¡Hola! ¿Os ha tocado el Gordo? A mí tampoco. Por eso, en parte, es por lo que estoy aquí.

Gracias a Roxy Everdeen, Silvers Astoria Malfoy y CallMeStrange por los reviews del capítulo anterior.


Capítulo 16: Sueños pasados

Siempre has soñado con poder salir
de tu cárcel de cristal.
Y las paredes de tu habitación
se parten el culo de ti.
Mägo de Oz-Deja de llorar

—¿Tienes hambre?

—No.

—¿Y sed?

—No.

—¿Por qué no duermes un poco?

La mirada fulminante que James dirige a su hermano es suficiente respuesta. Albus suspira y se deja caer en la cama que no está ocupada por Elijah.

Estaba durmiendo, esperando la vuelta de James y su novio, pero lo han despertado las maldiciones de su hermano, que ha aparecido casi arrastrando a un Elijah Anderson inmóvil y cubierto de sangre. Entre los dos se las han ingeniado para taponarle el profundo corte que surca su costado, y ahora parece que su rostro tiene algo más de color.

Según le ha contado (o lo que Albus ha podido deducir a partir de las frases entrecortadas y las maldiciones en voz baja de James), cuando estaban a pocos metros del Peón un maleficio ha alcanzado a Elijah. James ha tenido que desaparecerse con él hasta la misma puerta de la tienda para evitar que les dieran alcance, pero eso ha debilitado más a Elijah, que ha perdido el conocimiento mientras se transportaban.

A pesar de que está agotado, Albus ha hecho hechizos protectores alrededor de la tienda; están muy cerca del Peón y los renegados pueden encontrarlos en cualquier momento. James ha coincidido con él en que lo mejor es volver a Inglaterra en cuanto Elijah se recobre un poco.

James se ha sentado en la cama para vigilar a Elijah. Al no tarda en imitarlo, en la de enfrente, y apenas unos minutos más tarde se queda dormido, pero el mayor sigue observando a su novio. Tumbado de lado, con el costado en el que tiene el corte hacia arriba, Elijah murmura algo en sueños. No parece estar descansando mucho, y James le acaricia el pelo en un intento de tranquilizarlo.

No obstante, él también está cansado, y pese a su deseo de velar a Elijah para asegurarse de que no empeore, acaba quedándose dormido junto a él en la cama.


Espero que mamá no se enfade por lo que acabo de hacer. No ha sido adrede. Bueno, sí, pero ni siquiera sabía que estaba mal hasta que la profesora me lo ha dicho. Pero si está mal, ¿por qué a papá nadie le dice nada? No lo entiendo.

Mamá entra entonces en el despacho del director. Parece sorprendida de verme castigado. Claro, como casi nunca me porto mal… Jo, no quiero que me regañe. Además, es su culpa, por no habérmelo dicho antes.

Me saluda sólo con un gesto y se sienta en la silla que hay a mi lado para hablar con el señor Nerst. Él le cuenta lo que he hecho y me pican las mejillas porque me da mucha vergüenza haber hecho algo tan feo, aunque no supiera por qué estaba mal.

Cuando terminan de hablar, mamá me coge de la mano y me saca del despacho. No me dice nada mientras caminamos hacia la casa, y me preocupo. ¡La bronca que me va a caer! Uf, espero que no se lo diga a papá. Él me da más miedo cuando se enfada.

Por suerte, papá todavía no ha llegado de trabajar. Mamá me manda a dejar la mochila a mi cuarto y luego me llama para que vaya a la cocina. Intento poner cara de bueno, para que no me eche una bronca muy grande. Normalmente funciona.

Elijah—empieza ella, agachándose frente a mí. Pongo más cara de bueno, por si acaso—. ¿Por qué le has pegado a Dianne?

Hago un puchero, pero a mamá no le sirve. A ver cómo se lo explico…

Es que me ha dicho que no sé dibujar—me enfado de nuevo al acordarme. ¡Qué tonta que es Dianne! ¡Si ella dibuja peor, y hasta se deja claros al colorear!

¿Y por eso le has dado un puñetazo en la cara? ¿Sabes que le has roto la nariz y van a tener que pincharle?

Me siento un poco mal por eso. Las agujas son horribles.

Pero ha sido su culpa.

Sí, pero es más pequeña que tú y le has hecho daño. Está feo pegar, Elijah—explica mamá con paciencia.

Ahora entiendo menos. Dianne ha empezado, no ha sido mi culpa. Lo que pasa es que igual tendría que haberle dado menos fuerte.

¿Entonces, por qué papá te pega a ti?—eso sí que no lo comprendo—. Si tú dices que está mal. ¿No?

Mamá se levanta y se acerca a la hornilla para mover la comida de la olla con su varita. Jo, cómo me gustaría tener una. Pero hasta los once años, nanay. Y todavía tengo seis. Y me faltan cinco. Jo.

Lo de tu padre es… distinto.

¿Por qué?—a veces no hay quien entienda a mamá. Está feo pegar a los demás, pero parece que no le importa que lo haga papá. Y yo creo que tiene que doler. Ayer le vi un moretón en la espalda más grande que mi mano.

Mamá me mira.

Porque sí. Elijah, tú no pegues a nadie, ¿vale?

Pero ¿por qué papá sí puede?—es que sigo sin entenderlo. Y no es porque sea pequeño, porque la profesora dice que estoy muy espabilado para lo que me interesa—. ¿Y por qué a él nadie lo castiga?

Mamá no me responde porque justo entonces se abre la puerta de la calle. Seguro que es papá. Mamá vuelve a lo suyo y hace como si no hubiésemos estado hablando. Me enfado, pero no sé si decir algo o no. Papá me da miedo.

Entra en la cocina y se sorprende al verme.

¿Qué hace el niño aquí tan pronto?

Mamá se queda unos instantes en silencio.

Lo han expulsado lo que queda de semana—hala, eso no lo sabía. ¿Eso significa que voy a estar como de vacaciones? ¡Toma! Pero se supone que es malo, tengo que poner cara de bueno.

¿Qué has hecho ya, Elijah?

A mí, papá nunca me ha pegado. Aunque cuando se enfada conmigo me grita mucho y me dice un montón de cosas feas y me da miedo.

Le he pegado a Dianne.

¿Y eso?

No sabía que estaba mal—me encojo de hombros—. Como tú también lo haces…

¡Soy idiota! No debería haber dicho eso. Porras, papá se ha enfadado. Pero creo que no es conmigo. Está mirando a mamá y ahora sé que va a pegarle y no quiero.

¿Se puede saber por qué el niño va diciendo eso?

No ha dicho nada—replica mamá—. Elijah, sube a tu cuarto.

Pero…—no quiero irme.

Ya has oído a tu madre—papá me da miedo cuando grita, pero cuando pone esa cara es peor. Miro a mamá antes de irme, porque sé que es por mi culpa. Cuando subo a mi cuarto sé que no puedo hacer nada, y oigo los gritos y los golpes aunque me tape los oídos.

Creo que soy una mala persona. Hoy papá estaba de buen humor, y por mi culpa está pegando a mamá, y eso está mal aunque ella diga que no es lo mismo que cuando yo le he pegado a Dianne. Me tapo entero con las sábanas y entierro la cara en la almohada, pero sigo escuchándolos y lloro porque no es justo.

Mamá llega después. Sigo llorando y me hago el dormido porque me da vergüenza mirarla, porque papá le ha pegado otra vez por mi culpa y seguro que ya no me quiere. Ella me destapa la cabeza, yo cierro los ojos, y me acaricia el pelo.

Qué poco te pareces a tu padre—dice en voz baja, y me extraño; eso es raro. Todo el mundo dice que papá y yo somos como dos gotas de agua. Pero creo que mamá no se refiere a que tengamos los mismos ojos y el mismo pelo—. Elijah, cariño, despierta.

No quiero despertar. Quiero quedarme aquí por siempre jamás y no volver a hablar para que papá no le pegue otra vez.


Al día siguiente, Elijah continúa inconsciente.

James no puede negar que está preocupado. Al también, aunque supone que alguien tiene que simular entereza. Aunque sea él el que ha pasado el último mes sin ver la luz del sol. Su hermano mayor parece estar al borde del colapso.

—James, no dramatices—dice, después de que el joven haya respondido con gruñidos a todas sus preguntas—. Le han rajado el costillar, es obvio que no está como una rosa.

James aparta la mirada.

—¿Y si se ha…? ¿Y si ese maleficio le ha hecho algo más?

—No creo—reflexiona Albus—. Papá me habló una vez de él; al parecer, lo usó con el padre de Scorpius.

—Ahí va, cómo mola papá—comenta James. Su hermano entorna los ojos, pero sabe que habla en broma.

—Dice que fue por accidente.

James arquea las cejas. Cualquier persona respondería a eso con un escéptico "Sí, seguro", pero él está convencido de que su padre no sería capaz de hacer algo así adrede. Tras unos segundos, suspira y se pone en pie. Tiene hambre, y no cree que a Elijah vaya a pasarle nada por separarse de él cinco minutos para hacerse un bocadillo.

—Por cierto, Al—comenta entonces, acordándose de algo. Su hermano lo mira—. ¿Averiguaste algo de la caja ésa?

Su hermano aparta la mirada.

—Bueno… básicamente, que para abrirla se necesita una llave. Las inscripciones son un acertijo para averiguar dónde está.

—¿Y lo has resuelto?—Albus niega con la cabeza y James vuelve a su posición, sentado con las piernas cruzadas al estilo indio en los pies de la cama de Elijah.

—Estoy hasta las narices de esa caja—declara Al.

—Ya somos dos... tres—se corrige James—, pero mira el lado bueno. Vamos a volver a Inglaterra, te lías con tu nueva novia y todos contentos.

—Y tú volverás a vivir con Elijah—apunta Albus—. ¿Se puede saber cuándo volvisteis?

—Hace cuatro días—responde James.

—Oh, la preocupación por tu pobre hermano secuestrado no te dejaba dormir, así que Elijah te hizo un favor, ¿no?—replica Al con burla.

James sacude la cabeza, pero no puede evitar reírse.


La tía Fiona me ha dicho que tenía que ir a dormir a su casa, pero no he querido. Quiero estar con mamá. ¿Y si el monstruo vuelve?

Mamá no se ha enfadado cuando le he replicado a mi tía. Creo que está cansada, aunque ella dice que está bien y que la herida ya está casi curada y los sanadores le han dado un montón de pociones para que no le salga más sangre. Pero seguro que le duele un montón.

Fue papá. Es un monstruo. Y tenía yo razón, porque está feo que una persona le pegue a otra, y da igual quién sea. Creo que se lo diré a mamá cuando se despierte otra vez.

Antes de que se durmiera, los aurores han estado hablando con ella. De cosas de mayores, pero me he enterado de que papá está en Azkaban. No sé lo que es eso, pero por cómo suena creo que es como un sitio donde se castiga a la gente. Supongo que eso es bueno. Que se quede ahí para que no pegue más a mamá.

Estoy tumbado en la cama con ella. La tía Fiona le ha dicho a mamá que es incómodo y se le van a saltar los puntos, pero a ella le da igual. Creo que quiere estar mucho rato conmigo porque la otra noche, cuando vi que papá la había cortado con un cuchillo de la cocina, me escapé porque creo que quería hacerme lo mismo, y estuve dos días solo. Me dio mucho, mucho miedo.

Me quedo dormido. Hace tiempo que mamá no se duerme abrazándome y me gusta. Además, papá ya no va a hacerle nada y eso está bien.

Despierto cuando noto que me acarician el pelo. Pero me duele un montón el costado. Y me cuesta respirar. Ay.

—No hace falta que pongas el grito en el cielo…

¿Quién ha entrado en la habitación? Ésa no es mamá. No abro los ojos, pero intento prestar atención. Todo lo que puedo, porque me duele mucho. ¿Cómo me he hecho eso?

—¿Qué vamos a hacer si se pone peor?

Esa voz tampoco es de mamá. Pero… espera. Me suena de algo.

Elijah intenta moverse. No le resulta fácil. Está tumbado sobre el lado derecho y tiene la impresión de que la mitad izquierda de su cuerpo arde; tanto es así, que lo primero que hace es apartar el brazo, porque el simple roce hace que vea las estrellas. Nota que alguien le acaricia el cabello de nuevo y trata de abrir los ojos para ver si sus sospechas son ciertas.

Sólo consigue entreabrirlos. Verlo todo borroso hace que se angustie. Parpadea un poco, y tras unos segundos, el rostro preocupado y difuso de James Potter aparece ante él. Elijah intenta sonreír, pero no lo consigue.

—¿Qué…?—no logra continuar. Tiene la garganta seca. James le acaricia la mejilla.

—Te echaron un maleficio—explica—. Tienes un corte bastante feo en el costado, pero creo que Al y yo lo hemos hecho bien, aunque no seamos sanadores.

Elijah intenta acordarse. No lo consigue. Su mente está llena de recuerdos de su infancia que ahora mismo no le ayudan en lo más mínimo. Intenta respirar hondo, pero se detiene cuando nota un doloroso pinchazo en las costillas. Debe de verse en su rostro, porque James frunce el ceño.

—James…—murmura como puede—. ¿Albus…?

—Presente—James se aparta para que Elijah vea a su hermano, que sonríe desde la cama de enfrente. Tiene algo pequeño en las manos, que no obstante todos reconocen.

—¿Quieres agua?—pregunta James. Él logra dar una cabezada y por el rabillo del ojo ve a su novio alejarse.

Cierra los ojos durante unos instantes, poniendo en orden sus pensamientos. Tienen la caja y han rescatado a Al. Y él está… supone que todo lo bien que puede dada la situación, al menos si se basa en la calma que parece imperar en James. Y nadie más está herido.

James vuelve con un vaso de agua, lo deja en la mesita de noche, y ayuda a Elijah a incorporarse para que pueda beber. El joven nota un latigazo al moverse y aprieta los dientes.

Bebe con cuidado, agradeciendo el frescor, y apoya la cabeza en el hombro de James, que ha dejado el vaso de nuevo en la mesita.

—Creo que… ¿puedo salir?—inquiere Al con cautela.

—Sí, no hace falta que me pidas permiso —responde James. Elijah escucha los pasos del hermano de su novio saliendo de la tienda y escucha un suspiro. Mira a James con curiosidad—. Creo que le cuesta acostumbrarse a hacer lo que quiera—explica él con tristeza. Elijah suspira también y James lo observa con atención—. ¿Qué pasó antes de que saliésemos, Elijah? En el Peón.

Elijah respira hondo, con cuidado para que sus costillas no protesten, y trata de encontrar su voz.

—Minna… es Heidi—empieza—. O se hizo pasar por ella… o algo así—James lo mira con extrañeza—. No sé. Nos batimos en duelo… cogí la caja… bajé… me caí y alguien me hizo la cruciatus.

James le da un beso en la mejilla.

—Bueno, no te preocupes. En cuanto estés mejor, volveremos a Inglaterra—Elijah asiente—. Oye, podrías ser más participativo y decir algo.

—Me duele hablar—declara Elijah.

—Oh, entonces cállate—replica James, como si estuviera riñéndole.

Elijah no responde a la provocación. Cierra los ojos y se queda descansando, amparado en los brazos de James, intentando no pesar ni en la caja, ni en Minna, ni en nada más.


Una mujer de cabello castaño y ojos marrones otea el horizonte, perdida en sus pensamientos.

No está devastada ni furiosa por lo ocurrido, por el hecho de que esos dos niñatos hayan robado la caja y la clave que tenían para abrirla. Sabe que podrán arrebatársela de nuevo; los del Ministerio inglés son unos completos incompetentes. No será difícil. Pero ahora tiene una idea mejor.

Minna Lestrange sonríe y aparta la vista de la ventana. Sin embargo, cuando sus ojos se clavan en la foto que hay en la estantería, la única de la habitación, su rostro se ensombrece.

Camina hacia ella y coge la imagen para observarla mejor. En ella se ve a una muchacha de unos dieciocho años, de ojos brillantes y alegres, rodeada por los brazos de un hombre de cabello rojizo y barba descuidada. De vez en cuando, la joven aparta la mirada de la cámara para darle un beso en la mejilla a él.

Minna acaricia la fotografía.

—Te echo de menos—susurra—. Pero volverás.

En ese momento escucha cómo llaman a la puerta. Minna sonríe al ver a Ludwig, que le dedica una sonrisa amable. Él es quien mejor la conoce y siempre sabe exactamente qué está pensando, sin importar que ella se apresure a dejar la fotografía en la estantería y tarde menos de un segundo en recuperar su fachada de entereza.

—Sabemos dónde están—explica—. Bueno, no exactamente. Los hemos perdido cuando han hecho hechizos de protección, pero tenemos rodeada la zona en la que hacen efecto. Estamos listos para atacar en cuanto se descuiden; tienen que deshacer los hechizos si quieren desaparecerse. ¿Les digo a los hombres que…?

Minna entorna los ojos, pensando.

—No, Lud. Simplemente vigílalos. Dejemos que crean que se han librado de nosotros.

Ludwig asiente.

—¿Y después?

La sonrisa de Minna es tan inocente como peligrosa.

—Después… nos encargaremos de ellos.


Notas de la autora: Bueno, por fin he dejado ver algo de Minna. Sólo para mostrar que los malos también son personas.

¿Reviews?