¡Hola!

Gracias a CallMeStrange, Mery Vedder y Silvers Astoria Malfoy por los reviews del capítulo anterior.


Capítulo 9: Murmullos incomprensibles

All alone, he turns to stone
while holding his breath half to death.
Terrified of what's inside,
to save his life
he crawls like a worm from a bird.
The Used-The bird and the worm

En los días siguientes, James mejora, aunque muy lentamente.

Elijah tiene que seguir ayudando a Annie, pero cuando no está con ella prácticamente corre a la sala en la que James sigue sin despertar.

El único cambio producido en él es que ahora tiembla, como si fuese más consciente del frío que delata su piel, y que al tercer día de ser ingresado comenzó a mover los labios, aunque nadie ha logrado descifrar ni una sola palabra de lo que murmura. De todas formas, según los sanadores, probablemente lo que dice no tenga significado alguno.

Elijah está al tanto de que los aurores investigaron lo ocurrido cuando James recibió la maldición, pero no ha prestado mucha atención a la reconstrucción de los hechos; vagamente se ha enterado de que hubo un duelo en el que participaron cuatro personas, y que la varita de James dejó a Albus maniatado. Al parecer, se llevaron al hermano menor. El porqué no lo saben; y si lo saben, a Elijah no se lo han dicho. De todas formas, a él le da igual.

El día que se cumple una semana desde que James está mal, Elijah está a su lado, sin nadie más en la habitación (su padre está trabajando, su madre ha ido a ducharse y su hermana necesita dormir), observando los movimientos de sus labios y tratando sin éxito de descifrar algo. Tiene la impresión de que, sea lo que sea, ha de ser importante, pese a lo que digan los otros sanadores. Ha pasado mucho tiempo durmiendo con James, y sabe que sólo habla en sueños cuando algo lo atormenta.

Es entonces cuando mira el reloj y descubre que llega tarde a su sesión de rehabilitación con Annie. Con un suspiro resignado, se levanta de la silla, besa a James en la frente –ignorando el escalofrío que lo recorre al notar su piel tan horriblemente fría– y sale de la habitación en silencio, dejando al joven murmurando solo.

Pese a que se alegra muchísimo de los avances de Annie, que ya prácticamente usa los brazos con tanta soltura como antes del accidente que le arrebató la movilidad, la mente de Elijah está en otro lado. La niña se da cuenta, por lo que no lo distrae cuando terminan.

El joven vuelve a la habitación de James rápidamente. Se lo encuentra exactamente igual que como lo ha dejado, con la diferencia de que su hermana pequeña está a su lado. La joven tiene los ojos llorosos, aunque intenta disimularlo para que Elijah no se dé cuenta.

—Lily, ¿qué te pasa?

Ella sorbe por la nariz. Parece no querer decírselo, pero finalmente habla:

—No saben dónde está Al. Creen que se lo han llevado los que dejaron a James así—señala con la cabeza a su hermano, que continúa temblando y con su monólogo incomprensible. Elijah le acaricia la mejilla y vuelve a estremecerse al notarla helada—. Y que a lo mejor lo… lo…

Elijah sabe lo que quiere decir. Y le gustaría consolarla, pero no puede. Después de lo que ha oído y lo que ha visto que le han hecho a James, duda seriamente que Albus Potter continúe con vida. Todos coinciden en que lo que salvó a James fueron su padre y Teddy, que llegaron en el momento oportuno; si hubieran tardado sólo unas horas más…

Lily elige el momento en que Elijah está deteniendo su línea de pensamiento para levantarse, despedirse de él y salir de la habitación.

Elijah se sienta en la cama para observar a James más atentamente. Tras unos minutos, sin embargo, no puede evitar incorporar al joven un poco para estrecharlo entre sus brazos, tapándolo de nuevo para que no pierda el poco calor que tanto le está costando mantener.

—Si despertaras ahora, me echarías—musita, en voz tan baja que se confunde con el murmullo incoherente de James. Le acaricia el pelo con cuidado y le da un beso en la cabeza. James no despierta, ni tampoco lo echa. Elijah lo abraza con más fuerza, preguntándose cuándo podrá tenerlo de vuelta para pedirle perdón en condiciones—.

»Sé que estás enfadado. Y tienes razón; fui un completo imbécil al acostarme con Stuart. No quería, te lo juro… pero estaba borracho. Aunque no es excusa…—Elijah se muerde el labio—. No debí haberlo hecho; ni siquiera me gustaba esa fiesta, pero echaba tanto de menos esto que acabé bebiendo demasiado—respira en la cabeza de James, y descubre que su pelo no huele como siempre. Ha adoptado ese horrible olor a enfermedad. Elijah lo odia; es como si le hubiesen quitado otro pedazo de James—. Y supongo que, si dije que no, a Stuart no le costaría demasiado hacerme cambiar de idea… Pero cuando me desperté y vi que no eras tú casi me da algo. Te diría que se lo preguntes a él, pero creo que acabarías maldiciéndolo.

»Aunque tú tampoco te quedas atrás, ¿eh? Tirándote a esa muggle… Deberías saber que me molestaría más si fuera un tío, porque sé que a ella no la quieres. Pero me molesta mucho de todas formas. Aunque no soy el más adecuado para enfadarse por ello—suspira—. Lo siento, James. Todo.

El joven no da más muestra de haberlo oído que dejar de murmurar durante unos segundos. Luego, comienza de nuevo; y, para sorpresa de Elijah, esta vez logra comprender lo que dice:

—-Al… caja…

Elijah mira a James con extrañeza, pero no vuelve a entender nada de lo que dice después. Por unos instantes, está casi seguro de que se ha imaginado esas palabras. Luego se convence de que no es así y las medita.

Al… está claro que se refiere a su hermano menor. James debe de saber algo sobre dónde está, o quizá quién se lo ha llevado. En cuanto a la caja… Elijah no tiene la menor idea.

Deja a James tumbado en la cama de nuevo y lo arropa con cuidado. Luego escucha sus murmullos incomprensibles, pero no logra desenmarañar ninguna palabra más. Sólo esas dos. Elijah suspira y observa el rostro pálido y tranquilo de su ex novio.

—Despierta—le pide una vez más—. Y explícanos qué es todo esto.

James no le hace caso, aunque Elijah tampoco se lo esperaba: siempre ha disfrutado llevándole la contraria.


Albus Potter nunca ha lamentado tanto no tener su varita con él.

Aunque él nunca se ha considerado agresivo –esas memeces siempre se las ha dejado a James–, ahora mismo no tendría ningún problema en descuartizar a los cabrones que lo tienen secuestrado. No sabe cuántos son porque todos le parecen iguales. Lo único de lo que está seguro es que los odia a todos con todo su ser. Sobre todo a la mujer que se lo llevó del piso de James.

Y aun así, a pesar del odio, el joven no puede dejar de pensar en su hermano mayor. Ruega a quien haya que rogarle eso que alguien lo haya encontrado, porque está convencido de que, si James continúa en su piso, él es el primer hijo ahora. Al traga saliva, deseando con todas sus fuerzas que su hermano esté vivo.

No tiene la menor idea de dónde está. Es una celda de apenas nueve metros cuadrados, con una abertura tan pequeña en la parte alta de una de las paredes que apenas se filtra un rayo de luz. No obstante, Albus ha intentado mirar por él y tiene la impresión de que eso no es Inglaterra. Sin embargo, no puede asegurarse; sus captores sólo se dirigen a él para torturarlo y tratar de "convencerlo" de que abra la caja para ellos.

Al aún no ha cedido. Pero no sabe cuánto tiempo más aguantará. Tiene comida y agua, pero cada vez que ese montón de cabrones deciden practicar la maldición cruciatus con él, su voluntad se encoge, y Albus ya empieza a tener grandes dificultades para encontrarla.

La puerta de la minúscula estancia se abre, y Albus observa a un hombre vestido de negro que lo apunta con su varita. Intenta mostrar algo de esa altanería que mayoritariamente ha heredado James, para ocultar su miedo. No tiene mucho éxito.

El hombre sólo pregunta lo mismo que ha preguntado durante los últimos días:

—¿Nos vas a decir cómo abrir la caja?

—¿James está vivo?—replica Albus. Lleva varios días preguntando lo mismo, pero nunca le responden.

—¡Crucio!—Al no puede contener los gritos de dolor. Es algo agónico, como si miles de cuchillos al rojo se clavaran en él, como si los huesos le ardieran. Es como si su cabeza estuviese a punto de explotar. No es la primera vez que ocurre y, sin embargo, Albus no nota ninguna diferencia entre ahora y hace unos días, cuando comenzaron a torturarlo ante su negativa a colaborar con ellos—. ¿Cómo se abre la caja?

—Dime qué le ha pasado a mi hermano—escupe Al. No piensa ayudarles, pero necesita saber si James está bien. Y ese tipo debe de saberlo.

—Si te lo digo, ¿colaborarás?

Albus sopesa sus posibilidades. Tiene la certeza casi absoluta que su padre está moviendo cielo y tierra para encontrarlo. Quizá, si gana algo de tiempo… podría darles una pista falsa para que su padre lo busque y averigüe dónde está antes de que se den cuenta de que les ha mentido. Es arriesgado, y desde luego es peligroso apostar todo por algo que no sabe que es totalmente cierto, pero también necesita saber qué ha sido de James.

—Sí—dice finalmente.

El hombre gruñe.

—Como nos engañes, me aseguraré de que no mueras. Me encargaré personalmente de que no vuelvas a sentir la tentación de mentir a nadie—Al asiente, ignorando el estremecimiento que lo recorre. Tiene que arriesgarse—. Tu hermano está en San Mungo.

—¿En San Mungo? ¿Pero cómo…? ¿Qué le hicisteis?

—Tú sólo pediste esa información, no tengo por qué darte detalles—replica el hombre con calma—. Ahora te toca cumplir tu parte del trato.

—¿Cómo sé que lo que me has dicho es cierto?—inquiere Albus. El hombre sonríe con ironía.

—No puedes saberlo. Igual que yo tampoco puedo saber si quieres o no ayudarnos.

Albus aprieta las mandíbulas con rabia.


Mucho después de que Ginny haya caído rendida al sueño –porque lleva días sin dormir de la preocupación–, Harry mira a James, sin apenas prestar atención a lo que murmura. Sólo se pregunta por enésima vez dónde está su segundo hijo.

No es que no esté preocupado por James; el joven ha pasado varios días debatiéndose entre la vida y la muerte, con una temperatura corporal demasiado baja como para estar mínimamente bien, y aún no ha recuperado la consciencia. No obstante, ahora, por fortuna, que despierte es sólo cuestión de tiempo, y los sanadores están seguros de que, si ha resistido hasta ahora, no va a morir.

Pero Albus… Harry no comprende nada. ¿Por qué James maniató a su hermano? Y había al menos otras dos personas en esa habitación; dos personas que, está seguro, tuvieron bastante que ver con el estado actual de su primer hijo y la desaparición del segundo.

Aunque eso sólo se lo puede decir James. Y mientras siga inconsciente, no va a hacerlo. El jefe del Departamento de Misterios ha comunicado sus sospechas acerca del paradero de Albus, y el Cuartel de Aurores está investigando esa hipótesis. No obstante, Harry no sabe qué hacer. No puede mandar una patrulla de aurores en busca de su hijo; hace unos meses, cuando se celebraron elecciones para tener un nuevo ministro, muchos dimitieron, y necesita personal en Inglaterra.

La puerta de la habitación se abre, y por ella entra el novio de James, que se sienta en una silla y clava los ojos en el joven, sin saludar siquiera. Harry tiene la impresión de que ha ocurrido algo entre su hijo y Elijah, pero no está seguro de que preguntar sea lo más correcto. No obstante, está seguro de que el joven está tan preocupado por James como Ginny o él mismo, así que no le reprocha nada.

James se queda callado entonces. Harry supone que volverá a empezar a hablar en unas horas; siempre es igual. Lo único de lo que se queja es que no dice nada inteligible.


Roxanne coge a su sobrino en brazos. Gideon alarga los bracitos y cierra los puños, intentando agarrar a su tía.

En realidad, la joven está cuidando a los hijos de su hermano sólo durante un rato, ya que Fred no está en casa y Eleonora ha tenido que acudir a ver a su padre, que lleva semanas enfermo, y no considera adecuado llevar a los gemelos porque es contagioso.

Sin embargo, espera que su hermano o su cuñada vuelvan pronto. No es que a ella no le guste estar con sus sobrinos –los adora, a los dos–, pero en el Departamento de Misterios están tirándose de los pelos, y como inefable es su obligación estar ahí.

La joven está al tanto de lo que se cuece en su Departamento. Sabe que el que robaran la condenada caja que tantos problemas está dando fue a causa de una negligencia de Albus, que se fue a almorzar cuando debería haber estado vigilándola; y, según la investigación de los aurores, que hace dos semanas los ladrones fueron a la casa de James, lo dejaron al borde de la muerte y se llevaron a Al, quizá para que les dijera cómo abrir la caja y utilizar la magia que contiene para sus propios fines. Roxanne espera, irónicamente, que tengan éxito en su empresa. El propio Departamento de Misterios aún no lo ha descubierto. Lo que más le preocupa de todo el asunto es pensar en qué le harán a Al cuando se den cuenta de que él tampoco tiene la menor idea de cómo invocar la magia antigua que reside en el interior de ese objeto.

Aunque también espera que James despierte pronto y les ayude a aclarar lo ocurrido.


Teddy se desaparece hacia San Mungo con la reconstrucción completa de lo que ocurrió el día que Albus desapareció, cuando James fue herido.

Se materializa en la recepción del hospital y sube rápidamente hasta el cuarto piso, hasta llegar a la sala donde se encuentra el hijo de su padrino. El joven está tan tembloroso y pálido como lo ha estado casi desde que lo encontraron, pero ahora no está murmurando cosas que sólo entiende él.

—Hola, Teddy—lo saluda Harry, que está sentado con él, junto a Roxanne. Ginny no está; sus hermanos la han llevado a rastras a su casa para que duerma.

—La reconstrucción—murmura el joven, tendiéndole los pergaminos. Mira a Roxanne—. ¿Sabéis algo de la caja?

Su prima postiza niega con la cabeza.

—Creemos que tenemos una pista sobre el acertijo para encontrar la llave… aunque, de todas formas, dudo que si nosotros no la encontramos ellos lo consigan—suspira.

—Y para eso necesitan a Albus—comenta Teddy a propósito. Sabe que su padrino está muy afectado por enfrentarse a la posibilidad de perder no sólo a uno, sino a dos de sus hijos, y supone que debe animarlo. Además, él está convencido de que Al está vivo. Tiene que estarlo.

—Es cierto—coincide Roxanne, comprendiendo lo que intenta hacer su primo postizo.

—Ya, ya—murmura Harry, distraído—. Bueno, Teddy, cuando puedas tienes que…

—¿Papá?

Harry no sigue hablando. De hecho, olvida lo que iba a ordenarle a su ahijado. Porque esa voz, pese a que suena débil y ronca, lleva tres semanas sin pronunciar ninguna palabra inteligible.

Los tres miran hacia la cama. James, tembloroso, con los ojos apenas abiertos y una expresión desorientada en el rostro, observa a su padre con curiosidad.


Notas de la autora: Mmm... Supongo que ha quedado claro, pero Roxanne también es inefable.

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