Muchas gracias por seguir leyendo. Muchas gracias a Maye por betear y prevenir horrores ortográficos.

Saludos


Capítulo Ocho

Albus se quedó con el brazo extendido, mientras Scorpius salía con prisas de la sala.

Se sentía un completo idiota y no entendía como había orillado a Scorpius y Evan a esa ridícula situación, tipo enredo amoroso. De alguna extraña manera, se sentía absolutamente responsable.

Y lo más increíble, a Scorpius le gustaba Evan.

O sea, a Scorpius le gustaban los chicos.

El nuevo descubrimiento golpeó su cerebro y, por razones desconocidas, sus mejillas se sonrojaron.

Y ahora, de seguro, cuando el rubio saliera al jardín encontraría a Evan en plena faena de declaración romántica hacia Rose. Genial.

Lo peor, Luke estaba sentado en la barra del lugar, bebiendo un trago con sombrilla y conversando con una chica de pinta hippie. O sea, nadie para amortiguar el golpe. Con un poco de suerte, alguna de las enamoradas de Scorpius salía al paso y lo acosaba, le robada un beso o le tocaba el trasero. Albus lo deseo todo junto, con tal de que Scorpius no llegara al estúpido jardín.

Miró el reloj, eran más de las once de la noche, la fiesta apestaba, pero si no se movía rápido, seguro apestaba más.

Odió el pasillo infestado de ebrios, odió a los chicos que le quisieron saludar y odió a Cindy por salir al paso para preguntar por Scorpius— Pasó recién, ¡¿Qué no lo viste?! —le gritó enojado.

Como Scorpius era rubio en exageración, Albus tardó sólo décimas de segundo en ubicarle. Hacía un frío del demonio, pero a zancadas alcanzó su objetivo, que contra todo pronóstico, no estaba con Rose y Evan, sino que estaba conversando con un grupo de chicos que ya habían salido de Hogwarts.

Miró a los alrededores, y pudo ver a Evan sentado en una de las esquinas, mientras Rose venía caminando en dirección a Albus.

—Tu amigo es un idiota —dijo al paso, para unirse a Scorpius y su nuevo grupo de amigos.

Albus suspiró y una nube de vapor salió de sus labios. Lamentó no haber bebido más.

Llegó hasta Evan, quien con voz de ultra tumba le resumió los hechos— Lo arruiné todo —sentenció. Explicó que Rose había creído que él era gay, y que él, en una defensa estúpida, había quedado cómo idiota. En palabras de Rose.

Albus se quedó junto a Evan, escuchando sus lamentos y se arrepintió aún más de no haber tomado ese último vaso de vodka. Miró hacia Scorpius, quien hablaba con un chico en particular. Rose no se divisaba por los alrededores y Evan estaba cada vez más hundido en su depresión. Sabía que el chico no estaba acostumbrado al rechazo, aun cuando este no hubiese sido del todo directo.

Echó otra mirada al reloj, ya eran casi las doce de la noche, y no podía odiar más la velada ni aunque se esforzara.

Ni se enteró de cuando se quedó dormido, menos cuando un grupo de bromistas le pintaron la cara. Pero si se despertó cuando un grupo de chicos preocupados les despertó a él y a Evan, para que entraran antes de que murieran congelados.

No había rastros de Scorpius en el jardín.

Dentro, el ruido había aumentado, las conversaciones habían subido de volumen y la sala se había transformado en una pista de baile donde Rose y Luke bailaban de la forma más bizarra posible.

Llego a la cocina, donde un grupo de chicos liaba cigarrillos con marihuana sin la más mínima vergüenza.

Aun cuando no había nadie a quién reconociera, se unió al grupo, hundido en sus pensamientos.

Evan se había perdido apenas entraron a la casa y aún no había visto a Scorpius. Quizás se había ido al castillo, o quizás estuviera en el comedor, o tal vez estaba en el segundo piso, en una de las habitaciones, con el chico con el que conversaba antes. Eso le revolvió el estómago.

Tomo una cerveza de la encimera y analizó sus pensamientos.

Si a Evan le gustaba Rose, y Rose ahora estaba bailando acaramelada con Luke, entonces Evan había sido rechazado. Pero, a Scorpius si le gustaba Evan.

Albus había tenido un par de experiencias homosexuales que no habían pasado de besos y unas cuantas caricias sobre la ropa. Si tenía que definir cosas, diría "No muy diferente."

Quizás Evan podía pensar igual, después de todo, Scorpius era muy guapo, y tenía los ojos más bonitos de toda la escuela, además, sus piernas eran larguísimas y su voz tenía ese tono grave, que hacia sus susurros extremadamente atrayentes.

¡Vamos, que era un excelente partido para explorar las bondades del mundo gay!

Quizás Evan tenía que probar.

Asintió para sí mismo, convencido de su raciocinio, y aceptó el pitillo que le ofrecieron— Gracias —susurró antes de dar una profunda calada.

El humo inundó sus casi inmaculados pulmones, y como siempre que fumaba, le atacó un acceso de tos. El chico a su lado le palmeó la espalda, riendo.

A Albus también le entró la risa, y pasó al menos diez minutos carcajeándose.

—Potter —le llamó alguien, y Albus reconoció de inmediato la voz de Scorpius.

—Malfoy —saludó, le dolían las mejillas de tanto reír—, te presento a mis amigos —dijo, extendiendo el brazo a los chicos de la mesa, quienes sonrieron y saludaron animadamente.

—Bienvenido, chico —dijo una muchacha del otro lado de la mesa.

—Hola —dijo Scorpius, riendo— ¿Estas ebrio? —le preguntó a Albus, quien movió la cabeza, en una mezcla entre sí y no— ¿drogado? —y el chico le respondió con el mismo movimiento.

—Me gustas, chico —dijo Albus, tomando la mano de Scorpius—. Me caes bien y tienes esa... —Albus hizo un montón de gestos, como tratando de apuntar algo que flotaba en los bordes de Scorpius— No sé, me gustas.

—Gracias —dijo Scorpius, tomando de la cerveza de Albus—. Estás ultra ebrio, y drogado.

—Sí... —Albus se quedó en silencio y aceptó el pitillo que nuevamente le ofrecían. Esta vez solo le atacó una tos leve. Scorpius le palmeó la espalda. Y como si nunca hubiese dejado de hablar, completó— Estoy medio perdido, pero te quiero ayudar, ya sabes. Ayudar. Eso. Con Evan y eso.

Albus esperaba estar siendo claro. Por la risa de Scorpius, la forma en que le acarició el cabello y le habló en voz condescendiente, supuso que le estaban entendiendo, obvio. Sentía la garganta seca y la lengua pastosa y se preguntó si Scorpius estaría dispuesto a besarlo, para que se le pasara. Lo de la lengua pastosa por supuesto.

—Gracias —dijo Scorpius. Albus sintió que podía palpar sus buenos modales y tuvo ganas de golpear a Evan, por no haberse dado cuenta de que un chico como Scorpius estaba interesado en él.

—Cretino suertudo —susurró, Scorpius se carcajeó, con arqueo de cuello y todo—. No tú, claro—agregó Albus, por si había dudas. Scorpius rió aún más fuerte y Albus sonrió, porque al final, la noche no había sido tan nefasta.


¡Continuara!