Esto es una atención especial a ustedes, que me han hecho sentir que lo hago bien y que les gusta. Es la tamaña sorpresa, muchas gracias.

Maye, como siempre, sin ti, nadie habría llegado hasta aquí.


Capitulo Dieciséis

—Ha sido un plan de mierda desde el principio y me recrimino a mí mismo por haberlo sugerido, y peor, haberlo seguido —dijo enojado Hugo Weasley en la entrada del gran comedor.

James tenía demasiado estilo como para hacerle muecas para que se callara, pero ganas no le faltaron.

—Hugo, tu eres el chico listo, si el plan no te gustaba desde el comienzo, haberlo dicho —comentó el pelirrojo ya algo irritado, su primo era un nerd muy pesado.

—Creo que el problema radica en que no hay plan —sentenció Lily.

—Hay plan, lindura, solo que ustedes son los peores colaboradores que me pude pillar, seguro que si le hubiese pedido a Rose, ella ya lo tendría bailando a lo Village People —rebatió James, ya abiertamente enfadado.

— ¿Por qué no le pides ayuda a ella ahora, genio? —Preguntó Lily, algo ofendida.

— ¡Me mandó al demonio! —Dijo James, hastiado.

—Aun no entiendo tus argumentos para jugar de celestina con Albus y Evan —apuntó Hugo.

—Sin nombres —masculló James, lo último que quería era que todo ese cuento se filtrara tipo cotilleo de pasillo.

Estaba cansado, toda esa tontería había gastado demasiado de su tiempo en análisis y pensamientos abstractos, cosas como "¿Por qué es mi problema donde la remoja mi hermano?" se mezclaban con "Soy el peor hermano del mundo, seguro cree que le pego si me entero". A ratos las ganas de escribirle a su padre por consejo le carcomían las entrañas, y no por que viera al viejo Harry Potter como una fuente inagotable de buenos consejos, sino porque sería agradable compartir la angustia de ser un negado en cuando a inteligencia emocional.

Detestó el que su familia dedicara más tiempo a hablar sobre deporte que de aceptación de la diversidad sexual. Ahora entendía por qué tío Charlie se había largado tan lejos y hace tanto tiempo.

—Solo digo que sería mucho más fácil traer a Albus y decirle que le aceptamos, como aceptamos a Rose con su mal carácter y demencia feminista —dijo Hugo, resignado. James lo entendía, Hugo era muy lógico y frío, seguro ya había descubierto que estaban comportándose como idiotas.

— ¿Y si se ofende? —cuestionó Lily, que se acercaba más a la corriente de pensamientos de James, muy torpe e infantil.

— ¿Por qué lo haría? —dijo Hugo.

—Está bien —concedió James, quien siempre había pensado que ante los problemas de la vida, pues toma el camino fácil guapo, ponle gasolina y apechuga. No entendía por qué ahora se estaba ahogado en un vaso de agua.

Su hermano era gay, meh, bien por él, uno menos en la competencia por chicas guapas ¿Le gustaba el musculitos de Evan Chandler? Perfecto, si estaba de la mano de James, feliz apoyaba la noción de al menos sobajearle. Fácil.

—Fácil —agregó finalmente el mayor de los Potter, algo sorprendido de lo difícil que había sido llegar a tan sencilla solución.

—Igual creo que no se ven bien juntos —comentó Lily, casi a la nada— ¿Por qué no se fijó en Scorpius, que es como suuuuper lindo?

—Agradezco que James no esté entendiendo de lo que estás hablando — le dijo Hugo sonriendo.

James efectivamente estaba feliz, prestando nula atención a su hermana. Al fin había descifrado el enigma. Las ganas de escribirle a su padre crecieron.


Scorpius estaba cansado, aburrido, colmado, hastiado, agotado y cuantos sinónimos existieran, de las dotes de Albus Potter como Cupido.

De formas milagrosas había conseguido que los otros dos chicos del entrenamiento extra no fuesen a esa clase, y ahora estaba entrenando solo con Evan, que encima, no estaba siendo exigente.

— ¡Malfoy! tienes que concentrarte, mira mis pies y la pelota, los dos a la vez —dijo el chico del otro lado de la cancha, después de un pique muy pobre por parte de Scorpius.

Scorpius decidió que no por nada era así de pálido, así que como su elegante madre le enseño cuando iba en primaria, fingió un mareo, tirando la raqueta al piso y todo. Tenía a Evan trotando hacía él en un segundo.

—Lo siento, llevamos mucho tiempo entrenando, igual el sol pega —fue la disculpa del chico, cuando llegó hasta el rubio y le palmeo la espalda, Scorpius quiso apuntar que era noviembre, pero se guardó todo comentario— Vamos a las bancas —agregó, arrastrándolo.

Terminaron tomando bebidas hidratantes con propiedades mágicas.

—Siento ser tan deficiente —dijo Scorpius pasándose los dedos por el cabello. Estaba húmedo, seguro lo tendría todo apelotonado en la frente.

—No eres deficiente —dijo Evan lleno de risa, quien con pelo apelotonado y todo se veía increíble—. Yo a veces me pongo muy fanático con esto, ya sabes, es lo único que sé hacer bien.

Scorpius le sonrió, le encantaba el Evan humilde, era dulce hasta decir basta, como Albus cuando se dormía profundamente.

Una sensación de pánico le ataco la tripa. Scorpius deseó que no se le hubiese notado— Estoy seguro que sabes hacer otras cosas —dijo, por decir algo, por mover la lengua y producir saliva a su boca seca.

Hubo un momento de silencio, pero Scorpius no fue capaz de definir si era agradable o tenso, su mente bullía por otras razones.

— ¿Crees en la experimentación sexual?

Scorpius casi sufre un desmayo real. Su madre habría estado orgullosa, siempre dijo que ser algo teatrero era parte del encanto de la nobleza.


Barry, como toda buena chica medio sádica, hizo entrenar aún más a Albus, quien ni siquiera se había dado cuenta que los cuarenta y cinco minutos de entrenamiento extra habían acabado hace veinte.

— ¡Suficiente! Ve a la duchas y libera un poco de energía mujer, me tienes agotado.

—Que lástima Potter, y eso que los rumores hablan tan bien de ti.

—Sí, sí, los cochinos rumores dicen que mi prima tiene los genitales atrofiados ¡Vete!

Barry le saco el dedo corazón y se fue risueña. Albus se lanzó al césped encantado para no estropearse aun con esas temperaturas. Estaba cansado y harto, los entrenamientos extras no eran entretenidos y Barry era algo agresiva para el gusto de Albus.

Cuando se levantó para ir a las duchas, lanzo una mirada a las chanchas de atrás, las que habían estado usando Evan y Scorpius. Sintió un cosquilleo de desilusión cuando no les vio jugando, pero un rápido análisis del lugar le dejo en claro que los chicos aun no se habían ido.

Sentados en una de las bancas de descanso, estaban los dos, conversando quizás un poco demasiado cerca. El pensamiento de Albus se dividió en dos, y mientras un lado gritaba el canto de la victoria, el otro había adoptado el tono de una veterana amargada por la falta de nietos.

Se quedó parado mirando, pensando y canalizando ideas. A lo lejos la conversación parecía amena, jajaja, jojojo, que buen saque y que bien te ves con el uniforme y ya tendrás el tuyo, o cosas así, seguro, porque más temas, no podían tener.

—No seas idiota, si por tu culpa han pasado un montón de tiempo juntos y a solas —dijo la voz de la veterana amargada.

Cuando la voz fue capaz de sembrar el suficiente azufre en sus pensamientos y sus piernas dijeron "a por ellos", Evan hizo algo horroroso, lo que cualquier adolescente enloquecido por hormonas y similares haría.

Se inclinó hacia Scorpius.

Albus no tenía binoculares en los ojos, y además desde su posición era difícil asegurarlo, pero estaba casi, casi, casi mil seguro, que eso era un beso. O un roce de labios, o algo.

En menos de medio segundo, estaba corriendo como energúmeno a por ellos, dispuesto a convocar el apocalipsis con tal de cortar tal escena.

Era una falta gravísima a la moral - de Albus - y las buenas costumbres - del que sea -, y por eso había que detenerlo, pero ya.


Continuara-