Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, la publicación de esta historia es sin fin de lucro.
Sin más, disfruten de este nuevo capítulo. Al final les dejaré algún comentario extra!
¡A LEER!
Akira Ni.
(Capítulo Dos)
Cuando el sol se puso pudieron ver con sus propios ojos la imponente muralla que rodeaba la aldea de la hoja, a unos trecientos metros frente a ellos.
-Esto es asombroso. -Susurró para sí mismo. -¿Qué se siente volver a tu hogar, Sasuke? -Volteó la cabeza para ver a su líder observar la aldea con cierto anhelo en los ojos.
-Se siente igual que abandonarla. -El resto de camino hasta las puertas lo hicieron caminando, el cielo se había tornado negro cuando llegaron a la entrada de la aldea, los guardias al verlos tomaron posiciones defensivas con las armas en mano. Suigetsu sonrió con arrogancia mientras se dirigía a ellos: -¿Creen que si fuéramos a atacar la aldea nos presentaríamos en la puerta? -Dejó escapar una seca carcajada que termino de hacer tenso el ambiente.
-¿Entonces que es lo que unos criminales como ustedes quieren aquí?
-Ser escoltados ante el Hokage, tengo algunas cosas para comunicarle.
Luego de dejar todas sus pertenencias, incluidas sus armas, fueron llevados hasta el magnífico edificio rojo para ser presentados ante el Godaime. Hubiera creído que le harían jurar en cinco idiomas diferentes que sus intenciones eran buenas antes de llevarlo ante su gobernante, pero gracias a Dios no había tenido que hacer tal estupidez. Ya iban por los pasillos internos cuando se toparon con una mujer joven de cortos cabellos negros enfundada en un kimono gris azul, llevaba varias carpetas en brazos, que fueron a parar al suelo cuando los vio.
-Sasuke Uchiha. -Susurró ella aún sin apartar sus ojos negros de él.
-Shizune-sama. -Uno de los ninjas que les servían de escolta hizo una leve reverencia y levantó las carpetas tiradas.
-Gracias Kinomoto-san. -En sus ojos había desconfianza. -¿Se puede saber que hacen estos hombres aquí?
-Pidieron audiencia con Lady Tsunade. El Uchiha dice que tiene información importante para ella. -Kinomoto respondió a su pregunta acompañada de otra reverencia, aquello parecía incomodar un poco a la tal Shizune.
-Yo los llevaré. Pueden irse nuevamente a sus puestos. -Shizune espero hasta que la escolta desapareciera para dirigirse directamente a ellos. -Si este es otro de tus trucos Uchiha, no te permitiré que te acerques a mi maestra. -Se volteó en un remolino de telas gris azul. -Síganme.
Las puertas dobles del despacho privado del Hokage se encontraban cerradas frente a ellos. Dos golpes con el nudillo contra la madera resonaron en el desierto pasillo, al igual que la respuesta que obtuvieron del interior. Los ojos miel de la mujer que estaba sentada detrás del escritorio no mostraron signos de asombro o sorpresa al verlos entrar en su despacho.
-Cuando me avisaron de que Sasuke Uchiha estaba en la aldea y deseaba verme, creí que era una broma, pero por alguna razón no me extraña verte aquí. -Desinteresadamente se corrió un cabello del rostro. -¿A qué has venido?
-Tengo información para ti, pero quiero algo a cambio.
-¿Intentas extorsionarnos? -Bramó la morocha, había permanecido junto a ellos aún después de haber cerrado la puerta, Tsunade la detuvo con una mirada.
-Adelante, oiré tus exigencias. -Entrecruzó los dedos debajo de la barbilla con ambos codos apoyados sobre el escritorio.
-Quiero regresar. –Tsunade comenzó a reír ante tamaña respuesta, el Uchiha frunció el ceño.
-¿Tienes alguna especificación para esto? –Preguntó deteniendo su ataque de risa, pero aún así se veía un brillo de diversión en sus ojos. -¿Prefieres regresar a los barrios Uchiha? ¿A tu antiguo apartamento? –Una sonrisa se ensanchó en sus labios rojizos. -¿O tú y tus… -lanzó una mirada al equipo- amigos, preferirían compartir una habitación en las cárceles de Konoha?
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Una nueva mañana daba comienzo en la hermosa Konoha y para mucho de sus aldeanos daba comienzo una nueva semana de trabajo. Los negocios abrían al público después del fin de semana y la aldea volvía a tener su movimiento habitual.
Para todos excepto para él.
Se desperezó lentamente aún tapado hasta la cintura por las sábanas, una buena ducha le quitaría el sueño del cuerpo y podría por fin despertar. Se salió de la cama de un salto y el frío del suelo heló sus pies, encapotado con una abrigada bata encendió la cafetera y marchó hacia el baño.
-¡Buenos días Konoha! -Su radio despertador se había encendido con la alarma. -Son las siete de la mañana, el otoño llega a su fin y pronto se nos caerá encima el nevado invierno. ¡Ya se pueden sentir las bajas temperaturas!
El vapor se escapaba por alguna hendija, pero aún así el baño estaba lleno. Al salir se secó su cabello con una toalla y se la colgó de los hombros, se sirvió una gran taza de café antes de ir a vestirse. Se subió los pantalones, se calzó sus sandalias ninja, se puso una camiseta negra y se hecho en el sofá de la pequeña sala de estar.
-Gracias a Dios que Tsunade decretó la ley del franco post-misión. -Dejó escapar una carcajada mientras se acomodaba mejor en el sofá. -¿Y qué haré ahora? -Paseó la vista por el lugar, quizá sería bueno darle un poco de orden, sin pensarlo dos veces puso manos a la obra. Barrer un poco, quitar el polvo de los muebles, guardar la ropa que estaba tirada, lavar la taza del café. Quince minutos después estaba otra vez echado en el sofá. Miró el radio despertador que marcaba la hora, 7:25 a.m., suspiró.
Unos golpes en su puerta lo sacaron del letargo en el que comenzaba a hundirse. De un salto estaba ya en la entrada, decidido a abrir la puerta cuando esta se abrió sola dándole un buen golpe en la cabeza.
Ahora se encontraba en la mesa de la cocina con una gran compresa fría sobre la frente, para prevenir el crecimiento de un chichón y frente a él caminaba de un lado para otro su amigo Kiba Inuzuka.
-Amigo no vas a creerme a quien ví anoche salir de la torre del Hokage. -Había empezado a parlotear después de que su nariz había dejado de sangrar por el golpe de la puerta. -Yo tampoco me lo creí en el momento, pero esta mañana oí a dos hombres hablando. -Se quedó quieto mirándolo. -¿No vas a preguntarme a quien ví?
Suspiró con pesadez. -¿A quién viste, Kiba?
-Agárrate de tu silla, Naruto. -Hizo una pausa innecesariamente larga antes de contestar. -Sasuke Uchiha.
-¡¿Qué?! -Se paró tan deprisa de su asiento que sintió un repentino mareo por el golpe y tuvo que volver a sentarse. -Debes estar bromeando.
-Esta mañana fui a hablar con Shikamaru sobre nuestra última misión y en el camino me cruce con dos de los guardias de turno que custodian la entrada, que estuvieron anoche en sus puestos. -Se froto las manos de pura emoción. -¡Uno de ellos acompaño especialmente a Sasuke y a su equipo hasta la torre del Hokage!
-Sasuke y su equipo. -Repitió con pesar.
-Si, Naruto, Sasuke y su equipo están aquí. -Se sentó en la otra silla libre. -Se que no es lindo escuchar que tu compañero de equipo tiene un nuevo equipo, pero… -Dejó la frase en el aire. -No es realmente su equipo, él está al mando de ellos. Es distinto que como contigo y con… Sakura. -Calló de inmediato al darse cuenta que tan lejos había llegado. Se aclaró la garganta, ambos permanecieron en un pesado silencio. Naruto miraba el suelo como si fuera lo más interesante en la habitación.
-Si no me hubiera marchado, Sakura aún estaría aquí con nosotros y ella si podría alegrarse de está noticia. -Su rostro reflejaba dolor y tristeza.
-Oye, Sakura está en un buen lugar. Fue su decisión marcharse y deberías respetarla. -Tomó una manzana de una cesta de frutas semivacía. -¿No te alegras de que Sasuke haya regresado?
-Si, Kiba, si me alegra. Pero sigo teniendo mis dudas sobre lo que pasó con Sakura-chan. -Se quitó la compresa de la cabeza y la lanzó sobre la mesa. -Si está en un buen lugar… ¿Por qué Tsunade no quiere decirnos dónde está con exactitud? ¿Por qué no podemos ir a visitarla? ¿Cuál fue el motivo por el que decidió irse? Hay muchas cosas que aún no entiendo. -Desvió la mirada de Kiba hacia la ventana. -Andando, quiero ver a ese idiota de mi mejor amigo. -Sonrió un poco. -Supongo que sabes donde está.
-Mm, realmente no. -Soltó una carcajada. -Pero podemos averiguarlo.
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‒Debo admitir que no me esperaba esta bienvenida, Sasuke. –Comentó Suigetsu. –Realmente se lucieron. –Su risa retumbó por las paredes de piedra que los rodeaban.
‒Cierra la boca, Suigetsu. ¡Esto no es divertido! –La voz de Karin se amplificó millones de veces por los pasillos.
‒Serás una amargada toda tu vida si no le encuentras el lado positivo a las cosas. –Se burló el muchacho con dientes de tiburón, todo estaba a oscuras.
‒¡A mí qué rayos me importa lo que tú… -Se interrumpió. –Sasuke. –Lo llamó, pero no recibió respuesta. –Alguien está viniendo.
Casi podía jurar que distinguía el sharingan del Uchiha en aquella espesa negrura donde habían ido a parar después de su charla con la Hokage. No había sido una charla muy extensa, a decir verdad, pero la Godaime había dicho que pensaría en la propuesta, y mientras tanto, ellos obviamente esperarían en las comodidades de la cárcel de Konoha. Que hospitalario de su parte.
En la penumbra se distinguían las sombras que formaba la luz de la antorcha en la pared, mientras se oían los pasos retumbar en el pasillo. El resplandor del fuego era tal que cuando por fin lo tuvieron enfrente, debieron cerrar sus ojos acostumbrados a la oscuridad hasta recuperar la visibilidad y poder ver dos pared de botas ninjas del otro lado de la reja que los recluía.
‒Eh, Uchiha. –Dijo uno de ellos, no pudieron reconocer de quien se trataba, pues el resplandor de la antorcha les ocultaba los rostros. –¡Sigues teniendo la misma cara de afeminado! –Varías carcajadas retumbaron, incluidas las de Suigetsu que intentaba disimularlas con una ahogada tos.
‒Te tomaste tu tiempo en aparecer, Naruto. –Murmuró el Uchiha. –Creí que en esta aldea eran más cotillas. –Una carcajada alegre escapó de uno de los recién llegados. Se escuchó el ruido de una llave en la cerradura y el chirrido de la reja al abrirse.
‒Bueno, me tomé el atrevimiento de conseguir primero tu libertad. –Sasuke se levantó despacio y sin apuro, salió al pasillo ante la atenta mirada de los cinco. El camino hacia el exterior les resultó mucho más corto que cuando llegaron, el sol brillaba en todo su esplendor de medio día.
Una vez fuera, el sol les permitió observar con mayor detalle a sus salvadores, uno de ellos era rubio y de tez bronceada, sus ojos eran como dos pedazos de cielo. El otro, a quien reconocieron como el muchacho suicida que había hecho aquel comentario sobre Sasuke en un principio, tenía también una tez bronceada y unos alborotados cabellos chocolate.
El rubio estiró una mano hacia Sasuke, en el momento en que pisaron la tierra y para sorpresa de Taka, el Uchiha se la estrechó un segundo antes de que el ojiazul tirara de él hasta darle un abrazo.
‒Resultaste todo un llorón, Naruto. –Se carcajeó el castaño al tiempo que palmeaba la espalda del mismo.
‒Es qué… -Naruto se separó y suspiró. –Me esforcé tanto para hacer que regresara, y el cabrón lo hizo por su cuenta. –Sonrió con alegría a pesar de sus palabras y le dio unas palmadas en el hombro al Uchiha. –Ahora solo hay que traer a Sakura-chan de regreso y todo volverá a ser como siempre. –Ante la mención de su compañera de equipo, el Uchiha frunció el ceño sin comprender las palabras del rubio, ¿Traerla de regreso?
‒Es una larga historia, Sasuke. –Comentó el castaño mirando al frente. –Sería mejor ir por algo de comer primero, antes de tocar el tema de Sakura. –Desvió la mirada hacia los dos integrantes del ex equipo siete. –Ya sabes lo llorón que es Naruto, al menos esperemos a que tenga el estómago lleno. –Se rió.
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‒Entonces… ¿Quién es la tal Sakumo? –Como respuesta, recibió tres miradas, dos de ellas si hubieran podido matarlo, lo habrían hecho, y aquella que si podía, simplemente le observó con molestia.
‒¡Es Sakura, idiota! –Gruñó el rubio. –Ella es mi compañera de equipo. –Sonrió con arrogancia, algo muy extraño en él. –Junto con ese Teme que tienes por líder.
‒Hn, no has cambiado nada, Dobe.
‒Pues, me he hecho más fuerte, Teme. ¡Cuando quieras te lo demuestro! –Se paró apoyando ambas manos en la mesa y apuntó al Uchiha con su dedo. –¡Te daré la paliza de tu vida! –Y se largó a reír.
‒Si van a comenzar a pelear, mejor salgan del restaurante. No quiero que pase como aquella vez en la terraza del hospital. –Dijo una voz pasiva que entraba en esos momentos por la puerta del local.
‒¡Kakashi-sensei! –El rubio sonreía con alegría al recién llegado. –¡Mire quien ha regresado! –Como si no fuera suficientemente notorio, apuntaba con ambas manos a Sasuke.
‒Estás colmando mi paciencia, Naruto. –Comentó el Uchiha apretándose el puente de la nariz. –Y según pude entender, Sakura no está aquí para intervenir por ti y salvarte el pellejo.
Al oírlo hablar, el aura de felicidad de Naruto fue decayendo en picada, se sentó de sopetón en su asiento y bajó la cabeza.
‒No deberías hablarle así de Sakura, Sasuke. Él aún se culpa por no haber regresado antes. –Hatake tomó asiento en la mesa, junto a Kiba y Taka. –Aun que claramente, ella se habría marchado de todos modos.
‒No estoy comprendiendo bien los hechos. –Comentó la colorada del equipo Taka, realmente quería saber quién era esa mujer de la que todos hablaban, no soportaba que ella fuera el centro de atención. ¿Qué tal si ella era la razón por la que Sasuke había regresado? Pero no podía ser, él no había preguntado por ella. O quizás, si lo había hecho pero ella no había estado del todo atenta a él. Su cabeza era un océano de preguntas sin respuestas sobre la identidad de aquella mujer, y solo tenía una respuesta. Sakura había sido una persona importe en la infancia de Sasuke, había compartido mucho más de lo que ella había compartido con él jamás. Y la odiaba por ello.
‒Oh, ustedes deben ser Taka. –Comentó el enmascarado. –Es un gusto, yo soy Kakashi. Fui el sensei de Sasuke desde que se graduó de la academia. –El hombre sonrió bajo la máscara y su único ojo visible se curvo.
‒¿U-usted fue su sensei? ¿Usted es el ninja copia? –Murmuró sorprendido, Suigetsu. No podía dejar de observar a aquel hombre y a Sasuke, ahora entendía ciertas cosas. El peliplata, simplemente se limitó a asentir con la cabeza y mirar otra vez a la pelirroja.
‒No creo que Naruto pueda responder a tus preguntas ahora. –Le sonrió. –Pero haré todo lo que pueda para esclarecer sus dudas. –Se frotó la barbilla enmascarada con una de sus manos, como si estuviera pensando por donde comenzar. –Mm, cuando Sasuke se marchó de la aldea ella sufrió mucho. Naruto también lo sufrió, pero él es un hombre y ciertamente… no estaba enamorado de ti. –Sonrió a su exalumno, por su parte Sasuke desvió la mirada. –Al poco tiempo, Naruto decidió que debía hacerse más fuerte para poder traer a Sasuke de regreso y cumplir la promesa que le hizo a Sakura la noche en que te fuiste. Y también se marchó.
»Sakura sabía que Naruto regresaría pronto, pero la espera se le hizo eterna. Y para cuando Naruto regresó, ella se había marchado también de la aldea.
‒Y la única persona que realmente sabe dónde está y qué está haciendo, es su maestra. –Acotó Naruto, tomando su plato de comida de la mesa y comenzando a comer, había recuperado un poco de color en su rostro, pero no había ni rastro de aquella chillona felicidad de hacía un rato.
‒¿Y por qué no han ido con su maestra para preguntarle por ella? Podríamos amenazarla, cuentan conmigo. –Suigetsu les guiñó un ojo. Kiba y Naruto se miraron entre sí y comenzaron a reír sin parar. Los demás los observaron sin comprender, y por su parte, Kakashi sonrió divertido.
‒Bueno, si quieres ir a amenazar a la Hokage, nadie va a detenerte, muchacho. –Taka, e incluso Sasuke, se volvieron para observar al ninja copia con cierta sorpresa.
‒¿Tsunade fue maestra de Sakura? –La voz de Sasuke sorprendió a todos, nadie esperaba que él se metiera en la conversación siquiera.
‒¿Curioso no es cierto? –Murmuró Kakashi, sacando de su bolsillo trasero su fiel libro. –Los primeros y únicos alumnos que he tenido, y los tres legendarios Sannin se interesan en ellos. –Suspiró. –Espero no volver a tener a ningún niño bajo mi tutela, no quiero imaginar hasta donde llegaríamos esta vez.
‒¡Pero que dice, Kakashi-sensei! –Bramó Naruto. –Si nos la pasábamos de maravilla. –Se rió con alegría, poco a poco su buen humor iba regresando.
La noche siguió su curso, tranquila y llena de viejas anécdotas de los tiempos en los que aún eran un equipo. Unas horas después, Kiba se retiró y solo quedaron en la mesa los integrantes de Taka y el quebrado equipo siete.
‒«Sé que si alguna vez volvemos a ver a Sakura, ella regresará con nosotros». Pensó Naruto esa noche para sí mismo, acostado en su camastro observando la luna desde su pequeña ventana.
¡AQUI ESTAMOS! ¿Y ustedes como lo veían? ¿Blanco y dorado, o azul y negro? JAJAJA Okay ya, hablemos de cosas más importantes, como por ejemplo de que deben odiarme aunque sea un poquito por haber tardado tanto en actualizar! Lo sé, me lo merezco. Sobre todo después de que han sido tan lindos y me han dejado muchos reviews. Pero es que he estado con la cabeza en otro lado ciertamente y pues, simplemente se me paso. ¡No me maten, que tengo más capítulos terminados para ustedes!
¡Así es! Tengo hechos hasta el capítulo cinco, y aquí solo vamos con el dos, pero ya verán que las sorpresas no se acabarán tan rápido y espero poder atraparlos en esta trama un largo tiempo. Hasta que termine, al menos jaja.
En fin, aquí les dejo el capítulo que les prometí, y sean felices y coman perdices!
Mata ne!
Shanami H.
