Quiero darle todas mis gracias a Kurumi2413Keehl, quien hizo estallar el contador de comentarios: Wow! gracias!
Obviamente, todos los que comentan: son mi máxima inspiración, muchas gracias a todos! (en especial a los guest, a quienes no les puedo devolver el mensaje: Me hacen MUY feliz).
Maye, sigue siendo la mejor copiloto de todos.
Capitulo Veintiséis
A Scorpius no le gustaba llorar. Le dejaba los ojos hinchados, la piel seca y muy agotado. No le gustaba en absoluto.
Pero no lo había podido evitar.
Sorbió sus mocos saltando todas las normas de etiqueta que tan bien conocía.
Se sentía tan tonto e ingenuo.
—Dos veces —se repitió por décima vez—. Dos veces.
— ¡Malfoy! ¡Este no es baño individual! —Gritó uno de sus compañeros de habitación, hastiado— ¿Quieres un hechizo desvanecedor o qué?
Scorpius se lavó la cara repetidas veces, y se miró en el espejo, quien respondió triste— Lamentable.
El chico bufó.
Siempre podría probar las bondades de la heterosexualidad, tenía club de fans y todo ¿Cómo ninguna querría un magreo con él, en el estúpido baile de navidad? ¿Cómo?
Salió del baño justo antes que Larry echara la puerta abajo.
—Eres un exagerado, apenas si estuve diez minutos —le recriminó al chico que entró al baño hecho una tromba.
—Estaba que se cagaba hace un buen rato —apuntó Albus. Estaba sentado en su cama, leyendo tiras cómicas. Scorpius pensó que estaba alucinando.
— ¿Albus? —Preguntó, algo ido.
—Hay fiesta en Gryffindor ¿puedo dormir aquí?
— ¿Por qué no te quedas a la fiesta? —Apuntó Scorpius, mirando a sus compañeros de habitación. Nadie le miraba como un demente que hablaba solo. No estaba alucinando.
—Nah, muy aburrida.
Scorpius se masajeó las sienes, y se preguntó si sería capaz de soportar dormir con Albus, el mismo día que se había dado cuenta de lo mucho que le gustaba. Se encontró diciendo que sí sin darse cuenta.
— ¿Qué pasa? —Preguntó el moreno, dejando la tira cómica en la mesa de noche.
—Nada —dijo Scorpius, sonriendo—. Estoy cansado.
— ¿Estás enfermo? —Preguntó Albus, mientras le acariciaba el cabello con suavidad.
—Algo así —dijo, y se vio arrastrado a un abrazo por parte de Albus Potter, y sus manotas gigantes. Estaba perfectamente acomodado sobre un hombro del porte de una cancha de futbol, recibiendo caricias en el cabello y palmaditas en la espalda por parte del jodido chico que se quería declarar a otro. Pedazo de desgraciado este.
—Tranquilo, si quieres mañana te acompaño a la enfermería —dijo Albus, sin soltarlo, y Scorpius, que primero sentía que se ahogaba, ahora se sentía en plena paz. Se relajó y dejó caer en los brazos de Albus, quien no le soltó, hasta que se durmió.
Había sido un día demasiado intenso.
Cuando volvió en sí, la habitación común estaba en penumbras. Estaba sobre las mantas, durmiendo al lado de Albus, ambos acurrucados bajo una frazada. Se removió de forma discreta, pero Albus despertó igual.
— ¿Aun quieres ir conmigo al baile? —Preguntó Scorpius, porque ya no soportaba la curiosidad.
Albus asintió algo adormilado, se estiró y rascó los ojos— Claro que voy contigo.
Scorpius estuvo en silencio, viendo como Albus despertaba, bostezaba infinidad de veces y le sonreía.
—Me contaron que te vas a declarar —sabía que no era correcto, que debería mantenerse al margen, pero la pregunta salió sola.
—Que alcahuetes que son, seguro fue James —dijo Albus, sonando seguro y tranquilo—. Pero es verdad ¿Me ayudas?
Scorpius tuvo un nudo en el pecho, decidió no hablar y solo asentir.
— ¿Qué suena mejor, me gustas o me gustas tanto que cada vez que te veo tengo el deseo de tocarte y restregarme contra ti? —Preguntó Albus tocándose la barbilla.
—La segunda no es muy sutil —dijo Scorpius, obligándose a sonreír.
— ¿Es necesaria la sutileza cuando quieres ganarte un sonrojo?
Scorpius sonrió de forma genuina— Supongo que no, si ya te conoce, quizás ni se sorprende.
— ¿Tú te sorprenderías?
—Nah, yo ya te conozco lo suficiente.
Albus sonrió con fuerza, anuló el espacio que había entre ellos, y alegando el frío tremendo que hacía, le volvió a abrazar.
—Me tienes que ayudar —dijo Albus con voz adormilada—, para que salga bien.
—Te ayudo.
Albus se apretó con más fuerza contra Scorpius, quien sentía su corazón desbocado. No quería que Albus se diese cuenta de su turbación, pero como estaban las cosas, seguro ya era tarde.
— ¿Prometes estar conmigo todo el baile? —Preguntó el moreno.
Y si Scorpius hubiese estado más atento a la conversación, quizás habría apuntado lo inapropiado de su presencia si se declaraba a otra persona. Pero no, toda su concentración estaba puesta en calmar su corazón, en detener las oleadas que iban camino a su entrepierna y mantener a raya sus suspiros. Solo asintió con suavidad, y Albus pareció conforme por qué no dijo más.
Cuando la respiración de Potter fue la de alguien dormido, recién Scorpius pudo relajarse. Se acomodó como pudo, atrapado entre los brazos del gigante y se durmió un rato antes del amanecer.
Hugo llegó inusualmente temprano al gran comedor esa mañana. De inmediato la mesa de Slytherin capto su atención.
Ahí, a unos cuantos metros, sin muchos que pudieran fijarse, estaba Albus y Scorpius, tomando desayuno. Uno frente al otro, sin dejar de conversar, sin dejar de mirarse y sin dejar de tocarse.
Se sentó donde pudiera seguir mirando.
Una idea revoloteó en su mente, y decidió que la única que podría decirle si estaba en lo cierto, era su hermana.
No solía usar la moneda que tenía para comunicarse con ella, pero la sacó de entre sus libros, y susurró— Tengo una pregunta, estoy en el gran comedor.
Dejo la moneda a la vista, por si Rose contestaba, sin dejar de mirar a los chicos que ahora se estaban dando de comer uno al otro.
Rose llegó unos minutos después. Tenía el cabello mojado, y apenas se sentó comenzó a acercar las bandejas de comida.
— ¡Tengo hambre! —Rezongó la chica.
—Rose, te vas a enfermar —dijo Hugo, Rose bufó con la boca llena—. No por comer así, por el cabello mojado —puntualizó. El movimiento de hombros de su hermana le hizo entender que estaba de acuerdo.
— ¿Qué quieres preguntar? —Dijo la chica cuando logro tragar la cantidad absurda de comida que tenía en la boca.
Hugo movió la cabeza hacia los chicos que llevaba observando unos quince minutos. Ahora mantenían una conversación cordial— ¿Se gustan? — Preguntó.
A Rose le vino la tos.
— ¿Qué?
—Rose, no te hagas la tarada, la mitad del colegio sabe que Albus es gay.
— ¡¿Qué?! —Dijo la chica, ya realmente sorprendida.
—Solo se habla de eso.
—Ya, pero yo no tengo puta idea de lo que se habla —dijo Rose molesta, mirando a todos lados, como recriminándoles no haberles contado.
—Me extraña —puntualizó Hugo.
—Dime más de eso, de Albus gay.
—Habló con James, le reconoció que le gusta Evan y todo eso— dijo Hugo, que odiaba hablar con rodeos.
Ahora la cara de sorpresa de Rose era genuina y exagerada.
— ¿De Evan, Evan Chandler, el jugador de tenis? —Preguntó la chica, completamente alucinada— ¿Estás seguro?
—James sí —dijo Hugo. Demasiado tarde decidió no meterse más en ese asunto.
—No puede ser —dijo Rose, y Hugo sintió que no se lo decía a él—. Debe haber un error —agregó—, de seguro.
Hugo no tuvo que hacer mucho para despachar a su hermana, esta se largó del comedor sin mucha fanfarria.
Continuara- (Y felices fiestas!)
