¡Buenas tardes!
Gracias a I'm Cruel And Pretty, Silvers Astoria Malfoy, Adarae y Emily por los reviews del capítulo anterior.
A todo esto, Emily, el Albus/Scorpius me gusta, sí, pero no creo que escriba ninguno porque si hay algo que tengo totalmente pensado es la Tercera Generación. Lina era hija de Dean y Parvati (echaba de menos estas preguntas xD).
Y hala... pues aquí está.
Capítulo 26: Despedida
Sé que la culpa os acosa
y os susurra al oído "Pude hacer más".
No hay nada que reprochar.
Mägo de Oz-Desde mi cielo
Harry se materializa con Ron y Teddy cerca del lugar en el que saben que Minna retiene a James.
No tarda en ver la casa, recortada contra el cielo ya oscuro. Sin embargo, no se fija en ella durante mucho rato. El viento le trae unos sonidos que no auguran nada bueno. Sollozos y llantos.
El hombre echa a andar rápidamente hacia el lugar desde donde se escucha la desesperación. Sin embargo, cuando descubre a cuatro personas agrupadas en el suelo, haciendo un círculo, mientras otra las observa algo apartada, algo le dice que no es buena idea seguir caminando. Siente deseos de dar media vuelta y huir de lo que quiera que haya ahí.
No obstante, su cuerpo no le obedece. Para cuando Harry quiere darse cuenta, está junto a ellos. James, Lily, Louis y Elijah. Y en los brazos de su primogénito, inmóvil…
—Albus—Harry se deja caer junto a ellos. Mira a su segundo hijo horrorizado. Está mortalmente pálido y tiene la ropa chorreando sangre que mancha a sus hermanos—. ¿Qué le ha pasado?
James parece reparar en su presencia en ese momento. Suelta a su hermano como si se hubiera electrocutado y se aleja de él hasta que el abrazo de Elijah le impide seguir retrocediendo. Sus ojos están llenos de un tormento difícil de definir.
—Tendría que… que…—empieza, pero un sollozo corta la frase. Lily lo mira—. No—musita—. Es por mi culpa…
—Pero Albus…—Harry no puede creerlo; no quiere creerlo. Al tiene que estar herido. Puede que sea grave, que le queden secuelas… pero su hijo está vivo. Tiene que estarlo.
Elijah niega con la cabeza. Él no está llorando, aunque le falta poco.
—Lo he intentado, señor Potter—le asegura, en un susurro apenas audible. Parece casi avergonzado—. De verdad.
Y el Elegido no puede seguir negando la realidad.
Toda esa noche es como un sueño. Como una pesadilla.
El cadáver de Albus, San Mungo, la reacción de su familia, las explicaciones, Lily inconsolable, James incapaz de recomponerse… Todo tan lejano y al mismo tiempo tan terriblemente real que duele.
Elijah no ha pegado ojo. Dormir le parece algo tan imposible como volar sin escoba en estos momentos. Ha pasado toda la noche dando vueltas por el piso y vigilando de vez en cuando que James estuviera bien, pero no tiene nada de sueño. Supone que va a necesitar muchas pócimas para dormir en los próximos días.
Al amanecer concluye otro paseo sentándose en la cama. Observa a James, encogido bajo las sábanas y sumido en un sueño profundo y en apariencia tranquilo.
Elijah agradece que esté descansando; anoche fue incapaz de mantener la compostura cuando sus padres preguntaron lo ocurrido, y de hecho aún no ha logrado explicarlo con la suficiente claridad. Elijah estuvo a punto de maldecir a los aurores cuando sugirieron darle veritaserum para arrancarle su testimonio por la fuerza. Finalmente, el padre de James, más roto de lo que el joven lo ha visto jamás, ordenó que dejasen descansar al hijo que le queda. Nadie osó contradecir al Elegido, y menos con la fiereza con que parecía dispuesto a proteger a James.
No obstante, James se negaba a separarse del cadáver de su hermano, y Elijah necesitó la colaboración de Louis para sacarlo de la habitación. Finalmente, se apareció con él en el piso y aguantó con paciencia todos los reproches de su novio, hasta que James, al que sólo el dolor y el odio parecían mantener en pie, se refugió en sus brazos y cayó dormido de puro agotamiento. Sólo entonces Elijah pudo cerrarle los dos cortes que tenía en el cuello; antes, su novio no había aceptado ningún tipo de atención.
En ese momento, James se remueve en la cama. Se frota los ojos y bosteza, mirando alrededor desorientado. Luego descubre a Elijah junto a él. Se queda quieto y aparta la mirada. Pasan varios minutos antes de que se decida a hablar:
—Ayer te traté…
—No te preocupes—lo interrumpe Elijah. Es consciente de que James simplemente necesitaba liberar algo de la rabia y el dolor que lo consumen. El joven cierra los ojos de nuevo, pero vuelve a abrirlos enseguida.
—Al está muerto—Elijah asiente. No se le ocurre qué decir—. Debería haberlo impedido—James se muerde el labio para evitar llorar.
—No podías hacer nada. Seguro que…
—Tú no estabas. No sabes lo que pasó—lo interrumpe James, no sin cierto resentimiento. Elijah prefiere ignorarlo.
—¿Qué pasó?
James cierra los ojos con fuerza y luego los abre otra vez, incorporándose hasta quedar sentado junto a Elijah.
—Ese tipo enorme… Ludwig… lo desarmó—reprime un escalofrío, pero no consigue evitar que se le escape un sollozo—. Se había vuelto loco, lo atacó… y vi la varita de Al… pero cuando lo aturdí, Al ya… ya…—suponiendo lo que viene después, Elijah abraza a James—. Él lo sabía. Sabía que… Creo que desde antes—Elijah le acaricia el pelo—. Me lo dijo, que no llegarías a tiempo—se le quiebra la voz—. Era mi hermano—musita. Elijah se pregunta qué decir.
—Lo siento.
—Debería haberlo impedido—vuelve a decir James.
—No podías—lo arrulla Elijah.
—Tendría que haber podido.
Sabiendo que es inútil intentar razonar con él en este momento, Elijah se limita a abrazarlo, sin decir nada, sólo apoyando a James en silencio. El joven se calma tras casi media hora, pero en lugar de moverse se queda abrazado a Elijah, quieto, mirando al vacío con los ojos aún húmedos por haber llorado.
—¿Tienes hambre?—pregunta Elijah con suavidad. James niega con la cabeza.
—¿Qué pasó con Ludwig?—inquiere.
—Lo llevaron a Azkaban—responde Elijah—. Tendrá un juicio y dudo que salga de allí después—la palabra "juicio" hace que James se encoja un poco—. ¿Qué te pasa?
—No me apetece hablar de… de lo que pasó delante de un montón de gente.
—Probablemente tengas que hacerlo.
James se queda un buen rato callado. Luego, sin decir nada, se levanta de la cama y va al baño a darse una ducha.
Elijah suspira, preguntándose dónde está James y quién es esa sombra apática que habita ahora en su cuerpo.
Lily nunca ha visto llorar a sus padres. De hecho, cuando era pequeña pasó una tarde con sus hermanos tratando de encontrar una explicación al hecho, y finalmente Al propuso que Harry y Ginny Potter no tenían lágrimas que derramar. Por unanimidad se decretó esa hipótesis como verdadera.
Por eso ahora se le rompe el corazón al darse cuenta de lo equivocados que estaban. Verlos llorar hace que comprenda que algo va realmente mal. Que la muerte de Albus sea aún más horriblemente real de lo que ya es.
James llega poco antes del mediodía. A diferencia de ella, su hermano no llora; parece haberse quedado con los ojos secos. El joven se sienta junto a Lily y la mira con una expresión de aturdimiento que parece grabada en su rostro; él tampoco quiere creer que ahora sean sólo dos hermanos.
—¿No viene Elijah?—inquiere su padre. El parecido con Albus es tal que tanto Lily como James apartan la vista, turbados.
James niega con la cabeza.
—Está descansando. Vendrá esta tarde, al…—pero sacude la cabeza y no termina. No quiere decir esa palabra.
La familia almuerza en silencio. Nadie quiere decir nada, pero todas las miradas van, inevitablemente, a la silla que hay entre James y Ginny, la que Albus ocupaba desde que tenía uso de razón. Lily recuerda la cantidad de discusiones que mantuvieron sus hermanos ahí, las reconciliaciones –mediadas por sus padres–, las muchas cosas que Albus les contó desde esa silla…
Mira su plato y se muerde el labio para contener las lágrimas. Y sabe que su hermano y sus padres se sienten igual que ella.
Nadie come demasiado. Incluso James, que generalmente arrasa con todo y repite, aparta el plato con desagrado antes de terminarse la mitad de su contenido. Se recuesta en la silla y clava los ojos en la de Al de nuevo. Lily también deja de comer. Ahora mismo es lo que menos le apetece.
Cuando sus padres deciden también que no les entrará más nada en el estómago dan por concluida la comida familiar. Les dicen la hora del funeral y van a resolver "asuntos". Lily espera que eso implique "matar al asesino de Albus", aunque sabe que no es cierto. Ha oído que tiene algo que ver con Roxanne.
Los dos hermanos se quedan solos en la casa de sus padres y un silencio incómodo cae entre ellos.
—Lo echo de menos—susurra Lily entonces—. Tiene gracia, porque apenas se notaba que estaba—James la mira y luego se muerde el labio—. James… ¿dijo algo?
Él sabe a lo que se refiere. Cierra los ojos con fuerza y vuelve a abrirlos.
—Dijo bastante—responde con voz neutra—. Que nos quería.
Lily reprime un sollozo.
—Joder, no es justo—suelta, y sus ojos castaños se anegan en lágrimas—. Estaba yéndole tan bien con Lina…
—A lo mejor les sigue yendo bien—James mira al vacío, pero esta vez parece tener una idea en la cabeza—. ¿Y si…? ¿Y si lo hiciéramos volver?
Lily sacude la cabeza.
—Al odiaba esa caja—le recuerda—. Se cabrearía.
—Lo prefiero cabreado antes que muerto—replica James con amargura. Luego suelta un bufido, dolorosamente consciente de que su hermana tiene razón. Se pone en pie—. Voy a ver qué tal le va a Elijah. Luego… luego nos vemos.
Lily asiente y observa a su hermano salir.
Roxanne no piensa ir al funeral de Albus.
No lo merece, piensa. No merece asistir a su despedida. No cuando su primo está muerto por su culpa.
Ayer desapareció el glorioso vacío que la había privado de toda culpabilidad. Roxanne se encontró de repente en el ascensor del Ministerio, sin saber qué ocurría, hasta que el significado de lo que había hecho cayó sobre ella. Recordó haber robado esa condenada caja y habérsela entregado a aquel tipo, así como haberse callado cuando en el Departamento de Misterios acusaron a Albus del robo. Recordó que iban a utilizarla para traer al Señor Tenebroso a la vida.
No obstante, no corrió a decírselo a su tío. La primera persona en la que pudo pensar fue su hermano, y precisamente Fred entró en el ascensor en ese momento. Quería decirle algo, pero Rox no lo escuchó. No quiso saber nada hasta que se lo contó todo; y su hermano, en lugar de apartarla o mirarla con repugnancia –lo mínimo que Rox merece– la abrazó y le acarició la espalda hasta que se calmó.
Luego vino lo peor.
Papá me acaba de mandar una lechuza. Dice que el tío Ron le ha dicho… Los que… Han matado… Los que secuestraron a James… Albus… está muerto.
Roxanne no ha visto a nadie de su familia desde entonces. Sabe lo suficiente para atar cabos, y se da cuenta de que nada hubiese pasado si ella hubiera tenido más fuerza de voluntad. La han utilizado y ella ni siquiera ha opuesto resistencia. Apenas se planteó nada durante el tiempo que estuvo bajo la maldición imperius.
Y ahora Al está muerto.
Unos golpecitos en la puerta llaman su atención. Se ha encerrado en el baño del piso que comparte con Dan y no quiere verlo ni siquiera a él, pese a que su novio sabe lo que ocurre. Rox se lo chilló cuando él se lo preguntó anoche al verla tan alterada.
—Dan, vete—ordena.
Al otro lado de la puerta sólo se escucha silencio. Unos minutos más tarde, Roxanne ve un pedazo de pergamino deslizarse bajo la puerta. La joven se acerca para cogerlo.
No fue tu culpa.
Una risa histérica brota de la garganta de Roxanne al leer la nota.
—Sí lo fue, Dan—replica en voz baja, rota.
Todos los funerales son tristes.
El de Albus Potter no es ninguna excepción. Su numerosa familia y sus amigos acuden a darle el último adiós, lamentando la muerte del segundo hijo de los Potter. Todos están destrozados.
Refugiado en los brazos de Elijah y sin ganas de contener las lágrimas, James pasea la mirada por los asistentes. Sus abuelos, que ya se vieron en la situación tan antinatural de enterrar a un hijo, ahora presencian la despedida de su nieto. La abuela Molly llora en el hombro de su marido, que tiene la mirada perdida. Sus tíos parecen incapaces de creerlo, pese a que el ataúd de Al se hunde cada vez más en la tierra.
Lily, de las pocas que no llora, intenta reconfortar a Scorpius, cuya arrogancia natural parece haberlo abandonado. El rubio tiene el rostro lleno de lágrimas, en un intento por aceptar que su mejor amigo no va a volver. Rose, a su lado, toma su mano mientras Lorcan la abraza y le susurra algo al oído. Sea lo que sea, hace que la muchacha suelte una risita llorosa.
James mira el agujero en el que va a descansar Al y, pese a que el día es soleado, un escalofrío lo recorre de arriba abajo. Aparta la vista de él y observa a Elijah, que le da un beso en la mejilla cuando se da cuenta de que lo está mirando. No obstante, James se da cuenta de la furia contenida en sus ojos grises.
—Mira hacia los árboles—le susurra su novio al oído.
James lo hace y descubre que hay varios periodistas echando fotos del funeral. Una oleada de rabia lo invade. Su padre dejó bien claro que no quería a nadie husmeando en la despedida de Al. Se dispone a ir hacia ellos, pero Elijah lo retiene.
—No están molestando.
—No tendrían que estar aquí—replica James.
Elijah lo aprisiona con más fuerza, por si acaso.
—Ignóralos.
James se obliga a hacerle caso y vuelve a mirar la ceremonia. Están cubriendo el ataúd de Al de tierra. Se muerde el labio, preguntándose si su hermano estará bien. Eso es muy estrecho. Debe de estar agobiado. No es justo que lo metan en una caja…
—Va a tener muy poco espacio—susurra.
—No creo que tenga claustrofobia.
—Siempre se escondía en los armarios cuando jugábamos al escondite—comenta James, recordando lo difícil que resultaba encontrar a su hermano. Elijah le acaricia el pelo con dulzura y él apoya la cabeza en su hombro.
Lo cierto es que no está prestando atención al funeral. Ni tampoco reconoce a las personas que se acercan a darle el pésame cuando termina la ceremonia. El lugar donde está enterrado Albus atrae su mirada una y otra vez, y se queda ahí cuando la gente empieza a irse. No hace caso a las palabras que le dirigen sus padres antes de irse, ni tampoco responde a lo que quiera que le haya preguntado Louis.
Al final, en el cementerio sólo quedan él, Elijah y los muertos. James parece reaccionar en ese momento.
—Ya ha terminado—comenta, con un tono propio de quien acaba de despertar de un mal sueño y descubre que la realidad es peor que sus pesadillas. Elijah asiente.
—¿Nos vamos?
James toma su mano para desaparecerse, pero antes dirige una última mirada a la tumba de su hermano.
—Adiós, Al.
Unos segundos más tarde, los muertos vuelven a quedarse a solas.
Notas de la autora: Uf. Vale. Podéis odiarme, pero no tenéis idea de lo que lloré escribiendo este capítulo y el anterior. Pooor cierto, queda sólo un capítulo más y el epílogo. Así como dato.
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