¡Hola!
Gracias a kawaiigiirl y Silvers Astoria Malfoy por los reviews del capítulo anterior.
Capítulo 23: Por la fuerza
Duele tanto vivir,
duele siempre sin ti.
Necesito tu olor,
necesito tu calor.
Mägo de Oz-Siempre
Elijah se entera de la muerte de Lina por Stuart.
Si el hombre esperaba una reacción medianamente aceptable, se equivocaba. Lo primero que hace el ex Slytherin es irse a la otra punta de San Mungo y encerrarse en un armario lleno de pociones. Se sienta en el suelo con las piernas encogidas y se abraza las rodillas, con los hombros hundidos.
No es como si le cogiera por sorpresa. Que lo que le hicieron no tiene arreglo quedó claro en cuanto Albus la llevó a San Mungo. Y Elijah apenas la conocía, al menos más allá de cruzarse con ella alguna que otra vez en Hogwarts y escuchar a Lily Potter decir lo poco que la aguantaba. No debería afectarle tanto.
Pero lo hace. Elijah no puede quitarse de la cabeza la idea de que James está a merced de los mismos locos que han matado a la joven. Intenta repetirse que no va a pasar lo que tanto teme, pero le es imposible creerlo.
Justo cuando cierra los ojos con fuerza para aclararse, la puerta del almacén se abre con un estampido. Para su sorpresa, quien aparece por ella no es ni más ni menos que Louis Weasley.
—¿Qué haces aquí?—inquiere Elijah con desagrado. Aguantar al primo de James es lo último que le apetece ahora.
—Seguirte en tu huida—responde el rubio. A Elijah le sorprende la calma con la que lo dice—. Sí que corres.
—¿Qué quieres?—vuelve a preguntarle.
—Verás…—Louis cambia el peso de un pie a otro—. Mi tío Harry cree que sabe dónde está esa loca que ha secuestrado a James—explica—. Claro que no nos lo va a decir. Lily, Al y yo hemos pensado…
—¿Buscar la información por vuestra cuenta?—Elijah enarca una ceja y Louis asiente—. ¿Y esperas que os acompañe?
—Bueno, ha sido idea de Lily—aclara el rubio—. Dice que tienes tanto derecho como el resto a venir. En fin… ¿vienes, o no?
Elijah clava la vista en las baldosas blancas sobre las que está sentado. Lo cierto es que acompañar a esos tres chiflados a rebuscar en los archivos de los aurores no es la idea más idílica que se le ocurre, pero por otro lado…
No quiere quedarse sin hacer nada. Quiere intervenir, no ser un mero espectador. Además, está convencido de que, en su cautela, el padre de James retrasará el rescate hasta que esté totalmente seguro de que vaya a salir bien. Y puede que para entonces sea demasiado tarde…
Antes de tomar la decisión conscientemente, Elijah ya ha asentido.
James está agobiado.
Mira de nuevo alrededor y trata de respirar hondo. Un sudor frío cubre su frente y sus labios resecos se separan para emitir un gemido. Sigue en el mismo lugar que cuando se ha quedado dormido. Y eso lo aterra aún más de lo que ya está, y más que esos dos chalados que cuando se aburren practican la maldición cruciatus con él.
La habitación es demasiado pequeña. Si se tumba con los pies apoyados en una pared y estira los brazos por encima de la cabeza, puede apoyar sin dificultad las palmas de las manos en la otra. Y el alto techo que James apenas ve –debe de ser un hechizo; es imposible que un sótano tenga tal altura– no hace sino acrecentar esa sensación de agobio.
Hace dos despertares –sin ventanas, James no puede contar los días ni las noches– que lo llevaron ahí. El joven no sabe por qué, pero quiere volver a su antigua prisión; tanto es así, que incluso agradece que lleguen los dos locos para torturarlo, porque al menos también le traen algo de aire fresco al abrir la puerta.
James nunca había tenido excesivos problemas con su claustrofobia. Alguna que otra vez se ha quedado encerrado, pero siempre ha salido antes de dejarse dominar por el pánico. En cambio, ahora está temblando de arriba abajo y tiene ganas de aporrear las paredes, de gritar y de llorar a partes iguales. Por Merlín, puede soportar que lo secuestren y lo torturen, pero estar encerrado en tan poco espacio es demasiado horrible.
Cierra los ojos, intentando olvidar el lugar en el que está, pero el aire caliente y viciado de la habitación no se lo permite. Se pregunta si acabará asfixiándose por respirar tanto y gastar el oxígeno de la habitación y aprieta los puños hasta clavarse las uñas en las palmas de las manos.
Es entonces cuando la puerta se abre. James se estremece al mismo tiempo que nota un soplo de frescor en el rostro. Abre los ojos y ve a un hombre enorme, rubio, que lo observa durante varios segundos con una bandeja.
—No es personal—le asegura. James aparta la mirada y nota un nuevo escalofrío—. Debes de tener hambre—comenta.
—Quiero volver donde antes—musita el joven. Tiene la voz ronca y se le quiebra dos veces. Detesta rebajarse de esa manera al suplicar. Pero esa habitación va a acabar con él—. Era más grande…
El hombre sacude la cabeza.
—Siento no poder complacerte, pero aquí tus gritos no llegan hasta arriba.
Dicho esto, deja la bandeja junto a James y sale de la habitación.
El joven mira la comida durante unos minutos. Luego decide que es una pérdida de tiempo comer para después vomitar.
—Han robado la caja.
Roxanne observa a su superior, impasible. En su cerebro artificialmente vacío no hay espacio para la culpabilidad. Además, era lo lógico. La voz se lo susurra, haciendo que se sienta mejor. Todo esto tiene un sentido. Claro que sí.
—Ha sido Potter, seguro—gruñe su compañero.
—Albus no lo haría—interviene Rox.
—¿Entonces por qué no ha venido? Es obvio que ha sido él; su hermano está secuestrado por los que tienen la caja. Y nadie salvo los inefables tiene acceso a la sala en la que está.
Roxanne recuerda que Lina murió ayer, pero no dice nada. No sería bueno que supiesen que ha sido ella, y puede que defendiendo excesivamente a su primo atraiga alguna que otra mirada.
Sin duda, son Louis y Lily quienes llevan la voz cantante Albus está demasiado ausente como para participar demasiado en su empresa, y Elijah aún no está del todo convencido de que colarse en el Cuartel de Aurores para cotillear documentos confidenciales sea una buena idea.
No tienen problemas al aparecerse en el Atrio, que está completamente desierto. Toman el ascensor hasta la planta en la que está situada el Cuartel, y ahí es donde encuentran el primer obstáculo. Un guarda apostado en la puerta.
Los cuatro jóvenes se esconden tras la esquina y se miran. Albus sacude la cabeza y clava la vista en el suelo.
—La capa—susurra Lily con aire triunfal—. Al, ¿la tienes?
Su hermano asiente, distraído, y la saca del bolsillo de su túnica. Elijah lo mira durante varios segundos, preguntándose si él también estaría así en el caso de que James…
—Voy yo—decide Louis, cogiendo la capa.
—Te acompaño—barbota Albus de repente, para sorpresa de todos. Él parece darse cuenta, porque agrega—: Sé dónde están exactamente, papá me lo dijo cuando me trajo de pequeño…
A Lily no le apetece perderse la emoción, pero finalmente se resigna y se queda esperando con Elijah. A ninguno de los dos se le ocurre qué decir.
—No me puedo creer lo de Al—musita ella entonces—. Lina murió ayer. Está destrozado. Y aun así, fue quien propuso que viniéramos. Para hacer algo por James.
Elijah suspira.
—Cuantas menos cosas tienes que perder, más puedes arriesgar—razona. Se estremece al pensar de nuevo en James—. Minna está loca—comenta.
—Lo sé—replica Lily—. La voy a matar—agrega en voz baja. Elijah la mira sorprendido.
—No serías capaz…
—¿Tú crees? Ha secuestrado a mis dos hermanos y ha convertido a Al en una especie de inferius con voz. Intentó matar a Louis y asesinó a Lina. No quiero que haga más daño.
—Para eso está Azkaban—replica Elijah, alarmado. No es que no le atraiga la idea de devolverle a Minna todo lo que les está haciendo, pero lo que Lily plantea es una locura.
Unos gritos ponen fin a la conversación. Los dos jóvenes se asoman y descubren, horrorizados, que el guarda ha descubierto a Louis y Albus. Ninguno de los dos puede atacarlo, porque el hombre es tan ducho como tres personas; se limitan a defenderse.
—¡Bajad las varitas y nadie saldrá herido!—les advierte.
En lugar de meditar la advertencia, Lily echa a correr hacia ellos.
—¡Desmaius!
El guarda repele el hechizo casi con pereza. No obstante, de alguna manera acelera el rayo de luz, que va a dar a la pared y hace un oscuro agujero.
—¡Expelliarmus!—exclama Louis, que se ha quedado en un rincón, moviéndose para acercarse al resto.
Esta vez, cuando su oponente desvía el hechizo, éste rebota de vuelta al rubio. Elijah ve cómo el encantamiento impacta en el pecho del joven, que sale despedido hacia atrás, hasta que choca con un escritorio a unos metros de él. Resbala hasta el suelo y se queda inmóvil.
—¡Vámonos!—exclama Albus, esquivando como puede un nuevo ataque.
Lily se dispone a acercarse a Louis, pero se ve obligada a cambiar de dirección cuando un hechizo le pasa a unos centímetros del largo pelo rojizo. La joven se vuelve al guarda y le lanza un maleficio que el mago esquiva con elegancia, dirigiendo a la pelirroja una mirada de suficiencia que hace que su rostro se encienda de la rabia.
—¡Pedazo de…!
Elijah aprovecha para acercarse a Louis, que está consciente, aunque demasiado aturdido como para moverse.
—¡Cógelo y vamos!—exclama Al, mirando también a Lily.
Sin esperar a escucharlo dos veces, Eljiah agarra a Louis del brazo y se desaparece del Ministerio.
Albus tarda un poco más en irse, principalmente porque tiene que encargarse de Lily, que está fuera de sí por la mofa del guarda. Se ve obligado a aturdirla antes de desaparecerse con ella.
Se materializa en el piso de su hermano. Apenas se ha asegurado de que su hermana no se haya escindido cuando escucha pasos acercándose a él. Milésimas de segundo después, Elijah aparece por la puerta del dormitorio.
Los apunta con la varita, pero la baja al descubrir quiénes son.
—¿Qué le ha pasado?—inquiere, acercándose a Lily.
—Nada, la he aturdido—responde Albus, aún intentando recuperar el resuello—. ¿Y Louis?
Elijah gruñe a modo de respuesta y vuelve a la habitación, donde Louis está intentando incorporarse en la cama. Tiene una brecha en la cabeza de la que brota sangre que mancha su pelo, su ropa y las mantas. Elijah alza de nuevo su varita y se acerca a él, pero el rubio se aparta como puede.
—Deja de hacer eso—se exaspera el ex Slytherin—. Sólo voy a cerrártela, ni siquiera te haré daño.
—No hace falta—refunfuña Louis, que parece estar deseando cualquier cosa antes que permitir que Elijah lo cure.
—Como quieras—replica él, harto ya. Está bastante irascible desde que James desapareció—. Desángrate; iré a tu entierro y bailaré sobre tu tumba.
Louis suspira, resignándose, y deja de intentar apartarse.
—Mientras no me pinches nada…—murmura, como para sí. Elijah pone los ojos en blanco y pasa la varita sobre la herida—. Sigo sin entender por qué no podemos ir a San Mungo.
—Porque hacen preguntas—responde Albus. Acaricia el pelo de su hermana, a la que ha dejado en la cama. Louis se fija entonces en Lily.
—¿Qué le ha pasado?
—Que tiene demasiado genio—Albus baja la vista. Conforme la adrenalina se retira de su torrente sanguíneo, los sentimientos que lo atormentan desde hace tiempo vuelven con más fuerza.
—Mañana seremos noticia—murmura Lily entonces, aún sin despertar del todo. Mira a Louis, que está cubierto de sangre, y al verlo bien decide no preguntar. En su lugar plantea otra cuestión—: ¿Lo habéis averiguado?
Los tres saben a lo que se refiere, pero es Louis quien responde:
—En Dover. Cerca de los acantilados.
Albus recuerda las dos veces que ha ido a esa ciudad cuando era niño, con sus padres y sus hermanos. Se pregunta si James la habrá reconocido. Luego se pregunta si James está en condiciones de reconocer algo. Se obliga a pensar en otra cosa.
—¿Cuándo vamos?—inquiere Elijah entonces. Al lo mira sorprendido. Normalmente, el joven es más prudente.
—Mañana—propone Lily.
—No—interviene Al—. Mañana es el funeral de Lina.
Un pesado silencio cae entre los cuatro jóvenes.
—Pasado, entonces—sugiere Louis, evitando mirar a su primo a los ojos.
Todos se muestran de acuerdo.
—Vaya—Minna observa la caja, de nuevo en su poder. Bueno, en poder de Augustus Rosier—. La imperius, ¿eh? ¿Por qué precisamente en ella?
—Porque nadie sospecharía; tiene cara de mosquita muerta—responde su amigo—. He estado revisando la caja y su interior y… podemos hacerlo. Lo haremos. Cuanto antes, mejor. Pero… tú también querías traer a alguien, ¿no?
Minna se muerde el labio. Recuerda lo que le dijo a Ludwig, lo que hicieron… Maldita sea, ahora que ha llegado el momento tiene dudas. No sabe si traer a Axel es lo correcto. Después de todo, y aunque se odie por ello, se ha acostumbrado a su ausencia y no sabe si podría volver a alegrarse de tenerlo siempre a su lado.
Mira a Lud, cuyo rostro permanece impasible.
—Haced con ella lo que os plazca. Yo puedo esperar.
Rosier sonríe y asiente antes de desaparecer por el pasillo.
—¿Por qué?—inquiere Ludwig, sorprendido.
Minna lo mira.
—No lo sé. Pero ya no lo tengo tan claro—se refugia en sus brazos. Axel cada vez es algo menos indispensable.
—Tendremos que darle una bienvenida en condiciones al Señor Tenebroso—comenta Lud entonces.
Elijah lee El Profeta riendo entre dientes.
Es una suerte que no los identificaran anoche, piensa. Aparentemente, los aurores no le han dado mayor importancia al caso, pero el joven duda que eso sea cierto. Deben de estar moviendo cielo y tierra para averiguar quién estuvo rebuscando entre archivos confidenciales.
Se muerde el labio, mientras su mente vuelve a James. Cada vez que piensa en él le cuesta más convencerse de que está bien. Es imposible que lo esté, siendo Minna su captora. Elijah cierra los ojos y vuelve a abrirlos, cansado.
Con un poco de suerte, piensa, esta tarde se acabará todo. Sacarán a James de donde está, atraparán a Minna y todo volverá a ser como antes.
Incluso en su cabeza, le cuesta hacerlo sonar creíble.
Notas de la autora: Pobrecito James… Aunque he de decir que en un espacio tan pequeño me agobiaría hasta yo. En fin, creo que con este fic estoy de un sádico que no me aguanto... pero esto debería callármelo.
Así pues, centrándome, ¿qué tal? ¿Os ha gustado, queréis matarme? ¿Un algo? ;)
