¡Hola!
Gracias a Zarket, Roxy Everdeen y kawaiigiirl por los reviews del capítulo anterior.
Capítulo 19: El regreso
No creas en todo lo que veas,
sólo haz caso a tu intuición.
Y si albergas la duda,
nunca, nunca hallarás
consuelo en tu interior.
Mägo de Oz-La Cruz de Santiago
Como Elijah se ha encargado de dejar a Louis fuera de combate unas cuantas horas, James va al Ministerio a ver cómo le está sentando a su hermano la vuelta a la rutina, no sin antes echarle una buena bronca a su novio. ¡No puede ir sedando a quien le plazca por ahí!
Descubre a Al en el pasillo en el que está la entrada al Departamento de Misterios, charlando con Roxanne.
—Hola, James—lo saluda su prima—. ¿Qué le ha pasado a Louis?
—Un montón de vigas le ha caído encima—resume James—. Pero está bien—se apresura a aclarar al ver el susto en los ojos de Rox y Al.
—Acabamos de enterarnos—explica su hermano—. Íbamos a ir a San Mungo…
—No serviría—murmura James, poniendo los ojos en blanco, y explica lo que ha ocurrido. Roxanne suelta una carcajada.
—Qué bien me cae tu novio—comenta—. En fin, yo voy a seguir. Hasta luego.
Se despide de James y Albus con la mano y entra en el Departamento de Misterios.
—¿Seguir con qué?—inquiere James con curiosidad. Sin embargo, antes de que su hermano abra la boca, cambia de idea—: No, mejor no me lo digas. Prefiero no saberlo.
—Como quieras—Al se encoge de hombros—. Por cierto, ¿tienes idea de qué era lo que quería deciros Louis?
James niega con la cabeza.
—Elijah dice que no va a estar más de unas horas durmiendo, así que luego le podemos preguntar. Pero dejando aparte a Louis… ¿qué opina tu novia de que hayas estado secuestrado?
Albus se sonroja un poco.
—No sabe de la misa la media—admite—. Pero creo que estamos bien; esta tarde me va a llevar a ver no sé qué.
—Eso suena a que te va a presentar a su familia—lo pica James—. Y no es por nada, pero te odiarán y pensarán que eres problemático por eso de haberte pasado semanas en paradero desconocido. Me gustaría ver eso—agrega, sonriendo.
—Imbécil. No creo que sea eso—aunque no parece muy convencido—. Bueno, yo también voy a volver a trabajar.
James ve a su hermano entrar por la misma puerta por la que ha desaparecido Roxanne minutos antes.
Suspira, preguntándose qué hacer ahora. Rick le ha dado el día libre cuando se ha enterado de lo que le ha pasado a Louis.
Tras unos segundos plantado en mitad del pasillo del Departamento de Misterios, James decide volver a San Mungo.
Se materializa en la recepción, y sube escaleras distraídamente, dispuesto a quedarse con su primo. No obstante, cuando ve a Elijah caminando por un pasillo mientras lee unos pergaminos, se le ocurre una idea mejor. Aún no se ha vengado de él.
Lo sigue a una distancia prudencial, en silencio, para evitar que su novio se dé cuenta de su presencia. Cuando Elijah entra en su despacho, James sonríe. Tras varios minutos repasando mentalmente su plan, James abre la puerta.
Elijah está sentado en la mesa, concentrado en el documento que tiene en las manos. No levanta la vista cuando James entra.
—Ken, se llama a la puerta—comenta, y alza la vista perezosamente—. ¿Se puede saber qué haces tú aquí?—exclama al percatarse de que es James.
—Bueno—él se rasca la cabeza distraídamente, acercándose a su novio—. No tengo nada que hacer en lo que queda de día, y ya que tú te has encargado de que mi primo no esté disponible…—se planta a unos centímetros del rostro de Elijah, que se queda varios segundos en silencio.
Luego sonríe.
—No—dice simplemente.
—¿No, qué?
—No—repite—. James, te recuerdo que estoy en horario laboral y ya he tenido mi hora de descanso.
—No cuenta, porque no has podido descansar por culpa de Louis—rebate James, antes de darle un beso corto. Apoya las manos en la mesa, a ambos lados de Elijah, sin apartar los ojos de él.
—Vamos, James, no puedes hablar en serio… Podría descubrirnos cualquiera.
Sabiendo que tiene esa batalla casi ganada, James saca su varita y apunta a la puerta.
—Fermaportus. Arreglado. ¿Tienes algún otro problema?
Sin darle la oportunidad de responder, James vuelve a besar a Elijah, con la diferencia de que ahora no quiere dejarlo con ganas de más, sino quitarle el aire y de paso quedarse sin respiración él también. Elijah gruñe y luego responde al beso.
Caen sobre la mesa, forcejeando para arrancarse la ropa y estableciendo un idioma de susurros y gruñidos que nadie salvo ellos dos comprende. James contempla a Elijah, tumbado boca arriba sobre la mesa, y trata de recordar lo que tenía planeado hacer ahora.
—Me estoy clavando el tintero en la espalda y no tengo todo el día—comenta su novio como quien no quiere la cosa. Obviamente provocándolo.
Maldita sea.
James tira su revancha por la ventana y besa a Elijah de nuevo. Se pelea con el botón de los pantalones de su novio, pero justo cuando gana la batalla varios golpes en la puerta sobresaltan a la pareja.
—Que se esperen—gruñe James en voz baja. Sus labios migran de la boca de Elijah, por su cuello, su pecho…
—Alohomora. Es de mala educación no ab…
James no sabe exactamente si está enfadado o avergonzado cuando escucha la puerta abrirse.
—Mierda.
Albus observa la caja desde lejos. No le gusta acercarse a ella, y no comprende la fascinación que el resto de inefables tiene por el objeto. Recuerda que James le ha contado que tenía pesadillas frecuentemente cuando tuvo el cacharro en su casa, y lo cierto es que él tampoco se siente cómodo estando en la misma habitación que el objeto.
La buena noticia, si se puede llamar así, es que la han abierto. Tras una investigación impecable por parte de Roxanne y otros cinco compañeros, y gracias a lo que Al ya había averiguado, han logrado abrirla. Lo que aún no han intentado ha sido traer a nadie a la vida. Se necesitan muchos permisos, e incluso dentro del Departamento hay mucha controversia sobre la ética de jugar a ser dioses.
Albus se ha mantenido al margen. Ha pedido que lo lleven a otra sección del Departamento de Misterios, para estar todo lo alejado posible de ese objeto, pero no puede evitar asomarse a la habitación. Tiene la teoría de que la caja es como un imán, aunque no todos se resisten a él con la misma determinación, y en ocasiones la voluntad flaquea y la debilidad hace que el joven se acerque a contemplar la caja.
—Si las miradas matasen…
Al da un respingo y descubre que Roxanne lleva un rato mirándolo.
—No intento matar a una caja.
—No, pero me apuesto algo a que no te importaría tirarla al fondo del mar—replica su prima, tan perspicaz como siempre—. ¿Crees que esto podría tener alguna aplicación?
Albus se encoge de hombros.
—Todas las aplicaciones que se me ocurren son macabras e implican jugar con la vida y la muerte. No es una idea muy tranquilizadora.
Roxanne dedica un rápido vistazo a la caja.
—Podemos traer a gente del otro lado del velo. Saber qué espera detrás… podría ayudar a muchas personas. Gente enferma, sin esperanza de recuperarse…
—¿Qué sentido tendría vivir, entonces?—replica Albus—. Es la incertidumbre de no saber qué hay más allá lo que hace que disfrutemos lo que tenemos. El Carpe diem no sería un modo de vida, sino un chiste. Total, estamos seguros de que la muerte no es el final, ¿no? ¿Para qué vivir cada día como si fuera el último?
Roxanne medita las palabras de su primo.
—A lo mejor tienes razón—admite—. ¿Por qué no presentas un escrito diciendo eso? Te estás dando cuenta, tanto como yo, de la que se está montando con el asunto. A mí esa caja me fascina, pero también me da miedo no entenderla. O que lo que descubramos no me guste—se estremece—. En fin, creo que voy a volver a lo mío.
Sale de la habitación a paso rápido, aún pensativa. Tras unos segundos, Albus decide seguir el ejemplo de su prima y no tarda en alejarse de la caja también.
James se endereza en cuanto oye la voz. Mira hacia la puerta y descubre a un hombre de su edad, de cabello castaño y ojos azules, contemplando la escena con sorpresa. Sabe que está más colorado de lo que probablemente haya estado el tío Ron en su vida.
Sin embargo, y a pesar de la vergüenza por haber sido descubierto así, James no puede evitar fijarse en que Elijah no se ha movido ni un milímetro. Su novio mira al hombre que hay en la puerta con los ojos como platos y, a diferencia de él, está más blanco que la tiza.
—Mejor espero fuera—decide el desconocido, cerrando la puerta para devolverles la intimidad.
Decidiendo que puede aguantarse hasta que vuelvan a casa, James tiende una mano hacia Elijah para ayudarlo a incorporarse. No obstante, su novio no parece haberse dado cuenta. Sigue mirando la puerta como si fuese un imán para sus ojos.
—Elijah—lo llama con suavidad. Al no obtener respuesta, James lo agarra por los brazos y tira de él hasta dejarlo sentado. Eso parece hacer reaccionar al joven, que clava la vista en él—. ¿Qué te pasa? ¿Es porque ese tío…?
—¿…nos hubiera pillado follando si llega un poco más tarde?—Elijah ha recuperado el aplomo de golpe. James asiente—. No.
—¿Entonces?
Elijah se pone en pie, recoge la ropa del suelo y le lanza la suya a James. Él tiene la impresión de que lo hace para ganar tiempo. Bufa con exasperación para reclamarle una respuesta.
—Se llama Stuart Wright—admite el joven en voz muy baja, poniéndose la camiseta—. En Finlandia…
—Te lo tiraste—James intenta sonar indiferente, sin cosechar ningún éxito en su empresa. Elijah clava la vista en el suelo.
—No empieces otra vez—le pide—. No necesito que me lo recuerdes.
James intenta calmarse. Lo consigue mientras se viste, pero cuando deja de tener las manos ocupadas éstas se cierran en puños.
—¿Qué hace aquí? ¿No vivía en…?
—Gales—concreta Elijah.
—Gales. ¿Por qué no se queda allí?
Elijah se acerca a James, pero él retrocede un paso. No tiene claro si está enfadado o dolido, pero no le hace la menor gracia que el tal Stuart esté esperándolos al otro lado de la puerta. Se pregunta qué opinaría Elijah si le propusiera encerrarlo en un lugar donde sólo él pueda verlo.
—No seas infantil—le reprocha él, como si le hubiese leído la mente. James lo mira—. Dijo que quería venir a Londres… Mira, hablamos con él civilizadamente—remarca la última palabra—y ya está, ¿vale?
Finalmente, James cede y permite que Elijah tome su mano.
—¿Si se pone idiota puedo echarle un maleficio?—tantea.
Elijah le da un beso en la mejilla.
—No, es de mala educación. Vamos, anda—tira de James hacia la puerta y la abre. El ex Gryffindor intenta ignorar la oleada de celos que lo invade al ver a ese tipo—. Hola, Stuart. Deberías aprender que cuando la gente no abre la puerta suele tener motivos para ello.
El hombre sonríe de forma extraña al mirar a James.
—No se me ocurrió que estuvieses… ocupado.
—A mí no se me ocurrió que fueses a venir—replica Elijah—. Qué… sorpresa.
Stuart entra en el despacho.
—Sí, bueno. He decidido venir a Londres, y como eres el único al que conozco…
James aprieta sin darse cuenta la mano de Elijah.
—Eh… Vale. Stuart, él es James. James, él… bueno, eso—los presenta Elijah, devolviéndole el apretón a James para que deje de intentar machacarle la mano.
—Un placer—murmura James entre dientes. Elijah le da un pisotón disimulado y el joven se obliga a sonreír.
—Lo mismo digo—replica Stuart—. Bueno, yo sólo venía a saludar. Ahora tengo que irme para solucionar unos problemas del piso… Hasta luego.
Sale del despacho, y James se queda fulminando la puerta con la mirada.
—No sé si intentas triturarme la mano, pero a lo mejor te interesaría saber que duele—James suelta a Elijah, que lo mira con ceño—. Vamos, tampoco ha sido para tanto.
—No me cae bien—declara James.
Elijah pone los ojos en blanco.
—No sé por qué no me extraña…
Albus sale antes de trabajar. Ha quedado a las seis con Lina, y tiene media hora libre. De modo que decide ir a San Mungo a ver qué tal está Louis; por mucho que diga James, no es muy normal estar bien después de que te caigan un montón de vigas encima.
Descubre a Victoire, Dominique y Julia sentadas alrededor de la cama. Louis está despierto, pero parece algo desorientado.
—Hola—saluda Albus al entrar. Louis lo observa largamente, antes de clavar la vista en las sábanas—. ¿Cómo está?—inquiere en voz baja.
—Atontado, pero bien—responde Vic. Suspira—. Por cierto, creo que le han dado algo caducado.
—¿Por qué?—pregunta Al.
—Porque en cuanto se ha despertado ha dicho algo de que había alguien en la habitación hace un rato. Que le ha pedido que le diga a no sé quién que lo que ha pasado era un aviso, o algo así.
Albus arquea las cejas.
—¿Quién había en la habitación?
—¡Nadie!—Victoire parece algo enfadada—. La habitación estaba vacía hasta que han entrado Julia, James y su novio, y dudo que alguno de los tres lo haya amenazado.
—¡No me refiero a ellos!—exclama Louis, mirándolos con enojo. Está más espabilado de lo que aparenta—. Eran una mujer y un hombre. Y antes los he oído decir que querían matarme, pero no lo han hecho porque era un desperdicio.
—Louis, bájate el ego, no eres tan guapo—comenta Dominique, mordaz. Su hermano aparta la vista de ella, molesto.
—¿Cómo eran?—inquiere Al con curiosidad. Victoire lo fulmina con la mirada.
—¡No le des alas!—susurra, enfadada.
Louis lo mira con extrañeza, como tratando de convencerse de que realmente su primo lo cree.
—Había una mujer y un hombre—explica—. Los oí decir que debería haber muerto, pero que no importaba, porque serviría de aviso a no sé quién… y luego abrí los ojos. La mujer… bueno, tenía el pelo castaño y los ojos oscuros, y era muy guapa—su esposa pone los ojos en blanco—. El hombre era rubio y muy alto… creo que si hubiese estado solo me hubiera matado—comenta.
—Mucha imaginación, Louis—comenta Vic.
—¡No me lo estoy inventando!
—Nadie dice que lo hagas adrede.
—¡No tengo alucinaciones!
Albus no escucha la discusión de sus primos. Acaba de recordar a alguien que encaja en la descripción de Louis. Pero no puede ser. No es posible, de ninguna de las maneras, que…
—Al, ¿sigues ahí?
El joven vuelve a la realidad y descubre que Victoire y Louis han dejado de pelearse, y tanto ellos como Dominique y Julia lo miran con preocupación.
—Sí… Louis, ¿no te fijaste en nada más?
—Oh, vamos, es obvio que lo que dice no es cierto—se exaspera Vic.
Louis no le hace caso. Frunce el ceño, concentrado, intentando recordar algo objetivo, diferente al miedo que ha sentido al encontrarse rodeado de desconocidos que debatían si matarlo o no mientras él no podía defenderse.
—Minna—musita—. El hombre la llamó así. Antes de desaparecerse… Al, ¿estás bien?
Albus niega con la cabeza. La mujer que lo secuestró y torturó durante semanas acaba de intentar matar a su primo y lo ha utilizado para advertirle que la próxima vez no será tan clemente.
No, Al no está bien.
Notas de la autora: Dios, este día está siendo realmente movidito, ¿eh? Y largo, que estos se despertaron en el capítulo anterior.
¿Qué os ha parecido?
