¡Hola, personillas!
Menos mal, MENOS MAL que ha terminado la semana. Sí, bueno, mañana es viernes, pero en la facultad no hay clase, al menos en la mía. Y yo me alegro mucho, que tengo un estrés encima que no os hacéis una idea. Quiero volver al instituto, aquí son todos muy grandes y me da miedo y me siento pequeñita... En fin, supongo que sobreviviré xD
Gracias a Mery Vedder, Julietaa, aries weasley, CallMeStrange y Silvers Astoria Malfoy por los reviews del capítulo anterior.
Capítulo 7: De venganzas y robos con violencia
Ya no hay nadie que te pueda ayudar,
ya no hay nada que me puedas dar.
En mi alma hay una coraza hecha de dolor.
Y entre sus caderas yo perdía la razón;
y ante sus promesas yo perdí mi corazón.
Mägo de Oz-Cuánto cabe en un adiós
Elijah no va a recoger sus cosas hasta la tarde siguiente, cuando se asegura de que su nuevo piso es un lugar en condiciones.
No es muy grande, pero tampoco demasiado pequeño. Y no es ni más ni menos que lo que necesita. Está sólo a dos calles de San Mungo, por lo que puede ir andando al trabajo si le apetece, y es cálido y acogedor.
Aunque lo cierto es que a él le parece un tanto frío; no le gusta la soledad.
Se aparece en un callejón cercano al piso de James y desde ahí camina hasta el piso de su ahora ex novio. Se le hace increíblemente extraño tener que llamar al timbre, y cuando James abre, sin mirarlo, vuelve a sentirse tan mal como anoche. James le hace un gesto para que lo siga y lo guía hasta el dormitorio, donde Elijah encuentra sus cosas apiladas de una forma que pretendía ser ordenada, pero que delata que más de un objeto se le ha caído (o lo ha lanzado con rabia).
—Si te falta algo, búscalo y llévatelo también—dice James, sin mirarlo, mientras sale de la habitación—. Y si no lo encuentras y yo lo veo después, te lo mando por lechuza—a Elijah le duele la terrible frialdad de su voz. Lo observa caminar hasta el salón y suspira. Sabe que es por su culpa, pero él no quería nada de lo que está pasando.
Es entonces cuando escucha un parloteo de chica. Elijah frunce el ceño, extrañado, y sale sin hacer ruido del dormitorio. Se asoma con precaución al salón. Efectivamente, es una chica. Una con el pelo oscuro y los ojos claros.
Y los labios pegados como ventosas a los de James.
El primer impulso de Elijah es coger a esa niñata morena y estúpida (aunque no la conozca, tiene la impresión de que es así) y tirarla por la ventana. Y acto seguido, hacer lo mismo con ese grandísimo imbécil que está hecho James, pero desde dos pisos más arriba.
Sin embargo, en lugar de ello vuelve a la habitación, con los dientes chirriando y las uñas clavadas en las palmas de las manos, diciéndose que, aunque le parezca una soberana gilipollez, James tiene derecho a estar con una mujer. Y él no tiene nada que hacer para impedírselo.
Cuando está terminando de meter su ropa en una caja, escucha pasos acercándose y descubre al joven observándolo con una expresión extraña.
—Qué velocidad—comenta, mordaz, sin dejar su tarea.
—Ya ves—replica James en el mismo tono.
—¿De dónde la has sacado? Todo el mundo mágico sabe que ninguna tía tiene posibilidades contigo.
James tarda un poco en responder.
—Es muggle. Se llama Sophie Grant—Elijah comprende entonces por qué esa chica ha aceptado salir con James y besuquearse con él—. Y puede que sí la tenga.
Elijah se digna entonces a mirarlo. Arquea las cejas con burla.
—¿Piensas tirártela sólo por joderme?—inquiere, incrédulo.
—No todo lo que hago tiene que ver contigo—responde James—. ¿Y por qué no?
Elijah suspira. Pensaba que su ex novio ya tenía superado eso.
—Porque tú eres gay. No te van las tías, y desde luego con esa niñata no estás yendo a ningún lado—su voz suena más resentida de lo que pretendía, y para su horror James se da cuenta. El ex Gryffindor sólo sacude la cabeza y sale de la habitación sin decir nada.
Elijah termina de recoger sus cosas, cabreado, pese a saber que no tiene derecho a estarlo. Se desaparece y se materializa en la entrada del bloque de pisos en el que vive ahora.
Pasa por al lado de los buzones, y entonces descubre un nombre que le llama la atención.
"Sophie Grant"
Elijah sonríe con malicia. Si James puede jugar sucio, ¿por qué no él?
James jamás se ha sentido tan mal por acostarse con alguien como las semanas que lleva saliendo con Sophie.
Conoce a la muchacha desde hace mucho tiempo; cuando iba con su padre a Privet Drive a visitar a su tío Dudley, la niña solía jugar con la hija del primo de su padre, y pasaron muchas tardes haciendo travesuras juntos. No obstante, se distanciaron cuando James entró en Hogwarts y las visitas a casa del señor Dursley se redujeron a verano y Navidades.
Y ahora, el único motivo por el que está a su lado es que se parece a Elijah. A James le parece un argumento un tanto turbador y terriblemente enfermizo, pero se ha dado cuenta de que es el verdadero. No le hace falta mirarla durante mucho rato para darse cuenta de que sus ojos grises no son tan profundos como los de su ex novio y su pelo no es completamente negro. Pero a oscuras, cuando la aprisiona contra la cama con una violencia nacida de la rabia porque, en el fondo, sabe que no es lo que necesita, puede convencerse durante unos instantes de que está con la persona con la que él mismo rompió.
Sin embargo, James sabe que lo suyo con esa chica no durará mucho. Pese a ser muggle, Sophie no es imbécil, y el hecho de que a él se le escape, de vez en cuando, un nombre que no es el suyo al hacer el amor (y, para más inri, es uno masculino), es un tanto sospechoso.
El joven suspira y aparta todos esos pensamientos de su mente. Una parte de él teme que la joven, que está profundamente dormida ocupando la mitad de la cama que corresponde a Elijah, escuche sus pensamientos.
James no ha podido dormir. Las pesadillas no han hecho más que empeorar, y anoche ni siquiera el sexo con Sophie logró ayudarlo a conciliar el sueño, ya no digamos tener uno pacífico.
Es entonces cuando la joven despierta. Se incorpora y se frota los ojos.
—Buenos días, James—lo saluda, sonriendo—. ¿Has dormido bien?
—No he dormido—responde James con calma. Sophie lo mira con sorpresa.
—Vaya—sonríe y le da un beso rápido en los labios—. Pues eso sí que es raro. ¿Y estás muy cansado?—James asiente; en realidad, quiere dormir, pero teme las pesadillas. Y ver a Al muerto no es algo precisamente reconfortante—. Bueno, pues si es porque no estás cansado, eso tiene solución—le da otro beso que James no responde y se sienta sobre él a horcajadas, sonriendo.
James suspira.
—Tengo una idea mejor. Desayunemos—se la quita de encima sin excesiva dificultad y se levanta para ir a la cocina, recordando que su idea de desayunar no es igual que la que tenía hace unas semanas.
Pero no piensa volver con Elijah. Porque él lo engañó con otro; y, si lo hizo una vez, puede hacerlo más. Como él mismo le dijo a Albus, aunque al principio duela, con el tiempo estará mejor sin él. Fijo. Casi seguro. Probablemente. Quizá. Puede. A lo mejor.
Con toda seguridad, no.
Quizá si James supiera que, en un pobre intento de vengarse, su ex novio lleva varios días acostándose con la misma chica que él, su melancolía cedería un poco de espacio a un cabreo monumental.
Vale que él es gay. Pero James también y se está tirando a Sophie sólo para jorobar. En el fondo, ambos están haciendo exactamente lo mismo, cometiendo la misma estupidez. Pero Elijah no pasó siete años en Slytherin en vano: es tan serpiente como el que más y, como tal, demasiado soberbio como para permitirse aceptar que, en su intento de estar por encima, está quedando a la altura de James (más o menos a tres metros bajo el nivel del mar) con su comportamiento (extremadamente) infantil.
Sophie alterna las noches entre él y James. Como Elijah no le ha exigido ningún tipo de fidelidad, ya que él no es el mejor ejemplo (algo que, aunque lo disfrace de despecho, lo avergüenza profundamente), la joven es totalmente sincera con él y no tiene ningún problema en vestirse mientras le cuenta que ha quedado con James.
—Aunque estos últimos días no hemos hecho nada—Sophie bufa; parece que no le gusta que la dejen a dos velas—. No sé por qué apenas duerme; con la de tilas que hay para tomarse.
—¿No duerme? ¿Nada?—sí; muy a su pesar, Elijah está preocupado. Pero sólo un poco. Sophie lo mira.
—Bueno, la verdad es que cuando yo me duermo él está despierto y cuando me despierto él tiene unas ojeras de campeonato. Dice que tiene pesadillas. De todas formas, ¿desde cuándo lo conoces?
Elijah se muerde el labio, sabiendo que ha metido la pata.
—Estábamos juntos en el colegio—al menos eso es verdad, y no tiene por qué contarle el resto.
—Pues podrías llevarle una tila, o algo—comenta Sophie—. Porque la falta de sueño lo pone más rancio… no te haces una idea.
En realidad, Elijah sí sabe exactamente cómo le sienta no dormir a James. Parece un alma en pena y malhumorada, y sólo se le pasa si lo abrazan y le acarician el pelo y le dedican palabras de consuelo. Sonríe un poco al recordarlo, pero el gesto desaparece de su rostro cuando recuerda, nuevamente, que él echó a perder todo eso acostándose con Stuart en Finlandia.
Albus es la única persona a la que James ha confesado su ruptura con Elijah.
El joven no está seguro de por qué se lo ha dicho únicamente a su hermano, cuando en realidad Al ni siquiera es su mejor amigo; pero tiene la impresión de que no es el mejor momento para hablar con Louis, que sería su confesionario particular en condiciones normales. Es que Louis está demasiado emocionado ante la perspectiva de ser padre por segunda vez como para preocuparse por los problemas sentimentales de los demás.
El joven suspira y se desaparece hacia el Ministerio, donde Al ha pasado el último mes prácticamente las veinticuatro horas al día. James sólo sabe que han robado algo. Pero como siempre, hay demasiado secretismo alrededor del Departamento de Misterios y de Albus como para que su hermano tenga la decencia de hablarle de un asunto de tal envergadura.
Espera en la entrada del Departamento hasta que ve salir a su hermano y sonríe cuando lo ve.
—Hola, James.
—Hola—James sonríe—. ¿Qué tal?
Para su sorpresa, la sonrisa de Albus se hace más amplia.
—Ayer quedé—le confiesa. James no puede evitar arquear las cejas con sorpresa.
—¿Con quién? ¿Y estás seguro de que ésta no prefiere un par de tetas antes que una…?
—¡James!—lo interrumpe Albus, sonrojándose. James no comprende que se escandalice. Ni que tuviera cuatro años, piensa—. ¿Te acuerdas de Lina Thomas? Lily se batió en duelo con ella en Hogwarts…
—¿Ésa?—James suelta una carcajada—. Tienes que traértela a comer; será muy interesante verlas a nuestra hermanita compartiendo mesa con ella… Por cierto, ¿te la has tirado?
Albus se cruza de brazos, enfadado.
—Desde luego, contigo no se puede hablar en serio.
—Te estoy hablando en serio—asegura James—. Es una cuestión vital.
—Oye, yo a ti no te pregunto cómo te va con la muggle que usas para sustituir a Elijah—au. Eso ha dolido. James baja la vista, sabiendo que su hermano tiene razón—. Vuelve con él, no es tan difícil.
—Se acostó con otro—replica James—. Y si lo hizo una vez, puede hacerlo más. ¿Y yo cómo quedaría? ¿Perdonando todo como si fuera idiota? Además, a ti Naira te hizo lo mismo y rompiste con ella.
Al se muerde el labio.
—No es lo mismo. Lo mío con Naira no iba a ningún lado, pero con ningún otro hombre tampoco hubiera salido bien. Elijah te quiere—James sacude la cabeza. Si eso fuera así, no se habría acostado con otro, piensa con rencor—. Mira, yo creo que hay veces que no puedes evitar lo que pasa… la diferencia está en que te controles o no para la próxima. Deberías darle otra oportunidad.
—No pienso dejar que crea que el que lo ha hecho mal he sido yo—replica James. Al lo mira con tristeza—. Mira, no quiero seguir hablando. Creo que me voy a casa…
—Te acompaño—replica rápidamente Albus. Aunque James no lo sepa, su hermano no pretende seguir hablándole de los motivos por los que ha de perdonar la infidelidad de su ex novio, sino simplemente asegurarse de que duerma, porque sus ojeras son cada vez más pronunciadas, porque teme a las pesadillas—. Espera un poco, que voy a por mis cosas.
Sin embargo, cuando Al vuelve a salir del Departamento de Misterios, tiene una expresión hastiada y enfadada. James supone que han estado dándole la brasa de nuevo.
—¿Qué te pasa?
—Robbers—responde Al—. Es insoportable…
—¿Es por la cosa ésa que robaron?—Al lo mira, sorprendido de que lo sepa—. ¿Qué? Se ha filtrado y más de uno lo comenta por ahí. ¿Qué se han llevado, por cierto?
—Estás mejor sin saberlo—responde su hermano—. Créeme cuando digo que muchas veces ser inefable es más peligroso que ser auror.
—Pero, ¿qué han robado?—insiste James, entrando en el ascensor. En el que, por suerte, van solos.
Al suspira.
—Una caja… No te puedo decir para qué es, pero en manos equivocadas puede provocar desastres. Lo que más me jode es que lo hicieron delante de nuestras narices.
James no ha escuchado lo último. Inmediatamente, su mente vuela al día en que se chocó con un desconocido no muy lejos del lugar en que se encuentra ahora. Y a la caja que tiene en el salón de su casa.
—¿Negra? ¿Con cosas escritas en un idioma raro?—Al lo mira con los ojos como platos, mientras la puerta del ascensor se abre en el Atrio.
—¿Cómo sabes…? ¿Qué sabes tú de eso?—inquiere en voz baja. James se muerde el labio.
—Me… choqué con alguien hará cosa de un mes. Cuando Elijah estaba en Finlandia—aprieta las mandíbulas con rabia—. Se le cayó y lo vi, y…
—¿Dónde está?
—En mi casa—responde James—. ¿Por qué? ¿Qué tiene dentro?
Albus simplemente sacude la cabeza.
—Magia antigua… nada bueno. James, vamos a tu casa, tenemos que devolver eso a su lugar.
De modo que los dos hermanos se desaparecen para materializarse unos segundos más tarde en el vestíbulo del piso del mayor.
Sin embargo, escuchan ruidos en el salón cuando entran. Se miran y sacan sus varitas a la vez, avanzando sigilosamente.
James descubre a dos hombres poniendo patas arriba la estancia. Uno es tan alto como un James y medio, y tiene facciones afiladas, y una nariz larga, recta. El otro, sin embargo, no le resulta desconocido: achaparrado, con facciones toscas y bastas. James lo reconoce como el hombre con el que se chocó, al que se le cayó la caja.
Al lo mira y mueve los labios diciendo "la caja", y él comprende que es eso lo que buscan. Se dice que son realmente cortos de luces; la tienen en una estantería junto a la televisión, pero no se han percatado de que está ahí. En cierta ocasión oyó a su padre decir que lo más difícil de encontrar es lo que uno tiene más cerca. Le da la razón en ese momento.
—¡Vosotros!—exclama el alto, apuntando a Albus con su varita. El otro se gira hacia ellos rápidamente, y reconoce a James con tanta precisión como James ha hecho con él.
—¿Dónde está la caja?—inquiere, con la varita a punto para maldecirlo.
James se muerde el labio.
—¿Qué caja?—se dice que, aunque no tanto como Louis, es bueno en los duelos; si Al le echa una mano, quizá pueda reducirlos sin demasiados problemas.
Un rayo de luz plateada pasa a pocos centímetros de su hermano, que se aparta a la derecha para esquivarlo.
—No te hagas el tonto—gruñe el jorobado, como James ha empezado a llamarlo mentalmente—. La cogiste, me la quitaste.
James no responde. No va a negar que está preocupado. No sólo por él; ¿y si le hacen daño a Al? Después de todo, sigue siendo su hermano pequeño.
Quizá por eso lanza el primer hechizo, que no acierta en la cabeza del alto porque él lo desvía, y acaba en el sofá, provocando una oscura quemadura. Inmediatamente, el otro le lanza un maleficio que él rechaza. Y, antes de que se den cuenta, los cuatro están batiéndose en duelo, destrozando el salón.
James piensa en lo que diría Elijah si viera el desastre que están provocando, pero no tiene mucho tiempo para sentirse mal, porque en ese momento un rayo de luz roja está a punto de acertar a Al en el hombro. El joven ve el enfado en sus ojos verdes antes de que su hermano responda con una maldición de los mocomurciélagos –la cual, al igual que a su madre, se le da bastante bien.
—¡Crucio!
James esquiva la imperdonable agachándose.
—¡Incárcero!
Sin embargo, el alto desvía el hechizo, y para horror de James el rayo de luz se dirige a toda velocidad hacia Albus, que no lo ha visto. Su hermano no tiene tiempo para apartarse o rechazarlo, y unas cuerdas invisibles lo rodean y hacen que pierda el equilibrio.
—¡James…! ¡James, eres gilipollas!—escupe Al; es obvio que el insulto ha nacido de lo más hondo de su ser. James le da la razón internamente y piensa la manera de deshacer las ataduras que inmovilizan a su hermano, pero antes de lograr pronunciarlo un rayo de luz, mucho menos amistoso que un hechizo aturdidor, impacta en su pecho.
El hechizo lo levanta casi un metro del suelo y lo empuja hacia atrás, hasta dar con la estantería sobre la que se encuentra la caja negra, haciendo que el pequeño objeto caiga desde su estante junto con otros adornos sobre James.
Pero él no se da cuenta de eso, ni tampoco de los gritos asustados de Al. Él pierde toda conexión con el mundo antes siquiera de que sus pies dejen de tocar el suelo.
Notas de la autora: Os dije que se iban a liar las cosas. No me miréis así.
¿Reviews? (pero por favor, no me matéis, que yo en el fondo soy buena...)
