Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Tomó un profundo respiro, sintiendo la contracción de madera con su movimiento. Podía sentir su corazón partido a la mitad, las venas y arterias desgarrándose y temblando, aún así luchando por latir alrededor de la gruesa manija de la lanza. Cualquier hombre normal hubiera perecido por el ataque. Sus pulmones se estremecieron, suplicándole tomar un bendito jadeo de aire, y su agonizante cuerpo respondió chupando afilados rápidos jadeos. El dolor... ninguna criatura debería alguna vez tener que experimentar tal cosa. Podía sentir cada astilla de la madera, cada pequeño intruso que desgarraba su interior en cintas.

Aún de rodillas, y mirando hacia adelante en shock, sintió la salpicadura de sangre mancharse sobre su regazo, brotando como una cascada. Cerrando sus ojos, y convocando a la poca fuerza que le quedaba, sacó el extraño objeto de su pecho, gritando en dolor mientras las cascadas brotaban a través de su herida abierta.

¿Ahora qué piensa una persona cuando saben que van a morir? ¿Realmente ven recuerdos de sus vidas anteriores pasar ante sus vidriosos ojos? ¿Hay un túnel? Tal vez debería dejar tales investigaciones al lector... ¿Porque cómo podría alguien verdaderamente responder talcosa? Cualquiera sea su fe... la de Vegeta es diferente.

Porque en el momento donde la mayoría estarían concentrándose o donde sus almas estarían yéndose... o cuanto desearían que pudieran haberle dicho a alguien que lo sentían... o el usual... que los amaban y que nunca tendrían las agallas para admitirlo... No... estos no eran los pensamientos de Vegeta. Porque un verdadero Rey Demonio, su triturada determinación sólo anhelaba por una cosa. Venganza. No dejaría lo exacto de su amargo sabor sobre el miserable tonto que se había atrevido a terminar con su vida. Usando lo que le quedaba de fuerza, obligó a sus debilitadas alas a ponerlo de pie. La temblorosa cantidad de dolor voló a través de su cuerpo, casi perdiendo la conciencia por la negra neblina poniéndose alrededor de sus ojos. Pero obligó a la bendita neblina a irse, aclarando sus ojos y su mente, mirando en claro odio al Ángel de cabello oscuro que estaba de pie mirándolo en shock.

Cualquier hombre normal hubiera perecido al mero tacto de la lanza en su corazón, y sin embargo el Ángel miró fijamente en horror mientras el Rey Demonio se sacaba la lanza de su pecho, como si fuera nada más que una pequeña herida de carne, una astilla o espina de un rosal que tenía que ser sacado, nada más. El único sugestivo detalle que sostenía alguna prueba de todo lo que el extraño objeto había sido alguna vez incrustado en su pecho era la increíble cantidad de sangre que brotaba de su armadura. El Ángel se preguntó enfermamente si la sangre que sabía debajo de los pies del Rey era incluso suya... o realmente... la sangre de los incontables soldados caídos que el monstruo había succionado. La pregunta de cómo, duramente a través de su indistada mente. Debería haber estado muerto, caído, asesinado, y yaciendo junto al cuerpo del Gran Rey, quien sería creído como haberlo asesinado él mismo...

Pero este Ángel sabía la verdad... había visto todo, aunque gracias al cielo no había escuchado nada. Literalmente había enfermado su agrio estómago ver al Gran Rey tocar al Demonio con amabilidad, susurrar secretos que él nunca sabría. Para sonreír a la miserable mugre como si fuera un amigo perdido de hace mucho tiempo, ¡en lugar de un asqueroso pedazo sediento de sangre de vil basura! Y por eso había esperado. Esperado hasta que el sistema de alerta de la criatura estuviera bajo y entonces alejando la desconocida idea de honor, y arrojando con todo su poder, una sagrada lanza a través de la espalda del enemigo. Ahora cuando la mayoría de las criaturas, tanto de luz o de oscuridad, vio atacar al enemigo cuando su espalda estaba dada vuelta como cobarde, este Ángel no creía otra cosa. ¿Por qué debería pagar tal honor a tal desgraciada encarnación del mal? El engendro de oscuridad no merecía honor alguno, sólo merecía muerte por todos los crímenes que había cometido malvadamente. Forjar una guerra con el Paraíso, causar la muerte del Gran Rey a través de uno de sus secuaces, y tal vez lo peor de todo. Secuestrar a la Princesa... secuestrar a Bulma.

Pero ahora el demonio estaba parado orgullosamente, aparentemente inconsciente de las arcadas y cantidades de sangre golpeando a través del agujero en su pecho, y viéndose tan invencible como siempre. Lo miró con amplios ojos, mientras la criatura de alas negras hacía un tembloroso puño, el aire alrededor de él suplicando resplandecer invisible electricidad, haciendo a la carmesí aura atraparlos a ambos.

Vegeta reconoció al joven Ángel mientras el furiosamente implacable guardia que había estad de pie al otro lado del Gran Rey antes de la batalla. Y no... este no era su favorito hermoso Ángel. Este era el tembloroso, temperamental pequeña comadreja que apenas había sido capaz de controlar a la criatura dentro de todo. Este pequeño. pequeño... NADIE... ¡¿iba a terminar su vida? Oh eso pronto sonaría bien en los libros de registro... El orgulloso Rey Demonio asesinado por un bajo, tonto guardia sin nombre. ¡Lamentable!

Vegeta estaba shockeado... quiero decir SHOCKEADO cuando el insolente bastardo lo golpeó en la cara... ¡duro! El golpe lo había tomado completamente con la guardia baja, sin dura por la lenta muerte que había llenado su mente, torturándolo mentalmente como una droga. Su visión estuvo comenzando a borrarse temporalmente, concentrándose y perdiéndose, nunca realmente decidiendo por seguro cual era el momento indicado para hacerlo. A pesar de ello... esquivó la patada que fue enviada directamente a su rostro, bastante posiblemente capaz de arrancarle su cabeza, si no hubiera estado prestando atención. Si sólo no le hubiera permitido a su padre desfallecer. Entonces hubiera sentido al burdo intruso y extinguido la podrida hierba antes que floreciera sucesivamente. Y ahora estaba terminando. Y todo lo que había significado tanto para él... sus objetivos... sus sueños... incluso los planes de los próximos días. Parecía como nada más que una débil interpretación de lo que era la vida. En realidad... la vida era emoción y actuar sobre ella. Así que en ese momento... centró su odio... que a cambio... causó la furia arder incluso más.

Pero estaba todavía extrañamente impresionado por la evidente habilidad del Ángel. Ni siquiera mencionar la increíble cantidad de rara valentía que estaba demostrando.

"No está mal..." dijo... "Pero tomará más que un héroe ciego para detenerme, muchacho." Recriminó... en verdad sonando mucho más poderoso de lo que se sentía su cuerpo que gritaba. Era casi enloquecedor... el dolor... la simple ironía de la ridícula situación. Y así había aprendido finalmente qué podría haber sido la información más importante... desde el Gran Rey, que había sido recientemente asesinado... que su hija estaba desesperadamente enamorada del demonio. Aunque la mayor parte de su locura prácticamente hueca... una pequeña, disminuyente parte de él... rogaba con su inexistente alma... a escuchar y creer. Pero ahora... Nunca sabría la verdad. Irónico de hecho. Y triste.

"Tú no eres nada más que un asesino y un mentiroso. ¡Voy a aplastar tu maldita presencia fuera de la existencia Monstruo!" Gritó el estresado guerrero, sacando su dorada espada, bastante preparado para desenvainar el metal de confianza. Pero Vegeta fue más rápido, golpeando su puño, arriba y en la desprotegida barbilla del Ángel, prácticamente noqueando al otro hombre de sus pies con el antinatural poder. Aterrizó torpemente, casi en su cabeza, sobre el polvoriento suelo que era el agrietado suelo debajo. Su cerebro fue sacudido con la malvada fuerza, y el mundo se oscureció momentáneamente, la primera clara visión siendo un enfurecido Rey Demonio de ojos ensangrentados, sumergiéndose hacia su enredado cuerpo.

Vegeta golpeó sobre la criatura de luz, aterrizando con un repugnante crujido, uno que significaba el sonido de costillas crujiendo. Si no hubiera estado en el precipicio de la muerte, hubiera sonreído ante el familiar sonido que había sido su marca registrada sobre otro hombre. Era bien sabido... después de golpear las costillas, el cuerpo estaba atrapado en casi abrumador dolor, insignificante para la pobre alma que se empequeñecía detrás. Y así Vegeta miró en triunfo a la jadeante, pálida criatura bajo él, sólo silenciosamente remarcando que estaba equivocado sobre el hombre. Porque era bastante atractivo... si les gusta ese aniñado encanto.

Se sentó a horcajadas sobre el Ángel fieramente, prestando poca o ninguna atención a las ásperas súplicas vociferadas del lastimado hombre bajo él, que gritó en dolor mientras el Demonio ajustó su peso posicionado sobre las sangrantes costillas. Buscando alguna señal de piedad, o posiblemente evidencia de un alma, los ojos del Ángel se volvieron borrosos y llenos con lágrimas mientras era evidente que su visión se había vuelto vacía.

No había nada en este monstruo que traicionara alguna cantidad de perdón. El Ángel se estaba dando cuenta demasiado tarde que si intento de asesinar al dragón no era nada más que una misión suicida, un deseo de muerte. Esta criatura no tenía amor en su corazón. Pero entonces mientras el Ángel comenzaba a llorar, sollozando en frescos, desconocidos jadeos... notó que sólo por un breve segundo un pequeño destello de dolor curzó las inclinadas cejas del demonio.

Era sólo que se veía tanto a Bulma... no, no... No como ella... pero la apariencia era tan familiar que se sentía como si su pecho estuviera siendo estirado, aunque posiblemente su corazón estaba cediendo... De cualquier manera era malo. ¿La vería llorar de nuevo alguna vez? ¿La vería de nuevo alguna vez? El pensamiento lo lastimaba sólo temporalmente, el dragón dentro sacudiéndose y empujando los sentimientos de duelo que lo picaban. Ahora no era el momento para tal insolente reflexión sobre lo que no podía ser evitado. Era momento del exacto nefasto castigo al balbuceante tonto debajo de él.

Asolados gritos llenaron el tenso aire, mientras los puños de Vegeta duros como roca golpearon ambos lados del rostro rápidamente sangrante del Ángel. Una mejilla después de la otra, su rostro fue enviado de atrás a adelante, de adelante para atrás mientras sus pómulos eran aplastados por los fuertes nudillos en los fuertemente apretados puños del Demonio. El mundo estaba volando tan rápido, cerró sus ojos, escuchándose subconscientemente gritar una y otra vez. Sus lágrimas comenzaron a mezclarse con sangre, cayendo por sus desgarradas mejillas, y picando en las abiertas heridas de la tierna carne. Podía sentir los dientes en la parte de atrás de su mandíbula romperse como frágil porcelana, cayendo en cascada en su lengua y desgarrando mientras su cabeza era golpeada de esta manera. Se sintió tragar, sintiendo los fragmentos de rotos dientes rasgando su camino por su ronca garganta junto con la nauseabunda sensación de espesa sangre rezumando por su estómago, cayendo en un masivo charco en la punta de su vientre.

Vegeta estaba en su gloria. Así que... el idiota todavía estaba consciente. Aunque esto lo sorprendió inmensamente, llenaba su espíritu que moría con bendición, sabiendo que podría castigar al respirante hombre muerto aún más. La vida del joven hombre estaba colgando del borde, y Vegeta era el monstruo que mantenía empujando su cuerpo hacia atrás, sólo para dejarlo colgando de nuevo... completamente consciente del miedo que todavía plagaba su cuerpo. Vegeta regodeaba en ese miedo. Lo usaba para alimentar el animal sacudiéndose en su cuerpo. Una sádica sonrisa cruzó su torturado rostro, brillando en sus alocados ojos que mostraban todo sino completo rojo, mientras golpeaba más al roto rostro, aunque su última fuerza se le estaba escapando rápidamente.

Pero mientras sentía a la muerte acercarse comenzar a hinchar su atronador corazón, todavía desmenuzado en su pecho, sintiendo sus frías garras agarrando el feroz miembro en su gélido agarre, decidió que era momento para poner fin a esto.

Sacando su puño, esperó que el joven hombre abriera los ojos, como las hinchadas creaciones hacían en confusión. Vegeta se preguntó brevemente si el hombre podía siquiera verdaderamente ver a través de la hinchada carne que envolvía sus redondas orbes. Dudaba que si incluso podía, el mundo estuviera aturdido y confuso, una clase de mundo insanamente irreal que sólo un discapacitado mental puede igualar.

Pero la mirada que el Ángel dio, gracias sólo a la temporal liberación de inimaginable dolor que rompía sus destrozados pómulos y estructuras faciales. Los músculos estirándose debajo de sus carnosas mejillas que estaban desgarradas y aplastadas, y se preguntó en silencio si alguna vez retendría la aniñada belleza que tan orgullosamente mantuvo a lo largo de su corta vida. Nunca la vería de nuevo, sollozó, ni siquiera importándole el torcido rostro del Demonio en una incluso más malvada sonrisa. Y el Ángel miró en claro horror, mientras el Demonio hacía un apretado puño, liberando las cuatro hojas de su pinza.

Vegeta rió orgullosamente en voz alta mientras el Ángel cerraba sus ensangrentados ojos, esperando con resuelta valentía el indomable final. Nadie quien no complace, Vegeta estaba bastante preparado para meter las hojas directamente en el rostro del Ángel, para verlo retorcerse por última vez antes del inevitable final, para escuchar un último bendito, sangriento cuajado tono de grito en el aire. Pero entonces... se congeló.

El Ángel soltó otro sollozo de frustración, mientras el mundo se había detenido alrededor de él. No estaba muerto aún, porque el chillante dolor todavía envolvía su cuerpo hecho jirones. Estaba todavía bajo el animal, porque el pesado peso todavía presionaba sobre sus rotas costillas, comenzando a perforar sus pulmones. Pero nada estaba sucediendo. ¿Estaba el monstruo esperando que él abriera sus ojos una vez más antes de arrojar su pinza a través de su corazón? ¿Esperando por esa última mirada de horror transformar sus destrozadas facciones?

Vegeta se arrancó la pinza dolorosamente de su brazo, sin siquiera molestarse en dislocar las llaves que la sostenían en su lugar. La tiró miserablemente a través del suelo, ignorando el metálico sonido que rebotó en el furiosamente implacable viento. Tomando el rostro del hombre en su mano, examinó los grotescos restos, explorando a la recientemente hecha creación de sus puños. La piel estaba jalada en montículos, o estirada dolorosamente sobre los arrancados músculos. Pero eso no fue por qué se había detenido. Escuchando un lamento en alto tono por su enfurecido toque, redujo su agarre, reduciendo la presión a la cantidad que usaba cuando tocaba a Bulma.

El Ángel se escuchó gemir en el aire, nada como un grito que eruptaba de sus lastimados pulmones antes, sólo tan penoso. Él de nuevo sintió los picantes dígitos de la mano del Rey Demonio examinar su carne, pero notó cuan amablemente la tocaban. Era suficiente para hacerlo llorar una vez más, liberando la enfrascada furia de lágrimas que pensaban sobre sus hinchados ojos. El toque era tan amable. ¿Era incluso la criatura que había estado matándolo antes? ¿O por algún milagro había sido salvado? Abriendo sus ojos para investigar más, alzó la vista al Demonio, engañado por su sádico toque en creer que no era la misma mortal criatura que había destrozado su rostro a la nada.

Vegeta miró en los ojos del hombre más joven, fijamente en las aguadas piscinas que ardían con dolor. Parecía salir de nuevo dentro de su pecho, viendo el dolor que había infringido y los arruinados restos que una vez habían sido un hermoso rostro. Pasó sus dedos a través del cabello del niño peinándolo, casi sintiendo un pequeño grito salir desde adentro de su cuerpo, que aparentemente quedaba de culpa restante. culpabilidad. Le lastimaba ver a esta criatura así de rota. Maldita esa puta princesa.

¡Pero allí de nuevo!... ¡Sus ojos no habían sido engañados como lo había creído! Allí estaban las marcas que habían hecho a su implacable puño cesar. Inclinó el rostro del Ángel de un lado al otro, extrañamente amable. Moviendo los montículos de carne, lo vio tan claro como el día... tan claro... como el día más claro...

"Él es débil comparado contigo Vegeta. Él es incluso débil comparado con algunos Ángeles. Tiene cicatrices en su rostro y no tiene casi la definición muscular que tienes tú. Pero él puede amar Vegeta. Él puede amar. Y en sólo esto... Tú nunca serás la mitad de hombre que es él."

Vegeta bajó la vista a los restos del hombre que nunca había pensado que pudiera ser. El hombre que era infinitamente más débil que él. El Ángel con cicatrices en su rostro.

Y mirando incluso más, vio la innegable prueba, cosida para que el mundo la vea... El emblema de un Príncipe en su placa del pecho.

"Yamcha." Susurró en el torcido rostro del hombre. Se estaba sintiendo más débil mientras cada inflado respiro tomaba su pago en su agotada vida. Los hinchados ojos del Ángel se abrieron tan pronto como pudieron, ¡mientras ambos hombres tomaban un profundo grito!

"Tú eres el... tú eres quien ella ama..." susurró, cada palabra hundiéndose más y más profundo en su agonizante espíritu, drenando al demonio dentro de todo su prohibido poder. La pérdida de sangre estaba tomando su vida poco a poco, y los efectos se estaban volviendo notables incluso cuando para el hombre atrapado debajo de él, mientras la suave, bronceada piel de su rostro comenzaba a ponerse pálida y oscuros marrones y azules ojeras se hinchaban debajo y alrededor de sus congelados ojos. Sus hinchados labios comenzaron a achicarse en leves matices de púrpura oscuro. Pero esto no lo hacía más mucho más débil que antes, y el Ángel tuvo que recordarle a su esperanzado cuerpo de la letalidad de la criatura agachada sobre él.

Antes que pudiera registrarlo, vio los puños del demonio apretarse en fuertes esferas, y sus ojos se cerraron fuertemente, alejando toda la luz que se juntaba alrededor de ellos. Apretó sus dientes y los aferró hasta que el sonido de molidos huesos comenzó a diluirse en el azotador aire alrededor de ellos. La luz comenzó a azotar como una bruja, y el fino cabello en el rostro del Ángel comenzó a cosquillear con la electricidad que Vegeta estaba generando.

'¡El bastardo se está regenerando!" El pensamiento penetró al agonizante Ángel como un feroz viento que mordía... '¡Se está regenerando y manteniéndome vivo para atestiguarlo antes de asesinarme!' Ira se filtró a través del cuerpo del hombre agonizante, torciendo su mutilado rostro dolorosamente. Pero no había nada que pudiera hacer. Ni una cosa que pudiera detener el proceso. Apenas estaba obligado a sentarse bajo el monstruo y observar el final de su esperanza.

El dolor de Vegeta se encendió a su máximo extremo, ardiendo con una intensidad que alcanzaba su completa profundidad. Se sumergió en sus capacidades de regeneración, absorbiendo cada última propiedad y enviándolas directamente a su mano. Tan feroz era su intensidad, que sus negras uñas se hundieron en las carnosas partes de su palma y lastimaron como cuchillos en la gruesa piel, sangre brotando de sus manos. Pero no se detuvo hasta que supo que todas sus entidades curativas estuvieran en un montículo en su palma, liberando un grito cuando el poder alcanzó su pico, quemando la carne desde adentro.

En abierto horror, Yamcha miró mientras Vegeta abría su mano, mirándolo vacíamente, como si para ocultar el obvio dolor que estaba ridiculizando su sangrante cuerpo. Con la cantidad de fuerza que había convocado, su corazón había comenzado a latir más rápido, enviando grotescos chorros de sangre por su armadura y al Ángel. Yamcha soltó un grito mientras Vegeta deslizaba sus afiladas uñas en su brillante palma, auto mutilando su cuerpo y liberando sangre de color marrón oscuro en su mano. Tan profundamente cortó que las venas fueron desgarradas y liberaron un líquido casi negro.

Vegeta se posicionó sobre el Ángel, sin saber si en efecto tenía la fuerza para llevar a cabo lo que sería su último sacrificio. Con las habilidades curativas que había almacenado, podría haber sido capaz de restaurar algunas de sus heridas... pero en verdad... no hubiera sido suficiente. Sólo hubiera demorado lo inevitable, hecho al corazón un doloroso proceso de muerte incluso más largo y más insoportable. Y así con su sangrante mano, la estiró sobre el desfigurado rostro de la asustada criatura, escuchando al joven hombre gritar con cada pedacito de fuerza que quedaba en su maltratado cuerpo.

El mundo fue ennegrecido y quemaba, mientras su rostro era sostenido por el monstruo. El animal... la criatura de muerte que lentamente estaba chupándole la vida. Podía sentir la carne de su rostro siendo más distorcionada aún, estirada y mutilada incluso peor que antes. El dolor era horrible, y pudo haber jurado que su carne se estaba derritiendo desde sus destrozados pómulos. Casi podía sentir las cintas de rezumante carne derretirse en fragmentos al triste suelo, haciendo un charco en plácidas piscinas de sangrante piel. Podía sentir sus ojos comenzar a quemar mientras la sangre de Demonio se hundía en sus desgarrados párpados, filtrándose en su cráneo y sin duda transformando su cerebro en la misma tortuosa creación que su rostro. Sólo podía sentir el dolor, ver la oscuridad... y escuchar los jirones restantes de un grito desembarcar de su esófago.

Y luego todo se detuvo. Estaba. ¿Estaba muerto? ¿Había realmente el Demonio terminado su traicionera vida? Y entonces... cuando caso estaba esperando al dolor para que comenzara una vez más... una hermosa sensación envolvió su rostro, extendiéndose por todo su ser. Desde su mente a sus pies, la cálida sensación fue liberada, dándole paz de mente y cuerpo. Se sentía como si estuviera flotando, ya no más chamuscado en el suelo del Infierno, sino subiendo a través de los cielos del Paraíso. Entonces había muerto... Entonces nunca podría ver a su amada de nuevo. Nunca le diría adiós a Bulma. Pero al menos ella sabría que él había dado su vida por ella. Esperaba.

Eso fue cuando su rostro fue aflojado por las enormes manos del Demonio cernido sobre él. Soltó un jadeo, mientras se daba cuenta que no estaba muerto. Estaba vivo... muy vivo de hecho. Pero sólo no podía decir lo mismo del orgulloso Rey Demonio que había convocado lo poco de fuerza que le quedaba con el fin de ponerse de pie.

Él había dado cualquiera sea la cuestión curativa que podía y ahora miraba en moderado placer al resultado. El Ángel parecía como si nunca hubiera sido golpeado en lo absoluto. Como si ninguna mano mortal hubiera siquiera tocado la bronceada piel de su hermoso rostro. Pero incluso la poderosa sangre de Vegeta no podía liberarlo de las cicatrices que habían sido puestas mucho antes de su mano. Aún así, los resultados eran indefinibles y la criatura de luz parecía saber mientras suavemente levantaba su cuerpo para ponerse de pie, levantándose sólo suavemente con cuidado y examinando sus manos, como si ellas mismas hubieran liberado la tortura que había sido su único pensamiento consciente antes.

"Estoy... estoy bien..." tartamudeó débilmente, apenas reconociendo su propia voz. Y luego los ojos de la extraña criatura brillaron sobre el Demonio que estaba de pie temblando frente a él. ¿Por qué lo había hecho? ¿Qué posiblemente podría haber poseído a semejante monstruo para salvar su vida y sanarlo?

"Tú... me salvaste..." Medio tartamudeó, mirando a través de cuestionables ojos al monstruo que casi había arrancado su rostro de su cuerpo y luego lo había curado.

"Pero por qué..." Susurró, su voz casi sonando suplicante. Vegeta no podía entender por qué la criatura le importaba. Casi había esperado ahora que el Ángel hubiera golpeado en respuesta, poniendo fin a su miserable vida.

"Podrías haberte sanado tú. ¿Por qué me salvaste?" Gritó, odiando el miserable tono pero no esperando mucho mejor. Dentro su cuerpo estaba inflamado, ardiendo con preguntas sin responder y atreviendo a su ingenuo corazón a creer lo impensable. ¿Estaba esta criatura realmente mostrando misericordia? Esta criatura que aparecía ser nada más que un despertado cadáver. Las venas se mostraban azules en la pálida piel de Vegeta, casi dándole una monstruosa apariencia... bueno... e incluso más monstruosa de lo que era.

"Estúpido muchacho..." Vegeta tosió, sólo levemente temblando en su orgullosa postura. "No hubiera sido suficiente... además." se sostuvo justo antes de liberar lo impensable. Pero el Ángel lo había entendido... observando al joven con perforadores ojos.

"¿Además qué?" Casi exigió, solo viendo una pequeña chispa de indignación destellar sobre los apagados ojos de la criatura.

Pero Vegeta no hizo intento de responderle, en cambio se giró y encaró al interminable desierto frente a él... la única barrera que lo separaba de Bulma. Estaba pensando en ella ahora... mientras miraba el carmesí sol esconderse sobre la agrietada tierra, cayendo en cascada sobre los cadáveres de los caídos hombres, Ángeles y Demonios por igual. los hombres caídos. Era aparente que al final... ellos básicamente se habían matado unos a otros. Miles de Demonios guerreros yacían muertos. Pero entonces... Millones de Ángeles yacían cerca de ellos.

Ver tal vista podía dejar a una persona sin habla por toda la eternidad, mirando a través de montículos de rotos cuerpos, algunos que habían sido reducidos a pedazos para aturdir el dolor de sus agonizantes espíritus. Uno que particularmente había llamado su atención, era la vista de un joven Ángel, un niño, yaciendo muerto sobre el pecho de su padre. Aunque sabía que nunca sabría la verdadera historia, en sus tristes detalles, imaginó que el valiente soldado había presenciado el asesinato de su padre, apresurándose a su lado en claro dolor, y agachándose como un animal en la sangre de su padre. Era la fría verdad de la guerra. Nadie gana. No realmente.

En verdad... humanos y Demonios por igual corriendo en la idea de la lucha. Del derramamiento de sangre... de guerra. Pero cuando lo impensable sucede, se encuentran a sí mismos deseando al final... por paz. Porque entre estos orgullosos cuerpos, moría también la leyenda que cada uno llevaba. ¿Porque qué cada uno de nosotros no tiene una historia para contar? ¿Quién de cada uno de nosotros puede decir que nuestra vida está vacía? Porque incluso el aparente vacío escribe un capítulo en un libro de nuestras vidas.

Pero estos hombres murieron... y con ellos... sus historias por siempre ocultas en sus tumbas, enterradas para siempre en sus corazones. Era suficiente para acechar incluso al más valiente de los hombres para siempre, y Vegeta tenía que voltearse, sus ojos suplicando con él en no mirar de nuevo. No... no estaba enojado por su pérdida... estaba... estaba entristecido por la escena. No era una emoción que conociera bien... ni una que le importara observar por mucho tiempo.

"¡¿Además qué?" El Ángel casi aulló, no sorprendentemente ajeno a los privados pensamientos del Demonio. Y sin embargo sí se tambaleó levemente cuando la agonizante criatura aterrizó una mirada sobre él, enviando una leve cantidad de dolor a su estremecido cuerpo. Esa hinchada mirada era aparente en los negros ojos que por siempre lo acecharían. Había una tristeza que el monstruo reflejaba que lo haría despertarse en sus sueños por muchos años por venir. Y esa tristeza... lo tocó.

"Además." Vegeta finalmente dijo, como si solamente estuviera hablando en voz alta para sí mismo, porque su mirada vacilaba desde la desgarradora mirada del Ángel al sol poniente.

"Bulma nunca me perdonaría si te permito morir..." Susurró... tan suavemente que Yamcha tuvo que estirar su cuerpo hacia adelante al Demonio de pie a escasos metros de él.

"Y sin su perdón... dudo que pudiera haber vivido más de todas maneras." Dijo la palabra tan tranquilamente, en secreto deseó que el Ángel no lo hubiera escuchado. Pero lo había hecho, y sus grandes ojos se abrieron más grandes, y su lenta mente estaba recién procesando la fuerza de la información. Vegeta sólo sonrió en esa diabólica sonrisa suya, mientras sus poderosas alas comenzaban a batir, y la última cantidad de su fuerza lo llevaron al cielo.

Voló lentamente, y cerca del suelo en caso que sus alas lo abandonaran y su cuerpo se dejara caer desde el cielo. Dentro... sabía que sería un viaje que nunca podría terminar... Un camino que nunca podría finalizar.

Nunca vería su castillo de nuevo. Nunca vería a sus hombres... o a Radditz. Nunca de nuevo vagaría por la torre a las noches y le haría bromas a sus guardias... El pensamiento le trajo una sonrisa a sus púrpuras labios, a pesar de la dureza de la situación. Pero la rareza fue reemplazada pronto por temblorosos labios mientras un malvado pensamiento perforó su camino. Nunca la vería de nuevo... Nunca vería a Bulma.

De todas las cosas en su vida que había logrado, estar con ella estaba más destacado en su mente. Ella lo había cambiado. Ya no pensaba en esas cosas con un ceño fruncido y abierto odio, sino ahora con maravilla. Ella lo había cambiado. ¿Y? ¿Era eso algo tan malo? Sonrió ahora. Realmente sonrió, olvidándose de la salvaje vida que había mostrado y de los profundos lamentos.

Podía olvidar ahora la desperdiciada vida que había vivido. Podía centrarse en la persona que se había convertido. Era mejor. Y conocía el secreto que había estado buscando toda su vida. El secreto que por tantos años vivió y por el que murió... sólo para dejar este mundo con nada más sino sueños perdidos. Pero sabía ahora en qué ponían fe éstas criaturas.

Sabía lo que era la felicidad... y la respuesta era tan sencilla.

La felicidad... era estar con ella.

Aunque su descubrimiento envió escalofríos de placer a su espina, la felicidad pronto terminó y fue reemplazada por la practicidad de su desesperada situación. Nunca lograría verla de nuevo.

¿Qué daría un hombre por ver a su amada sonreír una vez más antes de morir? ¿Qué sacrificios daría un hombre por un último beso... un último toque? Para Vegeta... Él hubiera dado cualquier cosa que llamara suyo... sólo por verla una última vez. Por tenerla dándole una última oportunidad de estar con el hombre que sabía que podía ser.

El dolor se mostró a través de la dureza con cada latido de sus implacables alas. Sus dientes se apretaron juntos para callar los gritos que intentaban escapar de su garganta, mientras la sangre continuaba filtrándose de su pecho y salpicando el suelo debajo de él. Se preguntó si en efecto había un rastro de sangre siguiéndolo por millas debajo de él. Pero no le importaba de una manera u otra. sintiendo el caliente aire contra su abierta herida mientras sus alas comenzaban a tomar velocidad.

Pero el dolor no borró el duelo que destrozó através de su cuerpo mientras cerraba sus ojos y la veía abrazando a Gohan. Tal amor atrapado en su alma. Había abrazado al huérfano como si hubiera sido suyo, acunándolo contra su seno en consuelo. ¿Habría tratado a su propio hijo tan gentilmente? Conocía la respuesta pero no la discutía con sí mismo. Porque realmente nunca lo sabría...

Un pequeño sollozo escapó de sus labios y sintió como si su corazón ya estuviera rindiéndose, cansado de luchar contra las probabilidades y sosteniéndolo suspendido en el aire.

"¡Nunca la veré de nuevo!" gritó miserablemente en el viento, queriendo arrancar en pedazos al culpable que era su destino. ¡Quería gritar! ¡Quería matar! Quería más que nada borrar el hecho de que estaba muriendo.

"¡No!" gritó roncamente, sus labios temblando débilmente sobre sus palabras dichas. "¡No puedo morir así!" Gritó fuerte a la prisión que era el Infierno. Se sentía tan desesperado... tan maldito por su muerte que se aproximaba.

"Por favor..." susurró al viento. "Por favor... alguien que me ayude..." Fue su primer y último rezo, provocado por un espíritu quebrantado. Apretó su pecho, rezando con todo su poder que no le fallara. Pero la verdad estaba allí. Sus palabras y rezos estaban vacíos... cayendo en nada en el viento que soplaba.

Y fue como Bulma había predicho, lo que parecía tan lejano. No importaba qué hiciera... eventualmente, se daría cuenta que estaba solo. Y tan solo... Continuó batiendo sus alas en el aire... sintiendo su corazón deslizarse a veces, y luego luchar más duro otras.

Su corazón se detuvo.

Cayó.

Cayó del cielo. Su corazón había detenido su legítimo curso, enviando al portador de su falla al suelo. Sostuvo su roto cuerpo mientras caía en espiral hacia el suelo, sabiendo que cuando golpeara el rocoso suelo de cabeza, el mundo se ennegrecería totalmente y lo peor habría terminado. Estaría muerto, liberado de su Infierno vivo.

Pero antes que su rostro fuera hecho jirones por las escarpadas rocas, fue atrapado y levantado por una invisible fuerza, directo en el cielo rojo sangre. Fue apresurado a una velocidad que hizo latir a su corazón salvajemente de nuevo, enviando la sangre bombeando una vez más en sus venas. Sus alas no se estaban moviendo, ni tampoco su energía estaba haciéndolo apresurarse en el cielo a tal paso. Estaba siendo cargado. Como si la poderosa fuerza conociera su pensamiento, sintió un fuerte abrazo agarrar su destrozado cuerpo. Sintió el toque de una fría mejilla presionar contra la suya, y cerró sus ojos, imaginando que estaba siendo cargado por una horda de Ángeles al Paraíso.

Dejó a su cabeza colgar hacia atrás, su garganta expuesta al frío aire que pinchaba su carne a su feroz velocidad. El viento azotaba su cabello, enredando la lacia crin con su increíble fuerza. Aún así, entre el innegable dolor, y pronto fallecimiento, sus labios portaron una pequeña sonrisa y sintió a lo invisible abrazarlo como a un niño.

"No te rindas." Dijo el espíritu fuertemente. Era la voz de una mujer... muy similar a la de Bulma. Sintió una fría mano rozar su mejilla, elegante y fina como la de una mujer. Podía sentir su cabello siendo acariciado hacia atrás con los imaginarios dedos, acariciando su delicado cuero cabelludo con la habilidad que sólo una madre podía tener.

"No te rindas... hijo mío." Alentó la calmada voz. Él no podía descifrar si estaba escuchando el tranquilo sonido en su torcida mente o en voz alta. Pero abriendo sus ojos... el mundo se detuvo. Ellos todavía estaban en un curso sin piedad en el cielo, pero los imaginarios brazos que lo sostenían no eran ya productos de una insana imaginación. Porque estaba siendo abrazado por nada menos que por la Angélica Reina. La madre de Bulma.

Jadeó, y miró en maravilla a su belleza... y ella a su vez lo agració con un apretado gesto y una sonrisa, antes de desvanecerse en el viento. Su abrazo no disminuyó más, pero había sido suficiente.

Suficiente para darle la fuerza necesaria para encontrar su camino. Su camino de vuelta al castillo. De vuelta a su hogar...

Pero especialmente... De vuelta a Bulma. Si sólo... para vera una vez más.


Está bien... no voy a escribir mucho aquí pero sí tengo un favor que pedirles a todos mis maravillosos lectores. Recientemente he sido bendecida lo suficiente con tiempo para leer el trabajo de otros. Más importante, he estado leyendo el trabajo de los que me dejan reviews. Aunque cada uno me ha llegado... uno se destaca más y pienso que esa persona merece tener más admiradores de su talentoso trabajo. Así que si tienen tiempo... por favor lean y dejen reviews a Feww y su poema... Fuego. No lo lamentarán. Y mientras más reviews reciba ella... ¡más gente amaré y actualizaré más rápido! Hahaha. Sólo estoy jugando... todos saben que actualizaré no importa qué... Ustedes se lo merecen. No los extorcionaré e insultaré su inteligencia... pero lo consideraría un favor personal si le echan un vistazo. ¡Muchas gracias muchachos! Camaro