¡Buenas noches!
Gracias a I'mCruelAndPretty, kawaiigiirl y Roxy Everdeen por los reviews del capítulo anterior.
Y os dejo con el último. Eso sí, aún queda el epílogo.
Capítulo 27: Liam
Te escribo estas líneas en papel;
espero que donde estés
el correo llegue bien.
Por aquí todos estamos bien:
luchamos por seguir,
como aprendimos de ti.
Mägo de Oz-Réquiem
Varios meses después
Los días pasaron. A su ritmo, ni muy rápido ni muy lento. Pero poco a poco las heridas fueron sanando y las pesadillas disminuyendo. Todos intentaron, siguen intentando, reconstruir su vida sin Albus, y a paso de tortuga lo están consiguiendo.
Elijah ha pasado los últimos meses muy pendiente de James. Pese a que la sonrisa vuelve poco a poco a su rostro, sigue teniendo pesadillas con los días que pasó secuestrado en esa diminuta y agobiante habitación y, sobre todo, con la muerte de su hermano. Situación que empeoró notablemente durante el juicio, cuando se vio obligado a contar lo ocurrido ante decenas de personas y a responder a todo lo que se le preguntó. Afortunadamente, su padre movió unos cuantos hilos para que no le hicieran revivir la experiencia más de lo estrictamente necesario.
No obstante, el joven ha terminado por dejar atrás las pesadillas casi todas las noches. La cadena perpetua a la que condenaron a Ludwig calmó un poco la rabia que aún no ha terminado de consumirlo, pero no quiere saber mucho de la organización que están descubriendo en Alemania a raíz de la confesión del asesino de Albus. Poco a poco ha dejado de ir a todos lados arrastrado por los demás y de unas semanas a esta parte comienza a proponer él mismo opciones para divertirse. Está volviendo el James de antes mientras se va el ser apático y triste en que lo convirtió el asesinato de Albus.
Pero no es hasta unos días antes de Navidad que James vuelve a ser realmente el mismo de siempre. Concretamente, cuando Louis se desaparece en sus narices tras recibir una carta de su suegro. El joven coge el pergamino que su primo se ha dejado ahí y lo lee con interés. Al parecer Julia se ha puesto de parto.
Se materializa en San Mungo y recorre varios pisos hasta dar con Louis, que tiene a Noah sentada en su regazo y parece nervioso.
—Hola.
—¡Hola!—lo saluda la niña, con una sonrisa radiante. Baja al suelo para darle un abrazo a James—. ¿Sabes que va a nacer mi hermana? ¿Eh, eh?
Él sonríe.
—Sí, enana.
James se sienta junto a su primo y espera con él hasta tener noticias de Julia y su hija. Pasan varias horas, en las que el rubio se preocupa cada vez más y se deja los dedos sin uñas. Por su parte, Noah se dedica a contar todo lo que hará con su hermana cuando ésta crezca un poco.
Victoire aparece tras lo que a Louis le parecen varios siglos. Sonríe de oreja a oreja.
—¿Vienes?—le pregunta a su hermano. Louis se pone en pie como si le hubiera dado la corriente y sigue a su hermana.
—Ahora vengo—le dice a Noah, que quiere acompañarlo.
La niña se cruza de brazos.
—No es justo, quiero verla. Quiero verla ya—bufa, dando un pisotón, y su tono hace que James recuerde una pataleta que montó su primo Fred cuando eran pequeños porque su madre no le quería comprar chocolate. Sobra decir que el monumental berrinche no convenció en absoluto a la tía Angelina.
—Espera un poco—replica con calma, volviendo al presente.
Y lo cierto es que se hace realmente corta la espera. Louis entra a saltos en la sala, con los ojos brillantes y una sonrisa de oreja a oreja.
—Ven—le dice a Noah, que salta de las piernas de James y se aferra a su padre—. Y tú también—agrega el rubio, mirando a James.
Julia está recostada en la cama, con su bebé en brazos. Sonríe al ver a Louis y a su hija mayor, que trepa a la cama para ver a su hermanita.
—¡Qué pequeña!—exclama.
—Pequeño—la corrige su madre.
—¿Pero no era una niña?—interviene James, perdido.
—En teoría sí—Louis ríe—. Se ve que se equivocaron; Vic dice que a veces pasa.
—¿Entonces es un niño?—Noah parece decepcionada—. ¿A qué puedo jugar con un niño?
Elijah se contiene para no lanzarle un hechizo silenciador a esa cosa rosa y ruidosa que es el hijo de Louis Weasley.
Por Merlín, cómo llora. Mientras que cuando Noah era pequeña resultaba una bendición tenerla en brazos, el pequeño Élie es tan condenadamente insoportable como su padre y aguanta a Elijah tan poco como el propio Louis.
—Toma—Elijah pone al bebé en brazos de James. Élie se calma enseguida.
—No le caes bien—comenta James, a quien toda la situación parece divertirle bastante.
—Él a mí tampoco—le asegura Elijah—. ¿Por qué has tenido que aceptar cuidarlo?
—Vamos, sólo son dos horas—replica él—. Y ya llora menos.
Elijah tiene que admitir que su novio está en lo cierto. Ahora que ha cumplido los tres meses, Élie parece menos caprichoso que cuando nació.
Afortunadamente, los padres del niño tardan poco en ir a por él. Louis está que no cabe en sí de alegría con su hijo (aunque, y pese a las discusiones con Julia que ocasionó todo aquello, todos saben que estaría igual de haber sido una niña) y da las gracias a James por haberse encargado de él. Elijah resopla y agradece que el bebé se vaya rápido, mordiéndose la lengua para no darle ninguna réplica mordaz al primo de su novio.
—Por fin se ha largado y podemos comer—Elijah está a punto de ponerse a dar saltos. James lo mira arqueando las cejas—. ¿Qué? No puedo con ese crío. Y lo sabes.
James no responde. Se acerca a él y lo besa con tantas ganas que lo hace retroceder hasta que su espalda choca con la pared. Elijah emite un ruidito de sorpresa. No le molesta –ni por asomo, faltaría más–, pero últimamente no han sido muchas las ocasiones en que James haya estado de ese humor.
—No tengo hambre—le dice cuando se separa de él.
—Puedes comer cuando te dé—replica Elijah, encogiéndose de hombros en un intento de aparentar indiferencia. Intento, que su mirada se encarga de dar por nulo. James lo besa de nuevo.
—O me puedes ayudar a hacer hambre—sugiere.
Elijah sonríe enseñando todos los dientes. Le da un nuevo beso a James y tira de su mano hasta el dormitorio. Ambos se dejan caer en la cama, enredados, y James suspira al notar varios mordiscos en el cuello.
—Deberías saber que yo sí tengo hambre—comenta Elijah en su oído. Cuando se recupera del escalofrío que recorre su cuerpo, James busca el borde de su camiseta y lo mira con diversión, los ojos brillantes de esa forma que lo hacen parecer un niño travieso.
—No tengo problemas con el canibalismo—le asegura.
Algo más tarde, Elijah ha quedado suficientemente satisfecho de James y James tiene hambre suficiente como para comerse un hipogrifo. No obstante, ninguno de los dos se mueve en un rato. Se quedan tumbados en la cama, cada uno pensando en sus cosas, pero sumidos en ese cómodo silencio que se produce cuando los que participan en él se entienden. James se entretiene trazando dibujos en la piel de Elijah.
—¿Qué se supone que es eso?—inquiere él, intentando adivinar el motivo que su novio está plasmando en su piel.
—Una cabeza de oso—responde James.
—Pensaba que era un ocho deforme.
—Eso es porque no tienes imaginación—replica él, algo ofendido. Elijah ríe.
—Pues a ver si adivinas tú qué es esto—replica, haciendo cosquillas a James, que se retuerce entre risas, intentando liberarse. No tarda en contraatacar, y ambos ruedan por la cama, a ratos venciendo y a ratos siendo vencidos por el otro.
Sin embargo, el timbre hace que terminen con su batalla bruscamente. James, que está sentado sobre Elijah en un intento por inmovilizarlo, da un respingo. Su novio se incorpora un poco y tira de él para besarlo.
—Voy yo—declara, resignado. Se pone unos pantalones y sale a abrir la puerta.
Se queda boquiabierto cuando descubre a Sophie Grant, con un voluminoso bulto en brazos, observándolo.
—Hola—lo saluda la joven, sonriendo. A él no se le pasa la mirada que dirige a su torso desnudo, y se siente un tanto culpable por haberse acostado con ella—. ¿Se puede?
James no sabe qué se supone que debe hacer, pero finalmente se hace a un lado para dejarla pasar. La sigue hasta el salón; ella ya sabe dónde es. Se sienta en el sofá justo cuando Elijah sale del dormitorio con el pelo revuelto, poniéndose una camiseta (que, dicho sea de paso, es de James).
—¿Quién era? ¿Podemos comer ya? Comer comida, quiero decir…—se queda boquiabierto al ver a la joven—. Sophie.
—Hola, Elijah—la sonrisa de ella se difumina un poco.
James frunce el ceño, extrañado.
—¿Os conocéis?
—Oh, sí—responde Sophie—. Tanto como te conozco a ti.
James entorna los ojos. Sophie no puede referirse a eso. Eso no ha querido decir que…
Elijah retrocede un paso al ver su mirada.
—Oye, quita esa cara. Fue cuando tú y yo estábamos…
—¿Entonces habéis vuelto?—lo interrumpe Sophie. James arquea las cejas, deseando echarla de la casa no muy caballerosamente—. No me mires así. Sospechaba que ambos erais de la acera de enfrente y que teníais algo… pero no creí que tuviera razón. Porque es una pena para todo el sexo femenino, si queréis mi opinión—comenta con desparpajo.
Ahora, James quiere matar a Elijah. Lenta y dolorosamente.
—¿Se puede saber por qué…?
—No os peleéis—interviene Sophie—. Hace unos meses intenté ponerme en contacto contigo—mira a James—. Pero tu padre me dijo que estabas en Alemania por no sé qué historia que no podía contarme… y lo mismo puede decirse de ti—Elijah se muerde el labio—. Así que lo dejé por imposible y decidí que me las apañaría de otra manera.
»Pero hoy he visto de nuevo al señor Potter y me ha dicho que ambos vivíais aquí… Así que tengo que decirte algo—agrega, mirando al ex Slytherin. Se acerca a él y sólo entonces Elijah y James se percatan de que lo que tiene en brazos es una persona. Una persona minúscula y de puños rosados—. ¿Piensas hacerte cargo de él?
Algo en la mirada de Elijah hace que durante unos instantes James tema realmente por la salud mental de su novio.
—¿Me estás diciendo que es mío?—barbota él, más blanco que de costumbre. Esas palabras consiguen que los instintos asesinos vuelvan a apoderarse de James.
Sophie asiente.
—Yo no puedo cuidarlo—explica con cierta tristeza—. Me gustaría, pero no puedo. Dependo de mis padres y ellos no lo quieren… Y no quiero llevarlo a un centro de acogida si hay otra opción.
James deja de lado su enfado al ver el tormentoso gris de los ojos de su novio. Elijah parece estar teniendo un duro conflicto consigo mismo. Tras unos segundos, mira a James, que se encoge de hombros, y luego al bebé. Si se fija, puede ver sus rasgos en el niño: la nariz alargada, el cabello negro… el joven observa a Sophie y después a James otra vez.
—¿Me dejas…? ¿Me dejas pensarlo?
Sophie asiente, mordiéndose el labio.
—Tengo… tengo que ir a hacer unas cosas. Vendré en un par de horas—baja la vista—. Hasta luego—sale de la casa en silencio, pero antes agrega desde la puerta—: Se llama Liam.
Tras unos segundos, Elijah se enfrenta a la mirada de James, que ha vuelto a ser acusadora.
—Oye…
—¡Yo estaba con ella!—protesta James.
—¡Venga, no me jodas! ¡Sólo te la estabas tirando por jorobar!—replica Elijah.
—¡Por lo que fuera! ¡Estábamos juntos! ¡No tenías derecho!—Elijah suspira, sabiendo que tiene razón—. Y ni siquiera me lo dijiste.
—Lo intenté—se defiende, sin embargo—. Quise decírtelo cuando rescatamos a Albus, pero intentaron matarme, por si no te acuerdas. Y cuando volvimos, te secuestraron y mataron a Lina. Y lo has pasado y lo sigues pasando fatal con la muerte de tu hermano… no me parecía el mejor momento.
El dolor al recordarlo inunda a James, pero el joven se obliga a no alejarse del presente.
—Y encima has tenido un hijo con ella—apostilla.
—No esperarías que lo tuviera contigo, ¿verdad?
James lo mira a los ojos con rabia, pero tras unos segundos no puede evitar echarse a reír. La idea es completamente ridícula. Elijah acaba por contagiarse.
—Vale…—se muerde el labio—. ¿Qué vas a hacer?
Elijah se deja caer en el sofá y entierra la cara entre las manos. James recuerda cuando Louis le contó que Julia estaba embarazada por primera vez, y no puede evitar pensar que su primo estaba algo más entusiasmado con la idea.
—Es mío—murmura Elijah—. Joder, soy idiota—sacude la cabeza.
James se sienta le pone una mano en el hombro.
—Un poco—admite—. Bueno, un poco mucho. Bastante—corrige—. No creo que le pase nada donde Sophie va a dejarlo—lo cierto es que no tiene claro qué siente él hacia el bebé.
Elijah lo mira con los ojos entornados.
—Es mío—repite—. Se supone que tengo que hacerme cargo; no quiero abandonarlo, y además tengo entendido que los centros de acogida son lugares tristes en los que crecer. Pero es que… detesto a los críos—James piensa en cómo ha acabado harto de Élie hace apenas unas horas y tiene que admitir que su novio y los niños no son la mejor combinación en la que puede pensar. Se muerde el labio—. ¿A ti…?—empieza Elijah—. ¿Te importaría?
James clava la vista en el suelo, intentando pensar con la cabeza fría. No puede decir que deteste a Sophie, porque no puede negarse que la utilizó –los dos lo hicieron–, porque sabe que Elijah no siente nada por ella y porque aunque no sea su tema de conversación favorito es consciente de que su novio lo quiere. En cuanto al bebé, no tiene culpa de nada… Y si es cierto que Elijah y él estuvieron acostándose con Sophie durante el mismo período, el hecho de que no sea de James es casi azar. Y, a diferencia de su novio, a James le pierden los niños.
—Creo que podría acostumbrarme.
Notas de la autora: Vale. Quería decir varias cosas. No es James el único al que le cuesta superar la muerte de James. Obviamente, Harry, Ginny y Lily también lo pasan bastante mal, pero el fic no es sobre ellos.
¿Reviews?
