Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
Caminaron con velocidad a través de los oscuros pasillos en un misterioso curso. ¿A dónde la estaba llevando? ¿Qué estaba pasando? Al parecer se había olvidado por completo el hecho de que sus pies se habían cortado salvajemente el día anterior, por que la corría a través de interminables pasillos como si el diablo estuviera en sus talones. (Pero entonces... haha.. supongo que era una imposibilidad ya que no podría haberse estado persiguiendo él mismo.)
Pero corriendo tan rápido como lo estaban haciendo, apenas notaba el dolor por la rapidez en que él la hacía sentir como si se deslizara. Supuso que ni siquiera se le había ocurrido ponerse una camiseta. No... ella había visto hombres exponiendo sus pechos antes, pero esta era sólo una experiencia totalmente diferente. Él estaba construido como una estatua. Ya saben... el tipo con cuerpos perfectos que pensaron que realmente no existen. Una fina cintura, con abdominales perfectamente esculpidos que estaba segura que nunca había trabajado un día en su vida para adquirirlos. Tenía el estómago que los hombres trabajan por años antes de mostrarlos con orgullo, pero luego otra vez estaba segura que la sangre corriendo por su venas reales habían tomado parte en dicha muestra. Su pecho estaba maravillosamente cincelado y sus brazos duros como rocas maravillosamente creados. Tenía el físico perfecto y obviamente no tenía ninguna intención de esconder tal don. Estaba casi alegra de que no lo hiciera, aunque se mantenía regañándose a sí misma por mirar boquiabierta. No era ridículamente enorme con el cuello hinchado y las venas feas tensionando sus músculos. Conservaba la estatura delgada y se mantenía en una alta postura. Luchó duro para no sonrojarse por su increíble espalda y hombros, ondeando sus sorprendetemente inspiradoras alas.
"¡Vegeta!" suplicó ella. La confusión y el suspense era simplemente increíble.
"¿Adónde me llevas?" No reconocía ninguno de sus alrededores. Era casi impenetrablemente oscuro y sólo con él guiándola rápidamente no se perdía en las sombras. Anhelaba agarrarse contra una pared para mantener el equilibrio mientras él casi estaba corriendo demasiado rápido para que pudiera mantener su equilibrio. Las almohadillas de sus pies estaban empezando a dolerle, y sospechó que no se había quitado todo el vidrio, temiendo que algunos estén todavía incrustados en la suave carne. Su visión capturó un vistazo de una imagen montada en la pared negra. Encarcelada en un aro de oro grueso, sólo podía divisar a Vegeta sonriéndole. Parecía mucho más antigua y rodeada de sombras a lo largo de sus ojos. Fue sólo un segundo antes de la oscuridad enredada en la pintura, que capturó una visión de la espesa barba. ¿Una barba? Había visto al Rey Demonio andrajoso a veces, y con la familiar sombra de resaca cerniéndose sobre la sombra envolviendo su mentón pero nunca con una línea gruesa de vello facial.
Y ahí es cuando se dio cuenta. Ese no era Vegeta, sino nada menos que su traicionero padre. Echó un vistazo rápidamente al borde de la imagen que tenía ante sí totalmente desaparecida de la vista. Deseaba que el bastardo siguiera vivo para poder matarlo ella misma. Ni siquiera maldijo su conciencia con el sentimiento de culpabilidad por esos pensamientos. ¿Qué importaba ya? Su padre se había olvidado de ella y su prometido no podía importarle un carajo sobre su ausencia. Probablemente estaba fornicando a alguna prostituta mientras se escurrían a través del palacio. Había sido traicionada. ¿Entonces de qué servía condenar los sentimientos de odio puro si ellos en quienes había confiado esa conciencia en última instancia la habían abandonado?. ¿Y qué si era un ángel? A la mierda con todos ellos.
"¡Vegeta!" gruñó mientras su costado comenzaba a doler. Él volvió a mirarla. Y aunque pareció no notar el hecho que él todavía estaba sosteniendo su mano, siendo una niña... bueno simplemente no lo era. Se sintió un poco nerviosa sobre todo el calvario. Aquí estaba siendo apresurada a través del castillo del Infierno, su archi enemigo llevándola de la mano, todo al mismo tiempo mientras maldecía su propia existencia. Pero maldita sea si iba a rechazar la propuesta de mantener su mente fuera de su oscura depresión.
"¡Tranquila mujer!" Susurró duramente. Pero entonces vino una sonrisa de costado saliendo de sus labios.
"Te dije que te haría olvidar tu drama. Sólo confía en mí." ¿Confiar en él? ¿Realmente acababa de decir eso? ¿Así que este era su plan? ¿Pavonearla por todo el castillo para hacerla olvidar de su triste estado en la vida? Bueno podía olvidarse de eso... No estaba ayudando y sólo la estaba cansando. Pero tan pronto como había decidido expresar su drástica opinión, él se detuvo haciéndola chocarse con él a toda velocidad. Era increíblemente vergonzoso. Casi tan malo como despertar con los brazos alrededor de él sollozando como lunática. Él sólo la miró y poniendo su dedo en sus labios, haciéndole gestos para que se tranquilice. Caminó en semi puntitas de pie hacia una puerta grande, abierta a más o menos un pie.
Dio un vistazo a través, y luego se volteó a ella con una inquietante sonrisa plantada en su rostro. Estaba tramando algo...
Haciéndole gestos de nuevo para que esté en silencio, abrió la puerta sólo causando el más pequeño chirrido de las bisagras oxidadas, y se deslizó a través en silencio. Por falta de un plan mejor, ella tomó un respiro profunda y continuó después de él. Sólo estaba ligeramente asustada de lo que podría haber adelante. ¿Qué podría ser posiblemente más aterrador que Vegeta de todos modos? Él era el ser más fuerte vivo. Pero había una innegable maliciosa sonrisa en su rostro y sólo servía para tentar aún más su curiosidad.
Hubiera jadeado ante la gran sala luminosa si no hubiera sido por la penetrante mirada de Vegeta silenciando su boca. Miró alrededor a lo que supuso era un salón de banquetes de algún tipo. Grandes pilares rojos rodeaban alrededor de la gran sala luminosa. De lo que podía ver desde atrás del demonio, la gran sala era hermosa. No. No estaba demasiado decorada con las usuales inmensas esculturas de grandes Dioses demonios y guerreros caídos. Era bastante simple, si me atrevo a decirlo. Era el piso y el techo lo que llamó su atención.
El suelo era de un borgoña profundo, no el habitual color rojo sangre que del que había comenzado a cansarse. Era un delicioso color, prohibido por un cordón de rico oro alrededor de los bordes. Profundos, gruesos montículos de negras torcidas elaboradas formas y diseños en el medio. Era simplemente diferente y eso era lo que era un obvio atractivo para ella.
Ahora el techo era una cuestión diferente. Mirando hacia arriba, la dejó completamente sin aliento. Y Vegeta observó su reacción con leve brillo en su ojo, ella no lo había notado. Era azul. ¡Maravilloso, delicioso, hermoso azul! Mis estrellas había perdido su dulzura. Tan apaciguado a los ojos, invocaba una cálida sensación que crecía en su vientre y le daba la cómoda sensación de hogar. Tenía la repentina necesidad de soltar sus brazos y girar debajo de la atractiva gracia, si no hubiera estado segura de que Vegeta hubiera despreciado su infantil reacción. Como era, estaba completamente hechizada y vinculado con su captura.
Pero no era sólo el hermoso color azul lo que montó su gloria. La pintura dentro estaba más allá de las creencias y lágrimas fluyeron a sus ojos. Cubrió su boca para silenciar el sollozo que intentó escapar. Era su madre.
De pie entre las brillantes nubes hinchadas, la hermosa Reina Angelical llevaba una fresca sonrisa y brillantes ojos azules centellando a su única hija. Fue pintada con trazos furiosos a mano que habían capturado perfectamente cada hermosa impecable toque de pasión que sólo en vida que había llevado. Una delicada mano estaba colocada sobre su corazón, como llamando especial atención a la piedra rubí oscuro colgando de un collar de desconocido. El hecho de que Bulma nunca había visto a su madre usar una hermosa pieza de joyería mórbida, nunca cruzó su mente siquiera, tan absorta en la aparición de la sonrisa de su madre como estaba. Era como si estuviera viva, mirando hacia su hija que lloraba. Llevaba un largo vestido blanco, ondeado por un furioso viento. Su hermoso cabello rubio volando delante de su rostro hizo a Bulma querer acercarse y alejar las tediosas mechas.
Vegeta observó la reacción del Ángel con extremo dolor. Había pensado que estaría complacida en ver el monumento a su madre que su padre había ordenado pintar antes de morir. No es que hiciera algo por su placer... No... Vegeta ciertamente no tenía intención de eliminar las oscuras nubes que parecían ensombrecer más a la Princesa. Por supuesto que no, se dijo a sí mismo. Simplemente no podía tener una mujer llorona perturbando su descanso por más tiempo. Intentado como podía, realmente no podía convencerse. Él quería sorprenderla. Para. hacerla sonreír de nuevo. Realmente le molestaba, sólo lo había visto una vez. Y sólo entonces fue dirigida hacia ese berreante mocoso huérfano. Su reacción le disgustó y miró en contenida ira mientras ella se hundía a sus rodillas, aún mirando hacia arriba.
Bulma sostuvo sus manos firmemente sobre su boca para silenciar los sollozos que comenzaron a destrozar su cuerpo entero. Estaba temblando completamente, sus pequeños hombros temblando de arriba hacia abajo. Para su sorpresa Vegeta vino a arrodillarse junto a ella, una extraña mirada plantada en su rostro ilegible. ¿Estaba?.... ¿Estaba molesto? La idea la puso nerviosa. Él tenía una mirada casi preocupada mientras sus cejas se inclinaban ligeramente, muy ligeramente, hacia arriba.
"¿Qué te pasa?" Casi exigió. No quiso sonar tan frío, pero las acciones de ella eran tan raras para él. Sinceramente... la mujer insistía en llorar por todo. No podía siquiera recordar un momento en hubiera visto a alguien berreando por algo algo menos que perder su vida. Recientemente, había sido testigo de suficientes berreos para durarle toda la eternidad.
"Pensé que te gustaría, mujer. ¿Entonces por qué sigues lloriqueando sobre ello?" Una vez más con las duras palabras. ¿Por qué no podía simplemente guardar silencio y dejar que la patética criatura llorara hasta que no tuviera la fuerza para mantenerla más?
De repente, ella jadeó y a través de sus lágrimas una sonrisa hermosa adornó sus facciones. Arrojó sus brazos alrededor del cuello de él y apretó tan duro como él nunca hubiera podido imaginar que ella podía hacerlo. ¿Había pensado que esta criatura era débil? ¡Casi lo estaba estrangulando!
Por una vez en su miserable vida, el orgulloso Rey Demonio estaba completamente sin habla bajo su presionado abrazo. Ella no sabía lo que había llegado más de ella pero por el momento no le importaría un carajo. Él le había dado el regalo más precioso que cualquier persona pudiera haberle hecho. La había reunido con su madre. Ella presionó su mejilla contra la de él, todavía sollozos sin tregua.
"¡Oh Vegeta!" Lloró en su oído. Era lo suficientemente tranquilo como para no romper su tímpano.
"Oh Vegeta no es eso. Es tan hermoso." Jadeó casi sin aliento.
"¿Entonces por qué estás derramando esas ridículas lágrimas de nuevo?" Preguntó curiosamente moviéndose hacia atrás para poder ver su rostro. Ella lo miró falsamente, aún sonriendo a través de borrosos ojos y labios temblorosos.
"¡Oh... estúpido!" medio rió, medio lloró. "Son lágrimas de alegría. Estoy feliz." Una suprema mirada de confusión poseyó el rostro de él mientras trataba de descifrar qué significaba exactamente esto de "lágrimas de alegría".
"Había." Sonrió con lágrimas juntándose una vez más en sus ojos. Su labio superior curvado, mientras intentaba detenerse de llorar de nuevo. Jadeó rindiéndose a las lágrimas.
"Me había olvidado..." jadeó de nuevo. "Había olvidado como era ella." Comenzó a llorar de nuevo pero esta vez Vegeta la envolvió en un abrazo y la dejó llorar en su garganta.
Se sentó allí llorando en su suave carne, pensando solamente lo mucho que necesitaba esto ahora. Necesitaba el confort. Incluso si venía de su enemigo. Y en este punto, razonó que tal vez en no era su enemigo. Así se sentó allí durante quince minutos, hundiendo sus uñas en subconscientemente en la espalda de él y llorando. Él debía haber pensado que ella era simplemente la mayor idiota viva pero no le importaba. Al menos estaba allí. Al menos dejó de lado su orgullo por un momento y se sometió a su tortura. Tenía que despreciar la situación en la que estaba.
Vegeta amaba la situación en la que estaba (Ha ha ha!) Aquí estaba, haciendo nada sino permitiéndole llorar y ella había corrido plenamente a sus brazos. Adoraba la forma en que el cuerpo de ella parecía amoldarse al suyo. No había hecho nada más que sostenerla y ella se había sometido totalmente a él. Así que... la frígida virgen no era totalmente inalcanzable. Rió para sí mismo. Podía haberla respetado, pero viniendo de él, eso no era decir mucho.
Cuando parecía que la masa de histeria había decaído, desenvolvió su figura de sus brazos y la miró en desaprobación. Ella bajó la vista incapaz de encontrarse con su mirada. Era simplemente intimidante y perforante para ella. Ella le había mostrado su lado más débil y no estaba segura de lo él que haría de ello. Una pequeña sonrisa de repente engalanó sus oscuros labios, desconcertándola totalmente. Era como si una imaginaria luz se hubiera apagado en su cabeza, y sus muertos negros ojos de repente se mostraran muy brillantes. Sonriendo con esa maliciosa sonrisa que me encanta, la puso de pie, sólo ligeramente con cuidado.
"Pensé que te dije de dejar de lado el drama." Regañó, aunque era evidente para ella que su propósito al hablarle no era por esa escasa razón. Esperó hasta que él hubiera compuesto sus pensamientos para mirarlo a los ojos y permitirle continuar.
"¿Qué tal si te muestro algo realmente divertido?" Rió guiñando un ojo.
