¡Hola! Sé que he tardado mucho en actualizar y lo siento, me quedé totalmente bloqueada en una parte de la historia y no sabía como continuar pero tuve suerte y mi musa está de vuelta. Para intentar compensar aquí tenéis el capitulo más largo que he escrito nunca :)
(Sé que tampoco es taaaaaan largo pero comparándolo con los demás... )
-Día 1-
Antonio notó como un ligero temblor le sacudía por completo, pudo perfectamente asociarlo a las temperaturas extremas del lugar pero sabía que aquello era mentirse a sí mismo y él odiaba las mentiras. Sus ojos viajaban de tonalidades azules a verdes y por último a rojas, aquellas tres personas iban a ser su equipo o lo que se traducía como su billete de vuelta al mundo real, darse cuenta que su equipo era formado por dos psicópatas le hizo temblar, de aquellos tres el único que le daba buen augurio era el francés que había conocido anteriormente y tampoco le daba muchas horas de vida ya que no lucía como una persona fuerte.
-Menuda mierda de equipo-Dijo con un fuerte acento inglés el rubio mientras les dedicaba una mirada de desprecio, Antonio sentía que no podía estar más de acuerdo en aquella afirmación.
-Pues si no te gusta suicídate porque si decides marcharte pienso matarte, quitar cada una de las capas de tu piel y ver cómo te desangras poco a poco. Nadie dejará este equipo vivo.-Aquello hizo temblar más aun a Antonio al oír las palabras del albino ya que su celebro empezaba a trabajar en un plan de escape.
-El juego se basa en la confianza, la Central busca un equipo ya formado para sus misiones, más que un equipo busca una familia. Si queremos salir vivos de aquí tendremos que confiar los unos en los otros. Nos guste o no y ya os adelanto que no me hace ni pizca de gracia-El resto del equipo oía atento las palabras de Francis que hablaba de forma pausada pero fuerte como las de un líder, cosa que no paso desapercibida para ninguno de los tres.
-Familia …-Dijo Arthur entre susurros aquella palabra le daba arcadas solo de recordar la suya, odiaba a todos y cada uno de sus integrantes y no dudaría en terminar completamente huérfano si tuviese la oportunidad.
-Tenemos que pensar que somos una familia, somos como hermanos colocados al azar aquí en este tablero de ajedrez, nadie decide quiénes son tus hermanos al igual que nosotros no hemos decidimos quienes son nuestros compañeros, simplemente lo somos nos guste o no, si nos mantenemos unidos los cuatro consiguiéremos la bandera y saldremos vivos de esta, en el momento que alguien decida abandonar la familia estaremos todos condenados, confianza, en esto se basa el juego-Las palabras de Francis conseguían una atmósfera de equipo que les iba a ser de gran ayuda y eso todos lo sabían.
-'Hump' Escorias aún queda mucho para que os considere como tal-Gilbert tenía que admitir que las palabras del ruibio le habían convencido pero no iba a hacerlo notar.
-Si queremos confianza en primer lugar debemos mostrar nuestras mochilas para comprobar el material que disponemos-Antonio había decidido confiar de momento en aquella extraña familia que habían decido ser.
Francis fue el primero en mostrarla, llevaba un móvil idéntico al suyo y un extraño aparato que a simple vista parecía otro celular más.
-Es un rastreador, podemos saber si hay alguien a unos tres kilómetros a la redonda.-Aquello animó al equipo entero sabían que estaban en ventaja con aquel aparato.
-Un rastreador no está nada mal espera a ver lo mío, kesesese-Tras aquello Gilbert abrió su mochila y con orgullo mostró el rifle que traía en su interior.
-Voy a cargarme personas a kilómetros de distancia, kesesese- La sonrisa del albino se intensificó mientras quitaba el seguro al arma y la dejaba lista para el uso.
-Es un Helcker, sus disparos no llegan al kilómetro pero son usados por francotiradores de la policía debido a que son mucho más precisos-Los tres integrantes del equipo se sorprendieron al oír aquella información de Antonio.
-En la academia me especialice en armas de largo alcance -La sencillez con lo que lo dijo hizo que Gilbert se quedase mirando su arma observando si por algún lugar visible apareciese el nombre del rifle para decirle que no era para tanto que supiese el tipo de arma que era, pero no lo encontró por ningún lado.
-Kesesese eso se ve a simple vista que es un Helcker-La voz del albino sonaba desesperada por sonar superior pero solo consiguió una sonrisa torcida de Arthur al notarlo, tras aquello el inglés mostró su material.
-Bombas, la verde actúa como una granada explota a los escasos minutos, la roja es de tiempo programable, la blanca de humo y la amarilla es aturdidora-Dijo Arthur mientras mostraba las bombas que iban en su mochila.
-Me parece un recurso increíblemente útil pero mantente a una distancia segura de mi-Los ojos del inglés se pusieron sobre los de Francis tras oír aquello.
-Tienen seguro idiota, no van a explotar ni aunque las tires de un acantilado abajo-Tras aquella afirmación el resto de integrantes aunque no lo admitiesen se relajaron al instante, saber que no tenían un potencial hombre bomba era una buena noticia.
Tras asegurarse que Arthur no fuese a volar en pedazos en cualquier momento Antonio mostró la suya con la esperanza de que alguien supiese para que sirvieran aquellas extrañas pastillas.
-Amoxicilina, Azitromicina, Metamizol… la mayoría son antibióticos y analgésicos-Decía Francis mientras leía el nombre de los compuestos.
-¿Eres médico?-La voz de Antonio sonó esperanzada tras oír aquellas palabras
-Nociones básicas de la academia tú también deberías saberlas, amour-Tras aquellas palabras del francés Arthur esbozó una sonrisa de superioridad ante los ojos furibundos del español.
-Si yo soy el hombre bomba tu eres el hombre farmacia-El tono burlón con las que fueron dichas aquellas palabras hizo que Antonio empezase a cabrearse.
-Hay inyecciones verdes que no se para que sirven pero apostaría un riñón a que es veneno ¿Quieres salir de dudas?- Ahora era Antonio quien sonreía de manera cínica mientras le amenazaba.
-Hay tres banderas, mirad vuestros móviles-Dijo Francis ignorando las amenazas de aquellos dos.
-Hay tres puntos, azul, rojo y verde, deben ser las tres banderas-Contestó Arthur que no dudó en abrir su móvil para confirmar aquella teoría por si mismo.
-¿A por cual vamos?-Preguntó el albino mientras veía el mapa.
-La azul está demasiado cerca, debe estar a unos treinta minutos, esa bandera debe ser un suicidio-Contestó es español al darse cuenta de la extraña cercanía de dicha bandera, tan cerca que estaba claro que era una trampa, al ser la más cerca sería la que más gente lucharía por ella, además poseer la bandera desde el primer momento sabiendo que siempre iba a estar visible era como pedir que te matasen.
-La verde debe estar a unos quince días, se encuentra en medio del único bosque realmente frondoso que hay en esta zona, esa bandera debe estar llena de animales salvajes que en menos de cinco minutos nos devorarían sin piedad-Dedujo el inglés al observar su punto en el mapa.
-Debemos ir a por la roja está a poco más de dos semanas, se encuentra alejada de las otras dos por lo cual nos encontraremos menos gente en nuestro camino y está en lo que parece un edificio, me parece la acción más sensata de todas-Dedujo Francis tras valorar las demás acciones.
-Habrá menos gente… ¡Acepto si me dejáis que la cargue yo! –El resto del grupo se quedo mirando al albino pensado que es lo que había mal en él.
-No deberíamos matar-Pronunció el español, ahora era a él a quien veían como un loco ido.
-Perdona San Antonio, pero esto es la Central, mercenarios entrenados, ¿Si? ¿Recuerdas ahora dónde estás?-Le espetó el inglés, aquella prueba era un 'tú o yo' matar o morir y el tenía claro cuál era su decisión, no podían tener a un crío con complejo de madre Teresa de Calcuta en su equipo.
-Día 2-
-Joder, ¡Qué frío!-Gritó el albino mientras fregaba sus manos sobre la improvisada fogata que habían conseguido tras más de media hora intentando sacar chispas de dos palos de madera.
-Este uniforme además de ser hortera no es suficientemente para temperaturas como estas-Contestó Francis mientras se recostaba sobre un árbol cerca de la hoguera.
-Tenemos comida para aproximadamente una semana, debemos vigilar el radar, cuando algún grupo aparezca debemos luchar contra ellos y obtener sus cosas- La mirada de Antonio se apartó de las llamas para posarse sobre la de Arthur, había quedado claro que le daba igual la vida de los demás con tal de vivir.
-Si les quitamos sus cosas, ¡No van a sobrevivir!-Replicó el español enfadado, la misión era obtener la bandera, en ningún momento tenían que terminar con la vida de nadie si no querían.
-¿Quién ha dicho que tienen que sobrevivir?-La mirada sombría del inglés chocó con los brillantes ojos del español, al rubio le resultaba extraño que alguien se preocupase de tal manera por una persona que ni siquiera conocía, no tenía sentido.
-Día 3-
El silencio que reinaba durante el camino fue roto de golpe tras multitud de sonoros mensajes de texto que habían sido enviados a sus teléfonos, Arthur fue el primero en abrir el móvil y leerlos, le informaban de la muerte de cinco jóvenes, cosa que no le sorprendió ya que todos los mensajes que recibían siempre informaban de lo mismo. Muertes.
-Día 6-
-¡Tenemos un grupo cerca!-Gritó el francés al ver cuatro puntos rojos en su radar.
-¡Por fin!-Contestó el albino mientras sacaba su rifle, le quitaba el seguro y se preparaba para la ofensiva.
-En quince minutos nos encontraremos con ellos, atacamos por sorpresa y nos llevamos sus cosas, de momento lo mejor sería lanzar una granada aturdidora y atacar, ya que tenemos pocas armas-Dijo el francés contando con la afirmación del equipo.
Al llegar al lugar Arthur activó con rapidez la bomba y la lanzó provocando un espeso humo blanco que les sirvió como despiste para robar dos de las mochilas que habían en el suelo, tras aquello sus enemigos contraatacaron con rapidez intentando apuñalar al inglés que esquivaba como podía las navajadas fugaces de sus enemigos uno de los cuales cayó fulminado al suelo cuando Gilbert a escasos centímetros disparó el arma, tras aquel pequeño despiste Arthur de una patada desarmó a su enemigo que cayó también muerto al suelo cuando el albino volvió a disparar.
-¡Eran míos!-Gritó el rubio colérico mientras recogía la navaja del suelo y se dirigía hacia él amenazándole con ella.
-¡Já! ¡Dame las gracias por salvarte! ¡Soy increíble!-Se pavoneó Gilbert mientras veía la mirada furibunda del inglés que le daba la sensación de que si volvía a decir algo terminaría con el cuello rajado.
Antonio mantenía el bisturí en alto defendiéndose del puñal de su enemigo, recordaba todas las nociones de la Central, movimientos rápidos y precisos, si se podía terminar con una puñalada no se hacía con dos, su enemigo le miraba extrañado el arma, incluso a él mismo le parecía surrealista la escena, amenazar a alguien con un pequeño y delgado bisturí era como mínimo para echarse a llorar de la pena, y más aún si veías el enorme puñal que poseía su enemigo, pero aquello no le nubló el juicio, sería pequeño pero no por ello menos afilado y por supuesto suficientemente afilado para rajar la garganta de alguien, su arma no le permitía apuñalar pero si cortar la piel de manera precisa, así que el único punto accesible que tenia era el cuello, podía realizar un corte limpio de manera horizontal en él produciendo la rotura de una arteria y su muerte en escasos segundos, imitó rápidamente los pasos memorizados en la Central esquivando las estocadas del enemigo pero el corte que produjo fue mucho más superficial de lo que quería debido a que en el último momento se arrepintió.
-¡No quiero matarte!-Pronunció el español ante la cara de sorpresa de su enemigo- Si me das tu mochila mi equipo te dejará marchar-Volvió a decir desesperado el español.
Durante unos segundos que parecieron horas reinó el silencio hasta que su enemigo se pronunció.
-Está bien-Contestó lanzándole la mochila a Antonio el cual suspiró aliviado al haber llegado a un trato donde nadie moría, nada más lejos de la realidad, cuando el moreno bajó la guardia para recogerla su enemigo se dispuso a encertarle una apuñalada la cual no llegó debido a un disparó del albino que aun que falló consiguió tiempo suficiente para que Francis llegase por detrás y le clavase una cuchillada mortal con uno de los puñales que habían conseguido de sus rivales.
-¿¡Estás loco?!-Gritó el francés al moreno que aun seguía asimilando la escena-¡Podrías haber muerto ahí mismo!-Volvió a gritar esta vez cogiéndole del uniforme para que le mirase. Los ojos azules de Francis chocaron con aquellos ojos inocentes del español, podía notar el disgusto de lo que había ocurrido en su mirada.
-¿Alguna vez has matado a alguien?-Le preguntó el inglés que se encontraba a escasos centímetros de él mirando la escena.
-Sí-Fue el único monosílabo que pronunció.
-Día 10-
Los ojos de Gilbert se abrieron de par en par al ver unas bayas de color rojizo a escasos centímetros de él, llevaban casi tres días a base de agua sin probar siquiera un bocado de comida debido a que sus provisiones se habían terminado y ningún grupo al que asaltar aparecía por el radar. El desgaste físico era palpable en su cuerpo y al ver aquellas bayas no dudó el pararse a recogerlas, podía notar como su boca se hacía agua solo con verlas, arrancó varias del arbusto y con impaciencia se las comió notando su sabor dulce.
-¡Venid! ¡COMIDA!-Gritó emocionado el albino mientras seguía recogiendo más, su equipo apareció de inmediato al oír sus gritos emocionados, oír la palabra 'comida' era para ellos una bendición porque estaban realmente hambrientos.
-¡Comida!-Gritó a la vez Antonio que corriendo arrancó de golpe varias bayas para comérselas de inmediato.
-¡NO!-Gritó Arthur asustado mientras le daba un manotazo a la mano de Antonio que contenía las bayas cayendo estas al suelo ante la mirada incrédula del español.
-¡Qué demomios hac…-La voz del español fue cortada de inmediato por el grito asustado del inglés.-¡Son venenosas!-Gilbert se quedó estático ante aquella información, ni siquiera se había planteado que aquellas bayas fuesen tóxicas, tenía hambre, mucha hambre y solo pensó en satisfacerla. Un silencio incomodo se estableció en el lugar que solo fue roto por el inglés al notar las manchas rojas alrededor de la boca del albino tras habérselas ingerido.
-¡Las has comido!-Gritó alarmado mientras le miraba, al llegar al lugar aquellas bayas le resultaron igual de apetitosas que a todo el grupo pero aquella hambre se esfumó al darse cuenta de las machas blanquecinas que presentaban sus hojas, recordaba perfectamente las clases de biología y aquellas plantas eran de las más venenosas que conocía.
-¡Qué van a ser venenosas! ¡Estoy perfecto!-Cuando el albino dijo aquellas palabras se dio cuenta que estaba equivocado, un mareo se había apoderado de él y tuvo que sujetarse de Antonio para no caer al suelo, gesto que no pasó desapercibido por el resto de su equipo que le miraban preocupados.
-¿Qué? Ha sido una simple bajada de tensión-Contestó en su defensa al notarse nervioso con tanta mirada alarmada, pero su cuerpo empezó a temblar ligeramente y notó como todo empezó a girar a su alrededor, dándose cuenta de que tenían razón.
-¡Shit!, Antonio pásame tu mochila-El moreno de inmediato la lanzó al rubio que rebuscó con rapidez.
-Joder no hay nada que sirva…-Murmuraba con desesperación mientras leía el nombre de los compuestos, su vista solo se alzó al oír como Gilbert había empezado a vomitar, su organismo había rechazado las bayas y las intentaba eliminar por si mismo, un mecanismo de defensa que no evitaría la muerte si no encontraba algo con lo que detener el veneno que ya había entrado a su cuerpo.
-¡Gilbert!-Gritó horrorizado Francis mientras veía como el albino caía al suelo donde su cuerpo empezó a sufrir convulsiones y espuma blanca había empezado a emanar de su boca. Arthur desesperado continuó buscando algo útil es la mochila sin éxito hasta que vio aquellas jeringas de color verde sin identificación.
-Apartad-Gritó el inglés dispuesto a inyectar aquella medicina con la esperanza de que fuera un antídoto, estaba jugando a la ruleta rusa con él y lo sabía, pero no había otra opción, iba a morir de todas formas si no lo hacía.
Tras hacerlo el cuerpo del albino había dejado de moverse y el silencio reinó entre ellos.
-¡Lo has matado! ¡No tiene pulso!-Gritó fuera de sí Antonio al ver el cuerpo inmóvil del albino, sus manos se comprimieron de la rabia, rabia que estuvo a punto de derramar sobre el inglés si no fuese por la voz de Francis
- ¡Hay que proporciónale RPC*!-Sus manos se colocaron sobre el esternón del albino y empezó a presionarlo con rapidez, miraba asustado como el cuerpo de este no respondía.
-Está muerto-Sentenció Arthur tras más de cinco minutos de respiración asistida, podía ver los intentos del francés por reanimarlo pero pasado ese tiempo sabia que las posibilidades de que su corazón volviera a latir eran casi imposibles y la culpa le abrumó cuando se dio cuenta que aquella inyección verde le había rematado.
-¡Cállate, no está muerto!-Le gritó presa de los nervios el francés que no se había dado siquiera cuenta del tiempo que había pasado desde que inició la práctica.
-Por favor, por favor…-Susurraba mientras apretaba el pecho del albino, hasta que agotado se dio cuenta de que lo había perdido, cerró los ojos y respiró hondo.
-¡Respira!-Aquel gritó del español le hizo volver a abrir los ojos para notar incrédulo como el pecho del albino respiraba por si mismo y el pulso empezaba a estabilizarse. Todos respiraron tranquilos al darse cuenta que aquella inyección si que había servido.
*RPC: Reanimación cardiopulmonar.
-Día 11-
Antonio se encontraba recostado en el suelo de la colina mientras miraba por la mirilla del rifle su objetivo, un grupo de tres que comían despreocupados alrededor de una fogata, se encontraban a poco más de diez metros, los tenía a todos en un buen ángulo, volvió a apuntar y disparó sin dudar, uno de ellos cayó fulminado al suelo, movió con rapidez hacia la derecha el rifle disparando a su compañero que se había levantado asustado, el último sobreviviente echó a correr pero no llegó muy lejos cuando presionó el gatillo. Cuando mató al último suspiró resignado, no quería matar, odiaba matar, pero no se encontraban preparados físicamente para una pelea, el hambre les había dejado muy débiles. Recordó porque le gustaba la tarea del francotirador, disparar a distancia era un crimen frío, no llegabas a ver la cara de terror, ni los gritos de desesperación, simplemente morían, la mayor parte de las veces sin dolor. Era la manera más distante de matar a alguien.
-Despejado-Escribió en su teléfono-Tras recibir el mensaje Francis y Arthur entraron en la escena buscando objetos útiles para su viaje, encontraron multitud de comida en las mochilas, estaban realmente de suerte tenían comida para más de dos semanas, había sido una operación redonda ya que además tenían una cajetilla de cerillas y Francis se había quedado con el arma de uno de ellos, una espada.
Pocos minutos después aparecieron el español junto al albino que aunque aún no se encontraba al cien por cien había empezado a mejorar y ya podía caminar por su propio pie, se sentaron alrededor de la hoguera sintiendo el calor que emanaba aquel fuego a la vez que rellenaban sus estómagos hambrientos con la comida que habían encontrado.
- ¿No estará envenenado verdad?-Bromeó el albino mientras mordía con desesperación la comida, realmente había empezado a pensar que iban a morir de hambre.
-¡No seas gafe!-Rió a carcajadas el español el cual no masticaba la comida si no que la estaba devorando, Francis llegó a creer que se comería hasta la lata de aluminio en la que venía.
-Estamos a medio camino de la bandera la falta de comida nos ha atrasado-Habló Arthur cortando el ambiente amistoso que habían creado.
-¡No te preocupes! Ahora nos repondremos y continuaremos perfectamente-Contestó optimista el español, tras la barriga llena continuar con la prueba le resultaba mucho más fácil. Arthur se quedó mirando las sonrisas del grupo, incluso con todo lo que estaban pasando se permitían sonreír y no entendía el porqué.
-Arthur, ¿Cómo sabias que la inyección verde era el antídoto?-Preguntó curioso el albino ya que recordaba que no había nada escrito en ellas.
-No lo sabía-Aquella contestación hizo que casi se ahogase al tragar-¿¡QUÉ?! ¿¡Y si llega a ser veneno?!-Preguntó alarmado ante tal confesión.
-Estarías muerto-Contestó con sencillez, el albino dio gracias mentalmente de seguir respirando.
-Día 16-
Gilbert miraba la hoguera que se encontraba a escasos centímetros de él, era una de aquellas tantas noches donde montaban guardia para descansar tras el agotador día donde hablaban de temas triviales y sin importancia para evadirse de aquel infierno, pero aquella noche el albino decidió abrir uno de los temas más polémicos.
-¿Sabéis como termine aquí?-Preguntó curioso el albino al resto del grupo que ahora le miraban con curiosidad.
-¿Por ser una persona demasiado ''genial'' para ser un ciudadano normal?-Preguntó con ironía Arthur resaltando la palabra ''genial'' a modo de burla.
-Kesesese, ¡Estás en lo cierto! ¿Y tu Arthur?-Se rió el albino mostrando su afilada dentadura.
-Por mi familia-Los ojos de Arthur se pusieron sobre el suelo recordando su ''perfecta familia'', Kirkland, apellido completamente conocido en la Central, su familia durante siglos había permanecido a la élite de los mejores soldados, había participado en multitud de misiones imposibles lográndolas con éxito y lo más importante tenían información de todo lo que ocurría en ella. Él era el menor de sus hermanos y para ellos era el más débil, el hermano ido que hablaba con seres imaginarios en el jardín, desorden mental debido a la falta de comunicación con el exterior, su madre había muerto, su padre nunca estaba en casa y sus hermanos le ignoraban, en su familia solo había un lema ''ser el mejor'' nadie podía ser digno de llevar el apellido si no lo era y por ello todos y cada uno de sus hermanos había pasado el examen que él ahora estaba sufriendo, sabía que ninguno de ellos esperaba que pasase la prueba y el mismo también lo dudaba, además les haría un favor al desaparecer de su 'perfecta' familia.
-¿Y tu Francis? ¿Por zoofilia?-Preguntó divertido el albino completamente ajeno a los pensamientos del inglés.
-Por ser demasiado guapo, cuando me vieron se enamoraron de mí, ¿Sabes? A veces me duele la cara de ser tan guapo, es más, cuando me miro al espejo me preguntó si Dios ha dejado algo para los demás-Tras aquello las risas de sus compañeros estallaron por todo el lugar, incluso Arthur dibujo una sonrisa divertida.
-¡Vuestros egos me están aplastando, no caben en esta habitación y os recuerdo que estamos en medio de la nada!-Contestó Antonio que aún tenía restos de lágrimas en sus ojos debido a las carcajadas.
-Ahora enserio, ¿Por qué?-Preguntó Arthur, tenía verdadera curiosidad por saber como había terminado aquel francés allí.
-Cuando era más pequeño hicieron un test en la escuela, acerté más de lo que debería haber acertado así que contactaron conmigo y me unieron a ellos, mi familia era muy humilde es más casi nunca teníamos para comer así que les dijeron que donde yo iba no me faltaría de nada y que a ellos les darían un extra mensual mientras yo fuese menor, así que aquí estoy.-Lo dijo con una sencillez increíble, el rubio ya había superado aquel trauma hacia mucho, sabia que era lo mejor para todos él había tenido hasta entonces una vida relativamente cómoda y sus padres ahora podían tener un nivel de vida aceptable.
-Así que, ¿Eres un Newton?-Preguntó divertido el albino tras aquella confesión.
-Perdona, Newton es un Francis-Dijo en un tono teatral mientras se hacía el ofendido.
-Bueno, ¿Y tu Antonio?-Preguntó el albino la mirada del moreno se puso sobre la rojiza de Gilbert, nunca le habían preguntado aquel tema tan directamente y no sabía como abordarlo.
-Le tiré un pedrusco enorme a un hombre que intentaba matar a mi hermano y le rompí el cráneo-No quiso matizar más en el tema, era un tema del que no le gustaba hablar, pero por suerte el albino aligeró el ambiente.
-Recuérdame que nunca te haga enfadar Hulk-Aquello hizo que una sonrisa se formase en su cara.
-Bueno, quedas tu Gilbert que no te vas a escapar-Preguntó Francis mientras una mirada inquisidora le fulminaba.
-Fulminé a dos hombres a balazos que entraron a mi casa -Sabía que lo que había dicho no era ni la mitad de la historia, él era el primogénito de la familia Beilschmidt una importante familia con deseados contactos tanto en la mafia como en el gobierno, durante años se habían mantenido neutrales, a la sombra, pero una noche entraron a su casa y asesinaron a sus padres a sangre fría y lo mismo iban a hacer con su hermano si no fuese porque cogió la pistola de sus padres y les disparó, tras aquello la Central le acogió, pero solo lo hizo a él, le separaron de su hermano de cinco años y desde entonces no le había vuelto a ver, pero él tenía un objetivo, encontrarle al precio que fuese.
-Día 20-
No podían creer lo que había ocurrido, les estaban atacando por sorpresa, el radar no les había detectado y ahora se encontraban en clara desventaja.
-¡Shit!- Gritó el inglés cuando uno de ellos se abalanzo sobre él para golpearle con un bate de béisbol, le esquivó y sacó con rapidez la navaja que traía escondida en sus pantalones, su rival era extremadamente ágil con el bate por lo cual mientras esquivaba sus frenéticos ataques intentaba contraatacar con una puñalada pero cuando lo hizo el bate de madera la bloqueó quedando su navaja incrustada en él dejando su cuerpo completamente expuesto al enemigo , oportunidad que no perdió cuando este levantó el bate, Arthur fue capaz de proteger sus puntos vitales del golpe, pero este impactó con gran fuerza sobre su pierna derecha, produciendo que su cuerpo se doblase por el dolor, evadió por puro reflejo un segundo golpe esta vez dirigido a su cabeza, pero ahora había sido su enemigo quien había abierto una apertura, con rapidez cogió su brazo y con una llave lo rompió produciendo la caía del bate al suelo, se agachó de inmediato a recogerlo pero su enemigo se tiró encima de él a modo de placaje, notaba el peso de este sobre él y como su mano sana apretaba con fuerza su cuello con la intención de ahogarle, tenía el bate a escasos centímetros de sus manos pero le era imposible moverse con aquel joven encima, notaba como empezaba a perder la noción del espacio debido a la falta de oxígeno pero por suerte sus manos se hicieron con el arma y la hizo impactar sobre la cabeza de su enemigo, golpe que no le mató debido la poca fuerza producto de su hipoxia pero si marearle e invertir las posiciones siendo ahora él quien le intentaba ahogar con el bate de béisbol el cual había colocado de manera horizontal sobre su cuello. Lo presionó con fuerza hasta que aquel hombre se ahogó por completo.
Francis y Antonio se encontraban espalda con espalda luchando contra dos de ellos, armados también con bates, el francés levantó su espada preparándose para el ataque cosa que hizo igual Antonio con su navaja, se separaron y atacaron con rapidez, el rubio corrió hacia uno de ellos, levantó su espada con velocidad para después dejarla caer sobre el brazo de su rival produciendo que este se desprendiera de su cuerpo quedando totalmente indefenso al posterior ataque donde su espada se clavó en su corazón matándole al instante, se giró y vio al moreno esquivando los ataques de su enemigo y entonces se dio cuenta de la duda en sus ojos, la duda de matar a alguien de manera tan pasional, y lo supo, supo que Antonio era incapaz de matar a alguien delante de sus propios ojos, cara a cara y no a través de la mirilla de un rifle, corrió hacia él y le cortó la cabeza ante los ojos impresionados de Antonio, pero el francés estaba muy equivocado sobre la causa de su terror.
-¡FRANCIS!-Gritó el español mientras de un brutal empujón le tiró al suelo y apuñaló por acto reflejo a aquella persona que había aparecido de la nada por detrás con un cuchillo con la intención de matar al francés, se encontraba mirando directamente los ojos ámbar de su víctima los cuales estaban abiertos de par en par producto del terror, un grito salió de sus cuerdas vocales, un grito de dolor que dejo estático al español por un momento pero entonces se dio cuenta que aquella puñalada no había sido mortal y su enemigo aún estaba armado, sacó con rapidez su navaja del cuerpo para impactarla con fuerza esta vez sobre el corazón de aquel hombre que cayó fulminado sobre su cuerpo, notaba el peso muerto sobre él y como la sangre empezaba a empaparle el uniforme, tardó unos segundos en recolocarse y empujar el cuerpo al suelo, el cual quedó con los ojos en blanco dando la impresión que de que le miraba
Francis aún seguía en shock, estaría muerto si el moreno no le hubiese empujado-Gracias-Murmuró al ver terminar aquella escena, pero aquel momento de tranquilidad duró poco al oír romperse las brancas de los árboles dando lugar a una sombra que sostenía un enorme rifle.
-¡Gilbert!-Gritó Antonio al verle aparecer de repente a la escena
-¡¿Se puede saber dónde estabas?!¡CASI ME MATAN!-Dijo colérico el francés al verle aparecer sin un rasguño.
-Me había ido a plantar un pino, pero este no quería salir y…-La fina explicación del albino fue cortada ante la mirada asesina de sus compañeros.
-¡Estabas cagando mientras nosotros arriesgábamos nuestras vidas!-Gritaron ambos al unísono ahora con una mirada furibunda y un puño en alto que le indicaban a Gilbert que debía correr lo más rápido posible.
-Día 24-
El corazón de Francis se paró por un momento al leer el mensaje que le había llegado de la Central. -'Bandera Roja en movimiento'-Pudo ver como el punto que la marcaba en el mapa había empezado a moverse en dirección contraria a ellos.
-¡Se nos han adelantado!-Antonio se sorprendió, sabían que se habían retrasado respecto al plan original pero no creía que nadie fuese a llegar antes que ellos, tenían planeado obtenerla en dos días pero ahora iban a tardar más.
-Debemos aumentar nuestro ritmo, tenemos que recortar distancia con ellos-La voz de Arthur sonaba enfadada, estaban a punto de obtenerla y ahora se les escapaba de sus manos.
-Pero, ¿Y tu pierna?-Gilbert sonaba preocupado hacia poco que les habían atacado y su herida aún estaba fresca.
-Puedo caminar perfectamente-Mintió en inglés no quería parecer débil, se había dado cuenta que su paso era mucho más lento que el de los demás, pero no por ello le dejaron atrás, se hicieron cargo de su mochila y disminuyeron su ritmo para continuar el camino juntos. Fue en aquel momento cuando pensó la suerte que había tenido al encontrar aquellas personas, nunca nadie había tenido un gesto así con él, admitía que no les entendía pero ya no les destetaba tanto como al principio.
-Día 27-
Tuvieron suerte de que el equipo que tenía la bandera no se hubiese movido en absoluto en dos días, aquello fue lo que les permitió recortar la distancia y encontrarles. Arthur tenía fijado el objetivo, un hombre de cabellera rubia que se encontraba haciendo guardia fuera de la cabaña al lado de una improvisada fogata, quedaban tres días para que el tiempo terminase y fuese el fin de aquel infierno, lo que para aquellos hombres sería una lenta cuenta atrás para poder ganar, para ellos era un sonoro tic-tac, tiempo que se escurría entre sus manos, en menos de tres días iban a estar muertos si no con seguían la estimada bandera y si para ello debían arrebatar la vida de otras personas no iban a dudar en hacerlo, lo único que importaba en aquel momento eran ellos cuatro.
Arthur miraba a sus compañeros a la espera de la preciada señal que le indicara que debía disparar, él mismo no iba a aceptar que estaba nervioso, muy nervioso, notaba su respiración acelerada y como el corazón le golpeaba con fuerza el pecho, si él fallaba todos morían, si no acertaba aquel disparo les iba a condenar, respiró hondo y expiró, él no era el mejor tirador y el grupo lo sabía, para aquel rol tenían a Antonio, no es que él fuese malo ni mucho menos pero no era el mejor, se maldecía interiormente por la herida de la pierna a causa de las limitaciones que le causaban, él debía estar en la ofensiva directa y no de francotirador en la cima, sus manos temblaban a causa de los nervios, sus ojos se abrieron asustados al notar aquel ataque de pánico que estaba teniendo en aquel momento.
-Tranquilízate, tranquilízate…-Se repetía entre susurros mientras inspiraba y expiraba con lentitud tratando de relajarse aunque él mismo notaba que estaba hiperventilando.
Antonio sujetaba con fuerza el cuchillo mientras miraba fijamente detrás de aquellos frondosos árboles la pequeña cabaña que tenía a escasos metros, mientras Arthur terminaba con el guardia ellos entrarían a la cabaña y matarían a los integrantes de la casa para posteriormente buscar la bandera. Antonio se odiaba a si mismo, la muerte de aquel joven días atrás en sus manos se repetía constantemente en su cabeza, la expresión de horror en su rostro y los gritos de dolor desesperados, el momento exacto en que le apuñalo el corazón con el mismo cuchillo que sujetaba en aquel momento y como aquella chillona voz paró en seco, desvió inconscientemente la vista a su arma y por un instante lo vio lleno de sangre al igual que cuando lo sacó del corazón de su victima. El moreno se frotó la frente para eliminar las gotas de sudor frío que le recorrían, se maldecía por pensar en aquello en ese justo momento, sabía que iban a matar a más gente, debía aceptarlo y estar preparado para ello.
-Cuando dé la señal Antonio entrará por detrás, tu por el lado derecho y yo de frente, mientras que Arthur nos cubrirá por la izquierda. No dejéis supervivientes…-Las últimas palabras le habían costado decirlas al francés, sabía que era lo mejor para el grupo pero obligarles a matar era algo que aun no estaba acostumbrado a decir.
Gilbert fijo su mirada en la cabaña mientras sostenía su bate de béisbol obtenido días atrás, sabía que eran ellos o su equipo y tras todo lo que habían pasado juntos no iba a dejar ningún superviviente en aquella cabaña, ninguno, lo tenía claro.
-Tres, dos, uno…¡YA!- Francis levantó su espada, tras aquello los tres corrieron hacia la cabaña pero lo que ocurrió ninguno de ellos siquiera llegó a imaginárselo.
Antonio durante su carrera notó como rompía con lo que dedujo que era una cuerda y supo de inmediato lo que aquello significaba, se agacho debido a sus rápidos reflejos pero no impidió que una flecha se clavase en su abdomen. Cayó fulminado al suelo, tras aquello el alarido de dolor fue escuchado por todos y cada una de las personas presentes allí, Gilbert y Francis miraron con horror como la flecha había impactado en su cuerpo, los dos se quedaron estáticos, habían caído en redondo en una trampa y lo sabían. Arthur miraba con horror a través de la mirilla aquella escena, su cuerpo se tensó por completo, no podía creer lo que había ocurrido, tras aquello su objetivo se había levantado de inmediato con el rifle para terminar lo que la trampa no había podido, sabía que en menos de tres segundos el resto de sus enemigos iban a estar allí fuera para matar a su equipo, solo con pensar en la muerte de sus compañeros le hizo hervir la sangre, no dudó, apuntó, fijó y disparó al hombre de pelo dorado, cayendo fulminado al suelo, la rabia le consumía y aquello es lo que iba a hacer, matar a todas las personas que saliesen de aquella cabaña.
Francis tras reponerse esquivó la cuerda y continuó hacia el interior de la cabaña, debían terminar la misión, dio una patada a la vieja puerta y entró enfurecido hacia el interior, cosa que se arrepintió de inmediato al inspirar el humo de una bomba de gas que habían lanzado, empezó a toser debido a la falta de aire en la habitación, notaba como el mareo le impedía enfocar los objetos, su instinto de supervivencia le gritaba que debía salir de allí como fuese, se apoyó en la pared para no caer redondo al piso, cosa que fue inevitable, tras ello estuvo a punto de perder su conciencia, pero no se podía permitir aquel lujo, debía sobrevivir, se arrastró hasta la puerta que tenia a escasos metros y salió al exterior de la cabaña, donde antes de desmayarse vio como dos sombras se acercaban a él.
El hombre un joven de pelo rojizo se dirigió hacia Antonio con el rifle para rematarle al notar como intentaba levantarse del suelo, Gilbert se quedó estático por un instante, Antonio estaba a punto de ser asesinado y Francis se encontraba inconsciente delante de dos hombres con la misma intención, no sabía qué hacer ni a quien ayudar, pero por primera vez en mucho tiempo pensó en frío, él tenía un simple bate de béisbol y no iba a poder terminar con dos hombres si alguno llevase algo más que una simple arma blanca, así que decidió correr hacía el hombre que sujetaba el rifle, aquel hombre estaba quitando con rapidez el seguro del arma a la vez que apuntaba al español, Gilbert sabía que no iba a llegar a tiempo, lo sabía.
-¡Hijo de puta!, ¡Tu enemigo soy yo!-Aquel grito desesperado captó la atención de aquel joven que quedó sorprendido por un instante, un instante suficiente para que con toda la rabia posible el albino le acertase un golpe por detrás en la cabeza con el bate, un golpe tan fuerte que partió en dos tanto el bate como el cráneo de aquel hombre que cayó fulminado al suelo empapado de sangre.
Arthur desesperado empezó a disparar contra aquellos dos hombres que se encontraban delante de Francis, la rabia le nublaba el juicio y era incapaz de enfocar, ver a sus dos amigos desplomados en el suelo sin saber si estaban vivos era una sensación insoportable, porque al fin y al cabo aquellos eran sus amigos por mucho que se lo hubiese negado a si mismo miles de veces, una de aquellas balas desesperadas impactó en la pierna de uno de los dos hombres que se encontraban delante del francés, tras ello corrieron a resguardarse detrás de la cabaña de las balas que no dejaba de disparar pero lo que no esperaban es que Gilbert apareciese con el rifle de su compañero dándole un rápido tiro en la frente al primer joven que giró la esquina terminando de inmediato con su vida.
-¡De rodillas al suelo!- Aquel grito del albino hizo que el último superviviente obedeciera de inmediato al notar como el rifle le apuntaba.
-Las manos donde pueda verlas, si te mueves estas muerto-La voz del albino sonaba amenazante al igual que sus ojos que parecían los de una fiera sedienta de hambre.
-No me mates, por favor-Su voz sonaba rota, asustada, aquel joven no quería terminar como el resto de su equipo.
-¿Qué era ese gas?-El rifle no dejaba de apuntar a la cabeza de aquel joven que había empezado a llorar.
-Es un gas somnífero, ¡No me mates por favor! ¡Por favor!-Los ojos rojos del albino chocaron de lleno con la mirada aguada de su enemigo asustado hasta la médula.
-¿Hay más trampas?-Volvió a preguntar esta vez colocando el frío metal del rifle en la sien de aquel hombre.
-No, no hay más, por favor…-Su voz sonaba completamente rota debido al miedo del momento.
-¿Dónde está la bandera?-La voz del albino cada vez era más amenazante al igual que la presión que ejercía el rifle sobre su cabeza.
-Tengo una idea-Dijo entre sollozos-Yo os digo donde está escondida y a cambio me uno a vuestro grupo, ahora sois tres, necesitáis a alguien más para completarlo, el moreno está muerto-Aquellas últimas palabras fueron como un balde de agua fría para el albino que dio una mirada fugaz hacia el español que permanecía inmóvil.
"Hump", trato hecho, levántate, muéstrame donde está la bandera-La voz del albino sonó extremadamente fría, el joven se levantó de inmediato dirigiéndose hacia un pequeño arbusto, se colocó de cuclillas y empezó a cavar con las manos hasta obtener una bandera cubierta de tierra y polvo pero en la cual se podía apreciar aún su color rojo.
-Aquí está, gracias por esta oportunidad, espero ser de gran…-Aquel joven no puedo terminar sus palabras debido al impacto en su cabeza de una bala que había disparado Gilbert sin ningún tipo de remordimiento.
-Antonio no está muerto-Los ojos de Gilbert destilaban odio mientras veía como el cuerpo de aquel hombre se desplomaba muerto al suelo, arrebató de sus manos la bandera y se dirigió corriendo hacia el español.
Arthur tras oír aquel disparo guardó con rapidez el rifle y se dirigió colina abajo hacia la cabaña donde sus amigos habían terminado la pelea, aunque la herida de su pierna le doliese no paró de correr hasta que se encontró a Francis inconsciente en el suelo, dio un largo suspiro al tomarle el pulso y darse cuenta de que solo estaba dormido, pero su respiración volvió a agitarse al ver el charco de sangre alrededor de Antonio y la cara de horror de Gilbert que rebuscaba con desesperación el kit de primeros auxilios en la mochila, corrió hasta arrodillarse a su lado y observó como la flecha le había perforado la parte derecha del abdomen tras aquello le tomó el pulso notando lo débil que era.
-Debemos quitarle la flecha-La voz de Arthur intentaba sonar serena pero el miedo en sus palabras era perfectamente palpable.
-¡Si le quitamos la flecha se desangrará en menos de cinco minutos!-Gilbert sonaba completamente fuera de sí, el terror de perder al español era presente en todo su cuerpo.
-¡Eso solo ocurrirá si algún órgano vital está dañado!, además, ¡Si no curamos esta herida morirá en menos de tres horas de todas formas por un fallo cardiaco! ¡Pásame el alcohol! –La voz del rubio sonó igual de nerviosa que la del albino que no dudo en pasarle el alcohol.
El rubio abrió la botella de alcohol tras lo cual no dudo en rociar la herida del español pero paró asustado al oír el grito de dolor del español que había despertado tras aquella acción.
-¡Gilbert sujétale!, Antonio no te muevas-El albino reaccionó de inmediato tomando las manos del español que se movían con fuerza aprisionándole contra el suelo y su cuerpo para evitar que se moviera, ambos notaban la respiración agitada del español y sus ojos abiertos de par en par debido al dolor que sentía en aquel momento.
-Lo siento-Tras aquella frase el inglés empezó a extraer lentamente la flecha con cuidado de no romperla, podía oír los gritos desesperados del español mientras sacaba la flecha, respiró hondo y continuó sacándola con extremada lentitud y cuidado cosa que solo hacia aumentar sus gritos.
-Lo siento, lo siento…-Repetía una y otra vez el inglés hasta que consiguió extraer por completo y en una sola pieza la flecha, toda una suerte ya que si se llega a partir en pedazos en el interior del español la cosa se hubiese complicado aún más. Tras aquello el cuerpo del español se relajo, los gritos cesaron y Gilbert dejo de realizar presión sobre su cuerpo.
-Gil necesito la aguja tengo que cerrar la herida cuanto antes-La voz del inglés sonaba más serena que antes, le pidió al albino que le volviese a sujetar mientras le cosía, los gritos anteriores se habían reducido ahora a simples reflejos cada vez que pinchaba la carne. Cuando terminó de hacerlo volvió a limpiar la herida con alcohol, la vendó y se echó al suelo exhausto debido a todo el cúmulo de nervios notando como su cuerpo temblaba ligeramente.
-Debemos darle antibióticos para que no se produzca una infección, voy a buscar en la mochila- Dijo Gilbert mientras buscaba con rapidez en el interior de la bolsa los medicamentos que quería, se acercó al español y se los dio.
-¿Antonio?-Un mareado Francis había aparecido de repente en la escena mirando asustado a su amigo.
-Estoy bien- El español estaba exhausto y su voz sonó débil dando a entender que aquel ''estoy bien'' era una gran mentira.
-Vamos a pasar los tres días que quedan hasta que termine la prueba en esta cabaña, montaremos guardia, con el rastreador nos será fácil saber si se acerca alguien.-Dijo el inglés mientras se ponía en pie preparado para ayudar a Antonio a entrar a la cabaña y acostarle para que descansase.
-Día 28-
Arthur, Francis y Gilbert se encontraban desayunando en la cocina la la comida enlatada que tenía aquella casa la cual estaba siendo todo un manjar tras los veintiocho días de prueba que llevaban.
-Debemos llevarle algo de comida a Antonio a la habitación- Dijo Francis mientras tomaba un plato de comida. El ambiente a pesar de la comida estaba siendo pesado, el español había empezado temblar por la noche y la fiebre estaba empezando a ser un síntoma preocupante.
-Buenos días, ¿Cómo te encuentras?- La voz del francés intentaba sonar despreocupada para no alarmar al español que a duras penas podía levantarse de la cama.
-Podría estar mejor-Dijo entre risas mientras se sentaba en la cama a pesar de la mirada de desaprobación del francés.
-Te he preparado un puré con las patatas que he encontrado en el jardín y algunos alimentos que había en la casa. Pero antes tomate tus medicinas-Francis le estaba dando un combinado de antibióticos, analgésicos y antipiroliticos con la esperanza de que la fiebre y los temblores bajasen. Tras aquello le cambió los vendajes al español dándose cuenta de que la herida aún seguía sangrando.
Cuando Francis volvió a la cocina la cara de terror de Arthur y Gilbert era indescriptible.
-La Central ha enviado un mensaje, tenemos dos días para llegar al punto señalado en el mapa-Arthur aún sostenía el móvil en la mano sin creerse lo que decía había leído.
-¿Qué?-Fue el único monosílabo que había conseguido pronunciar el francés tras aquel bombazo.
-En dos días debemos presentarnos en el lugar marcado con la bandera para ganar el juego-Arthur volvió a repetir la información más para sí mismo que para los demás intentado asimilar la noticia.
-El lugar de aquí esta a día de camino pero en nuestras condiciones podrían llegar a ser incluso tres días, la pierna de Arthur está dañada y Antonio no puede moverse. -Gilbert también había empezado a hablar para sí mismo intentando abordar la prueba de alguna manera.
Francis notaba como el suelo le daba vueltas, tuvo que sentarse en la silla más cerca para no caer de bruces contra el suelo ante la mirada preocupada de sus amigos, tras ello se frotó la frente para limpiarse las gotas de sudor frío que empezaban a recorrerle la cara, sus manos temblaban debido a la rabia contenida, rabia que no tardo en pronunciarse.
-¡Joder! ¡Esto no puede estar pasando!¡MERDE!-Gritó Francis mientras se levantaba de la silla y arrojaba de un manotazo todo el contenido de la mesa al suelo ante la mirada asustada de sus compañeros.
-¡Se están riendo de nosotros!¡¿Cómo vamos a llegar si estamos más muertos que vivos?!-Gritaba el francés mientras le daba una patada a la silla cayendo al suelo y produciendo un sonoro ruido.
-¡Tranquilízate!-Los ojos esmeraldas del inglés le miraban con desaprobación no era momento para aquella escena.
-Vamos a llegar sea como sea-La voz del albino sonaba sombría mientras miraba al francés el cual recogió la silla que había tirado al suelo y se sentó cabizbajo en la mesa.
-Lo siento -Sus compañeros suspiraron al notar como el francés había vuelto a la normalidad tras aquella escena los nervios a tal nivel de la prueba estaban a flor de piel.
-Ahora tenemos dos rifles, además de mi espada y el puñal de aquel joven. Tenemos armas suficientes para defendernos. Además el radar nos advertirá si alguien se acerca a nosotros,a n o ser que tengan algún objeto especial como aquellos que nos atacaron por sorpresa-Francis había empezado a planear una estrategia, sabía que tenían armas de sobra pero no por ello su capacidad de ataque como equipo era mejor, estaban exhaustos, llevaban días sin dormir apenas, sus ojeras eran ya enormes y la fatiga era claramente visible en sus caras, Gilbert se veía extremadamente delgado a causa del hambre que habían pasado lo que le había llevado a comer aquellas bayas venenosas que casi terminan con su vida, Arthur se veía débil, sus ojos verdes ahora destilaban un matiz rojizo debido a las horas de sueño que necesitaba además del color extremadamente pálido de su piel sabía que aquella herida en la pierna era peor de lo que el inglés quería admitir, él mismo se veía pésimo con el pelo desordenado y además aún se notaba cansado tras el gas que había inspirado el día anterior, pero estaba claro que Antonio era el más perjudicado, no quería pensarlo pero su cuerpo no estaba en condiciones para superar aquel desafío y todos lo sabían.
-Haremos una camilla improvisada para Antonio y la llevaremos entre dos, mientras el tercero vigila si llega alguien, con buen ritmo estaremos allí en menos de dos días-Dijo Francis mientras se levantaba para recoger sus cosas debían salir cuando antes. El resto del equipo hizo lo mismo.
-Día 29-
Gilbert en ese mismo momento creía que se estaban riendo de ellos, riéndose de la más cruel y peor forma, una tormenta de nieve había empezado a caer, a pesar de sus uniformes aclimatados notaba todo su cuerpo entumecido debido al frío, le costaba mover los dedos de sus manos y no supo con seguridad si llegaría al destino con todo intactos, es más no sabía siquiera si iban a llegar.
-Esto nos va a retrasar-Dijo mientras veía los copos de nieve caer como ráfagas, no veían nada, solo el color blanco, la nieve se acumulaba hasta sus rodillas y no descartaban que en cualquier momento les enterrase a ellos también.
-Dejadme-Aunque fue un simple susurro todos lo oyeron, Antonio había empeorado y mucho, estaba extremadamente pálido y su respiración era pesada, la herida se había infectado y su cuerpo empezaba a mostrar los síntomas de una sepsis, es decir, la infección había pasado a la sangre y necesitaba ayuda médica urgente.
-¡No te vamos a dejar!, ¿Me oyes?, no la vas a palmar aquí, vamos a llegar, así que cállate y descansa-Gilbert no admitía la posibilidad de que su amigo no llegase al destino, habían sufrido aquellos veintinueve días juntos y no iba a dejar que se quedase a las puertas.
-Si vuelves a decir algo así seré yo quien te mate-Dijo Arthur mientras se abría camino entre la nieve, se habían agotado las medicinas y el español no parecía que fuese a soportar mucho sin ellas, estaba realmente enfermo y aquello solo hacía que aumentar el nerviosismo entre ellos, querían llegar cuando antes al final, sabían que cada minuto contaba.
Continuaron las siguientes horas del viaje sin hablar cada uno centrado en sus pensamientos, estaban completamente agotados física y mentalmente y de eso no cabía duda.
-¡Parad!-La voz del francés rompió el silencio que se había establecido de manera abrupta consiguiendo las miradas preocupadas de su equipo.
-La bandera siempre está visible, ¿Recordáis?-Aquellas palabras hicieron que el terror fuese palpable en el ambiente.
-No, no, no… -Susurró el albino al darse cuenta de lo que aquello significaba.
-¿Cuántos hay?-Preguntó Arthur con serenidad mientras cogía el rifle y le quitaba el seguro.
-Hay un grupo a unos diez minutos- Francis cogió el otro rifle y hizo lo mismo.
-Todas las personas que quedan van a estar esperándonos y saben perfectamente donde estamos-Dijo el albino preocupado mientras veía a Antonio, no iban a poder hacer frente a sus enemigos si tenían que cargar a la vez al español.
-Lo sé, escuchadme, estamos a menos de un día de camino del lugar de encuentro cuyos alrededores van a estar plagados de enemigos y estamos en desventaja ya que saben perfectamente nuestra posición. Vamos a separarnos-Aquellas últimas palabras del francés dejaron perplejos al resto del equipo-Arthur y yo nos llevaremos la bandera y mataremos a todos aquellos que nos estén esperando, a pesar de su herida aún somos suficientemente fuertes para hacer frente, mientras que tu y Antonio nos seguiréis con cierto tiempo de diferencia, es decir, nosotros limpiaremos el camino. ¿De acuerdo?-Se quedaron perplejos no sabían en qué momento exacto Francis se había vuelto el líder, sin duda era inteligente a la par que Arthur pero el francés tenía un don de liderazgo que simplemente nadie de allí tenía.
-Día 30-
Arthur respiraba pesadamente, inspiraba y exhalaba con rapidez, notaba como lentamente caían por su cara las gotas de sangre de su ahora enemigo muerto, un disparo a bocajarro en el cuerpo de aquel hombre a escasos centímetros del suyo hizo que la sangre saliese disparada hacia el suyo manchando aún más su uniforme el cual ahora era completamente de color rojizo. Se giró de inmediato al notar cómo le atacaban por la espalda, se giró notando como su pierna fallaba debido a su herida, su giró había sido más lento de lo esperado, veía a su enemigo con el puñal levantado, cogiendo fuerza para clavárselo en su propio cuerpo, cerró con fuerza sus ojos, sabía lo que iba a ocurrir, los cerró durante un instante, al siguiente notó como el cuerpo caía fulminado a sus pies.
-¡Me debes una!-Gritó a escasos metros de él Francis mientras mantenía aún el rifle del cual salía humo indicando que acaba de ser disparado.
Arthur se giró mientras veía los cadáveres esparcidos en suelo, no sabían cuantos habían matado ya, más de los que hubiese esperado, a su paso dejaban un rastro completamente identificable.
-¡Mira es ahí! ¡En menos de cinco horas estaremos allí!-Gritó el francés emocionado mientras señalaba la cima de una colina, en la cual se veían tres helicópteros, uno para cada equipo ganador y por primera vez en mucho tiempo se alegró, se alegró de verdad.
-Revisemos si llevan algo útil y vámonos-La voz de Arthur sonaba realmente emocionada, por fin veían el fin.
Gilbert seguía el camino formado por cadáveres que sus amigos habían dejado mientras llevaba a Antonio a sus espaldas, llevaban más de seis horas sin parar moviéndose entre la nieve, el albino estaba completamente cansado, no podía más, pero él era incapaz de darse por vencido no podían darse el lujo de descansar, el tiempo estaba en su contra, iban lentos y quedaban menos de veinticuatro horas para que la prueba terminase y además estaba seguro que Antonio no iba a tanto en dicho estado.
La respiración de ambos era pesada, el albino ya no levantaba siquiera los pies simplemente los arrastraba entre la nieve, hasta que tropezó consigo mismo y ambos cayeron al suelo. El albino notó la nieve en su cara, notaba la frustración que le invadía por ser tan débil en dichos momentos, quería levantarse y seguir, su mente lo quería pero su cuerpo completamente entumecido no le obedecía. Sabía que sus compañeros estaban igual de exhaustos que él, incluso Arthur estaba herido y aún así veía la horda de cadáveres que dejaban en su camino, se sintió inútil al ver como estaba fracasando de manera tan estrepitosa, la vida de todos dependía de él y solo quería dormir allí entre la nieve. Además de su hermano, su pequeño hermano menor que había prometido encontrar.
-Lo siento-Aquella voz le despertó por completo, el español se encontraba a escasos centímetros de él, había despertado tras la caída, Antonio vagaba entre la consciencia y la inconsciencia, a veces dormía o eso quería creer el albino ya que admitir que su cuerpo ya no podía más y caía en un profundo coma del cual no sabía si iba a despertar era demasiado duro.
-Lo siento-Volvió a repetir pero esta vez interrumpido por los vómitos con sangre que empezaba a sufrir, el albino creyó que había experimentado por completo el terror en su cuerpo durante aquel mes, pero no podía estar más equivocado, ver a su amigo al borde de la muerte era la experiencia más escalofriante de su vida.
-¡Antonio!-Gritó al darse cuenta del ataque que estaba teniendo, se iba a ahogar con su propia sangre si no le ayudaba.
-¿Por qué?-Aquella pregunta le pillo por sorpresa, no sabía a qué se refería el español el cual había dejado de vomitar sangre, pero por el contrario sus temblores habían evolucionado a espasmos de tal nivel que su corazón no pudo más y cayó fulminado al suelo. Gilbert movía el cuerpo de Antonio desesperadamente mientras le gritaba en busca de una respuesta que no obtuvo, pudo notar como la muerte se reía a sus espaldas, sabía que ella siempre ganaba la partida, pero a ellos aún les quedaba mucho juego que dar, rebuscó con exasperación en su mochila, obteniendo una de aquellas inyecciones que aún le quedaban, quitó el capuchón y miró su fina pero afilada aguja, adrenalina, aquello era lo que sentía el cuerpo del albino en aquel momento, sus manos temblaban y no a causa del frío, tenía que inyectarla directa al corazón, miró el cuerpo del español, visualizó la posición de este y clavó la inyección en él descargando la adrenalina de su interior, los siguientes segundos fueron los peores de su vida hasta que vio como los ojos de Antonio se abrían de par en par. El albino se acostó a su lado exhalando el aire que había estado conteniendo durante aquellos segundos. Durante minutos se quedaron ambos tumbados en silencio.
-¿Por qué?-Aquella pregunta le volvió a pillar por sorpresa-¿Por qué me ayudas?-Antonio matizó al darse cuenta de que el albino no entendía a que se refería. Gilbert vaciló por primera vez ,¿Por qué había estado ayudando hasta la muerte a un grupo de desconocidos que solo conocía de un mes? Aquel mes se había convertido en el más largo de toda su vida, si le hubiesen dicho que había estado un año entero allí se lo hubiese creído sin dudar, pero se dio cuenta que no había sido el tiempo si no las acciones lo que les había llegado a convertir en amigos. Ante la premisa de ser una familia habían decido ayudarse, ayudarse de verdad, sin traiciones, durante los primeros días no estuvo muy seguro de aquella alianza pero poco tiempo tardó en darse cuenta que aquellas personas eran más que aliados, eran sus amigos y más llegados a dicho momento de la prueba eran más como una familia, lo que había sucedido allí les había unido, unido de verdad. ¿Qué porque le ayudaba? Porque era su amigo y por primera vez supo de verdad lo que era una amistad.
-Kesesese, ¡Te ayudo porque me da la gana! ¿Me oyes españolito? Si me vuelves a dar un susto a si te pienso matar yo mismo y no lo sientas. ¡Somos amigos!-Gilbert había recuperado parte de su energía aunque su cuerpo estuviese hecho polvo su mente había omitido el dolor que producía moverlo, estaba decidido a cumplir su misión.
-Gracias-Susurró mientras con todas su fuerzas mostraba una radiante sonrisa que contrastaba con su maltrecho aspecto y la sangre que aún quedaba a su alrededor, el albino lo cargó y continuó decidido, notando los intentos del español de continuar consciente, de luchar contra la muerte que llevaban a escasos centímetros a su espalda.
-No te duermas eh, venga, háblame más sobre ti -Preguntó el albino que más que por curiosidad lo hacía para ayudar al español a permanecer consciente.
La respiración de Francis era frenética, se había quedado sin balas, tiró el rifle con rapidez y sacó su espada, cortando el brazo de su enemigo con un veloz pero elegante corte el cual iba a ir directo al corazón si no hubiesen sido por los espectaculares reflejos de su enemigo, tras aquello uno de los aliado de su enemigo casi le corta la cabeza si no lo hubiese evitado saltando hacia atrás el momento justo, las espadas de ambos chocaron produciendo un estridente ruido metálico, dando lugar a muchísimos más durante la batalla la cual fulminó cuando el francés realizó una elegante finta cortándole la cabeza la cual salió despida del cuerpo. Alzó su espada con rapidez para volverla a agacharla desprendiendo así las gotas de sangre dando lugar al brillo metálico de su afilada espada, sus ojos azules se afilaron por completo al ver al ahora manco joven que había intentado matarle a traición, se encontraba en el suelo abatido gritando de dolor, dolor que no dudó en eliminar cuando su espada golpeo el corazón del joven que había empezado a gritar por clemencia, clemencia que a dichas alturas nadie podría permitirse.
Se giró enfurecido cuando vio a Arthur sentado encima de uno de los hombres que había matado mirándole divertido.
-¡Imbécil! ¿Casi me cortan la cabeza y solo te quedas mirando? ¡Podrías haberme ayudado!-Gritó el francés mientras se dirigía hecho una fiera hacia él.
-'Hmph' ¿Era tu presa, no? Además si no llegas a poder con esos… Si parecían que tuvieran Parkinson, les temblaba todo al pelear, increíble la suerte que han tenido al llegar hasta aquí- Dijo sarcásticamente mientras le daba una fuerte calada al cigarrillo que tenía en sus manos, al francés se le olvidó todo el enfado al ver aquel pitillo en sus manos.
-¿De dónde demonios los has sacado?-Preguntó incrédulo al ver aquella droga en sus manos.
-Los tenía uno es su mochila, increíble que estén intactos, son mentolados pero, 'meh' a estas alturas hasta un cigarrillo con sabor a algodón de azúcar sería lo más placentero del mundo. ¿Quieres?-Dijo mientras le ofrecía la cajetilla de cigarrillos y el mechero que había en ella.
-¡Maldita sea! ¡Sí, dame un cigarrillo!-Gritó mientras cogía con fuerza la caja, no dudo en ponerse uno en la boca y prenderle fuego.
-Es increíble, estamos a punto de conseguirlo-Dijo el inglés mientras miraba desde la cima de la montaña el increíble paisaje nevado, durante aquellos treinta días nunca se había percatado de lo bonito que podía llegar a ser aquello si las circunstancias fuesen diferentes.
-Deben estar al caer-Contestó con una sonrisa, en menos de cinco horas iban a estar todos subidos en aquel avión porque cinco horas era lo único que les quedaba de tiempo.
Gilbert había seguido caminando con paso lento pero firme oyendo la historia de Antonio y su hermano, una realmente triste pero sus ojos se iluminaron al ver los helicópteros encima de la colina.
-¡Mira! ¡Es eso! ¡Ese es el final!¡En menos de cinco horas estamos allí!-Dijo señalando la cima, podía notar como sus ojos se humedecían, no puedo creer que el final estaba tan cerca, que fuese visible. Antonio miró con curiosidad hacia el punto que señalaba.
-¿Estoy alucinando? ¿Eso es el final?-Se preguntó el moreno a sí mismo al ver aquellas manchas borrosas que tanto le costaba enfocar. -Si fuese así quedaría poco para llegar-Pensó, cinco horas, cinco simple horas le parecían un periodo extremadamente largo, notaba asustado como vagaba entre la vida y la muerte, sentía los fríos dedos de esta sobre él, diciéndole que abandonase, que se rindiese, que no podía más, sabía que no podía más, lo notaba, la fiebre le hacía arder aún con la tempestad de nieve que había, su cuerpo temblaba en contra de su voluntad y su cuerpo expulsaba sangre, sangre de una hemorragia interna que estaba siendo fatal, se encontraba mareado y débil, muy débil. Pero sabía que no podía rendirse, no después de todo lo que habían hecho por él, debía llegar vivo para que todo el equipo sobreviviera, le daba igual morir después, él solo quería agradecerles a sus amigos todo lo que habían hecho por él.
-Gilbert continuó caminando durante horas, notó como las ráfagas de nieve eran cada vez más fuertes pero ver aquellos helicópteros cada vez más cerca le inundaba de motivación, sus afilados ojos rojos llenos de determinación solo veían aquella cima, el final, le daba igual que sus dedos empezasen a ponerse morados, que su cuerpo empezase a tiritar o que el peso de Antonio sobre su espalda fuese cada cada vez más notorio, en aquel momento su cerebro solo le decía que debía continuar, notaba la débil respiración del moreno sobre su nuca cada vez que el aire que exhalaba le golpeaba la nuca, aquello era un alivio, significaba que continuaba con vida.
Durante las siguientes horas Gilbert se dedicaba a avanzar en silencio hacia la meta, pero tuvo que ponerse en guardia al notar un sonido entre los árboles, se asustó, Francis y Arthur debían haber limpiado la zona por completo gracias a su rastreador, si aún quedaban enemigos significaba que sus amigos estaban en problemas. Pero cuando los vio salir de entre ellos no pudo sentir más alegría en su cuerpo, estaban vivos y habían venido a buscarles. Tras ello su cuerpo cayó fulminado al suelo nevado junto con Antonio, por fin tenían ayuda y su cuerpo ya había soportado suficiente.
Francis cargó a su espalda al español el cual permanecía inconsciente, sus ojos azules se fijaron en el hilo de sangre que manchaba su boca, no quiso imaginar que es lo que había sucedido, por su parte Arthur levantó al albino del suelo, el cual se apoyo en su hombro para no caer debido al enorme mareo que sentía, no sabía realmente como había llegado a soportar hasta ahora.
-Nos quedan veinte minutos de juego, ¡Vamos!-Dijo preocupado Francis ya habrían reencuentros cuando llegasen a la cima, estaban a media hora de ella , el tiempo se agotaba en un estado normal en diez minutos ya estarían arriba pero no en el que se encontraban.
-Cuando hemos visto dos puntos aparecer en nuestro rastreador hemos bajado corriendo de la cima a por vosotros-Contestó Arthur a la mirada inquisidora del albino el cual se apoyaba por completo en su hombro, tener el peso extra del albino en su cuerpo no le hacía bien a su herida de la cual notaba que en cada paso que daba dolía más, pero ver la meta a escasos metros de ellos le hacía ignorar el dolor.
Cruzaron la línea, la cruzaron exactamente dos minutos antes de que el juego terminase, dentro de los límites y con la bandera roja en sus manos, ninguno podía creer que aquello había sucedido de verdad, lo habían conseguido, habían superado la prueba de la Central, habían ganado.
-¡KESESESE!¡Hemos ganado!¡Sois casi tan grandes como yo!-Dijo con una sonora carcajada, una carcajada de verdad ante la cual todos sonrieron antes de que cayese desmayado al suelo debido al extremo cansancio al que había sido expuesto su cuerpo, por fin podía darse por vencido, lo habían conseguido.
¡Gracias por leer, espero que os haya gustado!
En un primer lugar iba a cortar este flashback en dos capítulos pero al final he decidido presentar la historia de su prueba toda junta así los próximos volvemos al presente con Antonio y Lovi. Sé que la historia va lenta pero me gusta que mis historias tengan un buen fondo para que entendáis porque los personajes son así y su motivo para actuar como lo hacen.
He tardado tanto en actualizar que no se siquiera si alguien aún sigue esta historia, la verdad que espero que aún haya algún lector que le guste el fic, ¿Algún review? Siempre me motivan muchísimo a continuar :)
