Esto... ¡Hola!

Gracias a CallMeStrange, Roxy Everdeen, kawaiigiirl, Silvers Astoria Malfoy y Nalnya por los reviews del capítulo anterior.

Sé que soy una persona horrible y que queréis matarme, y lo entiendo, de verdad que sí. Pero pasó de todo: exámenes con la facultad, el cargador del portátil se rompió y lo tuve que llevar a arreglar... (y demos gracias de que no me borrasen los archivos). El caso, que ya estoy aquí y voy a cuidar el ordenador para que no se me estropee más.

Y ya os dejo con el capítulo.


Capítulo 13: El orgullo duele más y sirve menos

Now I can breathe, turn my insides out
and smother me.
(Smother me)
Warm and alive, I'm all over you.
Would you smother me?
Smother me, smother me.
The Used- Smother me

Cuando James abre los ojos, descubre que ya no están en ningún mirador derrumbándose. Mira alrededor; ve árboles. No obstante, no tiene ni idea de dónde está.

Estamos, se corrige cuando nota la mano de Elijah aferrando su brazo. Deja caer la cabeza y cierra los ojos con fuerza. Le duele mucho la pierna izquierda y está convencido de que tiene al menos un hueso roto.

—¿Sabes que no se vuela sin escoba?—inquiere Elijah, mordaz, aún sin haber conseguido recuperar su ritmo habitual para respirar. James suelta un gruñido, sin ganas de discutir. Su ex novio sonríe, aunque él no lo ve.

—Al menos no estamos ardiendo—murmura James tras unos segundos.

Escucha a Elijah caminar a su alrededor, pero él sigue sin abrir los ojos. No sabe lo que está haciendo ni tampoco le interesa; le duele demasiado la pierna para ello. Sólo espera que ya estén a salvo.

Después de varios minutos, nota que Elijah lo coge por las axilas y se pasa un brazo por el hombro, para ayudarlo a moverse.

—James, pon un poco de tu parte—le suelta, irritado al ver que el joven no tiene la menor intención de apoyar aunque sea el pie que no le duele. Tras unos segundos, James obedece y apoya la pierna buena con cautela. Baja la vista y observa el extraño ángulo en que ha quedado la otra.

—¿Dónde estamos?—inquiere, apartando la vista de tan desagradable visión.

—Al este de Schauinsland—responde Elijah—. Se me ha ocurrido que estaríamos más seguros donde hubiera árboles y es el primer sitio que se me ha ocurrido—. Mira, estábamos allí.

James observa en la dirección que señala el joven y descubre, a lo lejos, el mirador ardiendo en la cima de la montaña.

—Estamos demasiado cerca—señala.

Elijah bufa.

—Luego nos aparecemos más lejos, pero tú no puedes moverte mucho con la pierna así—tira de James para que no se quede quieto, y él lo sigue como puede hasta el interior de la tienda de campaña –que Elijah ha debido de montar mientras James estaba tumbado en el suelo–, soltando quejidos de vez en cuando.

Elijah lo deja en la cama que James se adjudicó ayer y observa su pierna rota con ojo crítico. Al menos, piensa, no es nada complicado.

—¿Cómo supieron que estábamos ahí?—inquiere James. Elijah agradece que empiece a hablar; quizá así no se queje tanto.

—No sé—admite. James da un respingo cuando él toca su pierna y lo mira con reproche—. Pero tu padre ya nos dijo que no nos fiáramos de nadie.

—Esa chica…—James frunce el ceño, tratando de recordar el nombre, aunque cierra los ojos con fuerza cuando el primer hechizo hace que sus huesos crujan—. ¿Heidi? La que hablaba inglés bien…

—Yo tampoco me fío de ella—admite Elijah—. Por cierto, ¿te has fijado en la tumba?

James frunce el ceño.

—¿Qué tenía de interesante? Es muy sosa.

—La tierra estaba removida—señala Elijah, pero James suelta un quejido cuando realiza un nuevo encantamiento y no le presta atención—. Alguien estuvo ahí antes que nosotros y cogió algo.

James medita la cuestión durante unos segundos, que Elijah aprovecha para terminar de soldar su pierna.

—A lo mejor…—dice finalmente, con lentitud—. Rox dice que quieren hacer que Voldemort vuelva. A lo mejor necesitan algo suyo—su rostro pierde algo de color—. Ag, es asqueroso.

—Eso significaría que han encontrado la forma de abrir la caja—comenta Elijah—. Y eso sólo sería posible si…

—Albus nunca colaboraría con ellos—lo corta James, leyéndole el pensamiento—. Puede ser la oveja verde de la familia, pero no es ningún traidor.

Elijah se guarda de decirle a James que hay maneras de conseguir que los demás hagan algo que no quieren. Probablemente discutirían.

—¿Tienes hambre?

James niega con la cabeza.

—Tengo sueño—admite—. ¿Nos encontrarán?

Elijah duda.

—Habría que poner hechizos protectores, por si acaso—James se incorpora, pero él le empuja para tumbarlo de nuevo—. Quédate ahí; me apuesto algo a que todavía te duele la pierna.

James querría replicarle, pero ha de admitir que Elijah tiene razón. De modo que se queda tumbado, con los ojos cerrados, mientras su ex novio sale de la tienda para asegurarse de que todo está bien.

Elijah pone los hechizos de protección que leyó hace unos días alrededor de la tienda, observando cómo el mirador sigue ardiendo en lo alto de Schauinsland, similar a una antorcha que, ahora que está anocheciendo, ilumina todo el valle.

Sin embargo, escucha ruidos entre los árboles. Elijah no se preocupa en exceso; sabe que nadie puede ver u oír lo que hay dentro del campo de los hechizos protectores. Sin embargo, se acerca hasta el límite para averiguar de qué se trata.

Descubre a varios hombres caminando de un lado a otro, aparentemente desorientados. No le hace falta esforzarse mucho para darse cuenta de que están buscando algo.

—¿Seguro que lo has visto?—resopla uno.

—Que sí, estaba ahí—para su horror, el otro señala justo donde está Elijah—. Pero ha desaparecido…

—Entonces no es muy difícil pensarlo—interviene un tercero, burlón—. Se han acojonado y han huido.

Otro dice algo en alemán. El resto ríe.

—Sí, venga, vamos al lago a tomarnos algo. Nos lo merecemos. Además, Minna ya ha perdido la paciencia con el chico; debe de haberse dado cuenta ya de que nos está viendo la cara de tontos. Será ingenuo…

—¿Qué os apostáis a que le doy la vuelta al lago en menos de diez minutos?—inquiere otro.

—Pero por el borde, que la última vez acortaste el círculo y lo hiciste un óvalo—replica el mismo que se ha burlado antes.

Las voces se alejan y Elijah se permite volver a respirar.

Vuelve a la tienda de campaña, dispuesto a contarle a James lo que ha averiguado, pero descubre que se ha quedado dormido. De modo que coge la carpeta con el mapa de los lugares en los que deben mirar. Tiene una ligera idea de dónde pueden estar Albus y la caja.


Unos pasos despiertan a Al.

El joven lleva varios días sin salir de su celda. No le han hablado para nada, ni siquiera cuando él ha preguntado. Tampoco le han llevado comida, y el estómago del joven empieza a protestar con cada vez más ímpetu.

Sin embargo, no sabe qué ha hecho mal. Se le da bien fingir (no malinterpretéis a vuestra humilde narradora, pero el motivo de que Albus Potter fuese a Slytherin no fue únicamente romper la tradición familiar), y sabe que ha hecho bien su papel: ha exigido todo lo que se supone que necesitaba para abrir la caja, con una fachada de seguridad y confianza que no siente, y no ha dejado que sus captores vean el miedo que tiene en ningún momento.

Por eso, cuando unas manos de uñas largas le agarran el pelo en la oscuridad y una varita se clava en su cuello, al principio no entiende el motivo.

—Sé quién eres—sisea una voz femenina. Albus frunce el ceño ante tal afirmación. Reconoce a Minna, la mujer que se lo llevó del piso de James y, supone, la mandamás en todo ese embrollo. No sabe cómo es, porque siempre lleva una capa ocultando su rostro, pero ha aprendido a temerla tanto como teme las cruciatus que salen de su varita—. Eres el hijo de Harry Potter.

Albus frunce el ceño, dándose cuenta de que algo no encaja.

—Eso deberíais saberlo. Si me dijisteis cómo estaba…—palidece—. ¡Mentisteis! ¡No tenéis ni idea de cómo está James!

La mujer ríe.

—Bueno, no hemos mentido sólo nosotros, cielo. ¿Me equivoco al decir que ni tú ni el resto de incompetentes del Departamento de Misterios inglés sabe nada de esa caja?—Albus palidece más. Sabía que ese momento llegaría tarde o temprano, pero…—. ¿Sabes qué?—ronronea Minna—. Descubrimos quién eras hace poco… Y hemos estado investigando. Tu hermanita es muy guapa… ¿No sería una pena—aprieta la punta de la varita contra el cuello de Al—que tuviera un desgraciado accidente?

—No le harás nada a Lily—gruñe el joven—. Y si le pones un dedo encima, James…—pero se interrumpe, comprendiendo otra cosa.

—¿Qué, exactamente, me hará un muerto?

Albus se muerde el labio. No. No puede ser. James tiene que estar vivo. Es imposible que esos cabrones se hayan salido con la suya. Su hermano quizá esté un poco tocado por el maleficio, a lo mejor desorientado… Pero James no puede estar muerto. Es inconcebible.

—Es mentira—musita como puede.

—Sigue repitiéndotelo hasta que te lo creas—replica Minna—. A partir de ahora te dejarás de historias y pondrás toda tu inteligencia a nuestro servicio, hasta que dejes de sernos útil. Y como hagas la más mínima tontería o te rías de nosotros… tendremos que apañárnoslas sin ti. Lo cual sería una pena… ¿nunca te han dicho lo guapo que eres? Bastante más que tu amiguito Malfoy, de hecho.

Albus se queda helado al escuchar la mención a Scorpius. Realmente esa bruja sabe mucho sobre su vida. Y eso le da miedo; porque ha perdido a James, pero Lily, Rose, sus padres… incluso podría hacerle daño a Naira. Al aún está dolido con ella, pero no la odia. Si ha de ser sincero consigo mismo, Albus ya se considera hombre muerto, pero no quiere que nadie más sufra por su estupidez.

—Vale—acepta con un hilo de voz.


James se queja como si no hubiera mañana de su pierna recientemente reparada.

Al menos, hasta que Elijah le cuenta lo que sospecha sobre el paradero de su hermano.

—¿Al sur?

—Sureste, más al este que al sur—responde él, señalando un punto en el mapa.

—¿Y por qué crees eso?—inquiere James.

—Ya te lo he dicho: ayer oí a varios de los que nos atacaron. Uno de ellos dijo algo de un lago, y otro hizo un comentario dando a entender que era redondo.

—¿Y no hay más lagos redondos además de…—James se acerca el mapa a los ojos—Feldsee?—Elijah asiente—. Pues vamos.

Dicho y hecho. James no vuelve a decir ni una palabra sobre su pierna, pese a que Elijah sospecha que debe de dolerle un poco; la lesión aún es muy reciente. Camina a buen ritmo hacia el sureste, a zancadas tan grandes que a Elijah le cuesta seguirle; ni siquiera el resentimiento que lo ha acompañado durante los últimos días –desde que se enteró de que tendría que ir con Elijah a Alemania– parece existir en él.

Se detienen en un pequeño claro cuando está cayendo la noche. James insiste en caminar un poco más, pero a Elijah no le hace gracia. No sólo porque tiene los pies destrozados, sino porque James también necesita descansar.

—Estoy cansado—protesta, montando la tienda. James bufa, pero finalmente cede, hace los hechizos de protección y entra tras él. Sin embargo, para sorpresa de Elijah, el joven prepara dos bocadillos, le da uno y se deja caer en su cama—. Gracias—dice.

James se encoge de hombros.

—De nada. De todas formas, me curaste la pierna ayer.

—No es nada—replica Elijah—. Supongo que tu padre decidió que viniera contigo para arreglar tus estupideces.

James suelta un gruñido. Parece que no le ha gustado la broma de Elijah. Éste observa cómo se frota distraídamente la pierna y frunce el ceño. Le gustaría ver si está bien, sólo para asegurarse, aunque duda que James se lo vaya a permitir.


No llegan al lago Feldsee hasta el atardecer del día siguiente, que se oscurece antes de tiempo por las nubes grises que se acumulan sobre ellos.

Es una acumulación de agua oscura y turbia, pese a que no hay apenas olas que perturben su superficie. Hay una pequeña montaña al suroeste del lago, que como había vaticinado Elijah, es redondo. No es muy grande, al menos no tanto como el Lago Negro, pero James se pregunta si ahí vivirá alguna especie mágica, quizá un primo lejano del Calamar Gigante de Hogwarts.

Tampoco cuesta mucho determinar dónde se esconden los que, si las deducciones de Elijah (apoyadas por James, aunque éste es demasiado orgulloso para admitir que está de acuerdo con su ex novio) son correctas, tienen en su poder a Albus y a la caja. Es una torre redonda, semejante a un enorme peón de ajedrez, que hay sobre la montaña anteriormente mencionada.

Desde la orilla del lago, James observa la torre con una rabia creciente. Ahí está su hermano, a saber en qué condiciones. También están ahí los culpables de que él pasase más de un mes en San Mungo. Y esa caja del diablo que tiene la culpa de todo.

Antes de darse cuenta, James ha echado a andar hacia la edificación. Elijah, que ha decidido motu propio montar la tienda junto al lago y planear qué hacer esa noche, no se da cuenta hasta que James casi se ha perdido de vista entre los árboles, subiendo la pendiente.

—¡James!

Él se gira.

—Dime.

—¿Dónde vas?—James sonríe irónicamente. ¿Acaso no es obvio?—. Oye, sé que estás preocupado por tu hermano… —empieza Elijah, buscando el modo de impedir que James cometa otra estupidez. Echa a andar hacia él, pero el ex Gryffindor se gira y reanuda su marcha, concentrado sólo en que tiene que recuperar a Albus y estrangular a quienquiera que le haya hecho daño.

Sin embargo, Elijah lo alcanza y lo agarra del brazo.

—Suéltame—ordena él fríamente.

—James, vamos a la tienda y ahí pensamos en…

—Suéltame—repite él. Elijah no lo suelta, sino que mira sus ojos, buscando en ellos la forma de convencerlo de que no haga ninguna tontería. James aprieta las mandíbulas. Lleva varios días enfadado con todo el mundo, y para colmo ahora tiene que luchar contra las piruetas que está haciendo su estómago por el contacto con Elijah.

—Vamos a ver; tenemos que pensar exactamente qué vamos a hacer, descubrir si hay vigilancia, cuándo es más probable que…

—¡Me da igual!—salta James—. ¡No me importa! ¡Albus está ahí, y esa caja también, y todo es por mi culpa!—se muerde el labio—. Si no la hubiera cogido no habría pasado nada de esto—susurra—. Y ahora puedo arreglarlo, así que haz el favor de sol…

James no termina la frase. Y si la termina, el sonido se ahoga en los labios de Elijah, que presionan los suyos casi con rabia. El ex Slytherin no tiene muy claro lo que está haciendo, sólo sabe que necesitaba que James se callase y dejase de decir idioteces. Y que, a juzgar por el silencio que reina a su alrededor, lo ha conseguido.

Lo que él no se esperaba es que James fuese a corresponder al beso. Lo nota pegarse a él todo lo que puede y escucha la palabrota que se le escapa mientras coge aire para seguir. Es entonces cuando se le ocurre abrir los ojos para fijarse en su rostro.

James está aún sorprendido, pero no parece molesto en absoluto. Observa a Elijah con esa mirada que susurra acércate sin palabras, y sonríe, complacido, cuando él obedece esa orden silenciosa.

—¿No estabas enfadado?—logra decir Elijah. James sacude la cabeza, intentando recordar los motivos que tiene para estarlo.

—Es que eres idiota—se le ocurre. Luego consigue razonar algo más—. Joder, ¿por qué tuviste que hacerlo?

Elijah lo mira, mordiéndose el labio.

—Lo siento. Sé que no arregla nada, pero no puedo cambiarlo.

James lo observa durante varios instantes. Luego decide mandar al cuerno todo su orgullo, que duele más y sirve menos. Besa de nuevo a Elijah.

—Si vuelves a…—empieza, pensando en la advertencia completa, pero él lo interrumpe con un nuevo beso—. Oye, Elijah...—y otro más—. Joder, estoy hab…—y otro.

—Podemos hablar luego—murmura Elijah cuando James desiste en su empeño por exponer su parecer. Tira de él hacia el interior de la tienda y caen enredados en una de las camas.

James sonríe y se olvida del resto del mundo. Sólo por esa noche.


Notas de la autora: Para que veáis que soy buena y todo, al menos con este par (y al menos de momento).

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