Muchas gracias por seguir leyendo, comentar, marcar y todo lo demás. Gracias a Maye por regalarme de su tiempo. Saludos a todos.
Capítulo Doce
Albus no estaba muy acostumbrado a las expectativas de la gente. Era titular del equipo de tenis, pero no era el favorito. Era un Potter, pero no era ni el primero ni el último. Era un chico guapo, pero no el más guapo. Era medio lento y malo en calificaciones, pero no el más torpe de su familia.
Así que, cuando James comenzó a prestarle más atención de lo normal, lo notó al instante, más que nada porque James no solía prestarle atención a nadie, y su novia siempre se lo gritaba.
Pero cuando a las miradas furtivas y las charlas de pasillo se unió Hugo, con ese despreocupado interés, más llamó su atención. Aun así, nah, mucha atención al asunto no era necesaria, porque tenía la atención de Scorpius, que era mucho más entretenido que su hermano adicto al vuelo, en todos los significados posibles, o que su primo, un jodido traga libros.
Pero, ya cuando Rose se dio cuenta, el asunto se puso serio.
— ¿Qué, tía Ginny vuelve a creer que tienes problemas con las cuchillas? —Preguntó llena de sarcasmo una tarde cualquiera, mientras un nevazón de campeonato inundaba los patios.
—Rose, mi madre sabe que fue un mal entendido.
A los once años, Albus quería usar una cortapluma, su hermano le dijo que le conseguía una si le mostraba que sabía usarla. Resultado: un montón de cortes por todo el cuerpo y su madre llevándolo a terapia contra la depresión infantil.
—Su familia es tan peculiar —comentó Scorpius—. Tan grande y entrometida.
Rose se lo concedió, risueña.
—Es complicado, a veces odias estar entre tanta gente y no tener un solo minuto de privacidad, pero en otros momentos, no te imaginas sin todos ellos merodeando por tus problemas —explicó Albus.
Rose volvió a estar de acuerdo.
Albus decidió no tomarle atención, hasta que James le abordo en la biblioteca.
—Albus, hermano mío —saludó, lleno de risa y encanto. No calzaba con su ropa de maleante convicto.
—James, te has tomado muy enserio tu segundo nombre —le dijo, serio.
—Albus, tú el primer nombre, pareces un abuelito ¿quién te enseñó a vestirte?
—Mira, si me vienes a joder por-
—Tranquilo guapo, yo solo vengo aquí a hacer buenas migas —le dijo, levantó las manos— y a invitarte un porro —agregó, sacando lo mencionado de su chaqueta de cuero parchada.
Terminaron en la sala de astronomía.
—James, una vez más, el punk no puede estar más muerto.
—Albus, ya cállate antes que te meta la varita por la nariz.
Su relación nunca había sido muy estrecha, James era demasiado trasgresor, demasiado llamativo, en definitiva, demasiado, pero siempre se habían llevado bien. Además, como decía la leyenda, James siempre tenía de los mejores.
—Sé serio, ¿por qué me invitaste de tu mejor hierba, James?
—Quiero acercarme más a ti —James cerró los ojos—. Que sepas que estoy contigo.
— ¿Estás conmigo? ¿En qué? —Pregunto Albus, ya lleno de risa. Era muy bizarro ver a James así de serio.
—Te juntas mucho con Evan Chandler —afirmó James, aun con los ojos cerrados.
—Es uno de mis mejores amigos —dijo Albus con firmeza—. Además, ahora tengo motivos ocultos —dijo, la marihuana siempre le soltaba la lengua.
Un suspiro profundo y lleno de humo fue la respuesta de James. Cuando abrió los ojos, los tenía rojísimos, pero llenos de calma y afecto— ¡Me encantan los motivos ocultos! —gritó con la voz ronca de tanto fumar.
— ¡Malfoy! — gritó Miller, con el hechizo vociferador a su máxima potencia. Scorpius casi queda sordo de lo cerca que estaba.
—Señor —dijo, haciendo gestos exagerados.
—Malfoy, no sé qué hiciste, pero Potter y Chandler te postularon como un posible titular para el campeonato muggle, yo no estoy muy de acuerdo, pero Cindy se puso muy pesada al respecto —Nadie sabía cómo, pero la chica tenía mucho poder sobre el viejo y gruñón entrenador—. Así que te avispas, te quedas cuarenta y cinco minutos más de entrenamiento las próximas semanas y en un mes haces la prueba ¿entendido?
— ¿Tengo otra opción?
—Que pregunta, Malfoy, ¡Por supuesto que no! —se apuntó la garganta con la varita y con la voz nuevamente ampliada le grito a todos— ¡A correr!
Veinte minutos después, Scorpius recorría a trote suave la chancha. Había tenido mucha suerte, no se había encontrado mucho con Evan, y las pocas veces que lo había visto, habían sido muy breves.
—Malfoy —dijo Albus, quien apareció de alguna parte, trotando a su lado, en ese paso ágil y despreocupado del moreno—. Hicimos un juego para ver quien ayuda a quien a entrenar, lo amañé y ¿Adivina quién te entrena a ti?
Scorpius tropezó, y casi cae, pero sus buenos reflejos le salvaron— ¿Qué? —Preguntó despreocupado, como todo aquel que intenta verse digno cuando se salva de una visita al piso.
Albus se rió a carcajadas, sin dejar de trotar.
—Atento, parte la próxima semana —fue la despedida de Albus, antes de apurar el paso y pasarle con facilidad.
El rubio siguió corriendo tan lento que Miller le gritó y sólo así salió del ensimismamiento.
Durante cuatro semanas, pasaría los lunes, martes y jueves, cuarenta y cinco minutos con Evan, en entrenamiento práctico e intensivo, con máximo, dos chicos más.
También cayó en cuenta de que Albus tendría sus pupilos, así como los otros dos titulares, así que tampoco sería tan solitario.
Sonrió, si Albus estaba cerca, quizás no sería tan difícil.
Cuando le contó a Rose, ésta se mostró impresionada.
—Que chico tan ocurrente —dijo, con respecto a Albus.
— ¿Crees que sea una buena idea?
—No sé —contestó Rose—, y da igual, que sea lo que tenga que ser.
—Es una excelente idea —dijo Albus a modo de saludo, sentándose a cenar en Slytherin sin ninguna vergüenza.
—Eh, chico listo, mesa equivocada —le grito una chica, a lo que Rose diplomáticamente respondió— Piérdete.
—Sabes que juego pésimo con Evan cerca.
—Pero también sé que eres un jugador muy talentoso —rebatió Albus—, no te puedes estar perdiendo por esas tonterías.
— ¿Y si me quiere enseñar como tomar la raqueta? —Preguntó Scorpius, sonrojado, algo avergonzado por haber verbalizado tan absurdos pensamientos.
—Pues, te dejas —concedió Rose.
— ¿Y si no le gusta mi saque?
—Pues, que te enseñe como le gusta —agregó Luke.
— ¿Y si cree que tengo mala resistencia?
—Que te reviente para ganar más resistencia —comentó Rose.
Albus sonrió, Scorpius ni se había enterado del doble sentido de la conversación.
—Tú solo juega, olvida que es él, piensa en otra persona cuando estén jugando, relájate y muéstrale cómo eres —dijo Albus, mirándole con toda esa intensidad.
Scorpius se quedó pensando. Jugar con Evan, iba a ser complicado, porque tener a Evan cerca era complicado. Pero si pensaba en otro, el único otro que se le venía a la cabeza, era el chico que tenía en frente, quien se estaba zampando sin mucha elegancia el pastel de carne que había de cena. Nunca había tenido un amigo tan sucio para comer. Imaginó los ojos de plato de su padre al verlo, y se sonrió.
Tendría que llevarlo a la mansión y mostrarle la chancha que había en los patios, y los jardines llenos de hierbas medicinales.
Continuara-
