Hola a todos, después de un tiempo aquí traigo este capítulo de este fic, tendría que haberme puesto con otros pero no sé porqué este fic me ha enganchao y no puedo dejar de escribirlo XD. En fin dejando de lado eso, debo deciros que un OC ya forma parte del fic. Enhorabuena al usuario que ha sido lo bastante insistente como para crear un OC a la medida de este fic. ¡Muchas gracias MoonstoneIce31585! Así que eso nos deja más o menos una sola plaza, igualmente podeis intentarlo todas las veces que querais.
Capítulo 3: Como Meil Mo dejó de ser marine para convertirse en un peligro para los marines.
La situación era muy delicada, Goenji sabía que quien tenía en frente era alguien peligroso en ese estado. Su ira era máxima y si conseguia alcanzarle, el moreno le haría mucho daño. Sin embargo estaba feliz, después de un largo período de tiempo estaba a punto de luchar de nuevo, y nada más y nada menos que contra un poseedor de los poderes del pergamino en estado de Mass, la batalla no podría ser mejor.
-Gracias por divertirme- Comentó de modo burlón el hombre mientras analizaba a su rival. Este poesía unos ojos igual de rojos que los suyos, su ropa estaba algo rota y manchada, consecuencia de su combate contra la criatura que había acabado hacía escasos minutos. Sólo miraba a Goenji como esperando arrancar su cabeza con sus manos.
-De nada- Contestó Meil lo que dejó a Goenji con la boca abierta. ¿Qué demonios era ese chico?
-¡Pero si puede habla...- No le dio tiempo a decir ni una sola palabra más pues el chico se lanzó a por él y le propinó un fuerte puñetazo con la izquierda que le hizo salir disparado y chocar contra los escombros de una de las casas que quedaban por la zona, desapareciendo entre el fuego. Los marines miraron con los ojos como platos, ¿así de fácil había acabado con Goenji? No podía ser y por supuesto no era. La figura de su aclamado teniente se alzó entre el fuego con unos ojos de color rojo más intensos que las llamas que le rodeaban, casi parecía un demonio saliendo del fuego del infierno. No sabía porqué Meil podía hablar en ese estado, era algo imposible teniendo en cuenta todo lo anterior. En el estado de Mass el individuo no puede gesticular palabra, era algo que le habían enseñado. Pero ese chico contradecía completamente esa norma, lo que sólo le hacía más interesante. Nadie antes que él se había enfrentado con un chico en un estado de mass que pudiera hablar, era una ocasión única, así que había que divertirse...
-Ven ¿a qué esperas?- El de pelo plateado acababa de lanzar un reto al moreno que sólo sonreía como un desquiciado mientras su cuerpo se movía agitadamente dandole un aspecto más monstruoso. El chico saltó sobre Goenji que le esperaba impaciente y ambos se encontraron, Meil trató de alcanzarle de nuevo con la zurda pero el chico se echó hacia atrás esquivando el golpe por milímetros y seguidamente fue el propio marine quien intentó cruzarle la cara al moreno pero este hizo su misma jugada comenzando un intercambio de golpes. El de pelo negro le lanzó un puñetazo tras otro obligando a Goenji a retroceder; sin embargo el marine de fuego agachó su cuerpo y le lanzó una patada a ras de suelo que hizo caer a Meil. En el aire ambos intercambiaron miradas a la vez que el marine de fuego sonreía y de otra patada, esta vez en el estomago, le hizo cruzar el cielo chocando algo más que bruscamente contra una casa que aún se mantenia en pie. Los hombres aplaudieron la acción al mismo tiempo que el arrogante militar les saludaba con una sonrisa; pero poco tardaria en borrarla ya que Meil volvía a por más junto con un grito de rabia. Goenji colocó los brazos formando una x y paró el duro golpe de Meil que había tratado de golpearle con un poderoso puñetazo en el pecho. No sin antes resbalar un poco sobre el asfalto por la fuerza del golpe.
-¡Qué potencia!- Pensó divetido el peliplateado, de echo un poco de polvo se había levantado por la potente onda podrucida en el impacto. Algo de sudor pudo escapar de la frente de ambos mientras mantenían las miradas en silencio y de pronto comenzaron con un nuevo intercambio mucho más rápido. Meil comenzó a lanzar un puñetazo tras otro a velocidades de vértigo obligando a Goenji a usar los antebrazos y protegerse de su agresivo ataque. Hasta que con una sonrisa el teniente lanzó un gancho entre medias de uno de los golpes y Meil tuvo que echarse hacia atrás para esquivarlo. El militar no desperdició la oportunidad y le lanzó un fuerte puñetazo directo a los ojos aprovechando que al echarse hacia atrás no podría responder a tiempo; sin embargo Meil lo paró con una rodilla. No había duda, su estado de Mass daría problemas. De nuevo comenzó el siguiente intercambio y esta vez Goenji llevó la iniciativa optando por las patadas y obligando al moreno a defenderse con bloqueos e intentar contraatacar con algún que otro golpe. Pero el salvaje no estaba dispuesto a ceder terreno frente al militar así que a la vez que Goenji le lanzó una patada a la altura de las rodillas, el chico saltó por encima esquivando el movimiento y una vez fuera de su alcanze, le devolvió el ataque con otra patada. El teniente la esquivó echandose hacía atrás y Meil cayó al suelo casi perdiendo el equilibrio. Ambos se miraron. Cada uno estaba en una posición vulnerable para el otro, Goenji había cedido terreno al echarse hacia atrás y Meil había perdido parte del equilibrio lo que le impediría reaccionar completamente a tiempo. Sólo había una solución. ¡Atacar! Necesitaban atacar para defenderse así que lanzaron un puñetazo a la desesperada al mismo tiempo. Los nudillos de sus manos impactaron en el aire. Fue como si se detuviera el tiempo, uno estaba mirando al otro lleno de rabia a la vez que sus fuerzas se medían en ese colosal choque. Como consecuencia los dos salieron hacía atrás a la vez que una nube de polvo se alzaba del suelo dada la fuerza del golpe.
Los dos se detuvieron mientras agitadamente recuperaban el aire, se miraban con sus respectivos ojos rojizos a la vez que sonreían, lo que provocaba que a Meil se le vieran un poco sus colmillos.
-Que divertido- Comentó el marine de fuego al mismo tiempo que cerraba los ojos de forma arrogante.
-Tú también me estas entreteniendo- De nuevo esa voz, ¿cómo era que Meil era capaz de hablar? Igualmente el combate no había echo más que empezar. Aunque los otros militares sólo miraban con la boca abierta el impresionante espectáculo que estaban viendo, ambos eran increíbles. Lo que sólo les hacía pensar en lo perjudicial que sería si ganaba el animal que se estaba enfrentado a su superior. Ninguno de ellos podría detener a Meil, quizás Mull, pero este era su amigo, ¿sería capaz? La pausa pareció llegar a su fin y ambos hombres se prepararon para el siguiente intercambio. Goenji alzó los puños, adoptando una postura parecida a la de un boxeador. Meil sencillamente colocó sus brazos a sus lados y esperó a que se produciera un ataque.
-Vamos- Esta vez fue el salvaje quien lanzó el reto a Goenji y este no pensaba echarse atrás. Así que con una sonrisa saltó a por su rival que hizo lo mismo encontrandose ambos en el aire. Los dos lanzaron otra vez un golpe como el anterior y de nuevo sus puños chocaron en el cielo; pero esta vez impactaron en la cara de sus rivales parandoles en seco. Goenji salió un poco hacia atrás como perdedor del choque y el salvaje aprovechó para comenzar otro de sus imparables ataques. De nuevo un puñetazo tras otro que al peliplateado le costaba una barbaridad poder esquivar, ahora el moreno parecía mucho más rápido que antes, casi era como si se hubiera vuelto más fuerte. Los golpes de Meil eran a cada movimiento y ataque mucho más díficiles de esquivar, lo que procovó que poco a poco fuera arrinconando contra una de las casas, cuyos escombros rodeaban el suelo, al teniente. La espalda de Goenji chocó contra la pared, no tenía salida. Meil sonrió, a la vez que caminaba impasible hacia su rival, ya lo tenía así que, lanzó una poderosa patada con la derecha veloz como el viento. Goenji se tiró al suelo a la desesperada y la pierna del muchacho atravesó la pared provocando que esta se derrumbará debido a la poca estabilidad que la mantenía en pie tras los cañonazos.
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-¡Dale dale!- Los dos enmascarados veían el combate entretenidos, ese chico era mucho mejor que su bestia. Si conseguía derrotar al peliplateado, su trabajo estaría cumplido.
De vuelta al combate, una nube de polvo se había levantado como consecuencia del poderoso golpe de Meil, el muchacho no veía nada fuera de un radio de un metro. Su rival debía de haber aprovechado la poca visibilidad para esconderse, hasta que de pronto unos ojos rojos aparecieron de la nada frente a el salvaje. Fuera de sí, este se lanzó a por ellos esperando sorprender así a Goenji; pero lo que se encontró fue un puñetazo en toda la cara siendo él el sorprendido. Aunque este gancho no era uno cualquiera, lo que le había golpeado era un puño en llamas. El chico cruzó el cielo para chocar contra el suelo, a varios metros a la vez que se llevaba la mano a la zona quemada de la parte izquierda de su cabeza, soltó un pequeño grito de dolor que sólo pareció enfurecerle más. El humo no tardó en despejarse, dejando a Meil poder ver a su rival con la mano aún en alto envuelta en fuego tras golpear su cara.
-Es el momento de subir un poco la temperatura- Todos los marines aplaudieron sus palabras, por fin iba a ponerse algo serio, Meil se puso en pie y sonrió abiertamente. No sabía lo que estaba a punto de hacer su rival, sino seguramente hubiera tratado de evitarlo por todos los medios.
-¡Aaaaaah!- Goenji soltó un fuerte grito mientras sus ojos empezaron a brillar de un fuerte color rojo y de pronto se vio rodeado completamente por llamas que se generaron por su cuerpo como sí fuese un trozo de madera quemandose en la chimenea.
-Ese poder es increíble- Se le escapó a Mull que contemplaba con asombro lo que estaba haciendo su teniente. Alguien como él jamás había visto proezas como esa y no podía comparar, pero sabía que nadie podría contarle algo que le sorprendiera más que ver a un hombre capaz de dominar el fuego.
-Uhhh llamitas- Se burló Meil, lo que hizo sonreir a Goenji. El militar levantó su mano izquierda y le indicó con el dedo indice que se acercará de forma chulesca y desafiante. Obedeciendo, Meil se lanzó a la carrera a por él. El marine de fuego creó dos inmensas bolas de fuego en sus manos que lanzó al chico. Con gran esfuerzo, este saltó por encima de la primera y con un giro en el aire consiguió esquivar la segunda a la vez que alcanzaba al militar. Las bolas chocaron contra las casas que quedaban a su espalda diviendose en llamas más pequeñas que prendieron fuego a todo lo que estaba cerca.
-Segundo asalto- Comentó Meil y ambos se encontraron de lleno, Meil comenzó otra vez con sus repetitivos ataques, pero Goenji ahora estaba a su altura. Esquivaba con facilidad sus golpes mientras movía las llamas que cubrían sus manos y una parte de sus hombros. Meil continuó con su poderoso ataque incapaz de alzancar a su rival; hasta que uno de sus puñetazos pilló desprevenido a Goenji. El hombre fue incapaz de intuir el derechazo de Meil y este se disponía a golpearle la mejilla izquierda. Pero, en el ultimo instante, como una defensa natural. Un bloque de llamas creció de su hombro interponiendose en la trayectoria del golpe y provocando que Meil las golpeará. Obligandolo así a que tuviera que retirar la mano dolido por la quemadura. El teniente sonrió y comenzó él a atacar, sus manos al rojo vivo cruzaban a escasos centímetros la cara de Meil que se veía obligado a ceder todo el terreno posible a su rival. Estaba abrumado por la diferencia que se había formado entre ambos. Ahora él era el que estaba en desventaja y era incapaz de hacer nada para cambiar esa situación.
-¿Qué te pasa? Ni siquiera estoy usando la mitad de mi poder- Rió a carcajadas a la vez que ahora era Meil el que se veía acorralado contra una de las paredes que formaban las casas del pueblo. Gotas de puro sudor recorrían todo su cuerpo como consecuencia de la elevada temperatura, miraba casi asustado a su rival, no parecía tener nada que hacer ante esta fuerza. Goenji se acercó lentamente al chico, el lugar por donde el humano pasaba quedaba iluminado por su fuego. Era como un ángel en vuelto en llamas a punto de acabar con aquel pobre e insignificante humano.
-No voy a matarte, pero el combate acaba aquí- Levantó el puño haciendo que las llamas que le rodeaban crecieran de tamaño hasta duplicar el anterior y se dispusó a dar el golpe de gracia al asustado Meil.
-¡Adiós!- Lanzó su puño contra el chico que mantenía esa mirada de conejito indefenso. Hasta que en el ultimo segundo sonrió abiertamente. Con una velocidad mucho mayor a la que había mostrado hasta entonces, levantó el brazo a tiempo de detener con la palma de su mano el golpe. El propio Goenji pudo ver como salía una gran cantidad de humo de la mano del chico que se estaba quemando con las llamas, pero a Meil parecía darle igual. Se fijó entonces en un pequeño detalle, ahora sus músculos parecían más grandes que antes, quizás por ello ahora era más fuerte. Meil sin perder tiempo, quizás por que su mano se estaba abrasando, con el otro brazo le propinó un poderoso derechazo que hizo a Goenji salir disparado y atravesar ambos lados de una de las pocas casas que se mantenía completamente en pie, provocando que esta se derrumbará sobre el teniente. Los marines soltaron un pequeño grito de asombro, había sido increíble. Y de nuevo les quedaba la duda de si su jefe podría reponerse de tan magnifico golpe.
-¿Pero cómo ha hecho para soportar el fuego?- Mull no daba crédito a lo que sus ojos veían, con sumo cuidado se fijo en el chico que hacia sonar sus dientes apretando los de arriba con los de abajo lleno de rabia, de una forma que le daba un aspecto de un animal más que de un humano. Seguía con la misma postura de antes y pudo fijarse en que su mano estaba cubierta de sangre. ¿Sé había quemado? No, tenía que ser otra cosa, no era posible que se hubiera sacrificado así por golpear a su rival. Aunque en ese estado todo era posible.
De repente algo extraño empezó a pasar, en el lugar donde Goenji había sido enterrado prematuramente por Meil empezaron a surgir un montón de llamas de la nada. Cada vez más y más, las llamas salían como si fuesen serpientes cruzando entre las rocas y formando un río en el aire, trazando preciosas figuras en el cielo y dando lugar a un espectáculo digno de ver.
-¡Qué demonios!- Un par de marines que estaban por allí viendo el combate salieron corriendo al ver las llamas y justo a tiempo, puesto que igual que si hubiera explotado un volcán, más llamas salieron hacia arriba de golpe levantando las rocas y dejando ver al chico en medio de ese caos. Sus ojos emitían un fuerte brillo rojo que le daban un áspecto diabolico. Trozos de roca y llamas se encontraban por sus alrededores dandole una imagen más aún de ser el envidado del Demonio. Meil pareció alegrarse de ver en pie de nuevo a su rival. Este salió de los escombros y comenzó a andar en dirección al moreno que esperaba en pie impaciente. Las llamas seguían rodeando al joven, pero ahora un inmeso río de fuego se había formado a sus espaldas y se mantenía sobre el aire controlado por el chico al que los ojos parecían brillarle como focos, el ultimo asalto estaba a punto de empezar.
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-¡Quedate ahí!- Los marines empujaron al Cocinero Borrracho dentro de su nueva celda, lo habían conseguido. ¡Le habían atrapado, eran ricos!
-La vida del marine, la vida buena...- Comenzó a cantar el que parecía su lider coreado por sus compañeros, su vida llena de penurias había tocado a su fin y con una sonrisa se marchaban esperando el momento de recibir su dinero.
-No hay problema pero traerme una rica cena- Dijo el preso recuperando sus anteriores balbuceos borrachiles, después al escuchar una tremenda explosión miró por la ventana entre los barrotes justo a tiempo de ver a Goenji y Meil cara a cara. Más que una pelea entre hombres, parecía una batalla entre bestias.
-Vaya pronto tendré compañia- Sonrió para sí mismo mientras veía asombrado las enormes llamas que Goenji había creado.
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-¡Muere!- El peliplateado gritó fuera de sí y apuntó al moreno con el dedo índice. Inmediatamente después, el río de llamas se lanzó a por el chico. Era como si hubieran abierto una presa y el agua contenida estuviera siendo arrojada sobre el cauce de un río. Las llamas se movieron deprisa a por el chico, que con un salto consiguió esquivar la primera embestida del río a tiempo de saltar sobre un edificio que había sido rodeada por este. Las llamas empezaron a incendiar todo a su paso cruzando y estendiendose por las calles del pueblo, como si el agua de una inundación se estuviera tragando al plueblo, mientras algunas explosiones pequeñas surgían, fruto de la quema de la pólvora que aún quedaba en los cañones y que se había derramado por el suelo. Hasta el fiero Lunox fue arrastrado por las llamas que le quemaron al instante, aunque el animal no pareció quejarse, pues estaba inconsciente por el puñetazo de Meil y ese sueño se alargaría para siempre.
Todos miraban incapaces de hablar lo que el chico estaba haciendo formando ese pintoresco paisaje dominado por el fuego y las llamas. Un poder así podía ser la envidia de cualquier Dios y estaba claro que Meil no tardaría en morir abrasado, aunque a Mull no le hiciera gracia. Goenji sonrió desquiciado al mismo tiempo que sus ojos seguían brillando y movió la mano, lo que provocó que las llamas giraran sobre sí mismas y se lanzaran a por el edificio donde Meil aguantaba la embestida del todopoderoso Marine de Fuego. El calor para el moreno era terrible, estaba rodeado por el fuego por todos lados y parecía su fin; sin embargo seguía conservando su sonrisa, algo tendría preparado. De pronto sus ojos brillaron más intensamente y sus músculos parecieron crecer en tamaño a la vez que una ola, de inmensas proporciones formada por llamas, se alzaba a a su espalda y con un colosal salto consiguió cruzar a otro edificio al mismo tiempo que el fuego y la destrucción cubrían su anterior refugio. En una escena digna de cualquiera historia de la mitologia. La lucha de un hombre contra los poderes de un ser supremo. Era como si Meil se estuviese enfrentado a una tormenta en el mar formada por olas de fuego y ceniza. Goenji volvió a dar órdenes a sus llamas y un par de chorros de estas, de al menos un metro de grosor se lanzaron velozmente a por el chico avandonando el río. El moreno desesperado comenzó a saltar entre los tejados para esquivar las llamas que le perseguían por el aire y trataban de dejarle echo cenizas. Corría enormemente rápido y cuando las llamas parecían poder alcanzarle, con acrobacias como mortales y piruetas era capaz de saltar y esquivar ambas. Era algo prodigioso la forma en la que estaba burlando la muerte y Goenji parecía estar cansandose. Entonces el chico se detuvo sobre la cornisa y hundió sus manos en el suelo. Sus ojos empezaron a brillar de ese fuerte color rojo y con una fuerza bestial arrancó un trozo del tejado en forma de una enorme piedra de al menos un metro. Una piedra así debía de rondar los 150 o 200 kilos de peso, una proeza impresionante.
-¡Vamos!- Le animó el cocinero borracho desde su celda mientras que veía como los chorros de llamas iban a por él.
-¡Toma esta!- El salvaje lanzó el pedrusco contra Goenji a la vez que se veía obligado a saltar en medio de las calles, precipitandose sobre el rio de fuego presionado por los chorros para lograr esquivarlos. La piedra voló con fuerza hacia su rival, pero Goenji sonrió y simplemente del río de llamas se alzó una inmensa mano formada por el fuego que detuvo el objeto rocoso, como un jugador de beisbol detiene una pelota y apretando el puño lo destrozó en mil pedazos que calleron al río alimentando el fuego. Meil lo vio sorprendido a la vez que se precipitaba sobre el río; Sin embargo logró agarrarse a una de las ventanas del edificio que estaba al otro lado de la calle milagrosamente y con otro salto se pusó en pie sobre el tejado de este. No había duda, jugaban en ligas direfentes, el poder de Goenji era mucho más de lo que cualquier persona podría imaginarse y el otro chico simplemente poseía un gran físico, impresionante y sobrenatural, sí. Pero no a la altura del poder de ese Dios humano. Goenji rió a carcajadas descontroladas a la vez que del río formaba de nuevo dos manos, esta vez mucho más grandes que empezaron a rodear el edificio, cortandole cualquier retirada posible al joven.
-¡Fin!- Gritó divertido a la vez que las llamas empezaron a cerrarse sobre el chico del mismo modo que si estuviese juntando las dos manos como atrapando una mosca. Meil solo miraba rabioso mientras la temperatura seguía subiendo y subiendo, era imposible escapar ante las manos gigantes que ya rodeaban todo el techo y empezaban a dejarle sin espacio y sin aire.
-¡No lo mates!- Gritó desesperado Mull al ver la cara de loco que estaba poniendo Goenji al mismo tiempo que las llamas seguían creciendo alrededor del chico.
-¿Matarle?- Goenji pareció raccionar ante el grito de Mull y sus ojos disminuyeron el brillo-No- Sonrió a la vez que Meil cerraba los ojos esperando su muerte pero no llegó. Las manos se desintegraron en el aire formando de nuevo llamas que empezaron a girar y a envolverse sobre si mismas como formando una esfera alrededor de Meil. El chico empezó a quedarse sin oxígeno y sus músculos empezaron a volver a la normalidad en un proceso forzado causandole un dolor atroz y obligandole a soltar aullidos de puro dolor. Empezó a ver borroso todo lo que estaba a su alrededor por la falta de aire a la vez que soltaba dolorosos y desesperados gritos de rabia. Cayó de rodillas y golpeó con sus puños el suelo molesto y, finalmente, se desplomó sobre el tejado. Sus ojos emitieron un ultimo destello rojo, antes de apagarse por completo, al igual que sus colmillos que recuperaron su tamaño original, Goenji había ganado. Le había capturado. El Dios había vencido al hombre.
-La victoria es mia, fue divertido mientras duro- Las llamas empezaron a desvanecerse y apagarse lentamente y finalmente desaparecieron del todo dejando un rastro de fuego y materiales fundidos a sus paso. Las calles estaban al rojo vivo, todo estaba quemado, incluso el Lunox que había sido presa de sus bastas llamas y que ahora solo dejaba constancia de su existencia y de su ataque con sus relucientes huesos echos polvo. Decenas de casas, por no decir todo el pueblo habían quedado destrozadas y en ruinas. Había sido algo glorioso y digno de ver, pero el precio de la entrada a este show, había sido muy alto.
-Recoger al chico cuando baje un poco la temperatura, pero tener cuidado. Ese chico es muy valioso- El prepotente muchacho metió de forma chulesca sus manos en los bolsillos del uniforme que cubría su cuerpo y que curiosamente no se había quemado nada y se dio la vuelta caminando hacia la base ante la atenta mirada de Mull. Así que todo lo que había oido de los peces gordos era verdad, había surgido un teniente con un poder insuperable y él lo había visto con sus propios ojos, pero seguía preguntandose cómo había llegado ese Lunox allí y lo que era peor, ¿qué hubiera pasado si no hubiera estado Goenji para enfrentarse con su cadete, podría él haberle detenido? Esa pregunta era muy díficil de contestar, prefería pensar que sí, pero en el fondo sabía que seguramente no lo hubiera echo. Lo bueno es que por ahora todo había acabado, pero aún quedaban muchas cosas que resolver y el pueblo había sufrido mucho con este ataque. Reconstruirlo todo sería díficil y caro, además el soberano de las 13 islas seguramente se enfadaría con ellos por la destrucción. Lo que solo le llevaba a preguntarse si sería igual de duro con Goenji, aunque con su posición en la marina ,seguro que ese viejo gordo mantendría respeto al peliplateado.
-Hemos fracasado- Se lamentó el lider de los dos enmascarados apenado al ver todo lo que había ocurrido.
-Eso al jefe no le va a gustar- Dijo mordiendose las uñas temeroso el otro.
-Lo sé, pero no creo que se enfade mucho con nosotros al fin y al cabo habrá visto el poder de ese marine, ni 100 de esas criaturas hubieran bastado para derrotarle
-Bueno 100 quizás...
-¡Es una forma de hablar idiota!- El otro se tapó los oidos ante su grito, después más calmado le dijo- Anda vamonos antes de que alguno de esos estúpidos marines le de por mirar por aquí- Ambos se encaminaron hacia el acantilado. ¿Quienes eran y porqué querían matar a Goenji? Eran preguntas a las que solo ellos tenían respuesta, pero lo que estaba claro era que trabajaban para alguien que deseaba la muerte de Goenji a toda costa...
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Las llamas rodeaban a Meil por todos lados, el chico era incapaz de moverse mientras sus ojos rojos emitían un fuerte destello lleno de rabia. Goenji estaba jugando con él y no podía hacer nada para evitarlo.
-¡Hemos fracasado!- Le habló una voz proveniente del fuego a la vez que luchaba por no ser tocado por las llamas del otro muchacho.
-¡Goenji para por favor!- Pidió desesperado, mientras este sonreía y formaba una enorme boca con las llamas.
-¡Hemos fracasado!-Gritó la voz que resonaba en su cabeza a la vez que las inmensas fauces se lanzaban contra el chico que extendió los brazos y recibió de lleno el impacto
-¡AAAAAGH!- Gritó a la vez que creía que su alma le abandonaba. Su cuerpo quedó flotando sobre la oscuridad mientras sus ojos rojos se mantenían abiertos sin vida.
-Hemos fracasado- La voz esta vez sonó más suave, de pronto el chico pestañeó pareciendo volver a la vida- ¡Pero a la proxima no habrá opción para la derrota!- Sus ojos empezaron a brillar cada vez con más intensidad, más, más y más. Alumbrando toda la oscuridad y dejando ver un paisaje de destrucción y horror que enseguida identificó como el infierno y que le hizo comenzar a gritar de pánico.
-Esperaré dentro de ti hasta entonces- Los ojos brillaron a máxima potencia a la vez que una risa empezaba a oirse en su cabeza y lo que el creía que eran demonios se dirigían y subían por su cuerpo y entonces...
-¡Aaaaaagh!- El chico se reincorporó sobre la cama respirando agitadamente y con la cara palida. Miró a los lados confundido sin saber qué acababa de pasar. ¿Dónde estaba? ¿Qué había sido ese sueño? Recordaba algo de un Lunox y de encontrarse enfrente de Goenji. ¿Todo había sido un sueño? ¿Y porqué olía tanto a alcohol? No le gustaba nada, trató de levantarse pero se chocó con unos barrotes que se encontraban delante de su cara dandonse un fuerte golpe en la frente, estaba claro que aquello no era su habitación.
-Ah por fin te has despertado-Pudo oir una debil voz que estaba en un termino medio entre asustante y de una enorme borrachera. Una figura se alzó y se puso en pie en una cama que estaba en frente suya. Se trataba de un chico de más o menos su altura con un pelo igual de moreno que el suyo pero más largo y de punta. Sus ojos verdes destacaban por encima de tanta oscuridad.
-¿Qué...- Dijo irritado con sus palabras, después reaccionó enseñandole el puño- ¿Qué es esto, dónde estoy, qué me ha pasado?- De repente algo de dolor se apoderó de su cuerpo por sus brazos y sus manos.
-Yo que tú no me esforzaría tanto. Vale que seas un portador del poder del pergamino y como tal cualquier herida que pueda ser reparable, sin contar perdidas de miembros o muerte podrá ser curada; Pero has sufrido quemaduras graves necesitas al menos un día más para recuperarte del todo- El joven sonrió de forma que Meil se sintió más confuso todavia, sabía que le había dicho eso para provocar esa confusión pero no podía evitar tenerla.
-¿Portador del poder del pergamino?- Pareció marearse al oir eso por la confusión pero lo que hizo en su lugar fue sentarse sobre la cama donde hacía escasos segundos dormía.
-Yo no llevo nigún pergamino, es cierto que firmé uno con un hombre pero...- Su compañero de celda abrió bien los ojos al escuchar lo que acaba de decir.
-¿Un hombre? ¿Dices que te dio el pergamino el Mensajero?- Meil miró al moreno, ¿el mensajero? ¿Qué clase de nombre era ese y quién diablos era ese hombre? Una cosa estaba segura, sus sopechas se habían confirmado no era al único al que había echo firmar el contrato.
-Todo esto es muy confuso, será mejor que empecemos por el principio- El hombre sonrió y extendió la mano al de ojos marrones- Me llamo Nick Akimaru, aunque todo el mundo me conoce como el Cocinero Borracho- Meil solo miró a su compañero. Lo que le decía parecía decirlo en serio pero todo eso le parecían una sarta de estupideces. Así que su compañero era el Cocinero Borracho, aún recordaba su precio de cabeza de haberlo visto en los días anteriores. Menuda casualidad encontrarse con él aquí. Dudó algunos segundos más y después le extendió la mano.
-Hola mi nombre es Meil...
-Meil Mo lo sé, los guardias estan todo el rato hablando sobre ti no hay nadie en la isla que no te conozca después de tu númerito del otro día- Dijo eso de forma que Meil se quedó pérplejo, ¿cómo que númerito? Recordaba algo de una batalla pero no sabía si era verdad.
-¿Cuánto llevo durmiendo?- Preguntó al chico, este levantó tres dedos de su mano derecha indicando el tiempo.
-Tres días con sus noches, es lo que tiene el estado de Mass- Se estiró sobre su cama para tumbarse comodamente- Acabas echo polvo.- Meil miró de nuevo a Nick, otra palabra que no entendía, tenía muchas cosas que explicarle.
-¿Te importaría explicarmelo todo?- Dijo con una sonrisa mientras una gota anime de confusión quería resbalar sobre su frente.
-Claro la cena no la sirven hasta las 10- Puso mala cara- Aunque más que cena es veneno, pero debo de comermelo - Meil rió un poco nerviosamente. Ese chico era alguien peculiar y tendría que enterarse de todo paso por paso.
-Bien ¿qué quieres saber?- Preguntó Nick con un tono borrachil a la vez que Meil se sentaba en frente suya.
-Lo primero es los pergaminos. ¿Qué son, de dónde surgieron, cómo funcionan y sobre todo quién es el hombre que se hace llamar mensajero?- Nick se quedó callado mientras Meil le miraba directamente a los ojos.
-Esas... Son muchas cosas- Dijo en un tono serio y que ya no era para nada el de un borracho- Pero te lo explicaré- Cruzó sus manos delante de su cara dejando solo por encima de estas sus ojos que parecieron emitir un pequeño destello verde antes de que él comenzará a contar.
-Lo primero que debes saber es su origen. Judismo, cristianismo, Budismo. No puedo decirte de cuál religión proviene la historia, pero puedo asegurarte que es cierta. Todo comenzó en los albores del tiempo, cuando el hombre aún era debil y manipulable. Apareció en este época el maligno. ¿Un dios malo, el Demonio? No puedo decirtelo con certeza, podría ser todos ellos a la vez o quizás ninguno, dependiendo de la religión. Lo único que se sabe era que esa criatura representaba al mal. La horrenda criatura se acercó al hombre, cuyo corazón era facil de quebrantar y le dijo. ``¿Te gustaría tener la fuerza de un Dios, poder dominar a tus iguales? ``Por supuesto´´ Contestó el hombre, pues era debil de cáracter. ``En ese caso podemos hacer un trato´´ Prosiguió la criatura sacando unos documentos de colores conocidos como los Pergaminos `` Humanos, estos documentos os permitiran haceros con la fuerza que quereis pero a cambio debereis jurarme lealtad´´ Cegados por la codicia y el poder prometido los hombres asintieron y firmaron el trato. Nunca antes el ser humano había tenido tanto poder y nunca había sido tan desgraciado a la vez. El maligno había ganado, había echo suyo al hombre imponiendo su ley del más fuerte en su mundo. Y gobernandoles en el otro. Pero el Dios o uno de los Dioses al cargo de los hombres, encolerizado al ver la destrucción que estaban causando, se preparó para acabar con tan destructiva especie. Sin embargo lo que encontró en el mundo del hombre fue algo tan penoso que no merecían castigo, sino su misericordia. Decidió ayudar al hombre a intentar restaurar su existencia. Se vio obligado a negociar con el maligno. ``No me hagas destruirte´´ Comentó portentoso el ser divino `` Si me destruyes el hombre perecerá conmigo puesto que estan bajo mis órdenes´´ Contestó la otra criatura ``Entonces destruiré los pergaminos´´ Su rival sonrió ``Sí lo haces sellarás con ello el destino del hombre, los que hayan firmado el trato no podran conservar su poder, pero tampoco podran recuperar su conciencia, quedaran destinados a la nada´´ El glorioso todopoderoso dudó un segundo ``Esta bien, puesto que esa primera generación esta condenada, no podré hacer nada por ellos, quedaran bajo tu dominio, como castigo por dejarse engañar por ti. Sin embargo al morir sus contratos quedaran anulados y reapareceran de nuevo, no puedo acabar con tu influencia sobre ellos pero puedo cambiar las condiciones de estos. A cambio de la fuerza que otorgaran se les pondrá un castigo que será su debilidad, pero mucho menor al que tú imponías. Y puesto que soy conocedor de la debil voluntad del ser humano. Los repartiré por todo el mundo, para que así el hombre tenga que buscarlos y sea consecuente de sus actos´´ El maligno sonrió complacido ``Que así sea´´ Y así fué como se saldó el conflicto entre el bien y el mal. Cada uno se quedó con su parte y el hombre prosiguió con su vida. Es por eso que los pergaminos son documentos que otorgan poderes magnificos al hombre, pero que se encuentran dispersos y ocultos por todo el mundo.- Meil estaba sorprendido ante la historia que acababa de contarle el chico. De modo que ese el origen de todo.
-Esta historia es conocida desde hace mucho por el hombre, pero nadie puede decir que sea cierta del todo- Meil asintió y el borracho prosiguió- Actualmente al humano que se hace con los servicios del Pergamino se le considerá un Portador del Poder del Pergamino. Los pergaminos otorgan una fuerza prodigiosa al humano a cambio de algo. Normalmente el requisito es aquello que al hombre le costará más de superar. Por ejemplo imaginate que alguien tuviera tendencia fumar, una de las cosas que podía pedirle el pergamino es que tuviera que fumar dos paquetes de cigarros. El hombre en cuestión, dado que tendría facilidad para fumar comenzaría a fumar mucho más de dos paquetes al día, provocando un deteriodo en su cuerpo y la muerte. Este es el engaño de los pergaminos. Existen infinitud de pergaminos pero se desconocen los poderes que pueden tener todos ellos. Se sabe que normalmente suele haber uno por isla y al morir el firmador de este, el pergamino regresará a su posición original para buscar un nuevo dueño- Meil asintía mientras su cerebro recibía una buena lección sobre el uso de estos pergaminos- Cada pergamino tiene unas características únicas y otras cómunes. No existen dos pergaminos del mismo color y que concedan el mismo poder. Sin embargo el patrón si parece el mismo en cada pergamino. Todos ellos tienen 30 lineas escritas exactamente. En las primeras lineas se relatan los acuerdos del contrato pasando a las clápsulas del mismo. Aunque hasta ahora la única forma posible que se conoce de librarse de uno de dichos documentos es la muerte. Parecen ser completamente indestructibles. Al final del documento se encuentra ubicado un espacio para la firma. Una vez firmado el pergamino desaparece hasta la muerte de su portador. Un mismo portador no puede firmar dos pergaminos. Solo uno por persona. Lo que no se conoce de estos pergaminos es si estan destinados a una persona o se modifican en función de quien lo toca. Lo que se conoce es que una vez una persona toca un pergamino este solo podrá ser firmado por él. Creo que eso es todo en cuanto al pergamino ¿Alguna pregunta hasta ahora?- De nuevo su tono de borracho le volvió al final de la explicación, cosa que extrañó a Meil pero el chico sí tenía una pregunta.
-¿Qué pasa si no cumples la condición que te pide el contrato? Es decir por ejemplo, en el caso de antes si el hombre no hubiera fumado- Nick sonrió de forma siniestra asustando al chico.
-Mueres de la forma más dolorosa posible.- Meil tragó saliva al oir aquello, entonces si él...Si él no conseguía hacerse el más fuerte del mundo, entonces él... ¡Moriría! Al verle un poco tocado con el tema le contó algo- Existe un rumor que dice que los que firman un pergamino no podrán tener descanso eterno; Sino que iran directos al mundo del Maligno donde este les gobernará con justicia inflexible- Meil tragó de nuevo saliva, cada vez estaba más nervioso. El de ojos azules no le había contado nada de esto cuando firmó el acuerdo, estaba claro que había sido engañado. Nick al verlo nervioso rió y le golpeó en el hombro- Venga hombre solo es un rumor. Al fin y al cabo nadie ha regresado del otro lado para contarlo y si es verdad qué más da, ya nos ocuparemos de eso cuando lleguemos allí- El chico se dio cuenta de que había dicho ``nos´´ y por primera vez se percató de algo tan evidente.
-Nick ¿tú también eres un Portador del Poder del Pergamino?- El joven asintió confirmando sus sospechas.
-Aunque ya te contaré eso luego. Antes tengo que terminar de explicarte todas las cosas. El Mensajero- Meil se calló al instante al oir ese nombre y abrió bien los ojos como reaccionando.
-De este personaje solo se conocen rumores, pero dicen que es un enviado del mismísimo maligno. Se dice que es un ser sobrenatural superior al hombre. Que va por el mundo buscando a gente excepcional al que entregarle sus pergaminos y concederles poder. Se cuenta además que los pergaminos que reparte normalmente plantean condiciones más duras, claro que no es demostrable.-Meil fruncio el ceño. Ahora ya sabía quién era esa sabandija y la próxima vez que se cruzaran le diría cuatro cosas sobre el engaño.
- Pero dime, ¿cómo fue tu encuentro con él?- Preguntó curioso el borracho despertando al de ojos marrones de entre sus pensamientos. Después comenzó a contarle lo que le había sucedido hacía una semana y tenía que ver con ese tal Mensajero.
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A su vez cierto testarudo militar amigo del moreno de ojos marrones y estampa del cuartel, daba vueltas alrededor de su enorme despacho con las manos detrás de su cuerpo, claro signo de la enorme preocupación que por dentro le estaba consumiendo. Por supuesto tenía que ver con el destino de Meil pero todo había empezado nada más terminar el combate.
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Tras la gran batalla librada por los dos militares, el teniente y el sargento andaba por los pasillos mientras se dirigían hacia el cuartel general de la base donde podrían analizar lo ocurrido. De pronto Goenji se detuvo obligando a Mull a hacer lo mismo.
-Gracias- Dijo el peliplateado sin previo aviso haciendo dudar al gigante. Este se preguntaba porqué le daba las gracias pero las siguientes palabras de Goenji respondieron a cualquier duda que pudiera tener- Si no me hubieras gritado antes, seguramente hubiera matado a Meil. En un principio pensé en divertirme con el luchando cuerpo a cuerpo; Pero tras ese golpe... Perdí los nervios. En fin lo importante es que todo ha salido bien- Comenzó a andar de nuevo, pero esta vez Mull se quedó detrás suya con la boca abierta incapaz de creerlo. Entonces podría haber sido el fin de su cadete de no ser por su intervención... Ese Goenji era alguien muy peligroso. Se puso en marcha de nuevo y ambos llegaron a la gran sala que era conocida como el cuartel. Allí se realizaban la mayoria de reuniones de la base y se trataban los asuntos importantes. Una vez dentro Goenji se aseguró de que nadie más entraba en la sala y la cerró. En el centro de esta había una enorme mesa y ambos marines se sentaron en un lado de ella formando entre ambos un ángulo de 90 grados. Durante unos segundos nadie dijo nada. Goenji apoyó sobre la mesa sus codos y cruzó los dedos de las manos por delante de la cara ocultado su boca tras estas, en una pose que le daba un aspecto un tanto de estar pensando.
-Dime una cosa Mull. Meil, ¿te ha contado algo sobre el pergamino?- El silencio fue roto por las palabras del marine, pero Mull se mantuvo también con la boca cerrada algunos segundos intentando recordar lo que El Marine de Fuego quería.
-No, jamás me dijo nada, pero es cierto que me pareció extraño que su rendimeinto fuese mayor y mejor cada día hasta llegar a esos niveles increíbles de poder. Pero lo de hoy ha superado todo lo anterior- Goenji no dijo nada ante sus palabras, solo se quedó callado con la misma postura con los ojos mirando a la nada. Mull le miraba extrañado y preguntandose qué era lo que pasaba por su mente.
-¿Conoces lo que es el estado de Mass verdad?- Por primera vez torció la cabeza mirando al otro marine.
-Lo cierto es que no soy muy conocedor de todas las cosas relazionadas con los pergaminos- De nuevo otro silencio sepulcral se hizo dueño de la sala.
-Entiendo. Verás el estado de Mass es el momento en el que un portador del poder del pergamino consigue alcanzar el poder especial que le otorga el pergamino. El proceso no se podruce directamente dado que el cuerpo humano no podría soportar de golpe hacerse con tanta fuerza. Por ello los primeros días después de firmar el pergamino el cuerpo del portador se va preparando para ello, por eso se notan enormes mejoras en las capacidades tanto físicas como mentales del portador. Lo que me has dicho de Meil lo confirma. Una vez el cuerpo esta preparado se produce el estado de Mass. En ese estado el poder del pergamino se libera y posee al portador. Hasta ahora existían dos tipos de estado. En el que el dueño no tiene el control de su cuerpo y este va por libre hasta que consigue acostumbrarse al poder y en el que sí. Normalmente cuanto más se tarda en dominar el poder más poderoso es este, por tanto los que consiguen dominar directamente su poder suelen tener poderes bastante más débiles que los otros- Mull asintió ante sus palabras
-Sin embargo, como he dicho, hasta ahora existían esos dos casos pero ese chico me ha echo descubrir uno nuevo. Hasta ahora nunca ningún portador había sido capaz de hablar en el estado de Mass lo que me hace preguntarme ¿Qué demonios le pasa a ese chico? ¿Porqué él fue capaz de hablar? ¿y sino era él dado el estado, quién lo hizo? Esto no me gusta nada. Esta claro que por este echo el pergamino debe de haberselo entregado el Mensajero. ¿Pero porqué a él? Hay muchas incognitas en todo esto. Y me es muy díficil esclarecer el asunto sin información. Otra duda que tengo es sobre su poder. No quedó claro qué clase de poder es. En nuestro combate lo único que pude averiguar es que puede usar el oxigeno para mejorar su fuerza- Mull estaba increíblemente sorprendido por la capacidad de deducción del peliplateado, él apenas había llegado a la mitad de esas conclusiones y por supuesto ni siquiera se le había pasado por la cabeza lo de el poder de Meil
-¿Cómo sabes que usó el oxigeno?- El Marine de Fuego sonrió.
-Durante nuestro combate vi mejoras continuas en su condición física, sin embargo seguía con la duda de cómo lo hacía hasta que llegó el momento de derrotarle. Cuando estaba encerrado por mis llamas en lo alto del tejado el oxigeno empezó a ser consumido rápidamente. Como cada vez había menos oxigeno sus músculos no pudieron mantener ese tamaño y empezaron a regresar a su vólumen original, causandole gran daño al chico, dicho sea de paso.-Otra nueva pausa se formó entre ambos hablantes.
-Entiendo...- Mull dudaba entre si preguntarlo o no pero finalmente se atrevió- ¿Y qué va a ser del chico ahora?- Preguntó preocupado la mole.
-Según como yo lo veo tenemos dos opciones. Mantenerle encerrado y estudiar sus extrañas habilidades o matarle, no podemos arriesgarnos a dejarle suelto tras hablar en el estado de Mass podría ser un arma de doble filo- Al alto marine le costó asimilar lo que Goenji acababa de decir. Así que ese era el horrible futuro que le esperaba a su cadete. No. ¿Porqué tenía que ser así?
-Permaneceré en la base hasta que se despierte sino te importa, además quisiera ser yo el que tuviera que responder ante el gobernador sobre lo ocurrido en la isla- Mull estaba como ido pero asintió a las palabras de Goenji mientras este se mantenía sentado.
-Bien ahora debemos hablar del ataque a la base por parte del Lunox. No sabemos quién ha sido el que ha traido a la criatura. Pero algunos de mis hombres han estado investigando por la colina y han encontrado la jaula donde habían transportado el animal a la isla- Mull ladeó la cabeza, Goenji ya había cambiado el tema y él tenía que estar atento. Lo de Meil era una pena, pero él no podía hacer practicamente nada.
-No puedo saber quién sería tan loco como para atacar contigo en la base. Hubiera sido mejor esperar a que te marcharás según lo veo.- Razonó el gigante.
-Pues yo lo encuentro logico. Si tienes en cuenta que yo era el objetivo.- Mull abrió los ojos como platos asombrado- Esta claro, sino no sería de explicar que el obejitvo del lagarto fuera en todo momento la base de la marine y que, curiosamente, el día y el momento en el que se produzca el ataque sea cuando yo estoy en la isla y me encuentro en la base.- Mull se pusó a pensar tras las palabras de su compañero, tenía razón. Ese marinero era muy listo, pero seguía sin poder quitarse del todo de la cabeza lo que le había dicho de Meil...
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Mull volvió en si, despertando de esos recuerdos, gracias al sonido de la puerta al ser aporreada. Fue a abrir rápidamente mientras mantenía la misma duda que durante esos tres días le estaba atormetando en lo profundo de su mente. Al otro lado se encontró con un joven marine que le hizo el típico saludo que correspondía.
-Señor, creo que le gustaría saber que Meil ya ha despertado y que en breves momentos tendran la esperada reunión con el gobernador
-Muy bien, entendido, puede retirarse enseguida voy. Avise al teniente Goenji de paso- El marine asintió y se fue dejando de nuevo a la mole con sus pensamientos. ¿Qué le deparaba al joven marine ahora? ¿Optarían por matarle? El futuro del chico en cualquier caso era muy oscuro y el propio joven parecía ignorarlo completamente.
-Y eso es todo sobre el estado de Mass- Terminó de contar el borracho más o menos lo que Goenji le había dicho a Mull. Meil asintió, por fin ya conocía todo lo que debía de saber por el momento sobre los pergaminos, pero, ¿le serviría de algo? Su futuro ya estaba decidido y en cualquier caso él no saldría beneficiado. ¿Sería este el fin de sus aventuras?
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Ya esta terminado el cap. No fue facil pero lo hice. Creo que me dio un buen resultado aunque como siempre vosotros sois los que teneis la ultima palabra. En el siguiente capítulo pasaran cosas muy interesantes, habrá algunos combates más y otros tantos disparos no os lo podeis perder. Y ahora os dejo algunas preguntas.
-¿Te gustó el combate Meil vs Goenji? ¿Quién creias que iba a ganar?
-¿Es justo lo que le va a pasar a Meil? ¿Mull debería hacer algo?
-¿Cómo es que el cocinero borracho sabe tanto de los pergaminos?
-¿Cuál puede ser el poder de Meil?
-¿Teneis alguna idea de lo que va a pasar en el proximo capítulo?¿Me la contais?
- Y la ultima. ¿Quereis que Meil y Goenji se vuelvan a ver las caras?
¡Nos vemos en el proximo cap. Bye!
