Capítulo 10: pelea por el destino de la humanidad.

Campos Elíseos.

La batalla entre la diosa de la guerra y el dios del inframundo estaba en su punto culminante, en esos momentos dos poderosos cosmos aparecen, los dioses gemelos se hacen presentes.

Athena: ¡esas almas ya no son amenaza para mí! – señala con Nike.

Hades: no debes sentirte victoriosa, no podrás vencerme…

Thanatos: ¡señor Hades!

Hades: ¡Thanatos! ¡Hipnos!

Athena: ¡los dioses de la muerte y el sueño! Esto no va bien… - reflexionaba.

Hipnos: tenga cuidado mi señor Hades, eres tú Athena…te has atrevido a venir a ésta sagrada tierra…

Hades: descuiden, no quiero que intervengan…esto es entre ella y yo, pondré fin a este conflicto que se ha prolongado desde la era mitológica…

Thanatos: ¡juntos podremos vencerla! – aprieta su puño.

Hades: ¡dije que no intervengan! – devuelve una mirada dura con gran autoridad.

Thanatos: si mi señor…

Hades: ¡vayan a sus templos! Después de que venza a ésta descarada podremos teñir el mundo de oscuridad…

Hipnos: vamos Thanatos, Athena no podrá con Hades…

El dios de la muerte asiente, los dioses gemelos se retiran.

Athena: ¡Hades, como tú dijiste, pongamos fin a éste conflicto!

El dios enciende su cosmos, el cielo de los elíseos se ennegrece.

Athena: ¡el cosmos de Hades está creciendo infinitamente, este es el verdadero poder del señor de las tinieblas, es aterrador! – pensaba.

Hades: ¡así que Nike te lleva a la victoria…en ése caso te despojaré de tus amuletos!

Athena: ¡ésta vez no esperaré a que me ataques!

La diosa enciende su cosmos y extiende su báculo, de él se desprende un halo de luz excelso, el cual avanza contra su rival mitológico creando una enorme luminosidad, el dios del infierno pone su espada de frente, y la eleva hacia arriba, rechazando el poderoso ataque.

Athena: ¡no lo creo! – retrocede.

Hades: ¡tonta, no fue una buena idea venir sin tus santos protectores!

Athena: ¡no quiero arriesgar sus vidas! Por eso lucharé sola…

Hades: ¡ha llegado tu fin…! – lanza un resplandor rojo contra su enemiga.

La diosa intenta detenerla con su escudo, pero éste sale volando del impacto.

Athena: ¡me ha dejado sin defensa…Nike…dame la victoria! – lanza el báculo.

El dios de las tinieblas abre los ojos sorprendido y atina a esquivar el ataque, su hombro es alcanzado, su sapuris sagrada estalla en la zona impactada.

Hades: ¡¿qué?!… - descubre su hombro lastimado.

Inmediatamente observa que la representación de la victoria, Nike, está a pocos metros, se acerca a dónde había caído y lo sostiene.

Athena: ¡no vacilare aunque no tenga a Nike conmigo!

Hades: ahora sin este báculo perderás… - entierra el estandarte de Athena.

Muro de los lamentos.

Hyoga: ¡Aun a la lejanía y atreves de este muro puedo sentir el clamor de los cosmos de los dioses!

Ikki: ¡esta batalla podría no tener final!

Shun: ¡Saori está arriesgando su vida!

Shiryu: ¡Athena, no puedes morir!

Campos Elíseos.

Athena: ¡destruiré tu espada! – lanza con su mano un enorme resplandor directo hacia el arma de su enemigo.

Hades: ¡ingenua! – sostiene su espada rechazando el ataque.

Athena: …no he podido hacer siquiera un rasguño a la espada… ¿acaso es indestructible? – se pregunta para sí.

Hades: has confundido las cosas Athena…

Athena: ¿qué dices?

Hades: los dioses no debemos proteger a los humanos…fue un error venir sola para que ellos no sean heridos…

Athena: ¡eso no es cierto, los santos me han entregado sus vidas desde tiempos antiguos, es hora de que yo los proteja!

Hades: ¡los humanos deben servir a los dioses, ellos deben alegrarse de entregar sus vidas por nosotros…esa es la naturaleza da las cosas, lo terrenal y lo divino tiene que estar separado…muere Athena! –levanta su espada.

Hades: ¡tomaré tu vida!

El dios pone su espada hacia arriba y baja en vertical, lanzando un haz rojo del filo de su hoja al blandiré en el aire, la diosa resulta herida del impacto directo del arma divina del señor de los infiernos.

La diosa de la guerra no puede ponerse en pie, pero no desiste y sigue intentando reincorporarse.

Athena: aún no me has vencido Hades…

El dios del infierno inmoviliza con su cosmos el cuerpo de su enemiga, ataca nuevamente con su espada dispuesto a acabar con la vida de la diosa de la guerra, la cual yace indefensa, pero justo en ese momento una energía envuelve a ésta última, y desaparece sorpresivamente junto con Nike.

Hades: ¿qué ha pasado? Estaba a punto de tomar su vida…maldición, ¿quién habrá intervenido? …solo hay un ser además de mi capaz de atravesar los infiernos con esa facilidad…

Muro de los lamentos.

Los santos de bronce estaban preocupados, de pronto una luz dorada se siente, éstos voltean hasta que sus ojos ven a su diosa, la cual estaba tumbada en el suelo, con graves heridas.

Shun: ¡Saori! – auxilia a su diosa sujetándola de la espalda.

Hyoga: ¡señorita Saori!

La diosa abre los ojos, se encontraba confundida.

Athena: ¡estamos en el muro de los lamentos! No puede ser…

Shiryu: ¿qué ha pasado?

Athena: lo mismo me pregunto…estaba luchando con Hades…al final del combate estaba por morir, pero alguien parece haberme salvado…

Ikki: ¿quién será aquel que te ha salvado?

Athena: no lo sé…pero era un cosmos poderoso, probablemente era…no, seguramente se trataba de un dios…pero me pregunto quién…

Hyoga: todo esto quiere decir que Seiya…

Athena: el tiempo del reloj estelar esta por vencerse, no lo hemos podido lograr… - su rostro empieza a brotar lleno de lágrimas.

Hyoga: eso quiere decir que todo ha sido en vano…

Athena: así es…si nos quedamos más tiempo quedaremos atrapados en el pasado, es necesario que vayamos a la laguna de Cronos nuevamente, al monte Olimpo…

Shiryu: ¡Seiya! – se agacha lleno de dolor por la inminente perdida de su amigo.

La diosa y sus leales santos vuelven dispuestos a salir rápidamente de los infiernos, para dirigirse a la colina de las estrellas, con destino al monte Olimpo, más precisamente a la laguna de Cronos, el dios del tiempo.

El Santuario, presente, 1990.

El santo de Pegaso se encontraba bajo los cuidados de Seika, y de los santos de bronce de Unicornio, Hidra, Oso, León menor y Lobo.

Seika: ¡el rostro de Seiya se ha puesto morado! – empieza a tantear si se encontraba bien, no sentía el pulso de su hermano. - ¡Su corazón se ha detenido…! –empieza a llorar y a gritar el nombre de su hermano.

Jabu: ¡no lo lograron!

Nachi: ¡Seiya, ja ...!

Geki: Shun, Hyoga, Shiryu, Ikki, no pudieron hacerlo… - dice consternado.

Ban: ¡pero dónde se encontraran ellos…!

Jabu: ¡me preocupa Saori!

La diosa de la guerra y sus santos de bronce llegan corriendo, con sus esperanzas exterminadas, aunque tal vez confiando en algún milagro, tal vez aquel dios que intervino en el combate contra Hades.

Shun: ¡Seiya! – dice llorando.

Seika: mi hermano ha…muerto… - mira con desazón.

Shiryu: ¡no puede ser! ¡Seiya!

Athena: ¡todo esto fue culpa mía! – dice mirando al suelo.

Shiryu: Saori…no fue tu culpa, si alguien tuvo la culpa, esos fuimos nosotros…

Geki: muchachos, dieron su mejor esfuerzo…no es culpa de nadie…

Seika: ¡finalmente no pudimos reencontrarnos…! – se lamenta.

Los santos de bronce sienten unos poderosos cosmos provenir de entre las doce casas.

Ikki: ese cosmos…podría ser…

Shun: ¡aquel que se dice puede despertar a los muertos!

Shiryu: ¡puedo sentir esa presencia igual de poderosa que en el pasado!

Hyoga: ¡quizá Ofiuco, él podría…!

Shiryu: quizá exista esa posibilidad…

Shun: no sólo es su cosmos, también hay dos cosmos muy poderosos…

Ikki: ¡iremos a ver inmediatamente!

Shun: ¡Saori, será mejor que esperes aquí!

Athena: yo veré si puedo hacer algo por Seiya… – empuña su báculo al tiempo que extiende su cosmos alrededor de su santo predilecto.

Los santos de bronce de Andrómeda, Cisne, Dragón y Fénix corren en dirección hacia las ruinas del templo del serpentario.

Ruinas del templo del serpentario.

Shaina, poseída por Ofiuco, luchaba contra Ícaro y Castor ante la mirada de Marín, en eso irrumpen los santos de bronce.

Touma: Hyoga ... tiene Vuelto ...

Hyoga: ¡Touma ...!

Shun: ¿Shaina? Que significa su cosmos…se ha incrementado asombrosamente…además esa armadura dorada, es la armadura de Ofiuco…

Shaina: la mujer a la que llamas es solo un instrumento de mi voluntad…

Shiryu: se ha apoderado de su cuerpo…será que el legendario santo intervino en esta época atreves de la grieta dimensional mientras estuvo abierta en la laguna de Cronos… - piensa.

Shaina: así es…a pesar de que la grieta dimensional se haya cerrado, mi espíritu que descansaba en mi armadura dorada ha sido despertada del sello que la aprisionaba… - dice después de leer su pensamiento.

Hyoga: ¡el compañero de Touma debe ser un compañero del cielo!

Shiryu: ¿podrá ser que ni siquiera dos ángeles pueden contenerte Ofiuco?

Shaina: así es santo de bronce…los esbirros del cielo no impedirán lo inevitable… ¡ninguno de ustedes han tenido el cautiverio en el que me vi inmerso culpa de la soberbia de los dioses!

Cástor: ¡esperen! Santos de Athena, no intervengan, es asunto del cielo… - enciende su cosmos.

Ikki: ¡el cosmos de éste ángel es enorme!

Cástor: ¡éste es tu fin…EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!

Shaina: ¡DESTELLO DE LA SUPERNOVA!

Shun: ¡¿la explosión de galaxias?!

Las dos técnicas colisionan, generando un torbellino de cosmos, todos los presentes salen despedidos por la fricción, solo se conservan en pie el ángel y la mujer que se encontraba bajo la posesión.

Ikki: ¿cómo puede ser que use la explosión de galaxias? – dice mirando al ángel.

Shaina: éste hombre es Cástor, ha reencarnado en ésta era nuevamente...él fue un santo alguna vez, el primero en vestir la armadura de Géminis…se puede decir que nuestros espíritus se conocen desde tiempos antiguos…

Shiryu: ¡un santo legendario de la época del mito! Pero… Ahora es un ángel…

Cástor: me han enviado desde el cielo para detener el fin del mundo, si no detengo a éste hombre los dioses castigaran el planeta…los designios de éste hombre representa un gran peligro…Asclepio, sé razonable, entrégate para salvar a tu especie.…

Shaina: ¡tonto! ¿Crees que permitiré que los dioses vuelvan a subyugarme? ¡…es hora de que acabemos con la soberbia de los dioses y nos liberemos de su opresión!

Shiryu: ¿vale la pena exponer ciento de vidas inocentes por la de este ser?

Hyoga: él es el único que podría salvar a Seiya!

Cástor: ¡retírense santos, esto no le concierne a Athena!

Ikki: tonterías, esto es un asunto del Santuario y de Athena… - dice con rudeza.

Cástor: ¡¿qué dices?!

El santo del Fénix enciende su cosmos.

Ikki: ¡el destino de la humanidad y la vida de un santo es sin duda asunto de Athena! - dice mientras cierra sus puños – lárguense del Santuario…

Shun: ¡espera Ikki! ¡No inicies una pelea sin sentido!

Shiryu: ¡Shun tiene razón!

Ikki: no te preocupes…eso lo entiendo perfectamente…

Cástor: ¿qué planea hacer? – Balbucea - Acaso me desafías… - dice elevando la voz - pobre tonto… ¡pagarás tu insolencia de la peor forma! – le amenaza.

Repentinamente el espacio se distorsiona alrededor del Fénix, cientos de planetas acechan el área de Ikki amenazándose con precipitarse sobre este, el santo reacciona de inmediato y despedaza varios con un ken, pero al final alcanzado y golpeado violentamente.

Shun: ¡hermano!

Ikki: ¡este poder, es tremendo…! – dice reincorporándose.

Cástor: ¡morirás por no conocer tus límites!

Ikki: ¡ya he conocido el arte de tus ataques, no podrás detener el fulgor del Fénix!

El santo de bronce enciende su cosmos liberando llamas a su alrededor.

Cástor: desafiarme es condenar a la humanidad… - dice con voz amenazante, pero entrecortada - No puedo dejar que esto se sepa. – concluye diciendo para sí.

Ikki: ¡PUÑO FANTASMA DEL FÉNIX!

El santo de bronce consigue ejecutar su poder ilusorio en el ángel.

Cástor: ¿qué es esta ilusión…? Parece que mi mente se traslada rápidamente a otro lugar…

El ángel rememora una imagen de su pasado mitológico, en la cual serbia a Atenea, se encontraba en la guerra santa contra Poseidón, acababa de vencer a varios soldados tritones, estaba luchando codo a codo con sus compañeros santos, sintiendo una gran nostalgia, de pronto recuerda un combate contra el general marino del pacifico norte, el Hipocampo.

Cástor: así que esta es tu ilusión…es cierto, me ha hecho sentir algo que ya había olvidado, pero eso no es un ataque que pueda causarme algún daño…

Ikki: ¡no es posible, mantiene todavía la cordura!

Cástor: no puedes dañar mi espíritu, tu ilusión diabólica ha sido inútil…lo único que has logrado es darme un vistazo a mi vida pasada…

Ikki: ¡no dejas ya el corazón en tus combates, la vida de ángel te ha vaciado el alma!

Cástor: ¿qué quieres decir?

Ikki: servir a Athena te reconfortaba de una manera que no lo haces sirviendo al Olimpo…

Cástor: Tonterías… ¡COLISIÓN DE ASTROS!

La técnica del ángel derriba al Fénix, propiciándole varias heridas.

Shiryu: ¡Ikki! ¿Estás bien?

Ikki: sí, menuda fuerza tiene…

De pronto el enviado del Olimpo comienza sentir un malestar tomándose la cabeza y la santa de Ofiuco intercede.

Shaina: Castor llévate a Ícaro e infórmale al Olimpo, que iré… ¡por sus cabezas!

Castor:…estas cometiendo un grave error al proteger a este hombre, yo solo intento salvarlos a todos…si ustedes salvan a ese hombre es probable que tenga lugar la guerra contra el Olimpo, el mundo será destruido… ¡vamos Ícaro!

Shaina: Vamos dónde está su amigo, a despertarlo, si los dioses lo quieren muerto por algo ha de ser…

Ofiuco y lo santos de bronce se dirigen a dónde se encuentra Pegaso. Los ángeles desaparecen en el cielo.

Campo de flores del Santuario.

En ese momento que el santo femenino se acerca al Pegaso, los demás santos y Athena miran asombrados.

Shaina: Pegaso ha muerto, sin embargo ésta vara ha conseguido hacer milagros. – enciende su cosmos.

El santo de Ofiuco enciende su cosmos dorado a un nivel cósmico más alto, introduce su báculo en el pecho del santo, su cuerpo es recorrido por un bienestar sublime, las células de su cuerpo sin vida comienzan a recobrar levemente su vitalidad.

Seika: ¡Seiya ya no esta tan pálido como hace unos segundos!

Shun: ¡vamos Seiya, tu nunca te has dado por vencido!

Hyoga: ¡eso es Seiya…!

Los demás santos a excepción de Ikki, quien miraba expectante en silencio, se pusieron a vitorear el nombre de Seiya.

Athena: ¡vamos tu puede Seiya, yo confió en que lo lograrás! – la diosa que en ningún momento había dejado de envolver al santo con su cosmos parece potenciar el poder de Ofiuco.

Shaina: ¡vamos Seiya, Pegaso, bate nuevamente tus alas!

Lentamente se vuelven a sentir los pulsos de Pegaso, su corazón vuelve a latir, aunque despacio.

Shaina: La maldición de Hades es terrible…

Seika: ¿a qué te refieres?

Shaina: yo soy Asclepios… y que él se salve dependerá de sus ganas de estar entre los vivos…en estos momentos estoy curando con mi poder parte de esa herida, pero quedara en la fortaleza de este hombre el poder regresar del infierno… – retira su vara.

Los ojos de Seiya se abren lentamente, logrando ver a su hermana Seika de frente, llorando esta vez de alegría. Al tiempo que casi todos los presentes gritan de felicidad y aplauden emocionados.

Seiya: ¡Hermana! ¿Realmente eres tú?– se levanta y la abraza.

Seika: oh Seiya aún no puedo creer que estés vivo, que por fin nos hemos reencontrado… – dice entre lágrimas.

Seiya: ¿qué es lo que ha pasado? Lo último que recuerdo es haber sido atacado por la espada de Hades…

Shun: ¡Seiya amigo! – dice llorando. – Después de recibir esa técnica has estado bajo el hechizo de Hades…

Seiya: ¿el hechizo de Hades?

Athena: ¡Seiya, pensamos que te habíamos perdido! – las lágrimas de emoción brotan de su rostro.

Seiya: ¿pero que hicieron para traerme de vuelta a la vida…?

Shun: tuvimos que viajar al pasado, al momento de la anterior guerra santa…

Hyoga: fuimos a través del lago de Cronos…el dios del tiempo…

Athena: pero todo fue en vano, finalmente, fue Asclepios quien te regreso a la vida… – dice apuntando hacia Shaina.

Seiya: ¿Asclepio? – pregunta mientras lleva su mirada a donde su diosa le indicaba - ¡Shaina!