Supongo que acabaron tan hartas de mí que al final decidieron volver para atrás y dejarme en mi casa en cuanto antes. La verdad es que les debía una disculpa, pero en ese momento tenía otras cosas en la cabeza: ¿Qué diantres hacía Noshi vestido de esa manera? ¿Y a dónde llevaba ese túnel?
Vale, ¿se suponía que ahora tenía curiosidad? La verdad es que ya empezaba a volverme loca...
-Chihiro, ¿a qué viene esa cara tan larga?- Preguntó mi madre.
-Saben de sobra que detesto los lugares tenebrosos, y no tienen otra idea que llevarme por un camino lleno de monos de piedra, rodeado de árboles muy densos, donde se escuchaban ruidos raros, y que encima, acababa llevando a un extraño túnel donde vi... Nada, es igual. Que pasé un mal rato, vamos.
-¡Pero mira que llegas a ser delicada! Ya tienes 15 años y vas camino de 16, por dios.
-Ya, pero a mi me dan miedo esas cosas al igual que a ti te dan miedo las arañas.
Mi madre suspiró indicando que ahí se acababa la conversación, al menos de ese tema.
-Vete preparando, que iremos a comer a casa de la abuela.
Asentí a regañadientes y me dirigí a mi habitación para cambiarme de ropa, y como vi que todavía no eran ni la una del mediodía, cogí mi libreta y un lápiz, me senté en la ventana dejando los pies fuera, en la fachada azul y empecé a dibujar.
Mucha gente de mi edad tenía un diario personal al que recorrían para expresar sus emociones, pero a mí nunca se me había dado bien el hecho de hablar, y mucho menos escribir lo que sentía, así que en vez de utilizar el diario, me ponía a dibujar.
El caso es que me concentré tanto en el trazado, que no me di cuenta hasta bien tarde que él me miraba desde la acera opuesta de la calle.
Me llevé tal sobresalto, que un poco más y me caí de la ventana.
-¿Qu-quieres algo?- Pregunté.
-Me viste esta mañana, ¿no?
El corazón me iba a cien, y estaba totalmente segura de que se me había puesto la cara como un tomate.
-¿En el bosque?
-En el túnel- estaba claro de que no se andaba con rodeos.
-Sí, supongo.
Clavó sus ojos verdes en los míos, haciendo que se me cortara la respiración. Desprendía un aura peligrosa, sentía como si me fuera a comer en cualquier momento.
Me quedé inmóvil, incapaz de articular palabra.
-No es bueno que vengáis por ahí, y menos que entréis por ese túnel.
Me molesté.
-¡Si ni siquiera era yo la que quería ir!- Me encontraba gritando como una loca. Definitivamente, ese no era mi día.- ¿¡Por qué diantres me miras como si hubiera cometido un delito!? ¡A demás, si hay un camino es para que la gente pase!
-¿No estabas de acuerdo con que ese camino era peligroso?
-Si fuera por eso, todo el bosque sería para mí un arma letal.
Parecía sorprendido, supongo que se esperaba que aceptara su consejo. ¡Y es lo que habría hecho! Pero no entendía lo que me pasaba con ese chico, siempre que estaba cerca, era como si una parte de mí que no conocía despertara y actuara por mí.
-¡Chihiro, baja, que iremos a comer!
¡Bien, papá, bien! Pensé para mis adentros. Sin duda, la excusa perfecta para salir de los ojos del lobo.
-Bueno, adiós.
Ni siquiera me esperé a ver si me contestaba. Solo quería huir.
Salí de casa tranquila, no sabía muy bien por qué, pero estaba segura de que no malgastaría más el tiempo esperándome. Y acerté.
Nos metimos tranquilamente en el coche y fuimos a casa de la abuela.
