Mil gracias por todo. Y gracias Maye, que por ella esto puede continuar.
Capítulo Once
—Albus se está esforzando —comentó Rose, mientras miraba como el mencionado le hacía gestos desde la mesa de Gryffindor, mientras codeaba a Evan.
Scorpius levantó la vista y se sonrió. Albus tenía esa energía de quien hace mucho deporte. El chico le causaba una ternura casi desconocida.
— ¿En qué se está esforzando? —Preguntó, volviendo a su cena.
—En acercarte a Evan —dijo Rose, devolviendo el saludo a su primo.
— ¿Qué?
—O eso creo —dijo Rose—. Cuando éramos niños, Albus vio un montón de pelis de amor, no sé muy bien cuál es su concepto de "Celestina".
Scorpius volvió a mirar, y casi escupe la comida cuando Albus le alzó un pulgar. Quizás Rose, para variar, tenía razón y él no tenía idea.
—Eso es estúpido.
Rose no lo negó.
Scorpius, después de su rechazo no oficial, había abandonado sus intentos y luchas, y había tomado el difícil camino de la aceptación de que lo de Evan no iba a pasar.
No era tan terrible, después de todo, había un montón de chicos guapos en el mundo y había tenido la suerte de nacer en el Reino Unido, así que, por ahí tenía que haber otro muchacho que le robase el aliento con su cabello húmedo y su blanca sonrisa.
Lo mejor sería hablar con Albus y aclarar las cosas. El chico estaba pasando mucho tiempo con ellos y se había vuelto una figura muy agradable en clases y durante las horas obligatorias de estudio, no quería que se desapareciera cuando se diera cuenta de que él y Evan eran un concepto que nunca sería realidad.
—No estoy de acuerdo —sentenció Albus esa tarde, mientras compartían una caja de bombones, cortesía de una chica de primer año en los jardines exteriores.
—Potter, no seas pesado, ya sólo deja de molestar con el asunto —dijo Scorpius lo más serio que pudo. Albus tenía dulce de leche en la mejilla, así que era complicado.
— ¡Bicho! Eres un chico genial y no sé, no es justo que solo porque Evan-
— ¡Silencio! —Murmuró Scorpius mirando a todos lados, lo único que faltaba era que se supiera su amor platónico.
—Bueno, "el", no te dé una oportunidad, piénsalo, el problema radica en que no tiene idea de lo que se está perdiendo.
— ¿Acaso tú sabes de lo que se está perdiendo? —Pregunto Scorpius suspicaz, medio en broma, medio en serio.
Pero Albus hizo eso que venía haciendo hace días, eso que definía su forma de ser y que era parte de su encanto. Fue horrorosamente sincero.
—Por supuesto, se está perdiendo de ti —dijo el desagraciado, con sonrisa deslumbrante y todo, como si estuviese revelando la verdad más obvia del planeta. Scorpius, de haber sido criado por gente más expresiva, quizás habría mostrado sorpresa, pero sólo se permitió el rebelde y anarquista sonrojo en sus mejillas.
—No sabes de lo que estás hablando —murmuró el rubio, mirando el piso.
—No sabía que fueses modesto —comentó Albus, después de unos cuantos segundos de silencio—. No pareces del tipo modesto.
—No soy modesto, soy perfecto y lo sé.
—Igual y te sonrojaste —jodido Potter, ahora se creía un sabelotodo—. Hagamos algo, dame tiempo, déjame ver cómo funciona esa mentecilla de Evan a ver si tienes algún espacio, tiene solo diecisiete años y por mucho que se diga, no tiene taaaanta experiencia, así que, ¿quién sabe? Quizás hay una posibilidad.
Albus era tan positivo y entusiasta, que Scorpius se vio considerando la proposición.
—Bien ¿Qué tengo que hacer?
—Nah, tu solo quédate ahí, siendo tan lindo como siempre.
La palabra "Lindo", formo un bucle en el cerebro de Scorpius. Se terminó carcajeando.
Total que no había plan concreto, pero había plan. Albus quería ser Cupido y a Scorpius, por motivos desconocidos, no le molestaba. Al contrario, le hacía tremenda gracia.
Hugo, como casi todos sabían, había heredado de su madre el hambre voraz por los libros. Se pasaba buena parte del día leyendo en la biblioteca y era uno de los pocos que le había tomado cariño a la nueva sección de novelas muggles. Era quien le había hecho la petición para que la separaran por tópico.
—No puede poner a Jane Austen al lado de "¿Cómo se gestó la Guerra Mundial? Tomo II" —dijo muy enojado, cuando el profesor encargado le preguntó el porqué de su solicitud.
Total que ¿Cercano a sus primos? No mucho.
Su familia era gigante, casi todos eran ruidosos y deportistas, en especial los que estaban ahora en el colegio. Lily y James, en quidditch y Albus, en tenis. Rose no hacía deporte, pero si Hugo era sincero, su hermana a ratos le daba un poco de miedo, demasiada personalidad y color negro, no eran una buena mezcla.
Por eso cuando James, su primo, el mismo que había ganado la copa en el torneo anual de Picadas Asesinas en Escoba el año pasado, se sentó en su escritorio en la biblioteca, Hugo no pudo menos que sorprenderse.
— ¿Te perdiste?
—Hugo, que lindura de chico que eres ¿Tienes novia?
— ¿Qué?
—Eso, ¿Qué te gusta hacer, además de leer?
— ¿Qué quieres, James? —preguntó Hugo, ya más divertido que molesto. James tenía el tacto de un hipopótamo en celo y eso era conocido por toda la familia— No es necesario hacerte el lindo para pedirme cosas.
— ¿En serio? Deberías hablar más seguido con Lily a ver si aprende —comentó James, un poco más relajado—. Verás —dijo solemne, poniendo las manos sobre el escritorio—, primero, quiero aclarar que soy una persona muy tolerante, siempre he dicho que cada quien haga lo que quiera, mientras el que le siga esté de acuerdo ¿me sigues?
—Te sigo —dijo Hugo, aunque no estaba siendo muy sincero.
—Así que, dejando eso aclarado y sabiendo que eres el más observador de la familia y todo eso... —James tomó una pausa, y se le quedó mirando con sorpresa, como si de golpe se le hubiese olvidado cómo se hablaba. Hugo carraspeo para ayudarle— ¿Eres gay? —terminó preguntando su pelirrojo primo.
— ¿Ah?
— ¡No! Pregunta equivocada —exclamó James, al tiempo que se pasaba las manos por la cabeza— ¡Dios! Soy un bruto, no quiero que se sientan mal o rechazados por mí, el año pasado me acusaron de homofóbico porque le di un empujón a un chico que me tiró los tejos, pero fue porque estaba borracho y el chico estaba muy pesado, pero no, no soy así —dijo de un tirón, sin quitarse las manos de la cara. Hugo hasta sintió pena por él y su nula capacidad para expresar emociones y sentimientos.
—James, tranquilo, no pasa nada —Hugo dio una pausa y espero a que el torpe de su primo le mirara— ¿Qué es lo que quieres saber?
James le miró serio, se enderezó y pasó sus manos por su cabello, para luego ponerlas sobre el escritorio. Carraspeo dos veces y murmuró— No quiero quedar de alcahueta, pero... —subió el tono de voz— No quiero ser mal hermano, así que...
— ¿Qué?
—Creoquealbusesgayynosabecomoasumirse —dijo el pelirrojo, de sopetón y sin respirar. Finalizó con un profundo suspiro y puntualizó— Eso, ¿Qué crees?
Bueno, eso sí que era una sorpresa y como muestra de eso, Hugo levanto las cejas.
Continuara-
