¡Buenos días!
Muchas gracias a Muselina, Zarket, Silvers Astoria Malfoy y Roxy Everdeen por los reviews del capítulo anterior.
Capítulo 20: Chantaje
It's hidin' in the dark,
its teeth are razor sharp.
There's no escape for me:
it wants my soul, it wants my heart.
Skillet-Monster
Elijah sabe que James está enfadado. Es consciente de que no es con él, al menos no completamente, pero sí está convencido de que es por su culpa. Tiene la impresión de que su novio va a explotar en cualquier momento a causa de los celos.
—Creía que lo tenías superado—prueba. James aparta la vista de la pared blanca, que lleva mirando los últimos quince minutos, y clava los ojos en Elijah.
—Está superado…—le asegura sin mucho convencimiento—. Lo que pasa es que no entiendo por qué está aquí.
—Quiere trabajar en San Mungo—vuelve a decirle Elijah.
—Y una mierda. ¿Tú has visto cómo te miraba?
Elijah pone los ojos en blanco.
—Como cualquier persona que acaba de pillar a dos tíos casi con las manos en la masa—apunta. James sacude la cabeza.
—No… Ya en serio, no me fío de él.
—¿Por qué?
James se muerde el labio, buscando la mejor manera de explicarlo.
—No… Era la forma que tenía de moverse, de hablar… Todo. No era normal.
Antes de que Elijah pueda rebatir eso, alguien llama a la puerta.
—Adelante—indica él. Para su sorpresa, Albus abre y entra en el despacho.
—¿Qué haces aquí?—inquiere James.
—¿Y tú por qué estás tan antipático?—replica su hermano—. Parece que vengas de visitar al tío Dudley…
—Yo he preguntado primero—se defiende el mayor.
Elijah arquea las cejas, sin intervenir en la discusión, e internamente agradece ser hijo único.
—Acabo de hablar con Louis—le cuenta Al, olvidando la pulla—. Dice que antes de que entraseis ha visto a dos personas en su habitación—James arquea las cejas—. Un hombre y una mujer. La mujer… la mujer era Minna.
James y Elijah se quedan boquiabiertos.
—¿Cómo? Pero… ¿seguro?
Al asiente.
—¿Qué hace aquí?—inquiere Elijah.
—Es obvio, ¿no?—replica James—. Quiere llevarse la caja.
Albus sacude la cabeza.
—Lo de Louis no fue un accidente. Ha sido un aviso—explica.
Elijah se queda callado, recordando a la mujer con la que se encontró en el Peón. Rememora su rapidez a la hora de lanzar hechizos y no puede evitar estremecerse. Minna Lestrange es una oponente letal. Y, lo que es peor para ellos, muy inteligente.
—Deberíamos decírselo a papá—opina James—. Si soltó las vigas mediante magia, se puede rastrear, ¿no?
Albus asiente.
—Oye, ¿por qué no vais vosotros? Yo he quedado…—pero palidece y no termina la oración. James se acerca a su hermano, preocupado.
—¿Al?
—Lina—musita el joven—. Está sola en Hyde Park.
Y, sin más preámbulos, se desaparece.
Después de observar el lugar en el que estaba Albus durante varios minutos, James se gira hacia Elijah, impotente. Él intenta sonreír para expulsar la inquietud de su interior.
—Seguro que está bien—intenta animarlo, poco convencido.
Minna sonríe cuando ve a Albus entrar corriendo en Hyde Park. Apoyada en un árbol y oculta por un hechizo desilusionador, la mujer observa al joven mirar alrededor, alarmado. Se interna entre los árboles hasta llegar adonde Ludwig y sus compañeros tienen inmovilizada a Lina Thomas.
La muchacha se ha resistido bastante cuando se ha visto amenazada. No obstante, finalmente han logrado reducirla y esconderla. Sin embargo, sigue forcejeando con las cuerdas para tratar de liberarse, mirando a sus captores con miedo y furia.
—Lud, encárgate de ella—indica al hombre, que da un respingo; no lo esperaba—. Y luego haz lo acordado. Yo voy a hablar con nuestro querido Albus.
Vuelve por donde ha venido y se encuentra al joven llamando a su novia y buscándola. Minna se hace visible de nuevo y se acerca a él. Albus palidece al verla.
—¿Dónde está?—inquiere cuando recupera la capacidad de habla, sacando su varita con cautela. Minna sonríe de nuevo.
—Deberías preocuparte más por el cómo—responde—. Por ejemplo… ¿Cómo os va con mi caja?
—No es tuya—replica Albus—. ¿Qué le has hecho?
—Tú necesitas saber cómo está y yo necesito la caja—ronronea Minna—. Ambos salimos ganando.
—¿Que te dé la caja?—Al casi se echa a reír—. No.
—¿Cuál es tu primo favorito, Albus?—inquiere Minna. Él se queda quieto, mirándola con odio—. Bueno, hay muchos, pero supongo que cuando demos con él lo sabremos porque llorarás más.
—Estás loca.
—No; sé lo que quiero y voy a conseguirlo —lo contradice Minna—. Y créeme que lo conseguiré, sin importarme cuántas veces tenga que mancharme las manos de sangre. Ven conmigo.
Albus arquea las cejas.
—¿Qué?
—Sígueme—Minna echa a andar. Sabe que Albus está armado y ella no, y que está de espaldas, pero tiene la certeza de que no va a recibir ningún maleficio. La gente honrada es muy manipulable.
Tardan varios minutos en llegar a su destino. Como Minna esperaba, sus compañeros se han ido, y ella y Albus sólo ven, atada, amordazada e inmóvil, a Lina Thomas. El joven emite una serie de sonidos a medio camino entre una exclamación de sorpresa y una palabrota y se agacha junto a su novia.
—¿Qué le has hecho?—inquiere Albus, mirando a Minna de nuevo.
—Compruébalo tú mismo—el joven zarandea a Lina para despertarla, pero se detiene al notar el aliento de Minna en su oído—. No está muerta. Pero da igual lo que hagas: lo estará—susurra—. ¿Cuál es tu primo favorito?—vuelve a preguntarle.
Albus estrecha a Lina entre sus brazos.
—Déjalos…—la palabra empieza como una orden y termina como una súplica.
—Dame la caja—replica Minna—. Tan simple como eso. Cuanto más tardes en decidirte, más tendrás que lamentar.
Dicho esto, desaparece, dejando a Albus a solas con su novia y su desesperación.
James se deja caer en el sofá en cuanto llega a casa.
Hoy está siendo un día realmente largo. El joven intenta rememorar todo lo ocurrido desde que se ha levantado: Elijah lo ha dejado a medias, Louis casi se mata, el hombre con el que su novio lo engañó va a trabajar con él y Albus ha descubierto que Minna está detrás del accidente de su primo.
Suspira. Acaba de regresar de poner a su padre al corriente del asunto de Minna. Harry Potter se ha tomado muy en serio el asunto y en cuanto James ha terminado de contárselo ha puesto rumbo a San Mungo para hablar con Louis.
Se pregunta qué hacer ahora. Descansar es una opción tentadora, pero todavía no sabe qué ha pasado con Albus; ha ido a Hyde Park preocupado por Lina y, que James sepa, aún no ha vuelto.
Tras unos minutos de lucha interna, James se levanta y se desaparece hacia San Mungo. Quizá allí su padre sepa algo de Al. Además, de paso podrá asegurarse de que Stuart Wright no se acerca a Elijah a menos de dos metros. Ese hombre no le cae nada bien (aunque quizá influya el hecho de que James no puede hacer nada por tragarse sus celos).
Se materializa en la recepción del hospital mágico, y para su sorpresa descubre a Rose subiendo las escaleras. Extrañado, James echa a correr para alcanzarla, pero no lo logra hasta que llegan al primer piso. Su prima se vuelve hacia él.
—Hola—lo saluda.
—Hola. ¿Qué haces aquí?—visitar a Louis, le responde una vocecilla, que aprovecha para insultarlo llamándolo corto de luces.
Sin embargo, Rose no le da la respuesta que esperaba:
—Acabo de ver a Louis y pensaba irme a casa, pero mi padre me ha dicho que la novia de Al está aquí.
—¿Qué?—James siente que todo empieza a sobrepasarle. ¿Hoy es día de accidentes, o qué?
—No me he enterado del todo—admite su prima—, pero sé dónde están. Ven.
James sigue a Rose hasta la cuarta planta, y una vez ahí los dos primos recorren varios pasillos hasta dar con la habitación en la que está Lina Thomas.
Al principio, el joven no puede evitar pensar que lo único que tiene la novia de su hermano es cuentitis. Está tumbada en una cama, con los ojos cerrados, respirando lentamente. Parece estar disfrutando de un sueño reparador. Quizá algo pálida bajo su piel morena, pero no por eso su aspecto induce a preocuparse.
No es hasta que James ve a su hermano que comprende que algo va realmente mal.
Al está sentado en una silla, observando a Lina con aprensión, como si esperase que la joven fuese a morir de un momento a otro. No obstante, sus ojos verdes están vacíos, delatando que en realidad su mente está muy lejos de allí. Ni siquiera se mueve cuando su hermano y su prima entran en la habitación.
—Eh, Al—James se sienta a su lado y le aprieta el hombro con cariño. El joven no se mueve.
—¿Qué ha pasado?—inquiere Rose con suavidad, dejándose caer al otro lado de su primo.
Albus sacude la cabeza. Lentamente, parece volver a la realidad, como si saliese de un trance, y aparta la vista de Lina.
—Sus padres están hablando con el sanador—murmura. Rose va a abrir la boca para instarlo a decir algo interesante, pero James niega con la cabeza para prevenirla. No suele tener mucho tacto, pero con Al es distinto—. Estaba en Hyde Park. Con Minna.
—¿Quién es Minna?—inquiere Rose.
James está tan impresionado como su prima, aunque por otros motivos. Le hace un gesto a la pelirroja para prometerle una explicación.
—¿Y qué dijo?
—Que…—pero Albus no continúa. Cierra los ojos con fuerza y luego vuelve a abrirlos—. No importa. No saben qué le han hecho, pero se está muriendo—agrega, mirando de nuevo a Lina.
Sabiendo que no va a conseguir sacar nada interesante de su hermano hoy, James lo abraza, deseando, a pesar de lo que acaba de oír, que Lina se recupere. No obstante, algo le dice que, tratándose de Minna y su panda de alemanes locos, es poco probable. James intenta expulsar esa inquietante idea de su mente mientras su hermano le devuelve el abrazo.
Es un día muy atareado en San Mungo. Hasta las once y media, Elijah no tiene un respiro.
Cuando su jornada termina finalmente, se dirige a la habitación de Louis; tiene la impresión de que James estará ahí. No obstante, para su sorpresa, sólo encuentra a la esposa del joven junto a la cama, velando el sueño del primo de su novio. Sin hacer ruido, Elijah vuelve al pasillo y se acerca a su segunda opción: la habitación en la que está la novia de su hermano. Pero ahí tampoco está.
Quizá James ya haya vuelto a casa, piensa. Elijah se dispone a desaparecerse, pero justo entonces alguien le hace un gesto desde el otro lado del pasillo. El joven se detiene y observa a Stuart Wright acercarse.
—¿Qué quieres?—inquiere, intentando imprimir amabilidad a su voz. No lo odia, porque Elijah es consciente de que parte de la culpa de acostarse con él fue suya, pero tampoco le agrada demasiado. Stuart sonríe—. ¿Y bien?
—Así que ése era tu novio—comenta. Elijah entorna los ojos al instante.
—Sí, James.
—¿Sabe lo nuestro?
Elijah asiente.
—¿Por qué has venido?
—Ya te lo he dicho—responde Stuart—. Quiero trabajar en Londres. Desde luego, será más interesante que Cardiff. Bueno, no te retengo más.
Sin saber a qué ha venido esa conversación y decidiendo que no es imprescindible que James lo sepa, Elijah se despide con un gesto y se desaparece.
Se materializa en el vestíbulo, que está a oscuras, y va directamente al dormitorio, donde por fin encuentra a James. Hecho un ovillo en la cama, sin tapar y completamente vestido. Es obvio que no tenía ganas de ponerse el pijama. Sonriendo, Elijah se sienta a su lado y lo zarandea para despertarlo.
James murmura algo incomprensible mientras despega los párpados perezosamente.
—Buenas noches. Deberías ponerte el pijama—le comenta Elijah. James se incorpora frotándose los ojos.
—No tengo ganas—se quita los zapatos con los pies y se arrastra por el colchón hasta estar debajo de las mantas. Elijah pone los ojos en blanco y, finalmente, se cambia de ropa y se mete en la cama con James, que tiene la cabeza hundida en la almohada.
—Buenas noches.
James no responde. Eljiah contempla el techo y piensa en la cantidad de cosas que han ocurrido hoy. Sin duda, lo más preocupante es la advertencia de Minna. Y pensar cómo se puede ayudar a Lina Thomas; aunque eso es prácticamente imposible, dado lo que le han hecho.
—¿Crees que mi padre cogerá a Minna?—pregunta James de repente. Elijah lo mira y descubre que no está tan dormido como parecía.
—Eso espero.
—Al está muy mal—comenta James—. Tiene que quererla mucho.
Elijah vuelve a clavar la vista en el techo.
—¿Sigues enfadado por lo de Stuart?—prueba.
James tarda un buen rato en responder.
—No estoy enfadado… No exactamente—admite—. No vas a…
—No.
James se aferra a él.
—Entonces supongo que está bien.
Albus despierta bruscamente cerca de las doce de la noche.
Mira alrededor, desorientado, y cuando ve a Lina inconsciente en su cama lo recuerda todo. Minna, la caja y él en mitad de una encrucijada.
—Buenas noches.
Albus mira alrededor y descubre que no está solo. Un hombre alto y rubio lo observa desde una esquina de la habitación.
Lo reconoce al instante:
—Ludwig.
El hombre sonríe.
—¿Y bien?—lo suyo no son los rodeos.
Albus se muerde el labio. Ha estado pensando en ello toda la tarde, hasta que ha caído rendido. Y ha sopesado los pros y los contras de cada una de las opciones. Tiene claro que su decisión es arriesgada, pero si todo sale según el plan nadie más sufrirá.
—Os daré la caja.
Notas de la autora: La que estoy liando aquí... Esto no va a ser fácil, os lo digo yo.
Por cierto y por si acaso: cuando alguien se inventa que está enfermo o exagera mucho una dolencia para conseguir algo -como por ejemplo que su madre le deje no ir a clase-, se dice que tiene cuentitis.
En fin. ¿Reviews? ;)
