BUENAS Y SANTAS! Un buen regalo para Navidad? Qué dicen? Jaja
Les dejo sin más preámbulo, el primer capítulo de Blossom Princesses ._./
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, la publicación de esta historia es sin fin de lucro.
Akira Ichi.
(Capítulo Uno)
-¿Podemos descansar? -Habló la única mujer del grupo en un suspiro. Habían estado andando desde el alba y el sol de mediodía quemaba sobre su cabeza, incluso a través de los árboles que se cernían sobre ellos. -Hay un pueblo a menos de quinientos metros de aquí.
-Por primera vez concuerdo con el fosforito, no nos detuvimos a desayunar en la última aldea que pasamos, podemos parar en el pueblo, comer algo y descansar. -Concordó su compañero mientras sonreía socarronamente.
-Yo soy quien toma las decisiones aquí. -El líder del equipo tenía una voz severa que acallaba cualquier intento de contradecir sus palabras.
-Se nos están agotando las reservas. -Habló por primera vez en mucho tiempo el cuarto integrante del equipo, un tipo grande y reservado.
Ninguno había detenido su marcha, la aldea y la posibilidad de descansar parecía una mejor idea a cada minuto que pasaban corriendo. Pronto se encontraron en la entrada.
-Karin, consigue un equipamiento médico nuevo. -La aludida asintió con la cabeza. -Juugo, busca un buen lugar donde podamos comer. Y tú Suigetsu, compra la comida para la reserva.
-¿Qué? -Bramó el susodicho. -¿Por qué tengo que ir yo por comida?
-Karin fue en la última aldea en la que paramos, y yo fui en la anterior. -Le respondió su pelianaranjado amigo con una ligera sonrisa en los labios.
Luego de entrar en el pueblo, cada uno había tomado caminos diferentes. Suigetsu iba refunfuñando mientras miraba con desinterés las góndolas repletas de verduras, pescados, frutas y demás comestibles. No había mucha gente en las calles, por lo que podía caminar cómodamente sin chocar con nadie. Alzó la vista al cielo, una inmensa nube negra estaba tapando el sol.
-¿Pero qué… -Una ligera lluvia había comenzado a caer sobre él, se quedó en medio del camino observando como en unos pocos segundos el sol agobiante del medio día había desaparecido.
-Muchacho, vas a enfermarte. -Una mujer le hizo unas señas desde un puesto de flores, había espacio suficiente como para que se refugiase del agua.
-¿Es muy normal que llueva tan de repente? -Preguntó una vez estuvo junto a la anciana de las flores.
-No. -Respondió, estaba acomodando un bello racimo de azucenas. -Pero cuando sucede es porque algún tonto ha hecho enojar a las hijas de la Luna. -La mujer asentía con la cabeza a cada palabra que pronunciaba, dándose la razón todo el tiempo.
-Los pueblerinos son muy supersticiosos. -Susurró para sí mismo, sin esperar que la señora lo escuchara. Cuando se volteó a verla, ella le tendía uno de las azucenas que había estado acomodando. Estaba por negarse pero la mujer lo acalló.
-Si encuentras a la indicada, una flor la hará sonreír y la tormenta se irá. -Y sin más palabras lo echó nuevamente a la lluvia y cerró las puertas de su pequeña tienda. Más molesto que desconcertado continuó su marcha por el mercado, ya había conseguido algunos víveres cuando escuchó varios gritos provenientes del final de la calle.
-¡No creí que fueras capas! -Sin lugar a dudas era la voz de una mujer. «Cuando sucede es porque algún tonto ha hecho enojar a las hijas de la Luna.» Las palabras de la anciana resonaron en su mente mientras se asomaba para ver que sucedía. -¡Eres un… -Un trueno sonó antes de que pudiera terminar la frase. Al final de la calle había una joven que le gritaba a una pareja, quienes antes de que algo más pasara se encerraron dentro de un puesto abandonado.
-¡Oye! -No sabía con exactitud por que se había acercado a ella, pero cuando se quiso dar cuenta ya estaba allí. «Una flor la hará sonreír.» -¿Te encuentras bien?
-Yo… -Cuando alzó la mirada, no supo decir si ella estaba llorando, la lluvia corría por su rostro y se perdía bajo su mandíbula. -Sí, no es… nada. -Su voz sonaba más calmada. Se recostó contra la pared, soltando un sonoro suspiro.
-Qué cosa rara el clima de aquí… ¿No crees? -Traía puesta una banda de la aldea de la niebla, pero la mirada divertida que puso cuando lo volvió a mirar le dijo que para ella no era cosa extraña.
-No eres de por aquí. -Afirmó soltando una risilla. La intensa lluvia se convirtió en una simple llovizna a su alrededor.
-No deberías ponerte mal por idiotas como ese. -Cambio las bolsas que traía de una mano a la otra y con la que le quedó libre se apoyó contra la pared junto a ella. -Aún que no sé qué fue lo que te hizo, sigue siendo un idiota por hacerte enojar así. -Al no obtener una respuesta bajo la vista y se encontró con sus grandes orbes verdes observándolo con curiosidad.
-¡YURI! -El grito de una niña hizo que ella cortara el trance de miradas que se había formado. Se separó de la pared al tiempo que una pequeña de castaños cabellos llegaba hasta donde ellos estaban. -¿Estás bien? Comenzó a llover de pronto y temí que… -No terminó la frase y se quedó mirando a Suigetsu con los ojos entrecerrados.
-Mejor será que nos vayamos a casa, Kasumi. -Se volvió para mirarlo, pero antes de que pudiera emitir una sola palabra la niña volvió a hablar.
-Tu novia te está buscando. -Sin lugar a dudas se dirigía a Suigetsu, quien la miró anonado.
-¿Mi qué…?
-Tu novia. -Dijo más despacio. –Una chica alta, cabello rojo y anteojos. Fue por todos los puestos preguntando por un chico con cara de idiota y dientes de tiburón. -Una sonrisa socarrona surcó los labios de la castaña. -Sin lugar a dudas eres tú.
-Ella no es mi… -Soltó un suspiró. -Olvídalo. -El simple hecho de pensar en eso como una posibilidad le daba escalofríos. -Debo seguir con mis compras. -Le tendió a la chica de ojos verdes la azucena que la señora de la tienda le había dado, era eso o que Karin creyera que se la había comprado para ella. -Ten, eres más bonita cuando sonríes. -Le guiñó un ojo y se fue de allí luego de que tomara la flor. Ya tenía todo lo que necesitaba cuando por fin Karin lo encontró haciendo la última compra. Cuando salió de la tienda el brillo del sol le dio justo en los ojos. «Y la tormenta se irá.» Negó con la cabeza ante aquellas ocurrencias.
-¿No te parece extraño? -Le preguntó a su compañera mientras buscaban a Juugo para poder almorzar.
-¿El qué? -Su acostumbrado mal humor estaba presente, pero él no podía quitarse de la mente los ojos de aquella chica. «Su nombre era Yuri.»
-Cuando llegamos el sol nos asaba el cerebro, luego la lluvia nos caló hasta los huesos y ahora el calor parece que rajará la tierra. -La miró de soslayo. -Y todo en media hora.
-Siempre piensas en tonterías. -Le dio un zape en la cabeza. La oía gruñir a su lado, pero estaba de un muy buen humor. -¿Qué te pasa? -Le preguntó cuándo él no siguió con aquella disputa.
-Conocí a la chica más hermosa que jamás había visto. -Sonrió al recordar la manera en que el agua goteaba de sus cabellos cortos. Ya habían dado con Juugo, y Sasuke se les unió al poco tiempo. Estaban sentados en una mesa cuadrada en una pequeña posada de bajo perfil.
-¿La más hermosa? -Le preguntó su pelianaranjado amigo luego de que habían ordenado su almuerzo.
-Sí hermano, la más hermosa. -Karin, en su lugar parecía echar humo por los oídos de solo escucharlo hablar de esa perfecta chica. -Su cabello era lila como… -Pensó unos segundos. -Como las azucenas, sí. Y sus ojos tan verdes y tan brillantes como una gema.
-Pff, seguro se te metió agua en el cerebro y te la has imaginado. -Karin se cruzó de brazos con molestia y se apoyó en el respaldo de la silla desviando la mirada de la mesa.
-Estás celosa porque ella es diez veces más bonita que tú. -Cruzó los brazos tras la cabeza y bufó. -Todo iba bien hasta que llego una niña diciendo que "mi novia" me estaba buscando. -La expresión del rostro de Karin al comprender que se refería a ella le hizo soltar una carcajada.
-¡Ya quisieras que yo fuera tu novia, idiota! -Aquello le apremió otro zape.
-Culpa a la mocosa, yo no fui quien lo dijo. -Se sobaba la zona afectada cuando una bonita moza llegó con sus platos. -Además, preferiría ser novio de una morsa elefante. Estoy seguro de que tiene un trasero más pequeño que el tuyo. -Comenzó a reírse e incluso Juugo intentaba disimular su risa mientras comía. Pero Sasuke la interrumpió antes de que empezara a gritar.
-Cállense. No quiero escucharlos. -Sumidos en un nuevo silencio, terminaron su almuerzo, pagaron y se disponían a marcharse del lugar cuando la misma moza que los había atendido los detuvo en el camino.
-Disculpen las molestias, pero debido a la lluvia los caminos se han inundado y para que el agua no entrara en la aldea han cerrado la puerta de entrada. -Habló luego de una corta reverencia. -Podemos ofrecerles una habitación para cuatro a un muy buen precio. -Les sonrió agraciadamente.
-No necesitamos una habitación. -Contestó el Uchiha, y antes de que la moza procesara sus palabras ya se había marchado por la puerta.
El camino de regreso a la entrada estaba vacío, sin contar con cuatro figuras que se distinguían a lo lejos, tres de ellas parecían estar manteniendo una charla un poco animada, mientras que el cuarto individuo permanecía recargado contra la pared más cercana. Su cuerpo era delgado y pequeño, como el de un adolescente. Al ir acortando la distancia, Suigetsu reconoció de quien se trataba y miró de soslayo a su compañera de equipo.
-Oye, Karin. -Al captar su atención, señaló hacia adelante, donde la niña se encontraba reposando en la pared. -Esa es la mocosa que dijo que eras mi novia. -Soltó una risilla al ver como su expresión se transformaba.
-¿Entonces donde está tu ángel caído del cielo, eh? -Preguntó con mofa y una sonrisa de satisfacción plasmada en el rostro.
-Eso es lo que estoy tratando de encontrar. -Murmuró el susodicho recorriendo con la mirada el lugar, y sin previo aviso de la cuadra de adelante salió corriendo una figura alta y delgada que siguió carrera hasta la puerta, balanceando entre sus brazos dos bolsas. -¡Es ella! -Chilló de alegría al reconocer su lilaceo cabello.
-Vaya, Suigetsu decía la verdad. -Murmuró el enorme de mata anaranjada con una ligera sonrisa en los labios.
Ya se encontraban mucho más cerca de la puerta pudieron ver mejor a las personas que allí se encontraban. A la primera que avistaron fue a la niña que luego de que había atrapado en el aire una de las bolsas que la pelilila le había lanzado se quedó separada de la pared, vestía unos shorts a medio muslo negros, una camiseta igual de oscura con una insignia en el pecho de un contrastante blanco, parecían ser un círculo tachado por una línea vertical y tres horizontales. Una chaqueta de mangas cortas cerraba el conjunto. El abdomen que quedaba a la vista se veía completamente vendado y de su cintura colgaba un protector ninja de la aldea de la niebla. Sus cabellos eran voluminosos y se veían bastante rebeldes, de un adorable color chocolate al igual que sus ojos.
La otra fémina vestía de tonos más azules, unas largas calzas azul oscuro se ocultaban bajo sus botas ninjas grises, llevaba una camiseta de red debajo de una pequeña musculosa gris con la misma insignia blanca, un falda abierta de color azul eléctrico y al igual que la niña llevaba un protector ninja de la aldea de la lluvia en su cabeza a modo de bincha.
Los demás tenían pinta de ser campesinos de la zona e incluso pueblerinos que se encargaban de cuidar la entraba una vez que estaba cerrada.
-Disculpe, buen hombre. -La pelilila se acercó al grupo de hombres que no había dejado de charlar en todo ese rato, los tres se voltearon a verla. -Me preguntaba si no podrían abrir las puertas… Verán, mi hermana y yo necesitamos… -Antes de que pudiera continuar, el hombre de la derecha, con una prominente barba y ojos muy pequeños la interrumpió:
-De ningún modo, las lluvias han inundado todo y es sumamente peligroso que abandonen la aldea a estas horas.
-No será para nada peligroso, conozco estas tierras como la palma de mi mano, no va a pasarnos nada. -Aseguró riendo la muchacha. -Ahora si son tan amables, nos gustaría marcharnos cuanto antes.
-Hemos dicho que no. -Sentenció otro de ellos, de baja estatura y panzón.
-Será mejor que vayan a buscar un lugar donde hospedarse porque, hoy no podrán salir de aquí.
La joven bufó con fastidió mientras se volteaba con una cara de pocos amigos, el ceño fruncido y los labios apretados.
-¡Estafadores! -Bramó la pequeña también volteándose. -Mira Yuri, es tu enamorado y su novia. -Una juguetona sonrisa bailó en sus labios.
-¡Yo no soy su novia mocosa! -Karin sin lugar a dudas no tenía ni un ápice de simpatía con los niños.
-Todos somos capaces de juzgar a diestra y siniestra, pero no a todos nos gusta aceptar la verdad.
-¡Kasumi! -Murmuró indignada su hermana mayor. -Lamento el malentendido. -Dirigió su disculpa a todo el grupo, y notó enseguida la extraña mirada de sorpresa que le mandaba el pelinegro, quien por su parte no podía dejar de pensar en el enorme parecido que tenían aquella chica y su ex compañera de equipo. Quizá fuera solo alguna rama de la familia, las insignias de clan no eran muy parecidas.
-Eh, eh, Sasuke. -Masculló Suigetsu poniéndose frente a él. -Deja de mirar así a mi chica.
-Vaya, solo te ha dado una flor y ya eres su chica. -Ambas muchachas soltaron una risilla. –Mejor vámonos Yuri, ya quiero llegar a casa.
-Sí, será mejor que nos demos prisa. -Volviendo a cargar el peso de las bolsas pasaron junto a ellos luego de un sutil asentimiento de cabeza a modo de despedida.
-¡Oye, espera! -Suigetsu las alcanzó antes de que hubieran llegado a más de media cuadra seguido por sus compañeros. -¿Acaso conocen otra forma de salir de aquí? Porque, casualmente, es lo que estamos necesitando. -Se rascó la nuca algo cohibido.
-Oh, claro. -Yuri le dirigió una sonrisa y les hizo una seña a los demás para que los siguieran. -Pueden seguirnos, no es una salida, pero es la mejor forma de salir de aquí cuando la entrada está cerrada. -Siguieron su recorrido corriendo, tras haberse excusado de que debían hacerlo de la manera más rápida posible para no ser vistos. Al llegar al final de un callejón y ver que ya nadie pasaba por allí se dispusieron a poner manos a la obra. -Los aldeanos aprovechan estas… "lluvias repentinas" para ganar más dinero en sus tabernas y posadas. Cierran las salidas y obligan a los viajeros a pasar la noche aquí. Por suerte para nosotros, no vigilan las calles para ver si alguno se les escapa. -Soltó una risilla, mientras explicaba, su pequeña hermana guardaba los víveres que habían comprado dentro de sus mochilas de viaje. -¿Estás lista? -Ambas tomaron las mochilas. La pequeña fue la primera en saltar de una pared a otra hasta llegar a la altura de la gran muralla que rodeaba toda la aldea, una vez arriba se dejó caer para el exterior. -Los veré del otro lado. -Imitó a su hermana y saltó hasta alcanzar la muralla y perderse del otro lado.
Una vez que todos estuvieron ya fuera de la aldea, tomaron un mismo camino saltando entre las ramas de los árboles, porque según las expertas de la zona: -Con estás lluvias el terreno es muy propenso a formar ciénagas y pequeños pantanos, por lo que para evitarlos es mejor ir por la altura con cuidado de no resbalar. -Luego de soltar otra risilla tan característica de ella, se ofreció a guiarlos hasta que dieran con el camino nuevamente.
-Bien, aquí debemos separarnos. -Habían bajado a la tierra. -La lluvia no llego hasta aquí por lo que se puede ver, si siguen ese camino se encontrarán en la frontera antes del anochecer.
-De nuevo gracias por guiarnos, eres muy amable. -«Debe ser de familia.» Pensó Sasuke, mientras oía a Suigetsu hablar con la pelilila, el parecido era sorprendente. Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos y ponerse en marcha.
-No hay de qué. -Yuri y Kasumi habían llevado la delantera en todo el camino, y algo había estado carcomiendo su mente todo el recorrido. -¿Puedo hacerte una pregunta? -Se dirigió a Suigetsu, algo cohibida. -Con todo el malentendido de antes yo… No me quedó claro si… ¿Ella es tu novia? -Preguntó sin dar más vueltas, Karin, que había estado tomando agua de sus reservas, comenzó a toser intentando sacar el agua de sus pulmones que se había desviado al oír la pregunta.
-Qué va, claro que no. -Rió, contagiando un poco también a Yuri.
-En ese caso… -Se mordió el labio inferior con algo de duda. -La próxima vez que nos veamos, me debes una cita. -Dejó escapar aquella risilla y antes de que pudiera responder había seguido por el otro camino junto con su hermana.
-Andando. -Bramó el Uchiha. -Hay que llegar a la frontera y encontrar un lugar seguro donde acampar antes de que anochezca.
¿Les ha gustado? Merece un review? Al menos como regalo de Navidad para mí Sería algo hermoso! Y realmente tengo muchas ganas de saber si les gusta o si no!
Les saludo atentamente desde mi nueva oficina, ya que en lo que va de la última semana renuncie a mi antiguo trabajo y estoy comenzando a acomodarme y acostumbrarme al nuevo. El cual estoy comenzando a amar, ya que me deja algo de tiempo libre para escribir y subir mis capítulos
Saludos, besos y abrazos virtuales!
Shanami H
