¡Hola!
Sí, me he retrasado mucho publicando, ¡pero tengo excusa! Estaba escribiendo para muchos retos, y la facultad y el conservatorio y la banda... en fin, el caso es que estoy aquí.
Gracias a CallMeStrange, Silvers Astoria Malfoy y Roxy Everdeen por los reviews del capítulo anterior.
Capítulo 12: Schauinsland
Quiero cantar, quiero gritar;
quiero morir en libertad.
Quiero morir cerca de ti;
quiero encontrar lo que perdí.
Mägo de Oz-El rincón de los sentidos
Al día siguiente, James se obliga a levantarse temprano, a coger la mochila y aparecerse hacia el Ministerio, donde ha de coger el traslador que los llevará a él y a Elijah a Berlín.
Como una parte de él esperaba, Elijah ya ha llegado. Está apoyado en la pared, observando el ir y venir de los aurores, que parecen muy ocupados. James siente el impulso de abrazarlo por detrás. Luego recuerda que ya no puede hacer eso. Y que no debería ni siquiera ocurrírsele. Tratando sin éxito de alejar esos pensamientos de su mente, James se planta junto a su ex novio, guardando un metro de separación con mucho esfuerzo.
Afortunadamente para su estabilidad emocional, su padre aparece en escena rápido, con una carpeta en la mano y seguido de su tío Ron y Teddy, que saluda amistosamente a Elijah, haciendo que James se sienta un poco celoso. ¡Que al que ha visto crecer es a él!
—Bien…—dice Harry, haciendo señas a James y Elijah—. El Ministerio alemán ha querido colaborar en la búsqueda de Albus, pero en el Departamento de Misterios son cautelosos. De modo que no diréis que vais también a por la caja; si alguien pregunta, uno de los dos es auror en prácticas y vais simplemente a rescatar a Al, una misión sencilla, porque sabéis ya dónde están.
—¿Dónde, exactamente, debemos buscarlo?—inquiere James.
—Toma—su padre le entrega la carpeta y un saco de cuero, y Teddy se separa de ellos para echar a andar hacia otro funcionario—. Tomaréis el traslador hasta Berlín, y de ahí un tren hasta Stuttgart. Allí es donde entra el Ministerio alemán. Un funcionario os llevará más al sur, hasta Hofsgrund. Ahí es donde debéis tener cuidado para que no os sigan, y ser muy cautos, porque los renegados os estarán esperando y probablemente os ataquen.
—¿Y esto para qué es?—pregunta Elijah, señalando la carpeta y la bolsita que James tiene en la mano.
—En la bolsa hay pociones que os pueden ser útiles, y dentro de la carpeta está la localización del primer lugar en el que tenéis que buscar: Schauinsland.
—¿Shau-qué?
Su padre suspira y los mira a ambos.
—Sois conscientes de que nada de lo que se está hablando aquí ha de salir, ¿verdad?—los dos jóvenes asienten—. Es una montaña, donde se decidió enterrar el cadáver de Voldemort. Los aurores estamos convencidos de que el objetivo de los renegados no es otro que tener a su líder de vuelta, y los del Departamento de Misterios están convencidos de que para el ritual que ha de hacerse necesitan algo de él.
—¿Y si no están ahí?—cuestiona James.
—En la carpeta tenéis información sobre otros lugares en los que pueden esconderse. No obstante, si encontráis alguna pista que os indique que los renegados se encuentran en un sitio que no está marcado en el mapa, seguidla; la Selva Negra es grande y los ingleses no somos precisamente los que más la conocemos.
—Harry—Teddy ha vuelto; sostiene una cámara de fotos rota—. Faltan tres minutos.
El padre de James coge el cacharro y se lo pone en las manos a Elijah.
—Bueno, creo que ya está todo. ¿Alguna pregunta?—los dos niegan con la cabeza—. James, ven un momento—el joven camina tras su padre, alejándose un poco de Elijah y Teddy, que han comenzado a charlar—. ¿Por qué os habéis peleado?—pregunta, mirando a su ex novio de reojo.
—No nos hemos peleado, papá; hemos roto—aclara James con más amargura de la que pretendía—. Y no te interesa el motivo—agrega al percatarse de la mirada de su padre. Harry suspira.
—Entonces… espero que seas lo suficientemente maduro como para saber dejarlo de lado. Tenéis que encontrar a tu hermano—James asiente, y su padre lo abraza entonces con fuerza—. Ten cuidado—dice en voz baja—. Sé que lo harás bien—agrega, con un matiz de orgullo en la voz.
James siente que se le hincha el pecho. No son muchas las veces que su padre le ha hablado en ese tono. Generalmente, le dice que haga el favor de madurar y comprender que ya ha pasado los quince años. Por eso se siente inmensamente bien con el tono de su padre.
—Harry…—escuchan a Teddy. En las manos de Elijah, la cámara rota está empezando a brillar. James apenas tiene tiempo de acercarse a él y poner un dedo sobre el aparato antes de notar una sacudida y que todo a su alrededor se convierta en un remolino de color.
Después de varios segundos, los pies de James vuelven a tocar el suelo. Tanto él como Elijah pierden el equilibrio y caen al suelo.
James se levanta casi enseguida; no obstante, Elijah mira alrededor desde el suelo durante unos segundos, hasta que sus piernas recuperan la fuerza y logra ponerse en pie.
—¿Qué es esto?—inquiere el ex Slytherin.
Están en un pasillo vacío, con las paredes pintadas de un suave color crema y ventanas por las que entra la luz. A los lados hay estatuas de lo que parecen magos y brujas con sus varitas enarboladas, preparados para atacar. A través de los cristales se ven un montón de edificios y coches que, James puede jurar, no hay en Inglaterra.
Entonces un hombre se acerca a ellos. Pese a que es más alto que James y Elijah, camina encorvado y con unas gafas cuadradas más gruesas que las del padre de James. Empieza a hablarles en un rápido alemán.
—¿Tienes idea de lo que está diciendo?—inquiere Elijah en voz baja. James niega con la cabeza, pero está convencido de que ese hombre quiere robarles o algo así. Escupe las palabras con una agresividad que impone respeto.
El señor parece darse cuenta de que no lo están entendiendo. De modo que les hace una seña para que esperen y se aleja por el pasillo. Unos minutos más tarde, vuelve seguido por una joven rubia que sonríe al verlos.
—Buenos días, señor Potter, señor Anderson—habla un inglés precario, muy rígido, pero al menos los dos jóvenes la entienden—. Él es el señor Ahren Eisenberg, el jefe de Departamento de Misterios del Ministerio de Magia de Alemania. Yo soy Liese Bach, traductora del Departamento de Relaciones Mágicas Internacionales.
—Buenos días—dice James, al ver que Elijah está demasiado ocupado observando con disimulo los edificios de Berlín—. Tenemos entendido que debemos coger un tren hasta Stuttgart.
Liese Bach traduce las palabras del joven para el señor Eisenberg. Él gruñe algo en alemán, y tras unos segundos Liese asiente, y frunciendo el ceño vuelve a mirarlos.
—El señor Eisenberg quiere saber cuál de ustedes es el auror en prácticas—James y Elijah se miran, y tras unos segundos el ex Slytherin se señala a sí mismo. Eisenberg asiente y dice algo más—. Dice que tengan la amabilidad de seguirnos hasta la estación de trenes.
James y Elijah caminan detrás de los dos alemanes en silencio. Al menos hasta que James le da un codazo a su ex novio, olvidando la hostilidad que debe mostrar hacia él:
—¿No te da la sensación de que todo lo que dicen parecen insultos?—inquiere en voz baja. Elijah no puede evitar reírse.
—Seguramente a ellos el inglés les parecerá algo divertido, también—especula.
—De hecho, cuando escucho hablar a ingleses tengo la sensación de que están mascando chicle—interviene Liese, girándose hacia ellos. Los dos jóvenes enrojecen al saberse descubiertos, y la mujer sonríe y sigue caminando.
James y Elijah intentan mirarlo todo cuando se pasean por el Ministerio alemán. Es indudablemente más lujoso que el inglés, aunque ni a uno ni al otro les agrada ese idioma en el que todo parecen reproches.
Apenas se despiden con unas cuantas palabras educadas antes de subir al tren, que está justo al lado del Ministerio; de hecho, James tiene la impresión de que el edificio está en la misma estación, sólo que invisible para los muggles. Ambos se meten en el compartimento más cercano y se acomodan, cada uno en un asiento. Elijah no tarda en sacar un libro y ponerse a leer.
James se siente tentado de quitarle el libro y chincharle, como hace siempre que se aburre, pero no tarda en recordar que él mismo decidió privarse de ello. Recuerda una vez más los motivos por los que ya no está con Elijah y por unos instantes desea ser capaz de olvidarlos. Luego, su orgullo vuelve y le recrimina ser tan idiota.
Para cuando han llegado a Stuttgart, Elijah aún no ha leído ni veinte páginas de su libro. Y eso que han tardado tres horas.
James se ha pasado el viaje removiéndose en su asiento, mirando por la ventana y rebuscando en las profundidades de su mochila, comportamiento que a él le pone sumamente nervioso. Elijah ha pensado, por un momento, que quizá su ex novio le quitaría el libro sólo para fastidiar, pero no lo ha hecho. Suspira al pensarlo. Otra cosa que ha cambiado.
En Stuttgart los reciben un frío que hace que la nariz se les ponga roja y Heidi Gottlieb, una joven de cabello castaño y ojos pardos que domina tanto el inglés como el alemán, ya que, según les cuenta, sus padres son germanos, pero se criaron en Gran Bretaña. A James no le da buena espina esa mujer, aunque no sabría decir por qué.
Heidi los deja un poco más al oeste, en Hofsgrund, un pueblecito pequeño y encantador, con casas cuadradas y jardines muy cuidados, en pleno corazón de la Selva Negra. Después de un par de gruñidos, Elijah logra que James le deje la carpeta que le ha dado su padre y comprueba que el primer lugar en el que tienen que buscar está al norte.
Se despiden de Heidi con educación y echan a andar hacia el norte, subiendo la suave pendiente que delimita el valle en que está situada Hofsgrund. Está ya atardeciendo, pero van preparados para acampar; ninguno cree que lleguen hoy.
—Deberíamos parar aquí—sugiere Elijah cuando los últimos rayos de sol rozan el horizonte. Llevan toda la tarde caminando y ambos están cansados, por no hablar del frío que hace, acentuado cuando el sol se ha ido, de modo que James no protesta. Montan la tienda de campaña con magia entre unos árboles y entran dentro.
Lo primero que hace James nada más entrar es tirarse en una cama y adjudicársela, pero Elijah se prepara un bocadillo; tiene hambre. Está convencido de que su ex novio también, pero es demasiado vago como para moverse. Después de unos segundos de duda, prepara un segundo bocadillo y se lo deja a James en la mesita de noche.
Él lo coge y se sienta en la cama.
—Gracias—susurra, comiéndose un bocado.
—De nada.
Comen en un silencio incómodo. Elijah se pregunta qué decir sin sonar agresivo; pese a que conoce a James desde hace mucho tiempo, de repente se siente como si estuviera con un completo desconocido. No sabe si se siente mejor o no cuando se da cuenta de que a James le ocurre exactamente eso mismo. Suspira y baja la vista.
—¿Crees que Al…?—James carraspea—. ¿Crees que está…vivo?
Elijah lo mira.
—No lo sé.
—Ni yo, pero ¿lo crees?—insiste James.
Elijah medita la cuestión seriamente. Tras unos segundos, decide que lo mejor es darle a James una respuesta sincera, ya que se la ha pedido:
—Creo que lo matarán en cuanto se den cuenta de que no les es útil, si es que no lo han hecho ya.
James se estremece. Deja lo que queda de su bocadillo y se tumba en la cama, de espaldas a Elijah.
—Al tiene que estar bien—replica desde esa posición. Por el temblor de su voz, Elijah deduce que está al borde del llanto, y reprime el impulso de acercarse a él para abrazarlo—. Tiene que estarlo.
Tanto James como Elijah tienen razón: Albus está vivo, pero su vida corre grave peligro.
El joven está intentando ganar tiempo como puede, pero a sus captores se les empieza a agotar la paciencia. Después de improvisar y decir que necesitaba ingredientes para pociones que no sirven para nada y hacerlas, la mujer que lo secuestró está empezando a hartarse.
Suspira. Ya no está tan seguro de que realmente estén buscándolo. Y la celda oscura en que pasa la mayor parte del día no hace más que alimentar sus miedos. ¿Y si no tienen idea de lo que le ha pasado? Porque ese hombre le dijo que James estaba en San Mungo, pero… ¿cómo? ¿Y si el maleficio le ha dejado secuelas demasiado graves como para poder decirle a su padre lo que ha ocurrido? O peor, ¿y si lo saben, y no quieren hacer nada por él? Albus es consciente de las muchas miradas de suspicacia que le dedicaron sus familiares cuando rompió la tradición familiar yendo a Slytherin. ¿Y si todos están mejor sin la oveja negra de la familia?
Albus encoge las piernas y se abraza las rodillas, angustiado. Si nadie está buscándolo… sus captores acabarán por darse cuenta de que no tiene la menor idea de cómo abrir la caja y se lo quitarán de en medio.
El joven se estremece, intentando no pensar en ello.
Schauinsland es una montaña, no muy elevada, que corona el valle en el que está Hofsgrund.
Cuando llegan a la cima, James y Elijah se olvidan de que no están de vacaciones y suben al mirador triangular desde el que se ve todo el valle, al sur, y los árboles oscuros de la Selva Negra, al norte. En realidad, se mire en la dirección que se mire, el horizonte está delimitado por árboles; están en el corazón del bosque.
—Guau—James logra olvidarse incluso del frío y se entretiene durante varios minutos echando humo por la boca.
—Deberíamos ver si encontramos algo—sugiere Elijah, pese a que está muy a gusto observando el paisaje. A diferencia de James, a él sí le gusta el frío.
James suelta un bufido y baja tras él.
—¿Dónde crees que está descomponiéndose Voldemort?
Elijah pone los ojos en blanco.
—Podrías tener un respeto hacia los muertos—sugiere, mirando alrededor sin saber exactamente qué está buscando. Quizá un cartel que diga "Tumba del mago tenebroso más temido de todos los tiempos".
James demuestra su respeto a Voldemort con un gruñido, antes de ayudar a Elijah a buscar el lugar en el que se supone que está el cadáver del asesino de sus abuelos paternos y otras tantas personas.
Tardan casi media hora en dar con la tumba de Tom Ryddle. En realidad, ni siquiera merece ser llamada así. Es un montículo de tierra sobre el que no crece ninguna planta. Lo único que indica que ahí hay alguien es una piedra plana, incrustada en el suelo, que reza:
Tom Sorvolo Ryddle
31 de diciembre de 1926-2 de mayo de 1998
James suelta un resoplido al verlo.
—¿Y ya está? ¿Es el tío que más parda la ha liado en la Historia y está enterrado en esta montaña cutre en mitad de un bosque alemán? ¿En serio?
Elijah arquea las cejas.
—¿Y qué esperabas, exactamente?
—Pues no sé, algo tipo: "Aquí yace Lord Voldemort, hijo de… su madre y de su padre (supongo) y asesino de…" y una lista de todas las personas a las que se cargó—admite James—. Y quizá, al final: "Nadie lo echará de menos". O algo así.
Elijah sacude la cabeza. Lo cierto es que él también esperaba algo más sofisticado, dada la importancia que tuvo la muerte de ese hombre. Pero no va a darle la razón a James.
Es entonces cuando se fija en que hay algo que no encaja en la tumba de Tom Ryddle:
—James, ¿no te parece que…?
Pero no tiene tiempo para hablarle de sus sospechas al joven, porque justo entonces James saca su varita y lanza un hechizo que se pierde montaña abajo.
—Hay alguien más aquí—murmura, al percatarse de la mirada que le dirige Elijah—. Estaba ahí—asegura, señalando la ladera.
—Ya, claro—Elijah se gira y sigue la dirección de la mirada de James, y no ve nada más que árboles—. ¿Seguro?—el joven asiente—. Vamos al mirador—sugiere; desde ahí verán mejor a los posibles intrusos.
Sin embargo, en cuanto están subiendo las escaleras, escuchan pasos acercándose. Ambos corren y se apresuran a llegar a lo alto, desde donde ven a varias personas empezando a subir los escalones.
—¿Cuántos son?
Elijah se encoge de hombros.
—No lo sé—responde, sacando su varita también y apuntando a las escaleras—. Vale, en cuanto se asomen los aturdimos.
James tiene el placer de ser el primero en dejar fuera de combate a alguien. Sin embargo, unos segundos más tarde entran dos al mismo tiempo, y rechazan los rayos aturdidores. James y Elijah retroceden, defendiéndose y atacando, mientras una cuarta persona entra en escena tras ellos.
—Joder—murmura James. Esquiva un rayo de luz azul—. Joder—repite, lanzando una maldición de las piernas unidas.
Es entonces cuando ocurren varias cosas a la vez. Elijah rechaza un maleficio, que va a dar en una de las vigas de madera del mirador. Para su horror, la madera empieza a arder en cuestión de segundos. Al mismo tiempo, el suelo tiembla, y los dos jóvenes comprenden que acaban de lanzar un hechizo a la base de la construcción cuando el horizonte, a lo lejos, comienza a subir mientras el mirador se viene abajo.
James, Elijah y sus tres atacantes miran alrededor, olvidándose del duelo. Tienen que salir de ahí cuanto antes. Los desconocidos son más rápidos y se precipitan hacia las escaleras como balas, pero el último lanza un certero hechizo a una viga, haciendo que se desplome en la entrada de las escaleras y cortándoles el paso.
—¡Serán cabrones!—exclama James con rabia, aferrándose a la baranda. Es inútil; todo el mirador se está desmoronando.
Elijah mira alrededor, buscando una forma de salir de ahí. James, por su parte, mira al suelo, desde donde los hombres observan con sendas sonrisas burlonas sus intentos desesperados por salvarse. Un trozo de viga ardiendo se desprende y cae al suelo, haciendo que las llamas envuelvan también los tablones de madera. James retrocede y se choca con Elijah.
—¿Y ahora qué?—murmura el ex Slytherin, angustiado, notando cómo el mirador sigue cayéndose. James mira alrededor. Entonces se le ocurre una idea, francamente suicida. Pero es la única.
—Saltamos—sugiere, mirando por la baranda.
Elijah lo observa con estupefacción. ¿Se ha vuelto loco?
—¿Qué?
—¡No es tan difícil!—exclama James—. Saltamos, nos los quitamos de encima con un par de maldiciones y huimos. Es…
—Estamos a cinco metros del suelo—le recuerda Elijah.
—Pues quédate tú aquí—replica James; y, sin una palabra más, salta la baranda y se arroja al vacío.
Elijah no tiene tiempo de gritar su nombre (o algún insulto, porque lo que acaba de hacer no es muy normal) antes de escuchar un desagradable crujido, seguido por un grito de dolor, que le indica que la idea de James no era buena. Se asoma a la baranda y lo ve en el suelo, encogido, mientras los desconocidos alzan sus varitas apuntándolo.
La idea que Elijah tiene entonces tampoco es la más brillante del mundo. El joven lanza varios maleficios para impedir que se acerquen a James, y cuando logra despistarlos él mismo se sienta sobre la baranda, con las piernas por fuera.
—Estoy loco—musita, cerrando los ojos antes de saltar. Un segundo más tarde, sin embargo, nota que no se ha roto nada y se atreve a abrirlos. Está descendiendo suavemente del mirador. Sonríe, orgulloso de su dominio de la levitación, y lanza unos cuantos maleficios más antes de llegar al suelo. Cuando ve que se empiezan a acercar, agarra a James del brazo y gira sobre sí mismo, desapareciendo de Schauinsland.
Notas de la autora: Pues nada, aquí está. Me costó la vida trazar la ruta de este par por la Selva Negra... pero creo que lo he conseguido. Ah, y las opiniones de Elijah y James sobre el alemán, y la de Liese sobre el inglés, son más o menos las mías xD Pensé en hacer que los recibiera la Merkel, pero me parecía demasiado cruel...
Mañana tengo dos exámenes. Y los reviews potencian la memoria... ¿me echáis una mano a sacar buena nota? ;)
