Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Solo con la Princesa, Vegeta era libre de examinarla de cerca. Mientras caminaba en círculos alrededor de ella, notó la manera en que ella temblaba bajo su escrutinio. Admiraba su valentía. Intentaba tan notablemente de ocultar su miedo, recubriendo su postura con decidido desafío. Incluso lo miraba directamente a los ojos, una proeza que pocos demonios guerreros podían lograr. Sus heridas, tan obviamente hechas por Draco, sin duda le dolían profundamente.

Como si ella misma se hubiera dado cuenta de esto repentinamente, se derrumbó sobre sus rodillas al frío suelo de piedra. Se acobardó en el suelo, alzando su vista hacia él, hirviendo en inexpresada rabia. Incluso le mostró los dientes, moliendo las brillantes perlas juntas en odio ante su última humildad. Él era su enemigo. Y ella el de él. Ambos simplemente se miraron fijamente uno a otro, ninguno haciendo movimiento alguno.

Simplemente contemplando tal monstruo hizo que su ira explotara. Pero luego de nuevo, se sostenía en una bahía por su soberbio miedo por él. Él podía desgarrarla en pedazos antes que incluso se diera cuenta que la tocó. No era nada más para él que otra inútil vida que quitar de la existencia. Y si la necesidad se producía alguna vez, no lo dudaría. Ambos sabían esto.

Vegeta se agachó frente a ella, tan silenciosamente que ni siquiera lo había notado moverse hasta que fue enfrentada con los muertos ojos negros frente a los suyos. Era obvio que el recibía alguna clase de enferma emoción en ver el mortal miedo de ella hacia él.

Sin embargo, él miraba dentro de sus ojos azul crista, admirando su semejanza a un raro diamante. Era exquisita. Como una antigua escultura de la pagana Diosa Afrodita, era hermosa a los máximos extremos. Tan diferente, era, de las mujeres que había encontrado en toda su vida. Era extraño. Casi parecía irradiar luz. Una luz que la mayoría de los demonios odiaban pero que lo había fascinado toda su vida. Por todas sus características, Vegeta llevaba la capa de la curiosidad más frecuentemente.

¿Quién de nosotros podría decir que nunca hemos estado sentados despiertos en la noche y preguntándonos que es lo que existe fuera de esta tierra? ¿Quién de nosotros admitiría que lo prohibido no era, en sí mismo, una ciega tentación de nuestra siempre manipuladora curiosidad? Y así era con Vegeta. Viviendo en un oscuro reino, a menudo se preguntaba cómo se vería el paraíso, aunque nunca se le había dado la oportunidad de rivalizar su asombro. La idea todavía lo plagaba como una enfermedad, constantemente recordándole de su insolencia en la materia. Nunca había visto el paraíso.

Bulma se sentía cerca de las lágrimas. Estaba atemorizada y lastimada, arrodillada como un niño llorando en el frío suelo. Siendo inscesantemente examinada por un animal asesino. Su inquebrantable mirada estaba poniéndola cada vez más incómoda. Nadie la había mirado de esa manera antes. No se atrevían. Era caso cazadoramente, seductor, una mirada entregada por su furuto marido. La usaba a menudo cuando intentaba persuadirla de entregarle su inocencia. Un acto que nunca había hecho, ni haría hasta que estuviera lista. Sólo que la mirada del demonio era mucho más intensa, como si quisiera más que sólo su cuerpo. Cómo si ella tuviera la llave para el paraíso que él estaba tratando de alcanzarla. Sus hinchados labios temblaron en miedo antes que pudiera morderlos.

Él lo había notado. Lentamente, el demonio levantó su mano para tocar su rostro suavemente, su pulgar rozando sobre su labio inferior. Eso la maravilló. El contacto era ambos caliente y frío al mismo tiempo. Ligeramente pero estaba allí, como nada que hubiera experimentado antes. Él parecía estar calmándola mientras sus dedos rozaban su desgarrada mejilla en preocupación. Era simplemente sorprendente que una criatura tan malvada, capaz de tales monstruosidades que nunca sabremos, pudiera tocar una herida tan tiernamiente.

Aún así, ella se sintió humillada por su miedo y frustrada que no pudo evitar que la ira quemara por dentro. Una solitaria lágrima se escapó de sus borrosos ojos, deslizándose hacia abajo por su suave mejilla.

El Rey miraba confundido por lo que estaba sucediendo. ¿Qué era esta extraña reacción que ella estaba teniendo? ¿Por qué el líquido estaba cayendo por su mejilla?

'Él nunca vio lágrimas antes' pensó para sí misma. Era triste en una manera morbosa. Se preguntó si los demonios incluso podían llorar y liberar las hirientes sensaciones que guardaban dentro. Él la miró por varios momentos, observándola como un niño lo haría con un peligroso insecto.

Vacilante, la tocó y mientras lo hacía cayó al suelo y se destrozó congelada. La respiración de Bulma falló inmediatamente y volvió en rápidos horrendos jadeos. Él era un monstruo. Como si para calmarla, él tocó su rostro, de nuevo examinando sus heridas. Aún así, su tacto era un poco caliente, recordándole los peligros que acechaban detrás de su máscara de aparente preocupación.

"¿Por qué mentiste por Draco?" preguntó él repentinamente. La firmeza de esas palabras la dejaron sin habla. Él sabía que ella había mentido. Él sabía y ahora su propia vida colgaba en su inmediata respuesta. Mordió dolorosamente en su tembloroso labio para silenciar las lágrimas que rogaban ser liberadas.

"Yo..." comenzó. ¿Cuántos recuerdos experimenta uno justo antes de morir? Su honor. Su orgullo... Basura en el largo camino. Moriría sin ninguno. Sólo un sacrificio por un asesino.

"No quería que lo mataras." Respondió encontrando su mirada. La sensación de veracidad en sus palabras pareció calmarlo.

"¿Por qué?" él inclinó su cabeza a un lado.

"Seguramente debes saber que él no haría lo mismo por ti." Dijo las palabras en un duro tono de voz reprochante. ¿Cómo podía responder ella? Quiero decir, ¿cómo exactamente explicarían el concepto de piedad a una criatura que nunca la ha sentido o la a mostrado? ¿Cómo podía justificar sus acciones a un demonio que probablemente no sabía lo que quería decir la palabra?

Viendo su obvia lucha por hablar, se puso de pie, sobrepasando su temblorosa figura.

"Eres débil." Le informó en una voz despreciable.

"Pronto aprenderás que tales acciones pueden significar tu fallecimiento y mentirme te lo asegura." La apuntó con una afilada uña en un movimiento intimidatorio.

"Mantente alejado de ambos y podría en realidad permitirte vivir." Dijo las palabras como si la vida de ella yaciera en la palma de su mano. En realidad si quieren ser críticos... realmente lo hacía. Sin pensarlo, Bulma le hizo una pregunta que inmediatamente lamentó.

"¿Cuál es tu nombre?" Creo que ambos estuvieron sorprendidos por su audacia. Preguntar cualquier cosa al Rey Demonio, por no hablar de esa pura vengativa pregunta era pura insolencia. Él pareció ponerse rígido mientras reflexionaba si darle a tal tonta pregunta una respuesta.

"Vegeta." Respondió simplemente.

Amablemente, se inclinó y la levantó, suavemente cargándola en sus poderosos brazos. Bulma remarcó para sí misma que nunca había sido cargada tantas veces en su vida como había sido este día. Incluso más en silencio, se dijo a sí misma que Vegeta la cargaba mucho más agradablemente que su desdichado hermano, deslizándose a través de los pasillos y escaleras como si estuviera volando. Pocas veces pudo haber jurado que había visto sombras moviéndose y escuchado puertas cerrándose, pero nada por seguro clamaba que hubiera otros habitantes en este mórbido santuario del mal.

Cargándola con rápidez por un largo vuelo por las escaleras el escenario cambió drásticamente. El frío suelo de piedra fue sustituido por brillante mármol negro. Vulgares pinturas alineadas en las paredes, la mayoría haciéndola ruborizarse y voltearse. Remarcó solamente en silencio cuan protegida de tal arte había estado toda su vida. A pesar de ser agraciadamente sorprendente, los murales retrataban actos en los que ella sabía eran prohibidos, al menos fuera del matrimonio.

Todo el tiempo ella estuvo evitando mirar demasiado tiempo a las pinturas, Vegeta estaba estaba en completa ignorancia. ¿Qué le importaba a ella cual era su nombre? Todo lo que necesitaba saber era cómo evitar disgustarlo. Aún así, con toda honestidad estaba enojado y no con ella. Simplemente ingrigado por su pureza e inocencia. Qué extraña criatura era este ángel.

Mientras entraban en la habitación, Bulma jadeó. Era enorme. Completamente negra y roja. Estaba decorada para la realeza y cada postigo estaba atado con un revestimiento negro. Las ventanas estaban cubiertas con gruesos apretados terciopelos y, muy para su pesar, costosas pinturas de mujeres desnudas decoraban cada pared. En la esquina lejana estaba una cama que solo podía ser imaginada en el sueño más salvaje de una virgen. una monstruosa baldaquín cama, cubierta en terciopelo rojo y gran material. La cama tenía tallados de gárgolas y otras leyendas de demonios. La llamaba tanto como la atemorizaba, Se remarcó para sí misma que a pesar del obvio morbo que sostenía, era por lejos la más exquisita habitación en la que había estado alguna vez.

"Bueno, ¿qué esperabas Princesa?" Vegeta gruñó.

"¿Un calabozo? No somos tan bárbaricos." Él casi rió. De alguna manera ella no le creyó pero decidió no vociferar tal opinión mientras él movía el terciopelo y el gran rojo material, recostándola en el negro edredón. Él podría haberse reído en cómo su claro cabello y vestido se enfrentaban con el negro material pero decidió que la situación era por demás demasiado tensa para ella como estaba.

"¿Por qué estoy aquí?" exigió ella. Su tono casi disparó su temperamento. Aparentemente su gratitud por él por no desintegrarla hasta los huesos estaba ausente.

"¡¿Por qué me secuestraste?!"

El Rey Demonio estaba simplemente sorprendido. Nadie, quiero decir nadie le había hablado de esa manera. ¿Cómo no había visto este lado de ella? Era tan mandona y dominante, lo que, a decir verdad, solo parecía intrigar su siempre presente curiosidad aún más. Estuvo de pie allí frente a ella estudiando las llamas en sus ojos cromo antes de elegir honrarla con una respuesta.

"Estás aquí," comenzó, "como un rehén. Envié a uno de mis guerreros, a buscarte, y dejar un mensaje para tu padre. Él entregará su reino... para recuperarte."

Bulma rió. Por Dios realmente rió... un reprochante sonido que envió ira penetrando cada parte del cuerpo de él.

"¡Estás loco si crees que mi padre alguna vez haría un trato con alguien como tu!" escupió reprochante. Vegeta continuó luchando para mantener la calma.

"No seas tan apresurada, mi ángel. Soy plenamente consciente de las debilidades de los ángeles. Sus siempre presentes consciencias, sus justas emociones. Tu padre se preocupa por ti profundamente Princesa. Esa será su caída." Vegeta rió en confianza.

"Y Mi clase está plenamente consciente de la traición de tu clase. Más que nada mi padre. Él nunca entregaría el Paraíso del Oeste a alguien como tu. Incluso si viniera con un precio." Se mofó ella.

"Es un pequeño precio que pagar con tal de prevenir que causes las muertes de innumerables ángeles." Terminé.

"¡Estás equivocada!" Contrarrestó fúrico.

"Eres todo para él. Su preocupación por ti lo hace el débil que es. Me atrevo a decirte que el pobre viejo tonto incluso se te ama." Dijo la palabra como si fuera una cosa detestable.

"¡Por supuesto que me ama!" gritó ella sentándose en la cama. Estaría condenada si le permitía intimidarla en esto.

"¡No es que esperaría que un cruel, descerebrado animal como tu entendiera qué es el amor!"

Demasiado tarde para retractarse, Bulma gritó mientras la ira de Vegeta y la temperatura de la habitación, se disparaban. Furiosamente la puso en la cama, sus afiladas uñas negras hundiéndose en sus muñecas. La sangre empezó a brotar de donde sus uñas estaban enraizadas en la suave carne. Estaba hirviendo de rabia y sus ojos eran de un profundo color rojo sangre.

El dolor... El miedo. El rostro de Bulma nunca admitió ninguno aunque en el momento era todo lo que podía descifrar en su piscina de emociones. El duro cuerpo de él presionando fuertemente en el de ella, su ardiente respiración quemando en su cuello donde su rostro yacía susurrando palabras en un siniestro tono que la atemorizó más aún.

"No tan rápido mi ángel." Susurró.

"Yo sé lo que es el amor. En este mismo momento... amaría matarte." Su sangre coría fía. Aún así, ella nunca permitiría que su miedo se mostrase. Nunca le permitiría ganar.

"No puedes matarme Vegeta. Me necesitas viva." Susurró al techo.

El demonio se volteó para enfrentarla, sus poseídos ojos ardiendo con gran intensidad. De repente, la besó. Un duro feroz beso cortando sus labios con sus dientes. Nunca había ella experimentado algo tan animal. Él empujó más duro deslizándose en su lengua y boca interna. Ella estaba horrorizada. Su boca comenzó a brotar con sangre que sólo parecía excitarlo más. Más y más duro trabajó, sacando la sangre de su boca a la de él y partiendo sus labios más y más. Finalmente, se alejó con un jadeo de placer, su sangre goteando de la boca de él. Jadeando duro, la miró con una malvada sonrisa.

"Te sorprendería de lo que puedes vivir mi ángel."