Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Bulma recuperó la consciencia antes que Vegeta, encontrándose apilada sobre su forma durmiente. Su rostro estaba acurrucado en su cuello y su leve respiración hacía cosquillas en su cabello. Levantó suavemente su cabeza, para no molestarlo, mientras miraba a su rostro.

Todavía estaba vivo. ¡Dulce Dios tan misericordiosamente vivo! Tuvo de nuevo que ahogar sus lágrimas que parecían intentar desparramarse de sus ojos tan seguido. Pero éstas lágrimas eran diferentes. Éstas eran lágrimas de alegría, excesivamente hermosas en sus extraña rareza. Jadeó en voz alta, ni siquiera viendo alguna parte de él moverse. Esto por sí sólo era una amenazadora señan simplemente porque Vegeta era conocido por tener reflejos de gato a los incesantes sonidos.

Miró fijamente a las piscinas de oscuridad rodeando sus ojos, casi dándole una incluso más exquisita mirada. Vegeta era hermoso... decir lo contrario sería insultar abiertamente la inteligencia de uno mismo. Pero durmiendo, y tan obviamente quieto dentro de las garras de la muerte... era simplemente exótico. Pero esos pensamientos parecían ajenos a ella en ese momento. Porque el miedo todavía la sostenía en su penetrante abrazo, mientras notaba su consumo de aire estaba yendo de regular y volvió en cortos, rápidos jadeos. A veces, su cuerpo temblaba, espasmos musculares no desconocidos para el moribundo o el muerto.

Podía decir por la manera que su cabeza había girado que habían pasado varias horas desde el oscuro beso de Vegeta. Levantando su cabeza había enviado varias olas de chirriante dolor a través de las abiertas heridas de su cuello. Pero lo más extraño era, la sensación de absoluto dolor tenía una sensación de... placer erótico. Enviaba extrañas sensaciones a través de su tenso y adolorido cuerpo. Aparentemente ser drenado de tu energía era devastador para tus músculos y creaba dolorosas puñaladas de cepa. Pero en definitiva, su garganta dolía de lo peor. Donde las dos mordidas quedaron, las siguieron dos espesos ríos de sangre, resultados del Demonio teniendo que desgarrar sus dientes de su carnosa garganta. Había tomado cada cantidad de fuerza que había quedado o que él había ganado, para alejarse de ella, permitiéndole vivir.

Pero esa era una confusa noción. Bulma no era ninguna tonta. No siempre para el caso. Sabía que su lote en la vida sin duda se había ido por disminuir a inexistente en las últimas 24 horas. Era ahora dolorosamente obvio que ella ya no era necesaria por el rescate... por lo tanto... Era totalmente prescindible. Y lo sabía. Vegeta no la necesitaba, pero la había salvado. ¿Era posiblemente que talvés en la manera de las cosas, él se preocupaba por ella? Sabía que él debió haber desarrollado alguna clase de apego emocional a ella en el último mes.

¿Por quién se había hecho tanto problema? Le había conseguido ropa, proveído una hermosa habitación para ella, dádole regalos... y... aunque el momento llamaba por seriedad... Bulma tuvo que sonreír. ¿Quién había tenido al poderoso Rey Demonio tan intenso en besar la noche de la celebración? la intención de besar la noche de la celebración? Obligó a su mente a ni siquiera recordarle el hecho que no fue exactamente ELLA con quien él había pasado la noche... ¡pero incluso así!

Y luego un pensamiento incluso más oscuro cruzó su mente... más negociación su predicamento del cuidado de él. ¿Al cuarto de quién había venido a morir? Era demasiado morboso. Ese pensamiento la enfermó... pero eso fue antes. Se había vuelto demasiado manchada... demasiada harta de pensar en asuntos menospreciados. Ella era un Ángel... siempre lo sería. Pero ahora... Sabía que también nunca sería como ellos. Era una paria. Arrojada y negada del Paraíso debido a su maldito corazón, y abandonada por el Infierno por su cautivadora apariencia. Pero debía hacerlo.

No lo encuentran sorprendente cuando saben que una cierta persona que se preocupa por ti estará contigo. El mundo podría arrojar cualquier cosa en tu camino y lo tomarían con orgullo. Porque saben... que junto a ustedes... luchar con honor y una lealtad nunca antes mostrada... sería esa persona. Bueno... si saben de lo que estoy hablando luego el resto asegura que pueden entender los sentimientos que estaban pasando a través de la indiferente Ángel.

¿Qué le importaba? Las cosas habían tenido mucha más importancia sólo unas breves horas antes... ahora eran tan mezquinas y vacías. Viendo al monstruo por el que había comenzado a preocuparse, yaciendo en un charco de su propia sangre fue suficiente para borrar todo otro pensamiento de su mente. Por lo tanto si tal... aparentemente detrimentales (PERJUDICIALES) cuestiones... podrían ser demolidos por pensar en un mero segundo... ¿realmente tenía tanta importancia?

Repentinamente, Radditz entró en la habitación, un valiente, resuelto rostro contorcionando su generalmente complejo carácter. Había quitado toda emoción de su apariencia y estaba allí de pie con una calma fachada de hombre. Un soldado haciendo lo que sabe que debe hacer. Él había esperado encontrar a su amo... su Rey... e incluso peor, a su amiga muertos. Había tragado el dolor, lo había enterrado en una esquina de su habitación, donde había metido su propio dolor. Sostuvo sus rodillas y maldijo cada maldito sollozo que partió su corazón en dos. No era nada honorable llorar de esa manera. Pero no podía detener el dolor. No podía detener las inevitables lágrimas que se rehusaban a ser condenadas. Al carajo con los recuerdos. Al carajo con todo.

Ver a Vegeta yaciendo allí... era como morir. Era como ser partido en dos. Saber que no tenía control, era un vacío que no podía comenzar a explicar en meras palabras. Así que ni lo intentaré. Pero sepan esto.

El dolor de un Demonio no es nada como el nuestro. Es diferente. No tan puro. Porque cuando los humanos replican que desean haber dicho adiós... un Demonio maldice el hecho que la criatura responsable por tal asesinato no estuviera alrededor. El Demonio anhelaba la venganza. Y en honor. Es bastante posible que Radditz hubiera llorado por el mero hecho que nunca podría descifrar quien había asesinado a su Rey. Nunca podría vengar la deshonrosa muerte de su amigo de toda la vida. O tal vez estoy de nuevo llegando a conclusiones. Porque recuerden amigos míos... esto es solamente mi versión de una historia... En realidad, nunca sabremos el verdadero funcionamiento que había habitado el corazón de Radditz en esas temblorosas horas. Cómo puedo verdaderamente poner ese dolor en simples palabras. Aunque la escritura es una poderosa herramienta... como cualquier otro objeto... puede ser inútil a veces. Y ahora... mis palabras me han fallado, porque no puedo verdaderamente describir el dolor que habitó en el alma de un Demonio, mientras rezaba a cualquier Dios que existía si tan solo en leyenda, salvar la vida de su compañero.

"Por favor." Había susurrado, meciéndose de atrás para adelante en una manera sólo reconocible en alguien con incapacidades mentales. Las lágrimas habían caído descaradamente en sus rodillas, mientras las sostenía en su pecho.

"Por favor... llévenme en su lugar." Había sido demasiado, y pronto se había encontrado habiendo dormido, esa clase de lúgubre sueño. Más como un desesperado escaque que como un verdadero descanso. Creo que todos conocemos ese tipo. Atrapado entre realidades que insultan nuestra memoria.

¿Cuántas veces había luchado con el orgulloso Rey Demonio? Todos esos años... y ni una vez el joven real lo había derrotado. Podía recordar reír, abuchear constantemente los esfuerzos de la joven criatura. Insultándolo con mordaces palabras. Pero a pesar de todo, Vegeta nunca se había rendido. Ni una sola vez. Había días cuando él había sido reducido a cargar al hermoso Demonio de nuevo al palacio, sólo para encontrarse con la desdeñosa mirada del Rey. Nunca le había preocupado.

Vegeta podía haberse ido por días... y la noticia del Rey nunca agraciaría tal cuestión. Ambos lo sabía.


"¡No Radditz!" Gritó el Vegeta de diez años.

"¡No dejes todavía! ¡Estoy por derrotarte!" Era una inconfundible falsedad y ambos lo sabían. Radditz una vez más había derrotado al arrogante Príncipe en una sangrienta pulpa y estaba casi sorprendido que incluso pudiera estar sobre sus propios pies.

"Lo siento su 'Alteza'" Radditz había sonreído, inclinándose sobre el joven niño, aprovechando al máximo el crecimiento acelerado con el que había sido bendecido a la edad de 13. Aunque Vegeta era tres años más joven, su fuerza era mucho más grande que la de Radditz cuando había tenido esa edad, pero no iremos en eso.

"Tu mami probablemente te está llamando. Mejor arrástrate a casa." Se había burlado. La feroz pequeña mirada de Vegeta había vacilado y la sonrisa de Radditz se había disipado mientras se daba cuenta que su comentario había ido demasiado lejos.

La Reina Sasha había estado muerta por casi un año. Y todavía el dolor era inconsolable en Vegeta. Siempre lo sería... porque ella había sido la única... la única... que había creído alguna vez en él. Apretó sus dientes de nuevo, poniendo su fría fachada sobre su apariencia, justo como lo había hecho por tantos años. Era mejor mostrar nada que ser pensado como nada. Pero no podía engañar a Radditz. Nunca pudo. Nunca lo haría.

Radditz no había pasado por alto la la lejana distante mirada que se mostraba en los jóvenes ojos del Príncipe. Esos ojos habían perdido su brillo a una corta edad, ahora dando al niño de diez años la apariencia de edad. El Demonio más grande se enderezó, estudiando al otro con un respeto que consideraba su propia disculpa.

"Quise decir, tu padre probablemente te está buscando." De nuevo un error. Pero no era uno que no pudiera borrar alguna vez. Nunca había sido capaz de hacerlo. El hecho era... Vegeta era invisible para el Rey... Y con un horrible pensamiento, Radditz sabía que la única vez que el Rey Demonio había mostrado algún interés fue cuando experimentaba con lo que él consideraba divertido.


Divertido. Ahora, cuando escuchamos esa palabra... imaginamos fiestas... y beber. O tal vez algunos de los lectores más jóvenes... Queso Cremoso... Si ese el el caso, ¡dejen de leer! ¡Son demasiado jóvenes para este contenido! Pero me estoy yendo de tema, ¿no? Ahora, qué estaba diciendo... ah sí... cuando escuchamos la palabra diversión, una clase de... calma felicidad reemplaza nuestro carácter y sentimos una cierta candidad de alegría. ¿Correcto?

Cuando Vegeta escuchaba la palabra diversión... sabía que su contenido era como una pesadilla. Radditz tembló, recordando la muerte que había vacilado en los ojos de Vegeta después de la "diversión" de su padre. Diversión aparentemente había sido golpear a su hijo más joven, casi hasta el fin de su vida... y dejarlo en un calabozo de cuerpos por una semana. ¿O habían sido dos?

Le había tomado al joven Príncipe meses recuperarse, como si verdaderamente pudieran creer que alguna vez se había recuperado. Radditz podía recordar esa mirada. Esa repugnante mirada que acechaba los ojos del niño. Todavía podía escuchar los incoherentes delirios del demente parloteo que surgía de su boca. Todavía podía escuchar los gritos del niño en la noche.

La noche que tuvo el mayor horror, fue sólo unos días después que Vegeta hubiera sido traído del calabozo. Radditz se había arrastrado ciegamente a través de la oscuridad del palacio y se había metido en la habitación de su amigo. Se había puesto junto al retorcido cuerpo de su compañero de toda la vida, tratando de calmar los gimoteos que escapaban de su pequeño cuerpo. Y luego se había quedado dormido.

El terror de despertar con perforadores gritos siempre invadiría sus pensamientos. Había saltado del su lado de la cama, sólo para descubrir a Vegeta mirando en horror a su cuerpo. Había comenzado a arrancar pedazos de cinta de su propia carne, desechando los ensangrentados listones en la cama.

"¡ESTÁN SOBRE MÍ! ¡ESTÁN SOBRE MÍ!" Había gritado, desgarrando las sangrientas heridas con lastimados dedos. Había roto sus uñas en las heridas.

"¡LOS CUERPOS!" Gritó, cerrando sus ojos y llorando en el frío aire. Contra toda naturaleza y conceptos de honor, Radditz había encerrado a su joven Príncipe en su abrazo, llorando con él. Mostrándole que no estaba solo. Él nunca estaría solo. Y Vegeta había respondido abrazando a su único amigo en una manera que nunca debería haber sido característica de un orgulloso Príncipe.

"No dejes que me atrapen Radditz..." sollozó en un susurro.

"Aléjalos. No dejes que me atrapen." Y Radditz había intentado una y otra vez de convencer al histérico niño que nada estaba cerca. Pero simplemente no había funcionado y finalmente él simplemente se acercó más a su adolorido amigo, abrazándolo contra su pecho y soltando susurros de alivio para él.

"No lo haré Vegeta... prometo que no lo haré."


El joven Vegeta simplemente se burló de la mención de su compañero sobre su padre buscándolo, agitando una pequeña abollada mano en el aire.

"Ambos sabemos que eso nunca sucedería Radditz... Ahora, ¡deja de poner excusas y prepárate para la paliza de tu vida!


Y esa noche, como muchas otras... Radditz había cargado a su pequeño compañero a casa, absoluta y completamente inconsciente.

El guerrero Demonio había llorado hasta quedarse dormido, gritándole por no alejar a los monstruos como prometió.

Pero mientras caminaba solemnemente en la gélida fría habitación, sintió la espesa sensación de lágrimas juntarse una vez más en los bordes de sus ojos. Vegeta estaba vivo, y algunos... muy pocos podrían notar... su color había regresado.

"Q- ¿Qué sucedió?" Susurró suavemente, no soportando liberar su tirste tono sobre el mundo, para que sus atrapadas lágrimas se liberen en sus palabras. Bulma simplemente miraba a fijamente a Vegeta, lágrimas de ella alineando los bordes de sus ojos. Jadeó, riendo a través de su dolor.

Fue entonces cuando Radditz notó su garganta, y su mandíbula casi cayó al suelo. Dos profundas heridas estaban impregnadas a lo largo de su cuello, y seca sangre decoraba la boca de Vegeta, tanto la de él como la de ella. El Rey había usado la fuerza de vida del Ángel, trayéndose de nuevo. Había explorado en los poderes curativos de ella también, proporcionando suficiente de los factores de regeneración para mantener a su corazón latiendo. Pero desde el aspecto de ello, había solamente usado tan poco como era posible.

Y la Princesa estaba bien. Viva y bueno... uh... muy bien de todos modos. Era muy, quiero decir MUY raro que un Ángel viviera a través de esa experiencia e incluso más raro acontecimiento que un Demonio realmente salvara su vida por elección. El Rey Demonio se había alimentado de ella y le había permitido vivir. Sorprendente demostración de auto-control.

"Debo moverlo." Radditz dijo suavemente, intentando no asustar a la temblorosa criatura de alas blancas acurrucada junto a su Señor.

"Podría tener una oportunidad ahora." Amaba decir esas palabras, sabiendo con casi certeza que su Rey no hubiera luchado tan duro sólo para rendirse ahora. En su corazón sabía que el arrogante bastardo haría una recuperación completa, concediendo a sus seguidores y secreto amigo el honor del exigente último castigo sobre la cursada criatura que se atrevía a intentar destruir esa vida.

"No gracias a ti." Bulma respondió en esa indignada manera suya. Se volteó presuntuosa de él, ni siquiera notando cuan doloroso su comentario realmente había sido. A veces podía ser tan impetuosa que era casi vergonzoso.

"¡Si supieras lo duro que fue para mí ver a mi Rey así!" Gruñó él furiosamente, completamente preparado para sacar su vergüenza sobre ella. Pero se detuvo antes de liberar palabras que pudieran haber causado a ambos más dolor del necesario.

"Si supieras lo duro que fue para mí ver a Vegeta así... entenderías." Respondió con calma. Le envió una mirada que hablaba volúmenes por sí sola. Y como una encendida lámpara, Bulma entendió.

Era como que todo un mundo nuevo estaba siendo abierto para ella. ¡Los Demonios no eran descorazonados! No la mayoría. Simplemente no mostraban sus emociones con palabras. En cierto modo, sus sentimientos corrían mucho más fuerte. Mucho más profundos. Lo que no pronunciaban en voz alta era demostrado con acciones. Nunca decían sus sentimientos o preocupación. Lo mostraban.

Y Radditz había llamado al Demonio por su nombre. ¡Su nombre! ¡El nombre por el cual la habían regañado por usar tan seguido! Pero entonces... como otro golpe de electricidad generándose a través de su cerebro, se dio cuenta que ese título significaba para el guardia. Radditz probablemente había crecido con Vegeta. Probablemente había sido más un hermano para él que incluso Draco. Y ahora era obvio que para él ver a alguien, por el que se se preocupaba tan profundamente, muriendo... debió haber sido terrible para él. No podía ver a su amigo irse sin mostrar vergonzosos episodios de emovión. Ella miró a los hinchados, rojos bordes marcados debajo de sus blancos ojos. Había estado llorando.

"Creo que sí entiendo Radditz." Sonrió. Y compartieron el momento. Un silencioso momento que mostró más de lo que las palabras podrían alguna vez lograr. Ambos se preocupaban tan profundamente por esta criatura. No era un celoso tipo de preocupación. Era algo más profundo que ambos podían compartir. Y así... terminó...

Radditz le asintió en reconocimiento cuidadosamente levantando a su Rey. Miró a las levemente fruncidas cejas y complejos pómulos, de nuevo acordando con él mismo qué hermoso demonio había resultado ser su amigo. No era de extrañar que este Ángel estuviera loca por él.

Caminó suavemente hacia la habitación de Vegeta, recostándolo sin esfuerzo en la cama cubierta, envolviendo las colchas sobre él. Notó que los grandes, aborgoñados labios del Demonio todavía estaban manchados con leve púrpura y temblaba del obvio frío. Apoyó su cabeza sobre la frente de la criatura, asintiendo para sí mismo antes de arrodillarse en el suelo.


Bulma estaba teniendo creciente dificultad para caminar, maldiciendo el hecho de que cada paso elegía mecerse hacia atrás y adelante bajo su pie. Su cabeza estaba palpitado y sus sienes sentían la necesidad de presionar casi al punto que pensó que explotarían. Y así... olvidándose de la necesidad de mantener la dignidad, se agachó hasta el suelo, básicamente arrastrándose hasta la habitación de Vegeta.

Se acercó a la fría presencia para encontrar a Radditz arrodillado en el suelo, besando la mano de Vegeta mientras susurraba un rezo en un idioma gutural. Sin duda estaba pidiendo el perdón y la liberación de su Rey.

'Entonces...' pensó con una leve sonrisa. 'Los Demonios tienen un lenguaje secreto también.'

Terminando su súplica, se puso de pie, apareciendo su noble, contenido ser una vez más. Siendo un caballero, tomó la mano de la Princesa y suavemente como pudo imaginar, la guió a la cama, indicándole que entre. Ella intentó ocultar su obvia vergüenza con una aburrida fachada de confusión y desentendimiento.

"El Rey tiene mucha fiebre." Explicó con calma, pero un extraño destello brilló en sus ojos ónice.

"Necesita mantenerse tibio Princesa." Le sonrió cálidamente, el brillo cada vez más presente.

"¿Entonces? ¿Qué tiene que ver conmigo?" Casi interrumpió, deteniéndose en el último momento como para no despertar al dormido Diablo. Radditz giró sus ojos, levantándola del suelo y empujándola suavemente a la cama.

"El calor de tu cuerpo debería ser suficiente imagino." Rió sólo levemente. Las mejillas de ella quemaban con ruborizada vergüenza antes de que se diera cuenta que él lo decía bastante en serio. No es que REALMENTE le molestara. El cuerpo de Vegeta era caliente, aunque su aura fuera helada. Era atractivo y se preocupaba por su condición física lo suficiente para silenciar su mordaz lengua.

Notó a Radditz sonreír y malvadamente miró a su garganta. Medio conscientemente, cubrió una mano sobre la picante herida, sólo haciendo un gesto de dolor levemente por la ardiente sensación que seguía como resultado directo. Pero Radditz sólo sonrió más y le guiñó un ojo cálidamente.

"Además..." Rió sinceramente. "Creo que tu Vegeta no le molestará despertarse con la criatura que le salvó la vida." Con eso... y nada más, Radditz la dejó en la habitación, sin mucho más que una mirada hacia atrás. Por supuesto, no había sido capaz de ver la brillante sonrisa que agració su hermoso rostro o la mirada de respeto que le había dado.

Y así... Bulma fue dejada sola con el hombre por el que casi había dado su vida. Sorprendiéndose una vez más por la saludable apariencia que él siempre llevaría. Incluso cerca de la muerte... era tan inconfundiblemente hermoso. Maldijo a sus rebeldes dedos mientras se movían a lo largo de su impresionante línea de mandíbula, apartentemente por voluntad propia. Suavemente, trazó su bien esculpido rostro, siguiendo sobre sus labios y mentón. Exploró sus pómolos, admirando su fuerza con delicados dedos.

Era difícil creer que esta hermosa criatura había causado más muertes que cualquier ser vivo. Y ahora ella lo había salvado. Genial.

Recordó con inquietante claridad, el día que había despertado en los brazos de Draco, siendo cargada furtivamente a través del Infierno. Incluso podía recordar los rostros de las almas perdidas, rogando por ser liberados. No sólo había traicionado quién y qué era ella... los había traicionado a ellos... Sólo había apretado los remaches de sus cadenas.

Pero se negró a escuchar para lamentarse. Lo hecho, hecho está. Y a decir verdad, internamenteadmitiría que si hubiera sido capaz de volver atrás, lo hubiera hecho de todos modos. Entonces allí estaba la verdad y al carajo con quien no le gustara. Se preocupaba por él. ¡Maldita sea que se preocupaba por él! Ni siquiera pensaba que él sintiera lo mismo. Sin dudas no lo hacía... ¿pero a quién le importaba? Su incapacidad de tomar represalias su afecto para él no hacía el suyo menos intenso. Se preocupaba por él y eso no podía ser negado o borrado simplemente porque alguien no le gustaba o él no podía responder. Ella no tenía control sobre las maquinaciones de su propio corazón. Haría y sentiría lo que quisiera.

Y así... sin arrepentimientos, envolvió sus brazos tímidamente alrededor de la cintura de él, acercándose lo suficiente para que su fría nariz estuviera presionando contra su cálida mejilla. Él se movió sólo levemente, una acción que envió pequeñas olas de diversión a través de ella. Estaba vivo.

Suspiró.

Estaba vivo.


¡Hola chicos! Gracias por leer hasta ahora. Todavía estoy sorprendida por la pequeña cantidad de fe que recibí. ¡Pero ojo! Realmente estoy contenta que pude poner un pequeño choque de afecto allí dentro. Todos pensaron que había terminado la historia. Nadie notó el signo de interrogación debajo del... "FIN" ahh bueno... simplemente estoy contenta que todos estén todavía conmigo. No puedo creer las reviews que recibí. Gracias especiales para mi verdadera amiga de la vida Christine... quick78... y mis chicas... rachiela, terisx y mi nueva favorita, ¡chica Fingo! También a raspberries y pyro, y Chibi Mirai Gogeta, ¡Los amo! Oh y sí Star... ¡SOY UNA PERRA ARROGANTE! ¡Haha thanks por los reviews!... ¡oh y todos bienvenidos de vuelta kewla! ¡Oh y los amo también Stargaziey y marina!