¡Hola! Y perdón por haberme tomado mi tiempo para actualizar. Soy así de huevona, lo siento.

Gracias a Silvers Astoria Malfoy y Roxy Everdeen por los reviews del capítulo anterior.


Capítulo 22: Adiós

Y se marchó,
y ahora tiene un nuevo hogar:
la eternidad.
Mägo de Oz-In memorian

Louis está acostumbrado a las pesadillas de Noah.

Es por eso que, cuando escucha su llanto, es el primero en incorporarse en la cama. Le da un beso a Julia y le pide que se duerma de nuevo, y echa a andar hacia la habitación de su hija.

—Se comió mis piernas—es lo primero que le cuenta la niña cuando su padre la abraza para tranquilizarla.

—Sólo era un sueño. No es de verdad—replica Louis—. Y si viene, seguro que sabes defenderte de él—le da un beso y acaricia su cabello oscuro.

El timbre de la puerta sobresalta a padre e hija. Louis se levanta de la cama, pero Noah se aferra a él, de modo que no le queda más remedio que llevarla en brazos. El joven pasa por su dormitorio para coger su varita. No se le olvida que un par de locos intentaron matarlo hace una semana.

Sin embargo, cuando abre la puerta se encuentra a Albus y a Elijah. Frunce el ceño, preguntándose qué diablos hacen esos dos en su casa a las una de la madrugada. Noah, enganchada a su cuello, se atreve a echar un vistazo y sonríe al reconocer a los invitados.

—¿Está James aquí?—inquiere Albus rápidamente. Cada milímetro de sus ojos verdes ruega una respuesta afirmativa.

Sin embargo, Louis niega con la cabeza.

—No lo he visto desde esta tarde. Ha dicho que iba a San Mungo a ver cómo te iba—señala a su primo con la cabeza—. ¿No sabéis dónde está?

Albus niega con la cabeza, abatido, mientras que Elijah gruñe.

—La voy a matar—sisea con odio. Louis no necesita devanarse los sesos para saber a quién se refiere.

Aferra a Noah con más fuerza, preguntándose dónde puede estar su primo.


Elijah no ha conseguido pegar ojo en toda la noche.

Cuando anoche, cerca de las cuatro de la madrugada, el padre de James dio por concluida la búsqueda de su hijo sin ningún resultado, no le quedó más remedio que volver a casa. Intentó dormir, pero no tardó en darse cuenta de que no era capaz.

Así que ha pasado la noche en vela, hecho un ovillo en el sofá y tratando de no permitir a su mente imaginarse cómo puede estar James. Sin embargo, no ha podido controlar sus pensamientos, y el recuerdo del maleficio que está marchitando a Lina Thomas no hace más que atormentarlo. Luego ha intentado decirse que, si hubiese ocurrido algo así, Minna se habría asegurado de que lo encontrasen, para hacer más daño.

No le apetece desayunar, de modo que se ducha y se viste mecánicamente antes de desaparecerse hacia San Mungo.

Nada ni nadie logra sacar a Elijah de ese estado de apatía; el artículo de El Profeta acerca de que el hijo del Elegido está en paradero desconocido apenas hace que entorne los ojos y aparte el periódico. Lo único bueno es que da la impresión de que sus compañeros lo aceptan sin rechistar y sin hacer preguntas.

El único que logra hacerlo reaccionar es Stuart Wright. Se acerca a él a media mañana y le pregunta por James como quien quiere saber la hora.

—Nadie sabe dónde está—gruñe Elijah. Es consciente de que Stuart no tiene la culpa de que James esté en paradero desconocido, pero no puede evitar canalizar su rabia hacia él.

—Espero que aparezca pronto—replica el hombre. Se despide de él con una inclinación de cabeza y se aleja por el pasillo.

Elijah recuerda la cantidad de veces que James le ha comentado lo poco que lo aguanta. Está empezando a darle la razón.

Pensar en James es doloroso. No sabe si va a volver a verlo con vida.

Angustiado, Elijah se acerca casi corriendo a la habitación de Lina. Necesita hablar con alguien si no quiere pensar demasiado.

Albus no está mucho mejor que él. Observa morir a su novia sentado en una silla, con ese brillo desvalido de quien no sabe qué hacer para que las cosas sean menos malas en la mirada. A su lado, Lily mira al vacío, obviamente tan preocupada como su hermano. No obstante, la pelirroja es la única que alza la vista cuando Elijah entra en la habitación.

—Hola—lo saluda con un hilo de voz.

Elijah se sienta en otra silla.

—Hola—responde. Echa un rápido vistazo a Lina, que duerme ajena a lo que ocurre a su alrededor—. ¿Cuándo?—sabe que preguntar cómo está sería casi un insulto.

—Va más rápido de lo que creían—para su sorpresa, quien responde es Albus. Tiene una extraña fuerza en la voz. Elijah comprende que no es más que rabia—. Mañana, o pasado como mucho—entonces el joven aparta la vista de ella y mira a Elijah—. Aún no saben dónde está.

Él aparta la mirada. Cada vez le cuesta más no dejarse llevar por el torrente de pensamientos funestos que recorren su mente, y esa obstinada resistencia suya lo angustia tanto como la dolorosa posibilidad de que James esté…

Elijah sacude la cabeza, intentando despejarse. Si sigue así acabará volviéndose loco.

Pero no puede evitar pensar que Minna está consiguiendo lo que quería: hacer todo el daño posible.


Decir que Minna está enfadada es quedarse corto.

No le molesta que intentaran engañarla; de hecho, ya se esperaba algo así, precisamente por eso fue con Ludwig. Lo que más le toca la moral es que lograsen reducirla con tanta facilidad. Minna tiene un orgullo muy sensible.

Ludwig está con ella, en silencio, observando cómo su amiga frunce el ceño una y otra vez y sisea palabras de odio hacia los Potter.

—Nos darán la caja—vaticina Ludwig. Mira por la ventana y observa las ondulaciones de las olas en la superficie del mar.

—Claro que lo harán—Minna, sentada a su lado, sonríe—. Después de lo que le está pasando a su novia, dudo que Albus quiera correr el riesgo con su hermano.

En ese preciso momento un grito de dolor procedente del sótano quiebra el silencio. Le sucede otro alarido, más estremecedor si cabe, y luego la calma se apodera de nuevo de la casa.

—Por Merlín, ¿no pueden llevárselo adonde no lo escuchemos?—se exaspera Ludwig.

Minna sacude la cabeza.

—Mientras conserve la cordura, tienen derecho a divertirse un poco. Pero después se lo diré—le asegura. Se acerca a él—. ¿Esto es correcto, Lud?

—No—responde él con sinceridad—. Hemos secuestrado, matado y torturado. Tenemos al hijo de la persona más famosa del mundo mágico en el sótano.

Minna baja la vista. Ludwig cree ver un brillo avergonzado en su mirada. Luego, se olvida de ello. Merlín, la tiene ahí mismo, no hacer nada sería un insulto.

Ludwig se acerca a Minna y junta sus labios con los de ella.

Cuando nota que la joven no se aparta, no puede sino sonreír. Cuántas ganas tenía de hacerlo. Nadie salvo él lo sabe con exactitud. Minna se separa un poco de él y lo mira a los ojos, dubitativa, como si no estuviese segura de que sea lo correcto. Ludwig se encarga de borrar la duda cuando abandona sus labios y comienza a besar su cuello. La mujer echa la cabeza hacia atrás y suelta un suspiro tembloroso.

Un nuevo grito hace que Ludwig, a regañadientes, se separe de ella. Masculla "maldito niñato" entre dientes y hace ademán de levantarse, pero en un movimiento rápido, felino, Minna se sienta a horcajadas sobre sus piernas, inmovilizándolo.

—Ignóralo—le ordena con suavidad—. No es importante.

Ludwig asiente y la besa de nuevo, buscando a ciegas el borde de su camiseta.


Lo dejan en paz cuando ven que no puede levantarse.

James escucha sus voces como si vinieran de muy lejos, y alcanza a ver dos pares de pies saliendo de la habitación. No sabe quiénes son ni le interesa averiguarlo.

Está hecho un ovillo en el suelo, apretando los dientes para no aullar de dolor. No comprende por qué no ha perdido el conocimiento todavía; está al límite de su resistencia y ni siquiera puede decirse que sea totalmente consciente de lo que está pasando. Algo le dice que la poción que le han obligado a beber hace un rato tiene algo que ver con que no pueda escapar a la inconsciencia.

No sabe cómo ha llegado hasta ahí. De hecho, ni siquiera está convencido de que lo que hay a su alrededor sea real. Minna le ha comunicado que no tiene nada contra él, que simplemente lo retienen en contra de su voluntad para ayudar a Albus a tomar la decisión correcta. James lo duda seriamente.

Cierra los ojos con fuerza. Lo último que recuerda es haberse despedido de Louis en la puerta de la casa de su primo. Sabe que ha ocurrido algo antes de que lo capturaran, pero no consigue descubrir qué.

Cuando ha despertado, Minna le ha hablado del motivo por el que lo tienen ahí. James no la ha estrangulado porque aún se encontraba débil. Debilidad que no ha hecho sino aumentar cuando la mujer ha decidido permitir a sus camaradas divertirse un poco a su costa. James está agotado.

Lo que más le ha impactado ha sido descubrir que a uno de ellos lo conoce. No es exactamente una sorpresa, porque James nunca se fio de él, pero aun así la presencia de Stuart Wright ahí le ha afectado. Una parte de él quiere que termine su cautiverio únicamente para soltarle un merecido "Te lo dije" a Elijah.

Luego piensa en su hermano. Al tiene la llave para sacarlo de ahí: entregarle la caja a Minna.

Se pregunta si Albus le dará a esa mujer lo que le ha pedido. Espera que no. No quiere darle el gusto.


Lina se va con tanta calma que cuesta darse cuenta.

Ya no puede hablar, por lo que cuando despierta interroga con la mirada a Al, haciendo caso omiso a Lily, exigiendo saber cómo está. Él no le miente. No es capaz de ello. Si su abrumadora sinceridad impresiona o asusta a Lina, la joven no da muestras de ello, bien porque es buena fingiendo, bien porque ya no tiene fuerzas para temer nada. Simplemente lo mira largamente, con tanta intensidad que Albus le da un beso en la mejilla sólo para huir de sus ojos castaños.

Luego se queda dormida. Al sostiene su mano, pese a que lo que más desea es alejarse de esa habitación y del olor a muerte que se respira en ella, y se dice nuevamente que todo lo que está pasando es por su culpa. Debió darle a Minna la caja cuando Louis estuvo a punto de morir. O, mejor aún, no tendría que haber huido del Peón. Si James lo hubiera dejado allí, todos estarían a salvo.

James. Algo se retuerce en el pecho de Al cuando piensa en su hermano. A saber cómo estará. Lo que le pase también es responsabilidad suya.

Su padre está moviendo cielo y tierra para averiguar adónde fue James tras despedirse de Louis, y quizá seguir su rastro hasta dondequiera que lo tengan. Vivo o muerto, dijo un auror en tono monocorde. Albus no puede quitarse la segunda parte de la frase de la cabeza.

Es entonces cuando el joven se percata de que el débil pulso que llegaba hasta él al tomar la mano de Lina ya no existe. Mira a la muchacha, temiendo lo que eso significa. Su expresión es tan relajada que podría parecer dormida.

Lily reacciona antes que él. Comprende lo que ocurre con sólo echarle un breve vistazo a su hermano. Con delicadeza, deshace el complejo en que se unen la mano de Albus y la de Lina, y abraza al joven en silencio. Albus tarda unos segundos en romperse y enterrar el rostro en el pelo de su hermana.

Sabía que iba a pasar y durante estos últimos días se ha estado haciendo a la idea, pero aun así duele como si le estuvieran arrancando el corazón intentar comprender que Lina está muerta. No es justo; ella ni siquiera sabía lo que estaba pasando.

Albus escucha movimiento cerca de él, pero no le presta la menor atención. Cierra los ojos, refugiado en el hombro de Lily, deseando despertar y descubrir que todo era una pesadilla, que nadie intentó matar a Louis, que Lina está viva y que James no está en paradero desconocido.

Mientras tanto, Lily se pregunta qué hacer. Presenciar la muerte de la novia de su hermano le ha dolido más de lo que creía; es cierto que nunca le cayó bien, pero lo que le hicieron rebasa todos los límites de la crueldad. Se dice que tienen que encontrar a James antes de que sea demasiado tarde y… y matar a Minna. Ella puede encargarse de esa segunda parte sin problemas. Pese a no haberla visto nunca, la joven detesta a esa mujer con toda su alma.

Es en ese momento, alguien que no es un sanador –los cuales están encargándose del cadáver de Lina– entra en la habitación. Harry Potter abre la boca, pero se detiene al darse cuenta de lo que está ocurriendo. Lily le dirige una mirada de advertencia para prevenirlo de hablar; Al ya está lo suficientemente destrozado y lo que menos necesita es otra mala noticia. Porque viendo cómo van las cosas, es lo único que puede haber venido a comunicarles.

Un sanador se acerca entonces a Lily. Ella comprende que tienen que salir sin que el hombre se lo diga. Con cuidado, la joven se separa de su hermano. Albus se limpia las lágrimas y sale de la habitación tras ella, sin fijarse en su padre hasta que están en el pasillo.

—¿Qué pasa ahora?—inquiere con la voz apagada. Sus ojos verdes están inexpresivos, ausentes. Lily toma su mano.

—Tenemos una ligera sospecha sobre el paradero de vuestro hermano.

Albus mira a su padre, pero no dice nada. Es una buena noticia, aunque el joven no es capaz de alegrarse en estos instantes por mucho que lo intente.

Lily, en cambio, sí que logra sonreír.

—¿Dónde está?

—De eso nos encargamos nosotros—su padre no responde y la joven comprende que teme que hagan alguna tontería. Entorna los ojos, sin embargo. Ella quiere hacer pagar a Minna todo el daño que está haciendo a su familia.

Y se jura que lo hará.


Sus sobrinos cada día están más guapos.

Roxanne no se cansa de jugar con ellos y consentirlos. Tiene gracia; a ella nunca le gustaron los niños. Siempre fue la pequeña de la familia y no quería que otro mocoso le arrebatara ese puesto. Pero desde que nació Juliet, la pequeña hija de Teddy y Victoire, eso ha cambiado. Todos los peques son un encanto.

—¿Me lo devuelves?—pide Fred. A regañadientes, Rox deja a Fab con su hermano. El bebé está muerto de sueño. Su hermano gemelo ya está frito en los brazos de Eleonora.

—Me tengo que ir—comenta Rox al ver la hora, aparentemente enfadada por no poder quedarse—. Tenemos una reunión extraordinaria en el Departamento.

Su hermano arquea las cejas.

—¿A las nueve de la noche? Sí que sois raritos los inefables. Bueno, pues nos vemos mañana, supongo.

Roxanne se despide de Fred, Eleonora y los gemelos y sale de la casa de su hermano.

Lo cierto es que en el Departamento de Misterios están preocupados por el secuestro de James. Incluso se ha sugerido suspender a Al, para evitar que caiga en la tentación de robar la caja y dársela a los captores de su hermano.

Rox no cree que su primo sea capaz de tal cosa. Ni en mil años; Al tiene unos principios muy sólidos, puede que hasta demasiado para su propio bien.

Camina por las calles de Londres, en su mundo, mientras empieza a anochecer. La preocupación por sus primos se mezcla con la culpabilidad por pasar tan poco tiempo con su novio últimamente. Está demasiado ocupada, y Dan parece algo resentido con el hecho.

En ésas está cuando se da cuenta de que los sonidos rítmicos que lleva oyendo un rato no son sus pasos; uno ha sonado ligeramente desacompasado. Roxanne se gira, alarmada, pero antes de ver a la persona que la está siguiendo un hechizo impacta en su pecho.

No cae al suelo. No siente dolor. De hecho, Rox se encuentra flotando en un vacío libre de toda perturbación, donde no pueden llegar los problemas. Sabe que es antinatural, pero se encuentra tan bien que no le importa.

Y, en medio del vacío, escucha una voz que retumba en ese vacío que es su mente:

La caja. Sácala del Ministerio.

Roxanne asiente. Tiene sentido.


Notas de la autora: Lina estaba condenada a morir. Y lo sabíais. Así que no me hagáis disculparme de nuevo.

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