Tercera publicación con mi propia propuesta: olvido (lo positivo y lo negativo).
Personaje: Iori.
HEMISFERIOS
Sin cara
La memoria no se rige por ninguna ley. El pensamiento azotó a Iori mientras estudiaba para su primer parcial de Derecho.
Podemos guardar fotografías, escribir diarios o acceder a los recuerdos, como si se trataran de películas, cada noche antes de dormir. Pero ninguna de esas cosas nos aseguran que nuestro recuerdo sea real, ni que no lo olvidaremos. Ocurre cuando menos lo esperamos.
Hace algunos años que Iori no sueña con su padre. Sigue pensando en él; en qué hubiese cambiado de no haber muerto o en qué le diría si pudiese verlo. Pero ya no le asusta en sus sueños: la última vez que ocurrió, se despertó sudando porque su padre ya no tenía cara. Y, de hecho, ¿cómo olía? ¿cómo era su risa? Quedaban pocas cosas de las que estar seguro. Aquella noche quiso contárselo a su madre «ya no me acuerdo de su cara», aunque se detuvo, creyendo que podría decepcionarla.
A menudo tenía la tentación de hablar con ella de eso, creía que no podía haberse olvidado de esas cosas, pues consideraba a los recuerdos de la infancia los más anárquicos.
—Tengo algo que contarte.
Iori interrumpió su estudio y giró la silla, no había sentido a su madre en la habitación. Fumiko caminó despacio, restregándose las manos contra los muslos y se sentó a su lado, acariciándole la muñeca. Iori no necesitó más que una mirada para saberlo: Fumiko se había comprometido.
—¿Qué te parece?
—Está bien —contestó Iori.
—¿Seguro?
—Ha pasado mucho tiempo. Más que suficiente para olvidar. Así es, ¿no?
—Puede que haya olvidado el dolor. Y… cómo me sentía también. Quizá eso sea bueno, pero nunca podría olvidar. Es imposible. Nunca te lo digo, pero cada vez te pareces más a él. En especial cuando sonríes, como ahora.
