Batalla y Renacimiento.
-Son tan ruidosos –se quejó Shouryuu mientras, en el frente de batalla, veían llegar la caravana de Kaikyaku.
-No hagan el primer movimiento, -previno Youko –si quieren hablar los escucharemos, no atacaremos si ellos no lo hacen.
-¿Qué pasará si sus armas superan las nuestras? –Fue la pesimista pregunta de Han-Ou.
-No lo sabremos hasta que peleemos, ¿no es así?
-¡Ya están aquí! –Gritó Kantai y sujetó fuertemente la mano de Shoukei, mientras con la otra apretaba su lanza de tamaño anormal.
Vieron cómo del primer camión bajaban un grupo de hombres y mujeres uniformados y armados, detrás de ellos estaba una mujer de edad madura, cabello negro y corto, y una mirada feroz.
-Sugimoto –susurró Youko para sí misma.
La mujer se acercó a ella a una distancia prudente y gritó una pregunta con voz autoritaria:
-¿Quién está al mando aquí?
-Soy yo, soy Sekishi, gobernante del Glorioso Reino de Kei y exijo saber el porqué de su intrusión.
-¿Gobernante dices? –Se burló la mujer –No eres más que una mocosa, pero si quieres saber porqué estamos aquí te lo diré con gusto, debido a una muy exhaustiva investigación logré dar con este extraño mundo, por supuesto que los ciudadanos normales japoneses no conocen su existencia, pero en conjunto con el primer ministro de Japón y el gobierno de Norte América planeamos apoderarnos de este lugar, por las buenas o por las malas.
-Eso no te lo permitiré. –Advirtió Youko con una expresión amenazadora en el rostro.
-No te recomiendo interferir o tú y toda tu pandilla de marginales soldaditos serán eliminados, traigo conmigo un ejército de élite, entrenado en las peores zonas de guerra del mundo conocido y si tú y tu gente no se rinden pacíficamente tendremos que tomar medidas extraordinarias.
-Yo no te recomiendo a ti que digas esas palabras, no sabes lo que le espera a "tu gente" si llevas a cabo tu amenaza.
-Ya veo. –La mujer sonrió con verdadera malicia –Tres horas, si no tienen una respuesta positiva en ese lapso de tiempo reduciremos a tu glorioso reino a fango y ceniza, tú eliges.
Sin decir palabra, se retiró al interior del camión, las filas enemigas retrocedieron unos cuantos cientos de metros. Desde la zona de Youko se podían ver perfectamente a las tropas enemigas.
-No tenemos otra opción, Youko –Dijo Gyousou –Preparémonos para el ataque y defendámonos lo mejor que podamos, tenemos al menos cincuenta shirei contando a los de Kouri, no los verán venir.
-Me temo que estás en lo correcto, -contestó Youko con desgana –No hay otra opción, quiero que envíen a diez shirei a inspeccionar las armas de los enemigos, tienen una hora para volver y dar su reporte.
-Parece que estamos en un verdadero aprieto ¿no Youko? –Dijo Risai, su kijuu Hisen, permanecía a su lado.
-Sí, quién sabe qué puede pasar después de esta batalla, pero definitivamente no dejaré que se salgan con la suya, el Cielo me dio el trono de Kei y seré un pésimo ejemplo de reina si no doy la pelea, aún si eso implica perder mi propia vida.
Entre los shirei que habían ido a espiar el arsenal enemigo se encontraban Hankyo y Juusaku, y esto fue lo que dijeron:
-Sus armas superan la imaginación, tienen extraños palos de metal con orificios y mecanismos complicados, les estaban poniendo una especie de pequeños trozos de plomo dentro, muchos, algunos más gruesos que otros.
-¿No vieron algo más grande que eso? Algo parecido a un poste –exigió saber Youko.
-No, sólo esos extraños vehículos y los palos de metal del tamaño de vigas.
-Al menos sabemos que no llevan algo más grande que rifles de asalto o ametralladoras, será mejor que evitemos el combate cuerpo a cuerpo por el momento, concentrémonos en atacar a distancia; Hankyo, Kaiko, Juusaku, en cuanto se acerquen y levanten sus armas, junto con los demás shirei eliminen a tantos enemigos como puedan, especialmente los que llevan los palos extraños, eso nos dará al menos un poco de ventaja.
-Cómo ordenes.
-¡A los demás! –Gritó a sus filas -¡Colóquense detrás de la artillería y disparen todo tipo de flechas, incendiarias, venenosas, las que sean, pero no duden en agotar los recursos a distancia, también lanzas y todo tipo de arma que se pueda arrojar, eviten a toda costa el combate a poca distancia si su enemigo tiene un arma en las manos y no lo olviden, esto no lo hacemos sólo por Kei, sino por todos los Doce Reinos, de esta batalla dependerá el futuro de nuestro mundo!
Se oyó un clamor proveniente de todo el batallón, sabían que arriesgaban sus vidas en esto, pero no había salida, era esto o la esclavitud hasta tiempo indefinido. Todos estaban dispuestos a pelear.
Faltaba sólo un cuarto de hora para que esa mujer regresara y ya estaban preparados. Vieron cómo se acercaba su camión de nuevo y cómo ella bajaba de él con su aire de satisfacción.
-¿Y bien niña? Dime tu respuesta.
-Te la diré –contestó Youko desafiante -¿recuerdas aquella vez que me pediste los deberes de matemáticas en clase? Yo dije en ese momento: "Aún no los he terminado, debo revisar algunos errores." Se suponía que debía decir que no, pero era muy cobarde y tonta como para negarme directamente, bueno, esta vez no será así, esta vez yo me negaré por completo, no te daré mi reino, Sugimoto Yuka.
La mujer la miró desconcertada por un momento, sorprendida de las palabras de la chica pelirroja que la desafiaba, luego su expresión cambió de confusión a total asombro.
-Nakajima, ¿eres Nakajima Youko?
-Así es, cuando todo el mundo me suponía muerta yo estaba aquí, luchando por construir un buen reino para mi pueblo, he trabajado duro para conseguirlo y no dejaré que vengas a quitarme la felicidad que logré para mis súbditos.
Sugimoto dejó de verla con asombro y la miró con desprecio, verdadero odio.
-Ya veo, dejaste de ser la estúpida niña cobarde que todo el mundo despreciaba en el colegio, ahora eres toda una luchadora, si ésa es tu respuesta, entonces acabas de firmar tu sentencia de muerte.
Ella avanzó hacia su escondite en el camión, el cual regresó a su lugar en el centro de la formación enemiga.
Pocos minutos después de un silencio sepulcral, resonó por todo el campo el estruendo de disparos en dirección a ellos.
Aliados y compatriotas se colocaron detrás del único escudo que poseían, la artillería pesada, de inmediato Kantai adoptó su forma se oso y Shoukei montó en un Kijuu volador, ella pelearía en el cielo, respaldándolo a él en la tierra. Los shirei comenzaron a cumplir la orden dada por Youko y los enemigos caían uno por uno desgarrados por terribles bestias si saber siquiera de dónde salían, si del suelo o se materializaban del viento mismo. A su vez los reyes que allí se encontraban tomaron sus espadas y comenzaron a avanzar, Jouyuu actuaba en el interior de Youko controlando sus movimientos y ayudándola a pelear, a su lado Shouryuu, Suzu, Sekki, Koshou, Risai y Ranjou también levantaban sus espadas; a pesar de que su brazo derecho faltara, Risai aún era una hábil espadachín y la ausencia de su extremidad no le impedía ser una temible adversaria; a Koui y Gyuosou no se les veía por ninguna parte, el remolino de peleas y cuerpos cayendo por todas partes los había atrapado y ya estaban en el corazón del enfrentamiento. Los tanques comenzaban a moverse y esto era lo que más le preocupaba a Youko, había sólo dos de ellos, pero podían causar un daño incalculable a su formación, ahora dispersa. Se acercó con cuidado al primero de ellos, derribando enemigos en el camino, sabía que en una abertura de la parte superior en cualquier momento surgiría un soldado y esa sería su vía para atacar dentro del tanque e inhabilitarlo. ¡Eureka! Un soldado se posicionó detrás de la ametralladora de respaldo del vehículo y ella saltó sobre él rompiendo su cuello mientras caía, vio la abertura de la cabina y entró en ella, había dos hombres manejando la enorme arma, se deshizo de ellos y selló el tanque con una bomba pirotécnica, cortesía del ministerio de primavera, al menos así les sería difícil volver a entrar. Cuando salió del tanque vio al oso Kantai doblar hacia arriba el cañón del otro mientras que Sekki y Suzu se encargaban de los soldados que salían despavoridos de su interior, al parecer esta gente no estaba preparada para enfrentarse a la clase de criaturas que habitaban los Doce Reinos, una ventaja, ella siguió peleando sin quitar su atención del camión que contenía a la líder de la invasión.
Mas allá de dónde estaba Koui, él pudo ver cómo Kantai volteaba un camión y lanzaba a sus ocupantes varios metros en el aire.
-Vaya, este general es temible –Se dijo a sí mismo mientras avanzaba hacia él, dando cortes limpios a cualquier enemigo que se cruzaba en su camino. – ¿Necesita ayuda General?
Estaban solos en medio de un mar de rivales, ambos manejaban sus armas con soltura y no parecían intimidados.
-Sólo caliento el cuerpo, Hou-Ou, pero si quiere jugar un poco con gusto le dejaré un par de enemigos –Dijo la voz rugiente del enorme animal que se suponía era Kantai.
-Estos kaikyaku no son gran cosa cuando de enfrentarse a un hanjuu se trata, por lo que veo –Comentó Koui a espaldas de Kantai.
-Ya lo creo que sí –contestó Kantai con una risa estridente mientras levantaba a un aterrorizado joven soldado y lo estampaba contra varios de sus compañeros.
-Entonces será mejor que se de la vuelta, General Kantai –dijo Koui enfrentando la gigantesca espalda del oso –porque su próximo rival seré yo.
Shoukei disparaba flechas a diestra y siniestra desde el kijuu, no podía distinguir bien entre los aliados, había muchos hanjuu ahí, incluyendo bueyes, toros, tigres, incluso había un mapache entre ellos y no sabía quién era quién, no lograba ubicar a Kantai, a pesar de que la batalla fluía a su favor, estaba preocupada por su prometido, tenía un mal presentimiento; siguió atacando desde el aire sin dudar un momento cuando por fin lo vio.
-¿Pero qué…? –Dijo al ver la escena que se estaba llevando a cabo en el suelo.
Rápidamente tomó las riendas del kijuu y las haló en dirección a su novio haciendo que el Pegaso volara en picado lo más rápido que le permitieran sus alas.
-¡Shoukei, no pierdas tu posición! –Oyó que gritaba la voz de Han-Ou.
"Kantai, Koui, ¿por qué?" Pensaba ella mientras se acercaba al lugar.
En el momento en que aterrizó fue justo cuando los dos rivales hacían chocar con fuerza sus armas, era increíble cómo Koui, un simple hombre, podía dar pelea ante la fuerza sobrehumana de Kantai.
-¡Traidor! –Gritó Kantai al tiempo que trataba de golpearlo con la empuñadura de su lanza.
-No lo hago por esa razón, General –dijo Koui respondiendo con una estocada a uno de los ataques de Kantai. –Usted tiene algo que yo quiero y lo conseguiré.
-Koui –llamó desesperadamente Shoukei, iba derribando enemigos al tiro de su arco a medida que se acercaba a la pelea de los dos hombres.
-Aléjate Shoukei –le advirtió Kantai –si te entrometes, puedes salir lastimada.
-Pero, ¿cómo puedes decir eso? –Una flecha, otro enemigo caído –Y usted Hou-Ou, ¿qué pretende con todo esto?
-Si el General ya no está, tendré vía libre para que podamos estar tú y yo juntos, princesa –Gritaba Koui atacando frenéticamente a Kantai.
-Piense en su reino –le aconsejó Kantai –si usted hace un mal movimiento yo podría matarlo, estoy tratando, tanto como puedo, de no lastimarlo y si lo hago la gente de Hou caerá en desgracia.
-Koui –gritó Shoukei sacando su daga, las flechas se le habían acabado –ya basta por favor, pare.
Sin hacer caso de las súplicas de su princesa, el rey de Hou seguía atacando despiadadamente, no se percató que cada vez Shoukei se acercaba más a ellos, pero era demasiado tarde, la hoja había penetrado a un costado de su pierna izquierda. Sorprendido y adolorido, Hou-Ou dejó caer su espada al suelo, en frente de Kantai. Rápidamente Shoukei extrajo la daga y con su propia ropa hizo un torniquete para parar la sangre de la herida, no era demasiado profunda pero si perdía demasiada sangre sería un problema en medio de la batalla. Gyousou, viendo que Kantai paró de pelear y que Shoukei ya no estaba en el kijuu apoyando a las fuerzas aéreas, se acercó evitando ser atacado; en cuanto vio a Koui siendo atendido por Shoukei exclamó:
-Lograron herirlo, ¿cómo? Él es un inmortal y las cosas que disparan los kaikyaku no son demasiado peligrosas para nosotros –se inclinó para ayudarlo a caminar, mientras que Kantai y Shoukei se encargaban de los enemigos que se acercaban.
Se ocultaron detrás de unas trincheras y Gyousou preguntó:
-¿Qué fue lo que pasó Hou-Ou? –Revisó la herida y sacó del bolsillo de su chaleco un ungüento para sellarla.
-Nada sólo un descuido –contestó haciendo una mueca –soy inmortal Tai-Ou, si me hacen una herida sanará en un momento.
-Esta no es una herida cualquiera –seguía insistiendo Gyousou –un corte así sólo puede ser causada por un arma de invierno.
-Ya se lo dije, Tai-Ou un descuido.
-Cómo sea, mejor será que nos retiremos a la retaguardia, allí lo dejaré con los voluntarios para que lo puedan atender bien, yo regresaré a la pelea, Kantai, si puede encontrar a Youko dígale que tengo un plan para asaltar la defensa masiva de los kaikyaku búsquenme en el centro de la formación en media hora.
-Youko, tú ve por la izquierda y yo me ocuparé de la derecha –sugirió Shouryuu, los camiones ya comenzaban avanzar, el ejército aliado había logrado llegar a lo último de las filas rivales.
Youko tomó fuertemente la espada Suiguu-Tou y la balanceó de un lado a otro con maestría, la pelea casi terminaba, sólo faltaba encargarse de los líderes. En cuanto Kantai y Shoukei llegaron a dónde ellos estaban, los soldados kaikyaku huían despavoridos por la presencia del general convertido en una bestia, él le informó a Youko del mensaje de Gyousou y Risai, que también se encontraba allí, se mostró de acuerdo en hacerles una emboscada sólo de inmortales y shirei a las cabezas que guiaban la invasión. Esperaron y resistieron hasta que Tai-Ou llegó junto con Ranjou, Suzu y Sekki.
-Rodeemos el vehículo principal –explicó Gyousou –alternaremos el ataque entre nosotros y los shirei y tomaremos el control de su sede principal.
-Estoy de acuerdo, tengan cuidado de que no les apunten con sus armas, no les den tiempo de verlos y a la líder no la toquen, no quiero matarla –dijo Youko que era quien debía dar las órdenes allí.
Se colocaron como dispuso el plan y lo llevaron a cabo rápidamente, fue más sencillo de lo que se esperaba, con la ayuda de algunos cuantos hanjuu más y todos los shirei disponibles, se hicieron cargo de todo. Youko se enfrentó con Sugimoto y le dijo de manera autoritaria:
-No quiero que vuelvan a poner un pie en este mundo, no te mataré porque sé que tienes una familia, sin embargo sellaremos para siempre el agujero que han hecho y nos aseguraremos de que no vuelva a pasar algo como esto, hoy tanto mi gente como la tuya arriesgaron sus vidas y algunos las perdieron, deberías sentirte lo suficientemente mal por eso.
-Nakajima –ella casi rugió su nombre –podrás echarme de aquí pero tú y yo sabemos que algún día vendrá más gente cómo yo.
-Tal vez, pero hasta que ese día llegue no lo sabremos, por ahora quiero que se vayan de mi reino y no vuelvan nunca jamás.
De mala gana, Sugimoto tomó lo que le quedaba de tropas y se marchó a su campamento, un grupo de shirei se aseguró de que todos dejaran las tierras que habían ocupado y sellaron con una maldición el túnel por el cual entraron. Youko anunció la victoria y se encargaron de recoger y entregar a los amigos fallecidos a sus familiares, y a los cuerpos de los enemigos los enterraron en una fosa común en lo más profundo de las montañas. Se celebró una fiesta en honor a los caídos que duró dos días con sus noches y finalmente, regresaron al palacio Kinpa.
Shoukei y Kantai tomaban el té en el jardín del palacio central, conversando de lo que sería la decoración de la boda cuando vieron a Koui acercárseles. No esperaban lo siguiente pues, el rey se inclinó respetuosamente frente a ellos a pesar de las protestas de su kirin y el dolor de su pierna, casi curada.
-Ruego humildemente su perdón –dijo con la cabeza gacha –cuando un hombre siente una pasión desmesurada, no hay lógica o razón que valga, pero un verdadero hombre también reconoce cuando está equivocado y en este caso es así, vuelvo a felicitarlos y a desearles lo mejor desde el fondo de mi corazón, por favor acepten las disculpas de este estúpido rey.
-Hou-Ou –dijo Kantai levantándose, Shoukei trató de detenerlo temiendo otra pelea –Por favor levante su cabeza, el que usted haya peleado conmigo por ella me hace ver lo tonto que soy al no darme cuenta diariamente de la maravillosa mujer que tengo a mi lado, gracias por ofrecer su disculpas, con gusto las aceptamos y le pedimos que por favor se siente a tomar el té con nosotros.
Shoukei y Houki respiraron aliviados, y Koui se les unió con una sonrisa apenada pero confiable, las cosas siempre mejoraban, cómo Suzu siempre decía; "La mitad de la vida se compone de penas, pero la otra mitad es pura felicidad."
Una carta llegó a manos de Rakushun poco tiempo después.
"Querido y a veces muy ocupado, Rakushun.
La recompensa de la tranquilidad fue mejor de lo que podía esperar, Keiki me recibió con una mueca desagradable debido a mi olor a sangre, pero aguantó la sensación y me besó con ahínco en frente de nuestros amigos; Gyousou en la entrada del palacio hizo algo que nadie esperaba excepto Shouryuu, se arrodilló frente a Risai y le pidió que fuera su compañera, sumado a eso, parece que a Sekki le dio un ataque de inspiración y le pidió matrimonio a Suzu, ellas, por supuesto, aceptaron encantadas. Han-Ou y Hanrin ya regresaron a su reino, fue divertido tenerlos aquí, fueron de gran ayuda, sé que ya recibiste una invitación así que la boda de Shoukei y Kantai será en una semana, Hou-Ou será uno de los padrinos, no sé que habrá pasado entre ellos que ahora se llevan mucho mejor, en fin, hay mucho trabajo que hacer pero las cosas están un poco aburridas, ven a visitarnos antes de la boda, así será mucho más divertido."
"Tu eterna amiga, Youko."
Recuerden que el fic está basado en las novelas y no en el anime, si hay cosas que no les cuadran es por eso, por ejemplo que Sugimoto en las novelas jamás fue con Youko a los Doce Reinos y Asano no existía (sólo en el anime) ya que Youko y ella iban a una escuela exclusiva para chicas, Risai perdió el brazo en la sexta novela así que no se espanten, no fue invención mía sino de Fuyumi-Sensei. Por cierto las armas de invierno son las armas que usan en los Doce Reinos para matar a los inmortales, valen tres veces más que las armas normales.
Gracias por haber seguido el fic hasta el final, agradezco especialmente a Kumi Kinomoto y a Sandra Yousei por apoyarme todo el tiempo, fue una experiencia maravillosa ya que éste es el primer fic que hago que no es un one shot. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo lo hice y me gustaría conocer sus opiniones acerca de la historia en general.
Besos a todos y, nuevamente…Gracias.
