Hola :D

Siento mucho la tardanza he estado super liada con exámenes y demás

¡Espero que os guste!


Antonio seguía a Vincent a través del salón hacia el sótano, quería hablar con él pero no le había dicho exactamente de qué y eso le ponía nervioso.

El rubio acercó sus ojos hacia el panel electrónico que controlaba la entrada al laboratorio.

-Entra- Le ordenó mientras la puerta de metal se levantaba hacia arriba.

- Joder qué seguridad, ¿No? - El moreno estaba acostumbrado a ese tipo de acceso pero no dejaba de llamarle la atención de que el rubio la usase.

- Tu fíate mucho aquí y verás como terminas- Antonio tragó saliva, tenía toda la razón en aquella afirmación.

- Bueno, ¿Me vas a decir ya que quieres?- Los nervios del moreno eran palpables a kilómetros, no entendía aquella repentina necesidad de hablar ni toda la seguridad que había empleado en hacerlo, aquello solo significaba que algo iba a pasar y tenía la corazonada de que no iba ser bueno

- Yo no tengo nada que decirte- El rubio encendió todas las luces de la habitación y se marchó directo al ordenador que se encontraba a escasos metros de toda la maquinaria, apartó la vista del monitor un momento para disfrutar de la mirada furibunda del moreno el cual parecía un depredador a punto de lanzarse sobre su yugular.

- Vincent no me toques la moral si no quieres terminar con una cara nueva- Se acercó hacia donde se encontraba el rubio y observó un pantallazo azul con el logo de la central, tras aquello empezaba a entender de qué iba la cosa.

- Arthur quiere hablar con nosotros, ya sabes que ahora que estamos siendo vigilados y no podemos arriesgarnos a una reunión- Hubo un momento de silencio hasta que el aura furibunda del rubio inundó la habitación - Sobre lo de hacerme una cara nueva lo dejaré pasar por qué si te mando al más allá no podré salir de este embrollo, así que dale gracias a Dios-

-Oh, gracias mi Señor por ponerme en una misión con míster amargado- Pudo notar los nudillos blancos del rubio a causa de la rabia que estaba conteniendo, le encantaba molestarle.

- Te la estás ganado- La mirada furibunda del rubio no daba lugar a dudas de que iba a descargar aquella rabia sobre él en cero coma si continuaba por aquel camino.

- Venga Tulipán no seas así, ¿Somos amigos, no?- No terminó de decir la última palabra y ya había esquivado el primer puñetazo del rubio.

- ¡Vincent!- Ambos pararon en secó al oír la voz de Arthur que se encontraba viéndoles desde la Central.

-Lo siento- El rubio guardó la compostura al ver al inglés en el monitor.

-¡Usa tu gancho derecho que es mejor!- Tras aquellas palabras del inglés una risa ácida se escapó de sus labios.

- ¡ARTHUR!- Gritó Antonio al observar el complot contra él, llegado a tal punto no sabía si iba a morir por la misión o por sus propios compañeros.

- Bueno, a lo que vamos que no tenemos mucho tiempo- Tras aquellas palabras la atención de ambos se fijó sobre el inglés.

- En tres días se reunirán los italianos con su socio- Tanto Antonio como Vincent se quedaron estáticos, no esperaban que fuera tan pronto- Van a realizar una alianza para poder distribuir sus productos por todo el mundo-

- ¿Donde será el acuerdo?- Preguntó Vincent mientras se encendía la pipa.

- No lo sabemos- Tras aquello los ojos del rubio se levantaron con agresividad, amenazantes.

- ¿Con quién es el acuerdo?- Volvió a preguntar conteniendo las ganas de romper la pantalla.

- No lo sé- Masculló

-¿¡Qué?!- EL corazón del holandés amenazaba con salirse del pecho, aquello eran muy malas noticias.

- Antonio necesitamos que lo averigües, si sabemos el lugar podemos hacer una redada- Al oír aquellas palabras notó como algo le oprimía el pecho dejándole casi sin respiración.

- ¿Cómo voy a averiguar en tres días lo que lleváis meses buscando vosotros?- Las palabras sonaron envenenadas y sus ojos destilaban rencor, estaba harto de tantas ordenes.

-¡Basta ya de jugar con Lovino Vargas!- Gritó fuera de sí, aquello empezaba a superarle - ¡La diversión ha terminado!, está a tus pies es hora de lo uses a tu favor- Un silencio se instaló en la sala que solo fue roto por una tajante pregunta - ¿A caso no sabes que está en juego?-

- No me insultes Arthur- Antonio notaba como algo dentro de si moría, no iba a negarse a la misión pero por primera vez en muchos tiempo sabía que se iba a arrepentir de ello.

- Vincent necesito que descubras que narcótico especifico pretenden pasar y las cantidades- Los ojos del mencionado se afilaron tras aquellas palabras-Estamos en jaque, necesito vuestra ayuda, no podemos permitirnos otro fallo así o será nuestro fin- Su voz se relajó tras aquello-Confío en vosotros- Dijo antes de despedirse, sabía que no iba a ser una charla fácil pero no se imaginó que terminase perdiendo los papales de aquella forma.

- Joder...-El moreno se apartó el flequillo de su cara abatido- Tres días- Suspiró derrotado mientras observaba al holandés que se encontraba estático asimilando la información.

- ¿Cómo ves lo de Lovino?- Aquello tomó por sorpresa por lo que rodó de inmediato sus ojos hacia el rubio.

- Bien- No mentía, las cosas con él iban bien, demasiado bien.

- ¿Serás capaz de hacerlo?- Los ojos aceituna buscaban algún índice de debilidad en el moreno que le afirmará su corazonada.

-¿¡Acaso no sabes quién soy!?- Gritó fuera de sí, notaba como la rabia le consumía, estaba harto de que la gente le pusiese en duda, porqué él entre todos era quién más deseaba que aquello terminase -¿¡ Sabes de lo que soy capaz?!- A grandes pasos se acercaba hacia el rubio que le miraba preocupado- ¿¡Tienes idea de a cuanta gente he matado!?- Le cogió del cuello de la camisa y le estampó contra la pared descargando parte de su rabia en aquel golpe.

Los ojos oliva del holandés miraron con lástima a Antonio, aquel no era el jovial joven que él detestaba, aquello era una fiera herida llena de odio y rencor capaz de barrer con todo y con todos por cumplir su propósito incluso si aquello significaba terminar con él mismo también, era un kamikaze y aquello le asustaba, el hombre sin nada que perder es el más peligroso de todos.

- ¿Antonio que te ha pasado?- Preguntó con tristeza al notar sus ojos llenos de rabia sobre él, tras aquello el tenso cuerpo del moreno se relajó

- Maté a mi hermano - El cuerpo del rubio se paralizó por completo- Así que no pongas en duda mi eficacia, porqué no tienes ni puta idea de lo que soy capaz- Tras aquellas palabras soltó el agarre y se marchó de la habitación dejando a Vincent con el corazón en un puño.


Lovino acababa de entrar a su despacho, se veía impoluto , ordenado y sin una mota de polvo, hacía tiempo que no entraba en él pero no por ello el servicio de limpieza se olvidaba de que existía, se sentó en el escritorio, sacó su portátil y colocó con impaciencia la contraseña tras lo cual no dudó en hacer desaparecer el olor a limpio que inundaba la sala por el del humo de sus cigarrillos.

Cogió el teléfono que se encontraba a su derecha y marcó con fuerza oyendo los sonoros pitidos. Sabía que lo que estaba haciendo iba a traer consecuencias pero se había hartado de estar en segundo plano.

-¿Lovi?- La voz de Feliciano sonó sorprendida debido a que nunca le llamaba desde el número del despacho.

- Quiero en quince minutos toda la información sobre nuestro socio en mi despacho- La voz imponente de su hermano le descolocó por completo

- ¿Para que la necesitas?, Además no te preocupes ya lo he preparado todo para el martes- Los ojos de Lovino se afilaron tras aquella respuesta, había dado una orden y ya le estaba rebatiendo.

- ¿Me estás cuestionando? ¿A caso no recuerdas con quien estás hablando?-

- Con mi hermano- Contestó con reproche al oír aquellas palabras.

- Con el Sottocappo- Corrigió con tono mordaz.

-En quince minutos la tendrás en tu despacho- Feliciano no entendía nada de lo que estaba sucediendo pero sabía que aquello solo iba a ser el inicio de la hecatombe.

- Quiero que me la traigas tu, tenemos que hablar- Tras aquello colgó la llamada y le dio una fuerte calada a su cigarrillo, se sentía bien el imponerse a su hermano, por primera vez en su vida estaba tomando él el control y le gustaba. Le gustaba demasiado.


-No me lo creo, es imposible- Susurró Vincent mientras subía hecho una fiera hacia la habitación de Antonio.

- Voy a saber la verdad aunque lo mate- Sentía arder su cuerpo debido a la rabia, estaba harto de no entender nada.

-¡Ábreme!- Silencio- ¡ Qué me habrás la puta puerta!- Gritó mientras la aporreaba.

- No quiero afrontarlo, no ahora...- Antonio notaba como su cuerpo aún temblaba tras el reciente ataque de ira, había perdido por completo el control y aquello le asustaba.

¡ANTONIO!- Otro golpe hizo vibrar la puerta ante la mirada asustada del moreno que se había quedado en shock.

- Necesito tranquilizarme- Notaba como su corazón latía contra su pecho y gotas de sudor frío le recorrían. Los recuerdos le aterraban y flashes de aquel día le recorrían la mente, sabía que estaba teniendo un ataque al observar que su habitación ahora estaba pintada de un resplandeciente blanco.

- Mierda, mierda, las pastillas- Las necesitaba para que las visiones desaparecieran, la habitación había empezado a mancharse de rojo oscuro debido a la sangre que había empezado a recorrer las paredes.

-¡No quiero verlo!, ¡ No, joder!- Gritó mientras abocaba con desesperación el bote pastillas sobre su boca y tragaba con fuerza todas aquellas que habían caído sobre su lengua, se acurró en una de las esquinas de la habitación y agachó la mirada intentando evitar ver la sangre que manchaba por completo la habitación y que ahora caía también por su cuerpo.

- Eres patético- El cuerpo de Antonio se paralizó al oír aquella voz- Eres mío, nunca vas a poder escapar de mi, voy a estar siempre aquí, en tu mente, nunca me voy a ir...- Un escalofrío de puro terror le sacudió con solo recordar aquella voz, la voz de sus pesadillas.

-¡ÁBREME!- Al final los golpes de Vincent hicieron ceder la puerta, pero su rabia se esfumó al observarle acurrucado en sí mismo en una de las esquinas de la habitación mientras su cuerpo temblaba, aquello no era lo que esperaba ver, se acercó con rapidez a su lado, la preocupación le estaba matando, sabía que Antonio estaba al borde de la locura y aquello podía ser un punto de no retorno.

- Mátame, soy un monstruo- Aquello le pilló por sorpresa, nunca había visto a Antonio de aquella manera tan destrozada.

-¡ Soy un asesino, mátame!- Notó como colocaba sus manos sobre si y con desesperación le intentaba zarandear, pero no podía ejercer fuerza debido al mareo que se había instalado en él a causa de las pastillas.

- ¿Me odias?- Los ojos esmeralda impactaron con fuerza en él que brillaban a causa de las lagrimas que amenazaba con derramar, ahí supo con certeza que él no había matado a Paulo.

- No- Aquella respuesta pareciero tranquilizar por un momento al español que se encontraba en trance a causa de sus recuerdos y las propias pastillas.

- ¿Me perdonas?- Los sollozos ahora fueron audibles y algo se encogió en el corazón de Vincent, ver de aquella manera al español no le era para nada agradable, no podía ni imaginar que le habían hecho.

-Necesito saber que pasó- Antonio le miraba dubitativo, nunca había hablado a nadie de lo que paso aquel día, pero no supo si fue su locura, los medicamentos o su propia conciencia pero decidió contarlo.


Antonio entró seguido de su hermano en una pequeña sala a la cual les habían ordenado entrar, luego de ello oyeron como la puerta se cerraba con llave consiguiendo que todos sus músculos del cuerpo se tensaran y que cada vez aquella diminuta sala pareciese serlo más, rodeados solamente de cuatro paredes blancas, increíblemente blancas, como si aquella sala nunca hubiese sido utilizada con anterioridad, Antonio notó como la sensación de claustrofobia se apoderaba de él y un sudor frío empezaba a recorrerle la nuca, quería salir de allí, mejor dicho, necesitaba salir de allí.

Sus ojos recorrieron la sala queriendo encontrar los de su hermano en busca de ayuda consiguiendo el choque de ambas esferas esmeraldas, un choque de intensos sentimientos, una simple mirada donde se lo dijeron todo. Un todo irá bien que tanto necesitaba sentir.

Pero aquel efímero sentimiento de seguridad se esfumó de inmediato al ver encima de la única mesa de la habitación un revolver y dos sillas encontradas cara a cara. Sintió como la presión de la habitación entera le aplastaba impidiéndole respirar.

-Tomad asiento caballeros, el juego está a punto de empezar-Oyeron la risa de aquel hombre que tanto odiaban a través del altavoz pegado a la pared, también se dieron cuenta de la cámara que les estaba viendo.

Paulo respiró hondo intentando tranquilizarse pero no lo hacía por él sino por su hermano que sabía perfectamente cómo iba a terminar aquel juego macabro. Él mismo también lo veía venir pero no por ello iba a permitir que aquel sádico obtuviese lo que quería. Sí, estaba desesperado, quería salir de allí, huir lo más lejos y no volver nunca. Dejar la Central, dejar aquel maldito mundo, aquel pozo de desesperación que amenazaba con tragarse todo lo que tuviese delante sin la mínima pizca de piedad y en aquel momento estaban en el fondo del pozo quedándose sin aire, sin tiempo de llegar a la superficie y respirar, sabían que aquellos minutos podían ser sus últimos. Mejor dicho sabía que eran los últimos.

Pero se dio cuenta de ello totalmente cuando su hermano Antonio y él se sentaron frente a frente con aquel revolver en medio, notó la mirada desesperada de su hermano, como sus ojos brillaban más de lo normal debido a los nervios del momento junto con los temblores fríos que le sacudían y supo de inmediato lo que pensaba su hermano de la situación, al fin y al cabo el compartía la misma pero se permitió sonreír, una de aquellas sonrisas de todo irá bien.

-Quién gane el juego será libre, además no hace falta que lo explique estoy seguro que sabéis jugar a la ruleta rusa-Una risa insana se oyó a través del megáfono. Para ambos hermanos aquellas palabras fueron como dardos afilados atravesándoles la piel, sabían que en la ruleta rusa solo había un ganador y el perdedor moría, mejor dicho era obligado a suicidarse.

-Antonio, coloca la bala que hay al lado del revólver en él y gira el tambor de la pistola.-Otra vez aquella voz dando órdenes, el moreno no podía creer lo que estaba oyendo, su cuerpo no reaccionaba se había paralizado por completo, era incapaz de asumir aquella horrible situación, notaba como las gotas de sudor frió se deslizaban desde su nuca hacia el final de su espalda, consiguió mirar a su hermano por primera vez desde que habían entrado en aquel zulo el cual mostraba los ojos abiertos sin creer lo que había oído, desesperado por despertar de aquella pesadilla.

-¡No voy a colocar la jodida bala en el revólver! ¡ Se supone que la prueba era en equipo!-Un grito desgarrador salió de la boca de Antonio desesperado por el futuro eminente que les acechaba.

-Pero si la prueba es en equipo ¿Cómo vas a jugar solo? Además claro que vas a colocarla si no tanto tu como tu hermano moriréis, pero por supuesto antes jugaré un largo tiempo con vosotros y con todos esos amiguitos tuyos de la Central-Esta vez la voz fue fría, la voz de sus pesadillas.

-Antonio, coloca la bala. Alguno de los dos saldrá viva de esta y espero que seas tú-La voz tranquila y pausada de Paulo retumbó por toda la habitación, se había dado cuenta que no podían escapar del aquel juego, ninguno podía. Eso lo había aceptado desde que había despertado con los grilletes de las cadenas en sus muñecas y pies totalmente su merced, sabía que haber fallado aquella misión significaba aceptar la derrota y esta vez la derrota era la muerte.

-No puedo Paulo, no puedo. ¡No puedo ver arriesgar tu vida delante de mí! ¡Joder! Eres mi hermano. Por favor...-La voz de Antonio salió como un susurro roto por todas las emociones del momento que le habían llevado al límite. Ambos hermanos desnudaron sus sentimientos con una mirada, en los ojos de Antonio se acumulaban lágrimas que amenazaban con desbordarse de sus ojos, por otro lado los ojos vidriosos de Paulo no confirmaban una situación mejor.

-Voy a jugar porque es la única manera de salvarte de aquí-La actitud segura de Paulo se reafirmó cuando sin ningún abismo de duda y con una rapidez abismal, cogió el revólver, abrió el tambor que poseía seis agujeros vacíos, seis posibilidad de morir, guardó la bala en uno de ellos, giró el tambor , colocó el cañón de la pistola en su sien y jaló el gatillo.

Un grito desgarrador salió de la boca de Antonio seguido de un suspiro de alivio al ver que había tenido suerte y la bala no había sido disparada. Paulo le pasó la pistola a su hermano disgustado con sí mismo porque realmente quería haber terminado con aquello allí mismo.

Las manos temblorosas de Antonio cogieron la pistola, la levantó hasta la altura de su sien y miró con sus expresivos ojos esmeraldas marcados por él dolor de la situación y las lágrimas que ahora se desbordaban sin ningún pudor por la comisura de sus ojos a su querido hermano.

-Paulo...-Un susurró de suplica salió de los sabios de Antonio cuando apretó el gatillo de la pistola, Paulo cerró de inmediato los ojos al ver la acción del moreno, fue como un auto reflejo no podía simplemente ver aquella escena macabra, cuando los volvió abrir Antonio aún estaba vivo dejando tembloroso la pistola en la mesa.

Paulo volvió a coger la pistola con seguridad quería que aquella bala le volase los sesos o lo que hiciese falta, le daba igual si con ello su hermano sobrevivía, volvió a jalar aún más fuerte el gatillo desesperado porque la bala saliese de aquel revólver. Lo único que consiguió fue un audible ''click'' de la pistola pero sin rastro de su cerebro esparcido por la sala, sonaba desagradable pero la realidad había dejado de ser dulce para ellos hacía mucho tiempo.

La pistola volvía a estar en manos de Antonio, la mitad de los agujeros ya habían rodado y la bala estaba al caer. Antonio miró la pistola deseando que desapareciese y que todo fuese una de aquellas pesadillas que le atormentaban por la noche, pero esta pesadilla era demasiado real y lo sabía. Era su turno pero había algo que le empujaba a continuar adelante sabía que con el cobro de su vida la de su hermano era salvada, pero había otra razón más egoísta si su hermano moría y él vivía sería un peso que él no podría soportar así que con los dedos aún temblorosos volvió a apretar el gatillo. La desesperación se expandió por todo el cuerpo de Antonio al oír otro ''click'' sus ojos se abrieron de par en par, más de la mitad de los agujeros ya habían rodado.

Paulo seguro de sí mismo volvió a apuntar el cañón de la pistola en su sien, sonrío deseando que está vez sí que saliera la bala, sabía que la posibilidad era altísima y el destino le debía varios favores, aquella bala debería salir del cañón, pero no fue así y por primera vez en todo aquel tiempo notó la desesperación expandirse por su cuerpo, el sudor frío recorriéndole la espalda y los ojos brillantes abiertos de par en par afirmando que él destino le odiaba.

-No, no, no, no, no. ¡Joder esto no puede estar pasando!¡Maldito hijo de puta sácanos de esta mierda! No puedes, no puedes, arrebatarme la vida de mi hermano...-Las lágrimas caían como cascadas de sus ojos y la presión de la habitación le aplastaba como no lo había hecho nunca, las cuatro paredes de aquella pequeña habitación amenazaban con hacerse aún más pequeñas y aplastarle, la hiel se acumuló en su garganta y el respirar con normalidad se le hacía imposible.

-Hermano has ganado, habían seis agujeros y una bala, la pistola a rodado cinco veces así que el próximo dictará mi muerte, por favor dame la pistola.-Dijo Antonio con las lágrimas aún surcándole la cara pero esta vez su rostro fue adornado con una sonrisa sincera. Paulo no se movía estaba totalmente en shock absorto en su mundo ya que le era imposible asumir aquella información. No quería asumirla.

-Paulo por favor dame la pistola. Te quiero y siempre lo he hecho, quiero que seas feliz sin el lastre de tu hermano.-La voz de Antonio surgía como una melodía hipnotizante de su boca llena de sentimientos mientras colocaba su mano sobre la de su hermano que aún sujetaba con fuerza la pistola. Aquel cálido contacto le hizo volver a la realidad y por última vez volvió a mirar con confianza a su hermano. La cara de horror de Antonio fue grabada a fuego en la mente de Paulo.

-Antonio te quiero más que a nada en este mundo. Por favor no estés triste, quiero que muestres tu hermosa sonrisa. Perdóname. Te quiero.- Y sin previo aviso de un empujón quitó la mano de su hermanó el cual tras darse cuenta de sus intenciones se levantó de la silla gritando desesperado con la esperanza de detenerlo, pero no pudo impedir la última sonrisa de Paulo, la más hermosa que había visto nunca ni aquellos ojos seguros de sí mismo. Cuando oyó el disparo supo que todo había terminado, la sangre se escurría por su cara mientras un grito desesperado salía de su boca, un grito con el cual se marchaba toda la humanidad existente para él. En aquel momento supo que él también había muerto en aquel lugar.


¡Vamos descubriendo cosas del pasado de Antonio!, ya queda poco para descubrir todo este embrollo

Muchas gracias por los reviews!

Guest1: Espero que se te guste este capi y pronto habrán más confesiones :D

Chic: Vincent es malisimo con Antonio jajajaja, pero lo hace con buena fe (?)

Myyako Hyuuga1912: Gilbert es un enigma en esta historia pero no te preocupes que pronto habrá más información :D y pobre Lovi ahora que quiere tomar las riendas se enterará de muchas cosas !

Guest2: ¡Graciaaas!, esta historia es tensión total a veces me da hasta pena las cosas que escribo... xD

Guest3: GRacias por contestar, he tardado pero he actualizado!

Aditrevrep: ¡Oh , que rebeldeee! jajaja, yo también hacia cosas así en clase, ¡Buena teoría!, dentro de poco sabrás si estás en lo cierto :P

july D: Gracias por la magia :DDDDD! me hacia falta! ;D

Espero actualizar pronto :D

¿Reviewwws? Me motivan muchísimo a continuar jajaja, besoooos