Nota de Autor:

No tengo perdon de Dios, es todo lo que puedo decir (?). Y no tengo defensa esta vez, no, en serio. Prometí subir la segunda parte una semana despues, allá por los albores del 31 de Enero, pensando que no iba a tardar más de lo esperado y podria seguir con el capitulo 4. Me equivoqué. Primero porque, a pesar de mis esfuerzos de hacer este capitulo lo suficientemente consiso y necesario, no he podido lograrlo, me he pasado de la raya. Segundo, entre la busqueda infructuosa de trabajo y otros menesteres, cofcofver-las-10-temporadas-de-Supernaturalcofcof, no me di suficiente abasto.

Lo que puedo decir con certeza es que este capitulo es Ichiruki al casi 90% (?), ya saben, uno no puede simplemente no meter a otros personajes entre ellos xD. Lo unico que espero realmente es que no me halla salido con demasiado OoC, de todas maneras, estaré editando el capitulo durante la semana si es que mi beta no se desmaya ante las 115 páginas que le voy a enviar de porrazo (SÍ, son 115 paginas de este capitulo).

Tengo una pregunta que queria hacerles: ¿Les gustaria saber el soundtrack de este Fanfic? Lo digo porque, en realidad, suelo escribir con musica y he visto varios Fanfics que tienen su Soundtrack so, ¿les gustaría?


DISCLAIMER: Bleach no me pertenece. Todos los derechos de autor los tiene Tite Kubo quien nos da imagenes shockeantes como el pequeño e inofensivo intercambio de palabras entre Rukia y Aizen. Gracias por eso, de verdad.

DEDICADO a Jailys-sama, jessiepersona92, Otonashi Saya y su por sus reviews :3 En serio, muchisimas gracias!


CAPÍTULO 3

TIERRA DE NADIE

PARTE II

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"Las personas fueron creadas para ser amadas. Las cosas fueron creadas para ser usadas. La razón por la que el mundo está en caos, es porque las cosas están siendo amadas y las personas están siendo usadas." John Green.

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7.-

Una semana antes…

Esa noche no había habido pesadilla. O eso es lo que su cansada mente le decía.

Ichigo Kurosaki sentía el cuerpo agarrotado, los ojos hinchados por alguna maldita razón, probablemente él haciendo el idiota llorando como una nena por su mamá, y una suave presión sobre su mano derecha, como si hubiese alguien acariciándola tiernamente, diciéndole que todo iba a estar bien. Por un magnifico momento, se transportó a los años en los que su madre aún seguía respirando y recordó el primer momento en el que tuvo miedo.

Las luces estaban apagadas, él podía sentirlo. La oscuridad nunca le habia gustado del todo y menos en momentos como ese.

¡Ichigo! ¡Despierta, Ichigo, despierta!

La voz de su madre, ¿por qué se escuchaba tan distorsionada? Entre la negra bruma de sus sueños, Ichigo intento encontrarla, gritando su nombre fuerte y claro. Pero su voz se habia ido, dejándolo desamparado y con un nudo fuertemente apretado en su tráquea. No podía respirar. No podía ver nada entre la espesa niebla… ¿o era que no podía ver? Comenzó a hiperventilar ante esa posibilidad. Se habia quedado ciego, ¿verdad? Es por eso que no podía ver ni decir nada.

Ichigo… erta… bebe… miedo… no… ta…

"Mamá" gritó mentalmente el pequeño Ichigo, pero nada surtió efecto y no pudo hacer nada ante los suaves susurros de esa voz querida desapareciendo de la faz de tierra. Y por un momento, por un ínfimo momento, el niño creyó firmemente que no la volvería a ver, que, si estaba perdiendo uno a uno sus sentidos, entonces quizá ella no volvería a su lado. "¿Estoy muriendo?" le pregunto al vacío.

Y este le contestó:

"No. Solo estás dormido, profundamente dormido."

Ese susurro, a comparación de la lejana voz de su madre, podía escucharlo fuerte y claro. Grave, ronca y algo desquiciada; así sonaba, como si estuviese maquinando algo sumamente horripilante con solo pensarlo. Fue entonces cuando la visión de Ichigo se aclaró y vio, a lo lejos, una silueta desconocida abriéndose paso ante el espeso aire de sus pesadillas. Por algún motivo, esa figura le trajo calma pero también, desesperación. Porqué él era un niño inteligente y sabía, demonios, que si ese hombre llegase a tocarlo, nunca despertaría. Y el nudo en su garganta siguió creciendo, haciéndole difícil respirar cada vez más.

"Tienes que dejar de tenerme miedo, Ichigo"

El pequeño no le contestó, simplemente se dejó caer en el piso, respirando con dificultad, sintiendo sus pulmones quemar ante la falta de oxígeno mientras se tapaba los ojos con las manos. No quería ver, ni oír, ni sentir. No quería contestarle a ese sujeto.

"No vas a despertar, lo sabes."

Y el oxígeno paró de llegar a sus pulmones.

El pequeño Ichigo observo cómo la silueta de este hombre se acercaba cada vez más. Iba a morir, era seguro. Y ni su madre ni nadie lo sabrían. Simplemente habría muerto durmiendo y no, no podía concebir esa idea porque él quería seguir viviendo. Quería tener un futuro con su madre a su lado, siempre llevándola de la mano a sus logros. Quería ser médico, cómo papá. Desear algo con tanto esfuerzo nunca fue demasiado difícil. Sintió su cabeza pesada, por lo que tuvo que dejarse caer sobre el húmedo suelo de ese lugar. Sus ojos lagrimeaban, su nariz pedía a gritos abrirse y captar todo lo que su cuerpo pudiese tomar mientras boqueaba para intentar hacerlo, sin lograrlo. El nudo le tapaba la tráquea por completo. No podía hablar, ni ver, ni escuchar. La voz del hombre desapareció ante la llegada de un extraño zumbido que venía desde dentro, al parecer su cerebro sabía exactamente lo que iba a suceder.

Entonces, lo sintió.

El tacto suave y tierno de una mano sobre la suya, pidiéndole en ese antiguo lenguaje que no aun no era su tiempo, que ese mundo aún lo necesitaba. Él le creyó. Cerró sus ojos y empezó a gritar mentalmente "No quiero morir. No quiero morir. No quiero morir. No quiero morir ¡No quiero morir! ¡No quiero morir!"

"Tienes que morir" susurró la voz del hombre de negro.

"¡No voy a morir!" gritó él, sintiendo una ráfaga de aire puro sobre su nariz y aspirando de forma brusca.

¡Ichigo! ¡Dios mío, hijo! ¡¿Estas bien?! ¡Cómo te encuentras! ¡Ichigo responde! —el terror de Masaki era prácticamente palpable en cada tono de su raspada voz.

El niño miró a su alrededor. Estaba en su dormitorio con su estampado de nubes. A su lado, Ryuuken Ishida revisaba con un estetoscopio su desnudo pecho que subia y bajaba rápidamente. Pudo sentir dolor en alguna parte de éste y lo atribuyo al sueño. Fue entonces cuando la voz de Ishida, fuerte y clara, se escuchó en su pequeña habitación.

Ichigo, ¿cómo te encuentras? ¿Puedes hablar?

Él meneo la cabeza. Aún no podía encontrar su propia voz, quizá mañana.

Ishida se levantó y fue directo a su escritorio, cogiendo un lápiz de color rojo con una hoja de papel usada. Se acercó nuevamente al niño, tendiéndole ambas cosas.

¿Puedes escribir? ¿Sientes tus manos?

El niño afirmó con la cabeza. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se sentó sobre su humanidad en la mullida cama, haciendo muecas ante el movimiento brusco de su pecho. Aún dolía mucho. Cogió el lápiz rojo y comenzó a dibujar la silueta que habia visto. Y la bruma negra. Y el olor a sangre. No sabía si era un efecto de la pesadilla, pero todo le olía a sangre en esos momentos. Se lo escribió debajo del pequeño dibujo mal hecho.

Ishida cogió la hoja, viéndola con detenimiento unos segundos, para luego pasársela a Masaki quien, en honor a la palabra, mantuvo su temple de mujer fuerte, aunque Ichigo pudo ver sus ojos. Eran tormentosos, cómo si se estuviese disculpando por algo que habia sucedido y que él no recordaba. Cuando habló, su voz sonaba como si estuviese a diez mil metros bajo el mar.

Ichigo, solo ha sido una pesadilla. —Y le volvió a acariciar la mano de la misma manera que antes. Ahora entendía porque el tacto tierno le habia despertado, su madre le necesitaba. — Solo un mal sueño, pequeño, todo va a estar bien en la mañana, —sonrió. Pero su sonrisa no era ni la mitad de cálida— ¿quieres salchichas para desayunar? ¿O quizá McDonald's?

Los ojos del niño se iluminaron y luego se apagaron ante el comentario de su tío Ishida.

Es mejor que le tengas en una dieta blanda, Masaki, —susurró— el niño acaba de sufrir un paro respiratorio y, no es por presumir, pero si no hubiese estado aquí hoy…

No lo digas. —Ichigo sintió la caricia de su madre intensificarse— No lo digas. Sé que está mal, es solo… —aspiró rápidamente, buscando aire también— quisiera que esto no le sucediera a él. No a mi hijo.

Por alguna razón, esas palabras sumieron a ambos en un silencio ensordecedor que dejo al niño algo somnoliento porque no entendía a que se debía ese aire tenso y esas palabras extrañas. Habia sufrido una pesadilla, nada más. No era para que hicieran un gran problema de eso, por lo que cogió el lápiz rojo y escribió una frase debajo de la anterior, se la mostró a ambos adultos y ellos suspiraron aliviados.

"McDonald's estaría bien. No quiero dieta."

Mañana hablaremos de eso, pequeño —habló Masaki, acariciándole el cabello con su mano libre. La tierna caricia seguía sobre el dorso de su mano y por dentro, sobre la sensible palma.

Negociaremos lo de la dieta, Ichigo —sonrió amablemente Ishida.

Con eso, les dio una sonrisa cansada y espero a que hombre de negro no lo siguiera de nuevo en sus sueños futuros.

Y esa tierna caricia la sentía en ese mismo momento, así que, con sus sentidos aún dormidos, restregó su nariz sobre esa tela algo dura. ¿Por qué su almohada no estaba mullida? Él siempre intentaba que su cama estuviese lo más confortable posible para poder dormir sin sueños, mejor dicho pesadillas, que lo agobiasen. Era una rutina simple, sin embargo, ¿por qué no la habia seguido ese día? Volvió a restregar el rostro en esa tela y sintió un aire cálido sobre su rostro. ¿Desde cuándo colocaba perfume de lavanda sobre su almohada? ¡Eso era de chicas! ¡Además, él no usaba perfumes! Él nunca…

Lavanda y glicerina.

Ichigo abrió los ojos de manera abrupta y se encontró restregando su rostro en el hombro de Rukia, la mujer que, tenía que recordar todos los días, vivía en su departamento, con él. Y ayer si habia tenido una pesadilla… ¿o era mejor decir hoy? Entonces lo recordó: La horrible pesadez en su estómago, la patada que le hizo vomitarse encima, la pelea en la cocina, Rukia siendo testaruda, la bofetada y el momento de redención. Mierda, habia golpeado a una chica. Se alejó lo más rápido que sus reflejos pudieron, observando con cautela cómo la pequeña chica dormía plácidamente sentada, con la espalda sobre el repostero y aun cogiendo su mano en una suave caricia. La caricia que su madre alguna vez le dio.

Y eso fue todo lo que necesito para deshacerse del ligero apretón de la mujer y levantarse cómo si todo quemara. En realidad, a favor de Ichigo, el calor electrizante que dejaron esos pequeños dedos sobre su dorso solo se intensifico ante el movimiento de su inquilina. Respiró profundamente antes de volver a abrir sus ojos. Todas las cosas que habían sucedido desde que trajo a esa mujer a su casa parecían como un sueño lejano. Algo que le habia sucedido a otra persona totalmente diferente a él porque, ¿cómo se puede explicar que su toque sea bálsamo sobre esas heridas profundas? ¿Cómo se puede explicar que haya podido dormir después del terrible sueño de anoche? Nunca lo hacía, normalmente él vaciaba su estómago en cualquier lugar de la casa y luego encendía la pequeña radio que tenía y escuchaba lo que estuviesen dando a las cuatro de la mañana. Jamás volviendo a dormir porque sabía que las pesadillas lo perseguirían hasta el fin del mundo. Y, sin embargo, contra todo pronóstico, allí estaba: Habia dormido sin malos pensamientos sobre su cabeza solo con sostener la mano de Rukia sobre la suya. "Maldita sea" pensó.

Estaba comenzando a hiperventilar porque no podía ser. Era completamente extraño, inusual y se sentía como si le hubiesen sacado de su zona de confort, esa que tanto tiempo le llevo construir. Su máscara habia sido destrozada por la tozudez de esa pequeña mujer. Literalmente la podía observar sobre el suelo de la cocina, donde aún residían los restos de la taza de té que habían roto.

Y eso le asustaba como la mierda; por lo que, su primer impulso fue largarse de la cocina y encerrarse en el baño.

Una vez que cerró la puerta del cuarto de aseo con cerrojo, se quitó la ropa sudada y empapada de té, se metió a la ducha y dejo que el agua helada de la mañana le despejara la cabeza y esa pequeña erección que habia comenzado a formarse. Cuando la vio, hinchada y en busca de atención, se preguntó, con el deseo formándose en el centro de su vientre, desde hace cuánto tiempo que no tenía algo tan normal como una erección matutina. Desde hace muchísimo tiempo, se dijo a sí mismo. Luego dejó de hacerlo porque el agua helada estaba cumpliendo su efecto. Y porque recabar en eso era pensar, indirectamente, en la menuda mujer que muy probablemente habia provocado esa reacción y que estaba tendida sobre el suelo de su cocina. "No vayas por ese camino, Kurosaki" Gruño al sentir esas mariposas extrañas emerger en su vientre a pesar del agua helada. Al menos algo normal habia sucedido ese día.

En la cocina, con los rayos vespertinos del alba, Rukia abrió los ojos perezosamente.

Mierda, le dolía el cuello. ¿Habría dormido en una mala posición?

¿Y porque cojones sentía la mejilla hinchada? ¿Acaso se habría caído sobre la nieve otra vez? Debía ser eso, demonios. Byakuya iba a estar furioso cuando la viese porque a él no le gustaba que ella no luciera bien en todo momento. Era una mantra que habia aprendido cuando el funeral de su hermana termino con la poca bondad que quizá quedaba en ese hombre.

Abrió los ojos rápidamente.

Su hermano la habia desheredado.

Él la habia abandonado y ese dolor seco en su pecho era la prueba de ello.

Ella habia encontrado a Ichigo hace unas semanas.

Él y ella discutieron.

Ichigo le pegó. El hijo de puta le habia golpeado.

Y luego, se echó a llorar, sacando sus mierdas por todo lo alto.

Rukia pensó que nunca habia visto a alguien más roto en ese momento. Y comprendía perfectamente que no quisiera decir nada. Era obvio, ella tampoco lo haría, de hecho, si él se llegase a enterar de algo, cualquier cosa, su primer instinto seria negarlo completamente. No tenía pensado revelar nada sobre Kuchiki INC, sobre Byakuya, sobre su hermana o sobre el mundo al que una vez perteneció. Porque se tenía que repetir a cada momento que ella era solo "Rukia". Nunca más Kuchiki. No más.

Al no ver al hombre en cuestión por ningún lado, se levantó, sintiendo sus piernas agarrotadas y esquivando los trozos de la taza de té. Tendría que regresar a limpiar el desastre de la noche anterior pero, ante todo, el aseo personal. Por algún motivo sentía un ligero cosquilleo en su hombro, como si estuviese dormido, ¿esa parte del cuerpo podía sufrir calambres? Supuso que lo averiguaría cuando los hincones pasaran. Siendo sinceros, se sentía como la mierda.

Y ese olor a hombre que se le habia impregnado en su camiseta le estaba mareando considerablemente.

"Una ducha, urgentemente" pensó, mientras caminaba hacia su dormitorio. Al pasar por la sala, escucho el agua cayendo. Ichigo habia tenido la misma idea que ella, al parecer, con eso en mente, se dirigió a su alcoba, cerrando la puerta con cerrojo en el proceso. Cogió sus útiles de baño y se dirigió al privado que tenía ese pequeño cuarto, arrancándose la camiseta en el proceso; sin embargo, antes de lanzarla hacia ningún lugar, la llevo nuevamente a su rostro, intentando ver qué tipo de perfume era. Quizá podría llevarla a la lavandería que habia frente al edificio. O también podía quemarla, lo que sucediera primero.

—Ni idea, —suspiró, lanzando esa camisa sobre la cama— tendré que quemarla.

Con eso, se metió a la ducha, todavía con el aroma de hombre revoloteando sobre su pequeña nariz.

Cómo odiaba ese tipo de olores, le hacían pensar demasiado en cosas que no estaba segura del todo.

Su ducha no fue tan reparadora como habría querido. Ichigo, maldito sea, al parecer habia gastado más agua de la que tenían y ella habia enjabonado todo su cuerpo de manera rápida y enjuagado cómo si la estuviesen persiguiendo. Se iba a vengar de él por esto. Y por lo de su mejilla. Mientras intentaba que no quedase ningún lugar por enjuagar de su jabón de glicerina, comenzó a pensar en las pocas veces que habia pasado la noche con un hombre. O mejor dicho, las nulas veces que lo habia hecho.

Se sonrojo ante su pensamiento y quiso golpearse la cabeza contra los azulejos de la ducha. ¡Era una idiota! Claramente Ichigo la habia dejado dormir en el suelo porque no le interesaba en lo más mínimo lo que pudiese pasarle, si se hacía una contractura en el cuello, allá ella. Si se rompía una pierna al resbalar con el agua del té, allá ella. Si le daba esclerosis por pisar vidrios con la planta de sus pies descalzos, allá ella. Porque no entendía, en serio que no. Y, ahora que lo pensaba con detenimiento mientras se enjuagaba el cabello, no quería saber.

Y entonces el shampoo, malditos fueran los que inventaron esa cosa infernal que te deja ciego en cuestión de segundos y arde peor que los infiernos de satán, se le metió al ojo y quiso golpear al hombre que se estaba acabando el agua con todas sus fuerzas.

—¡Ichigo! —gritó.

Evidentemente, nadie le respondió.

Los hilos de agua que caían eran cada vez menos y ella estaba tentada a romper a patadas la puerta del baño principal, sin importarle que el hombre estuviera en cueros o no, y cerrarle la perilla de la ducha. Sin embargo, y gracias a la bendición del que esté allá arriba, de la nada, la fuerza del agua aumento lo que quería decir una sola cosa: El hombre habia terminado con su ducha reparadora. Claro, ella realmente esperaba que la hubiese disfrutado, porque de ahora en adelante propondría un sistema de horarios para el baño. Ella siempre se levantaba a las seis de la mañana. Si él se bañaba en la casa del vecino, era su problema.

"Sí, será mejor que ponga algunas reglas de convivencia o terminaré matándolo…" Pensó, mientras terminaba de sacar el shampoo de su cabello y de su ojo derecho.

Al terminar, se enfundó en una toalla lo mejor que pudo, dejando que su cabello volviese a mojar su espalda y pecho. Se miró al espejo y juro por sobre todas las cosas, incluso el mismo lucifer, que se vengaría de Ichigo por haberle dejado con un ojo completamente rojo. Iba pensando en algunas reglas para poder repartirse las tareas del hogar cuando escucho el sonido de algo friéndose, del movimiento de pies y un incomparable olor a bacon frito. Rukia suspiró, al menos el hombre habia tenido la decencia de hacer el desayuno y lo mataría mil veces si no se lo habia preparado a ella también, aunque se lo esperaba e iba preparada para soltarle algunos insultos e ir a comer a algún restaurante porque, siendo sinceros, no tenía ganas de cocinar.

Termino de arroparse en un suéter grueso de cuello de tortuga y unos pantalones caqui, luego se secó el cabello lo mejor que pudo y camino hacia la cocina, de donde se escuchaba una melodía conocida y que le hizo alzar una ceja. "Así que el hombre es un romántico…"

Se quedó mirando en el rellano de la cocina y vio cómo el hombre freía varias tiras de bacon y las ponía sobre unos platos que ya estaban llenos de huevos fritos, tostadas embadurnadas de la única mermelada que existía en esa casa y, por supuesto, el inconfundible olor del café recién hecho. La cocina estaba impecable, prácticamente no quedaba rastro del desastre de la noche anterior así que al menos algo bueno habia hecho Ichigo. Rukia sabía que tenía que decir algo, lo que sea, un "buenos días" seria genial, por ejemplo, pero estaba completamente anonadada por la idea de un hombre cocinando el desayuno. Un desayuno para dos, al parecer. No se habia olvidado de ella. Cerro los ojos, sintiendo como su mejilla latía un poco, y recordó las pocas veces que su hermano habia hecho lo mismo por Hisana. Desayuno en la cama, lo llamaba ella mientras sonreía y unas canciones de Frank Sinatra inundaban el gran apartamento de la avenida Madison. El entrecejo de Rukia se frunció mientras recordaba algunos buenos momentos y la canción seguía tocando en el envejecido tocadiscos.

Oh lovemaker, oh lovebreaker my darling's out tonight. Lovemaker, please don't take her out of my mind.

Oh, lovemaker, oh lovebreaker don't let it hold it tight. Lovemaker, please don't take her…

La melodía se interrumpió ante el sonido de la sartén cayendo intempestivamente sobre el fregadero. Rukia abrió los ojos, parpadeando ante el susto del sonido y vio como el chico de cabellos naranja la miraba como si hubiese visto un fantasma. Uno realmente feo, a decir verdad.

Ichigo, por otro lado, era un desastre emocional andante. Claro, no es como si lo demostrará en sus facciones pero podía sentir el nudo en su garganta hacerse más fuerte conforme iba viendo la pequeña silueta de Rukia sobre el rellano, para luego hacerse sencillamente insoportablemente doloroso hasta el punto de necesitar aire al ver la mejilla de la chica hinchada por lo sucedido la noche anterior. La canción de Frank Fafara cambio a otra del disco principal, uno que, personalmente le gustaba bastante debido a que su madre habia tenido el buen tino el de comprarlo en cuanto habia salido al mercado, hace ya muchos años atrás. Era uno de esos pequeños recuerdos que le gustaba atesorar y sacar de vez en cuando.

Escuchó a Rukia carraspear, haciendo que él saliera de ese trance estúpido en el que solo la veía como si hubiese visto a un espectro espantoso.

Only in my dreams, only in my dreams, only in my dreams…

—Así que… —susurró Rukia— ¿te gusta Frank Fafara?

Ichigo aclaró la garganta. Tiempo de dejarse de estupideces.

—Sí, es un álbum algo antiguo pero era de… —y esa presión volvió a aparecer en su garganta; sin embargo, pudo superarlo sin que se notara demasiado las emociones sobre su rostro— de mi madre. A veces lo escucho.

—Oh. Ya veo.

Rukia vio cómo el chico intentaba llevar los platos de las tostadas, el del bacon con huevo y las tazas al mismo tiempo. Se acercó sigilosamente, para luego quitarle el plato con los huevos y una taza de café.

—¡Oye!

—Te ayudo, idiota, agradéceme después. Tengo hambre.

Ichigo vio con el ceño fruncido cómo la pequeña chica caminaba hacia la sala comedor, mientras el disco de Frank Fafara estaba tocando sus últimas canciones.

Era un poco surrealista estar sentados en esa pequeña sala, compartiendo un desayuno que las veces pasadas habían estado rodeados de pullas, insultos y mucha indiferencia. Ahora, Ichigo sentía que sus barreras habia sido removidas, que Rukia podía ver la figura completa de su alma y eso le aterrorizaba por una parte; y, por la otra, bueno, creo que fue muy consciente que la otra parte estaba muy agradecida con ella por hacerlo. Y la muchacha lo notaba, claro que sí, era como estar viendo a una nueva persona sentada frente a ella, con otros matices. Era un nuevo Ichigo. "No es como si hubiese conocido al anterior tan bien, de todas maneras" Se dijo.

El silencio era roto por las notas del tocadiscos pero ni una palabra salía de ambos, solo mordiscos, trémulos por favor y gracias al pasar las tostadas y pequeños tintineos producidos por las tazas de café subiendo y bajando, golpeando la mesa. Y, sin embargo, no habia tensión, no que ninguno de los dos la sintieran. Era cómo una paz autoimpuesta por ambos.

Ichigo no quería tratar el tema; Rukia, al parecer, estaba de acuerdo. Y el silencio fue lo único que los acompaño hasta que la pequeña chica decidió que eso ya se estaba convirtiendo en una competencia sobre quien se siente más culpable a la mañana siguiente de haber asesinado a alguien.

—Esto es ridículo —espetó, dejando la taza de café abruptamente sobre la mesa.

Ichigo la observó confundido, mientras levantaba una ceja.

—¿Qué cosa? —preguntó.

Rukia hizo un ademan extraño con los brazos, como si quisiera abarcar toda la habitación con ellas.

—¡Esto! Yo… —suspiró— Hoy casi me dejaste sin agua en la ducha, Ichigo. Tenemos que hacer turnos para el baño. De hecho, —habló, viendo cómo el chico fruncía el ceño e intentaba rebatirle— creo que deberíamos poner algunas reglas.

El chico de cabellos naranjas soltó un bufido exasperado.

—¿Reglas, dices?

Ella asintió solemnemente.

—Primero, un horario adecuado para el baño con un tiempo límite para que el agua alcance para ambos. —Le señalo su ojo derecho— Hoy me ha entrado shampoo al ojo y he tenido que hacer un milagro para que me alcance el agua al enjuagarme. Te juro que si me vuelves a hacer algo así, no me importará que estés desnudo, entrare al baño y te cerrare la perilla del agua. O peor, jalare la palanca del baño.

Y después de todas esas palabras, Ichigo tenía el rostro algo colorado. ¿Rukia quería meterse al baño mientras él estaba…? "No vayas por ese camino". Tendría que empezar a amonestarse mentalmente al hacer ese tipo de acusaciones porque si no empezaría a andar de manera extraña por la calle. No es que nunca hubiese tenido una fantasía en específico, no era muy común en él pero, al parecer, esa mañana habia descubierto otra cosa de sí mismo que le sorprendía sobre manera: Tenía un fetiche con las duchas, o algo así. Y tuvo que darse una cachetada mental para regresar al mundo de los vivos porque la enana lo miraba expectante, esperando su reacción a las supuestas "reglas" que ella habia empezado a imponer.

Reglas en su apartamento. Ni de coña.

—Definitivamente no. No habrá reglas.

Ella le miró de forma desafiante.

—¿Quieres apostar?

—Es mi lugar, Rukia, si alguien debería poner las reglas, ese sería yo.

La chica hizo un mohín imperceptible. Lástima, él si lo noto.

—De igual manera, pienso que nos ayudaría a sobrevivir porque, ¿en serio, Ichigo? ¿Bacon con huevos otra vez?

—Hey, perdón si su alteza solo desayunaba caviar y mini sándwiches, o lo que sea que comías antes, pero en esta casa, los mortales comen bacon con huevos o salchichas con huevos o…

—O cualquier combinación que lleve huevos. —Resopló, aburrida— ¿No tienes huevos para comprar otra cosa que no sean… "huevos"? —hizo énfasis en la última palabra.

E Ichigo no podía estar más sorprendido.

—No sabía que una chica pudiese hablar groserías.

—No sabía que un hombre comiese tantos huevos al día, pensaba que iba en contra de su ética masculina o algo así.

El chico frunció el ceño nuevamente.

—¿Ética masculina?

Rukia esbozó una pequeña sonrisa y, por un momento, Ichigo pudo ver un brillo peculiar en los ojos de la morena, un brillo que no le habia visto nunca demostrar. Algo que sabía estaba relacionado con su antigua vida, esa de la que no hablaba y de la que prefería mantener en una coraza hermética. En ese sentido la comprendía, pero no podía dejar de pensar que realmente, realmente le gustaría que ese brillo se lo dedicara a él…

"Y ahora debo darme unas cuantas cachetadas y aterrizar en la realidad. Ichigo, despierta."

—Nada, es solo que… —la voz se le fue apagando, para luego carraspear y sonreír. Sin embargo, Ichigo notó que esa sonrisa no era del todo sincera— No importa. Ética masculina o no, necesitamos hacer las compras o nos dará alguna enfermedad relacionada por comer tantos huevos. Salmonela, quizá.

Ichigo bufó exasperado. Él sinceramente odiaba a las personas que creían que la medicina era solo "tienes una enfermedad, lo curas con esto y ya está". No, era más grande, era un mundo nuevo, algo que a él siempre le habia llamado la atención; no por su padre, sino por ser algo más que un simple nombre.

—Primero, no nos vamos a morir ni nos va a dar ninguna enfermedad de ese tipo porque yo hiervo bien los huevos cuando los cocino y los frío de igual manera. Compro en un lugar seguro que viene embolsado, y, por si aún no te has dado cuenta, los lavo antes de meterlos a la refrigeradora. Con agua hervida.

—Igual pienso que mucho de eso nos está haciendo mal.

—A lo mucho tendremos un incremento en el hierro en nuestro cuerpo pero no lo hemos consumido de una manera excesiva que pueda afectar el metabolismo, no seas exagerada.

Rukia aún pensaba que tenía una obsesión con esas esferas rosadas pero esa discusión no estaba llegando a nada.

—Mira, solo quiero tener surtida la refrigeradora, ¿bien? Solo tienes un tipo de mermelada, Ichigo. Uno. —Hizo énfasis levantando su dedo índice.

Ichigo realmente no veía el problema en ello.

—¿Y?

Rukia bufó exasperada.

—¡Al menos puedes comprar dos, ¿no crees?!

—¿No te gusta la mermelada de fresa?

—Sí, pero podriamos tener de otro sabor más para variar. Además, ¡No tienes mantequilla! ¿Quién en su sano juicio come tostadas sin mantequilla?

El chico soltó una risa seca, sonriendo. Ahora sí que se estaba divirtiendo.

—¿En serio me estas retando por no tener mermelada de otro sabor o mantequilla? ¿De verdad estamos teniendo esta conversación?

Sonaba surrealista, ya lo habia dicho.

Era como si volviera a la rutina. A los tiempos cuando su madre le preguntaba qué tipo de mermelada deseaba para esa semana y ella le traía de todos los sabores que él pidiese. Cuando ella murió, Ichigo solo se quedó con la de fresa y Ryuuken nunca insistió, así que fue fácil hacerse a la idea desde los nueve años. Es por ello que conversar de eso, en la mesa, como si fuesen familia, le hacía sentirse extraño. Realmente extraño, cómo si un peso estuviese saliendo de sus hombros.

—Sí, Ichigo, porque no sé cómo has cuidado de ti mismo todos estos años comiendo solo huevos y mermelada de fresa. —dijo con voz neutra pero teniendo un montón de sentimientos encontrados en su cabeza.

Ella siempre habia tenido todos los tipos de mermelada que quisiese, incluso aunque tuviese que desayunar sola sin nadie con quien hablar, o en un escondite, lejos de los enemigos de los Kuchiki, o en casa de Kaien, o con Renji. Al final, siempre terminaba desayunando sola por una u otra razón. Porque la vida de un Kuchiki se limitaba a permanecer fuera del alcance de sus enemigos y, al mismo tiempo, atacar cómo una víbora, esparciendo su veneno, arruinando la madera. Kuchiki, que significaba madera podrida. Ella sabía desde tiempo atrás, que estaba podrida. Ella y Hisana lo estaban. Es por ello que le parecía tremendamente extraño compartir el desayuno con ese hombre de cabello naranja y que, al parecer, él no tenga ningún papel sobre la mesa o algo que lo distraiga de la conversación que estaban teniendo.

Y eso la confundía, porque nunca nadie se quedó hasta el final con ella. Solo Ichigo.

—Enana, escucha…

—No me llames enana, imbécil.

—Como sea, gnomo, —escucho sus puños crujir y eso solo lo motivo a seguir dándole lata— si vamos a hacer esto, lo de las reglas quiero decir, tenemos que poner algunos límites. Primero, y no me interrumpas, —la chica cerro la boca, desafiándolo con esos enormes ojos— no entraras al baño cuando lo esté utilizando yo. Bajo ninguna circunstancia.

Ella bufó, divertida.

—¿Temes que te quite tu virtud?

El chico sonrió lobunamente.

—Temo dejar ciega a una niña de once años.

Ichigo sabía que se lo habia buscado. Lo sabía y valía la pena esquivar ese plato de tostadas que habia pasado volando muy cerca de su cabeza. Se divertía a lo grande haciéndola enfadar.

—Vuelve a decir eso y te juro que apuntare a esa virtud que tanto proteges. —masculló con los dientes apretados.

—No te creo.

—¿En serio? —Oh, si ella le contará la de veces que dejo a Renji cantando cómo marinero se lo pensaría dos veces antes de insultarla de nuevo de esa manera. Kuchiki o no, ella tenía un orgullo propio que defender— ¿Quieres apostar?

El siseo de la morena subió por la espina dorsal de Ichigo y él se preguntó si ella estaría hablando en serio. Su mirada, su pose aristocrática, esa nariz respingona y el labio elevado: todo ella era la representación de la alta alcurnia, de lo mejor y lo más costoso pero, aún así, la mejilla hinchada daba una perspectiva única, de algo que habia sido roto o que lo estaba. El chico sabía que Rukia cumpliría su amenaza, lo sabía, pero le gustaba tanto hacerla enojar porque era romper esa pose estirada que siempre cargaba consigo. Era ver a la mujer real que habia tras esa mascara.

"Al final, no somos tan diferentes de lo que pensaba"

—Mira, solo no entres cuando yo estoy, ¿de acuerdo? Así nos evitaremos problemas —"Yo me evitare esa sensación extraña y tú, un susto de muerte con mis cicatrices". Instintivamente, el chico presionó su estómago bajo la mesa y el desayuno le subió por la garganta. Mala idea.

La chica lo miro, curiosa. No entendía porque tanto pudor con su cuerpo, ella habia visto a Renji en cueros alguna que otra vez y no es porque fuese una pervertida como él aseguraba con tanto fervor sino que, rayos, ¿cómo evitar ver a alguien semi desnudo en una piscina? Era prácticamente imposible. "La curiosidad mato al gato, Rukia" insistió mentalmente, asintiendo con la cabeza mientras miraba cuidadosamente al hombre frente a ella. De un momento a otro, se habia cogido el estómago y su rostro habia cambiado drásticamente de color, de un rosado natural a un blanco totalmente fantasmagórico, hasta el punto de volverse verde. Ella temió que fuese a vomitar otra vez.

—Ichigo, ¿te encuentras bien? —susurró, y paso una mano por sobre la mesa, cogiendo la que él tenía apretada en un puño.

El roce, tímido pero totalmente eléctrico, hizo que el chico diera un salto sobre su asiento y la mirase como si fuese la primera vez. Él, al sentir la misma caricia sobre su mano, salió de ese trance en el que siempre se sumía cuando recordaba su cicatriz, observándola detenidamente, sintiendo como esas emociones extrañas flotaban sobre su estómago y, mientras la caricia se esparcía por el dorso de su pulgar, se convertían en un revoloteo intenso en su bajo vientre. Por primera vez, supo que esa sensación no era ninguna relacionada con su pasado, era algo más intenso. "Mariposas en el estómago…" susurró su mente y se volvió a abofetear mentalmente.

Realmente debería de dejar de pensar esas estupideces. Claro, primero tenía que dejar de tocar a la enana y luego hablar con su sucia y traicionera consciencia.

El chico quito la mano de Rukia y volvió a darle un sorbo a su café.

—Sí, estoy bien. Creo que mi estómago aún está débil por lo de, ya sabes, ayer —titubeo un poco y luego levanto la vista para ver la mirada culpable de la chica.

Rukia sabía que era en parte su culpa que el estómago de Ichigo estuviese algo mal. ¿Quién en su sano juicio patea a alguien en una zona tan delicada? "Una estúpida…"

—Yo… —soltó un suspiro y se dio valor para decir las palabras mágicas— Yo lo…

—No lo digas.

—¿Por qué? —preguntó, asombrada.

Ichigo bajo su taza de café pero no se atrevió a sostenerle la mirada.

—¿Importa?

—Bueno, sí, por mi culpa tu estomago esta…

—Y por la mía, tienes una mejilla amoratada y que probablemente necesite atención medica.

Ella se mordió el labio y bajo la mirada, alzándose de hombros.

—Me lo merecía.

—Entonces yo también me merezco el dolor de estómago.

Rukia tuvo el presentimiento de que estaba tratando con el ser más testarudo en la faz de la tierra. Mucho más que ella y eso era preocupante.

—Eres testarudo.

El chico esta vez la miró con incredulidad.

—¿Yo? ¡Tú lo eres más! ¡Eras tan malditamente psicótica la primera vez que nos vimos! ¡¿Quién en su sano juicio golpea a alguien que recién conoce?!

La chica se asombró, al parecer le habia leído el pensamiento.

—Bueno, tú también tendrías tus reticencias si yo te dijera de la nada que vengas a mi apartamento.

—Estabas loca.

Rukia agudizó su mirada.

—Es preservar la integridad personal, cualidad de la que tú, obviamente, careces.

—Yo no voy pateando a personas por ahí como si fueran sacos de boxeo.

—Bueno, yo jamás habia encontrado a un hombre que perdiera un encuentro a los dos segundos.

Bien, ahora ella sabía que se lo habia buscado. En serio, ¿vivir con hombres no la habia hecho consciente de que su orgullo masculino era esa cosa que jamás debes tocar bajo ninguna circunstancia? La mirada de odio que el chico le dirigió no cuadraba para nada con el pequeño mohín que habia hecho.

—Bien, el juego ya no me está gustando.

La chica soltó una risa corta.

—Eres tan niño.

—Deja de joder, Rukia.

—Tan niño haciendo pucheros solo porque no me pudiste ganar a la primera.

—Estas cruzando una línea muy delgada y peligrosa, enana.

Ella quería seguir, en serio que sí, se divertía un montón haciéndolo enojar pero justo en ese momento el disco de Frank Fafara termino de sonar por completo, haciendo que Rukia observará hacia donde el tocadiscos se encontraba, donde, casualmente, el reloj de pared se erguía en toda su plenitud. La chica abrió los ojos sobresaltada al ver que eran exactamente las diez de la mañana.

Sus clases sabatinas comenzaban a las nueve y treinta.

—Mierda, mierda, mierda, mierda. —Se tomó a velocidad luz lo que restaba del café, mientras engullía los restos de su tostada.

Ichigo la observaba con curiosidad, para él no habia problema ya que su turno no empezaba hasta las tres en el café pero no sabía que Rukia tenía clases los sábados.

—¿Tienes clases los sábados? —preguntó, mientras seguía tomando café tranquilamente.

Ella volvió a maldecir y lo miro de mala manera.

—Sí, y todo es tu maldita culpa.

El chico se atraganto con la bebida.

—¿Mia? ¿Por qué?

—Porque no he dormido prácticamente nada y…—la voz se fue difuminando mientras la pequeña chica corría desde su cuarto hasta la sala, buscando sus cosas. Cuando se colgó la cámara sobre su cuello, él se dio cuenta que no sabía que estudiaba Rukia, lo deducía pero habían varias cosas que se podían hacer con una cámara— tú tienes la culpa de que yo vaya a llegar tarde. Tengo una maldita beca que proteger y aquí estoy yo, faltando a clases. Genial, Rukia —rumió para sí misma.

Ichigo se la quedó mirando y no pudo detener su curiosidad.

—¿Qué estudiabas?

—¿No lo deduces, Sherlock? —contestó secamente, alzando la cámara.

Bien, pregunta estúpida.

—Quería ser amable contigo, pero ya veo que tú entiendes con insultos.

—No es como si me interesara que fueses amable conmigo.

El chico de cabello naranja arrugo el ceño y se levantó, recogiendo su taza y los platos de la mesa.

—No seas maleducada. Solo te hice una maldita pregunta. Quédate con tu mal genio, enana.

Rukia detuvo sus pasos. Bien, hasta ella sabía que eso habia sido maleducado pero es que nunca, jamás en toda su vida, habia llegado tarde a ningún sitio. O faltado a clases, porque sabía que ya no llegaba a la primera hora por lo que tendría que entrar a la clase de las once y ya vería de donde se ponía al día. Suspiró y, cuando Ichigo regresó de la cocina, ella le sonrió amablemente.

—No debí pagarla contigo, lo siento.

E Ichigo sabía que tenía que ser más fuerte con ella pero su sonrisa… "Eres un débil, Kurosaki" se riñó a sí mismo, suspirando exageradamente.

—Anda, vete o llegarás aún mas tarde.

La morena soltó una risa seca mientras cogía su pequeña maleta y ocultaba su cámara bajo el grueso abrigo que llevaba sobre el suéter de cuello de tortuga. El chico sabía que no le debía ninguna respuesta o disculpa pero no podía evitar sentir culpa al ver el rostro de la chica inflamado por su culpa, así que lo que hizo, se dijo para sí mucho tiempo después, lo hizo por el bien común.

—Rukia, espera.

Ella volteó antes de girar el pomo de la puerta.

—¿Dime?

Ichigo sonrió quedamente.

—Si gustas, después de clases, puedes pasarte por el café. Yo invito la primera ronda —se alzó de hombros, intentado no darle importancia pero fallando estrepitosamente.

La chica lo observo un momento de manera curiosa. ¿Acaso era…? Negó con la cabeza, intentando que los pensamientos estúpidos que estaba empezando a tener volaran muy lejos de allí. Pero no pudo evitar sentir un pinchazo de decepción al detenerse a pensar en por qué Ichigo le habia soltado esa invitación. Instintivamente, y para recalcarle el hecho de que era una tonta pensando cosas fuera de lugar, sintió un pequeño aguijón sobre su mejilla. Se habia puesto bajo el agua fría durante un tiempo pero eso no calmaría totalmente el dolor o la hinchazón. El chico tenía razón, necesitaba ayuda médica pero sabía, que bajo ninguna circunstancia, debía de pisar un hospital. Eso era esperar a que Byakuya la encontrara, atara cabos y, al final, ¿Quién pagaba las consecuencias? El chico de cabello naranja que tenía frente a ella. Así que, con esos pensamientos más realistas en mente, le soltó.

—¿Por qué?

E Ichigo habia esperado fervientemente que no hiciese esa pregunta.

—Bueno, —le señaló su mejilla— ayer dijiste que me harías pagar por haberte hecho, ya sabes, —no pudo mirar mucho más su rostro. Odiaba lo que habia hecho y peor si lo veía en ese rostro— solo estoy intentando compensarlo. Si aceptas o no, es cosa tuya.

Él se estaba por ir a su dormitorio para golpearse la cabeza por decir cosas tan obvias cuando la suave risa de Rukia le hizo salir de su trance. Cuando la vio, las mariposas volvieron a aletear suavemente en su bajo vientre, haciéndole sentir lo mismo que habia sentido en la ducha, bajo el agua fría, imaginando… "¡Demonios, Kurosaki! ¡Deja de pensar!" Se gritó mentalmente al sentir a su cuerpo traicionándolo. De verdad que estaba teniendo serios problemas con esa mujer.

Rukia, por otro lado, solo vio que el chico se removió incomodo, sin tener una idea de lo que ocasionaba en su interior. Le pareció curioso, como todo él en realidad.

Y nunca habia alabado a las personas que sentían curiosidad por algo así.

—Bien, acepto. Mis clases terminan a las dos pero cómo he llegado tarde me quedaré una hora más trabajando en un proyecto. —Habló, mirando la hora con premura— ¿A las 4?

Ichigo esbozó una media sonrisa.

—A las 4, entonces.

Rukia abrió la puerta con ademan de irse, pero antes, regresó su mirada a Ichigo. Él frunció el ceño.

—¿Qué sucede? —pregunto el chico, incomodo.

—Fotografía, —dijo— pero eso ya lo deducías.

Él se quedó quieto y luego trago saliva.

—Medicina, más específicamente, pediatría. Me gustan los niños.

Rukia lo miró de forma extraña.

—¿En serio? Quién lo diría.

Ichigo solo se alzó de hombros.

—Que puedo decir… —entonces se le pasó una idea por la cabeza. Una loca pero consecuente idea— si gustas, puedo curarte eso. —Volvió a señalar su mejilla— No sé por qué tengo el presentimiento que no iras al hospital a que te curen la mejilla.

—Que comes que adivinas. —Espetó, luego repensó lo que el chico habia dicho. No tenía sentido no aceptar— Esta bien, ¿al regresar de tu turno?

—Hecho.

Rukia asintió solemnemente.

—Hasta las 4.

Y con eso, la pequeña chica salió de una vez por todas del apartamento, dejando un rastro de lavanda y glicerina a su paso que hizo que el pobre chico maldijera a los mil demonios mientras sentía sus pantalones de chándal rozar placenteramente esa erección que se habia ido formando desde que la vio ante la puerta de la cocina.

Suspiró. Necesitaba otra ducha fría.

8.-

24 de febrero de 1969

El estrepito del timbre retumbó por toda el aula del quinto piso, haciendo que la alumna Kuchiki despertará de ese evidente placentero sueño que estaba teniendo. Porque se habia quedado completamente dormida en casi todas las clases, ella se restregó los ojos, evitando tocar la zona de la mejilla que, a pesar de ya no estar inflamada, aun recibía algunos pinchazos de dolor debido a la curación que Ichigo le habia hecho el sábado por la noche. Y hablando de los demonios, ella sencillamente no entendía porque le pasaban ese tipo de cosas, nunca se habia sentido atraída a ningún chico. Jamás. Porque sabía que, por más que lo intentara, su hermano, además de no aprobarlo, lo dejaría a su suerte cuando los enemigos de los Kuchiki se enteraran y quisieran obtener algo de ellos mediante el chico en cuestión. Es por ello que Rukia habia sido muy fría con todos sus prospectos, siempre pensando en el bien común, en lo mejor para ambos. El chico no se merecía una novia que no pudiese sacar a pasear los sábados por la tarde, o que no pueda llevarla al cine sin tener el constante miedo de ser secuestrados en la oscuridad, o hasta el simple hecho de no poder salir un viernes por la noche a uno de esos clubes nocturnos donde la marihuana y miles de otras sustancias volaban por doquier. Si bien ella no sentía curiosidad por experimentar lo último, si hubiese querido una maldita vida normal; por consecuencia, era ilógico ese cosquilleo que sentía en su estómago cada vez que Ichigo la tocaba o la rozaba o simplemente le echaba su aliento en el rostro.

Y es por ello que no habia dejado de pensar en lo que habia ocurrido ese sábado por la noche, cuando él le curó la mejilla y ella sintió, por primera en su vida, que le importaba un soberano pepino si el chico se metía en problemas con todas las mafias del mundo. Claro, eso solo fue un pensamiento fugaz antes de alejarse sanamente de su rostro y de ese aliento a pasta dental genérica barata que compraba. Menta y olor a hombre. Y este último lo habia reconocido de su camiseta pijama la cual decidió lavar con lejía y con todos los aromatizantes del mundo porque no quería volver a percibir ese aroma en cualquiera de sus cosas. Le perturbaba demasiado.

"Díselo a mi imaginación…" se quejó, cansada, mientras recogía sus cosas y pensaba que tener fantasías sobre besar y tocar a un chico que apenas conocía no era cien por ciento sano. Sin embargo, eso último aún estaba en discusión porque, prácticamente, habían pasado todo el domingo juntos. De manera extraoficial, claro. En el café, con más de cincuenta personas a su alrededor para corroborar que su atracción era meramente platónica y ella no iba a mover un solo dedo por hacer nada porque simplemente iba a salir mal. Siempre salía mal. Así que decidió dejar todo por la paz y salir del salón a paso rápido.

La ultima clase la habia dictado un profesor distinto al usual y eso la extraño porque, ¿cuándo Kaien Shiba se perdía de dictar una lección en el instituto? Algo realmente malo ha debido de pasar. Pensando en que debía de preguntar por él en recepción, caminó pesadamente hasta el ascensor. Con ella, subieron un par de chicos que no conocía y que ni se preocuparon en saludarla, simplemente hablando de lo que iba a pasar ese fin de semana.

—Te lo digo, la fiesta del sábado va a ser lo más grande que haya pasado en este lugar —dijo el chico rubio y de ojos grises a su amigo.

—¿Soho, verdad? —El rubio asintió— Bien, espero que haya algo de la vieja hierba del tibetano.

—¿Hierba del tibetano? —preguntó, el chico moreno le miró con escepticismo— Oh, marihuana.

—En serio, Tom, eres tan inocente.

—Cierra el pico, Dan, o azotare ese culo tuyo al llegar a casa.

Para cuando los chicos bajaron en el segundo piso, Rukia estaba completamente pasmada. ¿Habia presenciado una escena amorosa entre ellos?

—Oh, por dios, —oyó a la chica que también habia subido con ellos mientras las puertas del ascensor se cerraron— realmente no me importa lo que hagan, en serio, pero, ¿era necesario que nos enterásemos de eso?

La morena seguía estática en su sitio, sin saber bien que hacer. La chica la miró con suspicacia.

—¿No te gustan los homosexuales?

Al ver que la chica le hablaba a ella, Rukia salió de su trance.

—Eh, no se…

La muchacha agudizó su mirada.

—Mira, sé que las cosas con ellos nunca estarán bien en la sociedad. Dios sabe que mi madre me ha prohibido que siga siendo amiga de ellos pero no puedo simplemente dejarlo. Son como mis hermanos y si dices una sola palabra de lo que has visto a quien sea, te arrepentirás de haberlo hecho.

Fue ahí cuando Rukia se dio cuenta que la estaban amenazando. Y ella sabía cómo contraatacar a sus enemigos.

—No tienes derecho a amenazarme. No te conozco. No los conozco, ¿por qué habría de decir algo a alguien? Solo me ha sorprendido. —Su mirada podía congelar hasta los mismísimos infiernos por la forma en que la otra chica habia quedado paralizada y la observaba con terror— Así que no vuelvas a dirigirme la palabra para decirme cosas como esa que, sinceramente, no me interesan.

Cuando el ascensor se detuvo en el primer piso, Rukia salió disparada, olvidándose completamente de preguntar por Kaien Shiba en recepción. Solo llego a escuchar el susurro de la chica llamándola "loca paranoica". Apretó sus puños contra su abrigo. Sí, era una loca paranoica pero ella sobreviviría a lo que sea, cuando la otra chica, tan fresa y estúpida, moriría con todas las historias que ella se sabía. A veces, tenía que ser como Byakuya era para poder defenderse y eran en esos momentos en los que se odiaba mucho porque sabía que nunca podría ocupar el gran sillón de su hermano, que jamás lograría llegar tan alto como él lo hizo. Y eso le bajo de esa pequeña nube en la que se preguntaba si a Ichigo no le importaría salir con alguien como ella… ¡Por supuesto que sí!

"Que idiota soy, pensando en esas tonterías cuando…" se estremeció ante la sensación helada que le paso por el rostro cuando salió fuera del edificio, sin embargo, el guardia de seguridad la detuvo antes de que pudiese dar un paso hacia la avenida.

—¿Señorita Kuchiki?

Ella tensó todos sus músculos.

—¿Quién pregunta? —Estaba lista para golpear y huir si era necesario pero el rostro del hombre se suavizo.

—La requieren en recepción para un asunto de urgencia. La vieron pasar pero no pudieron llamarla, al parecer estaba concentrada.

Oh.

—Oh, lo siento, bien. Gracias.

Con eso último, Rukia volvió a entrar al instituto y fue directamente a recepción. Allí, la señorita, rubia, delgada y extremadamente alta, le hizo sentir pena de sí misma porque esa era otra de las razones por las cuales jamás podría estar con un chico. La maldita genética de Hisana. ¿Quién se fijaría en ella si habían más altas, más rubias y con cuerpo de mujer? Bufo exasperada, lo último que necesitaba ahora era que su confianza mermara. Ella jamás habia tenido una baja autoestima porque era idiota no aceptarse como era, sí, renegaba de su altura pero, ¿qué podía hacer? Ya estaba hecho y no iba a ponerse depresiva por cosas estúpidas. "Tengo que ser seria con esto, o buscarme un novio con urgencia" Decidió que lo primero tenía más sentido que lo último.

—Señorita Kuchiki, buenas tardes, —la voz de la secretaria la saco de su trance y se dedicó a prestarle atención— esta mañana hemos llamado a Kuchiki INC para ver el pago de la mensualidad que siempre deposita por adelantado y nos han confirmado que, al parecer, usted se va a hacer cargo de los gastos venideros en cuestión de su membresía.

El peso de sus piernas era demasiado para sus pequeños pies que se sentían como gelatina cuando sus piernas, las sentía de plomo puro.

Ella tragó saliva.

—Sí, es correcto.

La secretaria la miró con preocupación.

—Necesito que conteste algunas preguntas para ver si tiene el perfil adecuado para poder seguir asistiendo al Instituto de Fotografía de Nueva York.

La bilis en su garganta quemaba como los mil demonios y ella podía ver que la consternación en el rostro de la mujer. Al parecer, habia notado la excesiva palidez que le habia seguido a la pregunta.

—Claro, no hay problema.

La mujer sonrió tímidamente y comenzó.

—¿Edad?

—25 años.

—¿Actual vivienda?

La chica dudo. No podía poner la dirección de Ichigo, su hermano lo averiguaría tarde o temprano. Así que hizo lo primero que se le paso por la cabeza.

—Numero 53 de la 5ta Avenida con la calle 62. Frente a Central Park.

Observó como la señorita escribió la dirección en el formato que habia sacado. Bien, tendría que hablar con Urahara para que le permitiera recibir su correo en el café.

—Bien, ¿actualmente tiene algún cargo familiar extra que le impida cumplir con las cuotas estipuladas?

—Ninguna.

—¿Posee actualmente un trabajo o negocio con el que pueda solventar los gastos de las cuotas?

Ella tragó saliva. ¿Qué tan mal se vería si vomitase en plena recepción del instituto?

—Por ahora ninguna pero, —habló, antes que la señorita pudiese formular la pregunta— hoy tengo una entrevista de trabajo.

—Eso no es ninguna garantía de solvencia económica, señorita Kuchiki, necesitamos que nos dé una respuesta segura o, de lo contrario, no podrá seguir sus estudios en la institución.

La desesperación comenzó a dominar sus músculos y ella sabía perfectamente que sus movimientos eran torpes por lo que, cuando se inclinó sobre el escritorio de la recepción no se amilanó al ver que la secretaria la veía con lastima. Odiaba esa mirada pero odiaría aún más dejar de estudiar por no tener el dinero para hacerlo.

—La membresía de febrero ya está pagada y, según tengo entendido, puedo cancelar la de marzo hasta los últimos días.

La mujer asintió.

—Es cierto, pero tenemos que obtener una garantía física en la que conste que usted va a poder pagar la mensualidad, señorita Kuchiki, de lo contrario la directiva no asegura su reingreso para el mes de abril.

Siempre hay momentos en la vida de una persona en la que se ve con horror como el mundo que has construido, frágil, seguro y pacífico, se derrumba por completo frente a tus ojos. Como los castillos de cristal van agrietándose poco a poco y terminan por romperse con un estrepito sonido hueco que deja el aire vacío, sin oxígeno. Y escuchas las campanas de todas las iglesias del mundo dar retumbos que gritan, chillan "te lo dije" por todo lo alto, haciendo sangrar tus oídos, llenando tu alma con un frio líquido que la estremece por completo: Miedo. Rukia Kuchiki estaba teniendo uno de esos momentos con epifanías cada dos por tres, porque no era posible que le estuviese pasando eso. Solo le faltaban cuatro meses más para terminar sus estudios, lo suficiente para obtener el título que el New York Times le pedía para poder ser corresponsal de guerra. Si no terminaba, todo se iría al garrete. Su trabajo habría sido por nada. "Todo es por nada…" se dijo.

—Bien. De acuerdo.

Quiso creer que todo estaba perdido porque las esperanzas solo sirven de fe ciega para los que ya han perdido todo. Ella no quería tener esperanzas, era como darle una botella de agua a un sediento y decirle que tiene que hacerla durar hasta el fin de sus días.

—Espere, señorita Kuchiki.

Rukia giró la cabeza y observó atentamente el semblante de la rubia. Sin esperanza. No hay redención.

—Si ya ha terminado… —comenzó a decir pero la chica le interrumpió.

—Verá, existe una clausula en el documento que usted firmó hace tres años para poder ingresar al Instituto. —Y ahora toda la atención de la morena estaba en aquella mujer rubia— Si, en el caso de perder la patria potestad de su embajador, en este caso el señor Byakuya Kuchiki, tiene usted la libertad de poder seguir estudiando siempre y cuando tenga un trabajo estable que pueda solventar la mensualidad de la institución. En caso no tenerla, se le otorgará siete días hábiles a partir de lo señalado para poder garantizar la información pedida sin tener que revocar la mensualidad ni la beca obtenida.

Y las campanas de todas las iglesias del mundo le estaban gritando "Gracias".

—Siete días… —susurró para sí misma. Luego, giro la cabeza y observó a la mujer que tenía una suave y recatada sonrisa sobre su rostro. —Gracias. Muchas gracias.

—No me agradezca, señorita Kuchiki. Solo hago mi trabajo informándole de las clausulas pequeñas que existen.

Ella frunció el ceño.

—¿No te meterás en problemas por decírmelas?

La rubia negó con la cabeza.

—Usted es una excelente alumna becada que ha obtenido el premio de "Corresponsal de guerra" por el New York Times, creo que se le puede permitir un poco de celeridad en sus tramitaciones venideras.

Rukia sonrió quedamente.

—Gracias.

Esta vez, la chica mostró una gran sonrisa.

—De nada. Tenga un buen día, señorita Kuchiki.

Con paso rápido, Rukia salió del Instituto de fotografía, dispuesta a no dejarse derrumbar por lo que habia sucedido y pensando que, a veces, si existían personas buenas en el mundo. Ella habia olvidado esos pequeños gestos de bondad que tenían las personas de vez en cuando; habia olvidado muchas cosas desde la muerte de Hisana y, sin embargo, ahí estaba, intentando no derrumbarse ante la precaria situación en la que se encontraba de nuevo.

Un trabajo. Tenía siete días para encontrar un trabajo.

La entrevista de las tres de la tarde en el museo de arte de Nueva York era una buena oportunidad para poder mantener su beca y sus estudios, por lo menos durante cuatro meses. Esperaba, realmente esperaba, que los directivos vieran más allá de su apellido. Mientras caminaba por las calles nevadas de Nueva York, intentó recordar si Byakuya tenía algún enemigo en común o negocios con el museo de arte al que se iba a postular. Si todo salía bien, ellos la contratarían, tendría dinero para poder pagar la mensualidad y en julio, iría a cumplir su papel como corresponsal de guerra.

Recordó vagamente que le habia prometido a Kiyone llamarla ese día al finalizar sus clases. Hacía ya un par de días que no habia hablado ni con Renji ni con Kaien y estaba empezando a preocuparse por lo que pasaba en Brooklyn. Desde que se mudó del apartamento en Madison, las noticias sobre lo que sucedía en Vietnam le llegaban mediante la radio local que transmitía algunos de los sucesos más recientes, sin embargo, no los más importantes. Ella necesitaba saber esto último para poder dar una buena noticia al New York Times. Todo dependía de ella ahora. Cruzo la avenida y entro a un teléfono público, marco ese número que se sabía de memoria desde los once años junto con el anexo de la oficina del capitán Ukitake.

Oficina del treceavo escuadrón, Kiyone Kotetsu al habla. ¿En qué puedo servirle?

Soltó un suspiro ahogado que habia estado reteniendo desde que habia salido del Instituto. Sintió un peso en sus hombros que realmente no quería volver a sentir.

—Kiyone, soy Rukia.

¡Rukia! Qué bueno saber de ti, realmente no sabíamos dónde te habías metido desde hace más de una semana. —La voz de Kiyone se volvió más seria— ¿Qué ha sucedido? Renji ha estado de un humor de perros estos días y no ha querido soltar prenda.

La chica se paralizó durante unos minutos, intentando captar la información que su amiga le habia dado.

Ellos no sabían. Renji no habia dicho absolutamente nada de lo que le habia contado a él y a Kaien. Nadia se habia enterado de su cedo de herencia. Aun la creían Kuchiki y su hermano, muy probablemente, no lo habia hecho para cubrir las apariencias. ¿Seguirle la corriente? Por supuesto, porque a pesar de ya no ser legalmente nada de él, aún tenía un orgullo que, precisamente, él le habia enseñado a cuidar como si fuera lo más preciado. Y ella siempre le seria fiel a esos principios.

—Lo siento, no puedo hablar de eso.

Un silencio se extendió entre ellas, el cual fue roto por el suspiro ahogado de Kiyone.

¿Un asunto de Kuchiki INC?

—Algo así. Es complicado.

Ya veo. No te preocupes, entiendo.

"Muy bien, es ahora o nunca" Se dijo, mientras agarraba valor para poder hablar con ella.

—Kiyone, ¿está todo bien por allá?

Cuando dices "bien" te refieres a bien de salud o… ¿sobre 'Nam?

—Vietnam.

Su amiga soltó un pequeño gemidito de sufrimiento.

Sabes que no te puedo decir mucho, Rukia. Son asuntos confidenciales.

Rukia soltó un sonido de frustración.

—Solo, dime algo, lo que sea, cualquier cosa.

Otro silencio se extendió. La morena apretó el auricular del teléfono e intento mantener la calma bajo una máscara de tranquilidad. No quería parecer desesperada pero no tenía otra opción, era esto o seguir en la oscuridad como los civiles. Y ella nunca fue una ciudadana común, valga la redundancia. Así que cuando su amiga volvió a hablar, una imperceptible sonrisa se asentó en la comisura de sus labios.

Bien, al parecer los capitanes van a tener una reunión este miércoles sobre un tema delicado. No me preguntes cual, no lo sabremos hasta mañana pero definitivamente tiene que ver con 'Nam. —Otro silencio se extendió, para ser callado por el susurro de la rubia— Lamento hablar en voz baja pero acaba de pasar Hisagi y no quería que me oyese hablar de esto o se le ira la boca con su capitán.

—Entiendo, no te preocupes.

Bueno, lo único que sé es que se va a hablar sobre lo que el capitán Hitsugaya vio en el campo, sobre lo que dicto en su informe y quiere que todos lo lean, capitanes y tenientes incluidos.

—¿Algo a lo que hacer mención?

¿Así tenías a Renji todo el tiempo? —soltó con burla.

Rukia esbozo una triste sonrisa. Extrañaba a Renji.

—Sí, creo que le cause varias aneurismas después de mis intensivos interrogatorios.

Deberías ser parte de la CIA, encajarías bien allí.

Ella chasqueó la lengua.

—Ni en broma. Quiero seguir teniendo mi alma intacta, muchas gracias.

Touche, —dijo la teniente del treceavo escuadrón— en realidad, no existen muchos cambios. Inutilidad de armamento, cambio en los suministros, ese tipo de cosas. Sin embargo, se dice que existe un tema que no relato en el informe y del que van a tratar en la reunión. Como puedes deducir este "se dice" es un "A Rangiku se le fue la lengua con Hisagi" y todos terminaron con el secreto a voces.

—¿Sabes de que trata?

Ella hizo un sonido de negación.

Nadie lo sabe. Al parecer, la teniente Matsumoto ha aprendido a soltar la lengua sin revelar lo importante. Otra habilidad que adquiere en sus borracheras diarias.

—Quien como ella.

Es lo único que sé, Rukia. —se disculpó Kiyone.

La muchacha de cabellos negros suspiro, ya habia obtenido más de lo que habia pedido.

—No te preocupes. Gracias por todo, Kiyone.

De nada… —cuando la chica iba a colgar, escucho la voz queda de la rubia por el auricular detenerla— Rukia, espera yo… —el sonido hueco fue interrumpido por la respiración de la mujer y luego, su voz— él está bien. Tu hermano está bien.

—No he preguntado por él.

No, pero tu voz denota amargura. Él está bien.

Rukia aspiró fuertemente.

—Yo no. Hasta luego, Kiyone.

Rukia, espera…

Pero la chica colgó el teléfono sin esperar respuesta.

Byakuya habia dejado en claro que ella habia desobedecido y eso tenía un precio. Un gran alto precio que estaba pagando de muchas maneras. Así que, ¿por qué tendría que preocuparse por él? No, definitivamente no tendría que darle ni un solo de sus pensamientos y, sin embargo, allí estaba, sintiendo un alivio inmediato al saber que su hermano estaba bien. Que aún seguía vivo a pesar de esa vida que llevaba. A pesar de haberla desheredado y, prácticamente, botado de su casa. Ella aún se preocupaba por él.

Y odiaba ese sentimiento.

"Que cosa no odias en estos momentos, Kuchiki" se reprendió a sí misma. Odiaba sentirse como se sentía por Ichigo, odiaba que la tacharan de "loca psicótica", odiaba que tuviese que saltar cada dos por tres cuando alguien decía su apellido en voz alta, odiaba lo que su hermano le habia hecho. Y aun así, seguía allí, aferrándose a todas esas cosas como si fueran la última ancla de salvación. Pero ella sabía que, al final del día, ese odio no era más que miedo a fracasar en todo lo que alguna vez habia considerado seguro.

Sus castillos de cristal se estaban resquebrajando poco a poco y no sabía si iba a poder soportar el momento de la caída.

25 de febrero de 1969

Llegaba tarde. Otra vez.

Sin desayunar. Para no perder la costumbre.

Él sabía que debería de estar furioso con la pequeña chica que corría a su lado como maratonista de cien metros, y lo estaba, realmente lo estaba. El caso es que se conocía lo suficientemente bien como para saber que, cuando llegaran a su destino, toda su furia habría desaparecido para dejar paso a un fastidio continuo, como esa piedrecita en el zapato que se ha quedado atorada en la plantilla por debajo de la suela y, por más que intentes, no la vas a sacar, por lo que ya iba siendo hora que se acostumbrara a ella. Rukia era esa piedra molesta en ambos zapatos. Ichigo Kurosaki, estudiante de medicina de la Universidad de Nueva York, barista en el recién aperturado "Café de Paris", corría hacia ese mismo establecimiento junto con la pequeña chica que habia ocupado una cama extra en su apartamento desde hacía unas pocas semanas. Ese martes, Ichigo se habia levantado más tarde de lo habitual por lo que, cuando se fue a duchar, se dio con la sorpresa que la maldita enana del demonio (desde ahora en adelante la llamaría así porque no era de personas decentes hacer eso, no señor) se habia acabado el agua caliente, dejándole con una ducha helada, de esas que te calaban los huesos, sobre todo a mitad de febrero y a dos grados bajo cero. La iba a matar.

Para recuperar su orgullo masculino, tuvieron una pelea en la que él ganó el derecho de cocinar bacon con huevos, de nuevo. Rukia bufó, argumentó e intentó pegarle, sin resultado alguno. Sorpresa para ambos fue que, al abrir la nevera, esta se encontrara completamente vacía (si no contamos algunas cucarachas muertas pegadas en la parte de abajo del aparato, por supuesto). Y antes de que él comenzará a gritar, fue la pequeña mujer quien se puso completamente pálida y pronunció las palabras fatales que les estaban haciendo correr como maratonistas olímpicos en plena nevada neoyorquina:

—Olvide hacer las compras ayer.

Aquí es cuando Ichigo estalla en furia y ve que, dicho y hecho, ni siquiera tiene una maldita bolsa de café para pasar. Y ya son las nueve. Su clase de Bioquímica empezaba a las diez y el profesor le tenía manía solo por su color de cabello. Maldijo a todos los astros, dioses y religiones existentes para luego ver que no lograría nada con ello; así que metió sus libros en la maleta y comenzó a caminar hacia la salida mientras observaba que la chica también estaba alistando sus cosas. Su rostro es de culpabilidad absoluta. "Eres un blando, Kurosaki" se recrimina mientras le suelta un áspero "te espero abajo" y salta de dos en dos las escaleras para llegar al primer piso. Unos minutos más tardes, Rukia llegaba corriendo y comenzaron la carrera para llegar al café.

Él no se lo dijo; ella no lo comentó. Simplemente sabían que, si no querían morir de inanición, deberían de comer algo rápido en el café.

Así que, cuando llegaron estrepitosamente a la puerta del café y él se tropezó, no fue sorpresa que Rukia terminara por caerse sobre él. Ambos cubiertos por nieve helada, maldiciones y hambrientos.

—¡Todo es tu maldita culpa, con un demonio! —el grito conocido del barista del lugar hizo que Orihime y Tessai observaran cómo el chico y esa pequeña mujer entraban en la tienda, sacudiendo el aguanieve de sus cabezas y abrigos— ¡Olvide hacer las compras y una mierda! ¡Eran tus malditas reglas!

—¡Cállate! ¡Te dije que lo sentía! —Rukia se estaba exaltando por el exabrupto del chico. No es que fuera para tanto.

—¡Nunca escuche una disculpa, enana!

—¡Eso es porque la dije mientras corríamos, idiota!

—No me quieras ver la cara de estúpido, no te escuche decir nada más que "Corre, imbécil" durante los quince minutos que llevamos de maratón.

Rukia solo bufó, cruzándose de brazos.

—Esa chica… —Orihime escuchó susurrar a Tessai mientras veía como su ceño se fruncía— ¿es la que veté en el café, no?

La mujer de grandes atributos dobló el secador y se lo metió en el bolsillo de su mandil.

—Es Rukia, Tessai, no puedes vetarla. Es amiga mía y de Kurosaki-kun también —la suave y melodiosa voz de la chica hizo que el hombre fornido frunciera el ceño.

—No me agrada.

Orihime lo miró de manera curiosa.

—¡Pero si es muy amable, Tessai! ¡Ya verás cómo cambias de opinión! —le dijo mientras golpeaba su palma derecha sobre su hombro de manera condescendiente. A ella personalmente le agradaba Rukia porque, por primera vez después de bastante tiempo, estaba viendo expresiones en Kurosaki-kun que nunca habían estado presentes en su rostro. Le alegraba. Estaba feliz.

—Hmp. —resopló el hombre, bajando la mancuerna para airear la leche.

Orihime observó a Rukia sentarse en una mesa y se sonrojo un poco cuando Ichigo caminó hacia ella de manera elegante, con ese abrigo lleno de aguanieve y su cabello mojado. Le hacía pensar que era realmente guapo y que…

Sacudió su cabeza mientras iba al encuentro de su compañero de trabajo.

—¡Kurosaki-kun! ¡Buenos días! —saludó alegremente.

—Hey, Inoue, ¿cómo van las cosas por aquí? —comentó casualmente Ichigo, observando que todo parecía en orden. No había muchos clientes pero para las once ya tendrían la casa llena.

La chica de cabellos naranjas asintió sonriente y con un sonrojo natural en sus mejillas que la hacían ver más hermosa. Brillante.

—Todo está tranquilo, ya sabes que a partir de las once las personas comenzaran a tener hambre. Como ya paso la hora del desayuno, las cosas están algo muertas.

Ichigo asintió y luego suspiró.

—Inoue, ¿puedes hacerme un favor? —se veía como que realmente le estaba costando pedir algo. Ella sabía que a Ichigo no le gustaba pedir nada, prefería hacerlo todo él mismo.

Y que se lo pidiese a ella le alegro profundamente.

—¡Claro!

—Rukia se ha olvidado de hacer las compras ayer por la tarde, —comentó como si nada— así que no tenemos nada comestible en mi apartamento y quería ver si podrías hacerme un vale de consumo. Solo por hoy. Te lo agradecería mucho, en serio.

Ella realmente tendría que haber dicho algo pero sus labios estaban cerrados y sus ojos abiertos en dos cuencas vacías de la impresión. Habia conocido a Rukia en el café hace ya una semana aproximadamente, sabía que, si venía con Kurosaki-kun era porque Kiyone, de manera indirecta, les habia presentado. Pero, ¿hacer las compras? ¿Nada en su apartamento? Ella era inteligente, a pesar de lo que algunas personas podían creer, cosa que realmente no le importaba mucho a menos que sean amigos; por lo tanto, supo las implicancias que tenían esas palabras en la oración formulada por Kurosaki-kun. Ellos vivían juntos. ¿En qué sentido? ¿Cómo pareja? ¿Qué era lo que habia sucedido? ¿Qué estaba sucediendo? Miles de preguntas pasaron por la mente de Orihime Inoue pero no pudo verbalizar ninguna, no porque no pudiese, sino porque algo dentro de ella le pedía que siguiera sonriendo, que siguiera siendo amable.

Que cuando llegasen a casa, podría empezar a recriminarse como siempre lo hacía.

Ella no tenía la autoestima demasiada alta, se conocía demasiado como para no darse cuenta de ello, así que decidió que las preguntas se las haría más tarde. Que al llegar a casa, podría seguir hundiéndose un poquito más en esas arenas movedizas que tenían un solo nombre.

Alguna melodía de Beethoven sonaba en el tocadiscos del café, haciendo el ambiente más cargado, más efímero. Ella se sentía efímera.

—¡No hay problema! —Siempre resplandeciente. Siempre brillante.

Nunca sombría.

El chico sonrió de la misma manera de siempre y eso solo hizo que la máscara de Orihime se rompiese un poco más.

—Gracias, Inoue —dijo, mientras regresaba a la mesa en la que Rukia estaba.

Ella se acercó, queriendo estar enojada con la chica de cabellos negros, queriendo culparla de esos malos pensamientos que estaban invadiendo su mente. Supo que no iba a poder cuando esa débil sonrisa se la dedico solo a ella, como si estuviera agradecida de verla.

—Hey, Inoue, es bueno verte —habló la morena, viendo como el semblante de la mesera habia cambiado rotundamente sin sentido alguno.

Orihime le dedico una de esas sonrisas deslumbrantes.

—¡Rukia-san! ¡Qué bueno que estés de regreso en el café! ¿Lo de siempre? —dijo, anotando ya de antemano lo que recordaba del anterior pedido de la chica. Ella tenía una buena memoria.

Rukia se asombró ante el hecho de que recordase lo único que habia pedido la ocasión anterior.

—Sí, claro. ¿Aún lo recuerdas?

La muchacha asintió.

—Un americano y una torta de café en camino —respondió. Se giró hacia el chico y vio como el chico fruncía el ceño— ¿Eh?

—¿Solo vas a comer eso? —preguntó el hombre, mientras la observaba de reojo.

La menuda chica se alzó de hombros.

—Es algo bueno. Café y torta.

—No para desayunar. Deberías comer algo más sólido.

—No eres mi madre, idiota —Rukia estaba comenzando a enojarse.

—Y yo no quiero ver tu cadáver en mi piso, enana. Así que pide algo más o mejor lárgate —dijo, con el ceño fruncido.

—Va, cálmense, cálmense —habló Orihime, intentando con sus manos poner orden en esa mesa— Si Rukia-san no quiere pedir nada más, está bien; —se giró hacia Rukia— además, te daré un gran pedazo de torta de café ¡De las que hice ayer en clase de cocina!

Los ojos de la chica se iluminaron.

—Seria grandioso, me encantó la de la vez pasada.

—¡¿En-En serio?! —Orihime le cogió las manos a la menuda chica, haciendo que ella la viese con asombro e incredulidad. Ichigo solo observaba la escena, queriendo largarse o llegaría tarde a clase. De nuevo— ¡Quizás me puedas ayudar, Rukia-san! ¡¿Te gustaría ser mi cliente personalizado?!

—¿Cliente… personalizado? —preguntó, dubitativa.

Ella asintió varias veces con la cabeza.

—Quiere decir que probarás todos mis nuevos postres, Rukia-san ¡Incluso los más inusuales! ¡Imagínate todos los sabores del mundo en combinaciones increíbles, a punto de descubrir y…!

—Inoue, —la voz del hombre, baja y grave, hizo que ambas chicas giraran a verlo— tenemos que irnos dentro de unos minutos. Voy a tomar lo mismo que pidió ella.

La menuda chica observa como la sonrisa de Orihime decae unos centímetros mientras sus ojos pierden su brillo y siente como una irritación profunda, que le sabe a bilis nada menos, empieza a subirle por la tráquea.

—Sí, no hay problema.

Dicho eso, la muchacha se fue a dar la orden al barista.

Ichigo suspira y observa la hora. Nueve y media. Con un poco de suerte, llegaran a tiempo y a él no le costará una semana de trabajos extra, aunque conociendo al profesor de Bioquímica, tendría suerte si lo dejaba hacer el experimento de ese día. El muchacho sintió como un revuelo de cosas se movían por sobre la mesa y dirigió su mirada hacia Rukia quien, dicho sea de paso, estaba guardando sus cosas en esa maleta que siempre cargaba a clases. Eso no le habría llamado la atención en lo absoluto sino fuera por la mirada aguda que le dirigía, como si le estuviera recriminando algo. Cuando hizo el intento de levantarse para, obviamente, dejar el café como la vez pasada, él se lo impidió.

—¿Qué rayos te pasa?

Rukia levantó una ceja con incredulidad.

—¿En serio necesito decírtelo? —al ver que el chico ni siquiera se habia inmutado, ella bufó irritada— Claro, por supuesto que tengo que decírtelo. Eres tan idiota que ni siquiera te has dado cuenta de lo que hiciste.

El chico se veía aún más confundido.

—¿Y qué se supone que hice?

—Fuiste muy descortés con Inoue, imbécil.

Él abrió los ojos con incredulidad.

—¿Qué? Eso no es cierto. —recriminó, sintiéndose de pronto culpable por algo que no sabía si habia dicho con esa intención— Tenemos prisa porque, si no mal recuerdo, olvidaste hacer las compras.

—Y además de cínico.

—Mira quien habla de cinismo, enana del demonio.

La chica lo miró con furia.

—Fuiste descortés, poco amable, como tú quieras llamarlo pero no puedes simplemente tratarla de esa manera.

Y ahí fue cuando el chico se sintió atacado. Porque Rukia no sabía, por supuesto que no, que Inoue y él eran cómo hermanos, de esos que siempre tienes que cuidar. De los que siempre tendrás que velar por su seguridad. Él lo habia hecho, de la única manera que sabía, pero habia cuidado de Inoue como su madre hubiese cuidado de ella.

—Y tú no puedes recriminarme nada porque, primero, conozco a Inoue mucho más tiempo que tú, se cómo es ella. —La ceja de incredulidad de Rukia lo alteró. Todo en ella lo hacía, de buena o mala manera— Segundo, no puedes decir nada porque tampoco me dirás porque sigues huyendo, ¿o sí?

Ichigo cantó victoria cuando el semblante de la mujer se endureció y cayó. Rukia apretó los dientes, claramente vencida.

—Podrás conocerla desde hace mucho tiempo pero yo tengo un don celestial del que tu careces, querido Ichigo-kun —las últimas palabras las dijo con un tono de voz tan escalofriante que hizo que miles terminaciones nerviosas nada amables recorrieran el cuerpo del chico.

—No me llames así —espetó.

—¿Por qué, Ichigo-kun? —volvió a fingir la voz.

El chico estaba a punto de replicar cuando una bandeja se posó cuidadosamente sobre el mantel de la mesa. Él observó cómo el semblante de su amiga habia cambiado desde los últimos minutos en los que habían hablado. Una punzada de culpabilidad le hizo girar el rostro y no ver como las facciones de Inoue, que a la vista de cualquiera parecía de concentración absoluta en lo que hacía, habían tornado en un remolino de tristeza que, claramente, era culpa. ¿En serio habia sonado tan duro al hablarle? ¡Es solo que tenía prisa, demonios! "Genial, Kurosaki, tu sí que sabes cómo arruinar las mañanas de tus amigos" Se maldijo a sí mismo y estuvo a punto de disculparse por ser demasiado rudo cuando la voz de su acompañante le corto de improviso.

—Inoue, —dijo Rukia con voz tranquila y siendo amable con la chica— me gustaría mucho escuchar sobre lo que me dijiste, eso del… ¿cliente personalizado? —preguntó con duda.

Y fue como si las luces de navidad volviesen a brillar sobre ese desmantelado árbol color naranja.

—¿De verdad? —susurró, con la voz algo cortada por el asombro.

—Claro, pero no en este momento, tengo clase a las diez de la mañana. Ambos. —se cercioró de incluir al imbécil frente a ella porque si no lo hacia la conciencia le remordería toda la mañana.

Orihime asintió, con sus ojos nuevamente amables y sin una pizca de tristeza.

—Entiendo, Rukia-san, pero, entonces, esto… —comenzó a titubear mientras Rukia probaba una tajada del pastel de café.

La chica hizo un sonido de satisfacción completo al sentir el manjar en su paladar.

—¿Qué te parece si vienes conmigo a Central Park al finalizar tu turno? —La mesera se quedó de piedra ante la invitación, por lo tanto Rukia siguió hablando— Claro, si deseas. Tengo que hacer algunas capturas para una clase del instituto así que allí podriamos conversar más tranquilamente sobre lo del cliente personalizado.

—¡Claro! ¡Por supuesto! —Exclamó Orihime— Sí, yo salgo de turno a las 3.

—Entonces me pasare a esa hora para ir a hacer el recorrido, ¿está bien?

Ella volvió a asentir frenéticamente con la cabeza, no creyéndose que de verdad iba a conseguir a su "cliente personalizado". Se suponía que debía de haberlo tenido desde el primer año de Cocina pero como Tatsuki no podía ir a sus reuniones con frecuencia habia tomado una prórroga para ese puntaje extra que les ofrecía la escuela. Si bien nunca habia necesitado de esos puntos adicionales, siempre se sintió algo excluida del grupo por no tener una pareja a quien llevar a degustar en sus exámenes o galardones. En algunos casos llevaba a Tatsuki, en otros muy difícilmente a Kiyone y a veces incluso el chico de cabello naranja se prestaba para apoyarla; sin embargo, nunca fue algo constante por lo que esos clientes no servían. Y ahora, en ese momento, esa menuda chica le estaba diciendo que sí, que quería probar más de sus creaciones, que quería ser lo que ella llamaba en su fuero interno su cliente personal. Nadie se habia ofrecido voluntariamente, ella sabía que lo hacían para darle el gusto y no se los recriminaba. Aun así…

—Muchas gracias, Rukia-chan. Muchas gracias. —susurró, cogiéndole las manos mientras retenía las lágrimas en sus parpados, haciendo que estas se fueran.

Se sentía feliz.

Entonces, ¿por qué esa sensación de tristeza seguía invadiendo su cabeza?

Mientras tanto, Ichigo no pudo más que ver de un lado para el otro, de Inoue hacia la menuda chica frente a él para luego quedarse viendo a Rukia con una expresión desconocida en su rostro. Él precisamente no supo porque se la quedó mirando de esa manera, simplemente supo que ver cómo la chica conversaba con Inoue sobre pasteles, chocolates y esas cosas era realmente extraño. "Y entonces, ¿qué es este retorcijón que siento en el estómago?" se dijo. Como un pensamiento inmediato, atajo sus sensaciones al hambre que sentía. No funcionó, claramente. Él sabía que no iba a funcionar porque ya habia sentido esas mariposas en el estómago el fin de semana que estuvo con ella y no quería, se habia autoimpuesto a dejarlo por la paz porque habían millones de motivos por el cual ambos no podían ni siquiera pensar en tener algo, lo que sea, juntos. No. Él se negaba completamente a dejar que sus emociones tomaran las riendas de esas situaciones.

Tenía que concentrarse en salir adelante con lo poco que habia quedado de él. Así que, con esos pensamientos, decidió que la amistad entre ambos era el único sentimiento agradable que iba a prosperar de manera adecuada.

—Genial, grandioso, ustedes se van de paseo a Central Park y yo me quedo cerrando el café —refunfuñó como un niño.

Orihime estaba a punto de disculparse por algo pero Rukia le interrumpió.

—Vamos, Ichigo-kun, no seas crio, —se burló la chica, haciendo que al chico le saltase una vena sobre su cien— siempre cierras el café con Jinta y Ururu.

—Quizá quiera que lo acompañemos a cerrar, Rukia-chan —El chico se quedó atónito ante lo que estaba presenciando: Inoue se le habia unido a la enana del demonio para atormentarlo.

—¿O eso es cierto, Ichigo-kun?

Se tomó de un trago lo que restaba del café mientras se embutía el pastel del mismo sabor.

—Hagan lo que quieran.

Ambas rieron despacio, la morena viendo como el chico terminaba la torta y cogía sus cosas. Ella también se terminó la bebida y comenzó a coger el bolso ya arreglado sobre la mesa.

—Bien, entonces creo que terminaremos esta conversación al cierre del café, ¿no?

La mesera comenzó a recoger los platos sobre la mesa mientras asentía fervientemente, haciendo que el brillo de sus ojos se acentuará mucho más. Brillante. Y aun así, la tristeza seguía latente en los bordes de su luminosidad, amenazando con devorarla por completo.

—¡Claro, Rukia-chan! —dijo Orihime, teniendo ya todos los menajes dentro de la bandeja que siempre llevaba con ella— Entonces, esto, nos-nos vemos a las 3, ¿verdad?

La morena esbozo una pequeña sonrisa ladeada mientras se levantaba a la par de su acompañante.

—Sin falta, Inoue. Ten un buen día. —La chica se giró hacia la derecha— ¿Vamos, Ichigo? Ya van a ser las diez. Voy a tener que tomar un taxi.

El chico suspiró.

—Yo igual, demonios, y ni siquiera me pagan aun.

—Deja de quejarte como un niño y aguanta. Eres un hombre, o bueno, creo que lo eres.

El chico frunció el ceño, la vena latente en su frente seguía siendo perceptible a la vista.

—¿Qué es lo que quieres decir con eso?

El sonido de la risa burlona de Rukia hizo que Ichigo comenzará otra estúpida pelea mientras ambos se despedían de la mesera con manos alzadas hacia la salida del café. El sonido de la campanilla terminó con los murmullos de ambos chicos, dejando a Orihime con la bandeja sobre la mesa número ocho aun puesta en el mantel. Ella vio como ambos chicos hacían parar a un taxi frente al café, observó detenidamente como Rukia le daba un pequeño empujón al chico mientras montaba el taxi; al arrancar, ella pudo observar como Kurosaki-kun, su Kurosaki-kun, se quedaba observando aún más tiempo el auto en el que la chica se habia ido, denotando algo indescifrable en su mirada perdida. Solo fueron dos segundos antes que él mismo hiciese parar otro auto y se montase en él, con sentido contrario.

Orihime era muy observadora en muchas ocasiones, era inteligente, aunque algunas personas creyesen lo contrario, por lo tanto, supo reconocer casi de inmediato esa mirada que su acompañante, su amigo de toda la vida, tenía en el rostro al dejar ir a Rukia. Era la misma que ella poseía en esos momentos y, por un minuto, se dedicó a observar a la nada, pensando, cavilando los pros y los contras de desenmascarar sus sentimientos. ¿Sería lo correcto? Después de todo ese tiempo… Sin embargo, pasados esos segundos de estupidez, como ella los llamaba para sí misma, decidió que seguiría como antes porque, ¿qué sentido tendría decir algo en esos momentos? No, ninguno en absoluto. Por supuesto, Tatsuki estaría en desacuerdo pero esto no era sobre si a su amiga le parecía bien o no. Era sobre ella, sobre sus sentimientos y como abordarlos de una manera en que no lastime a nadie en el proceso porque Rukia le caía demasiado bien. Era todo lo que ella definitivamente no iba a ser en un futuro cercano.

Única.

"Tú también eres única" se susurró mentalmente.

No obstante, las voces en su cabeza gritaban lo contrario, haciendo que los bordes oscuros de sus ojos comenzaran a devorar toda la luz que allí quedaba.

Orihime no volvió a brillar por el resto del turno y nadie se dio cuenta.

Como siempre.

26 de febrero de 1969

Los murmullos a su alrededor se hacían cada vez más fuertes mientras las suelas de sus zapatos de segunda mano hacían eco sobre el concurrido pasillo del tercer piso de la facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York. Eran las catorce horas cuando la campana que daba por finalizado el turno mañana retumbaba en las sucias paredes blancas de la institución. No debería afectarle, por lo menos ya no como antes y, sin embargo, allí estaba, sintiéndose nervioso como nunca se habia sentido por algo que indudablemente no era su culpa. Pero él habia aprendido a muy temprana edad que las masas podían ser dirigidas como mansos corderitos si se sabía bien que botones apretar para que siguieran el camino al que el lobo le dirigía. Y ni siquiera las personas de libre pensamiento podrían decirse libres en su totalidad, no en esa economía, no con ese nuevo, estúpido presidente. No con la guerra sobre las cabezas de todos.

Y mientras exista guerra, siempre habrá alguien que recuerde su apellido y sepa lo que su padre hizo.

Traidor.

Ese era el susurro más común que podía escuchar en un buen día. En uno malo, incluso "hijo de perra" le podía alterar hasta un punto sin retorno. Normalmente, y desde sus quince años, habia tenido pocos días malos y numerosos de los buenos porque aprendió a hacer oídos sordos a todo lo que se decía a su alrededor, como si existiera una burbuja protegiéndolo de todo mal. Lamentablemente, con la burbuja vino adherida la máscara que siempre tenía en su rostro impoluto, haciendo que su aspecto fuese más reacio. Como una segunda piel. E Ichigo Kurosaki lo aceptaba, el estar maldito quiero decir, porque, aunque no lo pidió, ¿qué podía hacer al respecto? ¿Quejarse? ¿Llorar? De nada servía gritar o quejarse sobre la leche ya derramada porque no habia nada que él pudiese hacer para cambiarlo. Las masas seguirían repudiando su apellido. Él seguiría siendo una paria.

Y caminar por los pasillos de su facultad nunca fue tan difícil como en esos momentos.

No estaba teniendo un día malo, el tema era que Rukia iba a venir a recogerlo ese día y eso hacía que todos sus nervios se crisparan totalmente. Porque ella no sabía quién era, no sabía nada de su pasado. Un solo comentario inoportuno, una sola palabra malintencionada podría arruinar esa perfecta y pacifica paz en la que se habían sumergido desde hacía ya más de una semana. No quería que se enterara, no de esa manera. Y definitivamente haría lo que estuviese en sus manos para evitar que su apellido o lo que sea interfiriera en su amistad.

Porque era amistad, y nada más que eso, lo que hacía que las mariposas en su estómago enloquecieran como si fueran abejas asesinas y estuviesen comiéndose sus intestinos.

O quizá tenía gastritis. Quién sabe. Mejor hacerse ver para descartar ulceras o colon irritable. Dios sabía que esos problemas de colon eran de lo que más moría la gente. Sí, quizá tenía alguna Tenia en su estómago y no lo sabía.

Con eso en mente, bajo de dos en dos las escaleras hacia el primer piso, viendo como las personas se hacían a un lado mientras el pasaba con su maletín sobre el hombro. "Imbéciles" pensaba con rabia, mientras les mandaba una mirada furibunda por el rabillo del ojo. Era mejor evitar las malas juntas pero cuando esas malas juntas se expandían a todo el parlamento estudiantil, bueno, en esos casos sabias que no habia vuelta atrás. Cuando el reflejo de la resolana de febrero le dio sobre el rostro, decidió que era mejor apresurarse a la salida antes que sus otros compañeros decidieran que era un buen y soleado día para darle una paliza. A veces, parecían niños de escuela media y otras veces se comportaban como profesionales. Bipolares.

Él le habia hecho hincapié a Rukia de encontrarla en la puerta de la universidad, que no estaba tan lejos de su facultad ya que estamos, y, sin embargo, no hubo ni recorrido la mitad del camino cuando observo la pequeña y menuda figura de la mujer resaltar en la nieve. Era fácil distinguir a Rukia entre tanta rubia y morenos extranjeros. Era fácil porque nadie media menos de metro cuarenta, no por lo menos nadie quien no se hiciese llamar hobbit. Y seguía siendo malditamente fácil porque ese perfume a lavanda seguía estando en su sistema, envenenándolo con tan solo haberlo olido una maldita vez. Así que observó durante un momento a su compañera de piso, allí, recostada sobre un árbol casi desmadejado con su bolso en un hombro mientras sus ojos pasaban rápidamente por las hojas de ese libro que siempre tenía en manos. No dejaba que él lo tocase, como si fuese su preciado secreto. Y quizá lo era. Quizá debería dejar de pensar tanto en lo que decía ese libro y simplemente seguir con su existencia maldita.

Pero no, porque él no quería dejar en paz nada. Ichigo necesitaba fastidiarla para que su vida encontrase un sentido para levantarse cada mañana. Parecía que incluso Rukia aceptaba que las cosas fueran de esa manera. Siempre peleando por estupideces como quien hará las compras, porque no te atas bien los zapatos, ¿a eso llamas lavar platos?, yo comeré lo que me da la gana, entre otras cosas que realmente no tenían importancia. Aun así, todo eso se le vino a la mente al chico al ver el ceño fruncido de la morena mientras leía el libro. Se acercó con paso lento y le dio un pequeño golpe sobre la frente que la hizo saltar sobre sí misma.

—Hey, no estés tan distraída —le dijo Ichigo.

Rukia, quien habia sido interrumpida en una de las partes más buenas de "Orgullo y Prejuicio" le puso mala cara sin estar realmente enojada. Nunca se podía enojar verdaderamente con él y a veces eso le irritaba.

—No era necesario que me golpees para llamar mi atención, idiota.

—Siempre tengo que hacer algo así o si no, no me llamaría Ichigo.

—Ja, ja, ¿observas mi risa? Se llama sarcasmo —cerro con fuerza el libro, metiéndolo rápidamente en su bolso.

El chico elevo una ceja con curiosidad.

—¿Por qué nunca quieres dejarme ver ese libro, Rukia? Ya te lo he visto muchas veces y ni siquiera sé el título.

Un adorable sonrojo apareció en las mejillas de la mujer, haciendo que ella gruñese por ser tan susceptible.

—No es de tu incumbencia.

—Vamos, no voy a reírme —le dedico una sonrisa ladeada.

—Tu siempre te burlas de mis cosas —contraataco.

Ichigo se hizo el ofendido.

—¿Yo? ¡Ni hablar!

—¡Cínico! —Rugió Rukia— Te burlaste de mi pijama la primera vez que la viste, de mi camiseta del show de Chappy ¡Y de la sexualidad de mi cámara!

—Tienes que admitir que cuando me contaste que tu cámara era mujer fue hilarante —dijo, mientras reprimía una risa burlona al final de su garganta.

—Eres igual a… —de inmediato, la mujer se quedó perpleja mientras cerraba la boca con la mandíbula apretada y desviaba la vista.

Ichigo parpadeó un par de veces, sintiendo como el ambiente, libre de tensiones, habia cambiado rápidamente. Como si el pasado se estuviera cerniendo sobre ambos.

—¿A quién soy igual? —murmuró el chico a la par que se sacudía el cabello naranja para quitar el aguanieve que habia caído sobre él.

La chica solo negó con la cabeza.

—A alguien. Me recuerdas a alguien con quien solía estar. —Por algún motivo, no le gusto para nada ese tinte melancólico en la voz de Rukia, era como recordar algo profundamente malo. Una de sus pesadillas.

Fue un acto reflejo y lo juraría bajo tortura.

Una de sus manos acarició con parsimonia el cabello negro de Rukia, removiéndolo como si fuese una niña pequeña. Mientras tanto, la chica se quedó perpleja, sintiendo esos largos y callosos dedos pasar por sobre su cuero cabelludo, despertando mil terminaciones nerviosas que nadie habia tocado en más de diez años. Solo Hisana le habia hecho eso. Solo ella. Ni siquiera Byakuya. Solo su hermana. Instantáneamente sus ojos se aguaron al sacar algunos recuerdos de la caja de pandora y sentirlos hurgar en las yagas aun en carne viva. Esas que nunca habían logrado cerrarse por completo y que amenazaban con destruir ese pequeño mundo que tenía.

Ichigo estaba logrando con un simple acto lo que nadie habia hecho con miles de lujos, dinero o palabras.

—Espero que esa persona haya sido buena contigo porque si no me sentiré realmente mal —susurró el chico.

Rukia rio, empujando las lágrimas hacia atrás para ver el rostro pálido de Ichigo.

—Creo que ustedes dos se llevarían bien. Definitivamente se unirían para hacerme la vida imposible.

Ambos rieron.

Ninguno se dio cuenta de los murmullos a su alrededor.

Ni tampoco del hombre grande de barba arrugada que se acercaba a ambos y que, sin previo aviso, tomo de las solapas a Ichigo y lo tumbó en el suelo, boca abajo, ahogándolo con la nieve que seguía cayendo sobre sus cabezas.

—¡Ichigo! —gritó Rukia con ojos desorbitados, dejando su bolso bajo el árbol.

Ella sintió como sus brazos fueron inmovilizados rápidamente y su espalda fue a parar sobre el árbol en el que habia estado recostada. Luego, un intenso dolor en su vientre le hizo consciente de que la habían pateado en la boca del estómago para mantenerla en su sitio. Si bien no era un dolor que no pudiese contrarrestar, ella habia superado cosas peores demonios, el ver que dos tipos con caras desconocidas la tenían inmovilizada por ambos brazos hizo que sus instintos básicos, de esos que salían cuando la mente previene un gran peligro, salieran a la luz. Sin embargo, por más que intentó zafarse de los gorilas que la tenían sujeta, ellos claramente la superaban en fuerza y no pudo más que patalear e intentar darle a alguno de ellos con sus botas de conejito.

Mala hora para haber llevado felpudos.

Con sus fuerzas mermando, observó como Ichigo, ese idiota compañero de cuarto suyo, golpeaba varias veces al hombre grande; sin embargo, su rostro, lleno de cicatrices punzantes, sangre, labios partidos, nariz probablemente rota también y de un azul que no era humano la hizo paralizarse del miedo. De pronto, los sonidos que habían sido acallados por su desesperación tuvieron sentido: gritos, algunos pidiendo que se llamase a la policía, otros apostando por el grandulón de barba. Y estaba ella, que al parecer ese zumbido dentro de sus oídos habia remitido y podía escuchar al contrincante de Ichigo gritar.

—¡¿No te vas a levantar, huérfano?! ¡Claro, si eres igual de marica que tu padre! —Ichigo, quien estaba agachado contra su estómago respirando agitadamente, se debatía entre seguir peleando o ayudar a Rukia. Sin embargo, todos sus pensamientos volaron muy lejos al sentir el codo de su compañero de clase, The great Dud como solían llamarlo, incrustarse en su espina dorsal, haciéndole caer sobre la nieve. La espalda le ardía como los mil demonios y sentía la nariz empezar a emanar sangre a borbotones— ¡Marica traidor! ¡Tu madre fue la perra de un terrorista! —una patada le asesto directamente en la parte trasera de las rodillas, haciéndole gruñir de dolor— ¡Y tú nos traicionaras igual que él! ¡Nos harás perder la guerra! ¡Esos idiotas deberían morirse de una puta vez!

Con cada frase, un golpe era asestado. Cara, estomago, piernas, espalda. Todo su cuerpo ardía de dolor y él no podía determinar si eran sus gritos los que escapaban de sus labios o los de alguien más. Las voces a su alrededor eran difusas. Todo se habia ido a la mierda, pensó, porque con esos insultos era imposible que su compañera de piso no atara cabos sueltos. Todo se volvería incómodo. A la normalidad, o lo que él consideraba su infierno personal. El hombre de barba paro de golpear e Ichigo no hizo el intento de levantarse más, seria perder el tiempo y, además, la nieve estaba ayudando a la nariz probablemente rota. ¿Qué ganaba peleando? Era muy probable que nadie le creyese, que todos empezaran a señalar con el dedo y que los pocos testigos de su participación social dijeran cosas contra él.

—Así que no vas a decir nada, ¿eh? —rugió su contrincante, quien tenía los puños apretados sobre sus muslos.

Rukia observaba como el chico se detenía y por un loco momento, rezó para que todo terminara, que nadie saliera herido de gravedad. Para variar, se equivocó.

—¡Cobarde! No solo por tu padre, —escupió— ¿te crio Ishida, verdad? Sí, eres igual a él, a su hijo y a todos los de ese apellido. —Soltó una risa macabra mientras se limpiaba la nieve de la ropa de invierno que traía encima— ¿Sabes lo que dicen, capullo? Que Ishida se unió al bando equivocado, que traicionó a todos. No debería sorprenderte, es igual de cobarde que todos. ¿Pero sabes que es lo peor? Que no tuvo honor para traicionar a América de una manera más directa, no, se escabullo, como la perra que es. Espió y luego nos vendió.

Mientras escuchaba cada palabra que el chico decía, las fuerzas de Ichigo comenzaban a llegar del fondo de su alma, de su voluntad que aún no estaba rota; por ello, se levantó del suelo y observó al hombre con la mandíbula apretada y los ojos refulgiendo de ira. Podía decir lo que sea de su padre, incluso de su madre aunque no lo tolerase mucho, pero de Ryuuken…

Nadie se metía con el único ser humano que le habia mostrado compasión en su vida. Nadie.

Todo fue como ver un espectáculo en cámara lenta o así lo sintió la chica de cabellos negros quien seguía intentando averiguar una manera de escapar a la prisión de brazos que la tenían atada al árbol. La primera toma fue ver a Ichigo levantarse después de tremenda paliza, la segunda fue observar que no tenía expresión alguna en su rostro, como si fuese un robot solo guiado por rabia y odio. La tercera fue ver al gran hombre de barba ser estampado en el suelo mientras Ichigo le propinaba golpe tras golpe y rugía palabras inentendibles a sus oídos. La cuarta y última escena fue escuchar gritos de auxilio, de ayuda, de "llamen a la policía porque el tipo se ha vuelto loco". Ella no entendía porque todos se alteraban tanto cuando Ichigo golpeaba y no hacían ni mierda cuando él era apaleado hasta la inconciencia. Apretó los dientes, intentando hacer fuerza contra los gorilas que la tenían sostenida; ellos, al darse cuenta de que su líder estaba siendo golpeado, no tenían toda su fuerza puesta en vigilar a la acompañante de Kurosaki, por ello, Rukia pudo noquear a uno con la facilidad que Byakuya y Renji le habían enseñado.

Ninguno de ellos vio el puño de la pequeña chica asestar en sus partes bajas. El de la derecha recibió uno muy doloroso y el de la izquierda simplemente quedo K.O. sobre la nieve. Rukia giro su cabeza al escuchar un gemido ahogado a su derecha y vio que Ichigo habia vuelto a ser tumbado en la nieve pero que ofrecía resistencia. Ella no reconoció los ojos amables del chico dentro de ese cuerpo mecánico que solo pedía sangre.

Por otro lado, Ichigo solo sabía que tenía que hacer que la boca de ese tipo no volviese a emitir ningún sonido. Un instinto básico que jamás habia reconocido hasta ese momento. El único pensamiento que pasaba por su cabeza era "Nunca Ishida. No con Ishida". Y no supo cuando bajo la guardia lo suficiente como para que el otro tipo volviese a tumbarlo sobre la nieve que ahora dejaba denotar algunas manchas rojas por sobre la tierra, haciéndola impura. Sin embargo, él resistió mientras las palabras de su contrincante volvían al ataque. Al parecer no le habia roto la boca en esos golpes.

—Esto es lo que —tosió un poco, salpicando el rostro de Ichigo de sangre— eres. Que todos te vean, Kurosaki —rugió desde lo hondo de su garganta, solo haciendo que el chico lo escuchara. De alguna manera, lo agradeció— ¡Que todos vean el monstro que llevas dentro! A ver si te van a quedar las ganas de quedarte en nuestro campus, cobarde.

Ichigo sonrió de lado, no como lo hacía con sus amigos, no, esa sonrisa era completamente predatoria. De un animal que solo quería atacar, morder y desgarrar.

—Y tu padre que, Duds, ¿ya salió de prisión después de violar a esas mujeres? —el chico observo como la sangre del hombre abandonaba todas las venas de su rostro, dejándolo pálido y con los ojos desorbitados. No pensó que Kurosaki podía morder o hablar en todo caso— ¿O está esperando que su hijito haga lo que debe de hacer? Tendrá que esperar sentado, ¿no lo crees? —La respiración del tipo se agito así como su agarre en el cuello de Ichigo— Dime, gran amigo, ¿cuándo le dirás a papaíto que eres un chupapollas?

El rugido que Duds profirió fue algo que Rukia podía describir como un animal herido. No sabía exactamente qué le habia dicho Ichigo pero el hombre se habia alterado hasta niveles estratosféricos y ahora lo golpeaba como si no hubiese un mañana, como si matarlo fuese la solución más fácil a todos sus problemas. Ella ya estaba a punto de intentar parar la pelea cuando escuchó:

—¡Cállate! ¡Cállate! ¡Cállate! —Cada palabra finalizaba con un golpe sobre su demacrado rostro— ¡No sabes una mierda, bastardo! ¡No te atrevas a insultarme de esa manera! ¡No te atrevas! —se levantó de encima de su cuerpo, dejando a Ichigo tirado sobre la nieve impura a su alrededor. Siempre roja. — ¡Tu menos que nadie! —se limpió el rostro con el puño de su cazadora, haciendo que la sangre se desparramara por su barba y por la parte del cuello. Parecía que habia salido de una sala de operaciones en la que algo habia ido terriblemente mal. Y las personas seguían amontonadas a su alrededor, sin mover o decir una sola palabra.

—Jodete —rugió con sus últimas fuerzas.

Duds soltó una risa macabra.

—Lo siento, no eres mi tipo —susurró. Luego, el tipo escupió en algún lugar cercano a su mano derecha, lo cual hizo que alejara sus dedos de ese lugar asqueroso. Su cuerpo tendría agujetas por unas dos semanas después de esto— Además, ¿por qué tendría que seguir gastando energía en alguien como tú? ¿Crees que no se corre el rumor de lo que eres? ¿Lo que hiciste?

Ichigo tosió un poco y respiro con fuerza. Observó a su derecha y vio que Rukia estaba a unos pasos, podía leer su mirada. "Voy a acercarme" le decía. Y, sin embargo, él hizo un movimiento negativo con la cabeza, intentando por todos los medios mantenerla alejada. No iba a dejar que ese abusador le tocara otro pelo, no lo iba a permitir. Esa era su batalla, ¿cómo se vería si una chica intervenía por él? No, iba a pelear solo. Y la morena entendió, en ese lenguaje sin palabras lo que Ichigo quiso decirle pero eso no hizo sentirle mejor. Quería que lo dejase a su suerte, allí, casi sin rostro sobre la nieve. Bien, ya podía esperar sentado.

—Creo que no te sigo…

El hombre de barba volvió a reír con esa voz grave y ronca.

—Tu rumor, hijo de puta. Que contrataste a Kuchiki para que se deshiciera de algo que no te gustaba.

El chico frunció el ceño. Vaya, hasta eso se habia colado en los medios, mal dicho para arruinar las cosas.

—Y debería creerte porque…

—Lo supuse, —retrocedió unos pasos y suspiro gravemente— ni siquiera eres capaz de aceptar que te has vendido, bueno, no debería sorprenderme, siendo la perra que eres. —Observó a Ichigo fulminarle con la mirada y él solo agrandó su sonrisa— ¿Quién estuvo abajo, mariquita? ¿Kuchiki o tú? Apuesto a que te gusta que te den por culo ¡Oh! Imagino el rostro del pijo ese cuando le pediste "ayuda" —hizo énfasis con sus dedos para resaltar las comillas—. Todos ustedes son iguales, arrastrados del gobierno. Ishida es una mierda, el padre y el hijo que desapareció días después que lo hizo su padre. Pero tú, —le señalo— dios, tú eres peor porque tienes la cara de presentarte en público después de haberte liado con Kuchiki. Y el tipo es lo peor que le ha podido pasar a este país, cobarde y un hijo de…

El grito de sorpresa de los espectadores no se hizo esperar, tampoco los ojos desorbitados de Ichigo quien se levantó lo mejor que pudo sobre la nieve, sosteniéndose de sus brazos para observar como Rukia, esa menuda chica de cabello negro y ojos intensos, de un solo golpe en el cuello, dejaba K.O. al tipo que habia quedado inmóvil sobre la nieve pero con los ojos abiertos de par en par.

Los aullidos de los presentes empezaron a difuminarse mientras algunos profesores llegaban a intentar detener la trifulca, habiendo llegado ya demasiado tarde.

—Rukia —murmuró Ichigo, viendo cómo una expresión que nunca antes habia visto se instalaba en el rostro de la chica. No era la de un animal herido, ni tampoco de alguien quien deseaba venganza, sangre.

Nada.

Su expresión era fría, calculadora y completamente tranquila.

Como si se hubiese deshecho de algo que no servía.

Para Rukia, las ultimas frases habían sido la gota que derramo el vaso. Bien, su hermano la habia desheredado, no iba a seguir llorando sobre eso; sin embargo, la única persona que podía decir cosas malas de Byakuya era ella. Nadie tenía derecho. Nadie. Y ese idiota mucho menos. Era solo un trozo de basura que debía de ser eliminada y eso hizo. Con un certero golpe que Renji le habia enseñado de sus entrenamientos paramilitares, encontró el punto preciso que unía el cerebelo con el cerebro y lo dejó paralizado totalmente sin elección alguna. Ella no se ensuciaba las manos.

Un Kuchiki jugaba las armas que tenía y no iba a dejar que nadie, ni siquiera Ichigo, mancillará su apellido.

Primero muerta.

Se acercó al tipo, sin escuchar la voz del chico de cabellos naranjas detrás de ella. Se arrodillo y susurró en su oído, sabiendo que en ese estado vegetal aun podía escuchar y sentir pero no podría hablar ni moverse de forma alguna. Los ojos de hombre la miraban con una mezcla entre el miedo que le profesaban esos ojos vacíos y el terror de no poder mover ni un solo musculo de su cuerpo, como si hubiese quedado paralitico de por vida.

—Si vuelves siquiera a dejar que tu sucia boca pronuncie nuevamente el apellido "Kuchiki", recibirás con creces lo que te mereces. Quizá incluso deba advertirte que los guardaespaldas de la familia se toman muy en serio la "comodidad" que les brindan a sus "huéspedes", si me entiendes, ¿no? Asiente con la cabeza si sí —luego sonrió de lado— Cierto, no puedes moverte. Ni lo harás, no por lo menos en un futuro cercano. Bienvenido a tu nueva vida como vegetal, gran amigo.

Con eso, se levantó y se limpió el abrigo que llevaba puesto. Al girarse, observó que Ichigo la observaba con cautela, como si no supiese que pensar de ella. Y en cierta forma no lo culpaba, habían muchas cosas que no sabía, por ejemplo, como es que pudo dejar inmóvil a un hombre de ese tamaño solo con un movimiento que, Ichigo supo, era de entrenamiento paramilitar americano, de los les hacían hacer a los espías de la CIA. Por un momento, el chico no supo si sentirse aliviado de saber que esa chica muy probablemente era una espía o algo por el estilo. No, definitivamente no se sintió para nada aliviado, sin embargo, cuando vio nuevamente el rostro de Rukia al voltear, pudo reconocer algo de la chica con la que habia estado conversando minutos antes.

—Ichigo, yo…

—¿Por qué lo hiciste? —Se cruzó de brazos— Mira, no sé qué le hiciste para que dejara de moverse y sinceramente, no quiero saber, pero tengo que preguntar: ¿Por qué?

Ella se alzó de hombros y él supo que estaba evitando mirarlo, eso le enfado.

—Rukia…

—Me estaba hartando, ¿sí? —dijo rápidamente, como si quisiera huir de sus propias acciones. Quizá eso era lo único que sabía hacer: correr— El tipo era un idiota y estabas herido, bueno, lo estas —observó, viendo como el rostro del chico comenzaba a hincharse—, y escuche que alguien habia ido a un teléfono público a llamar a la policía, ¿realmente quieres que te encuentren en esta posición frente a todos? Creo que sería mejor si vamos a la enfermería de este lugar.

El chico resopló.

—Estamos en el pabellón de medicina, Rukia. Podemos ir a cualquier aula autorizada para prácticas y encontraremos lo básico.

Y ella se sintió tonta por haberlo dicho. Frunció el ceño.

—Oh, bueno, tienes razón. —Las personas ya se habían dispersado pero las que no, seguían cuchicheando entre ellos, los que supuso eran los profesores estaban haciendo que los gorilas del idiota se levantaran y empezaban a ir a ver al chico inmóvil en el suelo.

Las preguntas que les hicieron duraron poco porque, al parecer, uno de los testigos no tenía nada contra Kurosaki; por lo tanto, admitió que Raphael, ese era el verdadero nombre del tipo, habia empezado la trifulca, insultando y pegando a diestra y siniestra. Solo por eso, Ichigo no fue llevado a la dirección del decano y tuvo que pasar por el tópico de la universidad para que le arreglaran la nariz y los cortes. Rukia, por supuesto, lo acompaño.

Una hora y media después, ya llegaba tarde a su turno para variar, ambos salieron en un silencio incomodo hacia una de las salidas anexas a la facultad de medicina, impidiendo que las personas los vieran y empezaran otra pelea.

Mientras iban caminando, cada uno pensaba en las posibilidades grandes de haberla jodido hasta el punto de no retorno. Rukia, por un lado, tenía miedo de que Ichigo pudiera haber reconocido algo de ese golpe o del porqué, principalmente lo habia hecho. Por la seguridad del chico, estaba decidida a ocultar que era una Kuchiki hasta las últimas consecuencias porque si Byakuya o alguien relacionado con Kuchiki INC llegaba a enterarse, pues, quien corría el peligro de ser interrogado por los matones de la empresa, o de los enemigos de la familia, era el chico idiota de cabellos naranjas a su lado. Sin embargo, habia algo que no le cuadraba del todo a Rukia y eso era el motivo de la pelea. Ella era inteligente y habia captado algunas partes de los insultos del idiota paralizado: sabía que Ichigo estaba relacionado con el apellido Ishida de alguna manera, que su padre, sea quien sea, habia hecho algo sumamente malo, quizá en la segunda guerra mundial, y que su madre era cómplice de algo, desconocía el que. No obstante, conocía a Ichigo: No iba a soltar prenda de ninguna manera y, si lo hacía, pondría sus condiciones, como decirle de quien estaba huyendo. No era una opción.

Por otro lado, Ichigo sentía las mismas estúpidas dudas. ¿Por qué habia reaccionado de esa manera? ¿Qué era lo que le habia hecho a Raphael? Porque no podía omitir el hecho de que tuvieron que venir los paramédicos a llevarse al tipo que ni hablar podía y, sin embargo, estaba despierto. Miles de preguntas cruzaban su mente y teorías también. Era la única razón viable que veía para que la chica actuara de esa manera: Que tuviese algo que ver con Byakuya Kuchiki. Quizás estaba huyendo de él, quizás su familia le debía algo a Kuchiki y él, como el bastardo sin alma que era, la estaba persiguiendo hasta que su cadáver nadara con los peces en el Atlántico. Él esperaba fervientemente que esa teoría no fuera verdad ya que no podía soportar la idea de que alguien tan joven como ella se hubiese vendido por cualquier cosa a Kuchiki. No, debía de haber otra explicación factible. "Quizá si se habia aburrido de las idioteces de Raphael" pensó, intentando creer esa obvia mentira. Y, al igual que Rukia, Ichigo sabía que no podría preguntar así como así, porque no estaba bien y, además, le pediría que le dijera el porqué de la pelea. De hecho, aún estaba nervioso y necesitaba saber si ella habia atado cabos sueltos al escuchar los insultos del hombre de barba.

Ya estaban en la avenida principal que daba directo a la avenida, cuando sintió la pequeña mano de Rukia sobre su antebrazo, inconscientemente, un escalofrío recorrió su cuerpo.

¿Cómo era posible que esa pequeña chica que habia tumbado a una mole de 90 kilos con un solo movimiento tuviera un tacto tan gentil y suave? No lo comprendía.

—Espera, —murmuró— esto es incómodo, ¿sabes?

Ichigo frunció el ceño.

—¿El qué?

—Esto, —hizo un ademan con ambos dedos índice como queriendo graficar la situación en general— el silencio, nuestros pasos, no lo sé. Pero es incómodo y sé que la única manera de resolver esto es hablando de lo sucedido.

El chico se tensó de pies a cabeza. Era hora de la verdad.

—Bien, si así lo quieres, —murmuró Ichigo— no sé si habrás escuchado todo lo que el idiota de Raphael ha dicho pero…

Rukia bufó.

—La pregunta sería quien no lo escucho. Tiene la voz más chillona que he escuchado en un chico.

Ichigo emitió una pequeña carcajada, sonriendo de lado.

—Apoyo la moción. —Suspiró, metiendo ambas manos en los bolsillos de su pantalón de mezclilla— El tema es que hay muchas cosas de las que no quisiera hablar. No he tenido una… —carraspeo un poco, sintiéndose nervioso de pronto— infancia, por decirlo así, muy común. Yo…

—¡Espera!

Ichigo volteo a ver a Rukia quien estaba, en todo el sentido de la palabra, pálida hasta el punto de parecer que su temperatura corporal habia bajado a bajo cero, lo cual era estúpido porque si no, no estaría viva. Y ahí estaba ella, viéndolo con horror.

—Ichigo, no te estoy pidiendo que me cuentes el inicio de todo. Creo haberte dejado claro que lo que tengas que decir, lo puedes decir cuando te sientas cómodo.

—Estoy cómodo.

—No, no lo estas. Estas más tenso que una cuerda de arco. Además, no era a eso a lo que me refería con hablar de lo sucedido. —Suspiró, elevando el hombro para cargar su pequeño maletín que se le estaba escurriendo de los hombros— Específicamente, quiero saber si lo que dijo el idiota ese era verdad.

—Define "verdad" —susurró.

—Mencionó que estás relacionado de alguna manera con Ishida, que tus padres fastidiaron a alguien de alto cargo, no lo sé. Ese tipo de verdad. No necesito los detalles, no en este momento al menos.

Ichigo la observó fijamente, intentando averiguar mediante su mirada si habia algún truco escondido bajo esos hermosos ojos grandes de color extravagante. Él sabía que debía de estar desconfiando; pero que Rukia no tenga más que una pista leve de quien era le parecía pragmático, terapéutico incluso. La broma más cruel del universo si lo decía en sus palabras y, aun así, era como si el orden natural de las cosas estuviese de su parte y le dijera: Hoy no te vamos a joder, más adelante, ya veremos. Así que asintió levemente con la cabeza.

—Verdad.

La chica suspiró, sin embargo, no le duró mucho la tranquilidad.

—Específicamente, Rukia, necesito que tú también me confirmes si es verdad lo que estoy pensando.

Ella bufó.

—No soy psíquica. No tengo idea de que puede estar pasando por ese pervertido cerebro tuyo.

—Voy a obviar la última parte e ir directo al grano: Creo que golpeaste a Raphael por lo que dijo acerca de Kuchiki —el chico pudo ver como imperceptiblemente, la chica se alejaba de él— Rukia…

—Ichigo realmente no quieres saber porque lo golpee. Verdaderamente. Es mejor irnos, hoy haremos las compras antes de ir al café. Ya no tenemos huevos y sé que te gustan los huevos. Sí, tenemos que ir a comprar huevos… —dicho esto, empezó a caminar tranquilamente en dirección al café, evitando la mirada del chico.

No fue demasiado lejos porque la mano de Ichigo hizo mella en su antebrazo, arrugando su abrigo.

—Ichigo…—se le cortó la voz en la última silaba de su nombre.

—No, escucha. Yo te he dicho con una simple palabra lo que tú creías que era verdad. No me has pedido detalles, ni que hable de mis sentimientos y te agradezco enormemente que lo hayas hecho pero espero algo de reciprocidad con el pequeño detalle de que acabas de mandar al hospital a un hombre inocente.

—Era un idiota y bravucón, ¿o no te has visto el rostro?

—No me refería a eso. Al menos escucha mi teoría…

La chica se giró con fuerza, zafándose de la mano de Ichigo. Ella estaba preparada para correr.

—Habla.

Ichigo suspiró.

—Creo que estas huyendo de Kuchiki porque hiciste algo contra su familia o le debes dinero o algo por el estilo. Así que por eso temes que alguien hable de él o algo así, no tengo muy claro todo. ¿Es cierto?

Rukia se mordió el labio inferior nerviosamente. No quería sostener la conversación sobre sus acciones o sobre si tenía remordimientos por haberle hecho algo tan bajo a ese hombre. De hecho, la hipótesis de Ichigo se acercaba un poco a la verdad y aunque no habia descartado el hecho de que quizá su teoría, sobre el porqué se inició la pelea en todo caso, era errónea, no quería ponerlo en peligro. Ya era peligroso que mencionase el apellido Kuchiki en voz alta en plena calle. Su hermano le habia enseñado que las veredas, arboles, incluso el aire tenia oídos y que cada oído tergiversaba la información de una retorcida manera que servía para el beneficio de los grandes peces. Así que, con los nervios a flor de piel y mirando a todos lados, esperando que no hubiese nadie curioso en los alrededores, asintió con la cabeza para luego susurrar:

—Te acercas bastante y no diré nada más —añadió al ver que el chico abría su boca para replicar.

—Bien, bien. Realmente eres paranoica. —se quejó Ichigo mientras se le adelantaba para caminar hacia la tienda de víveres.

Ella volvió a bufar.

—Algún día, me lo agradecerás.

—No creo que ese día este muy cerca de todos modos. —Soltó una pequeña risa.

—Idiota, ahora apresurémonos que ya llegas tarde al turno. Inoue tiene que ir a clases.

El chico alzó una ceja.

—¿Ahora eres la mejor amiga de Inoue?

—Soy su amiga, así como también soy la tuya. —le dijo sin importancia, mientras seguían caminando.

El chico sintió un leve rubor en sus mejillas pero no se amilanó al decir.

—Lo sé. Gracias por ello.

—De nada. Y ahora esperemos que no espantes a demasiados clientes con tu rostro deformado.

—No esta tan mal —habló, mientras hacia un puchero infantil.

Ella rio bajito.

—No, claro que no, solo falta que te compremos una máscara de Halloween y ¡Voila! Estas listo para trabajar.

—Realmente eres pesada, enana del demonio.

—Y tu un friki, idiota.

—Habla la que tiene una cámara de dudosa sexualidad como mejor amiga.

El golpe leve en el brazo no se hizo esperar.

—¡No te metas con Shirayuki, imbécil!

La nieve caía tenuemente sobre esa tarde en Nueva York mientras ambos caminaban pacíficamente hacia la tienda de víveres.

27 de febrero de 1969

Only love can break a heart, only love can…

Uno de los versos más conocidos de la canción de Gene Pitney sonaba en el tocadiscos del café de Paris, el cual estaba a unos minutos de cerrar el local. Eran ya un cuarto para las once y tanto como Rukia, Ichigo, Ururu, Jinta y Yoruichi estaban entusiasmados con terminar un poco antes, así sean quince minutos antes, pero hacían la diferencia; además, Yoruichi habia prometido que, si terminaban temprano, la cena iría por cuenta de Urahara quien en esos momentos bajaba de una larga siesta laboral.

El hombre de negocios se quedó en el rellano de las escaleras, observando como Rukia Kuchiki limpiaba las mesas con una rapidez insólita y estaba seguro, lo podía dar por hecho, que si pasaba el dedo por encima de ellas, estas no tendrían ni tierra ni migajas. Porque ya la habia visto en acción. Él regresó de esa misión suicida que casi le habia costado la reputación y algo más a Yoruichi, con menos información de lo que esperaba, claro, si lo piensas detenidamente no todo fue una maldita pérdida de tiempo si contamos que habia descubierto el engaño de Kuchiki. Parcialmente, claro; porque el bastardo cubría muy bien sus huellas. Observando a la muchacha se le vino a la mente uno de esos recuerdos fugaces que a veces lo asaltaban en días nostálgicos. Y es que era nostálgico recordar la primera vez que conoció a Byakuya Kuchiki, allá por los años cuarenta, cuando la guerra parecía estar en todo su apogeo.

La casa alemana de campo de la familia Kuchiki se encontraba oculta entre los bosques del país, zonas que no estaban siendo usadas para crear campos de concentración o las grandes humaredas donde se calcinaba lo que ya no servía. Modesta pero elegante para la época, con tejas color rojo y un acabado de crema en cada rincón; el jardín que existía detrás era uno de los lugares más hermosos que Urahara podía recordar haber visitado porque era como correr por los campos elíseos. Existían miles de plantas extrañas, la mayoría traídas del no tan lejano Japón y otras de la India; muchas veces, él y Yoruichi habían bromeado con hacer de eso un negocio como jardín botánico alemán. Ginrei ni se inmutaba ante el chiste, ni siquiera alzaba la comisura de los labios que permanecían en un rictus estático. Y luego estaban las puertas, claro, todo al estilo japonés por dentro, noventa por ciento americano por fuera con el otro diez por ciento de un toque alemán para cubrir las apariencias.

Y luego, estaba el pequeño Byakuya.

Fue allá, por diciembre de 1942, cerca de las navidades de esa oscura época, en la que Kisuke Urahara, en ese entonces capitán de uno de los comandos especiales que estaba en misión por esos lugares, fue llevado a la casa de uno de los mandamases americanos más influentes de esos tiempos: Ginrei Kuchiki. La primera vez que vio a Byakuya le pareció simplemente un niño rico como cualquier otro: serio, elegante, sin noción de lo que podía encontrarse en el mundo. Todo cambio cuando Yoruichi, que ya conocía desde un tiempo atrás a los Kuchiki, arribó a la casa familiar y se topó con la curiosa escena de Byakuya persiguiendo a Yoruichi, intentando atraparla porque habia cogido una de sus pertenencias, alegando que se la daría si lograba alcanzarla. El niño, por supuesto, aceptó el reto. Vio por primera vez la dedicación que le puso en vencer a la mujer, en intentar con todas sus fuerzas recuperar un lazo azul que, al parecer, tenía un valor sentimental para él. Observó en esa mirada la determinación inocente que veía en los ojos de Ginrei, más oscuros por las guerras vividas. Determinación, dedicación y carácter para hacer las cosas, para lograrlas de la manera más factible posible. Esa fue la primera vez que vio al niño negociar con Yoruichi, porque no habia llegado a atraparla, por algo se le conocía a la chica como "la diosa de la velocidad" en el campo de batalla. Su don, extraño y peligroso, le permitió llegar a una sola conclusión.

Byakuya Kuchiki sería la amenaza más grande que sus enemigos pudiesen haber deseado porque tenía algo que el resto de personas no valoraba constantemente: Orgullo.

Rukia se sintió observada y alzó su rostro para ver cómo Urahara le sonreía de una manera extraña, como si estuviese viendo a alguien más a través de ella. Para cerciorarse, giro su cabeza hacia atrás, sin ver a nadie en específico. El hombre rubio soltó un pequeño resoplido de risa antes de volver a mirar a su staff: Ichigo estaba limpiando las cucharas de la maquina espresso con dedicación, Jinta y Ururu terminaban de encerar diversas zonas del café mientras que de la cocina se escuchaban los trastos ser guardados con rapidez. Esa debería ser Yoruichi, con el talento innato de cerrar un negocio en menos de media hora.

Él habia llegado como a las seis de la tarde de ese día, encontrándose con muchas sorpresas en el camino: al parecer, los clientes estaban felices con la nueva adquisición improvisada del café. Y que Yoruichi estaba feliz o al menos no habia dado indicios de querer perseguirlo para hacer un ritual demoniaco a un dios pagano con su sangre y cuerpo, por lo que él asumía que las cosas se estaban calmando. Más o menos. No supo cuánto tiempo se habia quedando observando a la nada cuando Yoruichi salió de la cocina, apagando varias luces a su paso y solo dejando la que daba a los casilleros de empleados, Ichigo terminaba de apagar las luces de la barra mientras que Jinta y Ururu ya guardaban sus implementos de limpieza. Y Rukia, bueno, ella estaba conversando con Ichigo en la barra. Alzó la ceja, intrigado y a la vez divertido, ¿así que terminaron haciéndose amigos? No le sorprendía; aun así, no conseguía sacarse esa sensación de que algo malo iba a pasar del pecho. No desde que se habia enterado de lo que estaba pasando en Vietnam.

Finalmente, las últimas luces del café se apagan, dejando solo las del salón principal mientras Yoruichi sacaba algunas bolsas que deberían ser la cena de esa noche.

—Así que ya te levantaste, idiota —la voz divertida de su esposa le hizo sonreír mientras caminaba hacia donde el resto de los empleados estaban sentados.

—Vaya, vaya, sí que dormí un buen rato —se disculpó.

Yoruichi solo le dio un emparedado que habia sacado de la bolsa grande. No le dedicó ni una sonrisa afable.

"Al menos no quiere asesinarme. La ley del hielo es mejor que eso." Pensó, mientras suspiraba y se sentaba al lado de la heredera Kuchiki. Mientras cenaban la improvisada comida de la noche, Urahara se dio el lujo de observar lo que se habia perdido en esos días de ausencia. No era mucho, algunos cambios menores sobre todo con la decoración, pegatinas que Ururu habia colocado en la puerta de la cocina, adornos que habían sido movidos para darle un aire más antiguo al local, las nuevas mesas que habían ordenado al inicio del mes ya habían llegado y finalmente estaban donde debían de estar. Y luego estaba Rukia Kuchiki. Él sabía, por supuesto que lo hacía, que Ichigo y ella estaban compartiendo piso a unas calles del café, en el antiguo departamento de Masaki Kurosaki. Eso aún lo desconcertaba, el hecho que Ichigo, el siempre reservado y arisco Kurosaki, haya llevado a una completa desconocida a vivir a su departamento; sin embargo, no se sorprendía del todo por lo sucedido. De alguna manera, el hombre rubio sabía que tarde o temprano ellos se encontrarían de una manera u otra. Estaban demasiado entrelazados para su gusto.

Así que allí, observando a la pequeña heredera Kuchiki, se preguntó: ¿Cómo es que el chico logró vencer sus prejuicios contra la familia armamentista después de lo sucedido? Fue instantáneo, como un flash automático que se dispara sin ser avistado del todo y entonces todo cobró sentido: Ichigo no sabía que ella venia de esa familia. Probablemente, y por cómo actuaba la chica a su alrededor, ella tampoco sabía exactamente quién era. Y no los culpaba. Ambos habían crecido en una burbuja que, en un determinado tiempo, les exploto en sus caras, quemándole los ojos, haciéndoles ver la realidad. Una punzada de nostalgia se instaló en su pecho mientras picoteaba lo último de su sándwich: Los compadecía. Porque tarde o temprano, ambos se enterarían de la verdad y esa pequeña burbuja que han estado empezando a crear volverá a estallarles en la cara.

—Así qué… —graznó el hombre rubio, saliendo de sus cavilaciones y haciendo que todos se quedaran callados— ¿has estado ayudando a cerrar el café estos días, Rukia?

La chica, que ya habia estado notando vibraciones extrañas proviniendo del hombre rubio, se tensó visiblemente. ¿Acaso habia cometido un error estando en ese lugar? ¿Habría hecho algo malo? De pronto, una mano cálida se asentó sobre su hombro. Conocía esa calidez, por lo que giro un poco su rostro para ver a su amigo, ese idiota de Ichigo, dedicarle una ligera sonrisa que le decía lo que su voz no. "Todo está bien".

Carraspeó.

—Sí, Ichigo me invito hace unos días y desde entonces no he podido salir de aquí. Realmente es un hermoso lugar para pasar el tiempo.

Urahara arqueó una ceja.

—Según lo que recuerdo, eres fotógrafa y una muy buena si no mal recuerdo —dijo, esbozando una pequeña sonrisa en sus labios.

—Ya ha tomado algunas fotografías del café, té diré —la voz de Yoruichi se hizo notar en la mesa, haciendo que varios pares de ojos miraran hacia Rukia con sorpresa, sobre todo los de su compañero de piso.

Las mejillas de la chica se colorearon ante lo dicho. ¿Lo habían notado? Y eso que ella habia sido cuidadosa.

—¿Lo sabias? —Murmuró con vergüenza— Lo siento mucho, no quería incomodarlos, yo…

—Nada de eso, mujer, —rio la mujer morena— de hecho, habia algo de lo que quería hablar contigo y con Urahara cuando éste despertara, así que, si ya terminaron, ¿subimos?

Sin esperar ninguna otra palabra, la mujer de cabellos violetas se levantó de la mesa y camino a paso lento escaleras arriba.

Urahara, que ya tenía en mente la sospecha de lo que quería decir Yoruichi, terminó de limpiarse las manos, se levantó y, siguiendo los pasos de la administradora, se giró hacia Rukia.

—Te estaremos esperando arriba.

Fue lo último que Rukia escuchó antes de girar su cabeza de nuevo hacia el frente.

—Estoy jodida —susurró, dejando salir un suspiro exasperado.

—No digas estupideces.

La voz de Jinta, el pequeño niño de cabello rojo que tanto le hacía recordar a Renji, se hizo presente por primera vez, dedicándole una mirada altanera.

—¿Perdón? —soltó la chica.

El niño chasqueó la lengua, levantando sus papeles de la mesa, seguido de Ururu.

—No es que te hallamos espiado, —a la mención de eso, las mejillas del chico se tiñeron de un rojo adorable. Por alguna razón, esto hizo que un sentimiento acido se asentara en el estómago de Ichigo, quien apretó sus manos en puños— es que llevabas la cámara a todos lados y, cuando la dejaste en tu casillero…

—¿Cogieron a Shirayuki? —la voz de la mujer morena habia sonado como un siseo mortal. Como el sonido de una serpiente a punto de atacar.

Jinta sudo frio por un momento y luego se giró a ver a Ururu que, al igual que el chico, estaba moviendo sus manos nerviosamente. Se esperaba que ellos fuesen así de curiosos, sin embargo, no habia dejado que nadie tocase su cámara. Jamás. Por lo tanto, era un tanto desconcertante saber que su kodak tenía huellas de manos extrañas en ellas.

—¡No-No la malogramos! ¡Lo juro! —sollozó la pequeña niña de las coletas.

—¡Cállate, Ururu! —le riñó Jinta.

—Dejen de molestar a Rukia, enanos, —bufó el chico, cruzándose de brazos— Jinta, al punto, ¿quieres? —argumento con molestia. No le habia gustado para nada que el niño espiara en cosas que no eran suyas.

Se dijo que era porque no debía de incitar las malas costumbres al mocoso, que eso no era adecuado como un comportamiento adecuado. Jamás fue porque no le gustara que espiaran a su amiga. No, eso jamás, ¿qué loco podría creer eso? Ichigo vio como Jinta bajo la mirada y murmuró.

—Hemos visto tus fotos. Son geniales. Sobre todo la de Ichigo en la barra.

Y fue ahí cuando Rukia oró a todos los dioses para que se la tragase la tierra. O venga un animal salvaje y la devore entera.

—¡¿Cómo es qué…?!

—¡¿Qué?! ¡¿Me tomaste una foto sin mi permiso, enana?! —esta vez, el avergonzado era él.

—¡¿Sin tu permiso dices?! —Soltó indignada mientras se levantaba del asiento— ¡Este es un espacio público! ¡Puedo tomar las fotos que quiera!

—¡No cuando salgo yo en ellas, maldición!

—¡Que tanto te quejas! ¡Saliste bien de todas maneras!

Ante el halago, la sangre de todo su cuerpo se amontonó en las mejillas del chico.

—¡No importa!

—Dios, ustedes parecen un viejo matrimonio —rumió Jinta.

—Déjalos, déjalos —suspiró Ururu—, están teniendo su momento privado.

Y el "momento privado" era en sí un duelo de miradas que amenazaba con convertirse en una clase master de karate japonés avanzado. Sinceramente, ambos niños no sabían cómo ellos no se habían matado antes estando solos si de esa manera ya eran un maldito peligro para todos. Jinta observó cómo los dos siguieron discutiendo por unos minutos más hasta que la chica recordó que tenía que encontrarse con Urahara en el segundo piso y fue corriendo hacia el rellano de la escalera. Él noto como Ichigo no le quitaba la vista de encima, también se dio cuenta que era muy probable que el hombre lo negase todo pero habría que intentar.

—Tarde o temprano tendrás que decirle, ¿sabes? —picó el pelirrojo con una mirada aguda.

Ichigo frunció el ceño, recordando vagamente que el niño habia estado espiándola.

—¿Decirle qué? Además, tenemos un problema aquí: ¿por qué andas espiando a mis invitados, Jinta? ¡Deja de intentar hacer que me despidan!

—No estaba intentándolo. Ella es bonita.

—¡Eso no te da derecho a tocar sus cosas!

Jinta arqueó una ceja.

—¿Y a ti te da el mismo derecho? Ya sabes, de "tocar" sus cosas —hizo comillas con sus dedos para enfatizar la palabra.

E Ichigo se sentía aún más confundido. ¿Tocar? ¿Cosas? ¿De qué clase de cosas estaba hablando ese enano?

—¿Qué?

—¿En serio no lo captas? Dios, eres más idiota de lo que pensé —se burló.

—Tu… maldito bastardo.

Y fue ahí cuando la pelea entre ambos comenzó, con una Ururu intentando calmar los ánimos entre ambos.

Mientras tanto, la heredera Kuchiki estaba frente a la puerta de la oficina del dueño del café, la cual estaba cerrada y de la que se escuchaban susurros desde adentro. Pensó seriamente en no interrumpir y regresar hacia donde el bullicio, que seguramente eran Jinta e Ichigo intentando matarse nuevamente, se escuchaba. Estaba a punto de regresar sobre sus pasos cuando la puerta se abrió de improviso y ella se quedó parada, como idiota, con un pie levantado listo para huir.

Yoruichi le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—Pasa, Rukia.

La muchacha tragó saliva y entró a la oficina.

Escucho la puerta cerrarse tras de ella y las palabras que no habia podido decir allá abajo por tener a tantos presentes, de pronto, se amontonaron en su garganta, esperando a ser vomitadas con la certeza de haber hecho algo realmente malo.

—Yo realmente lo siento, Urahara, —habló con rapidez Rukia— no he debido de meterme en tu café como si nada y menos tomando fotos de él. ¡Pensaras que estoy llevándome tus ideas a la competencia! ¡Dios, lo siento! Te compensaré, no sé cómo pero lo hare… ¡Dios, que tonta! ¡Y soy familia del hombre para el que trabajas! No creas que vengo a espiar por mi hermano, no, no es eso, yo…

Su verborrea se cortó intempestivamente cuando la mano del hombre rubio se alzó en el aire, diciéndole con ello que se detuviera.

—Cálmate, no has hecho nada malo, Kuchiki —él vio cómo la chica se tensaba como un alambre a la mención de su apellido— ¿te puedo seguir llamando Kuchiki?

La chica, que habia mantenido su cabeza agachada, la levanto tan rápidamente que algunos de sus huesos de la columna crujieron ante el esfuerzo. Urahara pudo ver en esos ojos expresivos muchos sentimientos encontrados: furia, miedo, desconcierto y algo, ahí, profundo y muy pantanoso, que olía como a rechazo. Odio. Él sabía hasta cierto punto cuan dañados estaban los Kuchiki, con un demonio, él habia sido participe de sus caídas y habia avistado otras. Conocía a Byakuya o al menos, se decía que lo hacía para intentar no acabar con su vida, por lo tanto, no fue una sorpresa ver que la niña, ahora mujer, frente a él poseía las mismas expresiones que su creador. Eran parecidos, dos gotas de petróleo entre un profundo mar cristalino que lo único que hacían eran destruirse mutuamente.

Lo que sí le sorprendió fue ver que el odio, ese mismo que habia visto incontables veces en cada miembro de esa familia, estaba reflejado hacia ella misma. Como si hubiera cometido actos imperdonables, y quizá lo habia hecho pero en contra de su voluntad. Él sabía muchas cosas. Yoruichi, con quien compartió una mirada preocupada, también lo notó. Ese odio visceral que crecía al fondo de esos hermosos ojos fríos. Quizá ni la misma Rukia supiera que estaba albergando tales sentimientos, no lo sabía. De lo que estaba seguro en un cien por ciento es que esos sentimientos acabarían con ella.

Y sobre su cadáver dejaría que esa chica terminara como Hisana Kuchiki.

Finalmente, la morena logró mantener sus emociones a raya. La habían tomado por sorpresa, claramente, ¿Quién iba a saber que Urahara sabia sobre su cedo de herencia? Luego, quiso abofetearse por idiota. "Claro que iba a saberlo, ¡Trabaja para tu hermano, tonta!" se dijo a si misma mientras respiraba lentamente, calmando sus estirados nervios. "Quizá si soy un poco paranoica…".

—Así que, ¿lo sabes? —comentó, intentando sonar casual pero fallando en el intento.

Kisuke sonrió tristemente mientras se quitaba el sombrero, dejando ver su cabello rubio.

—Temo que me enteré la misma noche de lo ocurrido, querida. —Volvió a ver la tensión regresar a su cuerpo— No te angusties, nadie más que yo y Yoruichi, aquí presente, lo sabe. —La observó fijamente— ¿Tú se lo has contado a alguien?

Rukia solo atino a negar con la cabeza mientras se sentaba en el filo de uno de los muebles.

—Bien, es mejor que no lo sepan muchas personas, se volvería peligroso.

Ella soltó una risa irónica.

—Ya era peligroso antes, no sé qué cambiará ahora que no tengo nada, no lo sé.

La mujer sintió como Yoruichi se acomodaba frente a ella en un sillón pequeño. La forma en la que sus ojos destilaban compasión le revolvió el estómago. Ella no quería compasión, se las podía arreglar ella sola.

"Siete días para conseguir un empleo".

Esas palabras fueron como el golpe a la realidad que necesitaba en esos momentos porque pudo sacudir su cabeza y despejarse. No necesitaba ser paranoica o hacer tonterías, lo que necesitaba era ser coherente, precisa y conseguir un maldito trabajo antes de quedar sin absolutamente nada.

—¿Cómo te has sentido? A la salud, me refiero.

La pregunta le tomó por sorpresa.

—Bien, supongo. No he sentido nada anormal, esto en perfecto estado —el tono dubitativo en su voz no hizo nada para amainar la mirada de la mujer morena.

Yoruichi asintió.

—Eso está bien porque he estado conversando con Kisuke acerca de algo importante. —Al ver el ceño fruncido de Rukia, decidió que era mejor que continuara con la explicación— Veras, habíamos decidido contratar a alguien de apoyo en el café unas semanas después de su apertura. El incremento de clientes ha sido realmente positivo esta semana, creo que tú misma has comprobado con tus propios ojos que las cosas aquí están avanzado realmente rápido. El caso es que necesitamos a una mesera para las tardes, para el turno de 3 a 11 como ya sabes. Necesita tener buena salud, tiempo disponible, ganas para trabajar y…

—Entiendo. —cortó la muchacha. Ahora entendía de que iba todo— Yo… lo lamento, realmente he estado causando problemas aquí.

Esta vez, fue Yoruichi quien arqueó la ceja con desconcierto.

—No te sigo.

—He estado retrasando el proceso de selección y…

—Para ser una Kuchiki a veces eres algo corta.

Las palabras de Urahara hicieron corto circuito en su mente, que se sintió indignada y furiosa ante el insulto.

Iba a replicar algo mordaz cuando Yoruichi volvió a ganarle la palabra.

—Te estoy recomendando a ti, Rukia.

La afonía rodeo el ambiente mientras la muchacha de cabello negro intentaba procesar lo que la esposa de Urahara habia murmurado. ¿Recomendarla? ¿Para trabajar? "¡Trabajo!" Su mente brillo como todos los faroles de navidad del mundo.

—¿En serio? —preguntó, algo desconfiada a pesar de todo.

Ella asintió con la cabeza.

—Seamos francos: has estado aquí menos de una semana y ya sabes cómo funciona todo. Tienes noción de cada mesa y recuerdas los pedidos. Eres hábil, rápida y, dios sabe cómo, pero puedes llevarte dos pedidos juntos en una bandeja sin voltearla completamente.

—Eso último, bueno, he tenido practica en… otro tipo de actividades —bajo la mirada pero una pequeña sonrisa se quedó en la comisura de sus labios.

Yoruichi asintió con la cabeza.

—Cómo puedes ver, necesitamos apoyo en el café y sabemos tu situación actual.

La mujer vio como Rukia se mordió el labio inferior con nerviosismo. "No se permite ser débil…" Se contestó, mientras algo cálido nacía en su pecho. Orgullo. Orgullo de la hermana de Hisana, de lo que ella estaba logrando por su memoria, porque sabía que, a pesar de todo, Rukia jamás olvido por completo de donde venía y ser traicionada de la manera en que Byakuya la traicionó solo confirmó sus sospechas. Ella no quería ser igual que Hisana, ni tampoco seguir los pasos calcados de los Kuchiki.

"Alguien diferente…"

—¿Qué dices, Rukia? —dijo con confianza la mujer gato.

Quería tener esperanza, en serio que sí, pero las palabras de Byakuya estaban tan arraigadas en su memoria que quitarlas dolía. Aún eran demasiada frescas para poder simplemente sacarlas de raíz. La esperanza es para los débiles, los que no tienen el poder de conquistar sus miedos y tomar el de los demás para su beneficio. No existe algo llamado esperanza. Recordar a Hisana solo le confirmaba lo tonto que era la emoción en sí, lo idiota que era el mundo en creer en algo que francamente no existe. Su hermana habia sido devota, o lo poco que se podía ser entre tanta mierda; ella creía y confiaba en que Dios la habia hecho pasar por todo eso debido a una especie de prueba que, al parecer, no habia pasado. A veces, en sus días malos, cuando aún tenía pesadillas que la despertaban en un estado de hipotermia mental en la que veía arañas, sombras extrañas y canticos raros, aun podía escuchar la voz de su hermana rezando en las noches calurosas del desierto de Arizona o haciendo el esfuerzo por decir alguna plegaria en la mitad de una tormenta de nieve sumamente fuerte. Y, en los días buenos, podía escuchar su risa. E incluso en esos momentos, en los que ella sabía que nada malo podría pasarles porque el sol estaba por todo lo alto y ellas eran las dueñas del camino, no se permitía dejar que la esperanza guiará sus pasos. Nunca escucho a Hisana hablar de algo tan subjetivo como la esperanza. "Eso es porque no existe algo llamado esperanza" se repitió mentalmente mientras frotaba sus manos por sobre sus pantalones de lana.

Y entonces, ¿qué era esa pequeña opresión en el centro de su pecho que la obligaba a querer decir que ?

—No, no puedo aceptarlo, Yoruichi. No es necesario, en serio…

—¿Por qué? —las palabras de Urahara cortaron su diatriba y le hicieron mirarlo. Sus ojos grises, antes afables, ahora la sondeaban con algo parecido a la observación aguda— ¿Por qué crees que no mereces el trabajo?

Rukia abrió sus ojos totalmente.

—No es cierto. Yo…

—Kuchiki, —Yoruichi dijo el apellido lo más cortante que pudo, instándola a girar su rostro y observar como los ojos de Rukia refulgían de furia al ver como estaba tratando a las palabras que le habían dado sentido a su vida— estas orgullosa de quien eres, de lo que tu apellido significa para ti, a pesar de… —se adelantó antes de que ella abriera su boca— todo lo que Byakuya te ha hecho. Se perfectamente por lo que has pasado, pequeña.

—No, no lo sabes, —respondió con rapidez— no puedes saberlo.

La mujer gato le miró con condescendencia.

—Lo sé, solo dejémoslo así, ¿bien? —Rukia asintió a regañadientes— El caso es, Kuchiki, que sé que has tratado de ser como Byakuya. Has intentado e intentado pero simplemente no puedes, ¿verdad? ¿Alguna vez te has preguntado por qué no puedes?

¿Era uno capaz de sufrir un desmayo y vomitar al mismo tiempo? Porque ella sentía que su mente estaba abandonando su cuerpo y su estómago quería dar la revancha. Quizá podría morir desmayada y ahogada en su propia bilis. Muy poético.

—Porque soy… soy… yo…

Yoruichi negó con la cabeza.

—No lo eres. Hay muchas cosas que no sabes, cómo también hay muchas por las que quisiera que existiera un aparato que borrara la memoria y así no tener que darte el suplicio de recordar cada noche. —La mujer froto sus manos una sobre la otra y luego apoyo sus codos en sus rodillas— Byakuya es cómo es por muchas razones que, si tú las hubieras vivido, serias capaz de entender a la perfección e incluso llegarías a darle la razón, posiblemente hasta compadecerlo. Quizá no hoy, ni mañana, ni este año pero algún día, entenderás porque hace lo que está haciendo…

—Y quizá ese día puedas perdonarlo —completó Kisuke, dejando que su mano derecha jugara con un bolígrafo que tenía sobre la mesa.

—No estoy enfadada por el cedo de herencia, si eso es lo que estas sugiriendo, Urahara. —Rumió con los dientes apretados— Es solo que…

—No necesitas decirlo. —Esta vez, Rukia observó fijamente a Yoruichi quien la miraba con una emoción indescifrable en el rostro— Presiento que es algo que tiene que quedar entre Hisana, Byakuya y tú. No podemos ensuciar esa memoria de esa manera, por lo que no preguntaremos; sin embargo, no puedes culparte de todo lo que está pasando, Kuchiki.

—Ya no soy una Kuchiki, ¿sabes? Deberías dejar de llamarme así.

—Cuando no vea en ti ni una maldita expresión que se parezca a la de ese niño estúpido que se hace llamar tu hermano, dejare de llamarte Kuchiki. Por ahora, solo veo un maldito conflicto que está haciendo que las cosas se salgan de control, ¿o me equivoco, Kisuke?

El hombre rubio asintió con la cabeza.

—Las cosas ya estaban descontroladas antes; ahora es simplemente un desastre.

Rukia frunció el ceño.

—No entiendo, ¿qué es lo que ha pasado? —Y de pronto, todas las alarmas se encendieron en su cerebro y su mente comenzó a precipitarse a distintos escenarios: su hermano siendo atacado, su hermano muriendo en los brazos de algún enemigo, Renji incapacitado o muerto, Kiyone siendo torturada por alguien con una máscara desconocida. — ¿Ha pasado algo con Kuchiki INC?

—Despreocúpate, difícilmente Byakuya está en problemas. Digamos que es él quien los está ocasionando.

—Eso me lo esperaba —suspiró Rukia, sintió un peso liberándose de su pecho.

—¿Cuál es tu respuesta, Rukia?

La muchacha se giró hacia la mujer morena.

—No lo sé…

Pensar en los pros y los contras que traería trabajar en un lugar tan público le provocaba dolor de cabeza. ¿Y si la encontraban? ¿Y si por su culpa miles salían heridos? Es por eso que nunca habia querido entablar una amistad o relación cercana con nadie. Era imposible que ese alguien no saliera herido, ya lo habia visto. Los herederos de otras mafias siendo asesinados por los guardaespaldas de su hermano, viendo como les volaban los sesos a los amigos de ellos o como los secuestraban para luego esparcir sus partes a diferentes tipos de locaciones establecidas. Y aun así…

—No solo harías de mesera, por supuesto.

Las palabras del rubio hombre que jugaba con el bolígrafo entre sus dedos, le hicieron arquear una ceja.

—¿Qué más haría?

—Bueno, hay una vacante para publicista, ¿te interesa? Básicamente tomarías fotos del café, de los empleados, de la comida y harías panfletos con ellos. Incluso podriamos usar tus fotografías para un panel publicitario y una nueva carta. Eso tendrías que hablarlo con Inoue, por supuesto, ella se encarga de casi todo el menú que tenemos en el café.

La boca de la chica se habia quedado abierta en un pequeño arco que formaba una "o" casi perfecta. Publicidad… utilizarían sus fotos para publicidad. Ayudaría, de alguna manera, a atraer nuevos clientes al café. Seria de ayuda, ella y Shirayuki servirían para algo. Los ayudaría y recibiría un pago por ello. Trabajo.

"Tienes siete días para encontrar un trabajo que sostenga tu economía".

Con eso mente, levantó barbilla.

Tanto Urahara como Yoruichi sonrieron al ver que el brillo de decisión en los ojos de Rukia era completamente igual al que tenía Byakuya cuando un negocio se habia cerrado claramente bien.

—¿En serio quieren utilizar mis fotos para publicidad?

—¿Te molestaría? —preguntó Urahara, arqueando una ceja.

—¡No! ¡Para nada! Es un honor, de hecho… solo que no pensé que…

—¿Lo merecías? —Completo Yoruichi, levantándose y dándole una sonrisa gatuna— Vamos, Kuchiki, hemos visto tu trabajo en las exposiciones de fin de ciclo, aunque tú nunca estés presente, a casi todos los que van a las galerías del Instituto de Fotografía les fascina tu trabajo.

—No lo sabía —enmudeció.

La conversación es interrumpida por el sonido del teléfono de la oficina que, sin previo aviso, cortó el ambiente entre los presentes.

—Yo contestó

Dicho eso, Urahara se levantó de la mesa en la que estaba apoyado y fue hacia detrás del escritorio para descolgar el teléfono.

—¿Entonces, aceptas? —volvió a preguntar Yoruichi con la ceja levantada.

Rukia soltó un jadeo emocionado.

La idea, la sola idea de que alguien vea sus fotografías en grandes paneles por la quinta avenida le producía una sensación de realización que nunca habia experimentado en su vida. Ni siquiera habia sabido que el instituto habia exhibido sus fotografías en las galerías que tenían semestralmente, claro, tampoco es como si hubiese estado animada por ir. Normalmente, por esas épocas era que Byakuya tenía sus reuniones con emisarios extranjeros que siempre querían un pedazo de él; por lo tanto, su deber como heredera era callar, quedarse en el apartamento e intentar no morir de aburrimiento. Cuando lograba salir, por medio de la ventana, se aseguraba de ponerse la peluca que siempre reservaba en caso de emergencia y ponerse unos tacos "tortura" siete para intentar desviar el hecho de que era extraño ver caminar a una chica de metro cuarenta por las calles. Finalmente, cuando los emisarios se iban rumiando por no haber conseguido nada de su hermano, ya era demasiado tarde. Las galerías estaban cerradas. Pese a todo, le gusto saber que al menos alguien habia visto su esfuerzo y lo habia valorado.

Y ahora…

—Sí, acepto ¡Claro que acepto! —la emoción se denotaba en su voz tanto como la alegría que le recorría el cuerpo.

Ver a Kuchiki así, siendo feliz por algo tan superficial como unas cuantas fotografías, era extraño. Negó con la cabeza, no eran simples fotografías. Ella habia visto lo que la chica podía hacer con una cámara y era más que arte; parecía magia. Simplemente sabía que ángulo capturar del maldito paisaje o de una vasija para que este pareciera que estaba vivo y que podía hablar, caminar, tomar el té con la reina, lo que sea. Sabía que con Kuchiki al mando de las fotos publicitarias, el café desplegaría a tal escala que pronto tendrían los recursos suficientes para poner una sucursal en Times Square. Si eran creativos, expandirse a Virginia.

Vagamente se preguntó qué cara pondría Byakuya cuando viera en lo exitosa que se convertiría su pequeña hermana. Quizá se plantearía la idea de volver a ponerla en la familia.

—Rukia.

Yoruichi observó las facciones de Urahara, quien habia llamado a su ahora trabajadora, con el ceño fruncido y una voz tensa. No habia escuchado ninguna palabra dicha por el intercomunicador, por lo que no entendía qué era lo que le habia hecho ponerse alerta de esa manera.

Sin previo aviso, volvió a poner el parlante en los labios.

—No cuelgues —dicho eso, aplasto un botón que lo dejo en espera.

—¿Quién era, Kisuke? —preguntó.

El rubio las miró a ambas y luego agudizo los ojos.

—¿De qué me he perdido, Shihouin?

La mujer se extrañó ante su comportamiento, desconcertada por las palabras dichas.

—¿De qué rayos estás hablando?

—Quiero saber porque Kaien Shiba está en el teléfono preguntando por Kuchiki y exigiendo hablar con ella. No, amenazando con enviar a los guardaespaldas de Kuukaku para hablar con ella.

—Oh, mierda…

El gruñido de Rukia lo escucharon ambos y vieron como la chica se levantó del mueble, comenzando a pasear por el recinto mientras se frotaba el rostro con las manos. Sabía que habia sido un error y ahora lo confirmaba. No debió de decirle a Kaien sobre el café, ni sobre nada en específico porque era peligroso para los clientes, para Urahara, para Ichigo, para todos. Y ahora el idiota lo habia arruinado todo.

—¿Por qué Shiba llamaría al café? Es inaudito —protestó Yoruichi.

—No, no lo es, —soltó la mujer de ojos grandes— yo le di el número.

—Kuchiki… —rugió el rubio.

—Fue un error del que me haré cargo, ¿bien? —Se frotó las manos contra su suéter de cuello largo, intentando que el nerviosismo menguara— Ha estado llamando al teléfono del primer piso desde la mañana. Inoue me lo dijo en cuanto llegue y no pensé que insistiría pero luego, empezó a sonar y a penas escuche su voz, colgué y apague el dial.

—Entonces ya se la razón por la cual mis llamadas no entraban al café —susurró el hombre con el teléfono aun en las manos.

—¿Sabes de qué quiere hablar?

La chica paso el peso de un pie al otro.

—No le di tiempo para explicarse pero sonaba enfadado cuando me habló por la tarde.

Los tres se sumieron en un silencio que fue roto por el sonido del dial del teléfono sonando rápidamente. Al parecer la persona en la otra línea estaba claramente desesperada.

—Oh, demonios, acabemos con esto —gruñó la chica mientras extendía la mano derecha para tomar el teléfono.

—Como desees.

El hombre le extiende la mano y le da el auricular. Con una simple mirada, le dice a Yoruichi que es mejor dejarla sola porque muy probablemente esa conversación no terminara de una buena manera, sobre todo si lo que Urahara deduce es cierto.

Rukia observa como ambos adultos juntan despacio la puerta de la oficina, sin cerrarla totalmente. Ella toma un leve respiro y presiona el botón rojo titilante.

—… ¡Con un carajo, Urahara! ¡Deja de ser un bastardo lameculos y pásame con Rukia!

—Soy yo, Kaien. —Tuvo que alejar un poco el auricular para no quedar momentáneamente sorda— Excelente vocabulario.

Un suspiro cansado se escuchó al otro lado de la línea y la chica hubiera podido jurar que su profesor habia caído de rodillas en el suelo, aliviado de escuchar su voz. Eso, de alguna manera, le provocaba una extraña sensación que no quería ponerse a analizar en esos momentos.

He estado intentando contactar contigo desde la maldita mañana, Rukia, ¿dónde carajos has estado?

—¿En clases? —cuestionó con una voz obvia.

Ya. Llame al número que me diste y me contesto alguien pero luego colgaron y, cuando volví a llamar, el numero estaba fuera de servicio…

—¡Lo siento! Era yo. Estaba trabajando, Kaien. No podía hablar en ese momento.

¿No crees que podrías habérmelo dicho de una manera verbal? —La voz del hombre denotaba molestia y algo más— ¡Me colgaste con un demonio!

Ella se quedó atónita.

—¿Estas controlando si te contesto el maldito teléfono o no?

Otro suspiro, unos murmullos maldiciendo a alguien y luego, la voz dura y cruda de Shiba resonando por el teléfono.

Sí, eso es exactamente lo que estoy haciendo, Kuchiki. Creo que tus privilegios han sido removidos por la estúpida jugada que has hecho.

Fue como si de pronto hubiesen apretado el botón de emergencia dentro de su cabeza y todos los síntomas empezaron a hacer mella en ella: sensación de ahogo, vértigo, hiperventilación y algo parecido a un entumecimiento general. Kaien sabía. Él sabía.

—¿De qué privilegios hablas? —Su voz sonó suave pero letal, como un cuchillo cortando lentamente la carne roja, deshaciendo sus moléculas poco a poco— ¿Qué es lo que sabes?

Lo suficiente.

—No me vale y si no me dices que es exactamente lo que quieres, considerare hablar con el dueño de Kuchiki INC. Quizá incluso hasta tu hermana me apoye, Shiba. —El apellido en sus labios sonó como un insulto.

Podía imaginar cómo estaría ahora el chico, apretando los nudillos y la mandíbula hasta el dolor. Aunque no lo quisiera admitir, a él tampoco le agradaba que hablaran mal de su apellido porque, a pesar de renegar de él como si fuese algo inmundo y sucio, tenía un orgullo que proteger. El mismo que ella sentía hacia los Kuchiki.

¿Qué que quiero? ¡Un poco de sinceridad, Rukia! ¡¿Es eso tan difícil de pedir de tu parte o es que nuestra situación no cuenta nada para ti?!

—¡He sido sincera contigo! ¡No sé qué más quieres de mí! —grito frustrada. Realmente no entendía que era lo que quería.

¡La verdad! ¡Escúpelo, maldición!

Ella suspiró derrotada.

—No sé de qué verdad me estás hablando, Kaien, no lo sé. —La ironía y el sarcasmo eran palpables en su voz. Realmente se estaba hartando de tanta mierda sin explicación alguna— Así que, ilumíname, oh, gran dios de la honestidad y la verdad.

Por supuesto, Rukia no estaba preparada para lo que iba a escuchar.

Por mucho tiempo recordaría esa llamada telefónica como un signo de traición por parte de Kaien, de esa única persona que lograba comprenderla de una manera un poco más profunda que el resto, incluso más profunda que el mismo Ichigo. De todas maneras, los presos comparten ese tipo de conexión los unos con los otros porque lo único que tienen son a ellos mismos para cuidarse las espaldas. Les habían quitado todo, a algunos más a otros menos. Otros simplemente se rendían en el camino, como Hisana. Y los más valientes seguían escupiéndole a sus captores con el propósito de saborear algún resquicio de humanidad. De libertad.

Rukia supo que desde ese momento no podría seguir confiando en Kaien. Y si no podía confiar en él, ¿qué era lo que le deparaba a ella?

Sé que estás viviendo en la quinta avenida. Más específicamente, con Ichigo Kurosaki.

La boca de la mujer se secó inmediatamente. ¿Kurosaki? ¿Por qué le sonaba ese apellido?

—¿Qué…? Estas loco… ¿De qué…?

¡Deja de mentirme! —gritó.

Ella apretó la mandíbula y se giró para ver la nieve cayendo por la ventana de la oficina.

—Vuelve a alzarme la voz y cortare toda comunicación contigo, Shiba. No me tientes. Aún tengo algunos haces bajo la manga.

El hombre soltó una risa irónica.

Entonces, ¿no lo niegas? ¿Estás viviendo con Ichigo Kurosaki?

—Ciertamente no es de tu incumbencia con quien viva o no. Te lo dije la semana pasada: Estoy bien, sigo viva y puedo cuidarme, bien sabes que no soy una damisela en peligro.

El suspiro frustrado del chico realmente la desconcertó, ¿por qué estaba tan preocupado?

Escucha, te propongo algo: Ven a vivir conmigo y con Miyako, por favor. —La voz de Kaien era una combinación entre una súplica y algo indescifrablemente acido. Como odio visceral. — Lo comenté la semana pasada y te lo recalco ahora. No es necesario que regreses con Byakuya. No sé qué ha sucedido pero es mejor que vengas a vivir con nosotros a que vuelvas a ese lugar. —Un momento de silencio, de esos tensos e incomodos, se hizo presente. Rukia no sabía exactamente que pensar de la actitud de Kaien. La semana pasada no habia estado del todo feliz con su decisión de vivir sola pero ahora, sonaba histérico, decaído e incluso paranoico. Él se caracterizaba por no ser paranoico; se suponía que solo uno de los dos tenía que serlo y que el otro le mostraría apoyo. Ella supuso que ahora tendría que dar apoyo y no sabía cómo hacerlo. — Por favor…

Una triste sonrisa se alzó desde la comisura de sus labios. Esto era lo que ella habia querido siempre, que él, Kaien Shiba, demostrará al menos algo de sus sentimientos a ella, los que tuviese. Y, sin embargo, en esos momentos, sentía como si se estuviera traicionando a sí misma, sin entender la razón, aparentemente.

—Kaien, aprecio tu preocupación, realmente lo hago. Me halaga mucho que me consideres lo suficientemente de confianza como para brindarme tu hogar, —pudo escuchar un sonido seco de la garganta del hombre, como si estuviera aliviado haber escuchado esas palabras— pero…

No, Rukia, está bien. Mira, tú dime cuando puedo ir a recogerte y Miyako y yo iremos por ti. Te alistaremos una habitación lejos de la nuestra para que tengas comodidad y espacio personal, te haremos un hueco en la nevera. Todo va a salir bien. Seremos una familia.

Una familia.

Fue cómo un destello en su mente, difuso pero intensamente brillante, como si todas las estrellas se estuvieran alineando en un firmamento vacío y estuviesen bailando al son de una tonada de Mozart o alguna vieja canción de Elvis. El baile de las constelaciones empezó por sobre su cabeza y todo estaba finalmente claro.

Ichigo sonriendo de manera irónica.

Ambos compartiendo un desayuno improvisado.

Ambos corriendo por la quinta avenida para llegar a sus respectivas clases.

Ichigo haciendo café tras la barra.

Ambos haciendo las compras en esa tienda de víveres.

Ichigo revolviéndole el cabello bajo un árbol seco sin hojas, en pleno invierno.

El intenso sentimiento de familiaridad, de compañerismo. De algo más que una simple amistad.

Los ojos de Ichigo observándola fijamente cuando ella estaba distraída.

La manera en la que el cabello del chico se amoldaba perfectamente al lente de su cámara.

El tacto de su piel sobre su mejilla.

Y luego; los llantos, el vómito, la sangre, el golpe en la mejilla, las tazas rotas y los gritos a las tres de la mañana.

Familia. En ese momento, Ichigo era su familia. Ese café era su hogar.

"No soy más una vagabunda. Nunca más."

Entonces, ¿a qué hora te viene bien el recojo? Quizá cuando el tipo ese no este y puedas escabullirte, —soltó una risa seca— sé que ha debido de obligarte, tu nunca te irías con alguien así como así…

—Ichigo no es cualquier tipo. Es mi amigo —siseó lo suficientemente alto.

Sí, bien, ¿a qué hora? Quizás a las cinco de la tarde, ¿crees tener todo listo para esa hora?

—Kaien…

Creo que es el tiempo suficiente para…

—No voy a irme.

La afonía que le siguió a esas palabras fue intensa y muy incómoda. Claro, Kaien no pareció entenderlo.

Escucha, si ese imbécil te está amenazando de cualquier manera…

—Él no está haciendo nada. Yo decido si aceptar o no tu invitación, —las palabras salieron acaloradas debido a la realización de esa epifanía recién obtenida. ¿Desde cuándo consideraba a Ichigo su familia? — y en estos momentos, estoy muy bien donde estoy, así que declino tu oferta. Gracias, pero estoy bien. Estamos bien. —Se corrigió.

Y fue ese "estamos" lo que denotó la traición.

¿Así que es eso? ¿Prefieres ponerte en peligro, poner en peligro a tu hermano, a todo lo que él ha creado, viviendo con Kurosaki? ¿Qué eres? ¿Su perra? ¿Te estas acostando con él?

—¡No vuelvas a llamarme así! ¡No sabes absolutamente nada! —no se contuvo, realmente habia soportado toda la mierda del tipo y que, ¿la llamara puta? No, definitivamente no.

¡Se lo suficiente! ¡¿Por qué vives con él?! ¡Esa no eres tú! ¡Tú no haces las cosas sin pensar!

—¡Bueno, quizás sea tiempo de que empiece a hacerlo, ¿no crees?! ¡No tienes ningún derecho sobre mí! ¡El único que lo tenía, decidió que tampoco era de su maldita incumbencia lo que hacía! ¡Así que no me sermonees por tomar mis decisiones!

¡Malas decisiones!

—¡Sí! ¡Malas! ¡Y lo agradezco! ¡No habia vuelto a sentirme así de bien desde que mi hermana murió y no voy a cambiarlo solo porque pienses que sigo siendo una niña a la que debes cuidar! ¡No soy tu hija! ¡No soy tu hermana! ¡Soy tu maldita alumna!

¡Eres más que eso y lo sabes!

Rukia se pasó la mano libre por el cabello, acuclillándose en el suelo para intentar calmar sus emociones.

—No, no lo sé. Hasta donde yo sé, somos compañeros de celda, eso era lo único que nos conectaba. Lo que vivimos, lo que pasamos por estar en el ojo del huracán.

¿Y eso no significa nada para ti? ¿Esa conexión?

—¡Por supuesto que sí! ¡Pero no voy a dejar que me manipules a tu antojo! ¡Esa es una táctica de tu hermana! Gran movimiento, Shiba, ¿ya has tenido la reunión anual con ella?

Otra risa irónicamente seca y un suspiro.

Dios, eres tan cobarde…

—Hablando del rey de roma. No tienes cara para llamarme cobarde...

No sabes nada…

—Ni tu tampoco. Dios, no sabes una maldita mierda…

¡Porque tú eres hermética! ¡Te conté lo que pase en Afganistán! ¡Tú solo me dijiste que perdiste a tu hermana en circunstancias no comentables y respete tu decisión! ¡Respeta la mía de querer mandarte al diablo!

—¡Bien, si así quieres que sean las cosas!

¡Por supuesto que no quiero eso! ¡Quiero que dejes a ese terrorista de una vez por todas!

Y ahora, ¿de qué diantres estaba hablando Kaien?

—¿Qué? —susurró.

Oh, no te lo ha dicho el bastardo, lo suponía. —Pudo sentir el ácido subiendo por su garganta. Realmente no quería escuchar a Kaien— ¿Realmente crees que puedes pasar desapercibida con él? Estas loca, ese hombre es una bomba de tiempo andante y te va a explotar todo en la maldita cara cuando menos te des cuenta.

—Si te estas refiriendo a Ichigo con ese insulto, entonces realmente eres tú el que necesita un psiquiatra. No sabes una mierda. De ninguno de los dos.

Kurosaki. Kurosaki. ¿Por qué le sonaba el apellido Kurosaki? Rukia realmente no olvidaba ese tipo de información que pudiese ser de utilidad en algún momento pero lo habia hecho. No recordaba de donde habia escuchado ese apellido.

Oh, ¿así que ahora también comparten experiencias traumáticas? Bien por ti, puedes armar un grupo de apoyo con nosotros dos, quizá hasta podamos comer pasteles de manzana, pintarnos las uñas y llorar por todo lo perdido.

—Deja de ser ofensivo.

¿Te he insultado?

—Más veces de las que quisiera admitir. Realmente te desconozco.

Bien, eso es bueno, porque yo tampoco puedo reconocer a la Rukia que intento proteger en esa persona que me está hablando por teléfono.

Ouch. Golpe bajo.

Pero ella también sabía darlos, de hecho, ya habia notado que el chico estaba más irascible que de costumbre. Y sabía perfectamente porque sucedía eso.

—Dime, ¿qué es lo que ha pasado?

Oh, no quieras cambiar de tema, Kuchiki, ya te conozco esa táctica.

—Algo ha sucedido, ¿verdad?

Cállate…

—Algo malo ha sucedido. —hizo énfasis en la palabra para intentar que el chico desembuchara todo. — Pero no me lo vas a contar.

Rukia podía escuchar los engranes de la mente del chico al otro lado de la línea, maquinando mentiras, intentando salvar su trasero. Cuando escuchó una risa seca y sin vida, supo que habia ganado.

Exacto. No es de tu incumbencia.

—La tuya tampoco, entonces.

¿Por qué eres tan testaruda? —gimió el chico. Se escuchó un golpe sordo al otro lado, posiblemente un puño golpeando algún lugar sólido, como una mesa por ejemplo.

Ella se alzó de hombros aunque no pudiese verla.

—Tu sabias en lo que te metías cuando decidiste empezar a relacionarte conmigo, conocías los riesgos, al igual que yo. Sabía que esto tarde o temprano iba a pasar.

¿El qué?

—Traición.

No te estoy traicionando, ¡Estoy intentando protegerte! —el tono de su voz volvió a subir.

—¡No confías en mi juicio! ¡No confías al igual que él!

¡No soy Byakuya Kuchiki, no me confundas!

—¡Entonces no actúes como tal! ¡Maldita sea! —gimió frustrada. Estaba cansada, agotada física y mentalmente y ahora él venía a decirle cosas estúpidas. Respiro un par de veces, practicando esos ejercicios de relajación que habia leído en algún libro de la biblioteca del departamento de la Avenida Madison. Cuando termino, jadeo suavemente— ¿Sabes qué? Voy a colgar, esto no está funcionando porque no estas escuchando.

Sí, estoy escuchando… ¡A una ilusa niña tonta!

—Adiós, Kaien.

No te atrevas a colgarm…

No dudó ni un segundo en golpear el auricular contra el aparato, apagando la voz de quien ella creía era su amigo. De la persona que más admiraba porque habia logrado salir adelante a pesar de toda su mierda, a pesar de su apellido. Kaien Shiba significaba muchas cosas para ella, algunas no las habia llegado a asimilar del todo y otras eran más claras que el cristal, como el hecho de verlo como los héroes de los comics, esos que salvan al mundo y viven una vida plena y feliz. Él le habia compartido su historia y ella, aun siendo una adolescente, no habia podido hablar de Hisana sin romperse por completo. Y en esos momentos no podía permitirse esa debilidad porque Byakuya la entrenaba para ser quien era. Esos días, durante sus oscuros quince años, ella aprendió que el mundo podía ser brillante como la sangre que brotaba de la nariz de ese hombre encerrado en la habitación de rehenes, pero también podía ser cruel y bastardo como el sonido de los truenos a medianoche que acallaban los disparos en un callejón oscuro. Y, de la nada, Kaien Shiba apareció, en un maldito y lustroso Mercedes Benz color negro junto a una mujer de cabellos negros y sonrisa afable.

El inicio de todo.

Y aun así parecía que hubiesen pasado mil años desde ese tarde de abril, hace ya diez años.

—Rukia.

El sonido de la voz desconocida le hizo dar un salto y girarse para ver al extraño en el marco de la puerta. Ichigo tenía un marcado ceño y sus ojos brillaban con una emoción desconocida.

Fue entonces cuando entró en pánico.

"Todos menos él…" su cerebro empezó a repetir esa frase como si de una mantra japonesa se tratase. No. No podía haber deducido nada, habia tenido mucho cuidado en qué decir exactamente, por lo que él le concernía ella solo tenía negocios pendientes con familias poderosas. ¿Eso no es lo suficientemente extraño? Sí, bueno, habían cosas aún más raras, como la razón por la cual Kaien sabía de la existencia de Ichigo o porqué lo llamaba de esa manera, como si hubiese hecho algo malo. Sabía que el chico escondía cosas, dios sabía que ella también, pero, ¿terrorista? ¿Qué se le habia metido en la cabeza a Shiba?

Respiro lentamente y luego miro directamente en esos ojos color miel, el pánico subiéndole por la garganta.

—¿Qué has escuchado? —las palabras no podían salir más crudas, como cuchillas volando por sobre sus cabezas, listas para asestar un golpe directo al corazón.

Él parpadeó un par de veces antes de contestar.

—Lo suficiente.

Las alarmas sonaron fuertemente mientras su mente gritaba "No" por todo lo alto.

Era hora de huir, nuevamente.

Ella jadeó sorpresivamente, levantándose y arreglándose algunos cabellos. No le volvió a sostener la mirada. No podía.

—¿Quién era? —preguntó Ichigo. La actitud de la muchacha era errática, como si alguien le hubiese dado un golpe en el estómago lo suficientemente fuerte para dejarla fuera de combate.

Aún así, su voz no podía ser más cruda, más fría y lo suficientemente llena de rencor y autoprotección.

—No es de tu incumbencia.

Ichigo chasqueó la lengua, interponiéndose entre la ansiada salida y ella.

—Has repetido esa frase muchas veces durante toda la conversación, creo que merezco saber algo más que eso.

La chica apretó la mandíbula. ¿Urahara se enojaría si salía por la ventana de su oficina?

—En realidad no… —escupió.

—Rukia.

Ella encuentra la fuerza necesaria para sostenerse sin tambalear o empezar a tener un ataque de pánico; luego, camina lentamente hasta el chico que bloquea la puerta con su cuerpo. Es en ese momento en el que la chica se da cuenta de que no tiene escapatoria, no por lo menos de la manera fácil. Y ella realmente no quiere dañar a Ichigo pero, ¿qué opción tiene? Lo conoce, sabe que no la dejará irse sin una maldita explicación porque, además del hecho de haber mencionado su nombre un par de veces, estaba el factor importante de la cuestión: Los gritos. Rukia no era una persona que se alterase rápidamente; solo cuando la sacaban de su zona de confort, solo cuando no encontraba una salida factible y normalmente todas las situaciones tenían salidas. Todas y cada una de ellas, incluso las más retorcidas.

"Gracias, hermano".

—Ichigo, —en su mente, su voz sonaba rota y débil; para el chico, como si estuviera hablando con un iceberg y todo el vaho helado consumiera el salón por completo. Nada. Una persona sin sentimientos. — realmente no necesito explicarte lo que acaba de suceder; no hoy, al menos. Así que déjame ir, no quiero hacerte daño.

—¿Me dejaras igual que Raphael? Pensé que estábamos juntos en esto.

Ella suspiró y lo empujó fuera del marco de la puerta. Él, al no esperarse esa reacción, trastabilló un par de pasos mientras la muchacha corría escaleras abajo.

—Maldición —rumió y la siguió.

Todo el camino cuesta hacia el café fue hecho con la voz del chico por sobre su cabeza, preguntando cosas que no tenían una respuesta clásica ni fácil, ni siquiera una que pueda ser expresada sin soltarle toda su verdad. Quien era. Y no, no estaba dispuesta a poner en riesgo a Ichigo, no después de todo lo que habia vivido. Así que calló, mordiéndose interiormente las mejillas hasta que pudo saborear la sangre, férrica y de textura amarga, pasar por su tráquea, mezclándose con esa bilis que desde que esa mañana quería salir de su sistema. Quizás era una buena idea. Corrió hacia los casilleros y se apresuró en coger sus cosas mientras evitaba quedarse durante mucho tiempo con el chico quien, a su vez, estaba realmente hartándose de ese juego estúpido.

Jinta y Ururu, quienes ya tenían sus cosas listas para subir al segundo piso, vieron desde el rellano de las escaleras lo que sucedía con esos dos idiotas.

—Mierda, Rukia.

Pudo sostenerle la muñeca con fuerza antes de que la muchacha traspasara las puertas del café. Ella intentó zafarse lo mejor que pudo, manteniendo sus emociones a raya, pensando con la cabeza y no dejando que nada dominara sus acciones. Solo ella, enteramente ella.

—Suéltame.

—No hasta que me digas que mierda ha sucedido. ¿Qué relación tienes con los Shiba? ¿Por qué estaban hablando de mí, con un demonio?

—No es de tu incumbencia.

—¡Es de mi incumbencia cuando soy mencionado! ¡No soy un niño!

—¡Ni yo tampoco, Ichigo! —Exclamó— Esto se va a solucionar y, si no lo hace, no necesitas saberlo. Sé que él estaba mintiendo, así que no tienes nada de qué preocuparte.

El reloj sonó estrepitosamente cuando las dos manijas se encontraron en el doce. Medianoche.

La boca del chico se secó y ahora el miedo le hacía retroceder ante una posible amenaza. Ver los ojos decididos de Rukia le hizo sentir miedo de ella por primera vez en su vida, porque alguien se lo habia dicho y ella no lo habia creído. No quería creerlo.

"Le han dicho quién soy…" Las voces dentro de su cabeza comenzaron a jugarle una mala pasada, haciendo que la máscara volviese a reconstruirse. "pero no lo cree."

—¿Qué es lo que ha sucedido?

Ella no le contestó, simplemente lo volvió a empujar fuerte y él, no por ser débil sino por no estar preparado, la soltó. Rukia empujó fuertemente la puerta del café y lo último que Ichigo vio de ella fue un destello de cabello completamente negro, piel pálida y pasos rápidos sobre la nieve.

—¡Rukia! —gritó, saliendo al rellano del café, con la nieve empapando su destellante cabello naranja.

Preparándose para salir a su encuentro, intentó seguirle el paso pero una mano afianzo fuertemente su hombro. Él se giró y encontró la mano de Yoruichi sobre su cuerpo, reteniéndolo en su sitio.

—¿Pero qué…?

—Déjala ir.

Él abrió los ojos todo lo que sus parpados le permitiesen, sintiendo un nuevo tipo de pánico sacudiendo su cuerpo ante esas palabras sin saber exactamente porque.

—No, no puedo, yo…

—Estará bien, si eso es lo que te preocupa. Es fuerte.

—No puedo.

Yoruichi lo observó detenidamente, escudriñándolo. Él se sintió de alguna manera cohibido ante su continuo escrutinio pero no hizo el amago de moverse porque sabía que si lo hacía, la mujer lo traería de vuelta aún más rápido de lo que le costaría encontrar a Rukia. Porque tenía que encontrarla o ella regresar. Tenía qué. Y, si no lo hacía, él la buscaría.

La mujer morena sonrió afablemente pero con algo de tristeza al descubrir algo que al parecer él desconocía por completo.

—Ella regresará. Cuando resuelva lo que tenga que hacer, lo hará.

—Pero…

—Cállate y ve a casa, Ichigo. —Le dio un par de palmadas en su espalda— De todas maneras, está viviendo contigo, ¿no? —Él solo asintió con la cabeza— Entonces regresará.

Ichigo giró la cabeza hacia Yoruichi, quien le tendía sus cosas en una mano y su abrigo en el otro, observando como ella le decía con los ojos las palabras que estaban calmándolo de alguna manera: "Regresará". Con eso en mente, suspiró profundamente, se puso el abrigo lo mejor que pudo, sacudiendo el aguanieve de él y luego cogió su maleta, desempolvándola de igual manera. Dio una última mirada hacia el rumbo que habían tomado los pasos de la pequeña chica y luego otro hacia Yoruichi.

—Ve.

Él asintió y se encaminó hacia su departamento en la quinta avenida.

Jamás se habia dado cuenta cuan vacío estaba ese lugar hasta ese momento.

"Regresará" pensó, mientras cerraba la puerta.

9.-

28 de febrero de 1969

08:00 am.

Only in my dreams sonó fuertemente por todo el departamento, haciendo que el único ser durmiente en él se despertara sobresaltado. Jadeó fuertemente ante el estrepitoso sonido de la música en el exterior, preguntándose, ¿quién demonios se podía despertar a las ocho de la mañana? Mejor aún, ¿Quién rayos lo despertaba a él a las ocho de la mañana en su día libre? Y él que quería seguir durmiendo. Hablando de sueños, no sabía que era lo que habia soñado exactamente, en realidad, pocas veces lo recordaba, pero el que su cuerpo estuviese hirviendo como si tuviese una fiebre de cuarenta grados fue suficiente como para darle una noción de lo que habia imaginado, eso y esa dolorosa erección matutina que rozaba por sobre los boxers. Se volvió a recostar en la cama, frotando su rostro con ambas manos e intentando pensar en todo lo horrible del mundo para hacer bajar ese calor porque no habia forma en que él saliera a la sala con su anatomía levantada en posición de firmes, no, no habia forma. Ishida se iba a reír de él hasta el cansancio y…

Súbitamente, volvió a levantarse de la cama.

Ishida no estaba. No habia estado desde hace ya tres meses. Entonces, la única persona que tenía llave de ese lugar era…

Y, claro, sus partes bajas tiraron fuertemente, haciéndole gemir porque estaba realmente interesado. Pero no podía, era una total falta de respeto hacerlo y no quería, en serio que no. Un suave toque en su puerta se hizo presente y luego, el chirrido de la misma al abrirse para dejar entrar una cabeza de cabellera negra con ojos intensamente negros. "Maldita abstinencia" pensó, mientras hacía una gran bola con sus sabanas intentando ocultar el notorio bulto de su excitación de los ojos de la otra habitante en esa casa.

—Buenos días, —la voz de Rukia sonaba un poco más débil y, por un momento, la preocupación ganó a esas ansias estúpidas que tenía en su cuerpo al ver que el rostro de la chica estaba algo amoratado, como si la hubiesen golpeado. — eh, lamento despertarte pero he comprado el desayuno, como nos olvidamos de hacer las compras ayer, pues, no habia nada más que café —hizo sonar detrás de la puerta una bolsa de papel— y traje donas.

El chico tragó duro.

—Bien, ya salgo. Gracias. —susurró.

—Está bien.

Rukia estaba por cerrar la puerta cuando Ichigo volvió a hablar.

—Espera, —la chica volvió a meter la cabeza por el rellano de la puerta— ¿por qué tienes el rostro amoratado? ¿Alguien te ha golpeado? —Instintivamente sus puños se apretaron ante el pensamiento de alguien haciéndole daño a su inquilina— Dime si te han asaltado, iremos a la estación a denunciarlo.

Ella sonrió.

Una triste sonrisa que le hizo sentir preocupación.

—No, no es eso. —Suspiró— Tomemos desayuno. Te contaré.

El solo atinó a asentir mientras la chica cerraba la puerta de su cuarto.

Fue como si todo lo que hubiese pasado ayer golpease la parte interna de su cerebro y le hiciese consciente de lo que pasaba a su alrededor. La llamada misteriosa, Rukia gritando a viva voz, él intentando saber lo que sucedía. Rukia ignorándolo, yéndose del café. El alivio lleno su cuerpo como si se tratase de una mantra mental. Ayer por la noche, cuando se acostó, tenía en mente la preocupación constante de no saber dónde se habia metido su inquilina y, aunque una parte de él gritase que no le interesaba, la otra, que gritaba con mucha más fuerza, le decía que tenía que encontrarla porque no podía dejarla sola. No podía quedarse solo, no de nuevo.

Suspiró, saco las sabanas y vio su excitación igual de levantada que él.

—¿Qué voy a hacer contigo?

Una parte de su cerebro le dijo que no lo hiciera, que fuera a tomar una ducha helada como siempre. La otra parte, esa a la que le agradaba demasiado Rukia, dijo que si deslizaba sus dedos un poquito por debajo de la tela, sentiría algo que no habia sentido antes. Ese problema con las erecciones matutinas había comenzado desde la semana anterior y estaban realmente jodiendolo a niveles estratosféricos. Todo comenzó con Rukia y su tacto y ahora, bueno, para alguien que no habia tenido ese tipo de reacciones en un tiempo era algo molesto tener su cuerpo así de sensible y extraño, como si todo lo que pasase por su entrepierna estimulara de alguna manera cada nervio de su cuerpo.

"A la mierda" maldijo mentalmente mientras metía una mano dentro de sus calzoncillos.

La descarga eléctrica que sintió le hizo jadear sonoramente y tirar su cabeza hacia atrás, con todos los músculos del cuello contraídos de una sola vez.

—Joder. —Masculló.

¿Así que eso era lo que sentían los chicos normales cuando se daban amor propio? Bien, no era desagradable. El tema es, ¿qué es lo que se tiene que hacer? Él no habia hecho eso nunca y las reacciones las conocía porque Ishida, en algún punto de su adolescencia, se habia masturbado en la ducha y él habia escuchado todo, agregándolo claro a su lista de traumas personales que no quisiera volver a revivir nunca en su vida. Pero jamás habían hablado de ello, por lo tanto, no sabía cómo hacerlo. Bien, ya lo tenía agarrado pero ahora…

"Instinto, Kurosaki, úsalo" Y así lo hizo. Movió su mano un poco, deslizándola suavemente pero con un duro agarre por sobre la carne sensible, haciendo que todas las terminaciones nerviosas que poseía en su cuerpo estallaran en mil pedazos. Gimió abriendo los ojos ante la oleada de placer que lo dominaba, mientras encontraba un ritmo rápido y torpe pero rotundo que golpeaba un punto dentro de su vientre, algo que lo hacía completamente inestable. Jadeando rápidamente, decidió experimentar y paso uno de sus dedos por sobre la cabeza de su miembro. Nuevamente el choque eléctrico fue lo suficientemente fuerte como para hacerlo quebrarse por sobre la cama, gruñendo ante la bola de energía que sentía se acumulaba dentro de suyo. Repitió la acción una y otra y otra vez hasta que lo sintió.

Nunca antes habia sentido ese tipo de necesidad antes, la imperiosa necesidad de terminar lo que habia comenzado de una manera rápida y rotunda. Sintió sus testículos endurecerse fuertemente, como si algo los estuviese estrujando pero de manera totalmente placentera; fuego en su estómago, olvida las mariposas, el fuego, descontrolado pero tan bueno, estaba matando todo lo que alguna vez habia conocido en su vida. Estaba tan cerca. Agilizó su maniobra lo mejor que pudo. Arriba, abajo, golpes por sobre la cabeza de su miembro y el pre seminal inundándolo todo, desde la punta hasta la base, chorreando por sobre sus bolas, llegando a mojar los calzoncillos. Se siente bien, demasiado bien, se repitió mentalmente mientras jadeaba, boqueaba en busca de aire y su mano libre arrugaba la sabana destendida a un lado de él. No necesitaba imágenes mentales, nunca habia visto porno de todas maneras por lo que no sentía la necesidad de imaginarlo pero allí, en ese momento…

—Maldición…—rugió internamente, intentando no levantar la voz.

¡Se estaba masturbando con Rukia fuera, maldita sea!

Y fue ese pensamiento, saber que la muchacha de cabellos negros estaba a tan pocos metros de él, lo que lo desencadenó y tuvo que morderse la lengua fuertemente porque sabía que si dejaba su boca libre iba a gritar ante las sensaciones tan nuevas que lo inundaban.

Muchos describen el primer orgasmo como una puerta que se abre por primera vez y puedes observar estrellas, supernovas, todo el maldito universo. Ichigo solo lo describe como necesidad pura y dura, sin adornos, sin cosas bonitas; solo un momento de éxtasis en el que todo su cuerpo se libera por completo y deliciosas contracciones recorren su miembro, su cuerpo entero, haciéndolo gemir mientras su mente divaga muy lejos de la realidad. Con cuerpos calientes, pequeños senos y cabellos negros. Se corrió fuerte, lanzando su semilla en un largo chorro que manchó sus sabanas, contrayendo su cuerpo en todo momento sabiendo que no podría continuar aguantándolo por más tiempo, mordiéndose el labio para retener los gritos de la primera vez, la sorpresa de sentir algo tan bueno como eso. Tuvo que pasar unos largos segundos en los que su cuerpo dejo de convulsionarse deliciosamente para dejar paso a un letargo tonto y a una respiración entrecortada.

Sentía sus mejillas arder de vergüenza por lo recién hecho, pero no quería ponerse a pensar en ese momento sobre lo que significaba. Suspiró, se levantó y rápidamente cogió otra ropa interior, unos pantalones de franela y una camisa de algodón para luego correr hacia el baño. Esperaba, realmente esperaba, que Rukia no hubiese notado su tardanza porque no quería explicar qué le habia tomado tanto tiempo.

Desde afuera, Rukia pudo escuchar el ruido de la ducha activarse. Bien, ya era hora que el holgazán de Ichigo se levantara, no iba a estar esperándolo todo el día. Volvió a respirar hondo un par de veces mientras frotaba sus manos, sus ojos se desviaron hacia sus uñas, de un color azul completamente antinatural y que la hacían ver como un fantasma. Un fantasma muy triste, a decir verdad. Levantó la cabeza y vio las donas con los dos cafés, o intentos del mismo, que habia preparado para ambos en la pequeña cafetera que el chico tenía en la cocina. Habia llegado una hora antes con la bolsa de donas y arrastrando su existencia como si fuera la carga más pesada de todas pero habia valido totalmente la pena.

La noche habia sido larga pero fructífera, había podido hablar con los pocos contactos que aun poseía dentro de la empresa Kuchiki, intentando con todas sus fuerzas encontrar algún resquicio de información filtrada. La llamada de Kaien Shiba habia sido inesperada, así como lo que habia soltado de la nada. Primero lo primero: saber si Byakuya conocía su paradero exacto y con quien estaba; lo segundo, y la pregunta del millón de dólares: ¿de qué le sonaba el apellido Kurosaki y porque lo relacionaba con Ichigo? Terrorista. Ella conocía a muchísimas personas que podrían usar el mismo calificativo y, sin embargo, su compañero de piso no se parecía en nada a ninguno de ellos. "Y eso es porque Kaien está mintiendo" se reprendió mientras soplaba sus manos, azules y heladas, para que estas pudiesen entrar en calor.

Si cerraba los ojos, podía recrear perfectamente el puente bajo el cual casi muere, con Hisana a su lado.

Si tan solo los cerrara un momento, podría dejarse llevar por el entumecimiento de sus pies, de sus brazos y se dejaría llevar. No habia intentado ducharse o tomar un baño porque realmente necesitaba conversar con Ichigo. No habia sido justa con él, no habia sido justa con nadie, demonios, ¡El chico ni sabía en qué se estaba metiendo! La morena suspiró, bajando finalmente sus parpados, cediendo a ese entumecimiento, a la sensación de gravedad.

Soltó un gemido bajo. Estaba en la fase uno de la hipotermia.

"Maldita genética" pensó mientras se acurrucaba sobre la silla, dejándose vencer por el sueño. Conocía esto, sabía que no debía de dormir, que tenía que seguir hablando o pensando o haciendo lo que sea. Y, sin embargo…

—¿Rukia?

La voz grave de Ichigo se coló por entre la bruma helada que era su mente. Quiso abrir los ojos y sonreír como siempre lo hacía frente a él pero el sueño, la pesadez, el cansancio. Fue una mala idea hacer ese viaje para poner al día sus contactos. Mala, muy mala idea.

Ichigo había terminado de cambiarse dentro del baño y, cuando salió esperando ver a una muchacha morena con el ceño altivo o simplemente sentada, se llevó la sorpresa de verla prácticamente dormida sobre el asiento frontal al suyo fue inesperado. Cuando mencionó su nombre y no le contestó, supo que debía de estar realmente cansada. Sin embargo, su instinto, algo dentro de él, le decía que algo no encajaba en esa imagen. Se dio cuenta cuando la chica comenzó a temblar fuertemente, haciendo que sus dientes castañearan con fuerza.

—¡Rukia!

El chico corrió. La toco y pudo averiguar lo que sucedía.

—Maldición, principio de hipotermia. —rugió, mientras la levantaba por debajo de las rodillas con una mano y sostenía su espalda en la otra. La llevo hacia la habitación en la que se quedaba. Tan solo al entrar, el fuerte aroma a incienso inundó sus sentidos.

"Bien, al menos esto hará que el calor se concentre en la habitación" se dijo, mientras comenzaba a quitarle la ropa mojada. Llena de aguanieve casi congelada sobre sus pantalones y jersey, no tuvo ni siquiera un momento para pensar en que estaba desnudando a una mujer por primera vez. No, en ese momento, él era un aprendiz de medicina que necesitaba combatir una hipotermia antes que esta avanzara a niveles inadecuados. La arropo con las mantas de la cama y, acto seguido, busco otras en los cajones del armario, cuando las encontró salió rápidamente. Necesitaba calentar todas las mantas que pudiese.

Recordó vagamente que habia quedado un poco de leche en la nevera. No podía darle café o incrementaría la deshidratación. A paso rápido, comenzó a planchar las mantas a la máxima potencia mientras se repetía mentalmente los pasos a seguir para combatir la hipotermia. ¿Cómo es que Rukia habia terminado en ese estado? Sí, no habia llegado a casa con él pero, ¿se habría quedado fuera toda la noche? Parecía ser el caso o sus uñas no estarían azules. "Maldición" gruñó mentalmente.

Cuando regresó al cuarto, vio a la chica sentada sobre la cama, intentando impulsarse hacia arriba pero fallando en el intento.

—¡Woah! Cálmate, no vas a poder caminar, Rukia. Siéntate. —Dejo las mantas al pie de la cama y la ayudo a volver a la cama.

—¿Ichigo? —Murmuró— Estoy bien. En serio, solo necesito… un poco de… café —Tartamudeo. No era una buena señal, no, no lo era.

El chico negó con la cabeza mientras volvía a envolverla en las mantas, esta vez las calientes.

—El café te deshidratará más rápidamente. Creo recordar tener un poco de leche en la refrigeradora.

—Creo que… esta pasada.

—La compramos hace dos días, ¿recuerdas? —dijo, mientras encendía otro incienso con el que ya estaba prendido. Necesitaba que la habitación se calentara rápidamente.

—El… señor… de la tien…da —calló por un momento— dijo que… vencía en… un día.

Él resopló.

—¿Quién está estudiando medicina aquí? Yo. La leche puede ser tomada aun un día después del vencimiento sin grandes consecuencias. —Suspiró— Tus uñas presentan coloración azulina, eso quiere decir que has estado expuesta al frio por más de tres horas seguidas, ¿en qué rayos estabas pensando?

Ella soltó una risita mientras abría sus ojos.

—En protegerte —susurró.

Él frunció el ceño.

—No sirve de nada que mueras en el intento, ¿sabes?

—No voy a… morir… tonto —habló delicadamente. Sentía que sus extremidades ya no estaban tan entumecidas como antes. Al menos ya podía sentir los dedos de sus pies.

—La hipotermia es una cosa grave, Rukia —él realmente no veía la gracia allí. No cuando veía a la normalmente mandona Rukia totalmente fuera de combate y completamente pálida hasta el punto fantasmagórico.

Tragó saliva antes de contestar.

—Lo sé, soy propensa a ella, por eso sé que no voy a morir; —abrió sus ojos. Los de Ichigo refulgían de preocupación mientras que los de ella parecían estar idos, en otro mundo— no es la primera vez…

"No es la primera vez"

Las preguntas se aglomeraron en la menta del chico. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Cuán seguido? ¿Por qué? Y sobre todo, ¿qué era lo que le habia sucedido? Él jamás habia escuchado el caso de una persona que tuviese ese tipo de enfermedad en su vida, ¿hipotermias seguidas? ¿Cómo diablos es que la chica no habia muerto? Por más que sean pequeñas recaídas, cada una de esas tiende a complicarse con el tiempo. Esa era la clave para una muerte segura. Ichigo corrió hacia la cocina, abrió la refrigeradora y vio que, efectivamente, aún quedaba un poco de leche en el cartón. Al menos para un vaso. Puso a calentar el líquido en una olla, regresó al comedor y cogió la bolsa de donas. Dulces, azucares. Serviría para aumentar la temperatura del cuerpo.

Los diez minutos que tardó en calentarse la leche, la pasó recostado en el marco de la habitación de Rukia, observando como el color volvía a su rostro. No se habia dado cuenta, quizá porque estaba dormido y pensando en otras cosas, de lo pálida que habia estado la muchacha cuando lo despertó hacía ya una hora y media. Demasiado pálida para ser normal. Ahora que recordaba, ella siempre tenía ese color fantasmagórico enfermizo que hacía que todo a su alrededor pareciera etéreo. Efímero; algo que se va a esfumar entre la nieve de un minuto a otro.

Regresó a la cocina y probó con una cuchara que el líquido estuviese lo suficientemente caliente para devolverle la estabilidad térmica. Él habia tenido razón, no sabía a leche agria, aun podía beberse. Con rapidez, lo vació a una taza de loza, cogió las donas y fue a despertar a la chica.

—Hey, levántate, necesitas tomar esto —le movió un poco mientras ella abría los ojos rápidamente.

Rukia observó, desorientada, como alguien le tendía una taza de lo que parecía ser leche y ella, ni corta ni perezosa la bebió con ganas. Realmente tenia sed y la leche estaba caliente y ¡Dios! ¿Por qué hacía tanto frio?

—Gracias —murmuró, devolviéndole el vaso y sentándose para observar a su acompañante. Los ojos mieles de Ichigo le dieron una mirada de completa preocupación— Gracias, Ichigo.

Él solo atinó a asentir y le dio una de las donas que habia dentro de la bolsa.

—No me lo agradezcas hasta que recuperes el calor corporal, —él soltó una risita baja— ¿Quién lo diría? Algunas personas matarían por tener una temperatura baja pero…

—No es lo mismo. —Aclaró la garganta con un chasquido, haciendo que su cuerpo se sintiera más cálido— La fiebre es ocasionada por una infección específica y se generaliza con una subida de temperatura gradual. La hipotermia… es la ausencia de calor, una baja intempestiva de todas las defensas.

Ichigo resopló, observándola con asombro.

—Quien diría que sabrías algo de medicina.

Ella giró su rostro hacia él, dándole una de esas miradas escépticas.

—No es la primera vez.

—Sí, hablando de eso, —se rascó la parte de atrás de la cabeza— ¿cómo es que empezaron estas recaídas? No es usual que una persona sufra de esta enfermedad.

Ella dio otro mordisco a la dona, haciendo que el azúcar en polvo manchara la comisura de sus labios.

—¿Quieres que sea sincera o te ahorro el trauma emocional?

—No es una broma, Rukia.

—No estoy bromeando…

—¿Entonces?

La chica soltó un suspiro.

—Ya tengo un médico que se encarga de ello, o bueno, lo tenía. —Volvió a observar como el chico simplemente alzaba una ceja. No la dejaría en paz hasta que al menos le diera una respuesta coherente— Desde que tengo uso de razón, he sufrido de estos constantes cambios de temperatura corporal, me han debilitado mucho por lo que estuve tomando medicamentos durante casi toda mi adolescencia hasta que estos dejaron de presentarse con frecuencia. Una vez cada año, si tenía suerte. Si no, dos o tres veces por año. De todas maneras, era tratable. Cuando cumplí los veinte, las recaídas se hicieron casi nulas, cada año si realmente estaba enferma o, si tenía buena condición física, se saltaba un año.

—¿Cuándo fue la última recaída?

Oh, Ichigo se iba a enfadar y ella realmente no quería arruinar el ambiente. Prácticamente estaban conversando sin tener una discusión real, como seres humanos civilizados. Aunado al hecho de que sus manos habían dejado de estar azules desde hacía ya un buen tiempo, al parecer, el vaso de leche era más efectivo que una taza de café hirviendo. Se mordió el labio con nerviosismo.

—¿Rukia?

Resopló. Ya daba igual, tendría que decirle por qué se habia ido la noche anterior.

—Enero de 1967.

—Hace dos años...

—Te dije que con suerte se saltaban las fechas —sonrió de manera culpable.

"Culpable, mis polainas" rugió Ichigo.

—Eso quiere decir que voluntariamente decidiste que era buena idea salir a mitad de la noche hacia cualquier lugar para hacer no sé qué cosas, sabiendo que eres propensa a las recaídas…

—En mi defensa, —le interrumpió— no habia planeado esto.

—Sin tomar precauciones, para colmo. ¡Sin decirme absolutamente nada al respecto, coño! ¡¿Y no esperas que este furioso?! ¡Podrías haber muerto!

—No seas exagerado.

—Estudio para ser doctor, Rukia, —rugió el chico, mirándola con enfado— no me tomes por imbécil. Sé que tan grave puede ser un caso de hipotermia si no se trata adecuadamente y a tiempo, también que las personas con condiciones como las tuyas deberían ser más cuidadosas con su cuerpo, ¡Y no vagar por las calles con veinte grados bajo cero de por medio!

—Hablas como mi hermano... —soltó sin cuidado.

—Pues deberías hacerle más caso.

—Ichigo, —la voz gruesa y ya recuperada de la chica le hizo regresar la mirada hacia ella. Tenía el ceño algo fruncido y la mirada más enfocada. La piel volvía a tener un tono rosado y sus labios ya no estaban partidos, con un poco más de agua, estaría totalmente recuperada. Sin embargo, el tono de voz daba a denotar algo mucho más grave— realmente quería contarte lo sucedido, o al menos, darte una explicación.

Por algún motivo, sus palabras hicieron que un gran peso que no sabía que habia tenido hasta ese momento, se liberará con alivio de su pecho.

Ichigo asintió, mientras se cruzaba de brazos en la silla que habia estado ocupando desde que comenzó la conversación.

—No esperaba que Shiba, —optó por no revelar el nombre de Kaien— fuera tan insistente como para llamar a Urahara y exigirle una explicación con respecto a mi… bueno, con respecto a mi persona. —Bueno, no estaba funcionando. No podía contarle lo sucedido sin revelarle explícitamente quien era. Y, después de haber hablado con sus contactos, sobre su cadáver metería a Ichigo en la mierda que se habia generado desde su partida— Sabes perfectamente que tengo mucho cuidado con lo que digo…

—Paranoica es una mejor descripción.

—En fin, es por lo que se habla que estoy metida en un problema. Uno grande y del que no te voy a contar y más vale que no intentes averiguar nada por tu cuenta porque no encontraras nada; —agregó, viendo como la decisión casi tomada por el chico se reflejaba en su mirada color avellana— el tema es que, habia estado escondiéndome de ciertas personas.

Eso de hecho, el chico ya se lo imaginaba y no tenía ningún problema con ocultarla mientras solucionaba sus cosas.

Rukia se lamió los labios y continuó.

—Shiba descubrió donde estoy. Es decir…

—El apartamento —declaró el chico.

Pudo observar miedo en su mirada, algo entre la preocupación y el temor.

—No sabe la dirección exacta. De hecho, cree que estoy alojándome con Urahara, lo cual él ya se esperaba.

Ichigo frunció los labios.

—¿Urahara conoce tu situación?

Ella suspiró.

—Mejor de lo que desearía, en realidad.

—¿Por qué no te ayuda, entonces? Él tiene contactos, podría ayudarte a deshacerte de Kuchiki.

Fue en ese momento que la chica sonrió.

Una triste sonrisa que realmente le hizo sentir mal a Ichigo.

Una triste sonrisa que decía miles de cosas, entre ellas, se repetía una palabra, una y otra vez.

Perdóname.

Rukia Kuchiki tenía muchas cosas por las cuales pedir perdón, muchas de esas ni siquiera las recordaba con exactitud o las razones que derivaron a las disculpas. Lo que sabía con exactitud en esos momentos, es que estaba haciendo lo correcto con el chico frente a ella: En ese poco tiempo, él realmente se habia vuelto una pieza importante, de alguna manera extraña. Era como ese hermano que nunca tuvo y que la cuidaba, como el mejor amigo que la retaba en vez de enseñarle como disparar un revolver, como esa persona especial que ella realmente quisiera tener pero nunca lo haría, no era tan egoísta como para hacerle ese daño a Ichigo. Si Hisana hubiese estado viva, ella le hubiera dicho algo cursi como: "Sigue tus instintos, ellos normalmente saben que es lo que tu corazón desea". Si Byakuya estuviese allí con ella, sentada a un lado en vez de Ichigo, él solo diría: "Es lo que te mereces por desobedecer". Y Renji, ¿qué diría él? Hace muchísimo que no hablaba con el chico, tendría que llamarlo para ver cómo iban las cosas porque Kiyone ya no estaba tan disponible como antes. Quizás, él diría: "Eres una idiota, pero me alegro que estés bien".

Sí, definitivamente tenía un gran parecido a Ichigo.

Carraspeó, mientras sacaba las piernas de las mantas, dejándolas desnudas sobre la sabana.

—Creo que voy a tomar una ducha caliente, si no te molesta.

El chico reaccionó, enrojeciendo un poco.

—Claro, está bien.

Ichigo salió del cuarto sin preguntar nada más.

Cuando escuchó la ducha activarse, se sentó cerca del tocadiscos que ahora estaba completamente callado debido a que las canciones habían terminado por completo. Él no se habia dado cuenta de cuánto tiempo habia pasado pero entre el accidente de esa mañana, lo sucedido con Rukia y esa extraña conversación, el día se habia ido volando.

Hoy era su día libre, tenía que aprovecharlo al máximo y, sabiendo que la chica no podría ir con él, decidió apresurarse a la tienda.

12:00 pm.

Por supuesto, escabullirse sin alertar a Rukia fue imposible y la chica, alegando que ya estaba como nueva después de la ducha reparadora, decidió que lo acompañaría, así repartirían el peso entre ambos.

El chico se negó, pataleó, gritó y rugió pero aun así allí estaban, a mitad de la quinta avenida con sendas bolsas repletas de comida. Ichigo la habia dejado salir con la condición de enfundarse en varias gabardinas, suéteres, medias y guantes, todo para que mantenga el calor corporal dentro del estado normal. Rukia le dijo exagerado; él solo pudo llamarse a sí mismo un hombre precavido.

—Oh, ¿sabías que Urahara me ha contratado? —exclamó contenta.

El chico abrió sus ojos en son de sorpresa.

—¿En serio?

—Ajá, estás viendo a la nueva mesera y publicista del Café de Paris.

—¿Publicista?

—Tomaré las fotos del café, de los productos, de los trabajadores y se utilizaran como publicidad para que el café siga vendiendo.

Ichigo sonrió, realmente no se esperaba eso.

—Así qué, ¿eres como la nueva administradora, o algo parecido?

—No, no soy buena con los números. Pero sé de fotografía y de cómo vender cosas, podré hacerlo.

—Eso es genial... —susurró el chico

—¿Verdad?

—Sí, ahora tendrás que hacer todo lo que yo te diga.

—¡En tus sueños!

—Ya verás.

Un pequeño grupo de personas se habían reunido frente a una tienda de televisores, al parecer discutiendo lo que sería un programa de televisión. Impulsados por la curiosidad, ambos fueron a ver de qué se trataba exactamente el escandalo ya que algunas mujeres comenzaron a soltar gritos ahogados y negar con la cabeza varias veces.

Ichigo se arrepintió realmente de haberse acercado.

"…Creo que muchos recordamos los escabrosos sucesos del '45, algunos con más dolor que otros. Sin embargo, se está dando alerta máxima para un sujeto en particular que ha escapado de su retiro autoimpuesto: El criminal buscado Isshin Kurosaki." Los jadeos de impresión tanto de los periodistas como de las personas a su alrededor fueron completamente esperados. "Se tienen evidencias concretas de su paradero y actual colaboración con la oposición en Vietnam, ayudándoles con armas de dudosa procedencia, posiblemente nazi. Debido a que es algo que no podrá escapar del escrutinio público por mucho tiempo, también se corrobora la colaboración parcial de un ciudadano americano que fue supuestamente secuestrado en una emboscada al centro hospitalario unos meses atrás. Es conocido como el médico forense del hospital general de Nueva York Ryuuken Ishida." Las fotos no se hicieron esperar. El mundo alrededor de Nixon empezaba a enloquecer. "La fuente de esta información es completamente verídica por lo que, en conjunto con la ONU y otras entidades internacionales se ha tomado la decisión de hacer valida la orden de busca y captura de dos criminales peligrosos que pueden entrar por diversos medios a nuestra venerable patria." Las fotos de Isshin y Ryuuken, ambas en blanco y negro, fueron colocadas bajo la imagen de Nixon.

Fue en ese momento en el que las personas soltaron jadeos y comenzaron a reconocerlo. Siempre lo reconocían y, en ese momento, ver la fotografía de Ryuuken junto a la de su padre…

Traición, comenzó a gritar su mente.

"Si usted, ciudadano americano, llega a ver a alguno de estos hombres rondando, debe llamar inmediatamente al número que aparece en pantalla y alejarse de ahí lo más rápido posible. No intente confrontarlos, ni detenerlos si están haciendo algo ilegal, simplemente llamen de la cabina más cercana a su localización o, de preferencia, vaya a casa." El número dicho por Nixon desapareció de la pantalla tan rápido como apareció, o así se hizo ver. "No dejaremos que esto nos hunda. Todos somos el pueblo y todos venceremos contra el enemigo. Las ratas serán eliminadas."

Él sintió perfectamente como las bolsas con casi todas las compras resbalaban de sus dedos que se sentían, por alguna razón, entumecidos de la peor manera. Giró su cabeza en todas las direcciones y pudo escuchar claramente el susurro de las personas hablando a su alrededor, no tan alto como si estuviesen gritando, pero lo suficiente para ver acusación en sus miradas. Lo suficiente como para que el pánico comenzará a subirle por la garganta.

Y, nuevamente, él dejaba de ser "Ichigo" para ser "El hijo del médico loco". Solo que ahora, ese medico loco, era un terrorista.

Era el hijo de un terrorista.

—Ichigo, ¿estás bien?

La voz, suave y femenina, le hizo espabilar un poco y observó a la pequeña Rukia, nunca mejor dicho, frente a él, con el ceño fruncido y cara de pocos amigos mientras veía como todos a su alrededor se detenían un momento a observarlo; luego, se iban más rápido de lo que venían. Se sintió completamente desamparado, no solo por el hecho de que todos le estaban viendo como si él supiese exactamente donde estaba su padre, sino también porque Rukia no sabía. Ella no sabía nada. Absolutamente nada. Y, si lo sospechaba, como habia creído por la llamada telefónica del día anterior, no les creía.

Ella no creía que él pudiera ser…

Y no quería que lo hiciera, porque si lo hacía, sería como el resto: indiferente, temerosa.

Comenzó a respirar rápidamente en lo que la chica de ojos grandes le ponía una de sus manos completamente enguantadas sobre su brazo derecho. El solo contacto, a pesar de estar bajo la ropa, quemó como si se tratase de mil soles y su miraba preocupada en contraste con la cara de perro con la que fulminaba a todos, no hacía nada por mejorar las cosas.

—¿Ichigo?

Rukia estaba ciertamente preocupada. No habia visto la mirada de Ichigo así de turbia desde el incidente en la cocina, hacia una semana. Era como si todo lo malo hubiese resurgido de alguna manera y las miradas ariscas de las personas no hacían nada por mejorar el estado de ánimo de su acompañante.

Era medio día cuando Nixon anunció que el terrorista Isshin Kurosaki y su cómplice, Ryuuken Ishida, eran considerados terroristas de máxima seguridad.

Era medio día cuando las bolsas de comida que su acompañante traía cayeron desparramadas por el suelo.

Y eran las malditas doce del día cuando escuchó a la gente hablar a sus espaldas, sin razón aparente. Primero pensó que solo estaban debatiendo sobre lo oído en boca de Nixon; pero cuando comenzaron a alejarse de ellos, de Ichigo en concreto, le recordó a la pelea que habia tenido el chico días atrás, en su facultad. Con furia, porque no pensaba que razón podría tener esa gente para alejarse de él como si fuese algo malo, se giró el rostro hacia todos y gritó:

—¡Que ven! ¡Lárguense de una vez! —sintió a Ichigo saltar quedo, al parecer no se esperó que ella le defendiese. Era idiota, ya lo habia hecho en su pelea anterior, como si fuera a dejar de hacerlo ahora. — ¡Aquí no hay nada que ver! ¡Largo!

La gente que habia estado pasando por detrás de ellos, aceleraron el paso, algunos, incluso, comenzaron a correr ante la mirada furiosa de banshee que les daba esa menuda mujer. Cuando hubo despejado el camino, sintió cómo Ichigo se agachaba y ordenaba nuevamente los víveres dentro de la bolsa de compras. Vio como la leche se habia derramado por completo sobre la nieve, haciendo un pequeño agujero y como algunos huevos no habían sobrevivido a la caída. El resto parecía estar intacto. No obstante, la mirada turbia del hombre le inquieto aún más.

Era cómo ver nuevamente a ese Ichigo llorando y vomitando en la cocina del apartamento.

Y lo odiaba.

—Ichigo, —murmuró, él se giró a verla con el cejo fruncido. No habia ninguna emoción flotando en sus irises de color miel— ¿estas…?

No termino la oración porque sintió como el peso extra de las dos bolsas de víveres eran puestas delicadamente en sus manos. Ella tuvo que hacer equilibrio para no caerse y abrir sus piernas, encontrando el balance.

—¡Oi! —se quejó.

Él le sonrió.

No habia nada cálido en esa sonrisa.

—Lo siento, Rukia, ¿podrías adelantarte al apartamento? He recordado que tenía algo que hacer.

—¿Qué? —Habló la chica, mientras veía como el hombre se daba la vuelta y comenzaba a caminar pausadamente en dirección opuesta a su residencia— ¡Ichigo!

Él levanto la mano y gritó sin mirar atrás.

—¡No me esperes despierto! ¡Llegaré tarde!

Con esas últimas palabras, dejo a Rukia con cuatro bolsas de víveres en plena avenida abarrotada de gente. Ella frunció el ceño.

¿Cosas que hacer? ¿Qué cosas tenía que hacer?

Si hoy era el día libre de Ichigo.

Regresó su mirada a la tienda de electrodomésticos en la que ahora se veían diversos programas como Stark Trek, The Twilight Zone, The New York News, entre otros. No entendía el extraño comportamiento de Ichigo pero, sabiendo que el tocino se iba a congelar hasta el punto de no retorno, dio la vuelta en dirección al apartamento de Ichigo, recordando no haberse sentido más inútil desde hace ya bastante tiempo, considerando que ese mismo día habia tenido una recaída.

Solo esperaba que, cuando Ichigo regresara a casa, estuviese de una pieza o nunca se lo perdonaría.

03:00 p.m.

No había salido del apartamento.

Lo primero que hizo al llegar fue acomodar los víveres en donde correspondía. Todo mecánicamente y con el sonido de los engranajes del reloj sonando estrepitosamente dentro de su cráneo que no dejaba de enlazar las piezas que tenía en esos momentos.

La pelea en la universidad.

Los susurros a las espaldas.

Las miradas airadas que a veces se ganaba el chico cuando un comensal reconocía algo en él.

Algo.

Kurosaki. Isshin Kurosaki. Ese nombre le parecía muy conocido, de alguna manera ya habia oído de él, quizás en alguna conversación con los socios de Byakuya, quizás en algunos secretos contados de Renji. Y ahora, ese mismo nombre, era mencionado por el presidente de los Estados Unidos. Busca y captura.

Era el clásico modus operandi de los escuadrones de protección pero habia algo que no cuadraba.

¿Qué tenía que ver Ishida en todo eso?

Finalmente, la reacción de Ichigo en plena avenida.

Los susurros, las malas miradas, el recelo en cada acción de esas personas, el temor en los ojos reflejaba algo más. Algo.

¿Por qué? ¿Qué era lo que se había perdido?

—¿Quién eres Ichigo?

6:00 pm.

El teléfono sonó, haciendo que el cuerpo de la chica, que no habia dejado el apartamento en caso Ichigo regresará, lo cual dudaba debido a sus palabras, brincará ante el susto del sonido extraño en ese lugar. Jamás habia sonado en las dos semanas que llevaba viviendo con él, al principio le pareció raro; luego, simplemente dejó de preguntarse cosas tontas. Al final del día, ella solo era la inquilina. El auricular no fue levantado y la chica suspiró con alivio cuando el sonido dejo de retumbar en la sala de estar.

Si no quería que la reconocieran, debería de dejar que todas las llamadas pasen directamente al buzón de la compañía telefónica. Se dijo a sí misma que era lo adecuado, que no podía contestar porque, diablos, ¿qué diría? No sabía exactamente cómo responder a las preguntas que le harían. ¿Qué tal si se trataba de sus padres o, quizás, amigos? Aunque apostaba más por los padres a que por los amigos.

El timbre del auricular retumbó unas tres veces más hasta que un pensamiento fugaz pasó por su mente. ¿Y si se trataba de Ichigo tratando de comunicarse con ella? ¿Y si algo malo le habia sucedido? ¿Y sí…?

—¿Y si lo encontraron? —susurró débilmente, retorciendo sus dedos en sus palmas. No quería ser paranoica pero, demonios, después de lo que sus contactos le habían dicho la noche anterior podía esperar lo que sea.

Asustada, levanto el teléfono lo más rápido que pudo.

—¿Ichigo?

¿Quién habla? —la voz de una mujer se escuchó al otro lado de la línea.

Rukia se quedó congelada sobre el mueble en el que estaba sentada. Se habia equivocado. Tenía pensado colgar antes que alguien reconociera su voz pero la mujer volvió a hablar, esta vez, el timbre denotaba enfado e ira.

¿Quién mierda es? Si has entrado a ese lugar a robar, te digo que pierdes tu tiempo, no hay nada ahí de…

—No he entrado a robar, —escupió Rukia, sintiéndose ofendida ante la comparación— no soy un ladrón. Vivo aquí.

Creo que he marcado el número equivocado, perdóneme. —recalcó.

La morena inhalo. Tenía que decir la verdad.

—Si buscas a Ichigo lamento informarte que no se encuentra en estos momentos.

Un pequeño silencio se hizo entre ambas hasta que la otra mujer cortó la afonía.

¿Quién eres?

—Me llamo Rukia, soy… podrías decirme, la inquilina de Ichigo.

¿Inquilina? Él no tiene cuartos para alquilar.

La chica frunció el ceño.

—Sí, lo tiene. Solo uno. Lo ocupo yo.

Interesante. —Susurró la otra chica— Bueno, Rukia, soy amiga de Ichigo y estoy buscándolo. Mi nombre es Tatsuki Arisawa, ¿qué quieres decir con que no se encuentra en estos momentos? Si no mal recuerdo, hoy es su día libre. Tendría que estar en el apartamento.

"Vaya, al parecer si tiene más amigos de los que pensé" se dijo mentalmente, mientras cambiaba el auricular a la oreja izquierda.

—Se fue después del… anuncio presidencial.

La muchacha al otro lado de la línea murmuró algo que sonó a una letanía extraña de insultos en otro idioma, parecía ser japonés. Sin embargo, cuando volvió a hablar, la ira y el escepticismo habían salido de su sistema.

¿Te dijo a donde iba a ir? ¿Dijo algo?

Rukia espabiló.

—Sí, dijo que regresaría mañana. —Soltó preocupada— Esto no es normal en él, no hace este tipo de cosas, por lo menos, no desde… —tragó saliva. No, esa mujer no debía de saber nada de lo que habia pasado el sábado anterior— bueno, no desde que lo conozco —mintió.

Mierda. —Gruñó— Bien, de acuerdo, lo encontrare. No te preocupes por ello.

—Espera, —habló antes de que la chica cortara la comunicación— quiero ayudar.

Escuchó a Tatsuki suspirar cansadamente.

No será necesario. Sus amigos nos encargaremos de ello.

La chica apretó los dientes.

—Lamento decirte que no es negociable, yo también iré.

Repito: No será necesario, sus…

—Ya, sus amigos. Bueno, para que lo sepas, yo también soy su amiga. Así que iré a buscarlo también.

Esta vez, la voz de Arisawa sonó algo más violenta.

Si fueras su amiga, te habría mencionado antes, ¿no crees? Yo lo conozco desde que tiene pañales, así que no confundas amistad con cordialidad. El que sea amable con todo el mundo no significa que sean amigos.

Bueno, ¿qué se habia perdido, en serio? ¿Por qué la mujer la atacaba de esa manera? Y, aun así, un pequeño pedazo de conciencia le recalcaba lo mismo, que no debería preocuparse, que Tatsuki y los amigos de Ichigo se encargarían. Sin embargo, algo, no sabía qué, le impedía simplemente dejarlo por la paz. Ella necesitaba asegurarse de que Ichigo estuviese a salvo. Sano y salvo.

—Iré —rugió la morena.

Por otro lado, Tatsuki no podía creer lo que escuchaba, no, en serio, si alguien le hubiese dicho que al llamar a Ichigo se encontraría con la gran sorpresa de que el chico estaba viviendo con alguien, pues, simplemente no podía concebirlo. Ellos habían sido amigos desde la infancia, sí, no habia duda de eso. Habían sido compañeros de colegio y luego de bachiller, siendo un grupo bastante unido, al final del día. Sin embargo, y como sucedía a menudo, las distintas carreras hacían que todos tomaran un rumbo diferente, algo que los separaría por siempre, a veces. No obstante, entre ella y Orihime se encargaban de las reuniones esporádicas, de que todos fueran felices en esos pocos minutos en los que recordaban que, a veces, todavía se podía sonreír a pesar de las adversidades. Que todavía podía haber algo bueno en ese mundo o, al menos, eso era lo que Orihime decía y Tatsuki lo seguía al pie de la letra. Cuando se enteró que ambos trabajarían en el mismo café, realmente se alegró. Su amiga se lo merecía, Ichigo se lo merecía. La chica realmente creía que ambos serian una pareja estable, que nada podría detenerlos. Que podrían sanarse el uno al otro.

Y ahora… ¿una desconocida viviendo con su amigo? No, era inaudito. Por lo que no dudo en hacerle hincapié en cuál era su lugar. No iba a dejar que nadie fastidiara nada.

Mira, eres solo la inquilina. Tú preocúpate de tus cosas y yo…

—Ya he escuchado tu opinión, gracias. Pregúntale personalmente a Ichigo cuando lo encuentres si somos o no amigos, ¿de acuerdo? Lo que ahora importa es que necesitas toda la ayuda posible para encontrarlo antes de que anochezca demasiado. No aceptaré un no por respuesta —La chica estaba harta de sus negativas.

Y Tatsuki sabía que con una persona tan terca como ella no iba a conseguir negociar. No por lo menos vía telefónica.

Pasare por el apartamento en una hora.

Dicha la frase, automáticamente la comunicación se cortó.

Rukia colgó y se quedó sentada sobre el sofá, pensando en que realmente no conocía a Ichigo lo suficiente.

"¿Qué estoy haciendo?"

6:45 pm

Se habia estado comiendo el cerebro durante todo el tiempo que habia transcurrido desde la llamada de Arisawa. Las preguntas fluían por su mente como un rio desbocado, cosas que no habia pensando en considerar anteriormente como el hecho de haber aceptado la invitación de un desconocido. ¿Quién hacia eso? Solo personas locas, supuso, no lo sabía con exactitud, ¡diablos! no lo llegaba a entender por completo. La frustración estaba llenando completamente sus sentidos mientras caminaba de un lado a otro por todo el apartamento, ¿así se habrá sentido Byakuya cuando ella escapaba? ¿Así se habrá sentido Ichigo la noche anterior? ¿Por qué habia sido tan estúpida? Pero, pensándolo bien, el chico habia estado muy tranquilo ante su desaparición, quizá no al principio pero, ese día, no le habia reprochado mucho. De hecho, ella creía que no le habría reprochado nada si no hubiese tenido la recaída. Debía admitirlo, incluso ella se habia asustado al ver sus manos, completamente azules. Si cerraba los ojos, en ese momento podía ver como el azul iba ganando terreno por sus brazos, congelándolo todo. Haciendo que su cuerpo quedara completamente congelado.

Rukia abrió los ojos y se froto las manos enguantadas para profundizar el calor. De un momento a otro habia sentido algo completamente extraño e inusual, como si su cuerpo rápidamente descendiera su propia temperatura y luego regresaba a la normal. No era normal, ¿qué persona podría hacer eso? No, debía de haber sido una corriente de aire helado que habia entrado por algún lugar de la cocina o quizá por un ducto de ventilación.

Habían pasado ya más de cinco horas de su desaparición, ¿sería tiempo de empezar a contactar a los que la ayudaban? Ellos darían con el paradero de alguien tan poco común como su amigo; sin embargo, algo la detenía de abrir su boca, quizás las palabras de Tatsuki o quizás las palabras de Nixon.

Kurosaki. Isshin Kurosaki.

¡¿Por qué le sonaba ese nombre?!

Inmediatamente, levantó la cabeza y fue a coger el teléfono sin pensar dos veces en que la idea que tenía era horrible, mala y no saldría nada bueno de ella.

Respiró un par de veces, calmando el frio súbito que subió por su garganta y marcó el número de Kuchiki INC, presionando directamente el anexo de la única persona que podía ayudarla.

Abarai al habla.

La chica soltó un jadeo involuntario ante la voz masculina que se oía al otro lado de la comunicación. Habia sido mucho tiempo, ella realmente no dejaba de hablar con Renji por más de dos días y habían sido ya, ¿cinco días? Igual sonaba como mucho tiempo sin saber nada de su mejor amigo.

¿Quién habla? —preguntó el chico.

Ese fue su momento para hablar.

—Renji.

Silencio.

Un jadeo entrecortado al otro lado de la línea.

¿Rukia?

—Sí, —murmuró, sonriendo inconscientemente— soy yo.

Otro silencio se instaló entre ellos hasta que unos golpes sonaron por el auricular y su amigo retiro el teléfono de la oreja para hablar con otra persona, estaba muy lejos para distinguir si era su hermano o algún otro ente de Kuchiki INC. Por un momento, la chica creyó que su amigo iba a cortar la comunicación, al parecer habia llamado en un mal momento y no la podría atender; sin embargo, la voz de Renji, grave y ronca, se escuchó nuevamente.

Realmente me gustaría hablar contigo, Rukia, en serio, hace mucho que no se de ti.

Ella soltó una risa corta.

—Sí, yo también siento como si hubiesen pasado meses.

Sí… —la voz del chico se volvió turbia, como si algo lo molestara—, pero es realmente un mal momento para hablar, no es por ti, es por…

—Ya, el mensaje de Nixon, lo sé.

¿Te has enterado? —esta vez, la chica pudo reconocer tensión en cada decibel de su voz.

—Lo he visto, —dijo rápidamente— pasaba por una tienda de electrodomésticos y lo vi. Fue…

¿Raro, extraño, completamente psicótico? Sí, así ha sido desde que la emisión fue cortada.

—Iba a decir "duro discurso" pero creo que es mejor como lo pintas en estos momentos —sonrió, mientras soltaba una risa queda. Hablar con Renji era terapéutico de alguna manera.

Ni te imaginas.

—Ya, tienes razón.

Otro silencio y luego más voces al otro lado de la línea.

Rukia, no tengo mucho tiempo, ¿ha pasado algo?

Ella exhala una cantidad de aire sumamente grande que no sabía que habia estado reteniendo. Era ahora o nunca.

—Necesito que me digas todo lo que sepas sobre Isshin Kurosaki.

El muchacho soltó una risa sarcástica al otro lado de la línea que la hizo sentir débil. Sí, habia sido una mala idea pero, ¿qué otra solución tenia?

¿Estas bromeando, verdad? —soltó en un susurro, como si no quisiera que nadie le escuchara hablar sobre eso.

—No te llamaría a la empresa si no fuese en serio, Renji.

El chico bufó, enojado.

Y una mierda, debes estar bromeando, ¿por qué querrías saber algo sobre Kurosaki? Mejor aún: ¿Qué tienes que ver con Kurosaki?

—¡Nada! —Exclamó— No es eso, es solo que… —soltó un suspiro quedo— vamos, Renji, no entiendo que ha sucedido y estoy en medio de una situación que…

¿Estas en peligro? Porque si es así, dame la localización que tengas e iré a ayudarte, Rukia. Sabes que puedes contar conmigo.

Rukia sonrió, una de esos gestos que destilan cariño completo, afecto inconmensurable. Renji realmente sería un mejor hermano de lo que el suyo propio podría ser, y era el mejor amigo de todos los tiempos, eso seguro.

—Lo sé, pero es algo complicado que comenzó con el mensaje presidencial y ahora… —golpeo su muslo derecho con su mano libre en señal de frustración— alguien está desaparecido desde ese momento y necesito encontrarlo, ¿sabes?

¿Quién es? Quizá lo tengamos en la base de datos.

—Solo sé su nombre: Ichigo.

Renji soltó una risa queda.

Bueno, sin el apellido no puedo hacer mucho pero con ese nombre creo que puedo encontrarte algo…

—¿En serio? —su voz denotaba esperanza.

Sí, creo, aguarda un minuto.

Rápidamente, la señal se cortó dando paso al sonido de la operadora que sonaba siempre que la llamada estaba en espera. La chica escuchó todo el discurso que la operadora comenzó a dictaminar mientras hacía mímicas de lo que se decía. Ella prácticamente se sabía toda la operadora de memoria, no por nada habia hecho esa llamada cientos de veces, sin embargo, siempre habia algo nuevo en ellas y esta vez no fue la excepción. En una parte de la operadora se cambió la palabra "armamentista" por "creación de armas de alto calibre con la incorporación de la ciencia del futuro". Rukia frunció el ceño ante la última parte, ¿ciencia del futuro? ¿Su hermano habría hecho un trato del que nadie se habia enterado? Desde que ella tenía uso de razón, todas las alianzas que Kuchiki INC habia tenido eran sacadas en la primera plana de casi todos los periódicos, era lo que su hermano llamaba "publicidad barata" ya que así todos conocerían las armas Kuchiki, de lo que estaban hechas, que calibre tenían y, sobre todo, la calidad de efectividad que tenían para cumplir su función. De esa misma manera, su competencia se mantenía al margen. Entonces, ¿con quién estaría trabajando esta vez?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Renji que sonaba cada vez más tenso. Sin embargo, no estaba preparada para la frenética voz que le contestó.

Escucha, Rukia, he buscado al tal Ichigo que mencionas y no tenemos nada en la base de datos.

Ella agudizó su mirada, sabiendo que no podía verla.

—¿Nada? ¿Cómo es posible que no esté en la base de datos? Prácticamente tenemos a cada ciudadano neoyorquino allí.

Pues no está, Rukia, te recomiendo que lo dejes y te mantengas a salvo. Tengo que irme.

Frunció el ceño. No algo no estaba bien allí.

—¿Qué sucede?

El silencio al otro lado de la línea le confirmo sus sospechas.

—Renji, ¿ha pasado algo malo en la empresa?

Nada que no se pueda resolver, —chasqueó la lengua— tengo que irme.

—Espera…

Sigue mi recomendación: mantente a salvo.

—¿Qué? ¡Espera…!

No pudo completar su oración porque la línea se cortó intempestivamente. Al parecer todos ese día le estaban colgando el teléfono y, de alguna manera, eso le hacía sentir ofendida. Ella era Rukia Kuchiki, ¡Nadie le colgaba el maldito teléfono! Bufó exasperada, nada estaba saliendo como se suponía debía de salir ese día.

Sin embargo, las palabras de Renji quedaron grabadas a fuego en su memoria.

"Mantente a salvo"

7:30 p.m.

Exactamente una hora y media después de la llamada de la tal Tatsuki Arisawa, la chica se presentó en la puerta del apartamento vestida con el uniforme de los trece escuadrones de protección. Lo primero que hizo Rukia al verla fue intentar ver las partes frágiles que tenía. A veces, cuando la persona ha sufrido de una seria fractura o caída, quedan secuelas en ciertas partes de su cuerpo, a eso se le llamaban los puntos frágiles. Podías utilizarlos para atacar y huir o para atacar y torturar, dependiendo, claro, del propósito de la misión. No conocía demasiado el departamento de Ichigo pero sabía que, detrás de la ventana de su baño, habia una escalinata que llevaba hacia un callejón cerrado pero con posibilidades de ser escalado. Vamos, ella era una Kuchiki, tenía que tener preparado un plan de escape en caso la encontraran y era lo suficientemente pequeña para caber por la ventana, así como también ágil para saltar el muro de tres metros hacia la avenida.

Ver el uniforme de la tal Tatsuki le hizo pensar en qué clase de amigos tenia Ichigo, digo, una cosa era Kiyone, a la que conocía desde los catorce años, otra cosa eran los otros miembros de los escuadrones. A ellos no les tenía confianza y ellos tampoco le tenían mucha estima que digamos, bueno, no al menos a su hermano.

—¿Rukia? —habló la muchacha de ojos aguamarina mientras la pequeña le dejaba entrar al apartamento, mirándola fijamente.

—Sí, supongo que debes ser Tatsuki.

Ella asintió educadamente.

—Tatsuki Arisawa —le tendió la mano—, secretaria de la oficina general de los trece escuadrones.

Rukia le aceptó el saludo.

—Rukia, un placer. —Era mejor evitar decir su apellido, siempre traía problemas con ello.

La mujer le miró agudamente mientras arqueaba una ceja.

A Tatsuki no le paso por alto la omisión de su apellido en la presentación pero no iba a reclamarle nada, quizás estaba siendo cuidadosa o quizá tenía un apellido feo y no quería compartirlo, quien sabe. Habían muchos locos en ese lugar. Lo que si no se espero fue ver a esa mujer dentro del apartamento de Ichigo porque desentonaba completamente. Fue el primer vistazo que tuvo de ella: piel pálida, ojos de un color oscuro indescifrable, pequeña, delicada pero con un porte completamente aristocrático. Esa chica denotaba riqueza por todo lo alto y le paso por la cabeza que, quizás, estuviera huyendo de su familia o algo por el estilo. Quién sabe. Lo que no le gusto en absoluto fueron los cambios sutiles pero grandes que ya habia dentro del apartamento, comenzando con el perchero en el que habían dos grandes sacos para nieve: uno gris y otro negro. Incluso las botas de nieve estaban allí y la diferencia era clara, la de la chica tenia felpudo por todo lo alto. Incluso el olor de la misma casa era diferente, ya no ese olor pútrido, ¡Todo estaba impecable! Y ella no podía creer que Ichigo mantuviera ese lugar completamente arreglado.

Apretó los dientes mientras se sentaba en el borde del mueble más cercano. Cuando Orihime y ella se habían quedado con él por un mes viviendo en el apartamento, cuando Ryuuken y Uryuu salían de viaje y él se quedaba completamente solo, habían querido imponerle la limpieza y orden del lugar pero fue en vano, el chico simplemente no quería mantenerlo, sin decir las razones aparentes. "¿Qué ha sido diferente para que con ella si lo mantenga?"

—Bueno, debo admitir que el apartamento esta mejor que la última vez que lo visité —intento entablar una conversación, además de querer ahondar en el asunto.

Rukia se frotó las manos.

—Sí, bueno, no creas, cuando llegué esto era una pocilga. No creo que ni las ratas estuvieran cómodas entre tanto desorden.

—¿Ratas? —torció el rostro en un gesto de desagrado.

Rukia negó con la cabeza.

—No quieres saber más. El caso es que llegamos a un acuerdo: Yo limpiaría y él me dejaba una habitación; —la chica levanta la comisura de los labios en una sonrisa pequeña— pero él también ayuda. Esta semana por lo menos ha estado bastante cooperativo con todo.

—Ya veo, —escupió la chica— han llegado a una rutina, entonces.

La chica de cabellos negros y grandes ojos asintió.

—Sí, eso parece.

No volvieron a hablar durante unos minutos. Rukia sentía, por un lado, que la chica amiga de Ichigo la miraba como si no pudiese creer lo que veía, como si, de alguna manera, fuera un extraterrestre que habia venido a invadir su pequeño y frágil mundo. Bueno, pues se iba a aguantar, no era a la única que tenía que soportar cambios. Por otro lado, Tatsuki evaluaba cada gesto y movimiento de la chica. Sí, definitivamente era aristócrata, demasiado para su gusto. ¿Qué hacia Ichigo dando hospedaje a personas así? Ella nunca se habia considerado una persona con el tacto suficiente para preguntar o responder cosas. Era honesta, directa y al punto; sobre todo cuando un tema le interesaba en demasía.

—Lamento si soy muy directa pero necesito preguntarte algo.

Rukia frunció los labios.

A ella realmente no le gustaban las preguntas personales y deducía a leguas que era eso lo que quería preguntarle, así que solo hizo un seco movimiento de cabeza.

—¿En calidad de qué estás viviendo con Ichigo? —dijo, mientras se cruzaba de brazos.

Bueno, esa pregunta la tomó por sorpresa, ¿cómo se supone que uno contesta a algo así?

—No entiendo, ¿calidad de qué? —repitió.

Ella exhalo un suspiro cansino.

—Replantearé las cosas: ¿Estas durmiendo con Ichigo?

Automáticamente, todas las variantes de rojo pasaron por el pálido rostro de la Kuchiki, haciendo que algo más que la vergüenza calentara su pecho. Posiblemente ofensa.

—¡Claro que no! ¡Cómo te atreves…!

—Era solo una pregunta, entonces, ¿eres la pareja de Ichigo, novia, lo que sea? —hizo un gesto despectivo con la mano.

La morena apretó los puños.

—Soy su amiga, solo eso. —Escupió con saña— Y realmente encuentro estúpido que me estés haciendo preguntas tontas cuando Ichigo ha estado desaparecido por más de seis horas. —Señaló la ventana más cercana y como la noche ya engullía por completo la quinta avenida— Hoy la temperatura va a bajar a menos diez grados y el idiota de Ichigo no ha llevado nada más que su abrigo.

Tatsuki frunció el ceño, ¿con qué derecho esa mujer le insultaba?

—No le llames idiota.

—Es un idiota, quieras aceptarlo o no. Nadie sale corriendo así como así en plena nevada.

—Tiene sus razones.

—Lo sé, las tiene y debería afrontar sus mierdas de una vez porque huir es entrar en un círculo vicioso. Créeme, lo he vivido. —habló. Sí, definitivamente tenía que seguir su propio consejo. Se levantó del mueble en el que habia estado sentada y se acomodó sus guantes correctamente— Ahora, si no te importa, deberíamos ir al café de Urahara a revisar, podría haber dejado alguna nota o haber llamado a Yoruichi.

—¿Quién dice que tu iras conmigo?

—Yo lo digo, ¿no hemos tenido esta conversación por el teléfono, ya?

Dicho eso, la muchacha cogió un sombrero blanco del perchero, colocándoselo adecuadamente sobre su mata de cabello negro mientras descolgaba su bufanda y el abrigo gris que Tatsuki habia notado en la entrada. La otra morena vio como Rukia, sin hacer caso a lo que ella habia dicho, comenzaba a alistarse para salir. De alguna manera, su actitud, terca y peligrosa, le hacía recordar a Ichigo. Demasiado diría yo, se dijo mientras suspiraba, abrochándose los gemelos que tenían sus guantes de cuero verde.

—Realmente vas a venir, ¿verdad?

—Ajá.

Tatsuki bufo exasperada.

—¿Por qué? Podrías esperar aquí a que traigamos a Ichigo. ¿Por qué quieres encontrarlo con tanto afán?

La pregunta, aunque no estaba hecha para hacerle pensar, la dejo mirando a la secretaria de los trece escuadrones durante un tiempo. Nunca se habia cuestionado los por qué de sus acciones, no por lo menos en lo que llevaba viviendo con el chico de cabello naranja. Sus acciones habían sido meditadas, sí, pero espontaneas. Con su familia, con Renji, incluso con Kaien, todo era pensar. Calibrar que era lo mejor, si omitir parte de la conversación o dejar algo a la imaginación del oyente; qué era lo mejor para ella, decir o no la verdad. Con Ichigo no era así. Nunca era así. Y, por un momento, la voz en su cabeza comenzó a gritar la palabra que hace mucho tiempo no relacionaba con nadie.

"Familia"

—Porque él hubiera hecho lo mismo por mí.

—¿Cómo lo sabes? No lo conoces.

Rukia sonrió débilmente mientras abría la puerta.

—En eso te equivocas. Lo conozco, —le dirigió una mirada autosuficiente, de esas que solo dirigía a las personas que le irritaban constantemente— quizás mejor que tú.

La pequeña mujer salió del apartamento dejando a una pasmada Arisawa en el pórtico del lugar.

"Es insolente" murmuró su mente, sin dejar de pensar que, en realidad, eso es algo que Ichigo hubiera dicho con toda certeza.

Eran malditamente iguales.

8:00 p.m.

Cuando Rukia y Tatsuki llegaron al café, este tenía las luces apagadas y el letrero de "Cerrado" se expandía por la puerta principal. Sin embargo, Orihime, a la que le tocaba turno ese día por la noche, divisó a su mejor amiga por el vidrio y las dejó pasar.

—¡Tatsuki-chan! ¡Rukia! —Exclamó la chica, mientras cerraba nuevamente la puerta— ¿Qué las trae por aquí?

—Tengo que hablar contigo a solas, Inoue —dijo la chica del uniforme verde mientras jalaba a su amiga hacia el otro lado del café.

La morena frunció el ceño. Bueno, eso era descortés, ni siquiera le habia dejado saludar correctamente a Inoue, cuando estaba a punto de reclamar, Yoruichi hizo acto de presencia y, con ella, tanto Urahara como Tessai habían bajado del segundo piso. Rukia supo que algo malo habia pasado por el rostro que los tres tenían instalados como mascaras sobre sus ojos, cuando la mujer de cabello violeta y ojos felinos observo alrededor varias veces, su ceño se frunció por completo en una mueca de preocupación y ella supo el porqué.

—Si están buscando a Ichigo, no está. Ha desaparecido desde el mediodía —contesto a las preguntas inconscientes de los tres adultos. — Vinimos aquí porque pensamos que habría dejado un mensaje o algo parecido pero, por lo que veo, no ha sido así.

—No, no ha pasado por el café en todo el día —murmuró Yoruichi.

—¿En qué rayos está pensando ese idiota? —preguntó Urahara.

—No es su culpa, Kisuke —dijo Tessai, intentando calmar los ánimos. — Cualquiera en su lugar habría hecho lo mismo.

Ahí fue cuando Rukia se hartó. Estaba realmente superada por todo lo que sucedía. ¿Por qué hablaban de Ichigo como si fuese una víctima? Primeramente, ¿por qué sentía que se estaba perdiendo de algo grande allí?

—Urahara, —gruñó la pequeña chica— ¿qué está pasando? ¿Por qué Ichigo salió corriendo? ¿Qué es lo que…?

—Kuchiki, —el susurro de Yoruichi la hizo girarse en su dirección. Al ver los serios ojos amarillos de la mujer gato, se encogió imperceptiblemente pero logró recomponerse al segundo. No demostraría miedo ni cobardía, jamás— sé que quieres ayudar, pero hay muchas cosas que no sabes sobre Ichigo y…

—Pues, dímelas. —exigió.

—Eso le corresponde al idiota con quien compartes apartamento —se burló Kisuke, intentando trazar un mapa de Nueva York en su cabeza con las posibles localizaciones de Ichigo.

—Además, —agregó Yoruichi— creo que no te gustaría que nosotros le dijéramos expresamente quien eres, ¿verdad?

La chica retrocedió dos pasos, abriendo los ojos mientras apretaba sus puños. ¿Acaso iban a contarle todo a Ichigo?

—Eso es diferente. Es mejor para él si no sabe nada.

—¿Cómo lo sabes?

—Solo… —exhalo aire frio. De pronto, la temperatura habia descendido completamente— lo sé, ¿bien?

—Esa no es una respuesta —reclamó Urahara con una sonrisa condescendiente.

—¡No importa! —Exclamó la morena, haciendo que tanto Orihime como Tatsuki que estaban a unas mesas de distancia, prestaran atención a la disputa que se llevaba a cabo cerca de la puerta— ¡Lo que deberíamos estar haciendo es buscar a Ichigo! ¡El idiota no se ha abrigado lo suficiente! ¡Se congelará allí afuera! ¡Vamos!

Los tres adultos miraron a la pequeña heredera Kuchiki muy concienzudamente, distinguiendo rasgos tan similares entre ella y Byakuya. Por lo menos, para Yoruichi y Urahara, era como estar viendo a una pequeña copia de ese niño que alguna vez habia distinguido en la vieja Alemania de la segunda guerra: orgullosa, valiente, decidida, con ese brillo en sus ojos que denotaba sabiduría y algo más. Sin embargo, fue Yoruichi quien pudo distinguir la verdadera naturaleza de ese brillo. No, no era ambición lo que se veía allí; sino amabilidad, preocupación por un amigo. Amistad y quizás, probablemente, bueno, quien sabía. Fue allí, en ese preciso momento, viendo a la pequeña belleza pálida Kuchiki a los ojos, que pudo descubrir porque Byakuya no habia podido domarla del todo: La resistencia de Hisana aun residía dentro de su alma, una muy pequeña y minúscula parte.

Yoruichi sonrió. Eso era todo lo que bastaba para poder reparar un alma rota, ¿sería lo suficientemente fuerte para reparar dos?

—Bien, entonces no perdamos tiempo; —habló Yoruichi, sonriendo de lado— armaremos grupos de a dos para buscarlos en lugares que él comúnmente suele recorrer. Kisuke y yo iremos hacia la universidad, Orihime y Tatsuki se dirigirán hacia Central Park, cubran solo las entradas y sitios comunes —ambas chicas asintieron, Yoruichi se giró hacia Rukia— Tu y Tessai irán cubrirán la zona del apartamento, todo el perímetro. El punto de reunión será el Café.

La chica solo se limitó a asentir. Tenían que encontrarlo.

Y, nuevamente, las palabras de Renji hacían eco en su mente.

"Mantente a salvo"

9:00 p.m.

Durante la hora que estuvieron buscando por el perímetro del apartamento, tanto Rukia como Tessai se mantuvieron en un silencio tenso e incómodo que los hizo separarse para evitar conversaciones que no querían tener en esos momentos. Ella sabía que al hombre no le caía del todo bien después de la grane escena que habían montado Ichigo y ella la segunda vez que se habían encontrado. Bien, ella no habia actuado como una dama debería pero el hombre se habia pasado de la raya, digo, ¿vetarla no era demasiado? Y aun así, Urahara habia desistido de esa idiotez, dejando al hombre furioso por no haber respetado una de sus decisiones. Sin embargo, cuando se volvieron a encontrar, el rostro normalmente serio de Tessai estaba surcado por la preocupación. No pudo evitar soltar las palabras de aliento que tenía en la punta de su lengua.

Quizás fue eso, esa simple frase de "Va a estar bien" el que hizo que todo se desencadenase.

En menos de diez minutos, el hombre grande estaba disculpándose por su actitud inmadura y le pedía perdón de una manera tosca. A su manera, pensó la pequeña chica.

—Disculpas aceptadas; —contestó, mientras caminaban por la nevada Quinta avenida. Gracias al cielo y no habia empezado a nevar— de hecho, yo también te debo una disculpa, no debí haber actuado de esa manera ese día. Fue irresponsable y nada educado de mi parte.

El hombre de piel tostada asintió.

—Por lo que veo, tienes muy en alto lo que es la educación. Sin ofender ni ser sarcástico, claro.

Ella solo encogió los hombros.

—Sí, es algo con lo que me he criado desde siempre.

Y cuando decía desde siempre, era así. Sí, no siempre habia vivido con Byakuya pero la poca educación que tenía a los cinco años se la debía toda a Hisana.

—Y, por si sirve de algo, —mencionó Tessai— me alegro que formes partes del staff del café. Será bueno tenerte con nosotros.

Ella solo sonrió y pronunció un débil "gracias".

No podía contestar apropiadamente en esos momentos, la preocupación ya habia sido contagiada.

10:30 p.m.

Uno por uno, los grupos habían estado llegando al café y los rostros decaídos con manos congeladas denotaban el cansancio e, incluso, la perdida de energía. Urahara habia sugerido abrir nuevamente el café para poder tomar alguna bebida que les repondría para continuar con su búsqueda cuando tanto Orihime como Tatsuki Arisawa, que eran las únicas que faltaban del grupo, llegaron corriendo desde una de las esquinas de Central Park.

El corazón de Rukia dio un salto, ¿sería posible que lo hubiesen encontrado? El verlas llegar sin nadie deshizo sus esperanzas. Quizá debería ella misma entrar a Central Park, habían uno o dos lugares que le habia mencionado a Ichigo con anterioridad pero no habia dado la localización exacta.

—¿Nada? —preguntó Yoruichi, metiendo sus manos dentro del abrigo de piel sintética.

Tatsuki negó con la cabeza mientras que Orihime intentaba recuperar el aire después de haber corrido bastante.

—No está allí dentro —resopló Tatsuki—, ¿dónde demonios puede estar?

—Estoy muy preocupada —gimió Inoue, intentando que su ceño no se frunciera demasiado.

—Deberíamos entrar un momento, nos estamos congelando aquí —acotó Tessai, mientras frotaba sus grandes manos por sobre sus pantalones de lana gruesa.

La mayoría estuvo de acuerdo con la idea.

Sin embargo, fue el rápido grito de Rukia el que los hizo girar por completo sus cabezas.

—¡Ya sé dónde está! —exclamó, mientras comenzaba a caminar hacia la puerta principal de Central Park.

¿Cómo habia sido tan idiota? ¡La fosa! Ella le habia hablado de ese lugar en uno de sus cierres habituales y en los cuales normalmente no tenían mucho de qué conversar. Le habia dicho explícitamente que el lugar estaba casi cerrado al público porque, claramente, era un lugar donde la biodiversidad era abundante pero que si sabias convivir con ello, te dejarían entrar por completo. En realidad no estaba vetado para todos; además, ella le habia dado el modo de como entrar por el otro lado del lago, esa parte donde casi nadie rondaba por lo solitario del lugar. Sin embargo, era el único lugar que se le ocurría. Quizás de verdad no conocía a Ichigo tan bien.

Ese pensamiento le hizo fruncir el ceño y caminar más aprisa. Detrás de ella podía escuchar las pisadas del resto del equipo que le seguía. Bien, mientras más mejor.

—¡Ya hemos revisado lo más visitado, Rukia! —exclamó Tatsuki, fastidiada. No le gustaba que esa mujer dirigiera nada. — ¡No está allí!

—¡Eso es porque no has buscado adecuadamente! —respondió.

La voz de Orihime se hizo notar.

—¿Dónde más puede estar, Rukia-chan?

—En mi lugar favorito.

11:00 p.m.

No era el lugar más aislado del mundo, pero era tranquilo, quieto y calmado. Rukia siempre había dicho que "La fosa" era el lugar más cercano al paraíso que podía existir en Nueva York, ¿por qué? Bueno, podría ser quizás porque desde allí se avistaban los mejores amaneceres y los más coloridos atardeceres. Las aves, de todo tipo, bailaban por la tranquila laguna, surfeando pequeñas olas que no se llegaban a formar nunca. Sin embargo, en invierno las cosas cambiaban. La laguna se cristalizaba, decorando las riveras con la más fina escarcha y, aunque se habia prohibido expresamente el patinaje en esos lugares, aun podías observar como los castores y ardillas salían de sus nidos para conseguir avistar algo de luz de sol o quizás alguna pisca de calor. La naturaleza, así como el mundo, era lo más hermoso que se podía haber creado y ese lugar era simplemente perfecto.

"Es el mejor lugar en Nueva York para tomar fotografías" habia dicho la pequeña chica a Ichigo el martes a la hora del cierre. Y el chico habia estado hablando sobre lo que podrían hacer en ese lugar cuando la nieve se disipara un poco. Planes para un futuro que Rukia evitaba pensar a toda costa y que, aun así, viendo a su amigo sentado sobre una roca, de espaldas hacia ella, no podía dejar de rebatirse sobre lo que sería correcto o no. ¿Debería dejar de preocuparse por todo y poner un poco de sí misma en vivir su vida? Sí, debería hacerlo.

"Quizás Ichigo tenga razón" se dijo, mientras se mordía el labio. Estaba a punto de avanzar hacia el chico y sorprenderlo pero un grito inesperado la hizo saltar sobre sí misma.

—¡Kurosaki-kun! —Inoue habia pasado corriendo a Rukia y se agachaba sobre sus rodillas para hablar con el chico.

Fue ahí cuando comprendió, cuando realmente comprendió lo que significaba ese apellido.

Kurosaki.

Ichigo Kurosaki.

"Mantente a salvo"

"El criminal buscado Isshin Kurosaki."

"Terrorista"

"¡Quiero que dejes a ese terrorista de una vez por todas!"

"Remitente: Isshin Kurosaki"

Exhaló con dificultad mientras sentía que el aire se iba de sus pulmones por completo. Bien, primero tenía que calmarse, podría haber sido una equivocación, claro, tenía que serlo, ¿no? ¿No? "No puedes cubrir el sol con un dedo, Kuchiki" escupió esa pequeña voz detrás de su cabeza que le decía cosas tontas, cosas en las que no quería pensar por ahora. Vio como el chico ponía una mano sobre el hombro de Inoue y le sonreía de manera extraña. Era una sonrisa que nunca antes le habia visto. No una de las falsas que siempre ponía. Una de verdad. De las que no le habia dado a ella aún.

Todas las voces que le decían que no conocía a Ichigo, que no sabía absolutamente nada sobre él se estancaron en una bola de ansiedad en medio de su garganta. Y necesitaba sacarla. Necesitaba explicaciones o, por lo menos, asegurarse que Ichigo estuviera bien.

Por ahora, lo que importaba era que él estuviera bien.

Dio unos pasos más cerca pero una mano ruda la detuvo, ella parpadeó unos momentos mientras vio como Tatsuki avanzaba y la miraba de reojo.

—Mira, te permití que vinieras con nosotros porque supuse que sería mejor que tuviéramos más manos para ayudar. Ya lo hiciste, lo encontraste; ahora, deja que sus amigos, los verdaderos, nos hagamos cargo, ¿sí?

—Yo soy su…

—No vengas con estupideces, —escupió la chica mientras se cruzaba de brazos— puedo ver tu rostro de completo asombro que no sabías ni siquiera su apellido. —Negó con la cabeza mientras chasqueaba su lengua— Yo que tú, iría viendo otro lugar para alquilar porque después de saber quién es él, no creo que quieras seguir viviendo bajo su techo.

Rukia apretó los dientes.

—Él… No tiene nada que ver si…

La secretaria de los trece escuadrones de protección soltó una risa seca llena de sarcasmo.

—No digas más, en serio. Solo metete en tus asuntos y deja a Ichigo en paz. No necesita más amigos. No por lo menos que sean de tu tipo.

La chica de cabellos negros se quedó viendo como Arisawa caminaba hacia donde Inoue e Ichigo se encontraban, les dio a ambos una sonrisa cálida y llena de jovialidad mientras le daba un leve apretón al hombro del chico, esperando que ese simple acto pudiese reconfortarlo de una manera especial. Rukia no se detuvo a pensar en que posiblemente esa chica sabía quién era por la forma en cómo le hablo porque en esos momentos, ¿tenía importancia? No, claro que no. Ella tenía razón: Ichigo no era su amigo. No lo conocía, no se conocían. Y ella, en un inicio, habia decidido que estaba bien mantener los labios sellados, se repetía que era por el bien del chico, que era mejor no meterlo en esa mierda; sencillamente se olvidó del pequeño asunto de Ichigo. Él también tenía secretos, como su apellido. La morena cerro los ojos mientras se frotaba las manos por sobre los guantes, quedándose a una distancia algo larga de la roca donde los tres amigos charlaban amenamente. Arisawa tenía razón, en muchas cosas; no obstante, aunque lo quisiera, no podría irse de su apartamento así como así porque, en primer lugar, ya tenía algo asentado allí. El pequeño trabajo en la cafetería que empezaría, un cuarto al cual poder llamar hogar, alguien que no la tratase como si fuese completamente invisible e inútil, alguien que la valoraba a pesar de todo.

Rukia retrocedió unos pasos y dio media vuelta para encontrarse con la mirada profunda de Yoruichi que la observaba como si quisiera decirle algo en voz alta. Como si quisiera transmitirle valentía en esos ojos amarillos.

—¿Te vas otra vez? —murmuró la mujer mientras alzaba una ceja en señal de desaprobación.

Ella suspiró, sentía la punta de la nariz congelada.

—No, voy a esperar en la puerta principal. Tengo que ir a clases mañana por la mañana pero no voy a dejarlos solos.

—No deberías. —susurró.

—Sí, bueno, —se encogió de hombros mientras seguía su camino hacia la salida— si preguntan ya saben dónde encontrarme.

En todo el camino que le tomo salir hacia la quinta avenida pudo sentir miradas tras su espalda, acuchillándole los sentidos de una manera intensa. No quiso dar la vuelta porque era muy probable que fueran uno de los tres adultos que aún se habían quedado a revisar si el chico estaba bien; sin embargo, en ningún momento dejo de pensar que tal vez, quizás, debería conseguir algún otro lugar para vivir, por más que hubiese construido algo allí, por más que tuviese un compañero. Habrían otros, no sería el primero y, aun así, algo dentro de ella le impedía simplemente largarse como siempre lo habia hecho. Como Hisana le habia dicho que tenía que actuar en cuanto las cosas se pusieran complicadas.

Era la primera vez que pensaba que, probablemente, su hermana no habia sido una mujer tan valiente que digamos. Siempre huyendo de algo, alguien, lo que sea; temiendo a cada persona, a cada susurro. Introvertida, tímida. Ella negó con la cabeza, sacando un poco el aguanieve de su gorro. No, ella no era su hermana pero definitivamente tenía algo que la caracterizaba y que odiaba: Esa manera de huir a las situaciones que no podía manejar y que, cuando se le salía de las manos, si podía, huiría. Si no, aceptaría el castigo. ¿Eso podía ser llamado valentía?

La chica se recostó en la reja de Central Park, esperando a que el resto saliera mientras veía el panorama que la noche daba a la quinta avenida. Se reprendió no haber traído la cámara. Realmente era un hermoso paisaje, debería tomarle unas cuantas fotos algún día.

12:00 a.m.

Por encargo de Arisawa, Inoue fue invitada al apartamento de Ichigo para cuidar de él y ni el chico ni Rukia pudieron argumentar nada al respecto. De hecho, Rukia no habia abierto mucho la boca en todo el camino, cosa que le extrañaba por completo, a estas alturas, ella ya debería haber dicho algo, lo que sea. Pero ni siquiera se habia acercado a saludarlo, a averiguar si estaba bien o tenía algún corte, lo que sea. El chico suspiró mientras dejaba entrar a las dos chicas al apartamento, le hubiese gustado que la pequeña chica se hubiese aunque sea preocupado algo por él.

—¿Estas segura que no quieres que arme un catre para ti, Inoue? —preguntó por quinta vez en la noche el chico.

La chica, con las mejillas sonrojadas, negó con la cabeza.

—Está bien, Kurosaki-kun, —tanto Ichigo como Rukia dieron un pequeño salto imperceptible ante el apellido. El chico mirando de reojo a su amiga mientras que la morena solo bajaba la mirada, incomoda— el sillón es lo suficientemente amplio para esta noche.

Finalmente, el chico de cabellos naranjas se rindió y dejo que su amiga se alistara en el baño principal de la casa. Por un momento, ambos tuvieron el salón para ellos solos; sin embargo, aunque Ichigo buscaba interpretar algo en esa mirada vacía, no podía simplemente leerla por completo. Era como un mapa totalmente en blanco, sin ninguna emoción.

—Rukia, yo…

La chica levanto el rostro e Ichigo se sonrojo un poco cuando vio la pequeña sonrisa que mostraba su amiga. Una sonrisa que nunca le habia visto desde el día en que se mudó.

—Me alegra tanto que estés bien, Ichigo, realmente me alegro. —No obstante, ella estaba haciendo un esfuerzo enorme en solo decir las palabras adecuadas, sonriendo como Byakuya alguna vez le habia dicho que lo haga para alguno de sus pretendientes.

Sin embargo, Ichigo no lo noto.

—Merezco un buen golpe por haber desaparecido de esa manera, no te lo merecías.

—Por supuesto que no, me dejaste con todas las bolsas de comida en la calle, idiota.

—¿Pudiste traerlas todas tu sola? —preguntó, algo avergonzado de haberla dejado plantada.

La chica soltó una risa pequeña.

—Claro, no soy tan débil como parece.

El semblante de Ichigo cambio de inmediato.

—Sí, lo eres. —Los puños del chico se apretaron— No debiste venir a buscarme, no en tu condición al menos.

Esta vez, la sonrisa de la chica se borró por completo.

—¿Condición, dices? ¿De qué hablas?

—Esta mañana tuviste una recaída, Rukia. No has debido de estar expuesta al frio demasiado tiempo.

La chica bufó.

—Vamos, te dije que no era la primera vez.

Ichigo apretó los dientes.

—Fue la primera vez en dos años, maldición. —Habló con exasperación— No seas imprudente, puede haberte pasado algo por mi culpa. No me lo perdonaría.

Esas palabras le hicieron abrir los ojos.

—¿Por qué te preocupas por eso? No… —tragó saliva, esas palabras le iban a doler pero sería decir la verdad. Tenía que sacarlas de su sistema— No nos conocemos, Ichigo. No puedes saber que tan grave fueron mis anteriores recaídas y créeme, fueron mucho peores que la de esta mañana. —Bufó, mientras intentaba permanecer estable frente a él; luego, en la ducha, se permitiría un poco de paranoia— Será mejor que te acuestes, ya es tarde.

Rukia estaba por entrar a su cuarto cuando una mano callosa la detuvo por la muñeca.

Su resolución, fuerte y decidida, se fue al caño cuando los dedos de Ichigo hicieron presión sobre su pálida muñeca, golpeando con su dedo índice una de las venas principales de su sistema. El tacto de un hombre nunca la habia trastornado tanto y tuvo ganas de patear, golpear e insultar porque la estaban sacando de su zona de confort. Ella no debería sentir esas cosas por él. Le haría daño.

Se haría daño.

"¿Por qué eres tan masoquista, Rukia Kuchiki?"

—Quiero explicarte, —tragó saliva. Esto iba a ser difícil— no, necesito explicarte lo que sucedió. Quien soy.

El susurró de Rukia nunca fue tan bajo.

—No me debes explicaciones, Ichigo. No me importa quien seas; seguimos sin conocernos del todo.

—Somos amigos, ¿verdad?

—¿Lo somos?

Esa pregunta hizo que el chico soltara su muñeca por completo, confundido.

—Tú dijiste que lo éramos.

Ella suspiró, cruzándose de brazos, protegiendo sus sensibles muñecas.

—Sí, claro, yo lo dije. —Se mordió el labio— Mira, yo…

La conversación fue interrumpida por el sonido de la puerta del baño abriéndose y la cantarina voz de Orihime sonando al compás de alguna canción del show de Chappy. La chica, con esa pijama rosa de conejos era toda una visión; por supuesto, Rukia quiso robar esas prendas, o al menos exigirle a la chica donde las habia conseguido, sin embargo pensó, ¿dónde podría rellenar los espacios faltantes? Suspiró, sí, maldita genética de niña de diez años.

Inoue habia salido del baño contenta por estar en ese lugar, feliz por haber encontrado a tiempo a Kurosaki-kun; sin embargo, las voces en su cabeza habían estado gritando demasiado durante esa noche, sobre todo desde el momento en que Tatsuki le habia comentado que Rukia vivía con Ichigo. Sí, eso ya lo sabía, no tenían que repetírselo cada dos por tres. Aun así, dolía, como nunca nada lo habia hecho desde la muerte de su hermano. Es por eso que comenzó a tararear, a cantar, a silbar y salió con la cabeza más despejada que de costumbre sin notar el poco espacio que habia entre Rukia e Ichigo. A veces, si era un poco despistada.

—Kurosaki-kun, Rukia, ¿ya están listos para dormir?

El chico suspiró, mientras regresaba por el mismo camino que habia hecho Inoue para meterse al baño. Necesitaba una ducha, aclarar sus pensamientos y ver la manera de poder hablar con la morena sin que hubiese esa muralla de tres metros entre ellos.

Por otro lado, Rukia observa como Orihime esponja la almohada sobre el sillón y como acomoda sus pocas pertenencias sobre la mesa de café, por un momento siente la necesidad de decirle que tome su cama. Y lo hace.

—¿Estas segura que no quieres mi cama? Porque yo puedo dormir aquí, en serio.

La chica parpadeó un par de veces, luego sonrió.

—No seas tonta, Rukia. Puedo dormir aquí, no es la primera vez que lo hago.

Y ella no volvió a decir palabra sobre ello; sin embargo, se sentó en el otro sillón, menos mullido que el que tenía Orihime y la vio sentarse sobre las mantas color gris que debían de haber tenido una buena vida hace ya unos muchos años atrás.

—Sabes, fue muy buena idea la de buscar en ese lugar, Rukia, —habló la chica— nunca se me hubiese ocurrido que Kurosaki-kun estuviese allí.

Ella solo soltó una leve sonrisa.

—Le habia hablado de la fose antes, supongo que quiso conocerlo él mismo.

Orihime asintió levemente y, de pronto, su semblante se entristeció de repente, dándole un toque algo aniñado.

—No debió de hacerlo, —Inoue levanto la mirada y vio los ojos confundidos de Rukia ante su frase— huir, digo. Nunca resuelve nada. Es mejor hablarlo con tu familia, amigos, quien sea, ¿sabes? Es lo mejor.

La boca de la heredera Kuchiki se sintió seca de repente, como si no hubiese bebido nada en todo el día.

—¿Lo es? —La chica de cabello naranja le dio una pequeña sonrisa— ¿Qué sucede cuando es algo más grande que tú, algo que escapa de tu control? Digo, ¿no sería egoísta meterlo en eso? ¿No estaría mal?

La chica levantó una ceja confundida.

—¿Te refieres a si está mal huir o a otra cosa?

Rukia suspiró.

—No lo sé. Supongo que sí, sí, ¿está mal huir? ¿Aunque sea por el bien de los que estimas?

—Supongo que depende mucho de qué exactamente estás huyendo. —Contestó la chica. Su semblante habia cambiado bastante y parecía realmente metida en la conversación— Si me preguntas por Kurosaki-kun, te diría que sí, está mal porque él nos tiene a Tatsuki, a mí, incluso a Ishida-kun aunque no esté presente. Él tiene una familia aunque lo niegue. Pero, —entonces, por un momento, los ojos de ambas cruzaron y rompieron esa enorme barrera que la morena habia construido. Por un pequeño instante, Rukia le dejo ver dentro de sus ojos. A una total desconocida. Sí, ella tampoco es mi amiga— ¿estas huyendo de algo, Rukia?

Ella bajo la mirada y se frotó las manos desnudas. Ya se habia sacado los guantes.

—No lo sé.

—¿Es algo complicado?

Bufó, mientras una risa sarcástica quiso salir por su garganta.

—Ni te lo imaginas.

Inoue se lamió los labios resecos.

—Puedes contármelo, ¿sabes? Te puedo ayudar.

—No creo poder decirlo en voz alta. No hoy, al menos.

El ceño de Orihime se frunció levemente mientras asentía.

—Deberías contárselo a alguien, Rukia, no es bueno quedarse con cosas sin decir, como tampoco es bueno irse a la cama peleados.

La chica volvió a sonreír, dejando que la comisura de sus labios subiera un poco hacia los pómulos.

—Sí, debería ponerlo en práctica.

—¿Tienes a alguien con quien hablar? —preguntó, curiosa.

Ella se mordió el labio inferior. ¿Tenia? No estaba segura si podía confiar en alguien. Renji, él podría ser, aunque, después de confesarle lo de ser corresponsal de guerra, bueno, las cosas no fueron del todo bien. Quizás en otro momento Kaien pudiese haber sido una opción factible pero, en esos momentos, después de todo lo que le habia dicho… No, por más que hubiese tenido razón, simplemente no. Con Kiyone no podía conversar de esas cosas, siempre en el trabajo, siempre de lectura, conversaciones sin sentido que la mantenían distraída, fuera de la burbuja que era su vida comúnmente. ¿Y entonces? Nada, no tienes a nadie, reclamó la vocecita molesta en su cabeza.

Así que solo negó débilmente con la cabeza.

—Vaya, bueno, —rio Orihime algo nerviosa— cuando yo tengo algo que decir, suelo hablar con Tatsuki, ella siempre está dispuesta a hablar de todo conmigo, incluso de mis tontas cosas de Chappy.

—No son tontas; es arte —protestó la morena, haciendo un pequeño puchero.

Inoue sonrió con ternura.

—¿Verdad? Nadie lo entiende, —la observó— pero tú sí.

Bajó la mirada, sin saber que decir.

—Supongo que un fan reconoce a otro fan

La chica asintió, con una emoción desconocida bailando en su mirada.

—Además, también le cuento sobre cómo actuar con, bueno, cierta persona que realmente… —Rukia elevó una ceja de confusión cuando la chica se sonrojó por completo— e-es complicado también.

—Ya veo…

—Es que, —tragó saliva— ha sido demasiado tiempo y-y no sé si seré, ya sabes, buena o no, no lo sé —tartamudeó.

La mirada de Inoue se dirigió directamente hacia el pasillo por donde Ichigo se habia metido. No fue muy difícil para la morena deducir porque la chica estaba sonrojada y, también, el porqué de sus acciones. Sin embargo, no pudo evitar sentirse sorprendida por la magnitud de emociones y colores que la mirada esperanzada de la chica frente a ella demostraba solo con ver una puerta cerrada, esa donde Ichigo se encontraba. Se removió incómodamente mientras pensaba en lo Arisawa le habia dicho esa noche, en todo lo que habia estado sucediendo desde que ella habia llegado a la vida de Ichigo Kurosaki. Sí, debería empezar a llamarlo así, se dijo. La muchacha de cabellos anaranjados bajo la cabeza mientras un delicado sonrojo cubría sus mejillas y sus ojos se volvían acuosos; por un minuto, Rukia creyó haber reconocido amargura en ellos, pero luego solo demostraron esos infinitos y sinceros sentimientos que una persona como Orihime debería tener.

Ella no tenía sinceros sentimientos. Ella los negaba, los rechazaba. No se creía merecedora de ellos porque, ¿de qué servirían? Al final del día, tarde o temprano, terminaría haciendo daño alguien y no quería volver a sentirse como el día en que su hermana falleció. Esas emociones, las mariposas, todo lo que sentía al estar con Ichigo eran inútil. Inservibles.

Reciclables.

Rukia respiró, sintiéndose más cobarde que nunca.

—Supongo que, si te esfuerzas, podrás lograrlo. No lo sé, —soltó una risa nerviosa— nunca he estado en estas situaciones.

"Nunca he permitido que pasasen"

—Está bien, no te preocupes; —respondió amablemente mientras volteaba la cabeza para ver el reloj de pared— es tarde.

La morena imitó su acción y se sorprendió de ver que ya iban a ser la una de la mañana. Genial, no se levantaría a tiempo.

—Debo irme —habló, mientras se levantaba y caminaba hacia su habitación.

—Hasta mañana, Rukia-chan.

Fueron las últimas palabras que escuchó antes de cerrar la puerta, dejando todo sonido extraño fuera de esas cuatro paredes. Las observó, de ese color verde musgo algo oxidado que desmerecía la expansión de ese lugar, dándole la razón a un pensamiento que habia surgido en su mente de improviso: "Los departamentos de la quinta avenida siempre son espaciosos, aunque no lo suficientemente iluminados". Avanzó hacia su cama y, cuando se sentó sobre el colchón, pudo sentir algo duro sobre sus partes traseras. Intrigada, se volvió a levantar mientras veía el libro que habia comprado hace ya días en la librería de al lado del café, esa que a Kiyone le gustaba visitar con regularidad.

—No recuerdo haberte dejado aquí… —recalcó para sí misma.

No. De hecho, no recordaba haberlo cogido desde el miércoles por la noche, luego del turno en el café acompañando a Ichigo. ¿Por qué estaba fuera de su maleta? No se detuvo a pensarlo mucho y quizás, ese fue su error. A veces, ella no pensaba. Abrió con cuidado el libro de M.K. y pasó las hojas con parsimonia hasta llegar a la ciento cuatro, la última que habia leído ese día; sin embargo, había algo diferente. Frunció el ceño. Ella no recordaba haber subrayado nada con resaltador. No tenía de esas cosas en su maleta. El color amarillo resultaba completamente llamativo y, por la frialdad del papel, era obvio que esto lo habían hecho recientemente.

Las alarmas dentro de su cabeza volvieron a sonar como las campanas del Big Beng e intentó no comenzar a sacar conclusiones apresuradas. ¿Acaso habrían robado algo? No, era imposible, hubieran visto un desastre completo y, por el contrario, todo estaba en perfecto orden. Nada faltaba, todo estaba en su lugar. Excepto el libro de M.K. Acarició la hoja de papel, mientras leía lo subrayado:

"Todo el mundo te parece respetable y te ofendes si yo hablo mal de alguien… No temas que me exceda apropiándome de tu privilegio de bondad universal. No hay peligro. A poca gente quiero de verdad, y de muy pocos tengo buen concepto. Cuanto más conozco el mundo, más me desagrada, y el tiempo confirma mi creencia en la inconsistencia del carácter humano, y en lo poco que se puede uno fiar de las apariencias de bondad o inteligencia…"

Rukia soltó un jadeo fuerte. Solo habia una persona que podría haber subrayado algo así, algo tan comprometedor.

—Hermano…

Con rapidez, se levantó de la cama, dejando caer el libro al suelo y haciendo que, por fuerza gravitatoria o quizás el destino, era lo más probable, una carta cayera, rebotando sobre el parqué de madera del apartamento.

Sin remitente, sin destinatario; sin embargo, ella sabía perfectamente a quien iba dirigida y no quiso darle tantas vueltas.

Muchas cosas pasaron al mismo tiempo, como el darse cuenta que no estaba del todo a salvo, que nunca lo estaría, no al menos que saliera de la ciudad por completo o del país si así lo requiriera. Que estaba poniendo en peligro a personas que no tenían nada que ver con esos problemas, personas que desconocían el meollo del asunto y que no deberían saberlo; era lo mejor. También se dio cuenta que el "asunto" era algo más complicado de lo que habría sabido. Siempre supo que habia algo realmente curioso en Ichigo; jamás pensó saberlo de esa manera. Conforme iba leyendo, la carta se arrugaba cada vez más por reflejo de sus puños y por la misma frustración de los hechos.

Nunca podría odiar a Byakuya Kuchiki porque era el único ser que le habia mostrado piedad después de la muerte de Hisana. Su mente constantemente balanceaba los porqués de las acciones del magnate. Él pudo haberla dejado en un maldito hogar adoptivo, pudo haberla dejado pudrirse en alguna esquina de Virginia del Norte sin nombre, sin apellido. Nada. Pudo haber hecho mil cosas con ella en vez de adoptarla como uno de los suyos, en vez de darle un hogar o lo más semejante a uno. Nunca lo culpo por nada, ¿por qué habría de hacerlo? Ella sabía que tarde o temprano las cosas volvían a su lugar de origen, como un bumerán que uno lanza al aire, pensando ciegamente que va a regresar en el mismo ángulo lanzado y, por lo tanto, se prepara para la mejor atrapada del mundo. Resulta que el bumerán regresa de otra manera y termina asestándote un golpe del que nunca te recuperas del todo. Si pudiese dar una definición de la vida, seria esa.

La chica terminó de leer la carta para luego alisar los bordes arrugados y volver a meterla al sobre. Suspiró una última vez mientras bajaba la mirada y recapitulaba la frase de su mejor amigo por enésima vez en la noche.

"Mantente a salvo".

Y había fallado.

10.-

01 de marzo de 1969

Este de Vietnam

13:00 Hrs.

Los monitores en blanco y negro titilan en la oscura tarde de tormenta, haciendo que la sala de control de mando fuese algo más tétrica que de costumbre, solo un poco más de lo habitual. Chasqueó la lengua, ese lugar siempre estaba completamente mojado y húmedo. Debía admitirlo, odiaba a los malditos mosquitos y, si tenía que elegir algo de entre todas las cosas que más odiaba de ese lugar, se quedaría con su última decisión, muchas gracias.

¿Me estas escuchando? —La voz algo rasposa de la mujer al otro lado de la línea lo sacó de sus cavilaciones.

El hombre sonrió algo macabramente.

—Aunque seas molesta, sí, te escuchó, Harribel.

¿Qué fue lo último que dije? —preguntó, exasperada. No le gustaba esperar; ella era una mujer directa.

—Tienes a Uryuu Ishida en la sede de Nueva Orleans. —Levanto la mano libre, como si estuviera brindando a la distancia— Bien por ti, numero 3.

El segundo sujeto de prueba, —recalcó— ha sido inducido a la etapa tres del proyecto. Respuestas afirmativas a la dosis habitual de la inyección, solicito permiso para el transporte requerido en la etapa cuatro.

Él frunció los labios.

—¿Etapa cuatro? ¿Ha avanzado tan rápido en solo unos días?

El sujeto tiene reacciones positivas a los medicamentos y el reglamento sugiere que, de darse el caso correspondiente, sea transferido inmediatamente a la próxima etapa debido a que los agentes comenzaran a hacer estragos en el sistema inmunológico; por lo tanto…

—Olvide que siempre seguías los protocolos, Harribel.

Se escuchó un sonido de fastidio al otro lado de la línea.

Solo dame el maldito permiso para proceder, Barrabas.

—Pero que impaciente, —respondió, mientras presionaba algunos botones del control de mando, haciendo que, inmediatamente, una de las pantallas que estaban en blanco y negro, se encendiera como la estrella sobre el árbol de navidad— ¿satisfecha?

Permiso recibido, —devolvió la chica— ah, y, ¿Barrabas? —Agregó— Vete a la mierda.

—Siempre un placer. —Masculló, mientras colgaba definitivamente el dial.

Barrabas era un hombre escalofriante, eso lo decían casi todos en el cuartel de Vietnam. Era el número 1, el maldito número 1, ese que todos odian porque sabían que era el más fuerte, el más astuto. El preferido. Ese que, pese a todo, recibía mejores honorarios que el resto; sin embargo, habría que saber a qué se referían ellos con "salario" para querer saborearlo por ellos mismos. El hombre regresó su mirada hacia los televisores cuando, de improviso, la puerta del cuarto de control se abrió y una de las voces más irritantes de ese lugar rompió por completo su tranquilidad.

—El jefe llamó —acotó inmediatamente el intruso.

El hombre sentado tras los monitores ni siquiera se dignó a regresarle la mirada.

—¿Por qué no lo pasaste de inmediato al anexo?

El otro simplemente se encogió de hombros.

—Harribel estaba en la otra línea. Ella suele ser muy persuasiva cuando quiere la atención ante un hecho que ella ha provocado; poco inteligente, si me lo permites.

Barrabas chasqueó la lengua en señal de molestia.

—No tengo todo el maldito día, Szayelaporro, —gruñó— ¿cuál es el comunicado?

De cabello inusualmente rosado y delgado, Szayelaporro era uno de los subordinados de Barrabas o, al menos, el que más lo toleraba por convivir con él casi a tiempo completo en esa pocilga. No era leal, ni mucho menos tenía el valor para acometer contra el enemigo. Él era un hombre de ciencia, como se hacía llamar, y no podía creer como es que el jefe habia mandado a Harribel al centro de investigaciones y no a él, que habia descubierto la mezcla perfecta para hacer que el suero funcionase de manera correcta. Apretó los puños, no, por el contrario, habia mandado al número 3 a hacer el maldito trabajo… ¡Ella ni siquiera era tan inteligente o letal como él!

—¿Vas a seguir enojado porque Harribel consiguió la misión y no tú? —se burló el número uno— Sigues siendo un niño.

—Cállate; —escupió con saña— el jefe dijo que la misión se completó y que esperaba un informe detallado de los procesos.

Barrabás sonrió. Bien, todo estaba yendo de acuerdo al plan.

La lluvia chisporroteaba en el techo del cuarto de control como si el cielo fuese a caerse de repente, como si ese incesante golpeteo no fuese lo suficientemente irritante para sacar de las casillas a cualquiera. Los monitores en blanco y negro titilaban con parsimonia mientras que las diversas imágenes llenaban un cuarto sin sonido y solo con imágenes de cuerpos desnudos siendo medicados, durmiendo o siendo alimentados en la peor manera posible; sin embargo, habia uno, el único encendido totalmente en el que se escuchaban susurros ahogados, murmuros de perdón, de misericordia. Plegarias a alguien desconocido.

"Por favor…"

En ese único monitor se observaba el cuerpo totalmente desnudo de Uryuu Ishida atado de brazos y piernas como si fuera a ser tirado de cuatro caballos en diferentes direcciones. Su carne, a simple vista, parecía gris y enfermiza; con esos colores sobre la pantalla, se podía observar perfectamente las marcas de látigo sobre la carne blanca, los agujeros de las constantes inyecciones en sus manos, muñecas, pies y codos, los ojos completamente vendados mientras que, del ojo derecho, un pequeño hilo de sangre bajaba por su mejilla hasta deslizarse incómodamente dentro de la oreja. El cuerpo de Uryuu era un completo desmadejo de carne en la que las cicatrices abundaban de tal manera que era difícil diferenciar entre lo que era real o no.

"Por favor… ¡Por favor!"

No hubieron más gritos porque la voz se le habia agotado.

"Hagan que se vayan, ¡Por favor, hagan que las voces se vayan!"

Pero nadie escuchó sus ruegos.

"Mátame… mátame… no puedo…"

No habia misericordia en ese lugar.

"¡No quiero! ¡NO QUIERO!"

¿Por qué gritas si nadie te iba a dar alivio necesario?

Las voces de Uryuu no se irían en un largo tiempo, quizá nunca lo harían. Bueno, eso no sería un gran problema porque, al menos, ellas le recordarían lo que era. Un monstro, un defecto de la naturaleza creado por un padre ambicioso. No eres su hijo, se burlaron las voces. Ellas y esa enorme cicatriz en su estómago que aun ardía y picaba por la profundidad del cuchillo con la que habia sido creada.

Allí, sobre la carne que alguna vez habia sido pura y blanca, yacían las palabras que le seguirían por siempre, incluso más allá de la muerte:

QUINCY.

Continuará…