Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
Las concubinas junto a él se movían de manera irregular. Pero no le importó. A él no le importaba nada, ¿verdad? Mirando al sol rojo profundo levantarse, intentó no reflexionar en lo que ella había dicho. Pedirle que le dijera algo que ambos sabían que él no podía sentir. Él no tenía un corazón. Lo sabía. Pero lo había aceptado hacía mucho tiempo y lo había usado para su ventaja. ¿De qué le serviría como Rey de todos modos? Él tenía derecho a tomar decisiones que nadie más quería tomar.
Además, los Ángeles tenían corazones. Pero eran débiles. ¿De qué les servía? Sólo los hacía más emocionales, más capaces de sentir dolor. Así que si todo lo que significaba tener un alma, sería magnificar todas las emociones, ¿es realmente una pérdida que se niegue tener uno? Un alma estaba sobrevalorada. Además, pensó despectivo, los Ángeles eran más definitivamente gente hipócrita. Con su alta moral y misericordiosas maneras, creerían que pueden mostrar cierta compasión. Algo de comprensión. Pero no... maldicen a los Demonios por lo que fueron, echándolos de los cielos, negándoles la gracia del sol. No... no eran todos de esa manera cómo habían sido criados para ser. Él lo sabía de antemano. Vergonzosas criaturas.
¿Cuántos años había tenido cuando vio su primero? Casi 5 supuso. Pero aún así, estaba fresco en su mente. Habían sido juntados todos, él, Draco y su padre en una gran habitación. Ni siquiera podía recordar la habitación, sólo que era intolerablemente luminosa y refinada. Parecía casi picar su carne. Y, entrando en la habitación a través de dos puertas, estaban las más hermosas criaturas en las que él hubiera puesto sus ojos alguna vez. Preciosa piel luminosa y alas. Sus alas. Podía recordar querer tocar los plumosos miembros... Deslizar su pequeña apuñada mano por la brillante seda, sólo por un momento. Eran tan agraciados, tan diferentes a los de su clase, que, a pesar de la garantía de su padre, creía que nunca serían así. Pero ellos no habían pensado que él era hermoso.
Apretó sus dientes al sólo recordar los ceños fruncidos que habían sido enviados a su dirección. Toda su vida había sido informado de las absurdas, débiles costumbres de los Ángeles. Sus complejas emociones, su pena... pero nadie, ninguna de esas pequeñas características se le habían sido mostradas. Los altos luminosos extraños lo miraron en completo asco, como si él no fuera nada más que un insecto que debería ser aplastado para siempre de la existencia. No era nada más que una baja, desesperada criatura del Infierno. debajo de ellos.
Qué miserables criaturas. Tan injusto. Él había nacido de esta manera, ¿o no? Con el derecho negado de ver el santo cielo. Negada la entrada a la gracia de Dios. ¿Y para qué? ¿Haber nacido? Y así, desde el principio, decidió que era barbárico. Su padre tenía razón en destruir a las traicioneras criaturas. Ellos le hubieran hecho no menos si se les daba la oportunidad. Y por lo tanto, él había traído sangre y odio. ¿Cómo exactamente se suponía que le importaba? ¿Por qué debería sentir cosas inadecuadas si no tenía un alma? Como si hiciera a la despreciable celestial raza diferencia alguna. Él estaba condenado. y lo aceptaba con bruta fuerza y deshonra. No lo haría de ninguna otra manera.
Las prostitutas se movieron una vez más, despertándose con sus lamentables gemidos. Parpadeando sus ojos en el ahora brillante ardiente sol, se estiraron, moviéndose hacia él. Se movieron en círculos alrededor de él, besando y mordisqueando su fuerte cuello. Sollozaron en su necesidad, ajenas a la vacía mirada en sus ojos, dándoles la pista del hecho que él estaba muy lejos del presente. Y así cuando él las miró, ellas se sorprendieron. Ellas lo miraron suplicantes, rogando que él su primera la creciente tensión en sus cuerpos. Vegeta era por lejos el más fuerte y habilidoso hombre en el Infierno, en más de una manera. Pero él sólo gruñó, alejándolas rudamente fuera mientras se levantaba de la cama.
¿Por qué debería darles lo que querían, cuando él fue tristemente rechazado en lo que más deseaba? La libertad de la sensación abatiendo su cuerpo estaba maldiciéndolo constantemente. Sabía que la única respuesta yacía en ella. Ella había inculcado esa semilla de auto odio en él, y hasta que no se fuera, él sabía que nunca moriría. Y así, comenzó a preguntarse si tenía la fuerza para arrancar la semilla. Para arrancarla de las raíces. Para matarla.
Bulma se despertó con Radditz de pie junto a ella, el carmesí sol alto en el ardiente cielo.
"Los fuegos del Infierno están ardiendo brillantes hoy, Princesa." Sonrió genuinamente. Ella estaba casi shockeada. Él se veía casi exactamente igual a Goku cuando sonría de esa manera. El parecido era sorprendente, si no fuera por el escandaloso cabello. y por supuesto el hecho de que él era un demonio. Aún así, le enviaba cálidas olas a su corazón sólo echar un vistazo a algo tan placenteramente familiar.
"Un mensajero fue enviado por tu padre, Princesa. Se va a encontrar con mi Señor en dos días." Dijo felizmente.
"¡¿Qué?!" Gritó ella, despertada totalmente por las noticias.
"Todo el Infierno se está regocijando su Alteza. El castillo se está moviendo y tu... la más importante, ¡estás todavía en la cama!" Él ciertamente estaba de buen humor, remarcó ella casi felizmente. Probablemente él despreciaba ser su niñera tanto como ella lo hacía, y estaría aliviado cuando toda la prueba se terminara.
Bulma salió de abajo de sus protectoras sábanas, vestida sólo en su sostén y ropa interior. No prestó atención al feroz sonroje en el rostro de él y temblorosas manos, mientras se pasaba su manchado, ensangrentado, desgarrado vestido sobre su cabeza. Mirándolo y tratando de llamar su atención, notó que él básicamente se negaba a encontrarse con sus ojos. Nunca había sido un problema antes. Especialmente cuando él había insistido en coquetear con ella.
"¿Qué te sucede?" Demandó ella, sólo medio decepcionada. Bueno, no era como si no estuviera un poco sonrojada si él hubiera aparecido en su habitación en un par de shorts, pero él estaba evadiéndola ridículamente.
"Bueno... yo..." tartamudeó.
"Radditz... no es como que no me has visto en sostén ates. ¿Qué te sucede?" Él se enderezó, yendo de la mirada de Goku, a la de un Guardia Demonio poderosamente en control, en una cuestión de tres segundos.
"Sólo me niego a tocar la propiedad de otro hombre... Eso es todo." Dijo llanamente, todavía evadiéndola notablemente a su fijo mirar.
"¡No soy la propiedad de ningún hombre Radditz!" Regañó perturbada. "¿Propiedad de quién crees que soy?"
Él vaciló levemente, haciendo una pausa para sus palabras.
"Perdóname Princesa." Dijo cortante, antes de voltearse en sus talones para salir de la habitación.
"Fui mal informado."
Radditz podía ser tan extraño. Un minuto actúa como un Casanova moderno, al siguiente ni siquiera la mira a los ojos, por miedo de enfurecer a otro hombre. Qué extraño podía ser. Aún así, ella lo siguió, sin querer perderlo en el laberinto de pasillos y corredores. No fue una larga caminata, porque pronto se encontró con los sonidos de miles de demonios, moviéndose y haciendo estragos en una manera que usualmente usaban cuando asistían a sus salvajes fiestas.
Ella estaba en una habitación, más grande de la que hubiera visto nunca. Parecía como si se estirara a una milla de ancho, y una milla de altura. Un incontable número de largas mesas plagaban el piso de mármol negro, bebidas apiladas alto sobre ellas. Y demonios... más de los que había visto, riendo y cargando en violentas maneras que era típico de su raza. Negras alas hechas jirones decoraban el desordenado salón y ella se alejó de la intimidante escena, tratando en vano de camuflarse en los alrededores. No funcionó y pronto todos los millones y millones de negros fuertes ojos estaban mirándola.
Esperando completo desdén y rechazo de ellos, su boca cayó cuando, como un gran tesoro escondido, ellos ovacionaron fuertemente en su honor, alzando sus llenos vasos al aire y alabándola, como si ella les hubiera dado el Paraíso en un plato. Y allí estaba sentado el orgulloso Rey, bien alto en su trono de esqueleto, mirando como si el Paraíso ya fuera suyo. Y no estaba solo, a horcajadas de ambas de sus piernas, estaban dos magníficas concubinas, vestidas en brillantes capas plateadas que cubrían casi nada. Para su mayor consternación, reconoció a la rubia de la noche anterior, sonriéndole con inmorales ojos, goteando seducción. Vegeta la señaló y Radditz se acercó y así hicieron su camino a través de la desordenada multitud y se movieron incómodamente ante él y su trono.
"Princesa, tu presencia es bienvenida. Hoy es un día de regocijo en tu honor. Estás siendo considerada en alto rango este día. Te sugiero que hagas a un lado tus diferencias y disfrutes de las celebraciones." Sonrió, con esa sonrisa que la volvía loca. Estaba a punto de rechazarlo placenteramente, lista para informarle que no quería ser parte de su sangrienta celebración infectada de drogas, cuando, sonriendo la demonio Rubia envolvió sus brazos protectoramente alrededor del Rey, enterrando su rostro en el huevo del cuello de Vegeta. Hizo a la firme resolución de Bulma convertirse en hielo y romperse.
"Oh. Vamos pequeña Princesa..." se burló, presionando su rodilla más cerca de Vegeta. Él sólo podía sonreír, mostrando sus brillantes colmillos mientras su actual zorra continuaba su patética oración.
"¿Por qué no te unes a nosotros? Te prometo que será divertido." Se acercó incluso más a él, ardiendo en ráfagas de respiros de ira, viniendo del Ángel.
"Además..." continuó, poniendo sus delicados pequeños dedos a un lado del brillante rostro del Rey.
"Vegeta puede manejar tres, sin problemas. Puedo aprender a compartir." Los celos se dispararon, casi tomando vuelo con la cordura, y tuvo que congelar su cuerpo antes de arrancar el rostro de la demonio. ¡¿Cómo se atrevía a pretender que era dueña de Vegeta?! Se podía sentir gritando mientras la miraban. Se sintió humillada y abaratada, mientras muertos ojos examinaban su enfurecida forma, pero por sobre todo, sintió los rivales celos mientras él envolvía sus brazos seguramente alrededor de la fina cintura de la mujer, más delgada que la suya propia, y apretaba, guiñándole el ojo de manera sensual.
Se sintió echarse para atrás subconscientemente, pero probablemente ni siquiera estaba consciente de ello hasta que su espalda golpeó en el pecho duro como piedra de Radditz, y él tuvo que sostenerla para que no se cayera. Mirando, alzó su nariz de manera arrogante y marchó con rudeza a través de la multitud. Los demonios no le prestaron atención mientras pisaba fuerte y los empujaba a través de ellos, tal insolente comportamiento era algo común en encuentros como este, y a ellos no les importaba la cortesía común.
Radditz no había pasado por alto el gesto del Rey, ni la insitación adrede de celos de la concubina. Siguió a su pisoteante figura de nuevo a su habitación, donde entró y la vio mirándose al espejo.
¿Qué tenía esa concubina que ella no tenía? Por supuesto, la respuesta era obvia. Ella tenía clase, un cuerpo que pondría verde a cualquier mujer, y un hermoso rostro, con oscuro maquillaje. ¡Mujerzuela! La odiaba.
Se volteó, viendo el confundido rostro de Radditz mirándola de nuevo a través del espejo, mientras se enderezaba, lo que había llegado a identificar como, su marco de la puerta.
"¿Soy realmente tan diferente de ellas, Radditz?" Ella suspiró. Él le gruñó, viéndose un poco despreciativo a su pregunta. Él cruzó sus brazos, aún mirando a sus ojos en el reflejo.
"Por supuesto que no Ángel." Sentenció dando por hecho. Era una persona amable cuando lo intentaba.
"Tienes tus similitudes... Tú sabes cuan hermosa eres." Ella adoraba cuando él la halagaba porque simplemente lo hacía tan monótono. Casi eran obligados a creerle, porque sentenciaba las cosas con tal firme e irretaliable convicción, que no había negación en ello al presente. Y por eso ella simplemente se sonrojó mientras él continuaba.
"Pero hay muchas diferencias. Tú eres libre de tomar tus propias decisiones. Tú no siempre serás propiedad del Rey." El plan de Bulma de apuñalar al demonio en su sueño vaciló un poco.
"¿Qué quieres decir?" preguntó. En parte, no quería que él le respondiera, no quería aburrir la espada de odio que había cortado su cuerpo por la escena que había acabado de atestiguar. Él suspiró, aún de pie con brazos cruzados.
"No es fácil de vivir la vida de una concubina." Dijo casi dolorosamente. Era extraño para ella verlo parecer tan abatido como estaba. Por su vida, no podía entender por qué. Todas las preguntas constantes la habían hecho sentir insolente últimamente.
"Siempre obligado a una vida de esclavitud, nada es tuyo. Ni la comida que comes, ni las ropas que en tu espalda, ni siquiera tu propio cuerpo. Eres propiedad de alguien desde una joven edad, y vivirás y morirás como un esclavo. No, no es una vida fácil de vivir mi Princesa." De nuevo, quería abofetearse por ser tan cruel. Ni siquiera había pensado que una concubina fuera una esclava. Ellas paseaban perezosamente alrededor del palacio, usando casi nada, algunas horriblemente fuera de forma, y sin embargo, cuando la verdad fue revelada, ellas no eran nada más que los juguetes para la diversión del Rey. ¿Pero debería odiar a Vegeta? Él probablemente había sido criado alrededor de tales ideas y no encontraba lógica en cambiar esa disposición. Así que no le quedaba a nadie para odiar, nadie a quien despreciar por sus crecientes celos.
"Pero tu tomas tus propias decisiones, y oportunidades. El Rey te muestra un favor increíblemente alto y sin embargo lo rechazas." Radditz obviamente se había vuelto loco. "Quiero saber por qué." Exigió. Así que... ¿le estaba preguntando por qué ELLA rechazó a Vegeta? ¿No había sido al revés? Él se negó a decirle que se preocupaba por ella y ella se negó a besarlo la otra noche por miedo de sus emociones que morían envolviendo a Yamcha, sin mencionar el hecho de que tales experiencias estaban prohibidas al más alto extremo. Así que en realidad... ¿quién rechazó a quién? No lo sabía. Y así decidió ir con los placeres de la sencillez.
"Porque amo a otro Radditz." Suspiró, examinando su cabello en el espejo, como si la declaración no fuera adamás que una carga de su apariencia.
"No es cierto." Dijo él tan descaradamente que ella casi se ahogó. ¿Cómo decía las cosas tan convincentemente? Estaba casi al punto de creerle.
"¡¿Cómo sabrías algo al respecto de eso?!" gruñó ella, "¡No sabes nada sobre mí!"
"Sé que no amasa ese Príncipe."
"Bueno, ¡ciertamente no amo a Vegeta!" Escupió. Él simplemente se encogió de hombros.
"¿Qué tiene que ver el amor con eso?" Preguntó él indiferente.
"¡Todo Radditz!" Arrojó sus manos al aire frustrada.
"¡Tiene que ver con!-" bajó su voz notablemente... "con todo." Suspiró, molesta ya con la conversación.
"Ninguna mujer le ha negado al Rey algo alguna vez, mucho menos a sí misma."
"Bueno, no es exactamente difícil." Suspiró de nuevo, cepillando su exuberante cabello.
"Por todas las mujeres del Infierno, es la tentación más grande. ¿Ser perseguidas por el mismo Rey Demonio? Incluso esos quienes han sido tomados y se encontraban dispuestos." Hablaba como si estuviera pensando en una memoria perdida de hace mucho tiempo muy lejana. Tenía esa alejada mirada en sus profundos ojos y un profundo silencio en su gutural tono de voz. Bulma se movió a su cama, indicándole que se sentara. Él observó la oferta vacilante, como si estuviera prohibida, antes de tomar asiento suavemente frente a ella. Notó cuan acogedora era la cama, como parecía hundirse bajo su peso. Extraño parecía cómo dormía bastante pacíficamente en el suelo de su habitación.
"¿Qué quieres decir?" Preguntó ella. Entonces quería saber la verdad. ¿Cómo la diría? Era una historia que dolía con imaginarla siquiera. Nunca se la había dicho a ningún alma. ¿Estaba listo? Suspirando, decidió que había cargado la carga del secreto demasiado tiempo en sus pesados hombros.
"Yo... yo no siempre fui un guardia Princesa." Habló lentamente, absorbiendo cada una de las palabras, como si estuviera escuchando la historia siendo contada en voz alta por primera vez. "En un momento, no era más que un soldado de bajo nivel, viviendo en las afueras de la Ciudad del Infierno con mi familia. Tenía una madre, un padre, y." Se detuvo, componiendo sus pensamientos. "Y una mujer."
"No era una vida infeliz para mí. Estaba contento con mi rango, libre en ir y hacer lo que deseaba. Ir y venir a donde quería. Pero. Prefería estar con ella. Ella era lo que ustedes los Ángeles considerarían como una esposa. Su nombre era Lunch y ella era..." casi se ahogó. "Era muy hermosa." Bulma nunca había visto este lado de Radditz. Generalmente o calmado y sereno, o insolente y atolondrado. Nunca el desanimado y batallador Demonio ante ella.
Él podía verla en los ojos de su mente. El hermoso rostro y fuerte cuerpo. La miraba a través de casi cristalinos ojos, mirando en un estado de ensueño, antes de darse cuenta que se había ido de tema y continuar su historia, su voz baja y firme.
"El fatídico día vino cuando el Nuevo Rey, tu Vegeta..." Bulma no estaba segura si le gustaba que se refiriese a ese barato hombre de prostitutas como suyo, pero decidió presionar la cuestión sólo lo acercaría.
"...la notó. Su intensa belleza era demasiado para él. Por que verás... Yo y el Rey habíamos crecido juntos, sido aliados en muchas batallas, ganando cada una por supuesto. Pero la lealtad sólo podía ir tan lejos cuando la belleza interviene y así fue con esto. Él le hizo propuestas abiertamente, dándole la opción del secreto. Embelesada por la lujuria, ella aceptó." Su voz se había apretado tanto, eventualmente cesando del todo mientras sus cuerdas vocales se estiraban bajo la presión. Su rostro se sonrojó y Bulma se preguntó si no sería lo correcto permitirle continuar. Pero se calmó de nuevo y habló una vez más.
"Al día siguiente fui dado con un alto puesto en el castillo para "expiarme" por lo que había ocurrido." Se burló en abierto desdén.
"Como si cualquier lugar alto pudiera borrar alguna vez lo que Lunch había hecho." Bulma se encontró sorprendentemente queriendo defender a la mujer. No era como si ella no lo hubiera hecho por sí sola. Radditz parecía olvidarse que Vegeta había jugado un rol vital en destruir su matrimonio. Pero de nuevo, ¿de qué serviría posiblemente hacer para aliviar el dolor con el que Radditz obviamente estaba luchando? Era sin duda más fácil servir a ese amo, si toda la culpa era dirigida a otro lugar. Y así se mantenía tranquila con gusto.
"Después de ver lo que había ocurrido, asesiné a Lunch por lo que había hecho, y arrojé su cuerpo a los Fosos del Infierno." Dijo como si estuviera leyendo las palabras. Estaba mirando vacíamente a nada en lo absoluto, obviamente demasiado lejos de donde su cuerpo estaba ubicado actualmente. Bulma esta horrorizada. ¡¿Cómo pudo hacerle eso a su propia esposa?! Pero luego de nuevo, ella había cometido adulterio, y en un lugar tan barbárico como este, ese acto era más como una muerte misericordiosa. De alguna manera civil en una tierra tan salvaje. ¿Alguna vez tuvieron la sensación de que era su señal para hablar? Simplemente sabían por la tensión en el aire que se esperaba más de ustedes que sólo sentarse y escuchar. Bueno... la sensación se hinchó sobre Bulma, hasta que se aclaró su garganta, insegura de lo que estaba por salir.
"Lo siento tanto Radditz." Tartamudeó. Sabía que lo estaba inventando. La pena no era algo que se le ofrecía a un demonio. Era como una directa bofetada en el rostro. Un daño a su orgullo. Y así saltó las formalidades y dejó que su corazón hiciera la charla.
"No sé cómo puedes servirle tan lealmente después de un acto tan mentiroso." Suspiró, bajando la mirada a los remolinos y diseños incorporados en su hermoso cubrecama. Se sintió desesperadamente inquieta bajo su dura mirada, pero decidió que la interpretaría como incomodidad e inseguridad. ambos de las cuales despreciaba. Y entonces esperó calmadamente por su respuesta. Su declaración pareció despertarlo de su estado onírico.
"¿Qué?" se bufó él. "La lealtad a tu Rey es mucho más importante que cualquier afecto sin importancia. Es la base sobre la que está cada guerrero. Sin ella, el Infierno se derrumbaría. El Rey es un hombre poderoso, Bulma. Mucho más poderoso que su padre e indudablemente mucho más que sus legendarios antepasados. Pero no es invencible. Sin lealtad de sus sirvientes, podría muy bien caer y el Infierno estaría indefenso sin su liderazgo supremo. La línea de su familia es fuerte pero no irrompible. La lealtad debe tomar el primer lugar en la vida de un guerrero. Sin ella... perecería." Terminó. Un momento de silencio pasó entre ellos.
Qué raza noble eran estos Demonios, decidió Bulma. Salvajes y temerarios a veces, mantenían un aire de sofisticado orgullo que superaba a su naturaleza conocida. ¿Cómo alguien podía pensar menos de ellos? En cierto sentido, sus ideales y conceptos superaban por lejos a los de un Ángel. Ellos tenían honor y orgullo. Ninguno de los cuales podía ser negado o insultado sin nefastas consecuencias. Finalmente, habló.
"Lo que Vegeta hizo es totalmente inexcusable Radditz." Sentenció fríamente. "Pero... tal vez es lo mejor." Este Radditz no había sospechado. Él había sido firme en defender el orgullo de su Rey, sin importar cual era su propio costo. Nunca había previsto su predicamento. Sonrió, contenta de tener su llena atención. Esto no sería fácil de decir para ella.
"Tal vez yo." suspiró, juntando su valor... "Tal vez no amo a Yamcha." Admitió lentamente, al parecer descubriendo el hecho ella misma por primera vez.
"Pero sé que el amor, el verdadero amor, no cede a la tentación. ¡De ninguna clase! No importa cuan poderoso, no importa cuan fuerte, nada puede romper el verdadero amor. Tal vez lo que Vegeta hizo realmente fue liberarte. Él te permitió conocer las intrigantes costumbres de Lunch, tal vez él incluso había sabido de ellos mucho antes. Tal vez, extraño como suena, era su manera de decírtelo." Bulma se había sorprendido por defender a Vegeta. Aunque a cada palabra, estaba más y más convencida de la escondida verdad.
"Y tal vez... tal vez promocionándote a una posición más alta no era una triste excusa de expiación. Tal vez no lo fue en lo absoluto. Creo que era su propia manera de consolar tu pérdida, confortando tu dolor al finalmente saber la verdad. Y aunque estoy segura que él nunca lo admitiría... tal vez sólo te quería tener más cerca de él. Más... en su vida, podrías decir." Habló amablemente, pero con excelente convicción y verdad. Él sintió como si una fuerte carga hubiera sido levantada de sus hombros.
Todo este tiempo, había sentido una escondida animosidad hacia su Rey, sólo habiendo sido revelada por una mujer. Un Ángel ni menos. Y sus palabras eran dichas con tal honor y verdad, reflejando las características que las oraciones mismas contenían. Hablaba con sabiduría mucho más allá de sus años. No sólo hermosa si no sabia. Si él no supiera de la secreta infatuación de su Rey con ella, la hubiera proclamado para él mismo, tomándola entonces y allí en su mundo.
Pero como estaba, él sabía que, aunque Vegeta no lo sabía él mismo, estaba desarrollando peligrosos sentimientos por ella. Imaginó que la transformación estaba haciendo efecto al Rey Demonio muy profundamente, como si tales sentimientos fueran ajenos a tal odioso hombre. Aún así, la verdad saldría eventualmente, como siempre lo hacía. Cuan increíble para Vegeta era esto. Radditz había conocido al joven hombre desde que había sido un pequeño Príncipe, y sin embargo nunca había sido equipado con un corazón tierno o conocido una conciencia. Qué sorprendente que mucho después en su vida estuviera siendo contaminado por tales aparentes defectos. Qué sorprendente de hecho. Que aterrador en su mayoría.
Pero Vegeta estaba reaccionando como se cabría esperar. Usando sus herramientas siempre a mano como los celos, la envidia y el rechazo, él era predecible sólo para Radditz. Lo que permanecería como un misterio para el mundo, Radditz sabía sólo como un hecho. Sólo podía ver la silenciosa ira dentro del vacío pecho de Vegeta.
¿Pero su viaje se volvería el final de la Princesa? El pensamiento trajo un inestable miedo en su estómago. Sólo había visto los destellos de ira a través de sus ojos. Escuchado los enfurecidos arrebatos de un temperamento nunca antes liberado en el universo. Así que planteaba una pregunta. ¿Entonces cuánto podía un demonio influenciar en un Ángel? ¿Cuán lejos podía Vegeta empujara, hasta que ella fuera un demonio en todo menos apariencia? Sabía que no podía permitir que eso ocurriera. Su inocencia era lo que cautivaba la curiosidad de Vegeta por ella. Generaba insalubres infatuaciones que terminarían si el deterioro de su corazón continuaba. En este punto, estaba intrigado ambos por su belleza y su inocencia. ¿Pero qué si su inocencia era ganada por la oscuridad creciente en su corazón? ¿La somera belleza que todavía existía sería suficiente para tambalear su perdida moral? Sólo sabía esto. Sólo el tiempo podía responder las inquietantes preguntas que desgarraban su mente. Hasta que se respondió, sintió su deber de proteger a su Rey y su amiga. Por que Bulma sólo podía ser llamada de esa manera después de abrile los ojos de la realidad del verdadero lado de Vegeta. Podía agradecerle sólo protegiendo la cosa que la hacía quien era ella. Protegería su alma.
Poniéndose de pie, Bulma notó eso de nuevo, Radditz estaba mentalmente fuera en otro mundo. Donde estaba, supuso que nunca lo sabría. Pero su mente no estaba en los profundos misterios psicológicos debajo de su fachada de tranquilidad. Ella tenía un plan.
Admirándose en todo el largo del espejo, casi se sonrojó. ¿Cómo era que en un momento se estaba sintiendo desagradablemente enorme y poco atractiva y al siguiente podía convertirse totalmente? Sonrió ante el pensamiento. Lo que podía hacer algo de maquillaje y un vestido. Una hermosa sonrisa, casi rivalizando la propia de Vegeta, agració sus mejillas, fluyendo resistentemente de lleno en sus ojos.
"Radditz." Preguntó acaloradamente. Él apenas alzó la vista hasta que ella puso su pie en la mesa junto a su cama, toda su pierna puesta frente a su camino de visión. Él parecía como si le hubiera justo arrojado con un balde de agua fría en su cabeza.
"No me estabas escuchando." Le explicó moviéndole los labios. Él le dio una atolondrada sonrisa a la que ella ya se estaba empezando a acostumbrar, envolviendo una mano en la parte de atrás de su cabeza, riendo.
"Uh... ja ja... sí uh... lo siento por eso." Fue sólo por una fracción de segundo, pero podía haber casi jurado que vio a Goku de pie justo donde estaba Radditz. Los dos simplemente tenían similitudes asombrosas. Simplemente la sorprendía. Pero estaba demasiado ocupada para tales trucos mentales. Tenía planes qué hacer. Cosas para alistar.
"Radditz... necesito que me hagas un favor." Implicó con una iniciativa. A él le parecía más y más seguido estos días, tenía un oscuro brillo en sus ojos. Algo maligno se estaba fraguando profundo dentro y lo tenía al límite constantemente. Se preocupó que tal vez la prometida semilla del mal ya hubiera crecido sus raíces, profundo lo suficiente para dejar una impresión permanente. Pero entonces, su entera experiencia en el Infierno la marcaría por siempre. Entonces, puso una sonrisa y complació sus deseos, indicando con su cabeza el permiso para que continuara.
"Necesito que me consigas un vestido... Algo. mmm." reflexionó inocentemente por un momento antes de que el malvado brillo volviera y su sonrisa se ampliara. "Algo sexy. Algo... que no te molestara verme usar." Estuvo más que feliz de complacer, pero el escozor en su estómago simplemente no se detendría... ¿De qué se trataba todo esto? ¿Realmente iba a asistir al festival? ¿No sabía los peligros que habían constantemente en tal salvaje atmósfera? Pero él conocía la mirada que ella tenía demasiado bien. Nada que él dijera o hiciera la disuadiría. Eso estaba evidentemente muy claro. Y así... con un poco del familiar brillo en sus propios ojos... Sacudió su cabeza y se fue para alistar tal vestido que sus ojos envidiarían el suelo donde ella pisara. ¡Dejemos que el frío corazón de piedra de Vegeta rechace esto!
Y así la trama se espesa. ¿Ahora qué planea exactamente la Señorita Bulma? ¿Ser una típica chica y haciendo un viejo flechazo la querrán más que nunca? ¡NAH! Hahaha... bueno supongo que todos tendrán que ver. Yo (por supuesto) tendré el siguiente capítulo mañana por la noche. ¡¡Espero que sepan que sólo trabajo tan duro por que los amo!! hahah... sí,... aún sigo buscando un trabajo... apesta... pero hey... tengo un favor que pedirles. Entonces aquí está SU tarea. Hahaha... He estado golpeando algo pequeño... diminuto realmente... bloqueo de lector. Sí sí... ya está todo escrito... pero he estado disfrutando agregando más cosas... entonces aquí está lo que necesito de ustedes. Quiero que encuentren o (si ya lo saben) me envíen buenos fanfics. Podrían decirme simplemente el nombre del autor en un review... o enviénme un email a . Sería muy apreciado. No es que alguna vez robe ideas. Pero creo que leer el trabajo de otras personas saca lo mejor de mí. Así que si conocen algunos fanfics que simplemente rompan TOTALMENTE el molde... háganmelo saber. Oh y especialmente uno que tenga un tipo de historia de demonio/ángel... Me gustaría saber quien es mi competencia. hhahaha... está bien muchas gracias simplemente por leer a todos... Como siempre... Los amo a todos amigos. Dependo mucho de ustedes últimamente. Haha un poco triste supongo. Los amo de todas formas, Camaro.
