-¡Chihirooooooooooo!- Naoko me llamaba desde el portal de la escuela, parecía muy contenta.
-Hey, ¿qué te cuentas?- De repente, recordé algo- oh, siento lo del sábado. De veras que no era yo misma, me encontraba un poco mal, y...
-No te preocupes. A demás, no sabía que tuvieras tanto miedo del bosque...
-No era eso, es que cuando algo me recuerda a fantasmas, espíritus, ruidos raros, etc. Me pongo muy nerviosa.
-Pues eso, que tenías miedo del bosque.
-Sí... Supongo.
Me sonrió.
-No importa. El caso es que el chico nuevo, Kohaku Noshi, se presentó ayer en mi casa -hizo una pausa. Estaba muy emocionada- ¡y me dijo que si quería salir con él esta tarde!
Un aura de peligro me invadió. Sin duda, ese chico no la había llamado porque sí.
-¿Vas a ir?- Pregunté como una idiota, puesto que sabía la respuesta perfectamente.
-¿Por qué te crees que te lo he dicho? Vas a venir conmigo.
Me dio un vuelco en el pecho.
-¿No puede ir Yume?- Dije casi de inmediato.
-Está enferma. A demás... ¿A ti no te gustaba él también? ¡Podrá ser una tarde inolvidable!
-¿Qué tarde inolvidable?- Apareció Natsu por detrás. Como siempre, atento a las conversaciones de los demás.
-¿Estás celoso de que un chico mil veces más guapo que tú nos pida salir?
-TE pida salir- remarqué. Me molestaba que siempre me utilizaran de carabina. ¿Por qué la gente no podía hacer las cosas por sí misma?
Por suerte, sonó el timbre del colegio y nos vimos obligados a cerrar la conversación, pero Naoko no me paró en toda la santa mañana: que qué se pondría, que si su peinado estaba bien, que qué haríamos... Total, que llegaron las cinco de la tarde y todavía se cuestionaba si se tenía que cambiar o no los zapatos o el vestido. Yo ya desconecté, pero entonces llegó Kohaku.
-¿Qué haces aquí?- Me dijo con tono tajante.
-La he invitado. Puede venir, ¿no?- Saltó Naoko.
-Da igual, si voy a ser un estorbo, me voy yendo ya. Total, tengo cosas que hacer...
-Haced lo que queráis- ¿por qué diantres no paraba de mirarme? ¿Era mi imaginación, o parecía que tuviera ahora lástima de mí?
-Mejor me voy. Adiós, Naoko.
La muchacha me miró incrédula, pero no parecía enfadada. Se notaba a yeguas que él era el chico que le gustaba. Y hacían una pareja estupenda.
Naoko era bastante más guapa que yo, estaba más delgada, era más alta, fuerte, y las mechas naturales de su pelo castaño hacían que pareciera toda una diosa. Así que ¿qué mejor que estuviera junto a otro dios heleno?
No sé muy bien por qué, pero acabé por vez segunda a las puertas de ese camino de monos de piedra. Esta vez no me sentía tan insegura, pero había algo que no parecía estar en su sitio: tenía el túnel a cincuenta pasos de mí. Y justo en frente, había otro gran mono de piedra.
No se escuchaba nada más que el viento proveniente de dentro de éste, sonidos que parecían invitarme a entrar, pero sabía que sería mala idea.
Entonces recordé lo que Kohaku me dijo.
No entres en el túnel
¿Tendría algún secreto escondido dentro que no quisiera que yo supiera?
...
Vale, ya volvía otra vez la curiosidad a apoderarse de mí.
Solo será un momento me dije a mí misma. Por suerte, traía conmigo el móvil y con el flash me pude iluminar.
Las paredes eran de un rojo bastante pálido, dando la sensación de que hacía años que no cuidaban el lugar. Entonces, un poquito más hacia delante, pude distinguir la luz proveniente de fuera, que daba a una especie de vieja estación de tren. El reloj no funcionaba, y los bancos estaban cubiertos de polvo, imagen que contrastaba con la belleza del mar que se extendía ante mis ojos.
¿Sería ese un lugar secreto para Kohaku?
Entonces me vino algo a la mente, como un recuerdo ya olvidado que volvía a resurgir...
Yo ya había estado allí antes, pero no recordaba por qué.
Me olvidé completamente del verdadero y ruin motivo por el cual había entrado allí, y me sumí en la belleza del amplio mar azul que parecía llamarme con sus suaves olas.
