Yey! Mil gracias por todo, en especial por seguir leyendo.
Quien comento como guest(Hokuto): OMG jamás se me habría ocurrido. Creo que... (cortocircuito).
A mi musa, Maye. Y todos los que dejan su marquita, muchas gracias.
Capitulo Veinte
Cuando Rose terminó de escuchar a James, le miró como si fuese un alienígena. No era muy propio de Rose, quien luchaba constantemente contra el lenguaje corporal y como este hacía que algunas personas se sintieran discriminadas.
Lo bueno es que James no se había sentido discriminado en su vida.
Así que, la mirada de Rose, sí, algo lo perturbaba pero ni tanto.
—Es una estupidez —sentenció la muchacha, y James vio la cara de triunfo en Hugo. El chico lo había predicho.
—Rose, piensa con calma...
—No James, piensa tú con calma ¿Albus gay y encima enamorado del sopla mocos de Evan Chandler? ¿Estás demente?
— ¡Rose! Nos hemos fijado mucho, no hay otra explicación —dijo Lily rápidamente, James secundo al instante.
—No, solo se han dejado llevar por un montón de prejuicios tontos —dijo Hugo con el hastió latente en cada palabra.
—James —dijo Rose, mirándolo sería—, estas mal —sentenció. Se cruzó de brazos y no dijo una palabra más.
—A ver, chica lista ¿Por qué no me iluminas con tu enorme intelecto?
—Mira, Albus si ha estado actuando raro, pero no es porque le guste Evan...
—Entonces, si le gusta alguien —intervino Lily, llena de un extraño interés.
Rose guardó silencio, se lanzó un par de miradas con Hugo, y no dijo nada.
James detestaba que sus primos fuesen tan listos, y encima tuvieran esa bizarra forma de comunicarse.
— ¿Cómo le haces para oler tan bien en las mañanas?
—Bueno, es la magia de bañarse seguido, Potter.
Albus estalló en carcajadas. Tenía un poco de resaca, pero era poca, Scorpius le dio poción fortificada, y ahora solo se sentía con un poco de sueño. Seguían acostados en la cama de plaza y media del rubio, era sábado por la mañana y afuera hacía una linda tormenta de nieve.
—En serio, Potter, que lindo gesto el venir a visitarme, pero ¿No puedes venir a horas más decentes? —Preguntó Scorpius, sonriendo, y Albus no lo podría encontrar más guapo ni aunque se esforzara.
Quería contarle que el día anterior estuvo a punto de hacer una idiotez sin siquiera querer hacerla, que se arrepintió a último momento, se sintió asquerosamente solo y la idea de verlo palpitó en su pecho como una necesidad primordial. Que llegó al castillo algo borracho, se fue dando tumbos a las mazmorras y no fue descubierto solo porque el celador se había dormido en su oficina de enormes ventanales. Quería reconocer que sintió ganas de llorar cuando no lo encontró, y que solo fue el aroma de sus almohadas lo que logró consolarlo.
Sí le pudo contar que no lo sintió llegar, y que eso de abrazarlo fue de manera autómata.
—No sabía que te iba eso de abrazar la almohada —comentó Scorpius, en tono de broma. Albus quería decir algo gracioso, y lo quería decir ya, pero no le salió nada. Había algo obsceno en la broma y Albus no quería reconocerlo.
Se hizo un silencio tenso. Scorpius se giró, ahora estaba de lado, Albus podía verle el rostro somnoliento de frente, le veía los pómulos y el puente de la nariz, se le secó la lengua.
—No voy a ayudar más —dijo, y aun que no quiso, sonó solemne Con Evan Agrego.
Scorpius le miró serio por medio segundo, y luego sonrió— ¿Ayudar? ¿Ayudar a qué, si tú solo molestas, Potter?
Albus miró las mantas que rodeaban el pecho de Scorpius, y tuvo la impresión de que era un punto tibio. Le entraron ganas de enterrar la cabeza allí. No quería hablar del asunto, solo quería decirlo. Scorpius pareció entenderlo, porque solo dijo— Gracias, así es mejor —y no hablaron más del tema.
Se preguntó si Rose llegaría en algún momento y si sería correcto pedirle a Malfoy quedarse allí el siglo completo. Las mantas estaban tibias y el aroma lo tenía relajado a un extremo alarmante.
—Ayer estuve con una chica —dijo, y quería sonar fanfarrón, como cuando comenzaron esa extraña amistad y le contaba a Scorpius de sus conquistas. Sintió que sonó a disculpa.
Scorpius hizo un sonido de asentimiento, y movió la cabeza. Sacó los brazos de las mantas, y los apoyó entre ellos, como un muro improvisado en el escaso espacio que tenían.
— ¿Y? —Preguntó el rubio, Albus se dio cuenta de que se quedó demasiado tiempo en silencio.
—Quería tener sexo conmigo —dijo, y no supo cómo imprimirle confianza a sus palabras. Sintió que estaba delatando un delito.
—Es que eres tan guapo, como no entenderla —dijo Scorpius, y sonó a guasa. Albus tuvo ganas de gritar.
—Era mayor, se llamaba Ann —agregó Albus, peleando con su inconsciente para lograr derrocar al chiquillo meón que invadió sus pensamientos—. Sus senos no me cabían en las manos —agregó.
Scorpius sonrió, y Albus sintió decepción cuando percibió que era una sonrisa genuina.
"Claro, no hay celos para Albus" se dijo a sí mismo, y de haber podido, habría hecho un puchero.
Scorpius hacía preguntas sucias, y Albus se percató de que el chico creía que sí tuvo sexo con Ann, y él no fue capaz de desmentirlo. Algo en su pecho se sentía más confiado así.
"No me voy a dejar alejar, Malfoy, me voy a quedar aquí, porque descubrí que tengo un cuelgue y es serio, y si te alejo de mi mientras esto esté en mi pecho, seguro me vuelvo un amargado, y eso no me gustaría."
Decidió que ese sería su nuevo mantra. Scorpius estiró las manos y tiró de las mejillas de Albus, le gritó— ¡POR QUÉ ERES TAN FEO! —y Albus agradeció que el resto de los chicos de la habitación ya no estuvieran. Pasaban de las once de la mañana y ninguno tenía intención de levantarse.
Lo único que logró moverlos fue Rose, que llegó como un huracán, se desinfló como un globo cuando los vio acostados, y terminó entre ellos.
—Traidores —dijo la muchacha, y sonó falsamente herida , Ustedes aquí y yo escuchando las sandeces de James, no es justo.
No duraron mucho, en veinte minutos ya estaban de pie para bajar a comer.
—Y bueno guapos ¿Qué van a hacer para la fiesta de fin de año? —Preguntó la chica, cuando iban de camino al gran comedor.
—No sé, quizás me emborrache y me vaya a montar un unicornio al bosque prohibido —Dijo Albus, porque no quería hablar en serio de un estúpido baile que no podría interesarle menos.
— ¿No vas a ir? —Preguntó Scorpius.
—Sí, anda —dijo Rose, les miró de lado y agregó—. Me confesare a Luke.
Scorpius dejó de caminar y tenía los ojos tan abiertos, que Albus temió que se salieran de sus cuencas.
— ¡¿Qué?! —Preguntó, y Albus les miró con curiosidad. Rose vivía en los brazos de Luke, no entendía la sorpresa del rubio.
—Sí, Malfoy, creo en el amor libre aun, pero quiero que sepa que lo quiero a él.
Albus vio cuanto flipó Malfoy con la noticia, casi lo tuvo que arrastrar al gran comedor.
—Seguro esa noche se confiesa la mitad del colegio.
— ¿Tú no, campeón? —Preguntó Scorpius sonriendo, ya saliendo del pasmo que le causó la noticia de Rose.
—Meh —dijo, pero su mente grita un "SI" tan alto, que casi le deja sordo por dentro. Como si eso fuese posible.
—Tú, Scorpius, no hagas planes —dijo Rose, y Albus casi se desnucó de lo rápido que giró la cabeza para mirarla—. Estaba corta de fondos, y pues, las chicas estaban muy pesadas, así que te rifé —dijo, segura y sin pausas. Parecía estar diciendo el clima.
— ¿Otra vez? —Preguntó Scorpius, y parecía genuinamente hastiado.
Albus se guardó media docena de preguntas, no quiso parecer muy interesado, pero la que más fuerte latía era ¿A cuánto?
Continuaron de camino al gran comedor y Albus no supo si era verdad, hablaban de una vieja rifa, de un beso, de una juerga en la fiesta de fin de año, del año pasado y un baile en tanga.
Ya estaba buscando las formas de comprar todos los números de la cochina rifa, cuando sintió una tenaza tomar su brazo. La tenaza resulto ser la mano de Rose, quien susurro Sigue caminando.
Albus miro hacia atrás, y se fijo en como Evan se había acercado a Scorpius y le estaba hablando. El rubio miraba a su captor algo ido y Albus sintió como sus tripas ardieron. El tontorrón de Scorpius se había sonrojado y todo. Albus se planto de golpe, pero Rose no le soltó.
No hagas tonterías Albus Dijo a modo de amenaza, para luego suavizar su voz, y agregar, Solo déjalos ¿Si?
Albus hizo el puchero más lastimero en su historia, y con la cabeza gacha se dejo arrastrar por una refunfuñona Rose hacía el gran comedor.
