Hetalia y sus personajes pertenecen a Hidekaz Himaruya

Adaveriencia: Algunos OC's

Oc de México/Isabel Hernández Aragón me pertenece


Y con esto se da un comienzo

- Parte 2 -

- ¡Matthew, Arthur!, ¿no les emociona?, ¡tenemos una nueva casa!. - A Alfred le brillaban los ojos por la emoción, por poco y se encontraría brincando en su asiento.

- Si tu lo dices, Alfred. - Arthur solo se le quedaba viendo a la casa. Debido a que era el mayor, seguramente su madre lo obligaría a bajar todas las cosas del camón de mudanzas.

- ¡Vamos Matthew!. - Alfred ya no podía aguantar mas por la emoción y no tuvo mas opción mas que pasar por las piernas de Arthur para poder bajar del auto.

- ¡AGH!, ¡Alfred!, ¡¿qué es lo que te pasa?. Bloody hell, ¡me dolió!. - Para desgracia de Arthur, a Alfred le importó poco y terminó pisando las piernas de su hermano.

- ¡Lo siento Arthur!. - Alfred ignoraba los reclamos de su hermano mientras corría por el jardín de su nueva casa.

- Alfred, espera. - Matthew bajó del auto, decidido a seguir a su hermano en el jardín, e involuntariamente ya se encontraban ambos jugando a las atrapadas.

Arthur, Daniel y Alice decidieron bajar de la camioneta para ver mejor su nueva casa. La casa era grande, y el barrio parecía muy tranquilo y cómodo, perfecto para crecer en un ambiente familiar. Arthur dedicó su mirada en la calle de enfrente, y una expresión de enojo se mostró en su cara, enfrente de su casa se encontraba la vivienda de los Bonnefoy, ahora el pobre inglés sería el nuevo vecino del Francis. Arthur suspiró, ahora iba a convivir aun más con su insoportable primo.

- Que raro... parece que Bernard y Francine no están en casa. - Exclamó Alice, quien dirigía su mirada hacia la casa de su primo.

- Bueno, recuerda que los las 11 de la mañana. Bernard y Francine en este momento están trabajando y Francis está en la escuela. - Daniel bajaba algunas cajas de la cajuela del automóvil, y las llevaba a la entrada de la casa.

- Tienes razón. -

- ... Madre, Daniel, ¿y el camión de la mudanza?. - Arthur preguntó, mientras se recargaba en el automóvil.

- Venían detrás de nosotros todo este tiempo, no deberían estar lejos... ah, mira, está ahí. - Daniel señalaba a su hijastro hacia la esquina de la calle, y se podía ver como un camión de mudanzas se dirigía hacia ellos.

- Hijo, necesito que nos ayudes a mi y a Daniel a bajar las cosas del auto y del camión. - Alice comenzó a ayudar a su esposo a bajar las cajas que se encontraban en la cajuela del auto.

- ¡Ya sabía que me tocaría esa tarea!. - Arthur frunció el cejo, al él siempre le tocaban las tareas pesadas.

- No digas nada Arthur. Si tanto dices que eres un caballero, ayuda a tu madre a bajar el resto de las cajas y a bajar los muebles pequeños del camión. - Alice le daba un par de cajas a Arthur y le indicaba que las pusiera cerca de la entrada.

- ... Maldita sea. - Murmuró Arthur mientras seguía las indicaciones de Alice.

- Yo iré a abrir la casa, espera hijo. - Daniel apresuraba su paso para poderle abrir a su hijo la puerta de la nueva casa.

- Y nosotros en qué podemos ayudar, mamá. - Alfred cuestionó, mientras él y Matthew se acercaron a su madre, ya habían dejado de jugar y querían ayudar un poco con la mudanza.

- Ustedes 2 no nos tienen que ayudar, jueguen un rato en el jardín y cuando terminemos de bajar todo y de acomodar los mubles, los llamaré a ambos para comer un postre. ¿Les parece bien?. - Alice les acariciaba la cabeza de cada uno tiernamente, y les dedicaba una dulce sonrisa.

- Está bien, mamá. - Matthew le respondió. Se giró a ver a su hermano, y se dió cuenta de que este tenía una expresión de puchero.

- Está bien. - Finalmente,. Alfred contestó.

- Me alegro, los veré en un rato mas. - Y con esto, Alice tomo las cajas que había dejado en el suelo y entró al interior de la casa, dejando a los gemelos solos en el jardín.

- ... -

- Alfred, ¿a qué quieres jugar?. - Le cuestionó Matthew a su hermano mientras se sentaba en el pasto.

- No lo sé... - Alfred acompañó a Matthew, sentándose al lado de él en el césped del jardín.

- ¿Y si jugamos otra vez a las atrapadas?. -

- Nah, ya estoy muy cansado como para correr otra vez. -

- Si, yo también.

- ... -

- ... -

- ¡Ya lo sé!. Matthew, ¿y si exploramos el vecindario un poco?. - Alfred se puso de pie emocionado, ante la gran idea que había pensado.

- No lo creo. ¿No crees que mamá y papá se molesten si nos vamos?. - Matthew se apegaba mas a su osito blanco, pero miraba atentamente a Alfred.

- Yo no pienso eso si se molestan. Papá me contó hace unos días que los suburbios son mucho mas seguros que la ciudad. Entonces, ¿qué me dices?. -

- No, no quiero. Aun no estoy seguro de que esta sea una buena idea. -

- Bueno, yo iré a la calle que da la vuelta hacia allá. Si me quieres seguir, ya sabes en donde estaré. - Alfred señalaba con la mano hacia a donde se iría, y después dejó a Matthew solo en el jardín.

Ya veremos como le irá al pequeño héroe.

( ≧ヮ≦)

Alfred seguía caminando a través del vecindario, ignoraba cuanto tiempo y que distancia llevaba caminando, pero sabía que ya llevaba un buen tiempo lejos de su casa. Además, el calor se estaba volviendo insoportable.

- Que calor hace. - Dijo Alfred mientras miraba el cielo, el cual estaba limpio de nubes, por lo que el calor salía a relucir con mayor facilidad.

Alfred decidió cambiarse del lado de la calle hacia el otro, pues este tenía mas árboles de su lado, y por lo tanto, tenía mas sombra. No cambiaba mucho de rutina durante su trayectoria, se cambiaba al lado en el que había mas sombre, pateaba la piedra o la lata que se encontrara en su camino, miraba el cielo por un buen rato, se detenía a ver las casas, cuando terminaba una calle daba vuelta hacia la derecha o hacia la izquierda, en fin.

Después de un rato, Alfred llegó a un pequeño parque, el cual tenía muchos árboles y juegos para niños en el, pero no había nadie. El rubio tomó la oportunidad de descansar tranquilamente sin ser molestado, pues ya se encontraba muy cansado como para seguir caminando.

- Buah... estoy demasiado cansado como para seguir. No entiendo como las personas que salen a caminar todas las mañanas lo pueden disfrutar sin cansarse. - Se dirigió hacia un frondoso árbol, y se recostó en el tronco sentándose en las raíces de este.

Todo estaba muy tranquilo, y solo se podía escuchar el canto de los pájaros que se posaban en las ramas del árbol. A Alfred le empezaban a cansar los ojos y estaba dispuesto a tomar una pequeña siesta... hasta que...

- ¡Auch!, ¿pero qué?. - A Alfred le había caído algo duro en la cabeza, y con su vista empezó a buscar el objeto que lo había lastimado. - "Ciencias 6°", ¿qué rayos?. - El objeto que le había caído en la cabeza era, precisamente, un libro escolar, decidió dirigir su mirada hacia arriba, y se sorprendió por lo que veía.

Era una niña, una pequeña niña que parecía de su misma edad que estaba dormida en una de las ramas bajas del árbol. Tenía la tez bronceada, cabello largo y ondulado suelto color chocolate y un vestido de día color blanco.

- U... ¿una niña?... ¡o-oye!, ¡niña!, ¡despierta!. - Alfred comenzó a gritarle a la extraña niña para poder llamar su atención. Alfred empezaba a preguntarse quien era ella y que era lo que hacía en ese árbol.

- ... ah... ¿qué?... ¿quién eres tú?. - La extraña niña por fin se había despertado de su sueño, y abría lentamente sus ojos, los cuales demostraban unos ojos a juego con su color de pelo, mientras le dedicaba una mirada curiosa al niño que la acababa de despertar,.

- ¿Qué es lo que estás haciendo en ese árbol?. -

- ¿Yo?... ¿lo que yo estoy haciendo aquí arriba?. - La pequeña se señalaba a si misma.

- Sí. -

- Pues... me dio sueño y trepé este árbol para poder dormir. - Ella ágilmente bajó del árbol para poder estar mas cerca de Alfred.

- Ya veo... hey... ¿acaso este libro es tuyo?. - Alfred alzaba el libro del suelo que parecía ser propiedad de la niña.

- Si... bueno... no. Ese es el libro de mi hermano, salí de mi casa solo para poder llevárselo porque el muy distraído lo dejó en casa. - Le contestó la niña, mientras tomaba de las manos de Alfred el libro.

- ¿Es por eso que estás fuera de tu casa?. -

- Si, pero me tuve que ir a escondidas porque no tuvimos clases en la escuela hoy y mis papás trabajan durante la mañana. -

- ¿Te escapaste?... espera... pero, ¿por qué tienes aún es libro de tu hermano?, ¿no deberías habérselo dado?. - Alfred se dio cuenta de ese pequeño dato, y se lo empezaba a cuestionar a la niña.

- ¿No crees que haces muchas preguntas?. - Le contestó bravamente la niña.

- Tranquila, solo preguntaba, ¿por qué te pones de esa forma?. - Le respondió el rubio, impresionado por la repentina actitud que había tomado la niña.

Lo que pasa es que... no recuerdo en donde queda su escuela y... - La pequeña se empezó a sonrojar, mirando hacia otra parte.

- ¿Y qué pasó?. - Alfred ya quería saber los motivos, y recibió una no muy grata respuesta.

- Estoy perdida... no se como volver a mi casa... y tampoco se donde queda la escuela de mi hermano o el trabajo de mis papás. - Le contestó la niña.

- ¡¿Estás perdida?!. - Exclamó preocupado Alfred, mientras miraba a los ojos a la niña.

- No es paras preocuparse, creo que pronto encontraré el camino de regreso a casa. - Le dijo la pequeña.

- Muy bien, solo te diré que te puedo ayudar. Me acabo de mudar y mi casa está por... - Le mencionó Alfred a la niña, pero...

- ¿En donde?. -

- ... ehhhhh... mi casa está por... está por... - Alfred se empezó a poner algo rojo y dirigía su mirada hacia la nada, parecía que buscaba respuesta.

- ... -

- ... -

- No me digas que... ¡¿tú también estás perdido?!. - Le preguntó sorprendida la castaña.

- No... lo que pasa es que... es que... creo que yo también me perdí. - Le dijó algo bajo a la niña, pero esta lo escuchó perfectamente.

- ¿Tú también saliste a escondidas de tu casa?. -

- Algo parecido, le dije a mi hermano, pero... mis papás están bajando las cosas del camón de la mudanza y no les dije que me iría a explorar el vecindario, pero ni yo sabía hacia donde me dirigía, solo caminaba, fue sorpresa encontrarme este parque y encontrarte a ti también. -

Ambos se encontraban pensando en su mente, los 2 se encontraban perdidos, ninguno sabía en dónde estaban y nadie aparte de ellos sabía que se encontraban ahí. ¿Qué era lo que podían hacer?.

- Oye, ¿qué te parece si buscamos juntos nuestras casas?. No creo poder encontrar la escuela de mi hermano, y supongo que será mejor para nosotros si buscamos nuestras casas. - Le sugirió la castaña, y esperaba una respuesta por parte del ojiazul.

- Me parece bien. Yo soy Alfred F. Jones, ¿cómo te llamas?. - Le preguntó Alfred, pues aun no sabía el nombre de la extraña niña del arbol.

- Me llamo Isabel Fernández Aragón, mucho gusto Alfred. - Isabel le dedicó una dulce sonrisa a su nuevo amigo. - ¡Muy bien Alfred, toma mi mano!. - Le dijo la castaña, extendiéndole una mano hacia Alfred.

- De... ¿de la mano?. - Le cuestionó Alfred

- Sí, de la mano. Siempre me enseñaron mis papás y mi hermano Antonio que debo caminar por la calle agarrad de la mano de alguno de ellos. Por lo tanto, iremos de la mano - Isabel no dejaba de extenderle la mano a Alfred.

- Está bien, de la mano. - Alfred le dirigió a Isabel una sonrisa amigable, mientras tomaba su mano.

Con esto, la búsqueda de sus hogares daba inicio.

( ≧ヮ≦)


Espero que les haya gustado este capítulo. Como les había dicho, el primer apellido de mi Oc de México es Hernández, pero en este fic se le he cambiado a Fernández, ya sabrán la razón.

Dejen un comentario diciendome que les pareció, o marquen fav o síganlo, no importa, solo ahagnme saber que están ahí.

Gracias por leer.