¡Buenos días y feliz 2013!

Gracias a Silvers Astoria Malfoy, CallMeStrange y Zarket por los reviews del capítulo anterior.


Capítulo 18: Primer aviso

Si siembras un ideal
en la tierra del quizás
y lo abonas con envidia,
será difícil arrancar
la maldad
de tu alma si echó raíz.
Mägo de Oz-La Rosa de los Vientos

Albus sonríe cuando mira alrededor y descubre que está en su casa, en su cama... con su novia. Lina tiene la cabeza apoyada en el pecho del joven y duerme plácidamente, su cabello oscuro acariciando la piel de Al. El joven se entretiene varios minutos trenzando un mechón, al menos hasta que mira el reloj y se da cuenta de que tiene el tiempo justo si no quiere llegar tarde al trabajo.

—Lina… Eh, despierta. Lina.

Ella se incorpora con un gruñido y lo mira.

—Buenos días, Al—se frota los ojos, bostezando—. ¿Por qué tanta prisa?

—Tengo que trabajar—responde él, poniéndose en pie y caminando hacia el baño.

Lina se deja caer en la cama y observa el techo.

—¿A qué hora sales?

—A las seis—responde Albus desde la ducha, alzando la voz para hacerse oír por encima del rumor del agua—. ¿Por qué?

—Quiero llevarte a ver algo—explica Lina, sonriendo.

Albus tarda poco en ducharse. Con el cabello chorreando, vuelve al dormitorio y se deja caer en la cama.

—¿Qué vas a enseñarme?

—Es una sorpresa—se sale por la tangente la joven—. Ya lo verás; te veo en Hyde Park.

Albus sacude la cabeza y se viste, preguntándose qué diablos quiere Lina que vea. No se molesta en peinarse porque sabe que no va a conseguir nada, y antes de desaparecerse hacia el Ministerio besa a Lina para despedirse.

Ella se queda observando el lugar donde estaba su novio hace unos segundos, y sonríe antes de dirigirse a la cocina para desayunar.


James intenta escapar de Elijah por décima vez desde que ha despertado. No lo consigue; su novio lo tiene aprisionado contra la cama y no parece tener la menor intención de dejarlo ir.

—Venga, Elijah, voy a llegar tarde—protesta.

—Yo también, y no monto ningún drama—replica él. James nota su aliento en la espalda y hunde el rostro en la almohada en un vano intento de reprimir el escalofrío que lo recorre—. Podemos quedarnos aquí.

James pone los ojos en blanco y gira el rostro todo lo que puede para mirar a Elijah, que tiene la barbilla apoyada en su hombro con una expresión de lo más inocente.

—Oh, por favor. Deja de hacer eso.

—¿Hacer qué?

—Mirarme así. Consigues que olvide que Rick me echará si te hago caso.

Elijah sonríe.

—¿En serio?—le da un beso en el cuello y James aprieta los puños, en parte enfadado y en parte deseoso de que siga. Las manos de Elijah se deslizan entre el estómago de su novio y el colchón, hacia abajo, pero menos de un minuto más tarde el joven detiene su exploración y vuelve por donde ha venido, tamborileando con los dedos bajo el ombligo de James, que suelta un gruñido frustrado. Él ríe—. ¿Te ocurre algo?

—Tu madre, ahora que no me oye—le suelta James, irritado—. O haces algo o me dejas levantarme, pero no te quedes a medias.

—Como quieras—Elijah se aparta y se queda sentado en la cama. James se incorpora y lo mira con los ojos como platos—. ¿Y ahora qué? ¿No era lo que querías, cariño?

Sobreponiéndose, James se pone en pie y se dirige a la ducha, caminando con rigidez. Mientras se empapa de agua, intenta ignorar la carcajada de Elijah en el dormitorio. Idiota.

Cuando sale del baño, descubre que su novio ha preparado el desayuno, una forma de disculparse por la jugada que le acaba de gastar. James le perdona a medias mientras se harta de tostadas.

—¿No se te hace raro?—inquiere entonces.

Elijah, que acaba de meterse una galleta entera en la boca, traga con dificultad.

—¿El qué?

—Esto… No sé, es demasiado normal.

—Hombre, después de haber estado de acampada en la Selva Negra, la verdad es que volver a la normalidad se hace un poco aburrido—admite Elijah. Se termina su café y se pone en pie—. Me voy—besa a James cuando pasa por su lado y se desaparece tras coger sus cosas.

Él suspira y mira su tostada, pensativo. Sabe que llega tarde, pero no está preocupado por eso.

Sólo tiene claro que esta tarde piensa vengarse de Elijah.


—Jaque mate.

Ludwig bufa y contempla el tablero de ajedrez, frustrado. Por mucho que lo intente, nunca logra ganar a Minna; es como si ella supiese de antemano todos sus movimientos.

—Enhorabuena… por tercera vez hoy.

Minna coge su rey y el de Ludwig –negro y blanco, respectivamente– y los observa con atención, perdiéndose en sus pensamientos, con ese brillo peligroso en la mirada.

—Creo que ha llegado el momento de hacer algo, ¿no crees?—comenta con suavidad. Ludwig la mira y Minna deja las dos piezas donde estaban, sonriendo de una forma que lo inquieta incluso a él, que sabe que la mujer no va a hacerle daño.

—¿Además de lo otro?—Minna asiente—. ¿En qué piensas?

—Que tenías más piezas que yo cuando hemos empezado a jugar; te has comido a dos torres, un alfil, un caballo y varios peones… y aun así he acabado ganando—responde Minna—. Eso me lleva a pensar… Tener mucha gente a tu alrededor es un arma de doble filo. Te da fuerza, pero también más puntos vulnerables. ¿Me sigues?

—¿A quién?—inquiere Ludwig, sin andarse con rodeos.

Minna sonríe.

—Siempre tan directo, Lud.

—Sabes que sólo tienes que decir un nombre o una descripción y me encargaré de su propietario.

La mujer lo contempla apreciativamente.

—Gracias por el ofrecimiento—susurra, cogiendo una pieza y haciéndola girar entre los dedos—; pero quiero hacerlo yo. Ellos en persona me quitaron mi esperanza y mi padre me enseñó que ser una Lestrange no es ser menos que los demás; es ser más que cualquiera.

—¿A quién, Minna?

Ella se pasa la lengua por los labios.

—A una de las torres. Una que tiene unos ojos preciosos, por cierto.


Elijah sale a dar un paseo en su hora libre de media mañana. No tiene mucho que hacer, algo que agradece, pese a que sabe que cuando vuelva le tocará revisar unos cuantos armarios de pociones. De todas formas, prefiere no pensarlo. Ahora, lo único que necesita es algo de aire fresco.

No se fija en el camino por el que lo llevan sus pies. Simplemente anda, pensando en muchas cosas sin concederles demasiada importancia, sonriendo ante interrogantes que se abren ante él y no sabe cómo cerrar, sacudiendo la cabeza cuando en otras circunstancias se mordería las uñas hasta quedarse sin ellas o encontrar una solución a las dudas que lo corroen.

Cuando se le ocurre mirar alrededor, está sentado en el banco de un parque, no muy lejos del Callejón Diagon. Está vacío; hace varias semanas comenzó el colegio y los niños no pueden pasar todo el día jugando. Una pena.

—¿Qué haces tú aquí?

¿Qué hace él aquí?

Elijah se gira y descubre a Louis Weasley observándolo desde la acera. Tras unos segundos, se pone en pie y sale del parque, sin saber muy bien si le tienta más soltarle alguna mala contestación o directamente darle una colleja.

—Paseaba—responde, sin embargo, intentando ser civilizado—. ¿Y tú?—sabe que Louis no vive en Londres, sino en la zona mágica de la costa de Liverpool.

El rubio se encoge de hombros, sus ojos azules brillando con extrañeza. Probablemente está tan sorprendido por esa formalidad como Elijah.

—Huía de Julia—Elijah arquea las cejas—. Sigue cabreada por algún motivo… hormonas o algo así, supongo… Y no sé por qué te estoy contando esto; eres imbécil y me apuesto lo que quieras a que o te da igual o te alegras.

Elijah sacude la cabeza. Ya estaba durando mucho la conversación civilizada.

—Hasta luego, entonces—se despide—. Tengo que volver a San Mungo.

Echa a andar por donde ha venido con calma, preguntándose si James sabrá algo sobre los problemas conyugales de su primo. De todas formas, piensa, Louis tiene razón. A él le importa poco lo que le ocurra, ya sea para bien o para mal. Lo único que impide que Elijah intente maldecir a Louis cada vez que lo ve es la certeza de que el rubio es importante para James.

Está preguntándose a qué hora llegará Annie por la tarde cuando escucha, casi simultáneamente, un grito de terror y un estruendo.

Elijah palidece y se detiene en seco. No porque su mente esté intentando reconstruir lo que puede haber ocurrido con esos sonidos, sino porque sabe demasiado bien quién ha gritado. Cuando logra reaccionar, vuelve sobre sus pasos a todo correr, deseando con todas sus fuerzas equivocarse.

—Joder—musita cuando ve un corro de gente apiñado en la acera—. Joder—repite cuando se abre paso entre los mirones y descubre, semienterrado bajo lo que parece un amasijo de vigas de metal, a Louis Weasley.


Elijah se las ve y se las desea para sujetar a James cuando su novio llega a San Mungo, al borde de un ataque.

—¡James, haz el favor!—exclama, estampándolo en la pared.

—Suelta—masculla entre dientes el joven, intentando liberarse y estando peligrosamente cerca de conseguirlo—. Sólo quiero…

—Todavía no puedes—lo interrumpe Elijah. James deja de forcejear y lo mira—. No van a tardar mucho más, pero aún no se permiten visitas.

James apoya la cabeza en la pared.

—¿Qué ha pasado? ¿Es verdad que tú estabas ahí?

Elijah asiente y lo abraza.

—Me lo he encontrado y hemos estado hablando… bueno, discutiendo también—James entierra la cara en su hombro—. Ha soltado una gilipollez (más) y me he ido, pero ni siquiera me he alejado dos calles. He oído el golpe y he vuelto. Parece que una grúa estaba transportando vigas y no estaban bien sujetas. El resto… La verdad es que ha tenido bastante suerte.

—He escuchado a Frank decir que no estaría vivo si no hubieras hecho no sé qué.

—Reanimación—apunta Elijah. James asiente—. Bueno, lo soporto poco, pero tampoco quiero que se muera—admite.

—¿Está bien?—inquiere James.

Elijah le acaricia el pelo.

—Ahora mismo, dudo que esté "bien"—James se aferra a él con fuerza—. Pero no tiene ninguna lesión irreparable.

—Gracias—susurra James—. Louis suele ser idiota y a veces se comporta como un verdadero gilipollas, pero es mi primo y mi mejor amigo y no sé qué hubiera hecho si… bueno, si no hubieras estado.

—¿Por qué te crees que lo he hecho?—inquiere Elijah con sorna. Aunque lo cierto es que él no hubiese sido capaz de dejar morir a Louis Weasley ni aunque la suerte del rubio no influyera en James. Sencillamente, hay cosas que uno no puede hacer.


—Sigue vivo—comenta Ludwig como quien no quiere la cosa.

—No me digas—replica Minna con ironía.

—Creía que querías…

—Creías bien. Pero al mismo tiempo… Espero que se tomen lo que le ha pasado al rubito como un aviso. La próxima vez nos encargaremos de que nuestro objetivo no lo cuente. Cuanto menos tengan que perder, más fácil será convencerlos.

Ludwig contempla a Louis Weasley, que continúa inconsciente, totalmente ajeno a que dos personas están debatiendo su futuro junto a su cama.

—Con sólo un hechizo…—empieza.

—No—lo interrumpe Minna, en un tono que no admite réplicas. Se acerca a la cama y acaricia la mejilla de Louis. Él se mueve un poco. Ludwig mira a la mujer con alarma, pero Minna sonríe—. Además, no puedes negar que es guapo. Sería un desperdicio.

Justo en ese momento, Louis abre los ojos.

—Julia…—musita. Parpadea varias veces, confundido y sin reconocer a Minna. Pese a que la ha visto perfectamente unos segundos antes de su desafortunado accidente—. ¿Tú…?

—Dile a tus primos que esto ha sido un aviso. No habrá más.

La respiración de Louis se acelera. Es obvio que está asustado y no comprende nada de lo que está ocurriendo. Intenta hablar, pero las palabras no acuden a su llamada.

Al mismo tiempo, Minna y Ludwig escuchan pasos en el exterior de la habitación.

—Vamos, Minna—Ludwig toma su mano y se desaparece con ella.

Louis los observa esfumarse con los ojos como platos, desorientado. ¿Quiénes son ésos y qué hacen ahí? ¿Y dónde, por Merlín, está Julia?

La respuesta llega un instante más tarde. La puerta se abre, y por ella entra su esposa, precedida por su dentro de no mucho enorme tripa y seguida por James y Elijah.

Julia se sienta a su lado en la cama y toma su mano.

—¿Se puede saber en qué estabas pensando? Mira que ponerte debajo de un montón de vigas…—le reprocha.

—¿Vigas?—repite Louis, desorientado. ¿Qué vigas?—. Había… Julia…—tiene que explicarle lo que acaba de ocurrir.

—Shhh, tranquilo—Julia le acaricia el pelo—. No pasa nada.

—Pero antes…

—Ya lo sabemos—interviene James, tomando la mano de su novio, que mira a Louis con una expresión extraña—. No pasa nada, sólo mira debajo de qué te pones la próxima vez que salgas a la calle.

—No…—Louis no sabe a qué se refieren, pero tiene que explicarles lo que ha visto—. Aquí… antes… Dos…—Elijah se acerca a la cama, a la bolsa que contiene suero. Por el rabillo del ojo, Louis se fija en la jeringuilla que tiene en la mano—. Imbécil—resopla casi por instinto.

—Cada día estás más simpático—replica Elijah con sorna, apartándose. No obstante, Louis está convencido de que ha hecho algo.

Pero no puede preguntar, ni protestar. Un dulce sopor se adueña poco a poco de él, y Louis no puede hacer nada para evitar perder el conocimiento.


Cuando Louis cierra los ojos, James mira a Elijah con enfado.

—¿Qué has hecho?—exige saber Julia, taladrándolo con la mirada—. ¿Qué le has echado en el suero?

Él se encoge de hombros.

—No es nada malo, sólo lo tendrá dormido un par de horas. Tiene que descansar, y además se estaba empezando a alterar.

—Y voy yo y me lo creo—interviene James—. Lo has hecho sólo para dejar de oírlo.

Elijah intenta aparentar sentirse ofendido.

—Para nada—James arquea una ceja—. Joder, vale, en parte sí—admite.

—¡Estaba intentando decirnos algo!—exclama Julia, enfadada.

—Ya lo dirá cuando despierte—replica Elijah—. Merlín, sólo es somnífero, no lo he matado. Además, no creo que fuera nada importante.


Notas de la autora: No tengo nada que decir, realmente, pero estoy tan acostumbrada a mis notas de autora que si no las pongo me siento rara... oh, bueno, pobre Louis. Si es que tiene más mala suerte...