¡Hola!

Feliz Navidad y todas ésas formalidades; y ahora en serio, seáis creyentes, ateos o teletubbies, que os lo paséis muy bien y disfrutéis mucho :)

Gracias a Roxy Everdeen y Silvers Astoria Malfoy por los reviews del capítulo anterior.


Capítulo 17: En el ojo del huracán

Y jamás des por perdida
la partida, cree en ti;
y, aunque duelan,
las heridas curarán.
Mägo de Oz-Hoy toca ser feliz

Louis no va a negar que está ligeramente triste.

Vale, el segundo embarazo de Julia va de maravilla, y según el sanador el bebé está perfectamente, por no hablar de que su hija mayor está más encantadora que nunca y el otro día demostró que tiene tanta magia dentro como genio, pero él no puede evitar sentirse algo decepcionado.

—No me mires como si fuera mi culpa—le reprocha Julia cuando se da cuenta, mientras caminan por el pasillo de San Mungo.

—No lo hago—le asegura él—. Es sólo que… bueno…

—Pues haberte encargado de que llegase el espermatozoide con el cromosoma correcto, genio—le espeta su esposa. Louis intenta replicar, pero Julia vuelve a adelantarse—: Voy a recoger a Noah del colegio. Y no hace falta que me acompañes.

Se aleja por el pasillo, precedida por lo que dentro de poco será una enorme barriga, indignada. Louis suelta un bufido, sabiendo que cuando vuelva a casa tendrá que disculparse con ella.

Es entonces cuando ve cruzar por el pasillo, a paso rápido, a alguien que le suena bastante.

Se le ilumina el rostro antes de echar a correr hacia él.

—¡James!—su primo se gira justo a tiempo para evitar que Louis lo tire al suelo. Lo rodea con los brazos y suelta una carcajada—. ¿Qué, ya has vuelto de…? ¿Dónde has estado? Le pregunté a tu padre, pero no soltó prenda…

La amplia sonrisa de James se difumina un poco.

—Oh—frunce el ceño—. Bueno, he estado en Alemania—admite.

—¿Para qué?

James suspira.

—Vale. No puedes decírselo a nadie—susurra—. Pero mi padre me mandó a la Selva Negra para rescatar a Albus y de paso recuperar la caja.

—¿Qué caja?—inquiere Louis, intentando ignorar lo mucho que le fastidia el hecho de que su primo tenga secretos para él. Se supone que son los mejores amigos.

—Pues…—James mira alrededor antes de responder—. La que robaron de mi piso. Ya sabes, cuando casi me matan y toda la pesca.

Louis intenta relacionar toda la información. Más o menos lo consigue.

—Y… ¿encontraste a Al?

James asiente y sonríe de nuevo.

—Está en casa de mis padres, con ellos y con Lily.

—¿Qué haces tú aquí, entonces?—lo interrumpe Louis—. ¿Estás herido?

Su primo niega con la cabeza.

—No, yo no; Elijah. Cuando estábamos saliendo del Pe… del lugar donde estaban Al y la caja, le lanzaron un maleficio—explica, bajando la vista al suelo.

—Espera. ¿No habíais roto? ¿Qué pinta él en todo el tinglado?

James suspira, cansado.

—Es largo de explicar. Ahora que he vuelto, un día de éstos voy a verte y te lo cuento desde el principio…

Es obvio que tiene prisa, y Louis no tiene que pensar mucho para deducir el motivo.

—¿Qué le pasa?

—Le hicieron un corte enorme en el costado—explica James—. Al y yo evitamos que se desangrase; pero se ve que se le infectó, aunque no nos dimos cuenta. Esta mañana, que estaba mejor, hemos decidido crear un traslador para volver. Creo que no le ha sentado muy bien.

Louis frunce el ceño. Lo cierto es que la idea de que Elijah Anderson no esté bien le produce sentimientos encontrados. Bien es cierto que nunca ha podido llevarse bien con él, pero es incapaz de desearle mal por el mero hecho de ser importante para James (el muy imbécil).

—Bueno, entonces ya nos veremos—sonríe para animar a su primo y lo abraza de nuevo, contento por tenerlo de vuelta.


Lily lleva ya sus buenas dos horas enganchada a Al. Lo ha echado de menos y ha tenido mucho miedo por él. También por James, pero su hermano mayor está en San Mungo con Elijah, así que abrazarlo hasta dejarlo entumecido no es posible. De momento.

Scor se ha ido hace un rato, después de asegurarse de que su mejor amigo está bien. Al también se ha alegrado muchísimo de verlo. La amenaza con que Minna consiguió su colaboración aún resuena en sus oídos.

Albus también ha preguntado por Lina, la cual está en Bristol encargándose de unos asuntos familiares. A regañadientes, Lily le ha dicho que la joven está muerta de la preocupación y que no quería irse para estar cerca en caso de haber novedades.

—…y la muy estúpida casi metida todo el día en la casa para preguntar—ha concluido con brío.

Al sigue sin creer lo que está ocurriendo. Está en casa de sus padres, en la cama de su antiguo dormitorio, abrazado a su hermana pequeña. Escuchando vagamente la conversación de Harry y Ginny en la cocina y el repiqueteo de los cubiertos mientras la mesa se pone sola. Es tan maravilloso que cuesta asimilar que hace menos de una semana estuviese encerrado en un edificio perdido en mitad de la Selva Negra.

Unos minutos más tarde, Al dormita con la cabeza apoyada en el hombro de Lily, convenciéndose poco a poco de que lo que está ocurriendo es real. No obstante, la puerta se abre con cierta brusquedad, haciendo que el joven se espabile dando un respingo. Lily gira la cabeza para encarar a su padre.

—¿Venís a cenar?—pregunta sonriendo.

—¿Va a venir James?—inquiere Lily a su vez.

—No, sigue en el hospital—explica Harry—. Bueno, ¿no tenéis hambre?

—No—responde Al con sinceridad. No miente; lo único que quiere es dormir durante varios siglos. Conforme se va convenciendo de que realmente está de vuelta en Inglaterra, su cuerpo parece ir recordando todas las noches que pasó en vela y todas las torturas a las que lo sometieron—. Tengo sueño, papá.

Harry asiente.

—Bueno; entonces, vamos, Lily.

Ella asiente, le da un beso en la mejilla a su hermano, y sale de la habitación.

Al se recuesta en la cama y mira por la ventana. Le resulta difícil, porque los bostezos llegan cada vez más seguidos. Tras varios minutos, se rinde al sueño y se queda dormido.


En cuanto se espabila un poco tras recobrar la conciencia, Elijah mira a James con tal severidad que se parece a McGonagall. Él se remueve, incómodo, en la silla en la que ha pasado la noche.

—Deja de hacer eso. Pareces mi madre.

—¿No tienes sueño?—James abre la boca para responder—. No será muy difícil averiguar si mientes—le advierte Elijah. Gracias a la cantidad de pociones analgésicas de que disponen en San Mungo, apenas le duele la herida, por lo que puede pensar con mucha más claridad.

—Sí—responde James sumisamente.

—¿Has dormido?

—No.

—Imbécil.

—Sí… ¡Eh!—protesta James. Elijah ríe—. El único imbécil eres tú. Me paso la noche aquí y sólo se te ocurre quejarte. ¡Desagradecido!

—No digo que no lo agradezca, digo que eres imbécil. No son dos ideas incompatibles—argumenta Elijah con calma.

Sin pedirle permiso (porque de todas formas va a hacer lo que le venga en gana), James se tumba junto a él en la cama y lo abraza.

Se quedan varios minutos en silencio. Elijah observa cómo a James, acurrucado junto a él, se le cierran los ojos poco a poco, y sonríe, reafirmándose en su teoría de que es imbécil. Y que lo siga siendo, piensa, mirándolo con ternura.

—Por cierto—musita James entonces—, Elijah, siento… Sé que entonces no estábamos juntos ni nada, pero siento haber estado tirándome a Sophie—se disculpa.

—Eh…—Elijah se muerde el labio, notando un doloroso pinchazo que tiene bastante poco que ver con su herida—. Respecto a eso, igual deberías saber que…

—Shhh—lo chista James, cerrando los ojos—. Tengo sueño. Dímelo luego, no será tan importante.

Elijah abre y cierra la boca varias veces, pero finalmente decide dejarlo estar. Observa a James dormir y piensa que, definitivamente, no lo querría tanto si no fuera tan imbécil.


Por la tarde, tras dormir unas cuantas horas, James deja a Elijah en compañía de su madre y su padrastro para ir a ver a Louis. Después de todo, se lo prometió.

Cuando llega, descubre que su primo y Julia están enfadados por algún motivo. Ella lo saluda con rigidez y se va a su cuarto rápidamente.

—¿Qué has hecho?—le pregunta a Louis en voz baja.

—Nada—responde el rubio—. Bueno… Vale, es que yo quería que fuera niño—cede—. No es que no me guste, pero para niña ya tenemos a Noah.

—Oh—James frunce el ceño—. No es para tanto. Deberías disculparte.

—Ya lo he hecho—replica su primo—. Julia está haciéndose la digna; se le pasará para la hora de la cena, seguro. En fin. ¿Tú qué tenías que contarme?

James respira hondo y empieza su historia desde el principio. Desde que aquel tipo se chocó con él cuando Elijah estaba en Finlandia y cogió esa puñetera caja. Lo cierto es que le supone un alivio contárselo a alguien, aunque según su padre no deba hacerlo.

—… y como la caja está en su sitio y Al también, ya no hay nada más que hacer—termina. Louis arquea las cejas.

—Guau—el rubio medita durante varios minutos las palabras de su primo, pero luego recuerda algo que James no le ha dicho—: Por cierto, ¿en qué parte de la historia vuelves con el imbécil?

—Antes de rescatar a Al—responde James, sonriendo un poco. Louis pone los ojos en blanco.

—Albergaba la esperanza de no tener que volver a encontrármelo, pero… supongo que si para ti está bien, me alegro.


Apenas un par de días más tarde, Elijah recibe el alta. Como James está en algún tipo de reunión familiar para celebrar que Albus está vivo, el joven se encamina hacia un lugar que lleva bastante tiempo sin pisar. Sonríe al ver a Annie, sentada en una silla de ruedas, doblando un folio.

—¡Hola!—lo saluda la niña. Elijah se agacha frente a ella para quedar a su altura—. ¿Sabes qué? En septiembre, mis padres me dejaron volver a Hogwarts—le cuenta, entusiasmada—. Y soy la mejor de la clase en Transformaciones. Pero vengo aquí algunas tardes porque hay cosas con los dedos que no me salen todavía. ¿Vas a volver a enseñarme tú? La otra mujer me cae mal—Annie hace un puchero.

Elijah ríe.

—Sí, creo que sí—responde—. ¿En qué casa te puso el Sombrero?

—En Hufflepuff—cuenta Annie—. Dijo que soy trabajadora, tenaz y no sé qué más—se encoge de hombros—. Creo que se equivocó, porque soy muy vaga a la hora de ponerme a hacer deberes.

Elijah arquea las cejas.

—Pues a mí me parece que no hay ninguna casa mejor para ti—replica. Annie lo medita durante varios minutos, y finalmente se encoge de hombros.

—Tengo una amiga que es idiota y me quita la silla para tirarse con ella por las escaleras—comenta entonces—. Aunque una vez le pegó a un niño que se metió conmigo, así que mola.

Elijah pasa toda la tarde hablando con Annie, recordando los motivos por los que le cae tan bien esa niña.


James está sentado en el sofá cuando Elijah vuelve a casa.

El otro día se encargó de ir a por las cosas de su novio para devolverlas a su lugar. Bueno, más o menos a su lugar, porque no recuerda dónde iba todo. Bueno, al menos están en la casa. Ya las pondrá Elijah donde le venga mejor.

Cuando Elijah entra en el salón, James tiene por un momento la sensación de que nunca se fue a Finlandia, de que nunca rompieron y de que nunca tuvieron que ir de viaje a Alemania para rescatar a su hermano y recuperar una caja maldita. Es tan natural que nunca debió dejar de pasar.

Elijah se sienta junto a él con tranquilidad y se recuesta en el sofá.

—Hola.

—Hola—responde James—. ¿Dónde estabas?—Elijah gira la cabeza hacia él—. Oh, bueno… Vale, suena un poco controlador, pero es sólo por curiosidad—se apresura a aclarar.

—Con Annie—responde Elijah—. No estarás celoso de una niña de once años, ¿verdad?—se burla.

James lo besa en lugar de responder, hundiéndolo en el sofá. Elijah no se resiste en exceso.

A ninguno de los dos se le ocurre bajar la persiana. De haberlo hecho, probablemente se habrían fijado en las dos personas que hay apostadas en uno de los balcones del edificio de enfrente.


El humo que sale de la garganta de Minna asciende, haciendo eses, hacia el cielo anaranjado del atardecer. La mujer sonríe de lado al ver el espectáculo que sus vecinos están dando inconscientemente y da otra calada al cigarro.

—Se divierten, por lo que veo.

Minna se gira para mirar a Ludwig.

—Sí… Creen que por haber vuelto a Inglaterra todo ha terminado. Ilusos. No ha pasado la tormenta; sólo están en el ojo del huracán

—¿Qué piensas hacer, exactamente?

Minna expulsa el humo del cigarro.

—Recuperar la caja, por supuesto.

—¿Cómo? Ahora está mejor protegida que nunca; no quieren que se repita lo que ya ocurrió.

—Mi querido Lud—se acerca a él hasta que los separan sólo unos pocos centímetros—. No vamos a robar nada; no somos vulgares ladrones. Nos la darán ellos. Si no uno de estos dos, lo hará nuestro estimado Albus Potter.

Al tenerla tan cerca, Ludwig se debate entre el instinto de alejarse de Minna y el impulso de besarla.

—¿Qué…qué vas a hacer para ello?—tartamudea finalmente.

La mujer le da otra calada al cigarro, y entonces lo besa, pasando el humo de sus pulmones a los de Ludwig. Luego se separa de él, y el hombre deja escapar el aire en un silbido de aprobación.

—Arrebatarles todo lo que quieren—susurra Minna, desabrochando la camisa de Ludwig y quitándosela con rapidez—, todo aquello que les importa—con una mano desabrocha el botón y la bragueta del hombre mientras lo besa de nuevo—, hasta que no tengan nada—cuando los pantalones caen al suelo, empuja a Lud hasta dejarlo entre ella y la pared y lo mira a los ojos—. Y luego…

Minna se separa de él varios metros y se asoma al balcón de nuevo.

—¿Luego, qué?—inquiere Ludwig, siguiéndola. Ella se gira y sonríe.

—Estarán exactamente igual que tú ahora. Tan desesperados por tener lo que les pertenece que…—suelta una risita—harán lo que sea para recuperarlo—Minna vuelve a aspirar del cigarro, contemplando apreciativamente al hombre—. Por cierto, Lud, hace demasiado frío como para que salgas al balcón en calzoncillos—comenta con burla.

Él suelta una maldición entre dientes y se dirige hacia su ropa.

—No quieres sólo la caja—comprende cuando vuelve a abrocharse la camisa—. También…

—En efecto—lo interrumpe Minna—. Quiero destruirlos.


Notas de la autora: Que hayan vuelto a Inglaterra no quiere decir que vayan a estar tranquilos tan pronto (insértese aquí risa maligna). Lo cierto es que me resulta un poco inquietante el imaginarme a Minna y Ludwig vigilándolos tranquilamente sin que ellos se enteren.

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