Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
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Bulma se negó a abrir sus ojos. A decir verdad, había estado despierta por casi una hora... todavía tenía que convocar suficiente auto motivación para enfrentar la dura realidad del día. Sus ojos le suplicaban que les permitiera abrirlos, para observar el mundo que les esperaba alrededor de ellos, como era su jurado trabajo. Pero les negó el acceso, su cuerpo y corazón heridos por la "realidad" que la vida tenía para ofrecer. No quería admitirlo. No para sí misma, no para nadie más. Pero... ella. suspiro... había fracasado. Todo el tiempo, planeando y trazando atrapar al Demonio había fallado miserablemente, mientras se convertía, en cierto sentido, una esclava de sus sentimientos hacia él. Se preocupaba demasiado por él. Y era solamente ahora que se maldecía por ser la tonta que era, y cediendo a su entusiasmo con él. Maldita por darse cuenta demasiado tarde cómo se sentía. Maldita por permitirle a su corazón mostrarlo. Maldito él... sobre todo.
Ella recordaba todo claramente, aunque supuso tanto que tales recuerdos podían haber sido raros. Recordaba con cariño, las miradas que había recibido cuando entró en la habitación vestida en el sensual, resbaloso vestido. Recordaba con un leve sonrojo los cálidos besos de Vegeta, sus mordisqueos, sus abrazos. Pero mayormente... recordaba con absoluto desprecio y dolor, a la hermosa Demonio que entró en la gran habitación, inmediatamente quitándole a él el aliento. Sintió los labios de ella hacer un puchero ante el recuerdo y las silenciosas lágrimas hacían señas para ser liberadas de su prisión detrás de sus párpados. Se las negó. Al carajo con todo. Era su culpa. 'Tú jugaste con fuego Bulma.' Se reprochó. 'Y... tú. te quemaste.' Sin otra opción las lágrimas decidieron escapar, cayendo verticales por su mejilla, o sobre su nariz, ya que estaba acostada de lado.
¿No es verdad que cuando intentas convencerte de no llorar, y no hay verdadera razón para ello, es ahí cuando las malditas cosas vienen? Bueno... no era diferente para Bulma, e intentara como pudiera, no podía cesar las hirientes cuentas de llanto de caer en cascada sobre la cama en la que yacía. Podía decir sin incluso abrir sus ojos, que las lágrimas habían empezado a formar un charco. Continuó maldiciendo al miserable líquido, aunque a decir verdad, la hacían sentir levemente mejor. Eran un escape de la mezclada ira y desesperación que se había formado en su alma. Si todavía tenía una.
Se sonrojó con absoluta vergüenza, aunque permanecía sola en su habitación. Había besado a tres Demonios en una noche. ¡TRES! Eso era más gente en una noche de lo que había besado en toda su vida, Ángeles y Demonios por igual. ¿Le decía algo sobre ella? Había escuchado el dicho que "a las buenas muchachas les gustan los chicos malos" pero esto era ridículo. Había pecado. No había forma más fácil de expresarlo. Había sucumbido al mal que acechaba secretamente en su corazón, permitiéndole correr a través de ella en proceso hasta que prácticamente se había convertido en una esclava de su propio deseo. Imaginarse lo que podría haber hecho si Akasha no hubiera llegado. Akasha. Sólo pensar en el horrible nombre le enviaba olas de náusea en su ya inestable estómago. La odiaba.
Sabía que no debía, porque posiblemente la oscura criatura la había salvado de su posible fornicación, pero el mal pensamiento todavía quedaba, al igual que muchas acumuladas emociones que deberían ser extrañas para el corazón de un Ángel. El Infierno la había cambiado. Ya no era la pequeña ingenua Princesa, virgen en mente y cuerpo. Se había convertido en más. Pero el pensamiento había alzado un pensamiento provocando una pregunta. ¿Era para mejor... o peor?
Finalmente, la razón superó la resolución, y sus párpados liberaron sus prisioneros. Observó su oscura, Victoriana habitación, grande y espaciosa como siempre había sido. Pero por alguna extraña razón, sentía que las paredes se estaban cavando en ella. Tal vez los efectos del alcohol todavía no habían salido. Pero comenzó a recordar cosas que había olvidado, cosas que no había estado consciente que siquiera existían.
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Había estado llorando... ah... sí recordaba ahora. Había estado llorando en el hombro de Radditz mientras él la cargaba sin esfuerzo a su habitación. Había estado absolutamente lamentable. Sabía eso. Había estado sollozando algo. ¿Pero qué? Sus ojos se ampliaron mientras las horribles frases volvían para acecharlas todas a la vez.
"¡¿Quién es ella?" Había gritado, en un sollozante tono que sólo una mujer podía sacar.
"¡¿Por qué la ama?" Había gritado como un cobarde niño pequeño que no había recibido lo que quería. Había enterrado su rostro en su suave cuello, desesperada por esconder las engañosas lágrimas que estaban, seamos sinceros, saliendo así lo quisiera o no. Estaba obviamente todavía increíblemente borracha, como él la había ignorado, sentándola suavemente en la cama, en esa manera que sólo él y Vegeta habían parecido poseer. Él tenía esa triste mirada de pena, una que ella despreciaba, mientras miraba a su sacudido estado, oculto en una bola de cubrecamas.
"¡No me mires como si fuera un niño desamparado Radditz!" gruñó cruelmente, sólo parcialmente consciente de cuan incesantemente grosera estaba siendo. Sabía que sonaba ridículo, su torpe lengua aparentemente tropezada con sus palabras a propósito.
"¡Sólo responde a mi pregunta!" Maldita esa perezosa lengua, sólo podía imaginar cuan retrasado eso había salido. Él suspiró tristemente, sentándose cerca de ella en la cama como si para confortarla con su cálida presencia. Bueno... no ayudó.
"Ella es Akasha." Dijo él, como si realmente estuviera hablando con un niño. Ella momentáneamente reflexionó en recriminarle por liberar lo obvio, pero se decidió contra ello tan pronto como él continuara.
"Ella es la Demonio de más edad viva. Es eterna, bendecida con la eterna belleza. Nadie sabe cuantos años tiene realmente... pero sabemos esto. En algún lugar en el camino... se le hubo sido dado el poder de ver el pasado." Bulma silenciosamente estuvo a punto de comentar en cuan pegajoso tal aparente "don" era este, pero fue interrumpida en su pensamiento en proceso cuando el hermoso Demonio había continuado.
"Cuando digo esto... quiero decir que puede ver vidas pasadas." Ohhhh. aunque pensó la borracha Bulma, agradecida por la tranquilidad de su lengua antes. Realmente hubiera quedado en ridículo con eso... como si realmente ya no hubiera alcanzado el título esta noche.
"Ella es... fue la prometida de Vegeta." Bulma casi se ahogó. Él había soplado las malditas palabras, como la mera mención de ellas habían drenado preciosa energía de su cuerpo.
"Yo... no creo que la "ame"... como tú tan extrañamente lo pusiste..." había reprochado, como si ella nunca debió haber incluso puesto las palabras Vegeta y Amor en una oración juntas.
"Pero su afecto hacia ella... es... impredecible como mejor. En eso estoy extremadamente desconcertado... Yo... no tiendo." Dijo sacudiendo su cabeza, como si en derrota.
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Los hombres de Bulma comenzaron a temblar mientras volvía de nuevo a la realidad, secretamente odiándose por revivir tales plácidos momentos. Enterró su rostro en la humedad de su almohada, sollozando en la suave presión que sostenía. Inhaló profundamente, oliendo sólo el maldito olor de Lava del Infierno asaltando a sus sensibles fosas nasales. Deseaba que Radditz estuviera allí. Incluso si sólo para sentarse a su lado, tal acto le llevaría una inigualable comodidad a su alma en duelo.
No era ninguna tonta. Sabía por qué había estado en tal apuro en llegar a Akasha a su habitación. Y... incluso si ella hubiera sido. no era una tonta sorda. Torció su rostro en asco mientras sentía la enfermedad empapándola como una plaga de langostas. Se levantó violentamente de la cálida cama, volando al baño mientras el vómito comenzaba a filtrarse en su garganta, salpicando sobre las baldosas bajo sus pies. Tuvo arcadas furiosamente, una peor que la otra, mientras el podrido olor del licor perforaba su nariz y ojos. Finalmente lista para secar lo pesado, y comentarse entre resoplidos que tal sensación era casi peor que el vómito en sí, jadeó para respirar, sólo sintiéndose levemente mejor mientras el frío aire se deslizaba por sus pasajes y llenaba sus pulmones.
Estaba viendo las estrellas, su cuerpo sintiéndose golpeado y deforme mientras se hundía desamparada al frío, duro suelo. Envolvió sus brazos y plumosas alas a su alrededor, notando sólo por primera vez, que estaba vestida solamente en su sostén y ropa interior de encaje negro. Podía sin cuidado mientras trataba en vano, calmar su frío, tembloroso cuerpo.
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Akasha se volteó para enfrentar el fúrico rostro de Vegeta, mientras notaba sus poderosos respiros de aire mientras intentaba calmarse. El aire estaba persistiendo alrededor de la temperatura de la habitación, pero ella comentó silenciosamente que sin duda no permanecería así. Mientras se hiciera su camino. Le sonrió malvadamente, como si sólo a través del silencio, estaba marcando su triunfo y la eterna derrota de él.
"¿Algo molesta a mi Rey?" preguntó, dejando que las palabras se filtraran suavemente fuera de sus labios. Su rico acento ataba cada palabra, pero él parecía inmune a tal idioma, mientras la miraba fieramente, aún yaciendo a su lado en el rojo dosel de satén de la cama.
"Te odio." Dijo con firmeza. Por primera vez en mucho tiempo, Akasha estaba casi sorprendida. Tan directo se había vuelto desde que ella había estado lejos. Pero... suspiró... siempre había sido una criatura impetuosa, tan arrogante y orgulloso, justo como un Rey debe ser.
"¿Oh? Bueno, eso no es exactamente lo que me mostraste anoche." Casi rió por su engreído rostro. Él frunció el ceño en ira pobremente oculta. 'Que bello hombre se ha vuelto Vegeta.' rió para sí misma en silencio. No es que él haya sido algo menos que hermoso alguna vez, simplemente no estaba en su sangre lo contrario, pero había crecido internamente y su control sobre su ira proveía prueba de tal transformación.
"Me engañaste." Respondió él, con puro odio filtrándose en cada palabra.
"No eres más que una sucia ramera. Me das asco." Cada palabra se sumergía en dolor, sufrimiento y rabia. Una combinación no escuchada usualmente del Rey de los Demonios. Akasha sólo rió, inmediatamente notando la alta temperatura en respuesta.
"No creas que puedes engañarme Vegeta. Conozco tu negro corazón." susurró, mirando fieramente en sus ojos, como si de hecho pudiera ver el frío miembro de piedra golpeando malvadamente en su pecho.
"Sé lo mucho que te preocupas por mí."
"Te desprecio."
"Me amas." Vegeta cerró sus ojos apretándolos, desesperadamente rogando con el dragón arañando en su interior. 'Cálmate.' Se ordenó en vano.
"Te detesto." Siseó a través de sus apretados dientes. No sentía amor alguno por ella. No sentía amor alguno. Sólo sentía odio, y temblaba en rabia, tratando de suprimir su crecimiento.
"Sí... sí..." Se burló de él.
"Al igual que detestas a esa pequeña Ángel ramera tuya." ¿Estaba tratando de hacerlo perder el control? Si era así... estaba funcionando maravillosamente. Con la mera mención de Bulma, sintió al demonio tomar control, casi cegando su vista con su furia. Casi la había ganado. Casi la había hecho una de ellos. Sería ella quien él hubiera despertado si Akasha no hubiera venido, persuadiendo su mente infestada de droga en desear lo que había sido suyo tanto tiempo atrás. Había sido como si el puro instinto hubiera tomado control, dejando solo su balbuceante tonto. Ahora Bulma probablemente nunca más le volvería a hablar. Como si leyendo sus pensamientos, Akasha rió una vez más.
"De hecho, probablemente rompiste su patético, frágil pequeño corazón." Se burló, como si la idea hubiera puesto indecible odio en su cuerpo. Obviamente despreciaba la mera mención del precioso. pequeño. Ángel del Rey.
"Dudo que ella siquiera vuelva a mirarte igual Vegeta. Nunca te verá como nada sino un monstruo." El dolor enfurecía a la criatura dentro, añadiendo leña al ardiente fuego atrapado dentro de su pecho. Ella tenía razón, y él lo sabía.
"Ella nunca te verá como nada sino lo que eres. Nada sino un monstruo." Sus ojos llenos de sangre, o así parecía mientras sus vasos sanguíneos se agrupaban juntos más cerca, rojo humeante filtrándose de los círculos de sus pupilas. Sus colmillos comenzaron a crecer... pero aún así... algo dentro lo estaba deteniendo... bajando al arribo de su ser interior.
"Así es Vegeta. Deja que tu demonio domine. Librarlo de este innecesario accesorio. Esto no eres tú. Sabes eso. ¡Deja de pretender ser algo que no eres!" entrenó su lado más oscuro, sonriendo en triunfo mientras la negra perforadora mirada cautivaba sus alguna vez orgullosos ojos.
"Ahora muéstrale Vegeta mi amor. Muéstrale la verdad. Muéstrale... ¡Lo que verdaderamente ERES!"
Y para la gran desgracia de ella. Vegeta obedeció.
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Bulma todavía estaba agachada, casi desnuda en el suelo junto a su innecesariamente gran cama, cuando escuchó un enfurecido rugido, sacudiéndola en atención, seguido de un temblor colapsar y luego otro mientras dos alas negras venían alzándose a través de su pared. El dueño de las alas no era otro más que Akasha, apenas cubierta por una línea roja. Aterrizó con un enfermante ruido sordo al otro lado de la considerablemente gran habitación. Sangre comenzó a fluir de su frente, en firme flujo negro, sus ojos girando hacia atrás y adelante de su cabeza.
La escena había tomado lugar tan rápidamente, era como si Bulma hubiera estado mirando todo desde afuera de su propio cuerpo, sólo siendo despertada por su hipnotizado estado mientras jadeaba en horror. El atacante golpeó a través del agujero en la pared, golpeando más pedazos de concreto y piedra desparramados a través del roto sueño. Filosos pedazos de roca se hicieron polvo a su alrededor, y gritó en miedo, cubriéndose con sus desnudos brazos y piernas, tratando de escudarse de los filosos fragmentos de gruesa piedra.
"Vegeta..." susurró, su boca todavía escondida debajo de sus brazos. Estaba acunando sus rodillas con sus brazos, respirando en rápidos, filosos jadeos mientras la oscura criatura caminaba hacia el otro lado de su habitación. Sus ojos brillaban en un rojo sangre sin Dios, casi pareciendo sangrar sobre sus párpados, extraño humo disipándose frente de su rostro, filtrándose de sus ojos. Y para su horror, vio el brillo de luz en sus grandes caninos perforadores de carne. Estaba completamente fuera de control, y su principal objetivo en el momento, yacía derrumbado bajo una gran mesa de mármol, tratando en vano de esconderse de la poseída criatura. Su prometida. Akasha.
Odiándola como admitía hacer, Bulma sintió una fuerte ola de pena envolver su frío corazón, mientras miraba el visible miedo brillando en los ojos de la mujer. La traición. La incredulidad. O tal vez la sensación más fuerte para su mente que Bulma recibió fue la fuerte sensación de que algo que Akasha había estado planeando había sido disparado horriblemente.
Bulma se acobardó en desesperado miedo, mientras la ira de Vegeta continuaba encendiendo la habitación, causando una sensación de ardor filtrándose en su piel. Casi gritó mientras el caliente aire la rodeaba, volado a una indescriptible temperatura, y se dio cuenta por primera vez en su vida, qué sería sentir su carne derretida desde sus huesos. Miró en horror sin palabras mientras la criatura jalaba a Akasha de la garganta, alzándola alto sobre el suelo mientras ella lo miraba en respuesta, amplios ojos y ahogándose en su propia lengua. Él rió, una profunda y puramente malvada risa, algo que ella nunca había escuchado, antes de arrojar a su prometida lejos en la pared, más cerca de Bulma.
"Voy a matarte." Prometió. su voz estaba enredada con un mal, poseído en segunda voz, ambas se derretían juntas para crear la voz que enviaba escalofríos a través de su sobre calentado cuerpo. Él se estaba acercando más. La muerta criatura viniendo más y más cerca con cada caído paso. Más cerca... más cerca... más cerca.
Bulma alejó el miedo a un lado. ¡Maldita la cautivadora emoción de lástima! No podía mirar mientras él mataba a Akasha. Sabía que nunca se permitiría vivir con el conocimiento que ella podría haber ayudado.
Mientras él caminaba más cerca del caído, tembloroso cuerpo de su prometida, Bulma se abalanzó ante él, cubriendo a la temblorosa criatura que era su objetivo. Una firme mirada agració sus hermosas facciones, aunque sus mejillas estaban manchadas de negras marcas de rimel. Los ojos ojos de Vegeta se ampliaron, como también lo hizo Akasha que miraba desesperadamente protegida por un débil Ángel. El mismo que ella había tratado de hacer asesinar, cuando su plan había sido disparado.
"¡Por qué estás protegiéndola!" Gritó la multi voz de Vegeta. Su rugido era anormal, sacudiendo las paredes en su despiadado tono. Bulma hizo un gesto de dolor, pero no se movió, mirando fijamente en sus sangrantes ojos, buscando por alguna señal del hombre al que casi le había dado su corazón estuviera todavía allí.
"¡No te dejaré matarla Vegeta!" Gritó, cubriendo el cuerpo de piel oscura incluso más.
"Si la quieres muerta... tendrás. tendrás que matarme primero." Se dio cuenta demasiado tarde que acababa de hacer una negociación mortal. Ni tampoco hubiera visto la feroz sonrisa que se estiró en el alocado rostro de Akasha. Tal vez su plan no fallaría después de todo.
La ira de Vegeta se alzó de nuevo a impredecibles niveles y los ojos de ella se ampliaron en shock mientras sentía los pequeños cabellos de sus brazos comenzar a ondear ligeramente. Se preocupó sólo por un segundo que el cabello en su cabeza no estallara en llamas, antes que su absoluto miedo tomara control de lo supuesto.
Vegeta caminó más cerca, poniendo una implacable mano alrededor de su garganta. Era la primera vez que Bulma se había dado cuenta siquiera que Vegeta estaba vestido en nada más que un par de boxers de seda de un profundo rojo casi negro y su siempre presente collar de metal... Su honor. Incluso en su estado como demonio, él era aún tan innegablemente sexy que tuvo que obligar a sus ojos a mirar lejos. Tenía que ser fuerte. Por Akasha. Pero por sobre todo... por ella misma.
Él la obligó rudamente a sus pies, casi alzándola sobre el suelo. Quería desgarrarla en pedazos en donde estaba. Romper su frágil pequeño cuello en sus manos. Sentir los duros huesos rasgarse a nada en su tortuoso agarre. Escucharla gritar y gemir su nombre, como se había prometido que haría hace lo que parecía días atrás. Matarla sería un placer, pero algo lo detuvo. Le dijo que no, ella era demasiado importante. Así que en cambio, la puso rudamente contra una pared, brillando sobre ella, queriendo morder en sus temblorosos labios... hacerlos sangrar en su boca.
"P... por favor Vegeta." Tembló ella, sus gruesos labios sacudiéndose y estrangulando las palabras mientras las decía. Ella tenía miedo de él... Él se alimentaba de ese evidente miedo.
"Por favor... no eres... no eres tú mismo." Tragó duro, atreviéndose a mirar en sus despiadados, sangrantes ojos. Ante su declaración, Vegeta sonrió acercando su cuerpo peligrosamente cerca del de ella, amando como sus ojos intentaban obligarse lejos de su expuesto cuerpo. 'Te quiere ahora más que nunca Vegeta.' Las voces llamaron, tan lejanas.
"¿Cómo lo sabes Princesa?" desafió en una profunda voz, la sonrisa aún pegada en su regodeante hermoso rostro.
"¿Cómo siquiera sabes quien soy?" Preguntó, moviéndose media pulgada más cerca de su tembloroso cuerpo, tan obviamente aterrorizado hasta la muerte de su acercamiento.
"No lo sabes. No sabes nada de quien soy ni de las cosas que hago." Hirvió en furia en su rostro. La triste parte era, que a este punto, ella estaba convencida que sus palabras eran ciertas.
"Adelante... pregunta mi tesoro." Le dijo él.
"Pregúntame a donde voy cuando no estas cerca. Qué hago... cuando te sientas aquí, en tu patética cama, en tus patéticos pensamientos, pensando sobre mí." Los ojos de ella se ampliaron ante sus palabras, la realización de sus sentimientos hacia él siendo arrojada en su rostro. Él sabía.
"Es verdad hermosa... sé que sueñas conmigo..." Sonrió, su dedo moviéndose provocativamente por su suave estómago.
"Justo... así. Esto..." los ojos de ella se ampliaron en vergüenza y absoluta rabia mientras se daba cuenta donde era su destino. Pero hizo la ira a un lado... sabiendo en qué problemas podría meterla su lengua. La muerta mirada en los ojos de él no estaba haciendo lo mejor.
"Vegeta..." susurró ella, girando su rostro lejos mientras él se movía más cerca, sus dedos danzando peligrosamente sobre la parte superior de su ropa interior.
"Por favor... por favor no hagas esto." Rogó ella... sus ojos cargando el peso de descubiertas lágrimas.
"Que no haga qué Ángel..." sonrió malvadamente, fieros ojos brillando mientras él posicionaba su mano y la movía dentro de sus bragas.
"¡¿Qué hago Bulma?" Gritó en risa, hundiendo un dedo en ella.
"¡Dime a donde voy cuando no ves a tu precioso Rey!" Ella comenzó a llorar más fuerte mientras la mano de él agarraba el lado de su rostro, haciéndola mirarlo mientras él empujaba dolorosamente hacia arriba.
"Yo... ¡No lo sé!" Sollozó salvajemente.
"Ohh... sí sabes..." Susurró él, obligándola a mirarlo mientras se inclinaba a su nivel visual, su mano moviéndose lentamente dentro de su febrilmente caliente cuerpo.
"Sólo no quieres saber... ¿verdad? ¡prefieres creer que fui nada más que un cobarde, descerebrado idiota!" Ella comenzó a moler sus dientes juntos, arañando sus uñas contra la pared del dolor y vergüenza, aunque estaba escuchando fuertemente cada palabra que él decía.
"Bueno voy a abrir tus ojos pequeño Ángel..." Susurró, chupando sus labios sensualmente mientras ella apretaba sus dientes.
"Soy un asesino pequeña. ¿Sabes lo que hago con los que se oponen a mí Ángel? Los mato. Los torturo." Siseó amenazantemente, dos dedos entrando y saliendo de ella.
"No sólo hombres... sino mujeres... Y niños." Escupió en una atormentada voz, casi pareciendo indignado de sí mismo.
"Pero no sólo eso... Ángel... Oh. Soy mucho peor..." susurró tan tranquilamente que ella apenas oyó.
"Bebo su fuerza de vida mi pequeño juguete... bebo su sangre. ¿Y sabes por qué mi amor?" Sus ojos se ampliaron mientras sus labios se presionaban más cerca de su garganta, aunque no podía nada sino rogar que se detuviera.
"Lo hago... porque quiero." Con eso hundió sus colmillos en su cuello, sintiendo más que escucharla gritar a través de su desgarrada garganta, erosionando dolorosamente por su esófago. Ella presionó sus uñas en los hombros de él, rompiendo la piel y enviando profundos oscuros ríos de sangre hundiéndose por su espalda.
Él tomó su muslo y la obligó a estar a horcajadas en su cintura mientras hundía sus dientes más profundo en la suave carne de su cuello, sus dedos aún entrando y saliendo de su húmeda abertura. Estaba siendo drenada de toda energía. Era como nada que hubiera sentido alguna vez. Tan doloroso que podía gritar y sin embargo tan apasionado, dobló sus brazos alrededor de él, inclinando su cabeza hacia atrás para mirar con vidriosos ojos al techo, avecinándose muy por encima.
Disfrutando el más fácil acceso, Vegeta una vez más hundió sus dientes más profundo en la herida carne, sintiendo las venas y materia rompiéndose bajo su fuerza, empujando más y más sangre en su desesperada boca. Estuvo sorprendido que ella lo empujara más fuerte hacia ella, pero prodigada la sensación de su caliente, húmeda piel presionando en la suya.
Ella podía sentir la muerte sobre ella por la tirante oscuridad sobre sus ojos. ¿A dónde iría? ¿Se merecía el Cielo? ¿Qué si no? Las preguntas comenzaron a nublar mientras la muerte venía por ella. Bulma cerró sus ojos, su rostro mirando al techo, pero en cambio viendo blancos cielos.
"Es tan hermoso." Susurró al aire a través de entumecidos labios.
El cuerpo de Vegeta estaba incrementado en vida por la enorme energía que el Ángel le estaba dando. Su fuerza vital penetrando a través de sus venas, dándole fuerza que nunca hubiera imaginado. Fuerza suficiente para despertarlo de la oscuridad. Nunca se había sentido tan vivo y sabía que Bulma podía decirlo por su fuerte abrazo comenzaba a debilitarse hasta que colgó inmóvil en sus brazos. Estaba muriendo. Él la estaba matando.
Luchando para ganar control sobre su poseído cuerpo, sacó sus colmillos ferozmente de su garganta, enviando un rocío de sangre a su pálido rostro. Miró en sus muertos ojos, notando que ella no parecía estar mirándolo, sino a algo totalmente diferente. Algo que no estaba realmente allí.
Nunca se había sentido tan fortalecido en toda su vida, cada parte de su ser furioso con poder. Sólo había sentido esto una vez, el día que la había besado primero, desgarrando su frágil piel y vertiendo su sangre en su boca. Había anhelado por la sensación desde ese día, pero nunca había confiado en sí mismo lo suficiente para intentarlo de nuevo, sabiendo que acabaría con ella. Ahora luchaba desesperadamente en no rendirse a la fuerte tentación que explotaba en su cabeza.
"¡Termina lo que empezaste!" Gritó el dragón. "Termina su vida en tus brazos. Está destinado."
Miró fijamente a sus pálidos ojos, convenciéndose que simplemente no podía hacerlo por el pleno hecho de que necesitaba su rescate. A decir verdad, sabía que no debía matarla porque ella significaba algo para él. Se preocupaba por ella. Era un repugnante hecho que empujaba su camino en su mente, más duro intentaba obligarlo a salir.
Gruñendo en voz alta, hundió sus dientes en sus propios labios, rompiendo la gruesa piel y sintiendo el caliente líquido gotear de su boca. Presionó sus labios fuertemente contra los de ella, rezando que todavía tuviera la fuerza suficiente para tragar. Fue premiado mientras sentía su boca contornearse seguido de un trago fuerte. Desgarró incluso más su propia piel, vertiendo la filtrante sangre en la boca de ella mientras ella tragaba desesperadamente, aunque indudablemente inconsciente.
La levantó en sus brazos, aún alimentándola con su vida, mientras la llevaba a su habitación, poniéndola suavemente en su cama y alejando sus labios para mirarla. La sangre caía de sus pálidos labios y ella miraba fijamente si vida al techo mientras él cubría su cuerpo en rojas sábanas de satén. Escuchó su oscuro lado reírse de ella en voz alta.
"Ahora ves quien soy en verdad Bulma... y nunca me cambiarás."
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Bien todos... será mejor que me amen más que nunca por sacar dos capítulos en un día... es cierto que uno fue increíblemente corto comparado con los demás. ¡pero ni siquiera había imaginado que incluso iba a conectarme hoy! Taha... extraño, ¡¿eh? ¿Bueno qué piensan todos? ¿Demasiado crujiente? Bueno... verán... quiero que amen a Vegeta... que estén normalmente atraídos por él... pero... no quiero que lo piensen como alguna bola de mantequilla asexual Rey Demonio que se inclina ante algunos deseos de un Ángel desamparado tan pronto como la conoce. Les dije... este es un cuento complejo de contar... envuelve mirar a los personajes desde muchos ángulos... algunos puede no gustarle. ¿Pero no es eso lo que realmente nos hace a nosotros? Sus defectos. Vegeta está perturbado por su temperamento en el show... pero en mi fanfic es mucho más real que eso. Es un real alto ego... otra personalidad. ¿Pero su repentina "preocupación" por Bulma se mantiene a la bestia a raya? Mmmm... ¡De alguna manera lo dudo! Haha... hasta la próxima vez... gracias de nuevo por los reviews. Amor Camaro. Pd... ¡todavía estoy buscando por fanart!
