Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
El tiempo se detuvo firme mientras miles de ojos miraban a la línea que se engrosaba de luz cayendo en cascada en todo el horizonte.
"Allí... ¡allí debe haber millones de ellos!" Tartamudeó Nappa. Sus negros ojos estaban amplios y su boca cayó de manera insolente. Vegeta sintió la fortísima necesitad de responder "¡DAH!" a lo obvio mostrar una rara y pequeña cantidad de dignidad a su mano derecha.
"¡Nos superaron de cientos a uno!" Continuó el gran hombre en shock. Ahora... si fueran a decir que Nappa era un cobarde, estimando que vivieran lo suficiente para pronunciar las palabras, estarían equivocados. Nappa sólo conocía honor y lealtad a su Rey y nunca molestaría menos. Aún así, la idea de estar cabeza a cabeza volutariamente con un ejército de bien entrenados soldados Angelicales era cerca del suicidio. Quiero decir, vamos... es entendible que él tuviera una pequeña fracción de duda que... hmmm... veamos... ¡DE QUE SEAN ASESINADOS!
Vegeta reflexionó en qué curso de acción tomar. ¿Por qué había tantos? El Gran Rey sabía que eso era sólo una reunión para discutir los términos... ¿entonces por qué el gran número? Tragó, aún no estando seguro de las respuestas.
"¡Sigamos!" Gritó. Bueno... supongo que no se hubiera dado cuenta que sus hombres exactamente darían una truinfante ovación o algo... pero la respuesta que recibió fue, sólo digamos, un poco menos que satisfactoria. Pasmados rostros eran su único movimiento. Podía casi ver las opciones corriendo a través de sus escasas pequeñas mentes.
'Hmm... ¿Abandonamos nuestro ejército y nuestro Rey, entonces no deshonramos eternamente y enfrentamos su cierta ira, si él logra sacar las que sean de las piezas que queden de él, de nuevo al castillo. O. enfrentar a una furiosa multitud de Ángeles con espadas?' Antes que cualquiera de los tontos pudiera realmente elegir una, Vegeta suspiró, sus ojos haciendo sus rondas con una mirada de muerte.
"Está bien tontos... ¡pondré esto en su idioma!" Anunció como si estuviera hablándole a una habitación llena de niños quejándose. Bien. tal vez en la manera que Vegeta le hablaría a una habitación de niños de todos modos.
"El Gran Rey no es lo tonto suficiente para poner en peligro la vida de su única hija por asolar una guerra conmigo. Ella significa demasiado para él." Entre ustedes y yo... Creo que el siempre confiado Vegeta estaba dudando de las palabras mientras hablaba. Pero entonces... tal vez estoy equivocada.
"Su desconfianza en mí, entendible como puede ser..." recibió unas pocas semi complacidas risas, "Pueden ser sólo la razón de su ridículo número de hombres. Mi hipótesis es que son un plan de contingencia en caso de que el "bajo Rey Demonio" cambie su inestable mente." Bufó sarcásticamente, en ese burlón tono que sólo él podía sacar con ese pequeño humor.
"Por lo tanto, continuaremos. Cualquiera que no lo haga," Señaló con un dedo acusadoramente a cada par de ojos en la primera fila.
"Será mi práctica al blanco personal por el tiempo que lo resista." La sádica mirada estaba en sus ojos, como tal vez, sólo tal vez, parte de él estaba realmente queriendo que alguien rechazara su orden. Con su prometida amenaza, sus pies dejaron el suelo una vez más, sus poderosas alas golpeando el duro aire y enviando tormentas de polvo en los ojos de sus hombres, antes que ellos mismos se alzaran del rasgado suelo sobre la juntada arena y lo siguieran. Amenaza con su prometido, sus pies abandonaron el terreno una vez más, su poderosa alas golpeando las duras tormentas de aire y el envío de polvo en los ojos de sus hombres, antes de que ellos mismos se incrementó desde el piso agrietado de mate arena y le siguieron.
Nappa estaba complacido, como siempre, con su Rey. A pesar que la belleza a menudo sugiere falta de sesos, obviamente no era así con Vegeta. Él era un hombre honorable, aunque fuera simplemente por su inteligencia. Y Nappa no estaba en negación. Sabía que él nunca había estado mucho en eso de los sesos. Ni siquiera iba a pretender que lo estuvo, porque tal acto simplemente sería una prueba más de su ignorancia. Pero en cambio, se concentró en sus más redundantes cualidades, como el hecho que él estaba sólo segundo a Vegeta en ingeniosas habilidades de lucha. ¿De quién pensarían que el orgulloso demonio había aprendido estas habilidades? ¿Su padre? ¡BAH! El hombre no podía molestarse en pasar algo de tiempo con su segundo hijo.
Nappa se preguntó si esto era parte de la motivación detrás de la despiadada decencia del trono de Vegeta. Draco siempre había mantenido suma importancia en los ojos de su padre. Después de todo, ¿de qué servía Vegeta si nunca sería Rey de todos modos? Su padre lo había visto como nada más que un molesto desperdicio de espacio, nunca, excepto en las más raras de las ocasiones, pasaba tiempo con él. Era Draco quien heredaría el trono. Draco quien defendería el honor de la familia. Draco quien usaría el collar de metal negro alrededor de su cuello en orgullo. ¿Entonces de qué servía enseñarle al segundo hijo alguna habilidad útil de lucha? Él era sólo un niño mimado de mamá después de todo. No servía para esas cosas.
Pero ahh... qué equivocado había estado el anterior Rey. Porque por dentro Vegeta quemaba una joya que Draco nunca podría poseer. Vegeta estaba lleno de orgullo. Y arrojarlo de él por mucho de su vida fue el más grande insulto que un hombre podría otorgar sobre un salvaje joven Príncipe. Y entonces ellos habían entrenado en secreto por muchos años, Nappa enseñándole habilidades que serían útiles en su futuro a lanzar. No que su éxito no hubiera sorprendido a Nappa... ¡oh sí lo hizo! Pero había sabido todo el tiempo que un día Vegeta lo intentaría. Era simplemente su trabajo asegurarse que él viviera o muriera con honor.
Vegeta podría haber sonado calmado y resuelto, pero por dentro, estaba ardiendo con una intensidad que no había sentido en años. Cuatro para ser exactos. ¿Había sido su juicio alterado por el animal dentro, anhelando una buena pelea? Recordaba este sentimiento claramente ahora. Y le trajo increíbles recuerdos ante el pensamiento.
Habían llegado, como los esperados días siempre lo hacían, que habían sido empujados al límite. Su furia ese día no había quemado su intensidad hacia su padre, como usualmente lo hacía, sino hacia su hermano. El salvaje fuego quemando en su pecho sacudía al dragón dentro, acechándolo con una deportada ira. Era casi incontrolable, pero luchó contra la urgencia de dejarla superarlo y siguió a su padre a las partes más lejanas del Infierno antes de poner en puesta su mortal desafío.
Recordó la sensación de destino mientras estaba de pie cara a cara con su padre. Aparte de la dura barba negra que agraciaba su masculino rostro, Vegeta podría haber estado mirando a un espejo. Podía incluso recordar la ira cursando a través de sus venas mientras su padre una vez más lo subestimaba. ¡Mirándolo con esa insolente mirada como si fuera nada más que una penosa distracción! ¡Cómo había hecho toda su vida! ¡Maldito el hombre que se atreve a mirarlo desde arriba! ¡Su subestimación sería su última caída! Y Vegeta se aseguraría de eso.
"No puedes ganar Vegeta." Su padre dijo mientras su hijo de veinte años fue en cambio un niño de cinco años tratando de jugar a las escondidas.
"Es el título prometido de tu hermano."
"¡Es MI destino!" Sentenció triunfantemente, cada palabra, cada sílaba empujando a su padre más y más del borde. ¿Alguna vez hacen eso? Ya saben... ¿cuando realmente están enojados y alguien dice algo para enfurecerlos más... y luego su respuesta es como que cada palabra los enoja más? Bueno... somos sólo Vegeta y yo entonces. Pero aún así... era como añadir 151 a un incendio. Peligroso. Mortal.
"Si es tu destino morir intentando," El temporal Rey movió su cabeza a un lado, "Entonces que así sea."
Con esas palabras de mando, un duelo de sorprendente e inimaginable magnitud había comenzado. Shockeantes poderes colisionaron en un mortal choque de extraordinarias profundidades, cada uno elevando su energía más y más mientras las horas pasaban, cada uno estando más y más secretamente impresionados. Vegeta no había pasado por alto la ira de su padre y frustración mientras crecía con cada golpe.
Era como si, con cada golpe que aterrizaba con éxito, Vegeta estaba tomando cada gramo de honor que su padre le había negado o robado. Era como si todo hubiera sucedido antes, estaba luchando contra el monstruo que lo había mantenido en cautiverio toda su vida, y haciéndolo pagar. Era hermosa justicia ver esa indescriptible mirada pasar sobre el rostro del Rey mientras se daba cuenta de la inconfundible verdad. Estaba perdiendo.
Estaban erguidos, mirándose duramente uno al otro mientras el momento de descanso los había superado. El cielo estaba escupiendo llamas sobre ellos, abrasados de su inmenso poder. Truenos aplaudían alrededor de ellos y sacudidas de electricidad hacían cosquillas en sus cabellos. Habían estado luchando por casi dos días, la atmósfera temblando alrededor de ellos, sacudiendo la tierra bajo sus pies, mientras el Infierno se mantenía en equilibrio. Ambos sangraban prácticamente por todas partes, algunas heridas incluso comenzando a sanar mientras la larga batalla hubo progresado. Estaban de pie, sólo a pies de distancia, jadeando y mirando tan fieramente como sus rotos cuerpos se lo permitirían.
"Vegeta... no puedes ganar." Replicó el Rey arrogantemente, sonando mucho más convencido de lo que Vegeta imaginó que realmente estaba.
"Ven hijo mío... vamos a poner un fin a este calvario." Como si la amabilidad realmente funcionaría. Parecía que el confiado Rey se estaba quedando sin opciones. Pero la determinación no faltaba en el joven Príncipe y eso era evidente mientras sonreía audazmente en el ensangrentado rostro de su padre.
"¿Oh? ¿Entonces no puedo ganar eh?" Vegeta había reído... REÍDO en el engreído, sudado rostro del Rey Demonio.
"Sé la verdad padre, muy característico de ti intentar su ocultación."
"P. Por favor hijo mío..." Absolutamente agotado de opciones, fuerza y orgullo, el Oscuro Señor había tartamudeado la única opción que le quedaba. Lástima. Aunque secretamente, sabía que era una vacía difícil situación... ¿pero no le darían un giro de cualquier modo?
"Te haré mi mano derecha. Lo que es mío lo haré tuyo. Puedes tener todo lo que desees."
"Todo lo que mi pequeño oscuro corazón desee." Vegeta había sonreído, en esa sexy engreída manera que sólo él puede lograr y hacer a mi estómago girar.
"Todo menos el trono eso sí... ¿Estoy en lo correcto padre?" Caliente lluvia se vertía, evaporándose en el ardiente vapor mientras tocaba su feroz aura. Una enferma mirada cruzó el rostro del Rey.
"No puedo darte eso. Sabes eso joven Vegeta. No me pidas algo que sabes que ni siquiera yo puedo otorgar." Un haz de de comprimida ira agarró el frío corazón de piedra de Vegeta y gruñó, apretando sus afilados dientes. El Rey se apartó con miedo ante este nuevo predicamento. Ignorar a su hijo todos estos años había causado una mortal insolencia que probó estar en contra suya a largo plazo. No tenía idea alguna de qué era capaz el hermoso Príncipe, ni de la malvada criatura que se agitaba dentro.
"Entonces lo tomaré. ¡POR LA FUERZA!" Ni siquiera había registrado que había sido golpeado, hasta que el Rey yacía en el suelo, mirando hacia arriba a los sangrantes ojos de su hijo, sus mejillas en ensangrentados fragmentos por el malvado golpe.
Vegeta se arrodilló sobre el roto cuerpo, mirando al hombre que había acechado sus sueños y torturado su realidad.
¿Es cierto que todos debemos enfrentar a nuestros fantasmas privados en algún momento? Ya saben... el miedo, el bloqueo que nos impide vivir. A largo plazo, creo que todos debemos conquistar algo en nuestros senderos, antes de que realmente veamos la belleza que la vida puede poseer. Cualquiera sea el obstáculo, debemos derrotarlo para verdaderamente abrir nuestros ojos. Para Vegeta, su última carga yacía en una profunda piscina de sangre, rodeada por su aparente final. Cómo era que todo este tiempo, realmente le había temido a este hombre, este... hombre deficiente, que ahora yacía bajo su mirada, roto como un jarrón destrozado. Maldito por impedirle sus sueños.
Vegeta alzó su mano detrás de él, aún mirando fieramente en los acobardados ojos del hombre. Recordó. Recordó cada vez que había sido enseñado su lección... cada vez que su engañosa lengua lo había traicionado. Recordó cada, simple... vez. El masivo abuso que ningún niño debería soportar. El hambre. Los ensangrentados gritos. Las súplicas por algo de piedad... algo de compasión. ¡Nunca!... ¡ni una vez respondió!
Quería gritarle a su padre. Hacerlo recordar cada vez. Gritarle por dejar a un niño de seis años en un calabozo lleno de hombres pudriéndose. Por dejarlo allí sin comida ni menos. Quería que su padre todavía tuviera el húmedo sabor de la carne en su boca. Para... sentir el hinchado cuerpo presionando contra él a la noche, su único calor... su único sustento... y... más en privado... su único compañero.
'Desearía que pudieras hablar con ellos padre.' Comentó solamente en su torcida mente. 'Desearía que pudieras haber yacido en una pila de carne desgarrada y hablado con cadáveres putrefactos, pensando que ellos responderían si tu simplemente hablabas el tiempo suficiente. Si decías las palabras correctas.' Triste que los caídos guerreros hayan sido y todavía fueron, sus mejores amigos.
Pero Vegeta no dijo nada de esto. Sólo levantó su puño hacia atrás y miró rogando en los ojos de su padre. 'Di algo.' Gritó en su hueca mente. '¡Di algo maldito! Dime algo... dime que te hago orgulloso... dime algo.' Todavía podía escucharse gritar en su cabeza. Sentía la clase de tristeza que ningún Demonio siente. Y desde entonces hace mucho que la había alejado como una debilidad de un muchacho de veinte años.
'Sólo no me ignores... por favor... no te olvides de mí de nuevo.'
Voy a decirles algo que NUNCA se puede pronunciar a otra alma. Lo digo en serio... porque si esta información sale... *suspiro...* Ni siquiera puedo imaginar las consecuencias para el ego de Vegeta. Pero. Lo que Vegeta realmente estaba pidiendo... era que su padre lo amara. Sabía que nunca escucharía las palabras... pero... pero tal vez si sólo pudiera verlo... sólo ver esa mirada que Draco daba por sentado. En verdad... Vegeta más que nada quería gritar a los cuatro vientos... dos de las más simples palabras.
"¡Sólo ámame!"
Pero nunca las dijo. Ni una palabra de lo que podría posiblemente haberse inclinado en la balanza. Por que el Rey no había dicho nada. Nada en absoluto. Tal vez... no... no debería decir tal vez. Si el Rey simplemente hubiera dicho que estaba orgulloso de la adquirida fuerza de Vegeta... Vegeta le hubiera permitido vivir.
'Hazlo Vegeta.' Entrenó el dragón. 'Sólo debes matarlo.'
Vegeta quería destruir la voz. Recoger a su moribundo padre en sus brazos y gritar por su amor. Preguntarle por qué... por qué lo rechazaba así... qué había hecho para merecer su constante acercamiento. Pero sobre todo... preguntarle qué tenía que hacer para hacerlo orgulloso. Pero en cambio, cerró sus ojos y apretó sus dientes, añadiendo inmenso poder en su alzado puño.
"Esto es por todas las veces que me hiciste fuerte. Padre." Susurró a través de dientes apretados... apretados no en odio... sino en dolor y verdadero sufrimiento. Abrió sus ojos y mientras todavía miraba al hombre que había amado y odiado toda su vida, empujó su puño en el pesado pecho del Rey, sintiendo los fuertes huesos derrumbarse bajo su fuerza. Abriendo sus manos, todavía dentro del húmedo pecho, se apoderó del corazón y lo arrancó, sosteniendo el latente miembro frente al rostro de su padre. Mirando a los negros ojos girar hacia atrás, sofocó la urgencia de gritar en dolor.
En ese momento había hecho una promesa que mantendría por siempre. Prometió que su hijo nunca sufriría así. Nunca sería negado. Sería protegido y estaría orgulloso de quien era. Incluso si Vegeta no podía amar, se comprometería con el niño que sabría que era apreciado. Y... y tal vez Vegeta sería maldecido a un Infierno más profundo si alguna vez ponía una mano sobre su hijo.
Una gran fuerza golpeó su pecho, y fue en esa preciso segundo a tiempo... que, si Vegeta hubiera verdaderamente tenido un alma... la había perdido. Sintió el objeto cesar su laborioso latido en su empapada mano y lo miró con curiosidad.
"Estoy sorprendido que no sea frío Padre." Susurró malvadamente al ensangrentado cadáver. Poniéndose de pie con orgullo, tomó en la magnitud de la fiesta que acababa de lograr.
"Ahora soy el Rey." Anunció con audacia, de una manera muy de Rey.
De allí había volado a la Ciudad del Infierno, encontrando a su hermano en la habitación del trono. Vegeta había arrojado el resbaloso objeto a los pies de su hermano, disfrutando la enfermamente húmeda bofetada que hizo en el azulejo.
"Híncate." Le ordenó a Draco. Pero su orgulloso hermano no lo haría, mirándolo desafiantemente.
"¡Híncate ante tu Rey!" Gritó Vegeta, llevando un puño al rostro del demonio. Draco, se apoderó de su palpitante mejilla, notando que ni siquiera lo había visto venir, ni imaginaba cómo había picado. Verdaderamente, su hermano había derrotado al Rey, con poder restante... ningún hombre se enredaría con él.
"Tu padre está muerto y tu derecho de nacimiento es mío. ¡Ahora hónrame!"
Lentamente, Draco se hincó, poniendo sus manos a regañadientes sobre su pecho.
"Ya no eres mi hermano." tragó, respirando duro. "Pero si... sino más bien mi Rey."
Por eso, Vegeta había golpeado a Draco dentro de un centímetro de su miserable vida, demostrándole a todos los que cuestionaban su mérito al trono, que él no mostraría misericordia. Había roto sus nudillos contra el rostro del otro hombre en su cegadora ira. Lo había golpeado, liberando todo el dolor, la ira y el sufrimiento que estaban atrapados dentro de su vacío pecho. Verdaderamente había sido un maravilloso reflejo de la manera que su padre y hermano lo habían tratado toda su vida. Sin piedad. Sin compasión. Las dos maneras que había elegido vivir su vida desde ese día en adelante.
"Te haré fuerte Draco." Le había prometido al inconsciente cuerpo.
"Te haré fuerte."
Volviendo al presente, Vegeta sonrió.
"Estarías orgulloso de mí ahora. Padre.
Bueno todos... espero no haberlos decepcionado con el recuerdo, pero era necesario. Mientras desarrollo el personaje de Vegeta... necesito que sepan que originariamente él no había sido tan... qué puedo decir... malvado. El dolor y sufrimiento de una salvaje vida lo han convertido en quién es ahora. Pero creo que su problema es mayormente... que no él no cree que sea capaz de sentir aún. Así que desestima las emociones como nada simplemente porque no cree en ellas. E incluso a pesar que les diga lo contrario... no siente que se haya deshecho de las emociones porque lo hacen débil... en verdad... no cree que es digna de ellas... ¿Puede esto... oh mi... oyede esto ser culpa de su parte? ¿Siente ira por sí mismo por matar a su padre? Se odiaba a sí mismo en el momento... es posible que el dolor aún persista. Pero entonces... díganme lo que piensan... Está bien... gracias por las amables reviews... intentaré sacar otro capítulo esta noche ya que me siento mal sobre hacer un recuerdo y dejarlos colgados en el presente una vez más. Amor.
Camaro
