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Maye, ya sabes, te lo debo todo.
Espero les siga gustando, ¡saludos!
Capitulo Veintitrés
James se lanzó una mirada en el espejo de la habitación compartida de Gryffindor, se sintió muy conforme con lo que vio y decidió que era hora de salir a arreglar algunas cosas.
O mejor dicho, arreglar una sola cosa.
Albus.
Se fue escaleras abajo y escudriño los pasillos buscando a la torre humana que era su hermano. Nunca le perdonaría ser más alto que él, mierda de hermano menor.
En eso andaba, cuando la demente de Hannah Barry se le acerco sonriendo. Habían salido un par de semanas, pero Barry se puso un poco pesada y celosa. Y criticó su chaqueta de cuero, así que la relación no tenía como continuar.
—Eh, Potter —dijo la chica, con su usual falda extra corta, James se distrajo un segundo en eso—. Te tengo una pregunta.
James se le quedó mirando en silencio, apreciativo, Barry tenía esa extraña forma de ser, muy sincera y visceral. Y sus preguntas eran rarísimas.
—Uhm —dijo, quizás tenía suerte y Barry quería recordar cuando eran novios y se metían en el jardín de calabazas a desordenar las calabazas.
La chica pareció entender las ideas de James al instante. Sonriendo cambió de posición y se removió el flequillo con parsimonia— Atento guapo, esto quizás no te guste.
Barry también era un poco chismosa, la pobre.
—Ya ¿Ahora qué? Me vas a venir con el asunto de que no me puedo tirar a tus amigas ¿verdad? Pues dile eso a ellas también ¿no?
Barry se rió y todo.
—No es eso —dijo lentamente, lanzó una mirada a su alrededor, y se inclinó hacía James, quien le hizo el quite sin mucha elegancia—. Creo, que tu hermano está enamorado de alguien —dijo, en un susurro que contenía risa y deseos de chismorreo—, alguien que no es mujer.
James quedó medio pasmado. Se alejó y miró a la chica, sin esconder su sorpresa. Cuando se dio cuenta que eso había sido un error, fue tarde, porque Hannah Barry le miró con más sorpresa, junto las manos y exclamó satisfecha— ¡Lo sabía!
Cuando el idiota de James Potter lo quiso negar, fue demasiado tarde.
— ¿Qué si hay una rifa para estar con Scorpius Malfoy? —Preguntó en voz chillona Cindy, una de las fans más reconocidas del mencionado, quien exclamo más fuerte— ¡¿Donde?!
Albus la miró atento. Si Cindy, que babeada por Scorpius desde segundo año no sabía de la rifa, entonces ¿Quién? Le había preguntado a varias chicas que reconocía de los entrenamientos. Ninguna sabía nada. Cindy al parecer tampoco, porque estaba hiperventilando y todo.
— ¿No has escuchado nada parecido? —Preguntó Albus nuevamente, no sabía si podía confiar mucho del nivel de entendimiento de Cindy, en los entrenamientos solo sabía gritar y chillar sin mucho sentido. Miller la aguantaba porque era su sobrina. De eso Albus se había enterado hacía poco.
La chica se puso una mano en el pecho, suspiro con fuerza y exclamó— En tercero hicieron una rifa, Scorpius perdió una apuesta con Rose y querían comprar no sé qué tontería, y rifaron un paseo por los jardines con Scorpius, yo compré todos los números que pude, pero ganó Fanny Johnson —Cindy pareció molestarse, arrugó el gesto y dijo con voz apretada—. Le dio un beso en la mejilla y todo, la aprovechada esa —la chica pareció volver en sí después de varios insultos en voz baja y miró a Albus ilusionada— ¿En verdad la van a volver a hacer?
Albus se preguntó si se había puesto así de idiota por el amor, o siempre había sido corto de luces.
—Rose —dijo, y lo dijo con rabia.
Cindy preguntó unas cuantas cosas más, a Albus le costó trabajo deshacerse de ella y hacerle comprender que había sido un mal entendido.
La jodida, jodida de Rose le había tomado el pelo, seguro Scorpius le siguió la broma por costumbre, porque siempre le seguía las bromas, y después Evan se lo había llevado, pero Rose, la zorra de Rose Weasley no lo aclaró, solo lo dejo pasar porque sabía, sabía que Albus estaba interesado en Scorpius.
Maldita, desgraciada, infeliz Rose Weasley.
Albus rabió un rato y luego sonrió.
Su prima era una bruja calculadora sin remedio.
—Jo —exclamó— ¡Jo! —gritó, y luego le entró la risa, al final, todo era genial, por que Scorpius había dicho que sería su acompañante al baile y no habría nadie entre ellos.
Diciembre despuntaba con un montón de expectativas.
— ¡Albus! —le llamó alguien, y lo pilló de sorpresa. Esperó no tener mucha cara de idiota.
— ¡James! —saludó risueño, su hermano estaba a escasos metros de él y tenía cara de preocupación ¿otra vez con los hongos?
— ¿Podemos hablar? —Preguntó solemne, como si alguna vez hubiese preguntado si podían hablar.
—Claro —dijo Albus algo perdido, James no era muy serio. Para nada. Quizás era un asunto más grave que los hongos.
¿Sífilis?, ¡Wow! Ojalá que no.
James le hizo unos cuantos gestos y terminaron fuera del castillo, muy alejados de la zona de esparcimiento.
— ¿Quieres ir al pueblo? —Preguntó el menor, cuando se percató de que se encaminaban al arco de los cerdos voladores.
James negó con suavidad— Quiero fumar —dijo, y se metió al bosque. Albus le siguió de cerca. Sonrió cuando se percató que llegaron a la misma piedra en la que había estado con su padre días atrás.
— ¿Qué es tan serio? —Preguntó Albus, cuando su hermano estuvo sentado fumando, sin decir palabra un buen rato.
James se atragantó, tratando de disipar el aire con la mano.
— ¡No es serio! —Aseguró— No es serio, solo quiero hablar contigo.
Albus alzó una ceja y se sentó a una distancia prudente. Él era deportista, no fumaba tabaco procesado. Esperó paciente a que su hermano se dignara a hablar.
James se fumó la mitad del cigarrillo y Albus se percató que estaba un poco nervioso. Se preguntó cómo reaccionaría si le contara que le gustaba un chico.
—Me gusta un chico —dijo, porque no le gustaba guardar secretos así de fuertes y por qué James era su hermano mayor, quizás le ayudaba.
A James se le cayó el cigarrillo de las manos. Tenía la boca abierta y no dijo nada. En primera instancia.
Scorpius entró al baño de hombres, y como era su costumbre, usó un cubículo. No le gustaba el urinal común, los chicos solían ponerse a charlar mientras orinaban y eso a Scorpius le parecía inapropiado.
Estaba en eso, bajándose el cierre, cuando escuchó parte de una interesante conversación.
—Te digo, Hannah me lo contó, Potter es maricón —dijo un chico con seguridad.
— ¿Enserio? ¿Cuál? —Preguntó otro, con clara voz de estar alucinado.
Scorpius también se sentía medio alucinado, pero la respuesta no llegó, porque el chico chismoso bajo la voz y dijo el nombre en un susurro que Scorpius no registró.
Tampoco registró cuando abrió la puerta y preguntó con demasiada desfachatez— ¡¿Cuál de los dos?! —los chicos le miraron atentamente, y cuando Malfoy se dio cuenta que traía los genitales afuera del pantalón, listos para orinar, se sonrojó y se volvió a encerrar en el cubículo.
Los chicos se marcharon cuchicheando.
Scorpius hizo lo que en primera instancia lo había traído al baño y se comenzó a convencer a sí mismo, que esa información no era de su incumbencia.
No era asunto de él que un Potter fuese gay.
Claro que no.
Seguro.
Se lavó las manos, se miró al espejo y se espantó al encontrarse sonrojado. Se lavó la cara y el calor pareció reírse de eso, porque aumentó.
James.
No tenía como, si era el rey de los ligones, todos decían que se había acostado con una maestra y todo. James no podía ser.
La segunda opción tampoco. Porque no tenía sentido. Porque no.
Scorpius se percató de que la segunda opción era Albus, y cuando esa idea hizo conexión con sus neuronas, algo explotó.
Se lavó la cara otra vez.
Continuara-
