Saludos, muchas gracias por leer y marcar y todo lo demás, es un tremendo incentivo. Gracias!
Maye, gracias por seguir ayudándome, eres genial!
Capitulo Veinticuatro
Cuando Scorpius logró salir del baño, tenía el pelo mojado y las mangas empapadas. Estaban a inicios de diciembre y hacía un frío del demonio, pero su mente estaba demasiado ocupada como la reparar en esas trivialidades.
—No puede ser —rezongaba su mente— ¡Estuvo con una chica, hace poco! —Se dijo a sí mismo, pero se respondió de inmediato —Nunca dijo eso, nunca dijo ni fanfarroneó de si estuvo, efectivamente, con esa chica.
Se detuvo en uno de los pasillos.
—Otro chico con cara de tragedia —dijo uno de las pinturas, y Scorpius le miró algo perdido—. Es pleno invierno, que época para dolores amorosos.
—Sí —dijo Scorpius, y emprendió nuevamente el camino.
Habían dormido juntos, Albus había dicho que le gustaba su olor, que le gustaba dormir con él.
Con él. Con él. Con él. Con él. Con él. Con él. Con él. Con él.
Jadeó de sorpresa. No podía ser. No tenía sentido. No tenía explicación.
—Sí, así huele —había dicho Albus cuando Scorpius llegó en la madrugada y se lo encontró durmiendo en su cama.
— ¿Qué, destruí un momento Kodak? —Pregunto, y había estado tan molesto, tan enojado.
Evan había tenido esas ideas, y James creía que Albus estaba enamorado. Pero si era de Evan, no tenía sentido ¡Si había querido ayudar a que estuvieran juntos!
Aunque claro, la última vez, Albus había dicho que lo dejaba. Pero no había dicho que lo hacía por algún interés por Evan.
Pero si había dormido con él.
Scorpius no quería, de verdad que no quería hacerse ideas equivocadas, pero el asunto era un bucle imparable, su imaginación un caldero en ebullición y lo único en que podía pensar era en un "No puede ser" lleno de felicidad.
— ¿Qué pasa guapo? —Preguntó alguien desde el mundo real y Scorpius tuvo que volver. Ahí estaba Rose, sin saber nada, pero por cómo le estaba mirando, quizás lo adivinaba— Fuiste al baño como hace veinte minutos —dijo, y sonrió— ¿Encontraste algo interesante?
Scorpius primero asintió, luego negó y finalmente sonrió. Se alzó de hombros, tomo a Rose del brazo, para que no le pudiera mirar la cara y la arrastro de vuelta a las mazmorras. Las clases habían terminado hacía un rato y no tenía entrenamiento.
—Son solo ideas locas —dijo, cuando Rose preguntó por décima vez que rayos le pasaba.
— ¿Te volviste a ilusionar con Chandler? —Preguntó la chica algo molesta, y Scorpius estuvo feliz de lo lejos que estaba de la realidad.
—Nah.
— ¿Ahora te gusta otro? —Preguntó nuevamente, y a Scorpius la risa le salió tan repentina y fresca, que no la pudo contener— ¡Al fin! —dijo Rose, genuinamente feliz.
Rose igual tenía tacto para alguna cosas, porque dijo —esperare a que me quieras contar— y no preguntó más. Aunque claro, lo molestó un montón.
Cuando James volvió al mundo real, tenía a su hermano al frente, sentado muy compuesto, preguntando— ¿Eso no era tabaco?
James miró el cigarrillo en el suelo y lo recogió con rapidez.
—Claro que si es tabaco —dijo molesto, bufó y le dio una calada fuerte a su recuperado cigarrillo—. Repite lo que dijiste.
—Eso no era taba-
— ¡No eso, tarado!
—Ah —Albus pareció tomarle peso a sus palabras, porque se sonrojó, y desvió la mirada—. Que me gusta un chico.
James volvió a bufar, dijo — ¡Al fin! —Mientras se golpeaba las piernas con fuerza. Tiró el cigarrillo lejos, y se levantó.
Albus le miró curioso, y cuando James le extendió los brazos, se recogió— ¡Ven y abrázame, zoquete! —Exclamo el mayor de los Potter, lleno de risa.
Albus se levantó y le abrazó con cautela. James le palmeó la espalda con fuerza, y dijo— Al fin me lo cuentas —y—.Ya lo sabía, maldito desgraciado, ya lo sabía hace mucho tiempo.
— ¿Hace mucho tiempo? —Preguntó Albus, sin dejar de ser ahogado por el abrazo de oso de su hermano.
—Sí, tranquilo.
— ¿Cómo hace mucho tiempo? —Preguntó Albus, liberándose del agarre— Si yo me enteré hace poco…
— ¿Eh? ¿Hace poco? —Dijo James, mirándole curioso.
Albus sonrió nervioso— Si, unos días.
— ¿Unos días? —Albus asintió y James comenzó a dudar— ¿Me dijiste que te gusta un chico? —Nuevo asentimiento— ¿O sea, te gusta un hombre? —Ahora el asentimiento fue más suave, vergonzoso— ¿Te gustaría que te dieran por-
— ¡James! —Exclamó molesto Albus, y James se percató de que se había extralimitado. Un poquito.
—Lo siento —dijo de forma suave, soltó a su hermano y se le quedó mirando—. Estoy confundido —dijo finalmente.
Albus le miró y tomó asiento nuevamente— Dímelo a mí, hasta hace unas semanas, creía que las chicas eran maravillosas.
— ¿Ya no?
—No tanto.
James miró a su hermano atentamente. Muchas cosas pasaron por su mente, principalmente el asunto del tiempo.
Albus comenzó a contar su experiencia, en como el asunto se había gestado en frente de su nariz, sin que se diera cuenta, en que no era capaz de apuntar el momento justo en que ocurrió— No sé si siempre fue así —dijo—. O es solo una etapa.
Habló de sus dudas y su confusión, de lo feliz que era estando al lado de este chico y lo mucho que quería no ser rechazado, en que pensó que era un cariño de amigos más intenso de lo normal, pero— Cuando te imaginas tocándole el paquete a un tipo, o sea, ya no puede ser solo amistad, ¿no?
James le escuchó en silencio, aportó poco y movió mucho la cabeza. Era como si Albus le estuviese explicando justo lo que él no había entendido en primer momento.
Al final, el sol ya se estaba ocultando y James había llegado a la conclusión de que había sido más asertivo que su hermano, se había dado cuenta antes que él de su interés sentimental hacía Evan.
—Entonces ¿ya se lo dijiste? —Preguntó James, tratando de imaginar a Evan recibiendo la declaración de Albus. No quería que su hermano se fuese al suelo cuando el castaño le rechazara.
—Nah, quiero declararme en la fiesta de navidad.
—Woow, no sabía que eras un romántico.
—Quizás logro un magreo de lastima, quien sabe —dijo, un realmente esperanzado Albus, y James pensó "patético" y luego se golpeó mentalmente, porque ese era su hermano y estaba enamorado.
—Te deseo suerte, campeón —dijo James, y lo dijo en serio, porque sabía que la necesitaría.
Albus se veía tan feliz, tan ligero y tan esperanzado, que no quiso decir nada, que Evan hacía semanas que estaba intentando desviar su atención y que no tenía pensando aceptarlo por nada del mundo.
"Uf, que suerte que aún no me pasa" se dijo a sí mismo. El amor le daba un poco de miedo.
Pero él era un hermano bueno, Albus le había contado su secreto, y aunque una parte de sus pensamientos decían que era hora de hacerse a un lado y no meterse más, la otra protestó que eso era de mala gente.
Si sabía que Evan lo iba a rechazar, obviamente tendría que meterse para que Albus al menos tuviera su beso de lastima.
Quizás Rose le podría ayudar, era la diosa de la manipulación, lograba que cada año el tío Percy donara dinero a causas feministas, y eso que era un conservador de tomo y lomo.
Continuara-
