Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
Vegeta se preguntó en silencio si en efecto vería las brillantes luces del Paraíso hoy. La idea lo fascinaba tanto como la muerte se acercaba. ¿Fascinaba? ¿No estaba eso prohibido? Él sabía bien que no tenía que desear tal cosa. La luz era mala, ¿o no? Miró mientras la horda de innumerables ángeles se acercaban más y más con cada batido de sus fuertes alas.
"El Cielo es un horrible lugar." Draco había informado al Vegeta de tres años, en una madura voz... bueno... al menos madura para un niño de ocho años.
"Todo es luz. Quema tus ojos hasta que sientes que se van a salir de sus cuencas y rebosar en el suelo." Había añadido extrema dramatización con el fin de asustar al joven niño, que estaba de pie con amplios ojos. Poco se dio cuenta Draco que no era realmente miedo, sino más emoción de la idea de la verdadera luz.
"Todos son realmente raros. Todos usan blanco y tienen alas graciosas. Padre y yo tuvimos que usar un escudo invertido para que nadie pudiera vernos."
"¿¡Cómo es que ustedes van y yo no!" Vegeta hizo puchero... como si todavía no completamente consciente de la malvada parcialidad de su padre.
"Porque tu eres sólo el segundo nacido. No entrarás en nada de lo que Padre dice. Además eres demasiado suave. Probablemente te hubiera gustado." Vegeta sintió como si hubiera sido atrapado robando chocolate del gabinete de su Padre de nuevo. Pero, aunque joven, ya había desarrollado un bastante fuerte sentido del orgullo.
"¡No!" protestó en esa adorable manera que hace encantar a los padres sobre sus pequeños hijos.
"Sí, seguro." Draco giró sus ojos. "Probablemente hubieras llorado como un bebe cuando Padre mató a la reina."
Vegeta cerró sus ojos. A veces no siempre había sido tan terrible con su familia. A una corta edad, Draco se había convertido en su único y solo amigo. Recordaba con bastante aprecio el día que su hermano lo había salvado de la cruel ira del Rey ocultándolo en una habitación oculta. O las numerosas veces que Draco había engañado a su padre en creer que verdaderamente había sido él quien había sido la causa de un error, y no Vegeta. ¿En qué momento las cosas fueron tan mal? Aunque sabía exactamente cuando y qué había sido eso que los había separado. Más específicamente, sabía QUIÉN lo había causado. Pero no tenía más tiempo para pensar en esas cosas, porque los Ángeles estaban demasiado cerca, que ya podía verles las caras, con superior vista o no.
SI ocurría una batalla, las posibilidades de victoria eran básicamente inexistentes. ¿Pero qué sobre la supervivencia? Vegeta estaba completamente preparado para la batalla... pero... ¿pero estaba preparado para morir? Había mucho más que necesitaba hacer... muchas cosas que necesitaba ver. Y más importante, mucho más sobre Bulma y él mismo que necesitaba averiguar. La idea era un misterio en sí misma. Pero no antes que su mente errara, luego se encontró, de pie a solo una cuadra de distancia del orgulloso Gran Rey y todos sus secuaces de Ángeles, vestidos en blancas armaduras de batalla. Vegeta tuvo que resoplar. Qué monstruosamente original.
Asintiéndole a Nappa, los caminaron lentamente hacia el detenido ejército, cien veces el tamaño del suyo propio. Vegeta hizo una nota mental de mantener sus alas de cuero estiradas debajo de él, su más intimidante postura... Y aparentemente funcionó, porque cada par de los millones de ojos, se congelaron mortalmente sobre él. Muchos se acobardaron en claro miedo, alejándose mientras la horrible, pero... tan HERMOSA criatura se acercaba, una malvada, confidente sonrisa agraciando su eterno rostro. Pero... el demonio notó con una agria sensación, que el Gran Rey estaba de pie en el suelo con audacia, ni siquiera temblando. Bastardo.
De pie solamente a una yarda más o menos del Gran Rey, Vegeta fue libre de examinarlo y toda su "gloria". ¡Pah! Gloria... el hombre no era un santo gigante que decía ser. Tenía cabello finamente recortado de color carbón, con atractivas mechas blancas bendiciendo las sienes. Su rostro no era poco atractivo, de ningún modo, porque tenía fina piel y muy pocas arrugas. Sí... los Ángeles envejecían igual que los Demonios. Sólo progresando hasta su primordial. Para este Ángel... su primordial había sido de alguna manera más grande que la mayoría, pero sin embargo era un joven y atractivo hombre. A pesar de esa ridículamente fuerte armadura y los dos arrogantes guardias a su lado.
Mirando a la derecha del Gran Rey, Vegeta sonrió al casi estúpido guardia que miraba, de pie atolondrado en su obvio miedo, antes de echarse atrás y ponerse alto, como si pudiera estirar su cuerpo hacia arriba y volverse un hombre mejor. Idiota.
Mirando a la izquierda del Gran Rey... Vegeta fue recompensando en ver un rostro extrañamente hermoso, controlado y habitado por un aniñado miedo. El Ángel de cabello negro era grande y alto, obviamente musculoso debajo de su armadura. Su magníficamente esculpido rostro llevaba un increíble atractivo y sostenía su postura con orgullo. Era valiente. Eso era evidente. Algo sobre el Ángel lo golpeó como increíblemente extraño. Como. Como si no perteneciera a la armadura blanca. Como si algo sobre él chocara terriblemente con las blancas alas firmemente contra su espalda. Además el hecho de que se parecía a Radditz.
"Eres un tonto, joven Rey." Sentenció el Gran Rey en una manera sólo conocida por la Realeza. Tenía una arrogancia y una fineza que enviaba escalofríos de desafío por la espina de Vegeta.
"Tu número de soldados es para reír. Tu sobre confianza será tu caída."
"¿Oh?" Sonrió Vegeta, finalmente alejando sus ojos del orgulloso Ángel, notando sólo curiosamente como notablemente el Ángel había mirado fijamente en respuesta. Miró venenosamente al Gran Rey, ignorando el hecho que el miserable idiota a su derecha había bufado en protesta.
"No estaba consciente que íbamos a hacer estragos de guerra total mi Angélico Rey. Estoy aquí para discutir los términos de tu hija." Ante el sonido de su rasposa voz, muchos Ángeles comenzaron a echarse para atrás, su cobardía mostrándose como moscas en paredes blancas. Vegeta estaba completamente consciente cuan intimidante era su impecable encanto, esculpido cuerpo, grandes alas y profundamente acentuada voz, pero no iba a permitir a su nerviosismo que se notara.
"Mi padre nunca entregará el Paraíso a alguien como tu... Incluso si viene con un precio."
Su voz hizo eco en su mente, emocionando su ya nervioso estómago."
"Qué términos... no tengo nada que discutir contigo Monstruo." El Gran Rey respondió en un asqueado tono de voz. La manera que miraba al demonio sorprendió a ambos Ángeles a su lado, porque incluso la hermosa criatura a su izquierda al menos había considerado el peligroso espectáculo con dignidad.
Vegeta estaba sorprendido y sus expresiones faciales traicionaron la rara emoción.
"¡¿Qué?" Gritó, causando que algunos de los Ángeles sean arrojados casi en histeria. Su aura se volvió roja como la sangre y giró alrededor de él peligrosamente. El audaz Ángel lo consideró con algo como maravilla, mirando en esa penetrante mirada que gritaba interés. Vegeta simplemente lo ignoró, demasiado enfrascado en su propia fura con el flagrante desprecio del Rey por su hija. ¡Era absurdo! ¿Cómo se atrevía este infame Rey, ampliamente conocido por su abundante amor y ridícula amabilidad, a preocuparse tan poco por su carne y hueso? ¡Cómo se atrevía a no preocuparse por Bulma!
"¡¿Ni siquiera te importa?" Escupió a través de apretados dientes, mirando con una furia que solo hombres en su línea sanguínea podían lograr. El aire alrededor de él se volvió perturbantemente caliente, casi empujando a todos los intrusos.
"¡¿Traicionas a tu única hija y te atreves a llamarme monstruo?" El puro veneno en su voz había incluso logrado sorprender al Rey, enviando feroces escalofríos por su espina. Aún así, estuvo inquebrantable. Los guardias del Gran Rey silbaron furiosamente ante su irrespetuoso tono y a lo que sus palabras estaban básicamente implicando. Alzaron sus armas, listos para un ataque.
"No eres más que un cerdo traidor." Vegeta hirvió a través de apretados colmillos. Notó sólo subconscientemente que necesitaba calmarse, porque sus dientes estaban creciendo más con cada ahogada palabra que corría de sus labios. El dragón estaba comenzando a sacudirse y sabía que debía silenciar su suplicante llamada hasta que fuera el momento correcto.
Nappa miró fijamente con amplios ojos al ardiente demonio junto a él. Hizo gestos de dolor ante cada palabra que era escupida a través de los dientes de Vegeta, notando que cada enunciado era lanzado con indomable ira. Había sabido que su amo mostraba afecto por la princesa, pero cada oración que pronunciaba, Nappa estaba más y más convencido de las profundidades que tenía su afecto. Sólo estaba comenzando a verlo, pero eso casi lo hacía más reconocible. Vegeta no estaba enojado simplemente con el despreocupado tono que el Gran Rey usaba, sino más con sus palabras. Vegeta estaba defendiendo a la Princesa... que básicamente significaba que se preocupaba mucho más profundamente por ella que simplemente por su apariencia. Era muy extraño en efecto, y estos hechos ponían a Nappa más y más incómodo.
"Mi hija está muerta y lo que he perdido pronto será rectificado por venganza, mi joven diablo." El Rey respondió, su voz casi en un susurro mientras miraba al Demonio. Con su valiente réplica, los dos guardaespaldas se movieron a una posición de lucha, seguidos al unísono por las millones de criaturas de Luz detrás de ellos.
"¿¡Qué! ¡Ella no está muerta imbécil!" Vegeta gritó en frustración. Nada tenía sentido ya. La expresión de ira del Gran Rey no lo hacía desfallecer ni un poco. Ni siquiera un temblor al escuchar el manifiesto de la vida de su hija. ¡¿Acaso le importaba un carajo al bastardo? Y. Yo diría que fue justo entonces cuando un enfermante pensamiento pasó a través de su mente, enfureciendo su golpeante sangre corriendo fervientemente fría.
"No..." Se encontró en un débil tono de voz antes de enderezarse, sólo notable para el Ángel a la izquierda.
"¿No recibiste mi carta viejo tonto?" Aún... no estaba exactamente feliz con su obturado tono, pero en el momento realmente no pudo importarle menos. Algo estaba mal... muy... *trago*. muy mal. Los ojos del Gran Rey se volvieron de nada más que gélidas líneas de hielo en su enfurecido rostro.
"No había ninguna carta animal." Respondió... su tono... peligrosamente bajo.
"¡¿Q- QUÉ?" La verdad se vertió sobre el Rey Demonio como una cascada de glaciar, haciendo arder su interior con un indomable miedo. Tal vez... sólo en su mente podía verdaderamente escucharlo... pero el acechante sonido era más real que nada de lo que Vegeta hubiera podido imaginar. Escuchó la risa de su hermano, pasando en cada parte de su mente, muy lejos en la distancia, pero nunca mirando.
Su hermano. Lo había traicionado. Nunca había dejado la carta. Y había destruido el cuerpo de Dodoria, dejando en espera, una habitación infestada de sangre, apestando con absoluta muerte y plumas que flotaban. Esto Vegeta simplemente lo sabía porque... pensaba mucho como su hermano. Pero aparentemente no lo suficiente, porque había sido engañado, incapaz de estar preparado para una batalla que él no tenía idea alguna. Cada momento que había compartido con Draco fue volado en pedazos en su rota mente mientras cada realización se hundía en su cerebro.
"Ella. ¡Ella está viva!" Tartamudeó furiosamente, sus pies apoyándose hacia atrás de la escena de absoluta fatalidad. El rostro de Nappa se deformó en una máscara de supremo horror mientras los hechos lo abrumaban también. Los demonios detrás se obturaron, pero se mantuvieron firmes detrás de su comandante y su Rey, ni siquiera intentando un escape. Porque si encontrarían su cierto final en este día, lo harían con honor. Pero en efecto esta sería su última batalla, nada más que una misión suicida. Extendieron sus negras alas, completamente preparados para golpear por su Rey. Haciéndolo había causado una cantidad de bendiciones para llenar sus orgullosos corazones, mientras los Ángeles se tambaleaban hacia atrás, casi cayendo en dominó ante la temible llena vista que estaban destinados a conquistar.
El Gran Rey levantó su cabeza como si atreviéndose a creer lo que el demonio acababa de proponer.
"No... ¡No dejes que sus palabras lo engañen mi Rey!" Tartamudeó el guerrero de cabello negro a su derecha. Vegeta miró al aparentemente cobarde payaso que se había referido a él como un mentiroso.
"Ningún animal como él podría preservar la Bulma viva por todo este tiempo." Hirvió, sus negros ojos ardiendo calientemente en la fuerza de Vegeta que se convocaba escondida que había florecido de la expresión de sorpresa grabadas en el rostro del Rey Demonio.
"No está en su naturaleza mostrar auto control. Él no es nada más que un monstruo." Había algo en sus palabras escupidas furiosamente que gritaba algo personal. Pero Vegeta no estaba pensando en esas cosas mientras millones y millones de alas blancas se lanzaban a través del Infierno en una asediada furia.
"Draco..." fue todo lo que pudo susurrar.
Fuerzas Oscuridad y Luz colisionaron, sangre volando en el aire mientras carne se conectaba con el metal. El sonido de desenvainados agarres sonaban a través del aire junto con el enfermante sonido de espadas corriendo a través de un cuerpo. El aire estaba lleno con un ensordecedor rugido de gritos de batalla y sollozos finales de hombres agonizando. Los gritos de angustia se expandían a través del Infierno, haciendo eco y acechando la distancia.
Los Ángeles lucharon ferozmente con espadas y lanzas, desgarrando a través de la multitud de malvados Demonios. Los Demonios lucharon con dientes, uñas y pinzas, cortando a través de carne y hueso. Sangre volaba en el aire, salpicando a través de sus rostros y manchando las armaduras blanco puro de los Ángeles. No fue largo, antes que los Ángeles fueran obligados a ponerse de pie sobre los cuerpos de sus compañeros, trepando sobre los caídos montículos de empapada carne para castigar al enemigo. Algunos de los más débiles de corazón, sollozando en sus pechos antes de ser brutalmente asesinados por su falta de atención. Los Demonios luchaban como de esperarse. Sin piedad.
Si tuvieran que tener que ver la batalla, dudo mucho que pronunciaran alguna vez otra palabra de nuevo. Tanto miedo inspiraba esta escena, que los pocos Ángeles que sí sobrevivieron, nunca la olvidaron.
Una línea de Ángeles vino tras otra, siendo brutalmente atacados, mutilados o drenados de su energía. Hundiendo sus dientes en las gargantas de otro hombre, los Demonios curaban sus heridas y expandían su energía. Era la única vez que se probaban completamente vulnerables como mientras Ángeles sacrificaban a sus compañeros a los despiadados colmillos, esperando hasta que su guardia cayera antes de deslizar las espadas en sus espaldas.
Permitir luchar era una peligrosa situación para la mayoría, los Demoníacos soldados luchaban con valentía y determinación que nunca podría ser rivalizada. Aunque sabían que eran apenas hombres muertos de pie, no se irían si una pelea.
Fue a través de la lucha, que Vegeta ganó su título, además de silenciar cualquier debate de su valor del trono. Luchó con suprema intensidad y habilidad, ganando su derecho como líder. Él rápidamente se metió a través de las masas de guerreros alados de blanco, cortando con sus largas uñas, sin tener presente uso de su escondida pinza. Sabía que esto posiblemente podía ser la última vez que mostrara tal feroz talento y lo disfrutaría lo más posible, disfrutando la exótica sensación de gruesa piel siendo arrancada con sus afiladas uñas. Benditas las cortantes negras creaciones. Sus ojos se volvieron de un malvado rojo, a través de su verdadero ser no salía a la superficie, yaciendo aletargado por el momento.
Hundió sus colmillos profundo en el cuello de un joven hombre, sintiendo las venas contorsionarse bajo su presión y eventualmente romperse en su boca, liberando el bendito espeso líquido. Normalmente él intentaba ser menos desordenado, saboreando el precioso líquido en su boca antes de permitirle deslizarse por su garganta y agraciar su sistema. No fue así cuando desgarró el montón de carne de los cuellos de los hombres y bebió fieramente, arrojando los aún respirantes cuerpos al húmedo suelo, despiadadamente vivos. Gruñían mientras morían, espasmos temblando sus agonizantes cuerpos mientras sus ojos permanecían amplios y abiertos, aún tratando de preservar el mundo alrededor de ellos mientras la oscuridad se hinchaba alrededor de su visión.
Más de cientos de cuerpos lo rodeaban mientras él arrojaba uno tras otro detrás de él mientras terminaba. Sintiendo una presencia que se acercaba rápido viniendo de atrás, furiosamente se dio vuelta, golpeando brutalmente con sus garras.
El Ángel gritó en shock, antes de agarrar su brazo, sólo una fracción de segundo antes de impactar con su rostro. Vegeta intentó furiosamente romper el agarre del Ángel y casi desgarrarlo por la mitad, pero la criatura de Luz era rápida, casi cayendo de rodillas mientras la mano se acercaba más y más a su rostro.
"¡Tú!" Hirvió Vegeta, mirando abajo al agachado Ángel, a merced de su apretada mano. No era ningún otro que el hermoso guardia que estaba de pie orgullosamente a la derecha del Rey. Quitó su mano rápidamente, mirando mientras el Ángel recuperaba su equilibrio, que estaba actualmente sobre un incruento hombre. Estaban de pie cara a cara, cada uno calibrando al otro en resolución sin miedo. Vegeta fue el primero en moverse en una posición de pelea, siguiendo el ejemplo del Ángel.
La Luz estaba cara a cara con la Oscuridad. Y supongo que si alguien fuera a dibujar tal épica escena, sería verdaderamente notable. Porque aunque no era apropiado, el Ángel sostenía sus alas tanto como Vegeta lo hacía. Alzándolas intimidantemente detrás de él en una malvada postura.
"¿Estás listo para morir Vegeta?" Dijo el Ángel solemnemente, como si estuviera haciendo alguna clase de promesa. Vegeta sólo bufó, mirándolo desdeñosamente como su fuera una mera broma que acababa de pronunciar. Para Vegeta... lo era.
"Odiaría ser obligado a mutilar esa cara tan bonita, Ángel." Sonrió, posicionándose para la venidera batalla.
"Pero yo no dudaré si eso es lo que deseas." La criatura de Luz sólo asintió, y aunque trató desesperadamente de ocultarlo, Vegeta había notado un brillo de emoción cruzar sus ojos, y una pequeña sonrisa realzó sus llenos labios. Simplemente había algo sobre este guardia que gritaba que debía ser cualquier cosa menos un Ángel.
Pero Vegeta no tenía más tiempo para reflexionar sobre esas cosas mientras la criatura se destellaba frente a él, soltando sus brazos bloqueando. El Ángel se había movido tan rápidamente, que lo hagía tomado a tiempo para registrar que estaba siendo atacado. Nunca había visto a nadie moverse así, Demonio o Ángel. Eso era sin dudas sorprendente, y sin embargo intrigaba su deseo por una buena lucha. Y así los dos batallaron fieramente, su espantoso alrededor y respondiendo el llamado de un desafío que quemaba tan ferozmente como el fuego del Infierno.
Volaron al aire, intercambiando golpes mientras levitaban sobre el ensangrentado suelo. Vegeta fue sorprendido más aún cuando el Ángel realmente aterrizó un par de golpes, lastimando su precioso rostro. Aunque el shock fue su primera emoción, lo siguió la ira, enredándose con su orgullo. Realmente odiaba ser golpeado en la cara. Para ser honestos, Vegeta simplemente estaba jugando con el Ángel, experimentando su fuerza y habilidades. Pero mientras la pelea seguía estuvo más impresionado por los delicados giros y movimientos, tensos con abundantes músculos. El Ángel no usó su espada, como Vegeta no desenvainó su pinza, silenciosamente acordando que sería deshonroso hacerlo. Y aunque el Ángel había notado que estaba perdiendo, sólo retrataba calma de control, nunca envolviéndose en ciega frustración.
Pero... desgraciadamente... el tiempo era una esencia y Vegeta tenía muy poco para perder mientras sus restantes números de guerreros estaba disminuyendo. Aunque odiaba finalizar tal emocionante pequeño partido, sabía que tenía que hacerlo. Mientras el Ángel arrojó su puño hacia adelante, el Demonio se volteó ágilmente sobre él, tomando una muñeca y luego la otra sosteniéndolas fuertemente detrás de su espalda.
El Ángel comenzó a retorcerse y moverse en vano. Vegeta simplemente rió ante sus intentos y mordisqueó su cuello alegremente como si estuviera jugando con él.
"Ah Ángel... ríndete... lo has hecho bien... ahora relájate y esto será mucho menos doloroso." Rió malvadamente, jadeando contra su garganta. El Ángel tembló e intentó más duro liberarse de sus poseídas manos. Gritó cuando sintió la caliente lengua de Vegeta correr a través del lado de su cuello, jugando con su presa como un animal.
"Sólo quiero que sepas una cosa mi preciosura..." Vegeta susurró en su oído mientras él temblaba en furia y miedo, su espalda presionando contra la dura estructura del pecho del Demonio, mientras levitaban más alto sobre el suelo.
"Realmente voy a disfrutar esto." Lentamente abrió su boca, permitiendo a sus colmillos tiempo para crecer más con anticipación del maravilloso líquido que pronto estaría desparramándose en su boca. Poniendo sus labios contra la tierna piel de su víctima, abrió su boca, preparándose para hundir sus dientes en la suave carne.
"¡Toma esto monstruo!" Gritó una joven voz desde atrás. Girándose violentamente hacia el intruso, Vegeta fue cortado malvadamente en su pecho por una noble, ensangrentada espada, sostenida con firmeza por un pequeño Ángel calvo. Para gran desgracia del pequeño Ángel, sólo fue una herida de carne que apareció a través de la lastimada armadura, sólo permitiendo filtrarse escasas cantidades de sangre. Vegeta gruñó furiosamente, girando su malvada mirada al tembloroso Ángel, que estaba actualmente tartamudeando una disculpa.
"¡Krillin no!" Gritó el hermoso Ángel, acercándose hacia su amigo mientras los dedos del Rey Demonio se deslizaban en su estómago. Un débil grito de dolor fue su única respuesta mientras sus ojos se palidecían y una shockeada mirada cubría su rostro. Sus dedos explorando los resbalosos intestinos y deslizándose alrededor de ellos, Vegeta sacó su mano, cubierta en sangre hasta el codo. Una suprema mirada de placer agració su hermoso rostro mientras lamía el jugo de sus dedos, como si estuviera disfrutando una deliciosa comida.
Una mirada de completa incredulidad reemplazó la enfurecida mirada en el rostro del guardia, mientras el cuerpo de su compañero caía al suelo, aterrizando con un enfermante ruido sordo sobre un Demonio de élite.
"¡¿Cómo pudiste?" Gritó, ojos brillando sobre Vegeta mientras sus hombros se sacudían en contenida ira. Así que... había algo de fuego en la bendecida calma criatura después de todo, Vegeta dijo con humor. El Ángel mostró sus dientes, preparando otro ataque antes que inesperadamente cayera al suelo de cadáveres, arrodillándose junto al Ángel, acunando su cabeza en su regazo.
Llegando al bolsillo de su pecho, sacó una pequeña pastilla, o así parecía, y la metió en la abierta boca de su amigo.
"Mastica." Ordenó en una amable voz, persuadiendo al guerrero más pequeño mientras su débil mandíbula roía el diminuto objeto. Vegeta aterrizó suavemente junto a él, observando con aparente curiosidad, justo qué exactamente estaba haciendo. El guardia no le prestó atención, mirándolo intensamente mientras su compañero tragaba el objeto. Ante los propios ojos de Vegeta, la hinchada, desgarrada piel del Ángel se envolvió y sanó radicalmente. En clara sorpresa, miró mientras la criatura se sentaba y se sacudía, sonriendo brillantemente con salud a su salvador. Su mandíbula cayó absolutamente al suelo.
Pero antes que pudiera demandar una explicación, sus ojos miraron al Gran Rey, cortando furiosamente a los Demonios, rodeándolo de izquierda a derecha. Casi cien cadáveres de alas negras envolvieron sus pies, y su espada mostraba brillantemente el rojo goteo. Pero. Pero estaba Nappa... de pie junto a él. Sonriéndole a la ignorancia del Rey.
"¡NAPPA NO!" ¡Gritó Vegeta por toda su vida! Pero mientras el grito sonaba a través del aire, era acompañado por el gemido del Gran Rey, mientras cuatro hojas carmesí aparecían saliendo de su pecho.
¡Oh, Dios mío! ¿Qué ha ocurrido con el Gran Rey? ¿Ha firmado Nappa su destino con una sangrienta pinza? Si es así... ¿Qué hará Vegeta? ¿Cómo le dirá a Bulma? Oh mi... las cosas se están volviendo incluso más complicadas y créanme que se pone peor. Oh y para Luthien... Ah... Lutien deseo que pudiera tener tu dirección de correo electrónico para poder agradecerte por tal hermoso review. Fue muy inteligente y significativo. También... sobre tu idea de la duración... me encantaría ponerme en contacto contigo sobre eso... haha... realmente vas a estar sorprendida. Y cómo puedo posiblemente no agradecerle a mi querida Brax... me haces sonrojar... ¡CADA VEZ! Pero el próximo correo electrónico... ¡dame tu verdadero nombre y correo electrónico! Hahaha... bueno gracias a todos... April bee y kewla... por supuesto... también yugi... debes amarme mi leal yugi... y último pero DEFINITIVAMENTE no menos importante... amo a mi niña ninja... han leído sus fanfiction... La Casa Invita... mmmm... mm... ¡mmmmm! ¡puro genio! ¡Lo recomiendo! gracias de nuevo a mi otro amor Ángel Oscuro... no no... no la historia... mi niña GMTCard haha... el próximo capítulo sale esta noche... también... ¡¿pueden CREER cuantos reviews he recibido? ¡Estoy tan emocionada! ¡AHH! Amor Camaro
