Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Vegeta subió agraciadamente una escalera en espiral a la torre principal. Tenía planes por realizar. El oscuro mundo estaba lleno de desorden. No había sido así desde que Vegeta había asesinado a su padre, coronándose a sí mismo como Rey del Inframundo. En ese momento todas las criaturas sombrías habían estado satisfechas con el nuevo mandatario con falta de conciencia y corazón de piedra. Ahora su sed de sangre y caos estaba provocando tumultos que incluso el Rey no podía ignorar. Incluso el infierno tiene sus límites.

También anhelaban por cambio y como siempre deseaban poder sobre todas las cosas. Al no ser un gobernante que desagrada a sus súbditos, Vegeta estuvo más que feliz en silenciar sus necesidades. Finalmente llegando a la sala de conferencias, Vegeta se reunió con 7 guerreros, cada uno reverenciándose con respecto para el rey. Cada uno sabía bien que incluso la más mínima falta de respeto por su amo podía enviarlos a los fosos del Infierno para quemarse por la eternidad. También sabían que el destello en los ojos del Señor de la Oscuridad no debía ser ignorado. Él tenía un plan.

Tomando sus lugares, esperaron lo que parecía toda una vida hasta que la gélida voz de Vegeta sonó.

"Hermanos. He ideado un plan que conquistará el Paraíso del Oeste, poniéndolo bajo mi control." Vegeta estaba complacido por las miradas boquiabiertas y los sorprendidos rostros que fueron su respuesta a su declaración anterior. Pero desgraciadamente, había más y continuó.

"Una vez que tenga el control completo del Paraíso del Oeste todo el Paraíso de Este será ganado rápidamente y conquistado." Más miradas boquiabiertas.

"Um." de pie estaba un bajo, calvo hombre que evidentemente tenía una pregunta. Vegeta miró al hombre sospechosamente. Este hombre no era ningún Guerrero del Infierno, sino meramente un científico que había llegado a mano de vez en cuando con dementes instrumentos de tortura. No había adquirido ningún respeto de los otros guerreros endurecidos por las batallas en la habitación y ciertamente no de Vegeta que creía que el valor era medido por la fuerza solamente. Aun así, Vegeta le indició al hombre que siguiera.

"Yo... no creo que sea posible... eh... su más honorable Señoría." Tartamudeó, "Las defensas del Paraíso del Oeste son mucho más avanzadas que las nuestras propias. Si tanto como pasamos más allá de la barrera el Alto Señor será notificado y una guerra total empezaría, una que ni siquiera usted podría ganar." Los otros en la sala se sentaron en sorpresa ante el alguna vez aparentemente cobarde hombre que acababa de informar al Rey Demonio de sus limitaciones. Aun así, sintieron la ira salir de Vegeta y filtrarse rápidamente en sí mismos.

"Así que. ¿Dudas de mi capacidad, Oolong?" Hervía él. Los sentimientos de Oolong de autoestima se deterioraron rápidamente cuando vio que los ojos de Vegeta alguna vez carbón negro tenían un círculo de color rojo sangre un alrededor de la pupila y el iris. Soltó una disculpa ahogada demasiado tarde. Una gran explosión de energía se disparó contra él destrozando sus huesos y desintegrándolo en menos de un segundo. Los ardientes ojos de Vegeta se lanzaron de un guerrero a otro, buscando a los seis que quedaban. Sangre fue salpicada en su cara y se veía a punto de perder completamente el control.

"¿Alguien más quiere expresar una opinión?" gruñó en un tono sobrenatural. Como nadie respondió Vegeta comenzó a calmarse. Una vez que tuvo el control de sus acciones siguió.

"El plan es simple. Cruzamos la barrera del Paraíso del Oeste provocando un gran alboroto, que Oolong tan gentilmente predijo. Con sus defensas distraídas, ellos seguramente no notarán a los dos guerreros enviados en una misión para infiltrarse en la torre del Gran Rey." Miradas de acuerdo iban y venían y aunque ninguno de ellos tenía la más mínima sospecha de qué era la misión se mantuvieron en silencio, permitiendo que su amo continuara a voluntad con los detalles.

"La misión no es más que esto." Sonrió.

"Infíltrense en el castillo... Secuestren a la hija del Gran Rey. La angelical Princesa Bulma."


"¡Ridículo!" Retumbó el Gran Rey. Su voz estallando a través de todo el Castillo de Luz. Sin embargo, su angelical hija estaba resuelta de pie, una mirada severa en su bello rostro.

"Nunca he escuchado tal ridícula idea. Los Demonios teniendo almas. ¡Bah! ¡Ridículo!" Chilló.

"Sólo porque no se ha escuchado no quiere decir que sea absurdo, Padre. Tal vez si sólo les damos una oportunidad, podríam-"

"¡¿Darles una oportunidad?! ¡Bulma, estás soñando!" Interrumpió él.

"Los demonios no tienen almas. Tú de todos los ángeles deberías saber esto. ¿O te has olvidado tan convenientemente de la muerte de tu propia madre a manos del antiguo Rey Demonio?" Bulma tragó duro. Por supuesto que no se había olvidado. Pensaba en ello cada día.

"No... no me he olvidado padre."

"Oh? ¿Entonces dónde estaba su corazón? ¿Hm? ¿Su alma?" preguntó bruscamente.

"¡¿Qué hay con el hecho de que los ángeles se suponen que tienen misericordia y amor a todas las criaturas?!" Bulma disparó en respuesta.

"Sí bueno... también se supone que perdonamos y olvidamos. ¿Has perdonado a ese monstruo por matar a tu propia madre mientras mirabas?" Su voz se partió al final y se dio vuelta ferozmente determinado a mantenerse fuerte frente a ella. Ella tragó de nuevo.

"Eso no significa que todos ellas son totalmente malvados, Padre. Si sólo les diésemos la oportunidad, tal vez incluso un tratado podría hacerse."

"Un tratado.. ¡¿Hecho con el infierno?!" Rugió él.

"¿Y tú tienes alguna idea con quien sería hecho ese tratado Bulma?" La miró sin realmente esperar una respuesta.

"Con el nuevo Rey Demonio." Dijo audazmente, complacida de sorprenderlo fuera de guardia por lo menos esta vez.

"Sí. ¿Y tienes alguna idea de qué tipo de hombre es? Él es mucho peor incluso que su padre... Que incluso el padre de su padre. Él es un monstruo chupar sangre Bulma. Él tortura. Mata. Destruye. Vive para esos fines solamente. Incluso mató a su propio padre sin pensarlo un momento cuando sintió que era su tiempo para regir. Él es un asesino despiadado Bulma. No es un hombre para hacer tratados de cualquier tipo." Intentó calmarse a sí mismo, sacudiendo su cabeza y siguiendo.

"Lo entenderías si estuviera en mi posición-"

"Pero-"

"¡Pero NO estás en mi posición!" gritó interrumpiéndola mientras apuntaba un dedo cerca del rostro de ella.

"Por lo tanto honrará mis decisiones como tu padre y Rey. Encuentra tu lugar hija. ¡No está aquí!"

Lastimada, Bulma salió rápidamente de la habitación, lágrimas cayendo por sus mejillas.

El Rey se odiaba a sí mismo por perder su temperamento con ella. Ella estaba más molesta de lo que dejaba ver y era mucho más frágil de lo que nadie sabía. Las cosas no habían sido fácil con ellos desde que había anunciado su compromiso con el hijo del Rey del Este, el Príncipe Yamcha. Él sabía que Bulma se preocupaba muchísimo por el futuro Rey del Paraíso del Este pero despreciaba ser obligada a hacer algo.

'Así como su madre.' Suspiró para sí mismo. Ella había creído mucho en la manera que Bulma lo hacía, que las criaturas de la luz y la oscuridad un día podrían llegar a un acuerdo, poniendo fin a todas las guerras entre ellos. El Rey había perdido a su Reina debido a esas creencias distorsionadas y se negaba a perder también a su hija por las mimas.

Bulma marchó airadamente a su habitación. Estaba disgustada con sí misma por dejarlo verla llorar. ¡Qué "Gran Rey de amor y bondad" era él! Se acostó sobre su cama reflexionando todo lo que se dijo. Su mención sobre su madre había cortado tan profundamente como si la hubiera tomado con la guardia baja. Cerró sus ojos mientras destellos de una no deseada memoria cursaba a través de su cabeza.

El alto apuesto guerrero vestido de negro, sosteniendo a su madre en el aire. Sus alas de cuero negro bateando con gracia en malvado deleite. El rostro de su madre distorsionado en dolor y horror. Podía sentir la sensación de traición de su madre mientras el maligno Rey reía antes de sacar sus colmillos a la expuesta garganta de la reina.

La alarma sonó, rompiendo el recuerdo. Bulma sintió una oleada de alivio antes de notar la gravedad de la situación. Los demonios no habían atacado desde la muerte de su Señor y la alarma había asustado a todos los ángeles del palacio en un caótico frenesí de histeria. Se movían por todas partes en confusión, llenando las salas con sus lamentos y apresurados pasos. Algunos encontraron refugio en las mazmorras, creyendo tontamente que era el lugar más seguro en caso de que los demonios de alguna manera lograran superar la barrera y liberaran un ataque completo. Otros que no compartían ese punto de vista, vaciaron el castillo totalmente buscando otro lugar para su seguridad.

Bulma se quedó en sus cuartos. Se negó a ocultarse como un niño llorón o huir como un ladrón en la noche. Tenía su dignidad. Además, si los demonios ganaban la batalla, no habría lugar seguro. Si iba a morir, lo haría con honor.

Sin embargo, la valentía no podía ayudarla en esta situación. Su ciegamente heroico lado anheló seguir a su padre a la batalla. Tal vez ni siquiera para participar mas para ver. Sin embargo, ella sabía que si lo seguía él la empujaría fuera, diciéndole que no era su lugar.

Se recostó sobre su cama suave jalando de las sábanas blancas sobre ella y mirando alrededor de la blanca habitación... Cuán aburrida. ¿Era el cielo tan falto de originalidad que era totalmente desconocida una variedad de colores?

"¿Dónde exactamente está mi lugar?" dijo en voz alta. Había intentado que fuera sólo para ella pero era obvio que había asustado a los dos ángeles hombres a cargo de velar su habitación. Sonrojándose levemente, movió su mano delicadamente, indicándoles que se fueran de la habitación y ordenándoles silenciosamente que cerraran la puerta detrás de ellos.

Su lugar ciertamente no estaba aquí. Con su estilo de vida aburrido. Su forzado compromiso. Dónde demonios estaba la aventura de la vida. A los 17 su vida ya había sido planeada para ella.

Recordó a su madre de nuevo, sosteniéndola hace mucho tiempo cuando le había hecho la misma pregunta. Lágrimas fluían libremente de sus ojos azules plateados mientras se había sentido avergonzada por el regaño anterior de su padre. Su madre le había sonreído dulcemente mientras acunaba suavemente a la joven Bulma.

"Algún día lo sabrás mi joven Princesa." Le había dicho.

"Tal vez encontrarás tu lugar donde menos lo esperes... Pero ya sabrás. Ya sabrás." Su suave voz había tranquilizado a su hija. Acarició acarició el satinado cabello azul de Bulma. Brillaba mientras fluía a través de sus dedos como húmedos diamantes, brillando en el sol.

Bulma suspiró volviendo a la realidad. Estaba herida. En su corazón estaba herida. Estaba ahí. Al igual que siempre lo estaba. El frío y vacío pozo de la soledad que nunca parecía sanar. Y en lo más profundo estaba la miserable sensación de dolor. Como si le hubiera fallado a su madre.


"Ahora no te olvides, Draco. Encuentra al ángel, deja el sello y luego tráemela." La amenazadora siniestra voz del Señor Oscuro hizo eco través de su cabeza. Draco no era otro más que el hermano mayor de Vegeta cuya proclama de ser el primer nacido había sido robada por Vegeta cuando él le había arrancado el corazón del pecho de su padre, nombrándose a sí mismo el legítimo Rey. Vegeta era más fuerte que Draco, esto lo sabía, pero sin embargo el malvado corazón de Draco anhelaba por el trono y sonrió revelando sus colmillos blancos, tan parecidos a los de su hermano.

'Tengo un plan propio, Hermano.' Se mofó para sí mismo.

Su compañero, Dodoria, lo miró nerviosamente. Dodoria era un perfecto seguidor de su rey. Su lealtad era inquebrantable y por eso fue que había sido elegido por el rey mismo para controlar esta misión. Todavía podía recordar la mirada de asco del Señor Oscuro mientras examinaba el insalubre físico y horrible forma de sus más ávido seguidor. Era bien sabido que Vegeta era un admirador de la belleza y esta era una bendición que no había sido honrado en sí misma sobre Dodoria. Aún así, se vio favorecido por su fuerza y determinación imparable. Además, no era tonto alguno. Conocía los insanos celos de Draco de la corona de su hermano y trató de no pensar en las terribles consecuencias que podría tener en la misión. Gritos de batalla gritos sonaban en la distancia como una señal para los dos guerreros. Había llegado el momento.

Se deslizaron en silencio a través de los Bosques Oscuros, la barrera entre el Cielo y el Infierno. Dodoria sostenía en una mano su espada y en la otra, agarraba con firmeza una carta, sellada con la insignia rojo sangre del Señor Oscuro. Dodoria no necesitó romper el sello para saber qué conocimientos su Rey había almacenado en la carta. Era una nota de rescate. Tomando a la hija del Gran Rey de rehén, Lord Vegeta obligaría al Rey a entregar su trono dando a Vegeta control sobre la mitad del Paraíso. Con ese tipo de poder sobre el Cielo y el Infierno, no pasaría mucho más hasta que la rienda más oscura de todas se desparramara alrededor del universo. Vegeta exigía una respuesta dentro de un mes o el nefasto castigo sería guardado para ella.

Dodoria tragó duro, conociendo muy bien las consecuencias si fallaba en su parte.

Finalmente pasando a través de la barrera, vieron frente a ellos una torre blanca de magnitud inimaginable. Irradiaba tal inmensa luz que encegueció los ojos de los guerreros del Infierno temporalmente. Siendo del Mundo de la Oscuridad, nuca habían visto tanta luz. La despreciaban. Como despreciaban todas las criaturas de corazón puro del Paraíso.

Trepando como arañas por los muros del castillo, se señalaron en silencio el uno al otro que, hasta el momento, habían permanecido sin ser vistos. Se levantaron, esto siendo un exuberante esfuerzo extra para Dodoria, y se infiltraron en el interior. Miraron con total incredulidad al enfermo paisaje a su alrededor. No permanecerían inadvertidos por mucho tiempo. Sus negras alas y ropas constrastaban horriblemente con las tejas y paredes de color blanco que los rodeaban. Sus negros ojos quemaban por la luz que fluía a su alrededor pero de manera silenciosa se deslizaron a través de los pasillos que Dodoria subconscientemente dejó salir un grito de shock mientras una flecha blanca voló pasando por su cabeza, errando tan solo por meros centímetros. Rápidamente, Draco desenvainó su espada y evisceró al culpable, un guardia del palacio que no sorprendente estaba todo vestido de blanco. Los dos guerreros parecían satisfechos mientras miraban la sangre manchar la blancura de la túnica del hombre y reptaba como serpientes a través de todo el suelo de azulejos blancos.

Antes de que se dieran cuenta, más y más guardias de palacio salían de los blancos pasillos, espadas listas para una guerra total. Sin piedad, los guerreros asesinaron a cada uno de ellos. Sus muertes no fueron totalmente en vano ya que los demonios sostuvieron muchas una herida sangrienta de los guardias. Cuando el último de los Ángeles cayó, Dodoria y Draco revisaron el daño que habían causado. Sangre salpicada en la pared como pintura carmesí y mórbidas impresiones de manos habían sido colocadas en las blancas paredes y borroneadas cuando los guardias del palacio habían tratado en vano de soltar sus agonizantes cuerpos del resbaladizo piso.

"Bueno..." comenzó Draco cuidadosamente.

"Este lugar estaba en necesidad de algo de color de todos modos."

Dodoria rió ante el siniestro sentido del humor de su compañero a pesar del dolor que estaban sintiendo. Podía ser demasiado parecido a su hermano menor de a momentos. Las desubicadas grietas de humor. 'La bella apariencia.' Pensó amargamente para sí mismo.

En silencio, siguió a Draco que hábilmente se movía a través de los pasillos como si supiera exactamente donde estaban yendo. El sorprendente sentido de orientación arrojó a Dodoria completamente en un bucle. Le hubiera tomado a él todo el día lograr hacer su camino sin Draco. Y para ese momento hubiera estado luchando contra el Gran Rey mismo.

Para ser bastante honesto, no tenía ninguna idea qué estaba buscando. Vegeta sólo había remarcado que la reconocería por su inigualable belleza.

"NO te debilites por su apariencia. Ella es el enemigo. Sólo una que debemos salvar. Ella se verá como nada que hayas encontrado antes pero no dudes en secuestrarla con fuerza si es necesario. Pero ten en cuenta esto, si tanto como doblas un cabello en su cabeza, sus vidas pagarán el precio. Han sido advertidos." Las amenazas del Rey Oscuro nunca estaban vacías y Draco sabía esto, como había concebido su plan alrededor de ello.

Dodoria de nuevo estudió a Draco, deseando con todas sus fuerzas tener la habilidad de leer mentes. Alejando la vista, estudió sus ridículos alrededores de nuevo. Los odiaba con absoluta pasión. Todos los demonios odiaban la luz. Él no era acepción alguna. El puro brillo de ella todo quieto picaba en sus sensibles ojos. Pero por desgracia... su odio era más que superficial. Iba directamente a través de su oscuro corazón. Un profundo odio sembrado.

Mientras Dodoria seguía a Draco dentro de una gran habitación, escuchó un jadeo despertando una joven mujer. Ella exaltadamente saltó poniéndose de pie y los miró de manera confundida. Sus ojos cuidadosamente se movieron de ellos a la puerta, su único medio de escape. Sin embargo, por el momento, ella valientemente marcó su terreno.

Ahora Dodoria entendió las advertencias de su amo. Era hermosa. Nada como las putas en el Infierno, que colgaban perezosamente alrededor del palacio en ropa negra transparente.

Ella estaba envuelta en un brillante vestido color blanco que, intencional o no, abrazaba cada curva de su seductor cuerpo. Dudó que ella siquiera supiera cuan incitadora era con esa impecable curvilínea figura y suave y levemente bronceada piel. Nada podía compararse a su atento rostro que estaba decorado con dos, casi cristalinos ojos, pequeña nariz e insondablemente plenos labios borgoña. El largo, exótico cabello blanco brillaba plateado con poder azul de vetas mientras fluía a lo largo de su vestido sin espalda.

Dodoria la quería. Casi se lanzó hacia ella antes de recordar la dura advertencia de su amo.

Viendo la lujuria en ambos de sus ojos, Bulma corrió hacia la puerta. Antes de que pudiera alcanzarla, un hombre voló frente a ella y fue todo lo que pudo hacer para evitar chocar contra él. Estaba acorralada por los demonios que le sonreían malvadamente con afilados colmillos caninos. A decir verdad, nunca había estado tan cerca de un demonio. De hecho, sólo los había visto una vez y había sido suficiente para ser atrapada en el frío agarre del terror. Oh, había visto muchas pinturas de demonios legendarios de antaño pero no era nada como esto. Uno era sorprendentemente grotesco y gordo. Se sorprendió del cinturón sosteniendo su envainada espada, simplemente no hubiera roto sus costuras. El otro era hermoso, alto y magro, con un físico muscular que estaba segura que había heredado de algún alto rango de gen familiar.

Aunque enfermamente atraída a él, sabía que tenía que alejarse de ellos. Tan lejos como fuera posible.

El miedo en sus ojos la traicionó y ellos rieron desdeñosamente, un sonido que hizo a la boca de su estómago aletear y a sus músculos tensarse con ira. Odiaba ese sonido. Sin pensarlo, se lanzó por la ventana, atravesando el vidrio en miles de brillantes piezas que se desparramaban como lluvia a su alrededor. Cayó rápidamente, demasiado rápido para que sus alas atrapen el aire a tiempo, y golpeó a través del delgado cielo raso, aterrizando pésimamente a su lado en otra habitación blanca. Aunque sus ojos se demoraron horriblemente, sin desear ver lo que sabían que estaba allí, se obligó a alzar la vista hacia arriba. Levantando la vista, vio a los Demonios descender rápidamente hacia ella, arrastrándose magníficamente por la pared de piedra blanca. Desesperadamente, intentó recuperar su equilibrio y soltó un exasperado grito mientras el dolor en su cuerpo casi abolía todo el poder de voluntad. La caída la había puesto en malas condiciones y siendo incapaz de ponerse de pie, se sintió como un pato en espera a ser disparada. Como la tonta mosca que tan confiadamente vuela en las redes de arañas y se quedan estancadas, esperando en terror mientras la criatura se mueve tortuosamente lenta hacia ellas.

En un último desesperado intento, ignoró las enfurecidas demandas de su cuerpo, e hizo un rápido vuelo a la puerta opuesta de la habitación. La esperanza creció en su pecho mientras extendía su mano hacia la perilla sólo para colapsar con un pecho duro como una roca antes de ser golpeada y quedar inconsciente.