¡Hola!
Gracias a Silvers Astoria Malfoy y CallMeStrange por los reviews del capítulo anterior.
Capítulo 10: Explicaciones
Quiero dormir y volver a soñar
que estamos juntos como ayer.
Quiero volver a llenarme de ti.
Si te hice daño, ya lo pagué con soledad.
Mägo de Oz-Te guardo un beso (por si lo quieres)
James apenas es consciente de lo que ocurre después. Cree que Roxanne sale a buscar a algún sanador, que Teddy sonríe y que su padre lo abraza, pero él no puede hacer nada que no sea dejarse llevar. Está confundido, no tiene la menor idea de dónde se encuentra y hace un frío insoportable y que no puede ser normal.
—¿Cómo estás?—pregunta su padre.
—Hace frío—protesta James. Harry lo deja de nuevo en la cama y lo tapa un poco más, pero el joven no entra en calor, ni por asomo. Es como si el frío llevase tanto tiempo en su interior que es una parte más de él.
—Ya se te pasará, no te preocupes.
Roxanne vuelve con una sanadora tras ella, y James escucha vagamente que su madre está en camino. La mujer le pone un termómetro a James, le pregunta lo que a él le parecen cuestiones tontas y hace que siga su dedo con los ojos y otras cuantas estupideces más. James sólo cambia su actitud indiferente cuando tiene que decir qué es lo último que recuerda.
Palidece. Se acuerda de que salió con Albus del Ministerio, le habló de la caja, fueron a su casa a por ese condenado objeto y…
—Al—musita, mirando asustado a su padre—. Papá, Al estaba conmigo, y lo até, pero fue sin querer, porque el hechizo rebotó…—James está intentando decir tantas cosas a la vez que no puede poner en orden sus ideas—. Y luego hacía frío. Y se llevaron a Al…
—James, cálmate—lo interrumpe su padre, haciendo un gesto a la sanadora para que se vaya—. Piensa lo que quieres decir antes de hablar.
El joven cierra los ojos. Los abre rápidamente, porque no quiere volver a recordar un frío más intenso que el que siente ahora, ni tampoco el dolor. Mira a su padre, a Teddy y a Roxanne, que lo observan con expectación; sabe que quieren oír lo que ocurrió. Y él quiere decírselo, y averiguar qué le ha pasado a su hermano, pero no se le ocurre por dónde empezar.
—¿Dónde está Al?
Ver cómo las tres personas que hay frente a él se miran entre ellas con preocupación no tranquiliza a James lo más mínimo.
—No lo hemos encontrado aún—empieza su padre con cautela, como si estuviera seleccionando muy bien las palabras. James se estremece por una razón completamente ajena al frío—. Su varita estaba en tu piso, pero no sabemos…
—Es por la caja—susurra James, acordándose de repente—. Está maldita. Desde que la encontré todo ha ido de mal en peor, y creo que… se la llevaron.
Roxanne frunce el ceño.
—¿Qué caja? ¿Una negra, con grabados?
James asiente, al principio sorprendido, aunque luego lo comprende. Rox también es inefable; es obvio que sabe tanto de esa caja como Albus.
Sin embargo, antes de que pueda preguntar algo sobre ese objeto maldito, la puerta de la habitación se abre con un sonoro estampido y Ginny Potter entra por ella. James apenas tiene tiempo de reconocer la melena cobriza de su madre antes de que ella alcance la cama, lo abrace con tanta fuerza que por un momento el joven teme romperse algo y le cubra la cara de besos.
—Mamá…—empieza a protestar.
—Oh, James, ¿cómo estás?—inquiere con preocupación—. Estás muy frío…
—Es que hace frío—se excusa James—. Roxanne, ¿qué tiene esa caja?
—Ya te lo explicaremos después, cariño—responde su madre en lugar de su prima—. Ahora descansa, que es lo que te hace falta.
A James le gustaría contradecir a su madre, pero sabe que tiene razón. Por Merlín, qué frío hace. El joven se gira en la cama hasta quedar de lado y se hace un ovillo para intentar conservar el poco calor que tiene, dejando que Ginny le acaricie el pelo y le dé besos de vez en cuando. Está muy cansado.
Sin embargo, en su mente se filtra un pensamiento que casi hace que el sopor se vaya a otra parte. James piensa en Elijah y recuerda que la sanadora ha dicho que lleva casi tres semanas inconsciente… ¿se habrá preocupado su ex novio por él? James sabe que fue él quien rompió, pero no puede negar que le gustaría saber que, al menos, el joven lo ha visitado. Aunque sólo hayan sido cinco minutos, porque quizá estuviera un poco mosqueado…
No puede darle muchas vueltas. El frío es una nana eficaz, y eso, junto al rumor lejano de la conversación que mantienen sus padres, impide a James cualquier intento de espabilarse. Sin embargo, unos instantes antes de cerrar los ojos para rendirse al sueño, le parece ver algo asomado al hueco que su madre ha dejado al no cerrar la puerta tras de sí.
Dos ojos grises, brillantes y preocupados.
Elijah no entra a la habitación de James hasta el día siguiente.
Pese a que él está dormido y su familia no tiene la menor idea de que el joven rompió con él hace más de un mes, el ex Slytherin no quiere que James lo mande al cuerno. Al menos, no tan pronto. Lleva semanas temiendo por su vida; prefiere seguir un poco más con la alegría de que su ex novio esté mejor y la esperanza de que pueda perdonarlo.
Entra por la mañana, y extrañamente descubre la habitación vacía, con la excepción de James. Está boca abajo, roncando suavemente. Pese a que sólo su cabeza asoma por las mantas. Elijah se da cuenta de que no está tan encogido como ayer y suspira con alivio; es obvio que no tiene tanto frío.
Se sienta en una silla junto a la cama y lo observa dormir. Tiene algo más de color que ayer, cuando lo estuvo mirando a escondidas tras enterarse de que había despertado. Eso es bueno. Elijah sonríe; aunque James lo odie, con saber que está relativamente bien y va a recuperarse el ex Slytherin se da con un canto en los dientes.
Cuando Elijah mira su reloj y se da cuenta de que tiene que ir a ver a Annie es cuando James decide despertar. Gira hasta quedarse boca arriba, bosteza y se despereza, y no es hasta que se frota los ojos con sueño y mira alrededor que descubre a su ex novio a su lado. Parpadea varias veces.
—Elijah, ¿qué haces aquí?—murmura.
El aludido pone los ojos en blanco. James suele hacer preguntas obvias porque sabe que Elijah las detesta, pero él es consciente de que ahora el joven simplemente está demasiado débil para hacer razonamientos muy complejos.
—He venido a ver cómo estabas—por un momento, Elijah ha pensado en responder con una ironía, pero prefiere asegurarse de que James está en condiciones de captarlas antes de utilizarlas.
—¿Cuánto tiempo he dormido?—inquiere él.
—Desde ayer, supongo—responde Elijah, descolocado por la pregunta—. ¿Por qué?
—Porque mis padres me dijeron que la última vez dormí casi tres semanas, y me pareció poco rato—explica James—. Aunque creo que es verdad—reflexiona—. He tenido menos frío que la otra vez—entonces mira a Elijah—. ¿Viniste entonces también?
Él asiente.
—¿En qué lío te metiste para acabar maldecido y en el hospital?—Elijah tiene desde hace tiempo la teoría de que James es un imán para los problemas.
El joven aparta la mirada.
—No hice nada. Fui con Al a la casa, pero había dos… dos hombres buscando una caja que me había encontrado…—mira a Elijah con súplica—. Al está vivo, ¿verdad?
El ex Slytherin no puede aguantar más sentado en la silla. En apenas dos segundos se levanta y se acerca a la cama para acariciarle el pelo a James, que parece consumirse por la angustia. Agradece enormemente que su ex novio no se aparte.
—Creen que sí—James se da cuenta de que eso no es una respuesta totalmente afirmativa y abre la boca para protestar, pero Elijah lo interrumpe—. No podemos saberlo con seguridad, por mucho que queramos—susurra—. Pero los aurores están seguros de que sigue vivo. Y tú también…
—Hemos roto—murmura James entonces. Elijah aparta la mano de su pelo y baja la vista, pero antes de lograr dejar la mano en su sitio nota que el joven aferra su muñeca, en un movimiento sorprendentemente rápido dada su condición de convaleciente. James cierra los ojos, aunque sigue agarrando a Elijah con la mano aún temblorosa por el frío—. ¿De verdad…? ¿De verdad te acostaste con ese tío?
Elijah siente algo doloroso clavándose en su pecho.
—Sí—admite en voz baja. James afloja su presa, aún sin abrir los ojos, y el ex Slytherin deduce que ya no es bien recibido ahí. James no se mueve, a menos que se cuente como movimiento el temblor que lo recorre de arriba abajo. Sin embargo, cuando está levantándose para irse nota que la mano de James lo aferra con fuerza de nuevo—. ¿Me puedes…?
—No—responde James antes de dejarlo terminar. Abre los ojos y lo mira—. Te tiraste a ese y te odio por eso. Porque yo pensaba que si no había pasado ya, no pasaría—su voz suena triste, resentida—. Cuando la novia de Al lo engañó, le dije que si lo había hecho una vez, lo haría más, y que tenía que alejarse de ella.
Elijah se las ingenia para aguantarle la mirada a James a pesar de las numerosas puñaladas que está recibiendo con cada palabra que escucha. Porque lo conoce y sabe que lo piensa, y también que tiene razón. Elijah fue un completo imbécil y debe pagar. Pero James es un precio demasiado alto para aceptar el trato.
—Entonces… creo que tendría que irme—comenta, intentando que no le tiemble la voz. James asiente, moviendo apenas la cabeza, y lo suelta.
Elijah echa a andar con tristeza hacia la puerta de la habitación. No, no es sólo tristeza. Las palabras de James son terriblemente dolorosas. Y lo peor es que él mismo se lo ha buscado, aunque ni siquiera pueda recordar el momento que supuso el principio del fin.
Sin embargo, se detiene cuando casi está en la puerta al escuchar un balbuceo incomprensible de James. Se da la vuelta y descubre que ha palidecido aún más y trata de incorporarse, pero tiembla demasiado para poder ayudarse con los brazos.
—James…—preocupado, Elijah vuelve sobre sus pasos y observa a James, tratando de averiguar lo que le ocurre. Parece que le cuesta respirar. El ex Slytherin lo ayuda a incorporarse y lo sujeta con una mano, viendo que él no puede por sí mismo. Con la otra saca su varita y algo plateado sale de ella y atraviesa la puerta de la habitación, en busca de algún otro sanador. Por si acaso.
—Todo es por culpa de la caja—murmura el joven con la voz estrangulada, y las lágrimas brillan en sus ojos—. No tendría que haberla cogido—toma aire como puede—. Las pesadillas… tú… Al… y el frío—Elijah sabe que James sería capaz de soportar tres horas metido en un horno, pero que detesta las bajas temperaturas.
Lo atrae hacia sí y lo abraza, meciéndolo con suavidad. Sí que está frío, aunque por suerte poco a poco parece que su temperatura corporal vuelve a ser normal.
—Shhh… James, respira hondo, ¿vale?—escucha los intentos del joven por obedecer y le acaricia el pelo cuando empieza a conseguirlo—. No pienses en todo eso ahora—le recomienda, frotándole la espalda.
—Pero Al…
—Lo van a encontrar, y seguro que está bien—le asegura Elijah—. Y las pesadillas no son reales, y el frío se te pasará en un par de días, cuando termines de recuperarte—recuerda el otro punto que ha mencionado James, pero eso no puede solucionarse. Elijah no puede retroceder en el tiempo y no acostarse con Stuart. Sin embargo, se conforma con escuchar la respiración de James, que poco a poco vuelve a su ritmo normal.
Entonces la puerta de la habitación se abre, y por ella entran otros dos sanadores, que miran a Elijah inquisitivamente. Uno de ellos se acerca a James y trata de separarlo de Elijah para examinarlo, pero para sorpresa de todos el joven se engancha a él y suelta un gruñido.
—Él no está frío—argumenta. Elijah contiene la risa al escuchar ese motivo tan infantil, y pega más a James a su pecho. Sabe que tiene que irse, pero no puede, y además tiene la impresión de que James no se lo tomaría bien, pese a que antes ha coincidido con él en que lo más correcto es que se alejen cuanto antes.
—¿Para qué nos has llamado, entonces?—inquiere el otro. Elijah articula "ansiedad", para que no lo oiga James, y los dos sanadores sueltan un bufido al unísono—. Se ve que ya te has encargado bien tú solo—comenta—. Nosotros nos vamos.
Elijah se sienta en la cama, aún abrazado a James. Ninguno de los dos dice nada, pero el ex Slytherin no se va de la habitación hasta que James se queda dormido, que por otra parte es el único momento en que deja de aferrarse a él con tanta fuerza.
Con cuidado, deja a James tumbado y lo tapa. Se muerde el labio, consciente de que tiene que irse, porque después de todo el joven acaba de mandarlo al cuerno, y sólo se ha aferrado a él antes por razones meramente térmicas. Sale de la habitación, cabizbajo, tan perdido en sus pensamientos que acaba chocando con alguien.
—¿Es que no sabes mirar por dónde andas?—inquiere Louis Weasley, cabreado. Elijah, que en cualquier otra circunstancia le hubiera respondido con algún comentario hiriente, no dice nada—. ¿Y dónde vas? James está ahí—comenta, señalando el lugar del que viene Elijah.
—Ya lo sé, imbécil—gruñe el joven, cuyo humor empeora con cada segundo que ha de soportar la irritante visión del primo de James.
—¿Entonces?—Louis lo mira confundido.
—Hemos roto. ¿Te vale?—replica Elijah, y lo aparta de un empujón para echar a andar a grandes zancadas.
—¡James, James!
El joven suelta un gruñido cuando la persistente llamada, unida a las nada amables sacudidas que está sufriendo su hombro, lo aleja del sueño y lo hace más consciente del frío que tanto odia. Sin embargo, se da cuenta de que ya es menos, por lo que su enfado disminuye un tanto antes de abrir los ojos.
Descubre a Louis mirándolo con sorpresa. James se frota los ojos y se incorpora un poco en la cama.
—¿Qué?
Su primo lo abraza con fuerza y no lo suelta hasta que James abre la boca para pedirle que tenga piedad de sus costillas.
—Me alegro de que estés bien—dice con sinceridad.
—Pues podrías no haberme despertado—replica James, molesto. Se le escapa un bostezo mientras se recuesta en las almohadas—. ¿Te pasa algo?—inquiere, al ver la expresión de extrema curiosidad que alberga el rostro de su primo.
—Mm… James, ¿has roto con el imb…—afortunadamente, Louis se contiene justo a tiempo—con Anderson?—pero es demasiado pedirle que llame a Elijah por su nombre de pila.
James baja la vista y recuerda la conversación que ha tenido con el joven. Antes de que la angustia lo dominase y casi le impidiera respirar. Se muerde el labio; supone que ha hecho lo correcto, pero no está seguro de que eso vaya a ser bueno para él. Después de todo, James es idiota, pero no tanto como para negar que está demasiado colado por Elijah.
—Sí—responde finalmente—. Pero… no se lo digas a nadie—no sabe por qué no desea que nadie se entere, pero está convencido de que lo último que necesita es convertirse en la comidilla de las reuniones familiares.
Louis no tiene tiempo de responder, porque justo en ese momento se abre la puerta de la habitación, y por ella entra Roxanne, con aspecto cansado.
—Hola, Louis, hola, James—los saluda. Se deja caer en una silla—. James, tu padre me ha pedido que te diga lo que sabemos sobre la caja; considera que es justo que sepas por qué casi te matan y se han llevado a Al. Louis, haz el favor de salir; son asuntos confidenciales y no puedes escuchar—recita de un tirón, como si se lo hubiera aprendido de memoria.
James mira a Louis, que suelta un bufido indignado antes de salir. Se promete contarle lo que quiera que vaya a decirle Roxanne más tarde; después de todo, su primo es también su mejor amigo.
—A ver, Rox, ¿de qué va esto?—inquiere con curiosidad.
—La caja que encontraste… es la que habían robado del Departamento de Misterios, por la que le echaron una bronca impresionante a Al, aunque creo que eso ya lo sabes—James asiente—. Pues… dentro de esa caja… no estamos seguros de lo que contiene, pero sabemos que, utilizando lo que hay dentro de forma conveniente, se podría traer a alguien a este lado del velo.
—¿Velo?—repite James, descolocado.
—Resucitarlo—traduce Roxanne.
—Ningún hechizo puede devolver la vida a los muertos—la contradice James al instante. Es la primera norma de la magia que enseñan a uno.
—La magia antigua es poderosa, James—replica su prima—. Y no sabemos lo que podría hacer, porque apenas tenemos datos de los primeros siglos de nuestra era. Lo único a lo que podemos atenernos son leyendas muggles, que tienen siempre algo de real, aunque para ellos sean meras fantasías…
»Supongo que viste los símbolos que la caja tenía en la tapa—James asiente de nuevo, casi sin acordarse del frío—. No lo hemos descifrado, pero creemos que es algún tipo de acertijo para lograr abrirla.
»Por eso se han llevado a Al; para que les diga cómo acceder a lo que hay en el interior de la caja y utilizarlo para sus propios fines… ¿se te ocurre cuáles pueden ser?—James no contesta. Recuerda la cantidad de historias sobre las hazañas de su padre que ha crecido escuchando, y cree tener la respuesta correcta, pero le parece demasiado rocambolesca. No obstante, Roxanne comprende que lo ha averiguado y sonríe un poco—. ¿Tienes idea de lo que pasaría si él volviera?
—Pero no van a conseguirlo—deduce James, ignorando un estremecimiento que nada tiene que ver con el frío—. Si ni siquiera vosotros sabéis cómo…
—Ellos creen que Albus lo sabe—replica Roxanne.
James comprende en ese momento dónde está el problema.
—¿Y qué pasará cuando se den cuenta de que Al no tiene ni idea?—inquiere en voz baja, temiendo la respuesta.
La mirada de Roxanne es más esclarecedora que cualquier contestación verbal.
Que lo matarán.
Notas de la autora: No estoy segura de este capítulo, para qué engañaros. Pero bueno, al menos ya sabéis un poco más sobre la caja.
Por cierto, gente que añade a favoritos sin dejar review: no os hacéis una idea de lo que fastidia. Y creo que, después de haberme sacado el carné de conducir (estoy pesadita con el tema, pero es que me ha costado), creo que me lo merezco :3
