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Y Maye, hermosa ella 3
Capitulo Veintidós
Cuando Scorpius dejo de reír, le dolía el estómago, la cara, las mejillas y la comisura de los labios. Hasta se había caído de la silla.
Miró a Evan y su cara de no entender nada y le volvió el ataque de risa. Después de un rato, el castaño estaba riendo también, el chico era de risa fácil, o más bien, fácil en general. Scorpius se había dado cuenta hacía mucho tiempo.
— ¿Quién cree esa tontería? —Preguntó el rubio, cuando logro hablar.
— ¿Tú no lo crees? —Cuestionó Evan algo flipado.
—Noooo —Scorpius afirmó su negación con vehemencia—. Enserio ¿A quién se le ocurrió?
Evan se sonrojó, sin dejar de sonreír— A un montón de tontos —dijo en voz baja, mirándose los zapatos.
—Como yo lo veo, Albus tiene tantas posibilidades de ser gay, como yo de volverme punk —dijo el rubio seguro y risueño. Evan pareció más tranquilo.
— ¿Estás seguro?
Scorpius asintió, sonrió, le tomó el hombro a Evan y volvió a afirmar— Muy seguro ¿Cuáles fueron tus bases?
—Bueno, estuvo haciendo preguntas muy raras —uy, Scorpius sintió la culpa trepar por su espalda, eso fue por él—. Y está eso de buscar los motivos más idiotas para estar juntos...
— ¿Y eso que tiene que ver? —Atajó Scorpius, ya asustado de la siguiente afirmación.
Evan le miró, se mordió los labios, abrió y cerró la boca media docena de veces y dijo, con una voz apenas audible— Creo, o creía, que le gustaba.
Eso a Scorpius no le saca risa.
La culpa ya no solo le trepó a la espalda, sino que llegó a su cabeza y comenzó a comerse sus sesos sin mucha ceremonia.
—Ah —dijo Scorpius, asintiendo varias veces. Se preguntó en qué momento todo se enredó tanto— ¿James y Lily creen lo mismo? —Preguntó, y cuando Evan asintió, suspiró con fuerza.
Había muchas opciones.
Podría haber dicho la verdad, que el interesado era él, y que Albus quiso ser buen colega y ayudarle.
Podría haber dicho que Albus le estaba ayudando a alguien que si estaba interesado en Evan.
O, podría haber dicho que Albus estuvo probando drogas nuevas y quizás anduvo raro, pero seguro ya se le pasó, porque no le quedaba dinero para comprar más.
Decanto por la última, con quince años, las decisiones más incorrectas siempre se ven sabrosamente correctas.
—Dile a los demás que se calmen, Albus no es gay, ayer mismo se acostó con una chica mayor, así de "no gay" es ¿Entiendes?
Evan dudó medio segundo y luego pareció iluminarse como una supernova. Se veía tan aliviado, que cualquiera creería que Scorpius le quitó las hemorroides.
Le dio las gracias y todo.
Cuando el castaño se fue, Scorpius se sentía extrañamente vacío.
¿Albus gay? Que menuda tontería.
Después de un rato se dio cuenta de ya no le pasaban cosas con Evan, era capaz de tener una conversación muy cordial con él sin sentir que se le iba a escapar el corazón.
Cuando llegó al gran comedor y visualizó a su grupo en medio segundo, Albus tenía la cuchara en la mano, suspendida en el aire. Seguro Rose le dijo algo horrorosamente impactante, como que el herpes si existía en el mundo mágico.
Cuando se sentó junto a Rose, justo en frente de la divertida mirada de Luke y junto con el desencajado rostro de Albus, se preocupó.
— ¿Pasó algo?
— ¡NO! —Albus gritó tan fuerte, que toda la mesa se le quedó mirando. El chico se puso de pie como propulsado desde el trasero, mirando a todos lados— Merlín, que llena está esta mesa, mejor despejo el área —dijo, y se fue a sentar en Ravenclaw, justo en la zona de primer año. Las chicas se sonrieron unas a otras y le llenaron el plato de comida, derrochando felicidad por tener a un chico guapo y mayor sentado con ellas.
— ¿Qué pasó? —Preguntó Scorpius, sin dejar de mirar al moreno que le daba la espalda a escasos metros.
—Albus no es muy bueno recibiendo noticias —comentó Luke, risueño— Es un chico adorable —agregó.
—Es un tarado —contradijo una tajante Rose, que a diferencia de Luke parecía enojada.
Scorpius se preguntó si a ellos también les llegó el absurdo rumor. Quizás Albus se enteró de que sus hermanos le creían gay y por eso se largó. Scorpius se sintió un poco preocupado ¿No se iría a alejar de ellos, los raritos, por eso? ¿O sí?
Miró nuevamente la espalda del moreno. Llevaba el mismo polo negro de letras rojas, las que decían "Potter", el mismo que le vio el día que conversaron mientras corrían, cuando comenzó esa extraña relación, hacía tan poco y a la vez, tanto tiempo.
Los pensamientos de Albus eran un hervidero. Una cosa era tener una idea, una sensación, algo etéreo y sin nombre, flotando entre consciente e inconsciente, y otra cosa era que la bruta de Rose Weasley viniera y te lo restregara en la cara. Y que encima te recriminara por no haberte dado cuenta.
No, si Rose es bruta con ganas y alevosía.
Miró su plato repleto de comida y como las chicas a su alrededor le sonreían. Su abuela siempre le dijo que no se debe rechazar la comida, así que comenzó a comer, masticando con fuerza y todo, pero sin ganas.
Estaba tan concentrado en entender sus pensamientos, que no notó a Scorpius sentarse a su lado. Menos notó como las chicas de Ravenclaw casi mueren de la felicidad.
—Oye ¿planeas comenzar cacería de chicas en cursos menores? —dijo una voz, y Albus tardó como mil segundos en notar que era la voz de Scorpius. Exclamó de forma poco masculina.
— ¿Qué haces aquí? —Preguntó cuándo se cansó de parecer un pelmazo.
Scorpius estaba almorzando con calma, miró a Albus de lado, se alzó de hombros, tragó la comida y se limpió los labios, antes de decir— Seguro Rose te dijo algo traumático ¿no?
Albus negó con suavidad— Nah, solo me mostro algo obvio.
Ya estaba, la tosca de su prima tenía razón, Scorpius no era solo su confusión adolescente, su cuelgue extraño, sus tirones de entrepierna y las manos sudadas. Era más que eso. Albus se recriminó el ser tan negado consigo mismo.
Claro que estaba enamorado de Scorpius Malfoy.
Le miró de perfil. Scorpius cortaba las verduras sin dejar de sonreír a las chicas que le seguían dando de comer. Miró el flequillo rubio que caía sobre la oreja del chico y se sintió patético, porque quiso ser ese flequillo y rozar por siempre jamás el borde de esa oreja.
Qué extraño, nunca había pensado en las orejas como zonas erógenas. Nunca había pensado en un chico con sus zonas erógenas y todo, como pensaba en Scorpius, la verdad fuera dicha.
Y lo cierto era que, en el último tiempo, no había dejado de pensar en Scorpius.
Si Rose, que era rarísima, se iba a declarar en el estúpido baile de navidad a un chico que probablemente no tenía genitales, él tenía todo el derecho de declarársele a Scorpius (evitando pensar en si tiene o no genitales). Se preguntó si las flores serían un buen detalle y si tendría posibilidades de ser besado. Se preguntó si ganaría puntos por teñirse de castaño.
— ¿Te vienes al baile conmigo? —Preguntó Albus, y quiso sonar despreocupado, que Scorpius lo sintiera despreocupado.
Scorpius estaba comiendo, nunca hablaba con la boca llena, así que con un movimiento de cabeza y ruiditos guturales, aceptó.
Albus le sonrió son ganas.
Ya te sacare yo otros ruiditos.
Sería una noche cojonuda, siempre y cuando lograra desarmar eso de la estúpida rifa.
También le tenía que escribir a su padre. Este le pidió que avisara si hacía alguna tontería, para estar preparado para la nota dominical del profeta. No quería ser ególatra, pero creía que algo podría salir publicado si uno de los hijos de Harry Potter salía del armario, para encima, declararse al único hijo de Draco Malfoy.
Mirando el perfil de Scorpius, se preguntó cómo reaccionaría.
Ojala al menos me deje quedarme junto a él durante el baile.
Continuara-
