadores estuvo de acuerdo.
— ¡Y yo del quinto! —dijo Albus, abrazándolo por los hombros.
Scorpius se sentía en confianza, si le preguntaban justo ahora, seguro decía que Albus Potter era su mejor amigo en el mundo.
—Hoy es un gran día ¿sabes? —Dijo Scorpius en un susurro— Hoy le voy a decir.
—Seguro —dijo Albus en tono perdido— ¿Qué a quién?
Scorpius pensó que Albus se estaba burlando. Toda la semana le había hecho entender que conocía la situación y ahora se hacía el idiota.
—Eso, a él —dijo, usando los dedos como comillas.
— ¿Eh?
Scorpius comenzó a molestarse. O Albus estaba más borracho que él -y lo dudaba- o se estaba haciendo el imbécil.
—Potter, no seas pesado —dijo en un susurro más molesto—. Pensé que lo entendías y apoyabas.
— ¿Apoyar?
—Apoyarlo, como sea —dijo Scorpius — Sabes que me gusta Evan ¿No?
Por la cara de sorpresa que puso Albus Potter, Scorpius supuso que no.
No que Luke fuera un genio, pero tampoco era un tarado, por mucho que le molestaran con que la falta de proteínas afectaba la inteligencia.
Rose no había dado muchos detalles, pero entendía que a Scorpius le gustaba Chandler.
Sin embargo, no entendía la emoción del dúo para ir a la dichosa fiesta. Cuando se lo había preguntado a Rose horas antes, la chica le había dicho llena de misterio— Lo tienes que ver.
Lo único que había visto, de momento, era como Chandler le tiraba los tejos a Rose. Lo más increíble era como Rose no se había enterado de nada. Y así se jactaba de ser más lista que él ¡ja!
Luke, al igual que Rose, creía firmemente en los principios del amor libre. Como en Hogwarts no habían muchos chicos del mismo pensamiento, había terminado pseudo emparejado con la lunática de Rose Weasley. La chica era entretenida, inteligente y liberal, estaba demasiado conforme para siquiera pensar en quejarse.
Ingreso a la casa y esquivo ebrios y parejas besuqueándose, llego a la sala de estar, donde se llevaba a cabo, entre otros, el famoso juego de la pirámide. Scorpius estaba abrazando a Albus Potter y parecían tener una charla confidencial, por lo que Luke decidió anunciarse.
— ¡Chicos! —gritó risueño y haciendo señas. Albus Potter levanto la vista tan rápido, que Luke de inmediato supo que había interrumpido una conversación importante— Lo siento, pero Rose te busca Scorpius.
— ¿Eh?
—Esta con Evan —agregó, sonriendo.
—Voy —dijo Scorpius casi de inmediato.
Y fue cuando Albus, con unos reflejos endemoniadamente buenos en opinión de Luke, tomo del brazo a Scorpius y lo detuvo— ¡No! —Gritó— Aun no termina el juego —añadió después de unos cuantos segundos de silencio.
Luke no entendía como Albus podía tomar enserio un juego tan idiota como la pirámide, que no tenía más finalidad que poner ebrios a sus jugadores.
—Solo será un momento —dijo Scorpius, mirando al moreno con una sonrisa— Tranquilo, sigo siendo el rey.
—Ya quedan pocos pisos —rebatió Albus.
Si a Luke le hubiesen preguntado, diría que Albus estaba reteniendo a propósito a Scorpius, y si le hubiesen preguntado qué pensaba al respecto, habría dicho que Albus le estaba ocultando algo al rubio.
Como nadie le preguntó, se guardo sus observaciones y decidió que no estaba interesado en seguir el desenlace de la discusión, así que sin mucho preámbulo, enfilo a la barra de licores.
—Albus, es un juego idiota —dijo Scorpius, al borde del enojo. No estaba de humor, el amor de su vida lo estaba esperando afuera, el piso no dejaba de moverse, y Albus Potter había decido tomar el papel de juez en el juego más sinsentido inventando hasta el momento.
—Lo sé, pero, lo partimos juntos y si te vas, nos quedamos cojos —dijo Albus, sin soltar la chaqueta del rubio.
Scorpius suspiró con fuerza y levantando la voz anunció— Me rindo —al instante una cascada de pifias lleno el lugar.
Sin embargo el bochinche y las quejas duraron poco. James había llegado hacia un momento a la fiesta y se incluyó en el juego de inmediato. El público estuvo conforme.
—Listo —dijo el rubio, y de un tirón se soltó del agarre de Albus.
Rose miro a Evan esperando alguna reacción, alguna mirada de complicidad, de lo que fuese, pero el chico la seguía mirando como un bobo.
Quizás no era tan listo como se decía, o quizás aun no sabía que Rose sabia.
Rose odiaba esos bucles eternos de información y cotilleos de pasillo.
— ¿Solo tengo que decirlo? —fue la pregunta que hizo el chico cuando salió del ensimismamiento al que había caído.
Rose afirmó y dio una calada el cigarrillo. Barrió el lugar con la mirada y no encontró ni una sola cara amigable. Necesitaba un poco más de whisky para soltar la lengua.
—Luke se está tardando —dijo la chica cuando Evan volvió a su silencio— ¿Crees que se lo raptaron allí dentro, esos ebrios atrevidos? —Preguntó en broma.
— ¿Eh?
Rose volvió a sonreír. El chico definitivamente estaba ebrio o era tonto— Ya se tu secreto campeón, te ayudo en tu cruzada de amor, no te preocupes —Evan abrió la boca, pero Rose continuó hablando—. Sé que debe ser complicado que te guste un chico, más con diecisiete años y tu enorme historial, pero oye ¿Quién tendría cara para juzgar algo?
Evan abrió los ojos y pareció despejar su mente de toda bruma. Rose se alegro de verle una expresión más vivaracha.
— ¿Qué dijiste? ¿Qué me gusta un chico? —Preguntó con voz ahogada. Rose bufó, no había nada más desagradable que un negado que jugase a hacerse el desentendido. Como chico popular que Evan era, a Rose no le sorprendió tanto.
—Ya te dije que me da igual y que inclu-
— ¡No! —le cortó Evan, ya con gesto enojado— No me gusta un chico, nunca me ha gustado un chico.
—No lo tienes que negar.
—No estoy negando nada, es la verdad —rebatió Evan, para luego pasarse las manos por la cara—. Mierda ¿por qué crees eso?
—Scorpius —susurró Rose, quien no estaba entendiendo nada, pero sabía que esas palabras quizás afectaran al rubio que venía llegando.
—Mira, no tengo nada contra los gais o lo que sea, me da igual, pero no es lo mío y no me vengas con eso de "como sabes si no lo has probado" porque, sé que no me gusta la mierda y no necesito probarla ¿entiendes? —soltó Evan casi sin pausas.
Rose pudo ver en primer plano como la sonrisa de Scorpius, quien estaba a las espaldas de Evan, se desmoronaba cual torre de naipes.
— ¡Scorpius! —gritó Rose al chico, que se largó con rapidez.
Continuara (¡Eso seguro!)
