Hola :)
Por fin he podido actualizar espero que os guste besoos :DDDD
Lovino sujetaba su Smartphone mientras veía el número que aparecía en pantalla, suspiró con nerviosismo mientras se debatía entre pulsar o no el botón de llamada.
- A la mierda todo- Pulsó con fuerza el botón verde y se acercó nervioso el teléfono al oído mientras movía con rapidez el pie.
- Contesta bastar...-No terminó la frase porque una conocida voz le habló desde la otra línea.
- Lovi, ¿Sucede algo?- Se quedó por un momento mudo al oír la preocupación de aquella voz.
-No, que va, me preguntaba si...-Enmudeció unos segundos debatiéndose interiormente entre hacerlo o no- ¡Me preguntaba si quisieras venir a cenar esta noche conmigo!- Tras aquello un silencio incomodo se instaló y empezó a maldecirse a sí mismo por aquella tontería.
- Está noche tengo turno con Vincent...- Lovino no sabía en que había pensado, él era un cliente, no podía llamarle cuando quisiera y esperar que llegase de inmediato.
- Oh, lo siento, no sabía que trabajabas esta noche...- Tuvo que morderse la lengua para no gritar de la rabia, sabía que significaba que él trabajase.
-Pero no te preocupes ya me las arreglaré para escabullirme, ¿ A qué hora es la cena?- Al oír la voz alegre del español una enorme sonrisa apareció en su cara, se maldijo por parecer una quinceañera hormonada ya que notaba como los colores se subían a su cara.
- Paso a por ti al local a las diez.- Su voz también sonó alegre estaba deseando que fuese ya la hora pactada para ir a verle, sabía que estaba jugando con fuego y que iba a terminar ardiendo en una enorme fogata pero le daba igual reducirse a cenizas si el español estaba con él.
- ¡Perfecto!- La voz de Antonio sonó emocionada y aquello simplemente alegro la mañana al italiano, que alguien estuviese contento de quedar con él no era algo muy habitual en su vida.
- Cena de etiqueta, recuerda bastardo, a las diez en punto- Tras aquello colgó sin esperar respuesta, le había pedido una cita al español y no sabía como había ocurrido siquiera.
-Lovi, tenemos que hablar- Aquella conocida voz le sacó de sus pensamientos, su hermano había entrado de repente apurado a su habitación.
- ¿Qué ocurre?- No tenía ganas de que empezase a contarle todos los problemas que tenían en la familia, no quería que nadie le reventase su burbuja de felicidad tan pronto.
- ¿Recuerdas a Francesco?- Los ojos ámbar de su hermano chocaron con los suyos con agresividad.
- ¿El espía que vigilaba el norte de Roma?- Le recordaba vagamente como un joven castaño que de vez en cuando le acompañaba a algunas de sus reuniones.
- Francesco el joven italiano que acababa de ser padre- Tras aquellas palabras Lovino le recordó perfectamente, solía ser amable con él, aunque él sabía que era más por cumplir que por otra cosa.
-Sí, si ya sé quién es, ¿Qué ocurre con él?- Lovino no entendía que pasaba con dicho italiano.
- Su mujer me preguntó hace unos días si estaba en alguna misión importante porque hace más de tres semanas que no tiene noticias de él- Tras aquellas palabras los ojos de Lovino se colocaron sobre los de su hermano con curiosidad- Y no, no está en ninguna misión, hace exactamente tres semanas que no ha reportado nada.
- ¿Está muerto?- Preguntó con curiosidad, no sabía hacia donde iban dirijas aquellas palabras.
- Lo más seguro que sí- Tras aquellas palabras se dio cuenta de lo que le preocupaba a su hermano.
- Ha desaparecido... ¿ Lo han secuestrado para extraerle algún tipo de información? o crees que...- No pudo terminar sus pensamientos debido a la rotunda afirmación de su hermano.
- Estoy seguro que lo han matado- Tras aquella afirmación los ojos del italiano se abrieron como platos, aquello había sido un ataque directo.
- Francesco estaba vigilando la zona alrededor del local de Vincent- Aquello erizó la piel del italiano, aquella era la zona en la que vivía el español y no quería que nada le ocurriese a él.
- Francesco se encargaba de vigilar que toda la zona alrededor estuviese limpia, el local es nuestro punto de intercambio con el resto de clientes y debe quedar claro que es nuestro territorio, pero lo más importante es que le echaba un ojo al negocio de Vincent- Tras aquellas palabras la atención del italiano se centró por completo en su hermano, no terminaba de entender que quería decirle su hermano.
- Francesco siempre me dijo que el negocio de Vincent no era de fiar y que él lo haría mejor- Los ojos de Feliciano se afilaron ante la mirada sorprendida de su hermano.
- Sabes que no hay nadie mejor para controlar dichos intercambios, Vincent es un monstruo de los negocios, además le conocemos desde hace años sus padres eran íntimos de los nuestros- No podía mentir en aquello, el rubio era imprescindible para que sus ventas siguiesen aumentando tan bruscamente como en los últimos años.
- Nuestros padres mataron a los suyos- Tras aquellas palabras el italiano se quedó estático, no podía creer lo que estaba oyendo.
- Es imposible que ellos lo sepan, pero estos últimos meses hay algo que creo que ha cambiado- Lovino seguían con la mirada perdida intentando asimilar aquella afirmación.
- Hace tres semanas exactamente Francesco me llamó a las tres de la madrugada del sábado dejándome un mensaje en el contestador, ¿Quieres oírlo?- No esperaba una respuesta ya que cogió su móvil y le dio al play.
- ''Feliciano, código rojo en zona verde, joder no te vas a creer lo he descubierto, ten cuidado, estoy de camino''- Lovino pudo percatar la emoción y nerviosismo de su voz, aquello debía haber sido algo importante porque cuando llamaban directamente a su hermano no lo hacían por cualquier tontería.
- Había descubierto algo importante en la zona del local, pero no llegó a salir de ella, alguien le descubrió y le mató, estoy seguro- Lovino también aceptaba aquella versión de los hechos era la que más sentido tenía.
- Todas las cámaras de la zona verde desde las dos a las cuatro de la madrugada están muertas, han sido borradas- Lovino no podía creer aquello, algunas de aquellas cámaras estaban puestas por ellos mismos y habían sido hackeadas.
- ¿La Central?- Lovino sólo conocía dos personas capaces de realizar tal cosa y solo una encajaba en todo aquel rompecabezas.
- Apostaría mi alma a que sí, pero hay otro dato importante, Vincent no recibió a nadie en su reservado a dichas horas, pero al interrogar a sus empleados todos dijeron que había estado en el local arreglando unos problemas de las habitaciones- Lovino pudo notar como aquellas últimas palabras sonaban con sarcasmo dando a entender que el rubio tenía algo que ver en todo aquello.
-¿¡Estás loco?! Estás hablando de Vincent, por el amor de Dios- No podía creer que el rubio les estaba traicionando, le conocía multitud de años y era una pieza clave en su imperio.
- Ya lo sé, son solo observaciones, pero recuerda Lovino no puedes fiarte de nadie en este mundo, de nadie.- Aquellas palabras le habían caído como un balde de agua fría desconfiar de los suyos era un golpe duro.
- Si se enteraron de lo que ocurrió realmente con su familia deberemos matarles, no habrá forma de hacerles entender- Su voz sonó sombría cosa que erizó todo el bello de Lovino, no creía en lo que estaba oyendo.
-¡ Son Vincent y Emma!- La voz del italiano se oyó por toda la habitación estaba fuera de sí tras aquella tranquilidad que emanaba su hermano en todo aquello.
- Ya lo sé, deseo que solo sean coincidencias, por ello voy a encargar a varios espías para que controlen todos sus movimientos- La voz de Feliciano por primera vez en toda la conversación sonó apenada, cosa que no pasó desapercibida para Lovino.
- ¿Qué hicieron nuestros padres?- No podía pensar que había ocurrido realmente para que todo aquello terminase con la muerte de sus amigos.
- No quieres saberlo- Ambos ojos chocaron con fuerza para finalmente Lovino bajar su mirada hacia al suelo, era verdad no quería saber cómo habían terminado huérfanos aquellos hermanos, tras toda aquella información hizo amago de irse pero la voz de su hermano le hizo volver a fijar toda su atención en él.
- ¿Le conoces?- El corazón de Lovino se paró por unos segundos cuando su hermano abrió la maleta que traía consigo y le enseñó una foto del español. Feliciano no esperó respuesta puesto que ya sabía la contestación.
- Antonio Martínez Gracia, español, veintiséis años, ex militar del ejército español- Feliciano empezó a sacar más fotos del maletín ante la mirada impactada de su hermano.
-Misiones en Afganistán e Irak- Señaló varias fotos donde salía el español en aquello territorios ante la mirada de su hermano.
- Cinco años de servicio, lleva dos inactivo trabajando de camarero en Barcelona- Más fotos eran mostradas a Lovino que no entendía a que venía todo aquello.
- Familia católica, sin hermanos- Esta vez eran fotos de un joven Antonio alegre con su familia.
- Pasó la varicela y el sarampión, cartilla de vacunación completa, terminó el tratamiento a estrés post traumático satisfactoriamente- Más documentos eran mostrados con rapidez en la mesa.
-¿Qué demonios quieres?- La voz de Lovino sonó sombría no sabía a qué venía todo aquel ataque.
- Amigo íntimo de Vincent y Emma, llegó al local tres semanas después de que fueses disparado- El italiano no veía la relación que quería hacer su hermano.
- Y tu amante- Aquellas palabras sonaron ácidas, Lovino no podía creer todo lo que había hecho su hermano al descubrir que empezaba a tener a alguien en su vida, es más recordó aquella noche donde estuvo a punto de volver a caer con sus demonios y algo en su cabeza se activó.
- ¡Te hiciste pasar por mí para investigar a Antonio!- Lovino por fin se había dado cuenta de lo que había pasado aquella noche.
- ¡No puedo permitir que te relaciones con cualquiera, eres el próximo Don!- Tras aquellas palabras Feliciano supo de inmediato que la había cagado al notar los ojos llenos de rabia de su hermano.
-¡ Me importa una mierda todo el rollo este de la mafia, solo quiero ser feliz! ¿¡NO LO PUEDES ENTENDER?!- Descargó la rabia con un manotazo hacia el jarrón que tenía cerca, impactó en el suelo haciendo un estridente ruido ante el pesado silencio que se había instalado en la sala que solo era roto por las sonoras respiraciones del italiano.
- Yo solo quiero que seas feliz, solo quiero protegerte- La voz de su hermano sonó débil, no quería que nada llegase a ese punto, solo quería que su hermano fuese feliz con la persona correcta porque si el moreno no lo era su hermano iba a terminar muy mal y lo sabía.
- ¿Entonces porque tienes que joderme todo lo que tengo? Antonio, Emma, Vincent... ¡Todos ellos son traidores! ¿Te oyes? Todas las personas importantes para mí no son más que mentiras , ¿Cómo puedes decirme eso y creer que me estás protegiendo?- Los ojos de Lovino empezaban a brillar debido a las lágrimas que empezaban a acumularse en ellos y sus esfuerzos por no dejarlas caer.
- A partir de hoy estarán vigilados por mis mejores hombres si todo esto es una confusión seré yo el primero en alegrarme- Para él tampoco era fácil, pero habían cosas que no encajaban.
- Te odio- Tras aquellas palabras Lovino le dio la espalda y se marchó dejando a Feliciano sólo con sus planes.
Antonio se encontraba en la cocina sujetando la sartén que contenía una tortilla de patatas que empezaba a tener un color dorado, odiaba estar haciéndole la comida al holandés pero una apuesta era una apuesta, le gustase o no.
-¿Le has puesto sal, no? - Preguntó a su lado Vincent que había terminado de preparar la pizza de cuatro quesos que le había pedido Yekaterina.
- Por supuesto que le he puesto sal - Antonio giró la tortilla para que quedase bien hecha por ambas partes, deseaba coger el salero y colocarle un poquito más de sal, un poquito bastante para que fuese incomible por el rubio pero sabía que aquello terminaría con él haciendo una segunda tortilla que fuese comestible y con un ojo morado de regalo.
- Qué buen cocinero que soy- El holandés observó su pizza mientras dejaba que se helase para poder ser servida sin terminar con quemaduras de tercer grado, porque aún salía humo del queso que se había quemado y ahora tenía un ligero tono oscuro.
- ¡Se te ha quemado, JAJAJAJAJA! - Las sonoras carcajadas del español retumbaron por toda la cocina ante la mirada furibunda del rubio que deseaba estamparle la pizza ardiente en la cara.
- ¡A ti sí que te voy a quemar!, la pizza está muy hecha, que es cuando mejor están - El holandés volvió a mirar detenidamente su pizza aceptando que a lo mejor sí que se le había quemado un poquito pero nada que no fuese perfectamente comestible.
- ¡Pero si está negra!- Las carcajadas del español cada vez eran más sonoras, ver la cara de circunstancias del rubio al aceptar finalmente que la pizza que había cocinado se había quemado no tenía precio.
- Mierda- Suspiró mientras cogía la pizza y la tiraba a la basura, había tardado media hora en amasar la base, triturar el tomate y mezclar los quesos, para finalmente tirarla a la basura y además le habían costado caros aquellos ingredientes.
- Venga, trae que te ayude- Ver la cara molesta del rubio hizo que se apiadase de él, dejó la tortilla y se marchó al congelador ante la mirada atónita del holandés, rebuscó unos momentos en él para terminar sacando una pizza congelada.
- ¿Quieres que le haga una pizza precocinada?- Al holandés no le terminaba de gustar la idea, había perdido una apuesta y era su deber cumplirla sin hacer trampas.
- No querrás que se coma esa- Antonio señaló la bolsa de la basura donde se podía observar la pizza quemada de la que aún se podía apreciar cierto humo.
- Espero que no se dé cuenta- Finalmente cayó en la tentación de terminar pronto, no es que no le gustase cocinar pero tenía cierto don para quemarlo todo, así que preparó el horno y metió la pizza.
- Ten, aquí tienes tu perfecta tortilla española- Vincent observó su plato con cierta envidia estaba perfecta, tenía un perfecto color dorado y olía a las mil maravillas.
- ''Hump, gracias ''- Tanto Vincent como Antonio empezaron a comer ya que el moreno había preparado suficiente para los dos.
- Está buenísima- El español hurgó más en la herida tras aquella afirmación, le encantaba ver la cara de enfado del holandés.
- No está mal- Mintió el rubio, le encantaba el plato que le había cocinado pero no lo iba admitir nunca.
- Oye Vincent ya sé que tengo que trabajar está noche, pero me la podrías dar libre, Lovi me ha llamado está mañana diciéndome de ir a cenar- Los ojos del holandés se afilaron tras aquellas palabras había algo que no le había pasado desapercibido.
- ¿Lovi?- El español se percató del mote cariñoso con el que le había nombrado sin darse cuenta.
- Con Lovino- Matizó ante la mirada verde del holandés que le daba la sensación de que le estaba leyendo como a un libro abierto.
- Antonio debes...- Vincent no puedo terminar su frase debido a la rápida contestación del español.
- Es una misión, es mi objetivo, no tengo ningún tipo de sentimiento no sé por quien me tomas Vincent, soy un agente de élite preparado para esto- La mirada del moreno se oscureció tras aquellas palabras, cada vez que decía aquello en voz alta intentaba creerse un poco más su mentira.
- Te tomo como aquel crío que ayudaba a cualquier persona que lo necesitaba en el orfanato- El holandés conocía al español y se negaba a creer que había cambiado tanto en esos años.
- Esa persona está muerta- Antonio cortó la tortilla con fuerza con el cuchillo afilado observando como esta se partía en dos.
- La estás intentando matar- Al oír aquellas palabras ambos ojos verdes chocaron con intensidad, no quería admitir que el rubio pudiese tener razón.
-Ha pasado mucho desde aquello no puedes pretender que sea el mismo- Masticó la tortilla y tragó, en esos momentos la comida le estaba sabiendo a cartón y una pesadez en el estomago le estaba impidiendo comer a gusto
- La estas matando Antonio y te estás matando a ti mismo con ello- El rubio sabía que tenía razón, no sabía que había ocurrido realmente tenía sus sospechas y sabía que la historia real iba a ser mucho peor que cualquier cosa que imaginase, pero conocía que el interior de una persona no se podía cambiar, se podía enmascarar o colocar murallas a su alrededor pero todo aquello no era más que una autodefensa porque la esencia real de una persona no se podía cambiar de aquella manera tan desesperada que intentaba el español a base de repetirse a sí mismo una gran mentira.
- Entonces estaré muerto hasta que termine la misión- Los ojos de Antonio se enfrentaron con los verdes del holandés, pero esta vez sus ojos estaban muertos, no brillaban y fue ahí cuando el rubio supo que tenía que hacer algo antes de perder al moreno en el abismo.
- Esta noche puedes irte con Lovino pero mañana te quiero libre tenemos trabajo que hacer- El moreno se sorprendió tras aquellas palabras no sabía que tenía entre manos el holandés y miedo tenía de saberlo.
- Oye huele a quemado, ¿No?- El español cambio de tema, el ambiente se había condensado a límites insospechados y costaba hasta respirar en aquella habitación
- Yo no huelo nada...- no terminó la frase cuando se percató de aquel olor tan conocido- ¡No, mierda, no!- Se levantó corriendo a detener el horno, abrió la puerta y un humo espeso negro salió de él viendo como la pizza había terminado aún más negra que la anterior.
- Sabes las pizzas a domicilio están muy buenas, ¿Quieres que busqué el teléfono?- Un tono burlón se instaló en sus palabras al observar como lanzaba el rubio con rabia la pizza a la basura.
- Sí, por favor- Dijo al fin ya derrotado, no podía creer que había sido incapaz de preparar una simple pizza.
-¡ Vincent, tengo hambre!, ¡¿Dónde está mi pizza?!- El holandés oyó la voz de Yekaterina desde la cocina, quería que la tierra se lo tragase porque no tenía ni idea de cómo explicarle que no sabía cocinar una simple pizza.
Antonio se encontraba en su habitación delante del espejo colocándose la corbata verde oscuro que combinaba a la perfección con sus ojos y su elegante traje negro, se observó por enésima vez al espejo no se consideraba una persona presumida pero le encantaba verse bien en aquellos eventos especiales, no tenía ni idea de donde le llevaría el italiano pero sabía que no iba a ser a cualquier lado.
- ¡Antonio te está esperando!- Yekaterina le llamaba desde el salón donde ella y su hermana cotilleaban la llegada del italiano.
-¡¿Ya?!- Preguntó sorprendido, miró su reloj de muñeca y se percató de que eran las diez en punto ni un minuto más ni uno menos.
-¿Cómo me veo?- Les preguntó a las hermanas que le esperaban en el salón.
- Te ves nervioso- Se rió Yekaterina al notar la cara preocupada del moreno.
- Te has echado media botella de perfume- Le dijo Natasha con una sonrisa cínica, le encantaba el olor pero tanta cantidad le agobiaba.
- ¿Pero huelo bien, no?- Preguntó preocupado mientras intentaba oler su propio perfume
- ¡Estas perfecto, venga que te está esperando!- Le gritó emocionada Yekaterina al verle tan elegante.
- No eches a la papelera nuestro esfuerzo, así que vamos ve a comerle la boca- Natasha había empezado a empujar al español hacia la salida de la casa, tanto ella como su hermana habían controlado al español para que llegase puntual a su cita, ya que sabían de sobra como era su puntualidad.
-¡Natasha!- Dijo avergonzado tras aquellas tajantes palabras de la rubia mientras notaba como le empujaban a la puerta en contra de su voluntad.
- Adiós- Dijo la rubia mientras le abría la puerta y le invitaba a salir con uno de sus famosos cuchillos en la mano.
- ¡Suerte Antonio!- Se despidió Yekaterina antes de que Natasha le diese el empujón final y le cerrase la puerta de golpe ante las sonoras carcajadas de su hermana a las cuales no tardó en unirse.
- Dios mío cualquiera le dice que no a Natasha...-Susurró mientras se marchaba hacia el elegante deportivo aparcado delante del local donde le esperaba Lovino recostado en la puerta de su coche fumando un cigarrillo enfundado en un elegante traje negro.
Antonio cruzó la calle y se encontró cara a cara con los ojos ámbar del italiano, tras aquella mirada una corriente eléctrica le recorrió entero haciendo que su corazón se desbordase por completo, sabía que aquello no iba bien, nada bien, pero lo supo de verdad cuando el italiano se acercó a él y le besó, notó los carnosos labios del italiano sobre los suyos y como empezó a perderse en la humedad del beso olvidándose de su dilema.
-Buenas noches Antonio-La voz del italiano sonó agitada al igual que su respiración tras aquel pasional beso.
- Buenas noches Lovino- Dijo con una sonrisa para nada inocente, tras aquello entraron al coche y se dirigieron hacia el lugar donde había reservado el italiano.
-¿A dónde vamos?- Preguntó nervioso mientras veía con terror como el italiano se saltaba a toda velocidad el semáforo en rojo.
- Sorpresa- Le dijo divertido mientras sus miradas chocaban produciendo aquella corriente eléctrica tan conocida para ambos.
-Espero llegar vivo- Dijo al ver como empezaba a adelantar por la derecha a todo coche que estuviese delante de él.
- Siempre podemos tener una cita en el infierno- Le dijo con picardía mientras giraba con brusquedad hacia la derecha ante la mirada de terror de Antonio, no es que no estuviese a acostumbrado a persecuciones a toda velocidad pero por lo normal solía estar demasiado concentrado en matar a alguien para pensar que podrían matarse en cualquier momento.
Cuando llegaron a su destino estuvo tentado de besar el suelo y dar gracias a Dios por estar vivo pero al girarse y ver el lugar en el que habían parado hizo que su alma cayese a sus pies.
- ¿Has venido alguna vez?- Le preguntó el italiano mientras le entraba las llaves al aparcacoches.
- Vine una vez- Le mintió, había ido más de una a aquel exclusivo restaurante junto con Francis y Arthur, era el preferido del francés, siempre que hacían alguna parada en Roma se tomaban la libertad de comer allí, ser agentes de la central les abría puertas en cualquier lugar, conseguir invitaciones para eventos especiales para ellos era tan simple como llamar a la Central y decir la fecha que las querían, además el dinero no era una cosa que les preocupase en absoluto.
-¿Así, con quién?- La mirada del italiano se afiló, no esperaba que el moreno hubiese ido a algún lugar tan exclusivo como aquel teniendo en cuanta la humilde forma en que vivía y le había informado su hermano.
- Vine con Vincent y Emma una vez en mi aniversario- Mintió otra vez, debía informales pronto de aquello para que no metiesen la pata, habría sido más fácil mentirle pero el gerente le conocía y no dudaría en saludarle.
- Oh- El italiano agachó la mirada, quería llevar a algún lugar especial al español y ya le habían traído antes, quiso coger el coche y marcharse a otro pero ya estaban entrando al restaurante.
- ¿Y esa mirada? ¡Me encanta este lugar!- Se percató de inmediato del cambio de humor del italiano y le sonrió para animarle, sabía lo que estaba pensando.
- Don Vargas le estaba esperando- Oyeron de inmediato al entrar la voz de un hombre mayor con un perfecto bigote blanco y una barriga prominente, el gerente del restaurante.
- Le he reservado a usted y a su acompañante la mejor mesa de todo el restaurante- Les dijo mientras le daba la mano al italiano.
- Oh, ¿Antonio?- Preguntó emocionado cuando colocó su mirada sobre él.
- Buenas noches- Le contestó con una sonrisa mientras le apretaba la mano deseando que no le preguntase por sus amigos.
- ¿Y cómo están...- Sabía que si algo podía ir mal iba a ir peor- Muy bien- Dijo cortante mientras intentaba suavizar la respuesta con una sonrisa.
- Tenemos hambre- Habló tajante el italiano que no se había dado cuenta de nada, era una cita de él y el español y no quería a nadie revoloteando entre ellos.
- Oh, perdóneme Don Lovino, seguidme por favor- Les contestó mientras le guiaba por el enorme restaurante decorado con una ambientación romana con todo lujo de detalles.
- Es precioso- Dijo en un susurro el español al observar la habitación que les había reservado dentro del propio restaurante, la mesa se encontraba al lado de una enorme fuente de la cual caía agua en abundancia y multitud de detalles más que le daban un toque mágico al lugar.
Tras dejarle la carta el gerente se marchó dejándoles solos cara a cara en aquella mesa.
- No sabía que podías cenar en una habitación privada- Le preguntó sorprendido mientras su visión vagaba por ella, anotándose mentalmente que la próxima vez que fuese pediría dicha sala.
- Beneficios de estar en la mafia- Contestó orgulloso mientras le servía al español una copa de vino, otra vez sus miradas chocaron creando una tensión que podría cortarse con un cuchillo, pero tras aquello el español sacó un sobre que le lanzó al italiano con furia.
- Ten, no lo quiero- Tras aquello el corazón del italiano se paró por un segundo no sabía a qué venía aquello pero al abrir el sobre lo supo de inmediato.
- Cuando estoy contigo no estoy trabajando- Le espetó con una mirada afilada mientras veía la cara desconcertada del italiano que tras aquellas palabras una sensación de euforia le invadió.
- Es tuyo, no quiero- Le contestó orgulloso mientras le lanzaba de vuelta el sobre.
- Yo tampoco- Cogió el sobre y se lo volvió a lanzar esta vez con más fuerza, cosa que repitió el italiano con aún más énfasis.
-¡¿De verdad nos estamos peleando por ver quién se queda el dinero?!- Estalló el español que entre carcajadas volvía a recoger el sobre.
- Ya te he dicho que no lo quiero- Dijo mientras cruzaba sus brazos a modo de reproche aguantando las ganas de reírse también.
- ¡Tengo una idea! Cuando salgamos de aquí nos lo gastamos los dos juntos- Le propuso con una mirada gatuna a la cual no pudo negarse el italiano.
Lovino empezó a comer el estofado de pato que le habían traído tras terminar los entrantes, llevaban más de veinte minutos de charla pero hasta ese momento no habían tocado ningún tema delicado.
- Antonio, ¿Cómo llegaste a Roma?- Tras aquella pregunta el español levantó los ojos de su plato y se preparó mentalmente para empezar a contar la gran mentira que tenían preparada.
- La Central me mandó matarte-Pensó mientras contestaba mecánicamente a aquella pregunta tan estudiada para él-Por Vincent, necesitaba alguien que le ayudase a proteger el local- El italiano tenía en mente la información de su hermano por lo cual no dudó en preguntar.
- ¿Por qué te prostituyes?- Tras aquella pregunta el moreno se quedó estático unos segundos mientras tragaba con fuerza el vino que acaba de tomar, no esperaba para nada aquella pregunta tan directa.
- Necesito ganarme la vida- La mirada del español se colocó sobre la mesa sin mirar a la cara al italiano que le veía molesto.
- Podrías dedicarte a otra cosa con tu experiencia, como portero, protección personal...¡Incluso antes podrías ser un sicario que una prostituta!- Tras aquella última frase los ojos de Antonio se levantaron con furia de la mesa, prefería acostarse con medio mundo por dinero antes que volver a jalar el gatillo de una pistola, pero hubo algo de lo que se percató, el italiano creía que había sido militar lo que le decía que ya había sido investigado y los más seguro puesto sobre vigilancia.
-¿ Qué experiencia?- La voz de Antonio sonó sombría, estaba enfadado por aquel ataque. Tras aquello Lovino se quedó sin palabras no quería que el español supiese que conocía parte de su vida, no quería que pensarse que era un acosador o algo por el estilo.
- Mi hermano...-Tragó saliva, sabía que había metido la pata con aquel comentario-Mi hermano te investigó, lo siento- Sus ojos miraban al moreno pidiendo disculpas no quería que el español se enfadase con él.
- ¿Y que sabes?- Preguntó en busca información, aquello era importante para la misión.
- Qué fuiste militar cinco años, trabaste de camarero en Barcelona, eres hijo único...- Empezó a enumerar el italiano todo lo que recordaba, pero el español se quedó con un grupo de palabras ''hijo único'' le dolía mentir así, odiaba eliminar a su hermano de sus recuerdos, él tenía un hermano, un hermano que quería con locura y oír que nunca existió dolía y dolía mucho.
- Ya veo..., por lo visto no le caí muy bien a tu hermano en nuestro primer encuentro- Se rió para aligerar el ambiente no quería tensión innecesaria en la sala.
-¿De qué hablasteis?- Lovino quería saber que había hecho su hermano el cual empezaba a detestar más de lo normal.
- Pues en un primer momento creía que eras tú, luego al besarte..., bueno, al besarle noté que no lo eras así que saqué mi pistola y le apunté cosa que hizo que tu hermano imitase mis movimientos y terminásemos los dos apuntándonos con nuestras armas.-El italiano tras aquellas palabras se quedó en blanco, su hermano se había hecho pasar por él y se había besado con el español, su hermano había besado a Antonio. De inmediato notó como la rabia empezaba a consumirle.
- ¿Te gusto?- Preguntó con los ojos en llamas, su hermano siempre era mejor que él en todo y no podía imaginar que también lo pensase Antonio.
-¿Qué? ¡Claro que no! Qué tu hermano me quisiera matar no fue muy agradable la verdad, nada agradable- Antonio se rió, no había entendido para nada el contexto de la pregunta.
-¡El beso!, ¡Qué si te gusto el maldito beso!- Lovino levantó la voz notando como la rabia que estaba soportando empezaba a mostrase al exterior.
- ¡No!, de inmediato supe que no eras tú, era diferente, más frío, no había nada en ese beso que me hiciera pensar en ti. Nada- Tras aquello el italiano se relajó, no estaba contento para nada con aquello, pero no estaba dispuesto a realizar una escena con él, el cual no tenía la culpa de las acciones de su hermano, pero no sabía cómo iba a reaccionar cuando le tuviera delante.
- Lo siento, no quería...- El español no pudo terminar la frase porque Lovino se había acercado hacia él y le había empezado a besar con brusquedad, con desesperación, reclamando que era suyo y de nadie más, no podía admitir que nadie más que no fuese él besase aquellos labios.
-Joder- Suspiró el español cuando el italiano cortó el beso con brusquedad no esperaba para nada aquel ataque tan pasional.
-¿Ha sido mejor?- Preguntó para reafirmar lo que quería pensar, pensar que por fin alguien le prefiriera a él, que él era mejor en algo por una primera vez en la vida
- Ya puedo jurar que sí- Dijo aún exhausto por el beso, notaba como su corazón bombeaba la sangre mucho más rápido de lo normal y su respiración aún no se estabilizaba.
Tras aquello se tensaron al notar como tocaban a la puerta y entraba un joven camarero con los platos que habían pedido. El español se quedó estático por un momento al observarle entrar, cabellera plateada, piel pálida y ojos rojos como la sangre.
-¿Gilbert?-Susurró estupefacto tras aquella entrada pero cuando se acercó se dio cuenta que no había sido más que una mala pasada, aquel camarero albino no era su amigo, se enfado consigo mismo por ilusionarse de aquella manera, Gilbert estaba muerto y no iba a volver a verle jamás.
-Antonio, ¿Ocurre algo?- Al italiano no se le había pasado desapercibido el cambio de humor de su acompañante.
-Oh, no, nada, el camarero se parecía a un viejo amigo pero nada más- Lovino pudo notar como bajaba la mirada con tristeza, no sabía quién era aquel Gilbert pero no le gusto que fuese tan importante para el español, se maldijo interiormente, no podía mantener bajo control aquellos celos irracionales, por primera vez tenía a alguien y no sabía cómo debía compartirlo, supo en ese momento que debería ir pronto a terapia para que le ayudase a controlar aquel sentimiento.
- ¿Quién es?- Preguntó intentando sonar atento no quería que pensase que era un loco posesivo. Antonio levantó la mirada y no supo que contestar a aquello.
- Fue un gran amigo que murió en combate- La mirada del español estaba inundada de melancolía tras lo cual supo de inmediato que no había sido un buena pregunta, todos tenían sus demonios del pasado y él no quería traerlos de vuelta.
-Lo siento, no sabía que...- Se intentó disculpar el italiano pero fue cortado de inmediato.
- No te preocupes- Contestó con rapidez el moreno, no quería indagar en ese tema, cosa que se dio cuenta el italiano que intentó suavizar la conversación cambiando de tema, sabía que no tenía derecho a saberlo todo sobre él aunque se muriera por ello.
El hilo de la conversación pasó a hablar de temas triviales, terminaron riéndose por cualquier tontería dejando de lado la tensión de las conversaciones anteriores, cuando terminaron pagaron y se marcharon del restaurante en dirección al deportivo del italiano.
- Me encanta hablar contigo- Le dijo con una enorme sonrisa el español mientras apresuraba el cuerpo del italiano sobre el coche.
- Ya somos dos- No supo como había ocurrido todo aquello, en qué momento empezaron a torcerse las cosas de aquella manera ni cuando dejó de verle como a un trabajador más de Vincent a verle como la persona con la que quería estar en todo momento.
Tras aquello el cuerpo del español se acercó más al del italiano que correspondió de inmediato al pasional beso que le dedicaba el español, notar cómo era apresurado entre los brazos del español y el coche le había encendido como lo había hecho nadie nunca. No dudó en rodear con sus manos el cuello del español, quería sentirle más cerca y no tardó en ser recorrido por una corriente eléctrica cuando sus lenguas chocaron con brusquedad pidiendo más.
- Nos van a denunciar por escándalo público- Se rió el español que había cortado el beso al recordar en un flash de sentido común donde se encontraban.
- Me da igual- Le plató un beso en la boca y abrió las puertas del coche, tenía en mente un lugar al que ir los dos solos y quería llegar pronto tras el calor que sentía en aquellos momentos.
No tardaron más de quince minutos al llegar a un mirador en el cual se podía observar la ciudad de Roma entera, antes de observar el paisaje Antonia había rezado a todo tipo de Dios existente en busca de ayuda al recordar cómo habían huido de unos policías que les seguían por exceso de velocidad.
- ¿Te gusta?- Preguntó el italiano que veía la cara descolocada del español tras el miedo que había sufrido. Tras aquello levantó la mirada del coche y observó el paisaje.
- Es hermoso- Se quedaron unos minutos en silencio, contemplando el paisaje, era un silencio cómodo, no había ninguna prisa por romper aquel momento, pero cuando el español se acercó a besar al italiano fue cuando se hizo mágico, fue un beso lento, sin ninguna prisa por aumentar el ritmo, querían deleitarse el uno del otro, explorarse con tranquilidad, aquel beso no buscaba sexo, buscaba algo completamente diferente. El español acarició la cara del italiano, no quería hacerle daño.
-Vamos a la parte de atrás- Le dijo en un susurró Antonio que erizó por completo toda la piel del italiano que no tardó en obedecer la demanda del español.
El moreno empezó a besarle sin prisas, emprendió un camino de besos por su cuello notando los susurros de placer que se le escapaban al italiano el cual tras aquello pegó más el cuerpo del español al suyo, quería sentirle más cerca, tiró de la corbata del español quedando sus miradas frente a frente, esmeralda y ámbar, intentando leer el alma del otro en una fugaz mirada, las manos del español empezaron a desabrochar con paciencia la camisa del italiano mientras le besaba el cuello y empezaba a descender poco a poco hacia el abdomen describiendo un camino de besos que hacían arder la piel del italiano allí donde dejase caer sus labios.
Le quitó la camiseta notando como las manos temblorosas del italiano intentaban hacer lo mismo con la suya mientras le mordía con suavidad el labio, la mente del español divagaba entre la razón y el corazón, no podía estar sintiendo aquello, una parte de él se odiaba por ello y la otra solo deseaba más, pero cuando el italiano mordió con lentitud su cuello se dejó caer en el abismo notando como su cuerpo se tesaba al placer del contacto, le atrajo y le besó notando como una lágrima caía de su ojo derecho, se estaba traicionando así mismo, la cual pasó desapercibida para el italiano que exploraba con dedicación la boca del español, no tardó en descender su boca por todo su abdomen haciendo que su cuerpo empezase a temblar olvidándose por completo de su encrucijada.
Tras escasos minutos más ambos estaban al límite, necesitaban sentirse más cerca, mucho más cerca, las manos del español se deshicieron con rapidez del cinturón del italiano, no soportaba más aquella pasión y supo de inmediato que él tampoco al notar la desesperación con la que le besaba mientras se deshacía del suyo, no tardaron en unir sus cuerpos, el italiano se moría de placer cada vez que el moreno se movía, aquella sensación no era comparable ni a la droga más pura del mundo y supo de inmediato que no tardaría en volverse adicto a aquello cuando una corriente eléctrica le recorrió tensando cada uno de los poros de su piel debido al placer del momento, al terminar notó como su cuervo temblaba ligeramente debido a toda la adrenalina del momento, respiró con pesadez intentando recuperar el ritmo normal de sus latidos, abrazó al español dejando caer su cuerpo sobre el del él.
- Te quiero a mi lado- Le susurro al oído al español intensificando el abrazo, intentando apresarle, queriendo transmitir todo lo que sentía en su interior y lo supo, supo que había empezado a enamorarse de verdad de él.
- Yo también- Le devolvió el abrazo notando como su cuerpo temblaba ligeramente, no quería hacerle daño, aquel joven italiano había empezado a colarse en lo más profundo de su corazón sin avisar y a toda prisa, se enfadó consigo mismo, aquello no le podía estar pasando a él que durante años había matado y enterrado cualquier sentimiento que aflorase en el él.
Tras todo aquello Antonio volvió al local donde aún había movimiento debido a que no eran más de las 4 de la madrugada, intentó escabullirse entre la gente hacia su habitación, estaba agotado mentalmente, necesitaba acostarse y analizar sus pensamientos, pero la voz de Vincent le quebró todos sus planes.
-Antonio te necesito, por favor cubre la zona del Chill out, Natasha y Yekaterina están tratando con unos clientes y se va a quedar vacía en nada- La voz del rubio sonó estresada, el local estaba llenísimo y no había calculado bien la cantidad de gente que debería trabajar aquella noche.
- Está bien- Dijo con un suspiro, sabía que no podía negarse a un favor de su amigo, pero aquello no quitaba que deseaba terminar cuando antes con aquello, se cambio se ropa y se dispuso a atender a los clientes en la barra.
- Al menos he tenido suerte- Susurró mientras veía como aquella sala no tenía ni la mitad de movimiento que las demás, estuvo bastante tiempo sirviendo copas hasta que la sala se vacío casi por completo, sabía que no tardarían en cerrar y poder irse por fin a descansar pero una voz le sacó por completo de aquellos pensamientos.
- Una cerveza Kapuziner, por favor - Antonio levantó la mirada con el corazón en un puño, solo conocía una persona capaz de pedir aquella cerveza a las seis de la mañana.
- ¿Qué? Parece que hayas visto un fantasma- Antonio no podía creer lo que estaban viendo sus ojos, aquello no era posible, simplemente no podía estar pasando.
- ¿Gilbert?- Preguntó estupefacto mientras veía aquella famosa sonrisa torcida en sus labios.
No me matéis por dejarlo ahí, aunque admito que he sido bastante cruel, Muahahaha...
Bueno este capi ha sido más largo de los que acostumbro a escribir pero necesitaba hacer avanzar la historia hasta el punto actual, Feli empieza a tener sospechas, los sentimientos entre Antonio y Lovino se afianzan y Gilbert hace su aparición, a partir de ahora llega el clímax y se empezará a descubrir todo este embrollo.
Miyako yuuga1912: Antonio ya no tiene ni idea de que hacer con Lovi y con la Central, pobrecito, aun que de alguna manera lo va a tener que resolver, por otra parte Lovi ya ha empezado a caer en las garras del español je je je. Muchas gracias por tu comentario, me alegro mucho siempre que te leo :D
MxM's Lovers: Me encanta el drama y todo lo que se relacione con hacer sufrir a los personajes MUAHAHAHA..., un hapy end... no sé, eh, no sé soy demasiado malvada para eso jajajaja. Gracias por el review *.*, Besos!
Guest: Muchas gracias por tu apoyo *.*
tsumi yuki: Oh, muchas gracias por tu comentario *.*, el spamano es amor ! :D
Gracias a todos los que seguís conmigo la historia
Besos :D
