Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


"¡Alguien por favor!" Gritó,su ronca voz haciendo eco a travésde la helada habitación. Casi podía escuchar su barbárico tono rebotar en las suaves paredes. Esta habitación se estaba congelando. Abandonada y triste. La tenue luz que alguna vez había existido estaba rápidamente disminuyendo y castas sombras estaban envolviendo el cuarto. Las esquinas y grietas eran de un tono negro para el ojo normal, y aunque se quedó en su propia habitación, temía las secretas presencias que posiblemente avecinaban en las impías sombras rondeándolos.

Vegeta estaba comenzando a desvanecerse y volver en la consciencia, sus ojos volviéndose vacíos en momentos y luego claros. A veces miraba derecho, tratando de fingir mirarla a ella, cuando ella sabía que era bastante posible que el fuerte demonio no viera nada en absoluto. Su mirada estaba absolutamente vacía. Carecía de esa fuerza y arrogancia que tenía con inmenso poder. Su rostro estaba pálido y el área alrededor de sus ojos plácida. Oscuras líneas agraciaban muy debajo de su párpado y parecía juntarse a lo lardo de sus mejillas. Incluso parecía más delgado que antes, aunque tales pensamientos estaban posiblemente equivocados viendo como había simplemente sido lastimado por unas pocas enfermas horas. Pero cada músculo en su cuerpo fue aflojado y con sus masculinas cualidades a raya, ella pudo ver con precisión, cada impecable cantidad de femenina belleza que tenía. Era tan exquisito.

Sangre goteó lentamente por su boca, y él no hizo ningún intento de limpiarla, incluso mientras el espeso líquido comenzaba a chorrear dentro de la grieta de su garganta... ya saben... ese punto en el medio donde su garganta y el pecho se juntan. Había demasiada sangre, ella casi sintió como si estuviera ahogándose en ella. Y luego el repugnante pensamiento que plagó sus desvariados pensamientos mayormente... era el hecho. Lo estaba perdiendo.

"Vegeta, ¡por favor resiste!" Suplicó. Mirándolo duro. Tomó toda su fuerza como un Ángel, alejarse de la agonizante criatura. Se arrancó de su abrazo, huyendo de la habitación. Ni siquiera miró hacia atrás. No podía soportarlo más. Simplemente no podía. Comenzó en un arranque, sus ojos disparando este camino y ese mientras ella rezaba por otro ser vivo que estuviera habitando esa parte del castillo. Corrió a la habitación de Vegeta, medio esperando encontrar alguna horda de concubinas holgazaneando, antes de recordar que ella había sido la que estuvo yaciendo en su cama ese día. No encontraría ayuda alguna en ese cuarto, tan lleno de malos recuerdos.

Y así continuó corriendo tan rápido como sus piernas podían cargarla a través de los innumerables pasillos, sus fríos pies golpeando el duro mármol mientras corría a través de los enceguecedores pasillos. A veces ni siquiera podía ver cinco pies frente a ella, pero su paso no disminuía. Simplemente corría.

Lágrimas corrieron por su rostro, cegando lo ya invisible, pero ella simplemente no las limpió. Incluso cuando la fría humedad comenzó a deslizarse por su garganta, no le prestó atención. Que salieran... ya había tenido suficiente de ser fuerte.

"¡HOLA!" Gritó... Más lágrimas golpearon su rostro mientras ninguna respuesta venía. Ninguna respuesta... Nadie. Nada... el desamparo seguía.

"¡HOLA!... ¡Alguien!..." Su pecho comenzó a acelerarse con el abrumador dolor. Podía sentir la muerte... Pero no era la suya. Porque podía sentir la muerte de él. Y se acercaba rápidamente. Casi como un depredador, cazando y acechando a su indefensa presa. Y la pobre olvidada criatura sabía que estaba allí. Escondiéndose entre las sombras, mirando... esperando. Pero como siempre... la presa no podía hacer nada para detener al indomable cazador.

Su mentón golpeó duro contra la fría superficie del suelo, el mundo girando en un torbellino de incesantes realidades. Sintió y escuchó sus dientes golpear y apretarse juntos fuertemente, el sonido de porcelana haciendo eco en su cabeza aturdida. Se había caído, y se había caído duro. Su pecho había tomado el peso del desventurado ataque y gimió ante el repentino dolor que rompió en los ya tiernos músculos. Vamos mujeres... saben lo que digo. Conocen la sensación... ouch.

Su cuerpo yacía recto contra el duro rocoso, inflexible suelo que había sido el culpable de su impropio viaje, y aunque su mente todavía estaba girando por el duro impacto, maldijo a la cruel creación que se había añadido a su abrumadora miseria. Simplemente apoyó su cabeza hacia abajo, y comenzó... por milésima vez desde que había estado cautiva en el Infierno... comenzó a sollozar su vida.

"Es demasiado." Susurró entre sollozos, llorando tan violentamente que su cabeza tendía a golpear contra el oscuro negro mármol debajo. Sus berreos hacían eco a través de los incontables pasillos... ¿Pero por qué le importaba? Nadie estaba allí. Y el hecho se metió en su cordura, creando un gélido caos en su mente.

Miró a sus dedos a través de sus nublados ojos, mirando los miembros yacer tan quietos... Yaciendo pálidos y temblorosos en el negro mármol. Los odiaba. No estaban solos. Siempre estarían acompañados por otra creación, nunca disminuyendo el borde de la locura del desgarrador dolor. Una vez que Vegeta muriera... como era seguro, ella estaría sola. Siempre había estado sola en verdad... pero entonces... nunca había sentido la sensación de contención que había experimentado con el Demonio alrededor. Él la había infundido, una sensación de plenitud... como si cuando estaban juntos... estuvieran simplemente completos. Y así él había despertado una necesidad en ella. Nada sexual... bueno... no realmente. Una necesidad de compañía y en su mayor parte... una necesidad de él. ¿Pero de qué serviría ahora esa necesidad ahora? Solo causaría sembrar un malvado dolor para que se extienda más, estirando sus despiadadas raíces más profundo en sus destrozadas emociones.

Y así el Ángel cesó de llorar, y simplemente yació allí, golpeada y rota. Sus yemas de los dedos rozaban contra la suave superficie del suelo, y simplemente las observaba.

Su sencillez...Su talento... su extraña belleza. Las pequeñas líneas que decoraban su superficie, los pliegues, las uñas. Alguna vez se había preocupado por esas uñas, lo sabía. Habían días cuando había sentido como si romper una fuera un pecado en sí mismo. Podía pasar horas admirándolas y arreglándolas, fantaseando en su superficial pequeño mundo sobre cosas sin significado que no querían decir nada a largo plazo. Pero esos días sin sentido se terminaron y lo sabía, aunque en secreto anhelaba por ellos una vez más. ¿Qué era el mundo cuando la más horrible circunstancia alguna vez era romperse una uña? ¿Por qué no podía tan cosa pasar por su mente ahora?

Era todo demasiado real. ¿Han visto alguna vez una película... ya saben, las del tipo trágico donde alguien que otra persona ama, muere? Y sí... se sienten mal por ellos... y sí... tal vez lloran. Pero realmente no lleva, ¿o sí? No realmente. Porque cuando los días pasan... El dolor se va. Las escenas se olvidan. Pero luego viene el día cuando un pariente... o... o digamos un amante por ejemplo. Se va. ¿Pueden fácilmente descartar esa tragedia? Como esa película... ¿el efecto pronto se desvanece? No. Desafortunadamente no lo hace. Es demasiado real...

O... tomemos otro enfoque. ¿Han tenido alguna vez la experiencia de saber de la muerte de un ser querido cercano? ¿La han tenido? Para esos de nosotros que sí... Lo siento. Esa pérdida es insondable. Lo que es exactamente el punto que trato de hacer. Ese día, cuando se informa de esa tragedia... ¿cuál fue su primera reacción? ¿No negaron inmediatamente lo que esa persona les había dicho? Si no en voz alta, ¿en su corazón no dudaron la veracidad de esas palabras? ¿No odiaron al portador de las malas noticias? Pero luego hubo esa horrible pequeña parte de ustedes que sabía... sabía todo el tiempo que no había razón para que una persona inventara algo así. Es una manera de duelo. Nuestro corazón está intentando consolarse con ciega lógica y desconfianza. Lástima por nuestra absurda practicidad.

Y así era el sentimiento con Bulma, mientras yacía marchitada en su propia piscina de sueñosrotos. Sueños... ¿No aceptarían que sueños son metas que han buscado después de algún tiempo? Pero no era así para Bulma. Sus sueños sólo se liberaron sobre el momento que había conocido a Vegeta. ¿Pero cómo era que sus sueños... ella... el futuro digamos, comenzó a gurar en torno a ese monstruo?

Ni siquiera sabía cuando exactamente había descubierto lo mucho que se preocupaba por él. ¿Pasó siquiera el momento cuando la golpeó? Como un rayo de luz del cielo, ¿simplemente de repente lo supo? Lo dudó. Tal razonamiento parecía infantil. Como algún mal cuento de hadas donde un minuto la gente se despreciaba al otro y al siguiente están completamente enamorados que los convierte en melosos, golpeados idiotas. ¿Entonces cuando? Tal vez. tal vez era algo que ella había sabido todo el tiempo... y había intentado ocultarlo, frente a él por supuesto... pero razonó, sobre todo para sí misma. Lo había usado como una excusa para odiarlo. Pero no lo odiaba, aunque casi había deseado que pudiera. Había una delgada línea entre el amor y el odio... eso se hizo perfectamente claro. No era pequeño decir, sino un legado que había vivido. Un minuto podría haber jurado, que si tenía la fuerza para hacerlo, alegremente hubiera terminado con su vida ella misma. Pero entonces, como salían las cosas. Se dio cuenta cuanto podría no haber soportado vivir sin él. Ni siquiera estaba segura cómo lo había logrado por tanto tiempo sin su compañía. Se sentía mucho más fuerte que sólo compañía. Era una extraña clase de amistad que él había construído mostrándole la pintura de su madre. Su amabilidad hacia ella no siempre había sido tan claramente demostrada y era sólo ahora cuando yacía acurrucada en el suelo reflexionando, que se dio cuenta cuanto mucho peor podría haber sido para ella. Si un demonio hubiera sido capturado en el Paraíso, concediendo que viviera ese tiempo, estaría enjaulado en un calabozo. Y ese pensamiento trajo vetas de dolor en su pecho. Se preocupaba mucho por él.

¿Pero era sólo ciego entusiasmo? Sabía que las muchachas de su edad habían caído víctimas de ese virus antes. Ella siempre había clamado nunca someterse a tal extrema insolencia. Nunca enamorándose ciegamente de un hombre, mal muchacho o no. ¡Maldito por hacerla amarlo! ¡¿No sabía cuan débil era el corazón de una mujer? ¿No sabía lo que su muerte le estaba haciendo?

Y por lo tanto allí se recostó. Derrotada, golpeada, humillada. Era todo en lo que podía pensar. No podía perderlo. No así. Nunca así. Ya había perdido demasiadas cosas. Pero era inútil Desesperanzado y la malvada palabra trajo una sorda especie de sensación mientras se retorcía a través de su temblorosa mente.

Rodó en una lamentable bola, nunca dejando el descubierto mármol. Envolvió sus brazos alrededor de sus rodillas, trayéndolas más cerca y mirándolas en sólo remoto asco. Su vestido estaba manchado y sabía que su rostro y brazos estaban cubiertos en sangre. ¿Pero de qué servían esas pequeñas cosas? A la larga, nada importaba ya. No tenía idea qué deparaba el futuro. Nunca la había tenido, pero especialmente no ahora. Y así empezó de nuevo a pensar en él.

Vegeta. Ese monstruo. Ese diablo. Ese cruel demonio. La criatura que ella había sido criada para odiar como a nada más. Había sabido desde el principio cuan horrible era su línea de antepasados. Había sido críada alrededor de ese conocimiento, alrededor de leyendas. Y él era por lejos la peor. Desde una corta edad su estilo de vida era bien conocido. Infame, legendario. Era conocido por ser el más violento, totalmente cruel y salvaje en una manera que casi podía ser considerado hábil. Porque conocía maneras de torturar un alma hasta el último respiro que tomaban, gritaban por muerte. Su fuerza no era muy conocida, por lo que imaginó que él debió haber ocultado esa información hasta que llegara el momento correcto. Hasta que fuera momento de asesinar a su propio padre.

Y así lo había hecho, a la edad de 20, a la edad de la hombría. Sin ningún segundo pensamiento, sin consciencia, sin precupación. O así imaginó ella. Él era sólo el caparazón de un hombre. Verdaderas emociones que crean carácter eran nulas para él. Él sólo conocía el odio... Sólo la fresca sensación de la ira y la furia. O así alguna vez había sido llevada a creer.

Y ahora su odio había terminado. Así nomás. Tan simple. Tan rápido. Había estado equivocada. Pero tal vez. Suspiró. Tal vez había sido la manera más fácil. Simplemente mirar sobre la hermosa criatura con desprecio y aborrecimiento. Nunca queriendo verlo por el potencial que verdaderamente poseía sino sólo mirar a la fuerte cantidad de maldad que portaba sobre sus hombros para que el mundo viera. Y ahora casi deseaba que no hubiera visto lo que verdaderamente estaba allí. No había parecido más difícil. Si sólo había ignorado el hecho que había mucho más dentro de él, ella no estaría en tal dolor cuando él estuviera dejando este mundo.

Y ese pensamiento provocó incluso más angustia, apretándola más fuertemente en una dolorida asolada bola. Él notenía esperanza alguna. Él nunca sería nada más que un demonio. En esta vida o la siguiente. ¿Entonces a donde iría? Ella conocía la otra vida de los de su tipo... ¿Pero qué había de los de él? Maldito de nuevo... No solamente sentiría dolor para siempre por su muerte en esta vida... sino que por siempre estaría preocupada por su vida en la siguiente. Si sólo lo hubiera visto como el arrogante, despiadado, cruel vampiro que era.

Vampiro... vampiro... ¿Vampiro?

¡VAMPIRO!

Sus uñas se hundieron en el mármol mientras saltaba para ponerse de pie, peleando como un gato contra el poste de un banquillo. En un segundo estaba fuera del suelo y corriendo a través de la oscuridad.

"Por favor Dios no me dejes llegar demasiado tarde." Susurró, golpeando su dedo en una afilada esquina. '¡Mierda!' gritó en su mente, su pie absolutamente palpitante. Pero lo ignoró... girando, corriendo, torciéndose, a través del laberinto de pasillos. Sus pies la llevaron más rápido que antes. Como si hubiera alguien casi empujándola hacia él. Como alguna extraña fuerza magnética. Más y más y más rápido corrió... No veía la cegadora oscuridad achicándose ante sus ojos. Sólo lo veía a él. Lo sentía. Sus alas se desplegaron detrás de ella, y tuvo que empujarlas hacia atrás para evitar atraer el aire. Sólo la harían ir más lento. No te pierdas... No te pierdas.

Y como si por algún milagro... alguna gracia de Dios arriba... No lo hizo.

Sintió el aire girando, casi vacío de su usual feroz abrazo. Abrió fuertemente la puerta, mirando mientras los ojos de él giraban hacia atrás y afuera de su cabeza. Estaba cerca... Estaba cerca... pero todavía estaba allí. Luchando. Como siempre. Incluso al borde de la muerte... no se iría sin causar un pequeño Infierno. Arrogante, terco bastardo. Nunca podría irse tranquilamente. Pero ella no estaba descontenta en lo absoluto con su determinación. Estaba feliz por ello.

Sintiéndola entrar a la habitación, sus ojos intentaron concentrarse, aunque parecía como si en verdad no estuvieran mirándola, sino a otro lugar. Estaban vacíos de ese brillante lustre que solían sostener.

"No te vayas..." susurró. "No me dejes." Las palabras se dijeron, tan carentes de emoción y fuerza, que la tocaron. Todavía estaba luchando, pero no había mucho más que pudiera dar.

Ella ahogó sus lágrimas. Había llorado suficiente para durar una vida. Era momento de ser fuerte. Ser la mujer que su madre le había enseñado a ser.

Pero se detuvo, arrodillándose junto a él, sus dedos entrelazados en los de él, en esa hermosa manera que sólo las parejas pueden hacer. Él intentó sonreirle, mostrarle que incluso al borde de la muerte, podía retener algo de ese feroz espíritu que era su legado. Bastardo. Sus cejas se torcieron en preocupación, aunque sólo subconscientemente.

"¿Así de mal no?" intentó reír, lo que sólo causó un grotesco sonido haciendo eco en la húmeda tubería. Ella sólo lo miró, su corazón y su mente en partido dolor. Quería salvarlo. Pero... estaba mal. No había otra manera de decirlo. No había azúcar recubriendo esta verdad. Estaba mal más allá de cualquier cosa.

Habría crecido creyendo que los Ángeles siempre mostraban misericordia. Siempre. Pero no a los Demonios. No a los Reyes Demonios. Estaría traicionando todo lo que había sido enseñada, todo lo que conocía como sagrado. Estaría traicionando a su propia clase, traición. Prohibido, abandonado. Se convertiría en tanto monstruo como él. La sangre de sus futuras víctimas gotearían en las palmas de su propia mano. ¿Podría hacerlo? ¿Podría simplemente mirar su vida disminuyendo y apagándose de la existencia?

No podía... simplemente... suspiro... no podía. ¿Podrían ustedes? Su corazón nunca le perdonaría el dolor que esa escena le causaría. Nunca sería capaz de vivir con la culpa.

Ahora sé cuan volubles son los humanos. Disfrutamos usando esas palabras fuertes como Amor y Odio tan febrilmente como sea posible. Pero cuando llega lo esencial, incluso nuestros peores enemigos... ¿podríamos verlos morir? ¿Podríamos dejarlos ir sin siquiera intentar detenerlo? ¿Serían capaces de perdonarse a sí mismos? No...

Y así... yaciendo junto a él, ella presionó sus labios con los de él, saboreando el cobriso sabor de su sangre. No la enfermó como hubieran esperado, como ella hubiera esperado. Los pliegues de entusiasmo eran demasiado fuertes. ¿Han estado alguna vez en ese punto... cuando nada que la persona hiciera pudiera alejarlos? Bueno... ella estaba allí, y mientras se besaban, por lo que sería la última vez, lo sostuvo con una pasión que nunca mostró antes.

Sus secos labios tocaron los de ella, y ella sabía que nunca olvidaría las sensaciones que caían en cascada a través de su cuerpo mientras las manos de él viajaban a lo largo de su espalda, aparentemente olvidando el dolor, olvidando el odio y resuelto aborrecimiento y simplemente abriéndose a ella. Él nunca olvidaría el sacrificio que ella estaba por hacer por él. Por lo que estaba a punto de hacer... por siempre la abandonaría de la gracia del Paraíso. Tan abandonada como ya estaba.

No quería soltarlo. Si lo besaba para siempre, ¿eso borraría el futuro? ¿Detendría la engañosa serie del tiempo? Sabía que no lo haría así que se alejó de él, miró profundamente en sus ojos, haciéndole saber que era seria en sus acciones. De hecho, dudaba que alguna vez hubiera sido más seria en su vida.

Y así... como por lo general sucede, su corazón sobrepuso a su mente y corrió su cabello a un lado, exponiendo los dos sangrientos agujeros que él había creado noches antes. Sus ojos se ampliaron sólo una fracción, como si preguntando qué en el nombre de Dios ella intentaba hacer verdaderamente.

"Bebe Vegeta." Le dijo, su voz tan clara como el día. Se negó a dejar salir cualquier cantidad de duda o pesar impregnar su voz. No sintió nada de los amargos efectos de un corazón no resuelto. Esto era lo que quería y lentamente miró mientras el shock de él casi se convirtió en horrorizada ira.

"." Tartamudeó él, intentando alejarse de ella, aunque su espalda ya estaba acomodada firmemente contra la pared.

"¡HAZLO!" Gritó ella, arrojándose sobre él y presionando su garganta en su rostro. Debería haber sabido que el obstinado idiota se negaría. Era demasiado orgulloso. ¡Maldito por la millonésima vez esta noche! Intentó alejarla, obviamente atemorizado de la interna criatura tomando control y haciendo lo impensable. No confiaba en sí mismo. No en este estado. Estaba demasiado débil... demasiado inestable.

"¡Cómo puedes pedirme hacer tal cosa!" Gritó con tanta fuerza como pudo reunir. Parecía lastimado, endurecido y en insoportable dolor. Ella estaba jugando con su debilidad, exponiendo sus deseos interiores. No se sometería a ese acto atroz. Pero la resulta mirada en sus ojos, disipada en dolor y más que una pequeña frustración. Ella era la única criatura viva que podía alterar su poderosa voluntad con nada más que una mirada.

"¡No me pidas hacer esto!" Suplicó, intentando alejarse de ella. Pero ella sólo se acercó más, agarrando su rostro y presionándolo contra su garganta, sometiéndose a sí misma a sus salvajes colmillos. No le importaba. Era obvio. ¿No era esto nada más que otra de sus dramáticas súplicas de suicidio?

"¡No sabes las consecuencias que esto puede tener!" Gritó, obligando a sus ojos a mirar lejos de los dos sangrantes agujeros a lo largo de su garganta. Sorprendente que no hubieran sanado aún. Y desafortunadamente para sus instintos estaban rogando tomar control, su debilidad comenzando a rogar por liberarse, mientras el olor de la sangre comenzaba a filtrarse en su nariz.

Y ella había visto la mirada, atestiguado el vistazo. Lo miró, directo a los ojos... Pareciendo decir. 'Esto es lo que quiero.' Su ira se disipó, casi en miedo.

"Pero podría matarte." Susurró, sus ojos sin vida comenzando a opacarse una vez más. Podía sentir las frías garras de la muerte, agarrar a su atronador corazón una vez más. Envió escalofríos de pánico a través de su piel. No quería morir... sabía de eso. No la amaba. Ella ya no tenía un uso para él y era definitivamente prescindible. ¿Entonces por qué no debería quitarle la vida? No tenía más necesidad de ella. Ni siquiera se había servido su propósito. Pero el pensamiento mantenía tratando de convencerlo, él sabía que ella significaba más para él que eso.

Todos los pensamientos estaban perdidos, mientras ella presionaba sus labios en los de él una vez más, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y suavemente acercándolo. Podía sentir su cuerpo calmarse, sometiéndose bajo su tierna calidez. Relajándose en su abrazo, ubicado debajo de su hechizo.

Él Ángel y el Demonio se besaron, sosteniéndose mutuamente en un legendario abrazo, antes que la criatura de Luz se alejara y le diera el tal vez mayor hermoso sacrificio de todos los tiempos.

Inclinándose en su oído... susurró tres palabras que nunca habían sido pronunciadas antes para él.

"Confío en ti."

Y antes que pudiera negarlo más, el instinto abrumó a su razón, y sumergió sus dientes en sus profundas, abiertas heridas.


Entonces aquí está mi pregunta... ¿cómo diablos pudieron pensar que había terminado Ángel Oscuro? No funciona conmigo aquí gente. Pensemos de nuevo esto. este bebé. ¿Le habría tomado a Camaro un año entero escribir eso? ¿Me hubiera siquiera molestado si intentaba en terminarlo con una triste nota? ¿Quién quiere leer algo tan deprimente? Bueno yo no. Además... esto es algo épico... y para ser honesto... el cachorro recién está empezando. ¿No dije que quería que la gente terminara leyendo este fic y sintiéndose mejor sobre ellos mismos? ¿Que miraran al mundo en una manera diferente? ¿Cómo demonios voy a lograr tal situación en sólo 26 escasos capítulos? Estoy desarrollando los personajes gente... no terminando una historia épica. Por lo tanto con seguridad mis queridos... No les fallaré. Lo siento si alguno lo interpretó mal y dejó de leer. Espero que vuelvan a mí pronto. Amor

Camaro Pd.. ¡amor especial para mi chica gmtcards y su padre! Ahahahahhahahaha...