Pido mis disculpas por la demora, en compensación (CHAN): Capitulo de larga duración. Toda mi blabla amoroso esta al final (sé que en el inicio es una pesadez).
Maye fue la responsable de TODO esto, le doy mis agradecimientos y les cuento, es la mejor.
Capítulo Treinta
Scorpius aún se hallaba con Hugo en la enfermería, pensando en cómo hacerse el impactado, como demostrar sorpresa cuando Albus, finalmente, le dijera que estaba interesado en él. Incluso estaba evaluando la posibilidad de parecer desinteresado, aunque claro, venía a su mente un Albus con el cabello despeinado y la cabeza gacha, diciendo suavemente "Lo siento" y las ideas de ser frío e indolente se iban al carajo. Luego venia la depresión y los "seguro no eres tú, Scorpius", y se completaba el ciclo de lamentos mentales de Scorpius Malfoy.
—Hoy iba a ser un gran día —comentó Hugo—. Para ti.
Scorpius le miró, el chico ya no estaba tan verde como antes.
— ¿Por qué lo dices?
Hugo se encogió de hombros, mientras se limpiaba los labios con un pañuelo— Tengo mis teorías —comentó risueño. Era un chico lindo, cuando no estaba vomitando.
Antes que Hugo pudiese decir algo más, una fuerte explosión atronó por toda la enfermería, dejando a los chicos parcialmente sordos.
Scorpius atinó a pasar el brazo por los hombros de Hugo y lanzarlo a la cama, mientras escuchaba como los vidrios de las vitrinas cercanas se hacían pedazos.
— ¡Señor Pomfrey! —Gritó, cuando identifico el origen del caos, pero antes de poder ponerse de pie, el mencionado salió de entre una nube lila, con un acceso de tos, la bata llena de hollín y lo que parecía poción violeta en el cabello.
—Lo siento chicos —susurró riendo—, era una poción anti-estrés, si uno no mezcla bien el hinojo antes de agregarlo, puede pasar esto —Pomfrey lanzó una mirada indiferente al caos y riendo aún más, dijo— ¡Pero nunca había visto algo así de estruendoso!
—Supongo que el humo funciona de todas formas —comentó Hugo, sin dejar de mirar al enfermero y su alegre sorpresa.
—Era para ti, chico, la mejor forma de neutralizar vómitos explosivos es con una buena poción anti-estrés.
Scorpius se miró las manos, parecían tan suaves.
—Creo que el humo si funciona —comentó con voz adormilada.
—Claro que funciona —dijo Hugo, se ajustó las gafas y lanzó el balde al otro lado de la sala— ¡Bajemos al baile!
—Espléndida idea, Weasley —dijo Pomfrey. Se pasó las manos por el desordenado y sucio cabello, se sacudió los hombros y sin dejar de sonreír, pasó los brazos por los hombros de los chicos, quienes fueron conducidos dócilmente hasta la entrada al Gran Salón, frente a la divertida y atónica mirada de los chicos con los que se encontraban.
—Bueno muchachos, me voy a buscar a la maestra de Astronomía, porque hoy sí me la cepillo —dijo el enfermero, antes de despedirse.
—Ese no es vocabulario —dijo Hugo, pero no sonaba en absoluto a reproche.
—Sólo quiere ser gráfico —dijo Scorpius—. Mucha suerte, señor.
Pomfrey se despidió con la mano y se perdió entre la masa de adolescentes híper hormonados y bien vestidos que entraban a tropel en el salón.
—Malfoy, me caes en gracia, eres ordenado y estirado, jamás entendí por qué te hiciste amigo de Rose, pero me caes bien —dijo Hugo, y Scorpius podía jurar que nunca lo había escuchado hablar tanto.
—Gracias.
— ¿No deberías estar con Albus? —Preguntó Hugo, y parecía en verdad preocupado.
Scorpius se lo pensó, en su mente había una bruma con el nombre Albus Potter, pero su cuerpo se sentía en completo estado de relajación, así que hizo lo lógico— Sí, debería.
Albus.
Y vaya que Albus le había dado problemas. En los últimos días apenas si había podido dormir por las intromisiones en su cama y sus frases extrañas y sus hermanos entrometidos y por ser así de adorable.
Quizás era hora de aclarar todo, lo peor que podría pasar era que Potter no estuviera interesado en él y volviera a perseguir faldas. No era una mala perspectiva. Si lo pensaba con calma, ya era hora de hacer pública su preferencia sexual, porque si era sincero consigo mismo, ya lo estaba cabreando tanto acoso femenino y tan poco masculino.
Los pantalones le iban grandes y la camisa que llevaba estaba sucia, pero no había nada más a la moda que el estilo casual y hasta en los Oscar se iba con tenis. Si preguntaban, el estilo era casual urbano.
—Meh —se dijo a sí mismo, y decidió que se largaba a fumar.
Se fijó en las chicas que le miraban y cuchicheaban— ¡Dios! ¡El estilo desenfrenado le viene tan bien! —A lo que otras secundaban y agregaban— Sí, es como el chico malo que no le presentarías a tus padres —y les saludó feliz de la vida.
Las chicas estaban pletóricas. Una charla trivial, antes de despedirse alegre, para ir a fumar.
Hugo se quedó con las chicas, estaba extrañamente hablador.
Rose estaría tan orgullosa.
— ¿Que acaso no tienen noticas de verdad que reportar y eso? —Preguntó una molesta Rose Weasley al periodista del Profeta que estaba apostado en la entrada al Gran Salón.
—Señorita Weasley, ustedes son hijos de celebridades, claro que son noticias —le contestó el periodista, con una radiante sonrisa que no llegaba hasta sus ojos.
—Mira idiota, ve a dar una vuelta por países subdesarrollados y entérate de noticias de verdad.
—Rose, la comunidad mágica es muy pequeña, no seas pesada. En verdad no tiene otra cosa que cubrir —le dijo Luke, frente a la ofendida y sorprendida mirada del hombre.
La chica le lanzó una última mirada de advertencia al reportero, antes de entrar al salón a grandes zancadas.
Se encontró con la grata sorpresa de que la decoración era sencilla y desenfadada, no había nada pomposo ni exagerado, estaban los clásicos árboles navideños, pero nada de estatuas de hielo o bandas en vivo.
No se habían puesto normas de etiqueta -una iniciativa suya- y por eso estaba plagado de chicos de estilo casual y algunos incluso, demasiado casuales.
Sonrió satisfecha.
—Mira a estos borregos, Luke, ya entendieron que para ligar, no es necesario mentir y esconder tu cara de monstruo tras maquillaje y ropa cara —Rose tomó la mano a Luke y le sonrió— ¿No estás orgulloso de ellos?
—Claro, creeremos que es por eso y no porque está de moda vestir casual y desordenado.
—Eres un rompe corazones ¿Te lo han dicho?
—Sí, algo me han dicho, igual y a una le gusto —y se miraron con lo que seguro, eran caras de soquetes.
—Ya lo he visto todo, Rose Weasley babeando por un chico —comentó cuando llegó hasta ellos un alegre Albus.
— ¿No ibas a estar con Scorpius? —Preguntó Rose.
—No sé dónde está —comentó el moreno—. Lo dejé en la enfermería, lo fui a buscar y no estaba...
— ¿Por qué estaba en la enfermería? —Interrumpió Rose, ya algo preocupada, sabía que Scorpius era un poco -muy- delicado de salud.
—...parecía como si algo hubiese explotado ahí dentro —completó Albus.
— ¿Qué? —Ahora era Luke. Rose estaba medio ida de la sorpresa.
—Pero tranquilos, no pasó nada, me encontré con Pomfrey y me dijo que todo estaba bien.
Rose se masajeó las sienes— Solo piérdete, quieres, he tenido suficiente de ti y todos mis parientes.
Albus le sonrió y le beso la frente— Eres tan linda —fue su despedida, mientras esquivaba un empujón de su prima.
Se fue paseando entre la multitud, saludando gente, entablando conversaciones triviales. Era lo divertido de las fiestas, todos parecían dispuestos a pasarlo bien.
Albus divisó a lo lejos en una de las barras cómo James vertía una botella de contenido desconocido con una desfachatez vergonzosa en una de las poncheras del coctel ofrecido para la ocasión.
También vio parejas besándose y profesores haciéndose los idiotas. Vio el baile desenfrenado y cómo el DJ se esforzaba en tener a todos los comensales saltando como monos. Vio una pareja que bailaba como si la música fuese un lento romántico, y no un chirrido demencial y epiléptico.
Se les quedó mirando, hipnotizado por el poder del amor, de la atracción. Parecían ciegos y sordos al mundo, como si tuvieran su propio lenguaje y fuesen capaces de silenciar al resto del universo.
Recordó los entrenamientos, cómo podía conversar con Scorpius mientras corrían, aun cuando Miller les gritara del otro lado de la cancha. Cómo podían discutir temas intensos e interesantes en la sala común, en medio del griterío de los chicos de primero y cómo se sentaban en cualquier mesa del gran comedor sin fijarse muy bien de qué casa era.
Se mordió los labios y trato de identificar en qué momento se había enamorado tanto y si sería posible pedirle a Scorpius que estuviera con él hasta que se le pasara eso del amor, porque no se creía capaz de estar sin él mientras durara.
— ¡Albus! —Gritó alguien, le tomó del brazo y le sacó de la zona oscura de la pista de baile— Justo a quien buscaba— dijo su captor, que resultó ser Evan. Traía una sonrisa enorme y el cabello húmedo. Seguro llevaba bailando un buen rato— ¿Me acompañas a hablar con tu hermano? —Preguntó, casi de forma dulce.
Albus iba a decir que sí, seguro, pero en la entrada del Gran Salón, iluminada por guirlandas navideñas flotantes, estaba Scorpius, tan guapo y encantador como siempre, conversando con un grupo de chicas que seguro habían formado alianza para acercarse a hablarle.
—Después ¿Sí? Ahora me tengo que declarar —le dijo a Evan, e hizo señas hacia Scorpius. Evan sonrió y asintió.
— ¡Claro, campeón! ¡Mucha suerte! —Fue la despedida del castaño.
Albus sorteó con sorprendente facilidad a parejas y grupos de baile, maestros y borrachos, evadió a Cindy mientras esta gritaba "¡¿Dónde coño está Scorpius?!" y pudo esquivar con maestría al celador que decía amenazador "Sé que estas metido en algo, Potter".
Pudo ver cómo Scorpius se despedía de las chicas y salía del Gran Comedor, ahora decorado como antro juvenil navideño. Apuro los pasos y le vio enfilar entre decenas de chicos que se unían al jolgorio en el acceso al lugar. No quiso detenerlo, prefirió ver los movimiento de Scorpius, su andar ligero y elegante, era algo que bien valía la pena mirar.
Lo siguió sigiloso y a una distancia prudente, mientras Malfoy salía del castillo, donde no pocos jóvenes se esparcían a los largo de los jardines nevados iluminados para la ocasión, con luces navideñas que parecían flotar. Había muérdago repartido por todos lados y pocos profesores a la vista, como diría James, el escenario estaba llamando a la travesura.
Scorpius giró, se fue por uno de los laterales del castillo y Albus casi grita de alegría al constatar que iba justo de camino al jardín interior que había preparado con sus nuevos amigos los Elfos Domésticos, ese que daba cerca de los ventanales del gran comedor.
De camino al lugar, solo había dos chicas de cursos mayores, fumando solapadas en la oscuridad. Le hicieron un gesto de saludo a Albus, quien respondió animoso, antes de entrar de lleno al espacio del jardín, de momento en penumbras e inhóspito.
Albus se detuvo, justo después que Scorpius lo hiciera. Por los movimientos del rubio, Albus se imagino que buscaba un encendedor o su varita en la chaqueta, un cigarrillo pendía de sus finos y elegantes labios y era obvio que estaba apagado.
Scorpius se giró ya con el cigarrillo encendido, en el momento justo en que las volutas de humo se dibujaban al rededor de su rostro.
Albus trató de imaginar si podía ser más guapo y decidió que no, era imposible. Scorpius estaba despeinado y la chaqueta que traía era la del uniforme deportivo del colegio. Los pantalones que llevaba eran suyos, y aun así, aun así, el corazón de Albus revoloteó como una mariposa atrapada en su pecho.
—Pero si es el mono más feo de todos —le saludó Scorpius, sacando el cigarrillo de sus labios, sonriéndole petulante—. Que sepas que eres la peor pareja de baile de la historia.
Albus se fue acercando a paso ligero— Lo sé, pésima.
—Mírame, que diría mi padre si me ve en estas pintas y en público.
—Bueno, si le preguntas al mío, seguro dice que te ves genial.
Scorpius sonrió— Eso es porque tu padre no tiene idea del estilo —le dijo—. Lo eh visto en sociales.
Albus asintió— Es todo lo que tiene que ofrecer, el pobre.
— ¿Y tú qué ofreces, Potter?
Albus se alzó de hombros— No mucho la verdad —dijo—. Mi familia es enorme y muy entrometida —Scorpius asintió silencioso—, y estoy seguro que no estarán contentos con tu padre —una carcajada fue la respuesta del rubio—, pero por ahí dicen que no estoy tan mal.
Scorpius hizo un sonido de aprobación, estaba reteniendo el aire de su última calada. Se quedó mirando a Albus y cuando este no se movió, pareció perder la paciencia. Expulsó el humo en una sola e intensa ráfaga que se confundió con un suspiro.
—No estás mal Potter, estas pésimo, horroroso, y yo no entiendo, no entiendo cómo... —Albus se le había acercado tan rápido que le dejó sin palabras, a apenas un palmo de distancia.
—No lo digas —susurró Potter—. No aun —y Scorpius sintió como el cálido aliento del moreno rozaba sus labios. Quiso decir algo, quizás una broma o burla ingeniosa, pero el ingenio se le fue al carajo cuando todo el preludio, al fin acabó.
Albus, al fin, había decidido que ya era suficiente.
Se lanzó a besar a Scorpius de forma desesperada, tomando sus hombros, temeroso de que se largara, se arrepintiera o le mandara al demonio. Atacando sus labios y su lengua sin tregua, aterrado por el posible rechazo, dispuesto a memorizar cada segundo de ese beso para momentos de soledad posteriores.
Cuando se percató de la activa participación del rubio, cómo este abría la boca y le dejaba libre acceso, cómo sus lenguas parecían ansiosas de explorar la boca del otro, Albus decidió que no sólo sus labios tenían que enterarse de su nuevo ligue.
Pasó los brazos por la espalda de Scorpius y este hizo lo mismo. Sus cuerpos entraron en completo contacto, y lo que inició como un beso de frenesís, de ahora o nunca, de necesidad contenida ya casi a reventar, terminó en un leve e interminable roce de labios.
Albus no fue consciente de tener los ojos cerrados, hasta que la cálida voz de Scorpius susurró— No entiendo cómo es que me gustas.
Las chicas que ya no estaban tan solapadas fumando, soltaron un grito de exclamación y Albus recordó el hechizo de sorpresa.
Miro a su izquierda, y ahí, en medio del jardín interior antes siniestro y desierto, ahora todo estaba iluminado con lo que parecían chispas de colores en un movimiento lento e hipnótico. El centro del lugar estaba despejado, iluminado por las chispas.
Scorpius soltó un suspiro sorprendido— Nunca pensé que serías del tipo cursi.
—Aun no sabes todo de mí —comentó un desafiante Albus, antes de volver a atacar los labios del rubio.
Ellos no lo supieron, pero las chicas fumadoras se quedaron allí buena parte de la noche. Pudieron ver en primera fila la docena de besos, suspiros y caricias que se prodigaron, y fueron las primeras en verlos bailar, pegados y acaramelados el ritmo delirante de la música electrónica que se dejaba escuchar desde el gran comedor.
—Dios, y era Albus —dijo una.
—Y era Malfoy el que lo convirtió, mierda, ¡qué desperdicio!
La otra estuvo de acuerdo. Ninguna sonaba particularmente triste.
—Bueno ya, debo reconocer que no tenía razón en quien, pero si tenía razón en que le gustaba un chico —protestó James a una molesta concurrencia.
—Eso te pasa por creerte más listo que los demás —dijo Hugo.
—Y por ser un cabeza de chorlito —agregó Rose—. Si preguntabas, todo hubiese sido mucho más fácil.
— ¡Dios! ¡Son tan lindos! ¿Creen que me dejen tomarles una foto? —Comentó Lily, pegaba al ventanal que daba al patio interior a la derecha del Gran Comedor.
—Cariño, no pidas tanto —le atajó Rose.
— ¿Y ya me vas a dejar en paz, energúmeno? —Preguntó un alegre Evan a James, quien lo había perseguido buena parte de la noche con tonterías de que se tenía que encontrar con su hermano.
Si no hubiese sido por Luke, que les tomo amablemente de los codos y les llevo hasta el pequeño y discreto ventanal que ofrecía el magreo intenso de Albus y Scorpius, seguro los dos cabezas de chorlito seguirían discutiendo.
—Bueno ya, erré el tiro, pero tenía bien tomada el arma, mi hermano es gay —exclamó James. Sonaba feliz y relajado.
—Y nadie se ha vuelto loco aun —comentó Rose.
—Son adorables —comentó una de las chicas de Ravenclaw de tercero.
—Sí guapa, vamos, no quiero ver a mi hermano follar en la nieve, les debo un baile a todas —le dijo a las cinco chicas de tercero que habían ayudado en lo del plan—. Igual gracias, la idea del Félix Felices fue buena.
— ¿Usaste eso? —Preguntó Rose algo impactada. James sólo le giño un ojo y se perdió entre la multitud con su nuevo grupo de amigas.
—Sólo agregaré algo —comentó Hugo, ajustando sus gafas— ¿Qué vamos a hacer con ese reportero?
Todos miraron en la dirección que el chico apuntaba, para ver como el mismo soquete de la entrada, al que Rose había intentado espantar, estaba en la cornisa, fuera del castillo, tomando fotografías como loco.
Luke tomó la mano de Rose y dijo— Que pase lo que tenga que pasar, sólo déjalo.
Rose tenía la mandíbula tan apretada que el ojo derecho le tiritaba.
La cornisa tembló.
—Fin—
Quiero dar mis infinitas gracias por leer y comentar toda esta historia, han sido un motor y una fuente inagotable de inspiración, lo he dicho muchas veces, pero lo repito, jamás espere tan buena recepción: MUCHAS GRACIAS GENTE, por todo, por comentar (YEY), marcar y dejarme de favorita, es el TREMENDO honor (me revuelco en felicidad y es literal).
Este es mi primer fic largo terminado y me siendo muy satisfecha, no desecho la idea de algunos one short de este universo, porque lo AME, y creo que fue gracias a ustedes.
Le dejo mis gracias a especiales a todos los que regalaron de su tiempo durante este proceso:
La Pooh, Kurumi2413Keehl, Victoria, Sombra88, Janamiercoles2, Dosvecesyaoi, Kbkp, Sad Whisper, Hokuto, TeamAlejandra, Lintunia, Ale, MMDD, Altair Hyperion Black, Himeko Uchiha, SrtaBowie, L.E, Camilulu, Vic, Victori y Krys. Un abrazo cibernetico especial a quien se dio el enorme trabajo de comentar todo lo que he hecho, eres encantadora Kurumi2413Keehl, la mejor barra que pude pedir.
Nos estamos viendo, lo prometo.
