Disculpas por la demora. Gracias por leer, comentar, seguir, pasarse y dejar una huella. Gracias a Maye por entenderme y ayudarme a que me entiendan (la historia al menos).

Mil gracias y besos.


Capítulo Trece

Que mierda de entrenamiento.

Aun cuando lo había amañado, Albus no había sido tan listo como para preocuparse de quienes le tocaron a él. Eran dos chicas, una muy mandona y egocéntrica y la otra con complejo de chica linda. Albus ni siquiera entendía como habían llegado a la lista.

Miro a la lejanía, como Scorpius sacaba un saque tras otro, bajo la atenta mirada de Evan. Al menos el rubio lo estaba haciendo bien.

Volvió a concentrar su atención en las chicas.

—Wilkins, Barry, solo... jueguen un single y muéstrenme lo mejor que tengan —dijo, cansado de escuchar las quejas de las chicas, una porque estaba cansada, la otra porque Albus no era el mejor de los titulares.

No tomó mucha atención, pero le bastó unas cuantas miradas para saber que Barry, la mandona, tenía mucho más talento.

Cuando iban en primer año, el profesor de Química para la Magia les enseño que había elementos que eran opuestos y que no se mezclaban con nada, como los lípidos y el agua, y que esa característica de repelerse era lo que daba sentido a la vida. Lo mostró con varios ejemplos básicos, y dejo claro que "Por mucho que parezcan que están juntos, se volverán a separar."

No sabía por qué, pero se sentía como el profesor de Química, agitando una y otra vez el vaso de Evan y Scorpius, esperando llegar a ese punto en el que parecían uno.

No era muy bueno con los pensamientos abstractos, así que no lo analizó mucho.

Para el final del entrenamiento extra, Wilkins le lanzó la raqueta por la cabeza y declaró muy frustrada— Me paso por el trasero tu titularidad Potter, me cambio a Debate.

Barry se veía complacida.

—Potter, miras hacia allá con una cara de bobo que ni yo me la creo ¿Te gusta Evan? —Preguntó la chica, llena de satisfacción por haber echado a Wilkins.

—Más respeto, Barry.

—Albus, soy mayor que tú —dijo la chica, riendo.

— ¿Cómo me va a gustar Evan, si yo soy más guapo?

— ¿Malfoy, entonces?

— ¿Sabes, Barry? Tienes la mente enferma, y no te culpo, saliste mucho tiempo con mi hermano.

Barry se fue, carcajeando.

Total que, una mierda de entrenamiento extra.

—Malfoy es bueno, tiene buenos reflejos, buen pique. Le falta más certeza en sus jugadas, creo —fue el análisis de Evan.

Albus asintió, pensativo— Si quieres, yo les ayudo con eso, Wilkins renunció hoy.

— ¿A jugar en el campeonato?

—Nah, al club.

— ¿Qué?

—Quizás tuvo un mal día.

—Miller te va a matar.

Albus lo sabía, pero no le interesaba. Le interesaba que Evan se fuese pronto a las duchas para poder trotar hasta donde Scorpius estaba peloteando.


—Lo hiciste bien —dijo en saludo, cuando alcanzo al rubio.

—Gracias —susurró Scorpius, bajando la raqueta—. Nunca pensé estar tan tranquilo cerca de Evan.

—Si te gusta alguien, supongo que lo mejor es estar tranquilo.

— ¿Nunca te ha gustado alguien que te altere, ya sabes, sacudidas de estomago y esas cosas?

—Creo que no —dijo Albus, bajando la mirada. Sus zapatillas estaban tan limpias, aun parecían nuevas, los elfos se esforzaban mucho con los uniformes deportivos.

—Si eso llega a pasar, me gustaría ayudarte —dijo Scorpius, y Albus supo que estaba cerca de él— ¿Me dejarías? —El moreno levantó la vista. Tenía a Malfoy tan cerca que podía sentir el olor de su sudor mezclado con sal, y no le desagradó.

—Claro —dijo en un susurro, sólo porque no logro decirlo más fuerte. Agradeció el que el sol se estuviese desapareciendo en el horizonte, le ayudaba a sentir más solapada su turbación.

Malfoy hizo un gesto de asentimiento y se fue.

Scorpius llegó casi sin aliento a los vestidores, y no era por correr hasta ellos. Cerró la puerta de una de las duchas y se desvistió con rapidez. Necesitaba bañarse, comer, dormir, despejar su mente y aclarar sus pensamientos.

—Que las hormonas en la pubertad hacen fiesta todos los días —decía siempre Rose, y Scorpius nunca le encontró más razón.

¿Qué había sido ese revoloteo en la garganta, ese pulso acelerado al tener una conversación sobre ligues con Albus?

La respuesta era clara: No había salido con nadie hacía mucho tiempo.

Scorpius no hablaba mucho de su vida amorosa, ni siquiera con Rose, y eso era porque su vida amorosa era casi inexistente.

Cuando tenía doce años, conoció a Don, un chico de tercero que le beso en las escaleras durante la fiesta de Noche de Brujas. Antes de eso, ya se había planteado ser gay, pero no tenía ninguna claridad. Ahora, con apenas quince años y unos cuantos besos y agarrones en su haber, tenía que reconocer algunas cifras vergonzosas.

Cómo que había besado a más chicas que a chicos. Al menos había tenido manoseo con más chicos que con chicas. Dos contra uno.

Negó para sí mismo bajo la ducha.

¿Sería realmente gay, o como todos decían, no sería esto más que una etapa?

Cerró los ojos e imagino a Evan, tan guapo y encantador.

Durante el entrenamiento había sido tan simpático y agradable, habían hecho bromas y se habían reído de las mismas cosas. Y como la bruja de Rose había profetizado, le enseñó una nueva forma de tomar la raqueta, con demostración por la espalda y "tienes que tomar el mango así y así."

Y aun así.

Aun así, casi se le sale el corazón hablando con Albus Potter, con el sol golpeando sus ojos y el viento gélido revolviéndole el cabello. Aun así.

No tenía mucho sentido, y las hormonas no tenían mucho sentido. Y si este fin de semana no se agarraba una buena borrachera, ojala sólo con Rose, quizás se volvía loco. Aun más loco.

Cuando salió de la ducha, mentalmente listo para enfrentarse a Albus, casi sintió decepción al no encontrar al chico a la vista. Camino al castillo tampoco lo vio.

Cuando entro al gran comedor y el tibio aroma a comida envolvió sus sentidos, se percató de lo secos que estaban sus labios. Pasos los dedos por la rugosa superficie. Sintió celos, los labios de Albus, con el sol directo sobre ellos, se habían visto increíblemente bien hidratados, casi brillantes.


Continuara-