Muy buenas,aquí subo el siguiente capítulo aunque me llevo más tiempo de lo que pensaba. Gracias a los que me mandasteis el OC , los que hayan visto mis respuesta sabrán lo que les he dicho y lo que deben corregir. No importa, seguir intentandolo y seguro que lo conseguis. Ahora sin más el siguiente capítulo, bastante más emocionante que el otro, de nombre:
Capítulo 2: Aparece el Cocinero Borracho. El despertar de Meil
En menos de 10 minutos ya se encontraba corriendo por las calles del pueblo con un trozo del pan del desayuno aún en la boca y medio terminandose de poner la chaqueta del cuerpo de la marine. Curiosamente aunque corría todo lo que podía no parecía estar cansandose en absoluto, algo inusual porque normalmente con dos carreras ya no era capaz de mantenerse en pie. Con ese ritmo y algo extrañado por su repentino mejorió de forma no tardó en llegar a la base al mismo tiempo que en su cabeza retumbaba de nuevo las palabras que había oido esa noche. Con ese poder sería el marine más fuerte, menuda tonteria, aunque esa velocidad...
Mientras llegaba su sargento estaba teniendo algunas palabras con otro marine.
-¿Qué vas a hacer con Meil?- Le preguntó el hombre al gigante al mismo tiempo que este dudaba qué responderle.
-No lo sé, ese chico es muy buena persona cierto...- Hizo una pausa pareciendo costarle encontrar las palabras que decir- Pero... Siendo buena persona no será marine... Le daré esta semana como ultima oportunidad y sino...-No terminó la frase, no parecía ser capaz de hacerlo era curioso pensar que ese rudo hombre le habia cogido apego al chico.
-Tú sabrás, pero recuerda que si Goenji ve un nivel así en la base, él se ocupará de echarle, es mejor que seas tú el que se lo diga- El hombre se marchó dejando a Mull con la cabeza echa un lio, se dispusó a dirigirse hacia su pelotón pero cuando dobló la esquina de uno de los pasillos se encontró de cara con el despistado de ojos marrones que venía corriendo y le derribó con su enorme corpulencia con facilidad.
-Agh, me siento como si hubiera chocado con una pared de ladrillos- Se le escapó a Meil mientras miraba hacia arriba y veía a su superior justo delante suya, no parecía estar muy contento.
-¿Otra vez tarde?- Soltó sonriendo, en su voz dejaba denotar un tono de enorme enfado.
-Lo-lo siento señor- Meil se levantó y se dispusó a marcharse corriendo antes de que le pasaran de nuevo cosas malas.
-Un momento- El hombre se puso a su altura mientras el chico cerraba los ojos sabiendo lo que le tocaba.
-Te quedarás a limpiar de nuevo- El militar cerró el puño y le golpeó fuertemente en la cabeza -¡Y esto por correr por los pasillos! Vuelve con el pelotón, enseguida voy- El joven desapareció velozmente de su vista al mismo tiempo que se agarraba la parte del cráneo golpeada. Cuando iba por los pasillos se fijó en un pequeño reloj que estaba colgado en la pared, las 8:15. El propio Meil se sorpendió enormemente, ¿solo había tardado 15 minutos en cruzar el pueblo? Es decir, normalmente necesitaba al menos media hora para llegar a la base, había reducido en un solo día su marca a la mitad, ¿cómo? De nuevo las palabras del pelirrojo resonaron en su cabeza, ``Poder´´ Sin hacer mucho caso se fue con los marines de su pelotón.
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No tardaron mucho en ponerse a entrenar, la primera prueba era una de las cosas que más odiaba Meil, la resistencia. Les mandaron dar 20 vueltas alrededor de la base. Sorprendentemente, Meil fue el que lideró al grupo.
-¿Cómo puede ser que el blanducho este nos haya ganado?- Comentó uno de sus compañeros al mismo tiempo que recobraba el aire agitadamente, el de ojos marrones permanecía en pie, ni siquiera estaba cansado y apenas su corazón se había acelerado un poco tras el gran esfuerzo. Mull se rascó los ojos como intentando demostrar así que lo que veía era cierto, el holgazán había conseguido aguantar sin dificultad el ejercicio, ¿cómo demonios lo había echo? Normalmente ese vago se paraba a mitad del entrenamiento y le pedía desesperadamente que le dejará descansar. De echo hasta el propio Meil parecía sorprendido con sus nuevas cualidades atléticas. Aunque la cosa no terminó ahí, en todos los ejercicios que le presidieron a ese, el muchacho consiguió demostrar ser el mejor del grupo con diferencia, tanto en punteria, en combate, cobertura... Era como si de la noche a la mañana se hubiera transformado en un supermarine. Al terminar el entrenamiento el chico se dispuso a limpiar la base. El sargento se acercó a él.
-Dime una cosa ¿y este cambio tan brusco?- Le preguntó rudamente, Meil dudó unos segundos, estaba por contarle lo del callejón pero tampoco quería que le tratará de loco.
-Lo cierto señor es que me he puesto las pilas, no quiero ser expulsado del cuerpo por vago- El hombre de dos metros sonrió ingenuo.
-¡Bien chico bien, este es el camino!- Le golpeó cariñosamente la espalda, pero esos golpes con sus inmesas manos casi fracturan los huesos del chico que sonreía por cumplir pero que por dentro estaba retorciendose de dolor.
-Eso si la base la limpias por llegar tarde- Cómo no, no esperaba librarse del castigo por las buenas, pero estaba todo muy confuso, así que ¿lo de aquella noche había sido real y el contrato funcionaba? Bueno no podía decir de seguro que era cierto pero el caso era que se había vuelto bastante más fuerte, era genial. Al llegar a su casa y descubrir la sangre sus sospechas fueron confirmadas, aunque daba igual, al fin y al cabo gracias a eso sería el mejor, ¿qué había de malo en eso?
Los días de la semana fueron pasando. El caso de Meil se volvió cada vez más increíble, cada día era más rápido, más fuerte, más veloz, de echo el segundo día ya era el mejor marine no solo de su pelotón, sino de toda la base entera a excepción de su gran mentor. Por fin el día de la visita llegó, Meil estaba preparado para lo que se avecinaba.
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Día de la visita
Navio de guerra del teniente Goenji
-Señor en breve llegaremos a la isla- Le comentó uno de los tripulantes mientras el marine miraba la bonita costa, habían procurado atravesar el mar por el otro lado para evitar el acantilado rocoso que unía todas las islas, solo un loco se atrevería a ir por allí con un barco tan grande, aunque no era el único que se dirigía a la isla.
-Bien, estar atentos, no sé porque pero creo que algo nos espera aquí- El teniente no se equivocaba demasiado, pero ya lo descubrirían en su momento, por ahora el barco estaba preparandose para encayar en el puerto
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Puerto de la isla Fishiki
Un pequeño bote, viejo y maloliente acababa de llegar al puerto. La pequeña embarcación se encontraba en un estado terrible y las moscas cubrían parte de la proa y la popa. El único tripulante del pequeño barco se encontraba durmiendo a pierna suelta en su interior. Una de sus piernas sobresalía por uno de los lados casi tocando el agua, se trataba de un chico con un fuerte pelo moreno algo revuelto y con una cara de borracho que no se la quitaba nadie. Era díficil de decir cuál daba más pena, si el barco o el dueño de este. Unos pantalones negros y una camiseta del mismo color era su única vestimenta, el olor a alcohol estaba presente por todo su cuerpo y una pequeña pompa salía de su nariz a cada ronquido que daba. La embarcación chocó entonces lentamente con el puerto, lo suficientemente fuerte como para despertar a su inquilino. Este tras un gran bostezo miró lo que tenía a su alrededor.
-Anda si he llegado a una isla- Dijo con la típica forma de hablar entre balbuceos de borrachos, lo que solo hacía platearse una duda, ¿qué clase de persona era ese indivudo?, quién estaría tan loco como para embarcarse borracho en la mar, con lo peligrosa que era, de echo parecía que había sido un milagro que llegará a esa isla. De pronto unas arcadas invadieron su cuerpo y el tripulante vomitó fuera del barco echando todo lo que su estomago tenía al mar, tras lo cual se pusó en pie y con algunos tambaleos saltó a la costa al mismo tiempo que su bote se hundía hasta el fondo.
-Vaya me he quedado sin barco- Dijo con total naturalidad, cosa que contradecía el sentido común. Había sido un milagro que llegará viendo aquello ¿y si el barco llega a hundirse antes de llegar a la costa? Además, ¿cómo iba a regresar sin barco? aunque no era seguro que conocíera el lugar de donde venía. Después sonrió
-Da igual, la vida es bella- Se dio la vuelta y comenzó a andar bajo la mirada de algunos traseuntes que pasaban, se escuchaban comentarios sobre su tremenda borrachera. El puerto era una zona de comercio y podía decirse que mucha gente andababa por allí. El borracho sonrió mientras clavaba su vista en un restaurante, llevaba horas sin comer, tenía que recuperar el tiempo perdido.
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Periferias de la isla
-Hoy es el día, él esta aquí- Comentó un encapuchado a su acompañante que sonreía abiertamente.
-Perfecto nuestro pequeño amigo se ocupará de eliminar a ese teniente de la marine- Ambos soltaron unas carcajadas al mismo tiempo que veían a la criatura que se encontraba a sus espaldas dentro de una enorme jaula de acero. No era ni más ni menos que un Lunox, un lagarto azul de alrededor de 8 metros de alto y unos 20 de largo, una criatura terrórifica que presentaba una especie de collar de púas en el cuello y que le daba un toque más fiero, en otras zonas bastante común, pero aquí imposible de encontrar.
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Meil se levantó y se vistió rápidamente, ya no llegaba tarde ningún día, su enorme velocidad le permitía tomarse las cosas con calma y sosiego. Se preguntaba si hoy también notaría mejoría respecto a los otros días, pero al ponerse la camisa notó algo raro, sus ojos desprendieron un repentino brillo rojo que le hizo ladear la cabeza.
-Pero qué...- Dijo confundido, se fue a mirar al espejo pero su rostro y ojos marrones fue lo único que encontró, ¿qué diablos había pasado? Quizás se lo había imaginado todo, sí debía ser eso. Olvidando ese pequeño incidente terminó de prepararse y salió la calle. Una vez allí realizó algunos estiramientos y ejercicios de calentamiento al mismo tiempo que se preguntaba si sería capaz de romper su nuevo record de 5 minutos logrado el día anterior. Una vez listo se dispusó a salir a toda velocidad, colocó su cuerpo en una posición de velocista y cuando para él dieron la salida comenzó a correr como alma que llevaba el diablo. Su velocidad de arranque fue sorpendente, de echo hasta podía decirse que levantaba el polvo de la calzada por donde pisaba, corría como si no hubiese mañana, casi parecía estar a la altura de un caballo. Y hablando de este curiosamente algo extraño le sucedió en medio de su travesia. Con su inmejorable ritmo llegó rápidamente hasta un cruce muy transitado del pueblo, tenía que tener cuidado al pasar por allí, algunos carros solían cruzar la calle. Se dispusó a pararse al oir el sonido de unas herraduras chocar contra el suelo, pero antes de eso y cuando empezaba a disminuir su velocidad sus ojos de nuevo brillaron de ese color rojo y su cuerpo comenzó a acelerar más que antes. El chico no era capaz de controlar sus músculos y se dirigía directo hacia la carretera, con tan mala suerte que justo cuando llegó a esta, el carro tirado por caballos hizo lo mismo, siendo inevitable su encuentro. Los caballos se levantaron sobre dos patas al ver al chico cruzarse delante suya mientras este parecía no poder evitar ya chocar con la carroza.
-¡Cuidado!- Gritó deseperado el cochero del carruaje, estaba a punto de llevarse por delante al joven que tenía los ojos rojos, sin embargo este sonrió y misteriosamente dio un salto colosal que le permitió cruzar al otro lado antes de que el carruaje pasará por el tramo de calle que le faltaba evitando así casi de milagro el accidente. Después de aquello al mismo tiempo que Meil recuperaba confundido la conciencia y sus ojos volvían a la normalidad pudo escuchar a sus espaldas al hombre mentar a su madre y no precisamente con alagos. ¿Qué acababa de pasar? Era como si durante algunos segundos no hubiera sido dueño de su propio cuerpo, era la segunda vez que le pasaba ese día, algo muy preocupante por que no sabía porqué no era capaz de dominarse, ¿tendría algo que ver con lo del pergamino? Igualmente tenía que llegar a la base, quería intentar superar su marca, asique aceleró de nuevo dejando una estela detrás suya.
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Puerto de nuevo
El navio del teniente Goenji acababa de parar en el muelle, algunos hombres habían bajado delante del chico como medida de seguridad, aunque casi inecesaria, debido a la gran fuerza que el poseía, pero al fin y al cabo era el protocolo y debía respetarlo. Su elegante chaqueta con hombreras brillaba ante el sol de la mañana, hizo un gesto para que algunos hombres le siguieran y se encaminó hacia la base de la marina. Al mismo tiempo, en uno de los restaurantes del puerto el borracho de antes se encontraba atravesando sus puertas, se tambaleaba de un lado a otro debido al efecto del alcohol, a pesar de la hora de la mañana el restaurante tenía bastante gente, se trataba del Cook Fishiki, el mejor restaurante de la isla, conocido por sus bajos precios y su rica comida, era normal que tuviese siempre al menos un par de personas, como en este caso. En una mesa al fondo se encontraban algunos marines, seguramente a ellos les tocaría el turno de la tarde en la base asique por ahora podían relajarse.
-Te lo digo yo, si consiguiesemos capturar a alguno de esos rufianes que valen tanto, no tendriamos porqué pudrinos en esta base de mala muerte- Dijo uno de ellos a los otros, en total eran 4 los que rodeaban la mesa.
-Jaja, siempre estas con lo mismo, si fuera tan facil no valdrían tanto- El hombre hizo reir al resto con sus palabras a modo de burla del primero.
-Mira la lista tú mismo, aquí hay algunos que no son tan peligrosos y dan un buen dinerito por ellos- Soltó la lista sobre la mesa casi dando un golpe sobre esta, de forma que se abrieron algunas hojas, curiosamente en una de ellas aparecía un tipo con el pelo moreno y una cara de ser un borracho de cuidado. Hablando de borrachos, el simpático joven de antes, con algunas dificultades, había llegado hasta una mesa y se disponía a pedir.
-¿Qué quiere caballero?- Le preguntó amablemente el camarero, el chico sonrió.
-La especialidad de la casa por favor, me gustaria probar vuestro mejor plato y un buen vino, acompañará bien la comida- Dijo con su voz de borracho característica, el camarero asintió para después retirarse, tenía ciertas duda sobre el hombre al que acababa de atender, pero mientras pagará le daba igual qué clase de persona fuera.
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En las afueras
-¡Ya ha llegado y se dirige a la base!- Se le escapó a uno de los dos enmascarados a la vez que seguía los pasos de Goenji con un catalejo, su compañero se acercó impaciente
-Bien, ¿soltamos ya a la bestia?- Dijo mientras daba algunas palmadas incapaz de controlarse, su compañero sonrió.
-Espera un poco a que llegue a la base, será más divertido- Ambos soltaron algunas carcajadas al mismo tiempo que la bestia golpeaba con su cola la jaula donde estaba encerrada, parecía también impaciente por ser liberada.
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Base de la Marine
Meil acababa de llegar consiguiendo superar como tenía pensado su record por un minuto, tan solo 4 veces 60 segundos le habían bastado para llegar hasta el reciento. Un tiempo que sería la envidia de muchos deportistas. Mull había convocado a todo su pelotón en el patio, igual que habían echo los otros sargentos con sus marines. El de ojos marrones aún estaba preocupado por el pequeño problema que había tenido antes, no sabía qué le pasaba, pero tenía miedo de que le sucediera de nuevo mientras Goenji estuviera allí, sería el fin de su carrera en el cuerpo, solo le tocaba esperar y rezar.
-Muy buenas a todos, en breves instantes llegará aquí el que todos conoceis- Habló Mull como mejor marine de la base, su imponente voz se hacía eco en el fondo del enorme patio interior mientras ni un alma se atrevía a hablar a la vez que él.-Esta prueba no solo decidirá el futuro de la base, sino seguramente el de muchos de vosotros, si hoy no conseguis dar la talla, daros por expulsados del cuerpo, hacerlo lo mejor que podais y recordar que sois marines, no os dejeis llevar por los nervios- Todos asintieron con un enorme sí mientras comenzaban los preparativos, un compañero de Meil se acercó a este al ver su estado.
-¿Estas bien, pareces tener mala cara?- Era cierto, el chico estaba como palido y encima había empezado a sudar, cosa poco habitual dado que no había echo nigún esfuerzo.
-Estoy bien... Es solo que anoche no dormí bien, que tengas mucha suerte- Sonrió al mismo tiempo que cerraba amistosamente los ojos, el otro chico asintió y le deseo lo mismo, después ambos empezaron a dar vueltas a la pista junto con su pelotón mientras esperaban la llegada de su destino; pero Meil estaba mintiendo, por dentro se sentía muy raro. Su mente estaba como a punto de estallar y sentía sus músculos quemarse sobre sí mismos; sin embargo debía aguantar, debía superar la prueba, no solo por él sino por su madre también, ella antes de morir confiaba en él y lo conseguiría en su honor.
Tras unos 20 minutos por fin llegó lo esperado, Goenji apareció delante de la base junto con 10 hombres más
-¡Señor ya esta aquí!- Avisó uno de los hombres a Mull, el veterano marine se pusó algo nervioso al principio pero no tardó ni medio segundo en cotrolar sus impulsos, su experiencia y confianza le permitía dominar sus emociones. Con paso firme se acercó a la gran puerta de la base y esperó a que esta se abriera lentamente. Encontrandose de cara con aquel al que hacían llamar ``El marine de Fuego´´ Personalmente nunca se había cruzado con ese teniente y esperaba encontrarse con alguien temible habiendo escuchado muchas cosas increíbles de él del alto mando, pero se llevó una sorpresa mayor al encontrarse con un joven de 18 años con un peinado arrogante. ¿Eso era todo? Asique este era el famoso marine que tanto mimaban los peces grandes, en fin él no era nadie para juzgarle.
-Bienvenido a la base de la marine de la isla Fishiki señor- Le dio la bienvenida el hombre mientras hacía un saludo militar, el chico sonrió.
-Acabemos cuanto antes con esto sino le importa sargento, enseñeme las instalaciones- Menudo engreido, no se esperaba para nada que fuera así, pero debía soportarlo, su trabajo ahora era guiarle por aquel basto lugar.
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Puerto de nuevo
-¡¿Cómo que no vas a pagar?!- El camarero se había cabreado bastante con el joven borracho que tenía en frente y que se había negado a embolsarle lo consumido.
-Como lo oyes, yo he venido aquí a comer sin embargo lo que me habeis servido es un crimen para el paladar- Curiosamente sus anteriores balbuceos habían desaparecido completamente y ahora hablaba con total normalidad, los marines al ver la escena habían prestado atención hacia el hombre y todo el local estaba ahora en silencio.
-¿Qué dices maldito borracho?- El hombre le mostró el puño como indicando sus inteciones, pero lo único que provocó fue una sonrisa burlona en el moreno. Los hombres de la ley solo miraban en silencio, parecían incluso divertirse con la situación
-Lo primero el plato. Un buen cocinero debe saber mezclar los condimentos en el momento justo, la pimienta la han echado tres minutos tarde y el azafrán ha sido esparcido de forma irregular, además la carne a de retirarse del fuego justo en el momento en el que empieza a dorarse. Después la presentación, todo esta junto y mal organizado así es imposible disfrutar de todo el explendor del plato y por ultimo el vino, apenas notaría la diferencia con el agua de fregar. Esta comida que me habeis servido, no sirve ni para los perros, si deseas que te pague estoy dispuesto a fregar los platos, pero no te daré ni un misero Kupi por este crimen- El hombre arto de las ofensas del borracho se tiró a por él.
-¡Prefiero que me lo pagues con tus huesos!- El moreno bostezó al mismo tiempo que el hombre le alcanzaba, este intentó darle un puñetazo con su zurda, pero para él fue muy facil esquivarlo echandose hacia atrás, después vinieron otros dos intentos de alcanzarle con las manos, pero con movimientos identicos a los primeros el borracho esquivó las embestidas del camarero.
-La violencia no lleva a ninguna parte buen hombre- Le dijo el chico saltando sobre la mesa para esquivar una carga que intentó hacer el mesero contra él. Como consecuencia cochó bruscamente contra otra mesa que había detrás. Los marines estaban en parte sorprendidos, asique el borracho sabía pelear, eso le hacía más entretenido.
-Ya te enseñaré yo donde lleva- De nuevo intentó alcanzarle en la mesa pero con un salto el borracho paso por encima de su cabeza para caer sobre otra de las mesas.
-No deseo hacerte daño, estate quieto
-¡Ven aquí si eres hombre y deja de moverte idiota!- Al parecer al borracho le sentó mal sus palabras y bajó de la mesa quedando en frente suya, el camarero sonrió, ahora le tenía.
-¡Ahora si que vas a pagarme!- El hombre se tiró a por él de cara pero lo que se encontró fue con un enorme derechazo del moreno que le levantó del suelo y le hizo caer sin sentido sobre la mesa de los marines partiendola en dos y haciendo que las hojas que había sobre esta salieran por los aires, entre ellas una en la que aparecía su cara. Esta fue a parar a las manos de uno de ellos que se quedó gratamente sorprendido al ver su cara en el documento.
-¡Pero si es el Cocinero Borracho!- Se pusó en pie y comprobó que efectivamente que tanto el retrato de papel como el hombre de carne y hueso eran identicos- ¿Cómo se habrá atrevido a venir hasta aquí? Sabiendo que aquí tenemos una base de la marina- Dijo el soldado mientras todos se ponían en pie y le rodeaban.
-Ah eso, pues resulta que la corriente me trajó hasta aquí- Sonrió ingenuamente al mismo tiempo que a los otros parecía caerles una enorme gota de la cabeza simulando el estilo anime. ¿De verdad este chico no sabía en el lio en el que estaba? Acababa de ser reconocido por las fuerzas de la ley, además le habían visto cometer un delito delante de sus ojos, tenía muchas cosas de las que preocuparse. Igualmente era la oportunidad de esos hombres, los 4 millones que daban de recompensa por él podrían solucionarles la vida, el problema era lo peligroso que podía ser el borracho, ese precio no se lo daban a cualquiera. El chico tragó saliva, podía ver que el resto de sus camaradas estaban igual de nerviosos que él ante la presencia del joven, tenían que llevar cuidado.
-Me rindo- Dijo con total naturalidad el borracho mientras alzaba las manos hacia arriba, los hombres se quedaron gratamente sorprendidos, porqué no se oponía. Si le cogían lo más seguro es que acabará en la guillotina y aún así no intentaba huir. Podía ser una trampa, con mucho, pero mucho cuidado el hombre sacó unos grilletes y se acercó al chico, este sonreía a la vez que ponía las manos en posición para que le colocará las cadenas.
-No tengo todo el día.
-Eh?, sí sí ya voy- Se acercó con muchos nervios mientras le colocaba las cadenas. Sus manos estaban temblando, estaba a punto de capturar a un peligroso criminal sin esfuerzo.
-¡Bu!
-Aaaaagh- Ante el pequeño susto del hombre el marine se subió casi a la lámpara, el hombre rió a carcajadas.
-Solo era una broma hombre, venga ponme las cadenas- De nuevo colocó las manos al frente, ¿qué diablos le ocurría a esa persona? Era como si le diese igual todo y se lo tomase a risa, en fin igualmente no podría escapar, o no quería, esos cuatro millones eran mucho dinero y parecía que ya estaban en sus bolsillos.
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Periferias de nuevo
-Vale ahora si ha llegado el momento, adelante suelta a nuestro pequeño amigo- Dijo riendose el que parecía ser el lider de los dos, su compañero corrío a abrir la jaula, esta estaba situada en el monte que estaba detrás del pueblo y que daba al acantilado rocoso, era como una trampa. Los habitantes no tenían salida, por un lado estaba la bestia y por el otro el mar, nadie que no tuviera barco podría escapar al ataque, y en caso de abandonar el pueblo, este quedaría a merced de la criatura y los asaltadores. Era un plan muy bien pensado, pero el dinero no era lo que buscaban los malechores, sino otra cosa...
-¡Rápido, rápido! Liberale- El otro no podía abrir la inmesa jaula, le costaba un montón soltar la cerradura. La criatura que esperaba dentro estaba impaciente, no podía esperar más, llevaba algún tiempo esperando esto. Así que con su cola golpeó fuertemente la puerta doblandola y haciendo que se abrierá de golpe. Los dos hombres se apartaron de su camino a la vez que el rocoso animal empezaba a descender por la ladera dando grandes rugidos mientras arracaba todo lo que se ponía su paso, ambos hombre rieron ante la monstruosidad que acababan de hacer
-Adiós Goenji, adiós- Dijo el otro de los dos al mismo tiempo que se despedía con la mano a modo de burla.
En el pueblo, los habitantes se habían tapado los oidos ante el fuerte rugido del animal, tras lo cual alzaron la vista buscando el causante de semejante escándalo y quedaron sorprendidos ante la visión de la criatura con forma de lagarto que estaba arrancando todo lo de la ladera y no tardaría en llegar al pueblo mientras sacaba la lengua en varios ocasiones.
-¡UN MONSTRUO!- El caos se difundió rápidamente entre todos y la gente comenzó a correr a la desperada, tenían que intentar huir ahora que aún estaba lejos. Para ellos no importaba cómo había llegado o porqué estaba allí, lo único que tenían en mente era la huida. Al igual que piensa la cebra cuando el león ataca, la huida, puro instinto.
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Al mismo tiempo en la base.
-Debo reconocerlo Mull posee usted buenos hombres, sobre todo aquel moreno de allí- Dijo señalando a Meil que descansaba apoyado sobre una de las paredes con las manos en los bolsillos. Lo había conseguido, había conseguido superar la prueba con el visto bueno de Goenji, pero se sentía fatal por dentro, un enorme dolor punzante empezaba a apoderarse de su cuerpo completamente.
-Muchas gracias teniente y aquel de allí es nuestro más prometedor cadete señor, la verdad ha dado un cambio muy grande en estos ultimos días- Mull sonrió igual que Goenji que no le quitaba el ojo de encima al de ojos marrones, algo le llamaba la atención de ese muchacho, escondía algo pero no sabía qué era. De pronto los ojos de Meil cambiaron de nuevo a rojo. El teniente se sorprendió al ver el brillo y se dispusó a de cir algo, pero al mismo tiempo y por suerte para Meil, la alarma de la base empezó a sonar y los ojos del chico volvieron a la normalidad. Quizás había sido una alucinación. Pero no, Meil se estaba mirando a sí mismo sorprendido e incapaz de comprender de una vez por todas qué diablos estaba pasando. Eso mismo se preguntaba Mull pero respecto a la alarma, algo muy grave debía estar ocurriendo.
-¡¿Qué pasa?!- Preguntó el rudo hombre a otro de sus camaradas, al mismo tiempo que por los pasillos venía casi cayendose por la prisa otro marine que parecía buscar a ambos militares.
-¡Teneis que ver esto!- Tanto Mull como Goenji siguieron al hombre hasta la azotea del edificio donde pudieron ver a la criatura casi llegando al pueblo.
-¿Eso qué es?- Dijo preplejo Mull, en sus años en el cuerpo jamás había visto una criatura tan diabolica como esa. Goenji apretó los dientes.
-Es un Lunox, cómo ha llegado hasta aquí, estas criaturas solo habitan en los climas calidos. La isla más proxima que los tiene por aquí esta a 900 km, además por el color tiene que ser de los mares del este, no hay duda alguien lo ha traido hasta aquí- Ambos hombres distinguidos del cuerpo divisaban a la criatura a traves de prismáticos.
-Da igual cómo haya llegado hasta aquí, ya nos ocuparemos de esoo después, ahora hay que detenerlo- Comentó el gigante sargento.
-Es todo tuyo- Sonrió el Marine de Fuego
-¿Cómo?
-Recuerda que estais en prueba, qué mejor prueba que esta. Quiero ver si sois capaces de detener a la bestia, sino podies proteger ni a vuestro propio pueblo no valdreis nada como marines- Mull sonrió.
-De acuerdo, tú quedate aquí mirando- Después desapareció por la puerta que daba acceso a la azotea, tenía que prepararse para la batalla.
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En el puerto
Los marines acaban de sacar por fin al hombre del local, una vez fuera, se habían sorprendido enormemente al ver a toda la gente corriendo por el muelle.
-Vaya el pueblo esta de fiesta- Dijo burlón el borracho mientras los hombres dudaban qué hacer, era su oportunidad para hacerse de oro, pero también debían echar un cable y proteger a su gente. Lo peor fue cuando miraron porqué corrían y vieron a la enorme bestia que acababa de entrar en el otro extremo del pueblo, era muy peligroso todo, pero ellos no podían hacer nada.
-Muchacho debemos llevar a este sin vergüenza a prisión lo antes posible. Nuestros camaradas necesitaran nuestra ayuda- Los otros asintieron y se pusieron rápidamente en marcha.
Mientras aquello ocurría la bestia empezaba a derribar las casas que formaban el pueblo, todas ellas habían sido desalojadas velozmente por sus habitantes que luchaban por salir corriendo hacia el puerto. La criatura gritó de nuevo a la vez que, al pisar una de las casas. esta se prendía fuego. Después se dirigió hacia la base al mismo tiempo que el fuego empezaba a propagarse por el resto de viviendas.
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-¡Todos sabeis lo que debeis hacer! Debemos contener como sea a la bestia, Meil tú seras el lider del pelotón 5. Vuestra posición estará entre las calles que dan a la base y las del puerto, es un punto muy importante, si la criatura pasa de allí, el pueblo estará perdido. No hace falta decir que esto no es un entrenamiento, mucha gente depende de vosotros y os jugais la vida, tranquilos todo saldra bien. Vale, Skimber tu serás el lider pelotón 6, este estará...- Mull miraba a sus hombres preocupado, no sabía si serían capaces de detener el avance de tan magnifica y aterradora criatura, pero por el bien de todos debían lograrlo, a cualquier precio. La preocupación de Mull debía ser más o menos la que tenía Meil, no sabía si volvería a perder el control de su cuerpo y encima le había tocado una posición clave, no quería defraudar a nadie, de echo, no podía defraudarles. Pero se encontraba en un estado lamentable. Igualmente lucharía hasta el final y con un pcoco de suerte la ciratura no llegaría a su posición.
En menos de 5 minutos los marines empezaron a salir y entrar una y otra vez en el recinto, sacaban cañones, armas y pólvora. Tenían que prepararse para el encuentro con el Lunox. Este a su vez continuaba arrasando todo lo que había a su paso, ninguna casa estaba a salvo de sus poderosas garras, hasta que de pronto una bala golpeó su rostro. La bala salió rebotada ante su dura piel, pero ese disparo había dado inicio a la batalla. El monstruo comenzó a dirigirse hacia donde había venido el disparo, un grupo de hombres intentaban acabar con la bestia desde una azotea.
-¡Fuego!- Los marines dispararon los dos cañones que tenían, el primer tiro falló el blanco y golpeó una de las propias casas del pueblo destrozandola, la segunda bala se dirigió a la criatura para la que no fue muy díficil desviarla con la cola contra otra de las casas.
-Vaya si que es duro- Se le escapó a Goenji que contemplaba con total tranquilidad la intensa batalla.
-¡Disparar ahí que hacerle retroceder!- una lluvia de plomo se volcó sobre el ser para el que las balas eran como cosquillas. La bestia corría hacia el edificio donde los marines veían aterrados fracasar sus esfuerzos.
-¡Disparar los cañones de nuevo!- Esta vez respondieron algunas balas más, ya que contaban con la cobertura de otro pelotón situado algo más lejos. Tres de las 4 balas golpearon a la criatura, la cuarta hizo otro gran boquete en una de las casas, pero a pesar de su exito los cañonazos apenas hicieron retroceder al Lunox un poco. La fiera alcanzó el edificio con un colazo, derribandolo completamente y provocando la caida de todos los marines que arriba estaban.
-¡Mierda seguir disparando!- Comentó el lider del segundo pelotón a sus hombres para que mantuvieran la posición, pero si la cosa seguía así no tardarían mucho en correr la misma suerte que los otros. Meil se encontraba con su pelotón escuchando los gritos y tiros de sus compañeros al mismo tiempo que respiraba muy agitadamente, parecía estar muy cansado a pesar de la adrenalina que su cuerpo debía de estar generando en un momento tan inteso como este. Sus hombres parecían preocupados por su estado pero el no paraba de sonreir para intentar calmarles.
De vuelta a la criatura se encontraba ahora asaltada, un pequeño grupo de infanteria se había atrevido a salir a su paso y trataban de hacerla daño desde más cerca, un cañonazo golpeó una de sus patas, haciendo que por un momento perdiera el equilibrio y provocando su ira. Cuando volvió a reponerse de un zarpado acabó con las molestias de uno de los edificios al mismo tiempo que de un coletazo se libraba de la infanteria del suelo.
-No conseguiran detenerla si siguen así- Se le escapó Goenji que seguía muy de cerca los desventurados intentos de los marines por detener su avance, a su vez, Mull se encontraba dando órdenes a sus camaradas.
-¡Traer más cañones! ¡Dispararle en las zonas con menos escamas, vamos no podemos rendirnos!- La criatura ya había atravesado más de la mitad de su camino, apenas dos calles más ya la separaban de su destino. Pero de pronto se cruzó con alguien, el grupo de marines que transportaban al cocinero borracho tenían que pasar por la calle que estaba justo al lado del desastre. Todo el lugar estaba lleno de hombres que corrían de un lado para otro y otros que intentaban hacer retroceder a la gente, en especial a una madre que desesperada trataba de cruzar el cordón policial.
-¡Mi niña no!- Estaba completamente fuera de sí y los marines apenas podían sugetarla. El chico se detuvo al verla llorar, era injusto que esa mujer perdiera a su hija de una forma tan tonta.
-¡Camina!- Le dijo uno de los que escoltaban al preso. Pero él no hizo caso, seguía inmovil contemplando las cristalinas gotas que recorrían la cara de la mujer. No podía consentirlo, así que sin obedecer las órdenes partió los grilletes por pura fuerza, demostrando así un gran estado de forma y saltó sobre una de las casas antes de que los hombres que le escoltaban pudieran hacer nada.
-¡Enseguida vuelvo, debo ayudar a esa mujer!- Fue lo que pudo oirsele decir antes de desaparecer entre el humo, los hombres se quedaron atontados mirandole, por allí se escapan sus 4 millones.
Al otro lado de la calle, la batalla seguía su curso, los soldados heridos y otros completamente sanos se entremezclaban en el campo donde los cañonazos y los disparos junto con el inmenso rugido del animal eran las voces dominantes. En medio de tanto caos y ya muy cerca de la bestia una niña de 5 años lloraba desconsoladamente inmovil, incapaz de huir por el pánico. Ningún hombre parecía haberse dado cuenta de su presencia por el furor de la batalla, pero él sí, un borracho era el que parecía ver con más claridad las cosas entre todos, irónico.
-Pero si ese es...- Dijo Goenji al ver al hombre correr a por la pequeña criatura que estaba justo delante de la bestia. Esta al percartarse de la presencia de la niña levantó una de sus patas y se dispusó a aplastarla.
-¡No!- El moreno se lanzó a por la pequeña y consiguió apartarla de la pisada en el ultimo segundo protegiendola con su cuerpo a la vez que una bala de cañón perdida golpeaba la casa que estaba a sus espaldas y hacia caer algunos escombros. Por suerte ambos salieron ilesos y se levantaron entre el humo. El borracho miró furioso al Lunox que parecía aceptar el reto. De pronto los ojos verdes del chico empezaron a brillar de ese mismo verde pero mucho más intensos.
-De modo que él también tiene un poder...- Comentó Goenji sorprendido con lo que estaba haciendo el hombre, este comenzó a moverse de forma muy extraña, sus movimientos se veían como desdoblado, como si dejase detrás de sí un montón de copias suyas que fueran mostrando sus movimientos poco a poco. La criatura le lanzó un zarpazo pero el chico lo esquivó de un salto al mismo tiempo que apartaba a la chica, y en el aire levantó su pierna y le golpeó en plena barbilla a la bestia al mismo tiempo que hacia un mortal hacia atrás con una patada bárbara. El Lunox soltó un grito a la vez que cayó de espaldas contra una de las casas, terminandola de derribar. Los marines se quedaron con la boca abierta ante lo que acababa de hacer el hombre. Su patada había surtido más efecto que todos sus cañonazos juntos, pero no tenían tiempo para un descanso pues la criatura se estaba recuperando y poniendose en pie de nuevo. El borracho cogió a la niña y se marchó con otro salto ante los gritos de los hombres que pedían su ayuda. La criatura parecía más enfadada todavia ahora y volvió a la carga con más fuerza que nunca
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-¡Maldito entrometido!- Dijo rabioso uno de los enmascarados desde el monte, al ver como el chico derribaba a su monstruo. Pero como el borracho dio la vuelta, volvió a recuperar la sonrisa, solo había sido una pequeña interrupción.
-Vaya que interesante- Dijo Goenji al mismo tiempo que prestaba atención una vez más a la ardua batalla que libraban los militares.
-Aquí tiene- Con una sonrisa el chico devolvió a la madre su pequeña mientras los marines que querían capturarle observaban la escena con la boca abierta. Ese chico era más fuerte que cualquiera de ellos pero aún así se había dejado capturar sin oponer resistencia, ¿por qué?
-¿Nos vamos?- Les preguntó a los militares colocando de nuevo las manos preparado para que le pusieran un nuevo juego de esposas. Pero volviendo a la batalla, la criatura acababa de terminar con el cuarto bloque de hombres y se dirigía directo a la posición de Meil. Este parecía encontrarse inconsciente y sus hombres le miraban preocupado, pero de pronto al ver a la bestia sus ojos brillaron con un color rojo mucho más intenso que las otras veces y unos pequeños caninos crecieron en su boca, los otros soldados se retiraron un poco al verle.
-¡Vamos soldados aguantar!- Gritó de pronto, después soltó unas risas macabras que empezaron a escucharse por encima del rugir del combate y la bestia. Sus hombres empezaron a entrar en pánico, su lider se había vuelto loco y le pasaba algo raro. El suelo empezó a temblar ante las pesadas pisadas de su enemigo, la criatura ya estaba allí.
-Sabía que algo le pasaba a ese chico, ¡Ha entrado en ese estado!- Goenji apretó con rabia los dientes. ¿Quién demonios era ese marine, porqué sus ojos se habían vuelto rojos? Ya lo descubriría peor ahora debía detener a Meil. Avandonó su posición como mero observador de la batalla saltando al suelo desde la azotea. Para una persona normal ese salto desde esa altura seguramente sería muy dañino pero para él apenas había diferencia con bajar el bordillo de la acera. Del mismo modo, pero a la inversa, los hombres de Meil se batían en retirada dejando a su lider solo frente a la bestia para pasar a ser meros observadores. El chico sonreía mientras en sus manos empuñaba uno de los rifles de la base.
-¡Toma esto basura!- Su voz era realmente aterradora, parecía haber perdido el juicio, de echo era el único que se mantenía al frente todavia. Disparó a la enorme criatura con tanta punteria que su disparo le dio de lleno en un ojo al Lunox. La bestia soltó un grito de dolor y dio un paso hacia atrás.
-¡Vamos ven!- El chico soltó el arma y se avalanzó contra la criatura para luchar cuerpo a cuerpo, definitivamente había perdido el norte.
-¡NOOOOOO!- Gritó lleno de rabia Mull al ver como el chico cometía ese suicidio, para él ese chico era un ser querido y estaba a punto de perderle. El Lunox pareció enfurecerse más todavia con el disparo y centró toda su atención en el chico, este corría a su encuentro y la criatura hizo lo mismo derribando algunos edificios con su cola. Uno de los dos tendría que ceder y el chico tenía toda la pinta de ser el que iba a perder. Por fin ambos se encontraron cara a cara y el animal levantó una de su patas al mismo tiempo que el moreno saltaba. La dejó caer entonces encima suya aplastando con ella al joven marine. Después incluso pareció sonreir satisfecho.
-Pobre iluso, eso no es suficiente- Pensó Goenji al mismo tiempo que llegaba al lado de Mull, el sargento se sorprendió mucho de su presencia, pero parecía hundido.
-Se acabo Goenji, voy a acabar con esto, la muerte de ese chico es el limite- Goenji pareció no prestar mucha atención a sus palabras. ¿Muerte? No, aún no. No en ese estado, ese chico era mucho más peligroso que 10 lagartos de esos juntos. Y el teniente tenía razón pues sorprendentemente la extremidad del lagarto empezó a retroceder hacia arriba dejando ver al chico sujetandola con ambas manos. El lagarto hizo fuerza para palastarlo de nuevo, lo que provocó que los ojos del chico comenzaran a brillar más intensamente y empujará hacia arriba con más fuerza, lo que finalmente hizo que el hueso de la pierna del animal se partiera por la intesidad. El animal ahulló de dolor a la vez que el chico saltaba y le derribaba de un formidable puñetazo que le golpeó por la zona izquierda de la cabeza. La caida del monstruo propició un levantamiento de un montón de polvo acumulado durante la batalla, que se mezcló con el humo proveniente del fuego que iba consumiendo el pueblo. Los marines que aún se mantenían en pie miraron con sorpresa y miedo al chico, ese demonio había conseguido derribar a la monstruosa criatura. Después de aquello comenzó a golpear los edificios y escombros que rodeaban la zona sin poder contener su ira.
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-¡Maldita sea!- El encapuchado golpeó el suelo con rabia, ese idiota acababa de cargarse sus oportunidades de acabar con Goenji, pero se sorprendieron mucho al ver al Marine de Fuego acercarse al chico.
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-Mull ocupate del lagarto, esto puede complicarse mucho- Goenji miró directamente a los ojos rojos de Meil, que se detuvo y le devolvió la mirada sonriente mientras parecía ser incapaz de controlar su cuerpo.
-¿Qué dices?- Dijo Mull confuso a la vez que miraba a ambos contendientes, lo cierto es que ahora el chico parecía ser la mayor amenaza, curiosamente en ese momento cruzaron por allí los otros marines que llevaban al borracho, por casualidad o no, este emitió un pequeño destello verde con los ojos que fue respondido por otros dos de color rojo tanto del chico como del marine. Era como si se estuvieran comunicando entre ellos
-¿No me digas que...- No terminó la pregunta antes de eso el teniente asintió.
-Esta en estado de Mass, ahora es mucho más peligroso que cualquier otra cosa, retira a sus hombres y ocupate del animal antes de que despierte, esto puede ponerse muy feo... Diría que incluso al rojo vivo- Goenji hizo aparecer en sus manos unas inmesas llamas de la nada a lo que Meil pareció responder con unas risistas. Ese era el verdadero motivo de su más que merecido nombre de Marine de Fuego, el control de las llamas. Sin embargo la cosa pintaba muy mal. Una batalla más intensa que la que acaban de vivir estaba a punto de comenzar. ¿Cuál sería esa gran amenaza que había echo intervenir al mismisimo Marine de Fuego? ¿Por qué Meil había perdido el control? Y lo más desconcertante ¿Quién demonios era ese borracho y porqué era tan fuerte? Aunque lo correcto ahora sería preguntarse ¿Qué estaba a punto de ocurrir?..
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Y aquí termina este capítulo no sé si os habrá gustado pero para mí ha sido genial escribirlo XD Bueno en cualquier caso, lo mejor lo he dejado para el siguiente capítulo con el impresionante combate que nos espera de Goenji vs Meil y las explicaciones que esperais XD. En fín solo me queda decir que todavia estan disponibles las dos plazas para los OCS.
¡Nos vemos!
